Capitulo XIII

Sesshoumaru cruzo una de sus largas piernas sobre su rodilla mientras que cambiaba la posición en la se encontraba sentado. No era consiente de cuánto tiempo llevaba en ese lugar. Pero el calambre en sus piernas le decían que llevaba varias horas en aquel lugar. Los primeros rayos del sol comenzaban a filtrarse a través de las cortinas. Había pasado la noche recorriendo todas las habitaciones tratando así de aclarar sus pensamientos antes de tomar cualquier decisión.

No podía arrepentirse de lo que había sucedido. No. El deseo que sentía por ella era algo que no podía negarse. Aunque era consciente de la situación en la que se encontraba no era convencional y haber tenido sexo con ella lo complicaba todo.

Con sumo cuidado entro en la habitación de Karin, contemplando como la pequeña barriga de su hija subía y bajaba tranquilamente. Había conseguido lo que anhelo un día, tener un heredero, alguien que seguiría sus pasos sin la necesidad de atarse a alguien para lograrlo. Por un momento recordó aquel momento en el pasado cuando había sido demasiado joven e ingenuo en el que fue engañado como un tonto creyendo haber alcanzado la mayor de las felicidades, para luego ser destruido por completo. Sacudió con la cabeza rudeza mientras soltaba un gruñido, tratando de apartar aquellos pensamientos. Al ver que la pequeña comenzaba a moverse inquieta se quedó quieto, sosteniendo su respiración. Solo cuando Karin volvió a calmarse y respirar profundamente, él lo hizo. Después de unos cuantos minutos cerró la puerta, tratando de hacer el menor de los ruidos. Regresó a su propia habitación sentándose en un asiento cerca de la cama contemplando a aquella mujer dormir.

La recorrió con la mirada. Tenía una mano posada delicadamente sobre una de sus mejillas, cuando miro aquellos labios entre abiertos no pudo evitar pasar su lengua caliente recorriendo lentamente sus labios, saboreando el recuerdo de aquellos labios sobre los suyos. A pesar de que se encontraba cubierta por una sábana blanca, uno de sus senos se había escapado y ahora reposaba orgulloso. Siendo un espectáculo digno de ver. Tuvo que desviar la vista de ella cuando sintió su miembro comenzaba a despertarse.

Se había prometido que solo bastaría una única vez para borrar el deseo que sentía por ella. Pero una sola vez no fue suficiente para saciarse de ella. Después del primer orgasmo; aun dentro de ella, su sexo volvió a agrandarse recuperando su rigidez. Y una vez más fue llevado al límite de la locura, sintiendo como su cuerpo era arrasado como un huracán que lo sacudió por completo, haciéndole olvidar hasta de su propio nombre. ¡Por todos los cielos! Ni siquiera en su juventud había sido capaz recuperarse tan rápido. Solo bastaron unos minutos para reponerse y hacerla suya por una tercera ocasión.

Después de su última liberación, vio como ella cerro los ojos presa del cansancio, dejándose llevar por el sueño. Sin mucho entusiasmo, Sesshoumaru se apartó con cuidado para no despertarla y tomó una ducha. Solo cuando estuvo bajo la regadera, el agua fría recorría su cuerpo. Su mente comenzó a reprocharle lo que había ocurrido. Al salir deseo que por arte de magia ella desapareciera, necesitaba pensar seriamente lo que había sucedido. Pero sus deseos no fueron escuchados, ahí estaba, dormida plácidamente sobre su cama.

El acostarse junto a ella no era una opción. Por un lado, no estaba seguro de que pudiera controlar su virilidad al tener aquel cuerpo femenino tan cerca. Y; por otro lado, el despertarse junto a ella era demasiado íntimo y fácilmente podría ser mal interpretado. Ya que lo que sucedido solo había sido sexo.

El mejor sexo que había tenido en mucho tiempo. Tenía que confesar. Cada uno de sus orgasmos fueron mucho mejor que el anterior. Se llevo ambas manos al rostro ¡Por Dios! Ni siquiera fue capaz de pensar en tomar medidas preventivas. Miro con cierto recelo el cajón de la cómoda donde se encontraba guardado un paquete de preservativos. Estaba seguro de que desde ahí no habían sido de mucha ayuda. No tenía ninguna justificación por haber actuado de esa manera, que no fuera que el deseo vivido era demasiado que lo había cegado haciéndole cometer la mayor estupidez de su vida adulta. No podía poner su edad como excusa, ya no era el mismo muchachito de hacia una década.

Se levanto del lugar que había ocupado por varias horas y se dirigió a su estudio. Tenía que hacer varias llamadas.

Kagome se despertó lentamente, estirándose con los ojos cerrados sobre la cama. Sentía su cuerpo deliciosamente lánguido, tenso los músculos de su cuerpo mientras un suspiro salía de su garganta. Se sentó de un salto al sentir un ardor extraño entre sus muslos. El cual le hizo abrir rápidamente los ojos. Con la vista, recorrió la habitación con desconcierto. No reconocía la habitación en la que se encontraba. Bajo la vista a su cuerpo, encontrándose con su torso al descubierto. Con un movimiento rápido subió la sabana hasta la barbilla para cubrirse. Llevo una mano nerviosa a su frente. Y al cerrar los ojos, las imágenes de la noche anterior comenzaron a aparecer en su cabeza, como una película siendo reproducida a alta velocidad. Recordó la forma en la que Sesshoumaru la había besado, tocado y… Se oculto el rostro entre las manos.

¡Por todos los cielos! ¿Qué había hecho?

Trato de pensar con claridad, sin entrar en pánico. Era adulta. No era como si lo que sucedió no los hubiera deseado. Sesshoumaru le había dado dos oportunidades para arrepentirse, para retractarse. Sabia todas las razones por las que aquello estaba mal. Pero aun así no había querido que parase. No era solo por el hecho de que era el hombre más atractivo que hubiera conocido nunca. Si no por qué; a pesar de aquella fría mascara, cada día conocía más el lado humano de aquel hombre. Amaba la forma que trataba a Karin, demostrando sincera preocupación por ella. En aquella ocasión cuando se había enfermado, cuando de alguna forma había conseguido aquel cocodrilo de peluche que Karin quería, cuando lo había visto inclinarse para besar la cabecita de su hija y cuando sin importar ensuciar su traje se había tirado al suelo para jugar con ella. Estaba convencida de que sería un buen padre y guiaría a su hija mientras creciera. A pesar de que ella no estaría presente.

Sintió como su corazón se contrajo. No era ilusa. Y sabía que lo que había sucedido aquella noche, no cambiaba nada el hecho de que tendría que partir. ¿Por qué razón trataría de retenerla? En ningún momento, ninguno de los dos hablo de amor. Sesshoumaru había empleado la palabra "deseo". Y el saber que se sentía atraído por ella, había sido más que suficiente para que todas sus barreras cayeran a su alrededor. Conformándose solamente con que el la deseara. No tenía el derecho de decirle que se había enamorado de él.

Que, con cada muestra de ternura hacia Karin. Poco a poco. Cada vez, se iba adentrado un poco más en su corazón. No, ella no tenía el privilegio de hacérselo saber. Ella solamente era una intrusa en aquel lugar. Sus malas decisiones la habían llevado a aquella rara situación. Tenía una hija a la que desde un principio no tenía derecho. El no cumplir el contrato que firmó la habían llevado a estar en ese lugar.

Salió de aquella habitación para dirigirse al de Karin. Se acerco a la cuna, y a pesar de que seguía durmiendo la tomo en brazos y comenzó a besarla una y otra vez. La pequeña se comenzó a retorcer despertándose. Abrió los parpados, descubriendo aquellos ojos ámbar tan parecidos a los de su progenitor. Con una mano le acaricio la mejilla sintiendo la suavidad de su piel de bebé. La pequeña le sostuvo uno de sus dedos, apretándoselo con todas las fuerzas que tenía. Sintió como su corazón se llenaba de amor por aquel ser.

Mientras la bañaba jugaron un poco en la bañera, mientras que la menor salpicaba con sus pequeñas manos mientras reía alegremente. Kagome fue consciente de lo mucho que había crecido desde que nació. ¿Se arrepentía de la forma en Karin fue concebida? A pesar toda su vida se arrepentiría de haber firmado aquel contrato y renunciar a sus derechos como madre. Nunca se arrepentiría de haber traído al mundo a aquel hermoso ser. Ya que, con Karin, habían renacido las fuerzas, las esperanzas que un día creyó por perdidas. Aquella bebé le había salvado la vida, cuando más sumergida en la oscuridad estuvo. Aunque todo fuera momentáneo, y la oscuridad esta vez la destrozaría y hundiera a un punto insoportable. Desgarrándola por completo.

Aprovecho el momento que Karin bebía su biberón para tomar un baño. Se preparo mentalmente para enfrentar cualquier cosa que tuviera que enfrentar. Al bajar la escalera, el olor a pan recién horneado inundo sus sentidos. Kaede se encontraba ya en la cocina y al verla entrar su vista se ilumino. La saludo, y esta vez cuando la mujer mayor se acercó para tomar a Karin en sus brazos y besar sonoramente las mejillas de la pequeña. Un sentimiento de vacío se apodero de ella.

Karin se encontraba sentada en su butaca con un plato de fruta y cereal frente a ella. Con sus deditos tomaba un trozo de plátano y se lo metía a la boca haciendo buen uso de sus pequeños dientes. Kagome la dejo aventurarse a comer sola, aunque de vez en cuando acercaba una servilleta para limpiarle la cara. Mientras ella daba pequeñas mordidas a un pan con mermelada, cortaba algunas zanahorias para un platillo que Kaede quería hacer para la hora de la comida.

―Kaede ¿No cree que está cocinando demasiado? ― le pregunto mientas que la mayor se encontraba frente al fuego.

―Para nada. ― respondió mientras metía un dedo a la cacerola y luego metérselo a la boca para probarlo. ―Hoy tendremos vista.

Un cosquilleo recorrió su cuerpo ¿Una Visita? Sin poder evitarlo la imagen de Kagura se hizo presente. No se atrevió a preguntarle de quien se trataba. Sin decir más se concentró en cortar las verduras. Aunque su mente comenzaba a plasmar imágenes y pensamientos lejanos. Se encontraba absorta en sus pensamientos, cuando un carraspeo la hizo volver a la realidad. Alzo la cabeza cuando el sonido se hizo más fuerte, tratando de llamar su atención.

En la entrada de la cocina se encontró con aquellos ojos ámbares, que la miraban seriamente. Sesshoumaru se encontraba recargado en el umbral de la puerta, con los brazos cruzados mirándola fijamente. Kagome se quedó inmóvil por unos segundos, sin reaccionar, hasta que el movió la cabeza y con la barbilla apuntó hacia un lado. Su reacción fue voltear a mirar a Karin, la cual ya no estaba comiendo, sino que se encontraba concentrada en decorar con cereal la bandeja frente a ella.

―Sígueme.

Lo escucho decir, y quitándose el delantal que tenía puesto salió de la cocina. No sin antes decirle a Kaede que regresaría en un momento. Con la certidumbre de no saber si podría cumplirlo. Antes de que se derritiera en sus brazos, le había dicho que la quería fuera de aquel lugar.

En silencio siguió a Sesshoumaru por el pasillo. A pesar de que sentía sus pies como plomo y el corazón en un puño, apresuró el paso para lograr alcanzarlo. Cuando llego a la puerta del estudio, él la miro fijamente y con un ademan le dijo que entrara, el cerro la puerta tras de ellos al entrar. Y pasando junto a ella, se dirigió a su asiento tras del escritorio de madera. Se sentó recostando su espalda en el gran asiento, mientras que tomaba un folder entre las manos, lo inspecciono una vez más. A pesar de que por los últimos veinte minutos había estado revisándolo a detalle, corroborando que su abogado plasmara todo lo que dispuso en aquel documento. Cuando alzo la vista del folder, ella aún estaba en medio de la habitación sin moverse.

― Toma asiento.

Señalo a uno de los asientos delante del escritorio. Ella tardo unos segundos antes de acercarse y ocupar una de las dos sillas. Mirandola a los ojos, Sesshoumaru empujo el folder hacia ella.

― ¿Qué es esto? ― pregunto confundida.

―Ábrelo. ― le ordeno entornando los ojos mientras se echaba para atrás en su asiento.

Ella lo hizo, con sus manos dudosa lo abrió, encontrándose con unas hojas membretada y sellada. Casi idéntica a la que había visto hacia un tiempo. Cuando firmo para ser madre de alquiler. Lo leyó lentamente, pero las palabras no tenían ningún sentido, tuvo que regresar al principio tratando de entender. Su vista se detuvo en una cifra con un signo de dólares en él. Levanto su vista a aquel hombre frente a ella, el cual la miraba cada uno de sus gestos con atención y con aquellos ojos ámbar inexpresivos.

―No… no entiendo― logro pronunciar apenas, conmocionada.

Una mala sensación comenzaba a crecer en su interior.

―Es una proposición para ti― dijo lentamente enfatizando cada sus de las palabras. Colocó los brazos doblados sobre el escritorio, y se inclinó hacia adelante. Tomando una posición de negociación.

―Estoy preparado para sellar un nuevo contrato contigo. Y entregarte la suma de $5,000 dólares a cambio de que te mantengas un mes completo en este lugar. ― de un cajón del escritorio saco un papel pequeño, a lo que reconoció como un cheque por la cantidad que acababa de mencionar.

Dejándolo sobre el escritorio, se levantó de su sitio y camino hasta quedar frente a uno de los ventanales de la habitación se quedó unos segundos mirando a través de los cristales para luego darse la vuelta y mirarla con unos ojos tan fríos que le helaron la sangre.

―Está de más decir que lo que paso a noche no tuvo que haber sucedido.

Aquellas palabras fueron como un golpe en el estómago para Kagome que la dejo sin respiración.

―Pero debido a mi imprudencia tal vez nos hemos arrasado a una situación a un más compleja.

Su expresión se volvió impasible. Kagome lo escuchaba atentamente, conteniéndose hasta que el terminara de hablar.

―Un mes deben de ser suficientes para confirma que lo que sucedió no tenga consecuencias adyacentes.

"Consecuencias" aquella palabra retumbo en su cabeza y por un momento no comprendió el verdadero significado de aquellas palabras, pero cuando Sesshoumaru continúo hablando lo vio todo con claridad.

―Si lo que sucedió derivará a un embarazo no deseado, estoy dispuesto a pagar la misma cantidad que se te ofreció por la custodia completa del producto que se origine.

Kagome no podía hablar. Se encontraba dominada por las emociones que comenzaban a recorrerle el cuerpo. Ni siquiera se le había pasado en la mente en la probabilidad de haber quedado embarazada. Le parecía irreal, la idea de que en esos momentos su cuerpo pudiera estar creando una nueva vida.

¡Un bebe!

Aun podía recordar su cuerpo hinchado por la pequeña vida que crecía dentro de ella. Como aquel ser comenzaba a crecer; y sin poderlo evitar, convertirse en el centro de su universo. Embarazada de un bebé que legalmente no sería de ella.

No, aquello no lo podría soportar una vez más.

Si la vida de su padre no hubiera dependido de aquel dinero. Nunca se hubiera planteado aquel absurdo contrato. Ya nada podía cambiar el pasado, pero el futuro era incierto y solo ella podía tomar sus propias decisiones. No se dio cuenta el momento que cerró los ojos, pero cuando los volvió a abrir, su mirada se volvió dura.

―No sé qué idea te hayas hecho sobre mí― dijo cerrando aquel folder mientras lo dejaba sobre el escritorio, Sesshoumaru la miraba con desdén desde arriba, se levantó de su asiento y mientras que se ponía en pie un mareo la hizo poner sus manos sobre el escritorio, pero ni un momento desvió la vista. ―Pero lo diré claro para que lo logres entender. ― hizo una pausa antes de continuar― ¡No soy una yegua de cría!

Se ergio todo lo posible mirándolo fijamente a los ojos, lo vio fruncir el ceño.

―Si mi padre no hubiera tenido la necesidad de aquel dinero jamás habría aceptado ser una madre de alquiler. Toda mi vida me arrepentiré por haber renunciado a Karin. Pero ahora no necesito de tu dinero. Así que puedes guardártelo o metértelo donde mejor te plazca.

Tomo el cheque sobre el escritorio, y con movimientos bruscos lo rompió en pedazos.

Sesshoumaru intentaba tener una expresión imperturbable, pero de todas las reacciones que había esperado en ella aquella estaba muy lejos a lo que había esperado. Podía ver como aquel cuerpo femenino temblaba de furia y desasosiego. Dómida por más de una emoción. La vio dar un paso hacia atrás sin dejar de mirarlo con aquellos ojos que se habían convertido en negros.

―Y ahora sé que ya no tengo nada más que hacer en este lugar, así que le deseo una larga vida. Yo rezare para que Karin crezca sin olvidar que hay cosas más importantes que el dinero.

No reacciono al instante. Cuando ella dio la vuelta dirigiéndose a la puerta la furia se apodero de él. No podía dejar que se fuera así nada más. No iba a cometer el error de que se fuera con la probabilidad de un hijo creciendo dentro de ella. Si es que había un bebe, no dejaría que tuviera decisión sobre él. No, nadie le privaría el privilegio de la vida a un hijo suyo una vez más. En un par de largas zancadas estuvo detrás de ella, la sostuvo con fuerza del brazo impidiéndole avanzará. Ella se volvió para mirarlo, encontrándose con sus ojos ámbar encendido de real furia.

―Tú no te vas de aquí ― dijo entre dientes con furia contenida.

―Mírame― replico con firmeza.

Haciendo un gran esfuerzo, halo su brazo soltándose de aquel firme agarre. Rápidamente abrió la puerta y corrió por el pasillo. Debía de irse de ahí. Mientras avanzaba a la puerta principal las risas de Karin llegaron a sus oídos. Sus pasos se detuvieron tuvo que parpadear varias veces para apartar las lágrimas que se estaban formando en sus ojos. Deseaba poder llevarse a Karin con ella, deseaba nunca haber aceptado a aquel contrato, pero lo había hecho. Inhalo suavemente, llenándose valor para marcharse.

― ¿Cuánto es suficiente? ― escucho la voz a de Sesshoumaru a su espalda ― Solo te pido quedarte el tiempo necesario para saber si estas o no embarazada. Si no lo estas, puedes quedarte con el dinero que creas conveniente por tu espera.

―Y si lo estoy, quieres que te venda a mi hijo.

―Ya lo hiciste una vez, no veo cual sería la diferencia. ― replico en tono desdeñoso.

Kagome apretó los puños, con ganas de voltear y darle un fuerte golpe. Pero en lugar de ello, respirando profundamente mientras avanzaba hasta la puerta principal, los pasos de Sesshoumaru resonaron firmemente en el suelo tras de ella. Sabía que la trataría de detener así que se apresuró a poner la mano en el pomo. Ni siquiera ejerció fuerza sobre el cuándo sintió como la cerradura empezaba a dar vuelta por sí solo. Dio un paso hacia atrás cuando la puerta se abrió de repente. Encontrándose con una fuerte figura y cabellos platinos al otro lado de la puerta. Kagome creyó que las lágrimas debían de estar nublándole la vista, no podía ser posible que Sesshoumaru se encontrar en frente de ella cuando sabía que estaba a sus espaldas. Parpadeo varias veces para poder aclarar su vista. Aquella persona era idéntica a Sesshoumaru, pero en una versión mayor, en su rostro se encontraban varias arrugar contorno a su frente y sus ojos. Los cuales la miraban con auténtica sorpresa.

Sin decir nada, esquivo aquella figura en la puerta dispuesta a salir de aquella casa para siempre. Se giro en el momento que sintió una mano sosteniéndole la muñeca, los ojos ámbar que tanto le habían gustado la miraban enfurecidos. ¿Cómo era posible amar y odiar al mismo tiempo?

―No te dejare ir. ― sus gestos parecían querer estrangularla.

―No te pertenezco. ― su voz temblaba, pero no quería demostrar su miedo ― Y si me detienes contra mi voluntad, no dudes que te denunciare por secuestro.

Esperaba que aquella amenaza frustrara los intentos de retenerla, pero él solo curvo los labios en un gesto de burla. Estaba dispuesta a gritar, arañar y pelear si trataba de meterla de nuevo a aquella casa a la fuerza. Trato de zafarse de su agarre, pero él no parecía dispuesto a soltarla.

―Sesshoumaru― lo llamo el hombre mayor con voz recriminatoria.

El nombrado, cerro los ojos y dejo exhalo sacando el aire en un suspiro en un gesto de frustración y resignación. Y sin más, soltó su muñeca dejándola libre. Cuando dejo de sentir el agarre, Kagome caminó con rapidez, alejándose y con cada paso dejando atrás todo lo vivido en aquel lugar.

Sesshoumaru se quedó mirando hasta que su figura solo era un punto en la lejanía. La había dejado marchar. En medio de su desespero por que se quedara y el de ella por irse, supo que no llegarían a ningún termino intermedio. Lo mejor sería, esperar a que los las cosas se tranquilizaran y volver a formular aquel contrato y a uno que ella no pudiera rechazar.

Se paso una mano por la cabeza. Lo había arruinado por completo.

Todos sus esfuerzos y planes se habían hecho añicos en un instante. Había sido tan estúpido al ignorar la razón, y dejarse llevar por las sensaciones. Y ahora, la probabilidad de un hijo suyo cuya vida estaba en manos de aquella mujer le helaba la sangre. Se juro que no descansaría hasta asegurar que ninguno de los suyos volviera a sufrir.

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Hola a todos, me he demorado un poco mas de lo que pretendía subir este capítulo. Me he puesto a leer y al terminar me quedo un sentimiento de tristeza que me dificultaba concentrarme para continuar. Pero el próximo capitulo esta casi a la mitad así que espérenlo pronto. Alguien por ahí me pregunto que paso con el padre de Sesshoumaru, que lo había dejado al olvido. Así que después de pensarlo lo he añadido de nuevo en esta historia. Como siempre muchas gracias por sus mensajes en el capitulo anterior, cada unas de sus palabras son mi aliento para no dejar esta historia sin continuación. Espero que este capitulo haya sido de su agrado. Prometo que nos leeremos pronto. Saluditos