Prólogo:

«Ni amigos, ni enemigos; se conocieron pero nada. Rencor en ella, pasividad en él. Dos almas por encontrarse de nuevo, odio y resentimiento sobre la mesa. No estaban destinados, pero, ¿el destino les hará pasar una mala jugada?»

La contraportada de aquel libro que estaba leyendo definía perfectamente lo que quería respecto a mi vida personal. Pero, nada en la vida se podía comparar con la satisfacción de haber encerrado a aquel malhechor que hacía un daño a la sociedad o cualquier ser inocente. Me gustaba jugar entre superhéroes, tal vez porque los abogados lo seamos pero sin capa y sin bíceps como Superman o Spiderman.

Sigo sentada en el salón de mi pequeño piso en Madrid un domingo por la tarde sola. Ya que, desde ese día todo cambió. Nada volvió a ser igual desde que empecé en este mundo jugando a ser Dios y decidiendo si salvar o no a una persona por culpa de sus errores. Tal vez, ser abogado era más difícil de lo que pensaba.

Soy una chica de metro setenta castaña y con unos característicos ojos verdes que no dejan indiferentes a cualquiera. Nací en un pequeño pueblo de Barcelona y me dedico principalmente a las leyes, aunque anteriormente me dediqué a la moda y a las pasarelas. Tengo veinticinco años exactamente. Todos creen que soy feliz, que lo tengo todo y que no necesito a alguien. Pero, verdaderamente no todo es oro lo que reluce.

Me licencié hará tres años en la universidad de Barcelona. En la promoción de 2012. Actualmente vivo en Madrid, en un pequeño piso en el centro. Aunque, anteriormente estuve estudiando y trabajando en Alemania, concretamente la ciudad de Frankfurt. Desgraciadamente, me salió un puesto gracias a la influencia de mi padre. Cosa de la que no estoy nada orgullosa, porque siempre me gusta ganarme las cosas por mí misma. Pero nunca le puedes decir que no a un padre.

Al principio en este bufete, me dieron un par de casos que parecían que no tenían importancia: las desapariciones de unos niños en Madrid. Ese caso se fue haciendo muy grande, ya que los medios de comunicación hicieron eso posible. La verdad me alegro. Parte de mi fama la he logrado gracias a ese caso, ya que logré encerrar de por vida a aquel ser inmundo capaz de matar a sus propios hijos.

Me río al recordar mi pasado, es algo de lo que no estoy orgullosa ni es bonito de recordar. Por ejemplo mi adolescencia o las oscuras situaciones que tuve que vivir durante mi estancia en la universidad en Alemania con una de mis mejores amigas. Pero, todos incidentes los pude dejar atrás gracias a que conocí a alguien, un fotógrafo.

Ese es Leandro un chico realmente encantador y atractivo. Un encuentro casual hizo que nos encontráramos en el que se fijó en mí bajo aquellas gafas cuadradas. La mejor etapa de mi vida duró cuatro años, pero eso cambió el día en el que me dejó un día cualquiera con una nota.

Nunca logré entender el afán del ser humano en dejar lo que les hace felices. Además de dejar de lado la empatía. Nunca me he sentido tan mal. Nunca logré entender porque las personas se alejan de ti de un día para otro. Éramos felices. Pero llegó el día en el que lo hice. Así que, ahora no es un gran momento.

Aun recuerdo los momentos felices junto a las personas que quiero. Pero, todos tienen ese afán de dejarme e irse. Aunque en este caso no tiene la culpa ya que la asesinaron de una forma muy cruel y sin motivo alguno.

Una de mis mejores amigas, llamada Ana o Annie por nosotras la encontraron muerta hará unas semanas. La secuestraron para conseguir el dinero de su padre para un rescate. Su padre, Rafael pagó e hizo todo lo que le pidieron los agresores. Pero todo fue en vano.

La mataron de una forma muy cruel.

Nunca podré olvidar lo que sentí cuando perdí a una de las personas que más quería en este mundo. Aquella tarde de Mayo empañada por la lluvia vestida negro nubla mi vista cubierta sobre aquellas gafas de pasta que llevo. Mi otra mejor amiga, María, me abrazaba mientras lloraba sin descanso sobre mi hombro. Aquel vacío cuando bajaban la tumba llena de flores jamás se borraría de mi corazón aunque la vida siguiera. Aun recuerdo las palabras de María:

-No sé si podré superarlo.-Me susurró ella, mientras observaba la tumba bajar.-Nunca pensé que ocurriría esto tan pronto…

-Yo me encargaré de encontrar a ese hijo de puta, te lo prometo.-Prometí intentando mantenerme serena. Sabía que el asesino estaba en algún lugar del recinto, sería capaz de poner la mano en el fuego.

El timbre interrumpe mis pensamientos , haciendo que deje el libro que estoy intentando leer a un lado y vaya a abrir la puerta. Miro primeramente por la mirilla. Frunzo el ceño al ver que es el padre de Ana. Abro sin pensarlo y le invito a pasar.

-¿Quiere tomar algo señor?-Pregunté siendo cortés señalando la cocina.-Por cierto, siéntese si quiere.

-No me trates de usted, niña.-Se queja su padre intentando hacerme sacar una sonrisa. Sonrío a continuación.-Tráeme un café, por favor.

En minutos desaparezco de allí y preparo dos cafés. Presiento que va a ser una larga y ardua conversación. Me siento en la pequeña mesa de cristal del salón en frente de él. Bebe a continuación un sorbo del café y sigo intentando adivinar qué es lo que quiere.

-Han encontrado al asesino de Ana.-Informó el padre de ella haciendo de tripas y corazón. Su frío tono no me convencía de nada.-La semana pasada me llamaron de la policía.

Asentí y bebí un poco más de la taza de mi café con leche. Continuó hablando Rafael:

-He venido a pedirte un favor Lucía. Sé que no es nada ético ni profesional, ya que para ti no ha sido nada igual desde que murió Ana.

-¿Qué es lo que quiere, Rafael?

-Quiero que seas la abogada de mi hija.-Inquirió el padre siendo directo y conciso.-He estado pensándolo mucho y creo que es lo mejor. Nadie nada más que tu querrá lo mejor para el caso.

Dudé durante unos instantes. No era nada ético ni correcto hacerlo. Ya que, creo que estoy infringiendo alguna norma. Pero, cerré los puños. Pensar en aquello siempre hacia que la sangre me hirviera. Pero, sabía que nadie lucharía con tanta intensidad como yo lo haría.

-Lo haré.-Acepté emprando un tono profesional. A continuación le tendí mi mano.-Será un placer ser su abogada.

Toda la tarde transcurrió tranquila, hablando sobre los acontecimientos descubiertos sobre la muerte de Ana. Me moría de ganas por conocer aquel famoso Daniel Oviedo. Había oído hablar de él, pero nunca habíamos coincidido. Iba a ser un placer meterle entre rejas.

Damas y caballeros, esta es mi historia.