Disclaimer: Vampire Knight no me pertenece. Su propietaria intelectual es Matsuri Hino.

Advertencias: Muerte de un personaje. Leve OoC (lo advierto porque yo no soy Hino). Original Character. Lenguaje fuerte.

¡Hola a todos! Antes de empezar, éste ya era un fic que había subido pero que borré porque la historia era muy redundante y no avanzaba al ritmo que quería. Como sea, subiré todos los capítulos editados de golpe y si tienen dudas pueden enviarme un PM que yo se las aclararé. En serio, lo haré.

Por el momento, nada más que decir, sólo que si esperan un fic lleno de Lemon pues… esto no es para ustedes. Adoro el Lemon en todas sus variedades (digo, si visitan mis demás fics se darán cuenta que me gusta la variedad), pero en esta historia me iré lento. Me baso más en la acción, pues.

Con eso en mente, ya saben a lo que se atienen. Por cierto, tengo una cuenta en Deviantart con el seudónimo LilithKiryu donde andaré subiendo imágenes de mis OC's, ¿vale?

Sin más que agregar, disfruten el capítulo.


Prólogo

Reunión


"¿Por qué volvéis a la memoria mía, tristes recuerdos del placer perdido?"

—José de Espronceda.


Era invierno. El viento frío se ventilaba con fuerza, golpeando su cuerpo como si quisiera detener su marcha, pero él perseveraba impávido ante la tormenta, siendo sus cabellos platinados los únicos castigados por la inclemencia del tiempo. Cualquiera habría dado un paso atrás ante el terrible panorama, él no ya que tenía un cometido que realizar sin importar qué. Siguió su marcha sin esfuerzo y sólo cuando reparó en que estaba solo, se detuvo un segundo. Enseguida, un brazo más delgado que el suyo lo aferró del antebrazo y un cuerpecito se pegó al de él para aumentar su resistencia.

—Gracias —musitó con gracia femenina. Él no agregó más y ambos retomaron la marcha.

Afortunadamente, la tormenta pasó pronto y quedó de estragos una suave nevada. Con esto, los habitantes de la ciudad se animaron a surgir y pronto las calles estaban llenas de personas. Para él no suponía problema alguno seguir caminando entre la gente, oyendo los piropos de las mujeres atraídas por su belleza. No era sordo a ello, pero no le interesaba. Sin embargo, le sobrevinieron recuerdos con ello donde en su pasado había sido testigo de lo mismo, pero con otro referente. Sonrió sin poder evitarlo.

—¿Uhm? ¿De qué te ríes? —dijo la jovencita a su lado. Era bajita y realmente graciosa. Piel blanca contrastando con cabello caoba y ojos de un tono ópalo cerúleo. Ante la negativa del hombre a contestar, ella insistió—: Dímelo, por favor, tío Zero.

Zero Kiryû la miró con atención. La chiquilla tenía una expresión curiosa y expectante, sin duda alguna a la serena de su madre Sayori.

—Recordé algo —dijo a modo de respuesta, sabiendo que ella no se conformaría con eso y que tenía que ser más específico si no quería oírla reclamar—. Cuando joven era prefecto de la clase nocturna. Tu madre solía ayudarme durante mis últimos años en la academia.

—¿Te refieres a la nueva clase nocturna que se instaló después de que los Kuran se fueran por primera vez?

—Sí.

Zero supo que había acertado al contarle todo. Con su duda aclarada, la joven se sumergió en un silencio meditativo que él apreciaba a menudo. Sayori podría ser su madre, pero Sira Wakaba no podía ser más diferente. Compartían la apariencia de muñecas de porcelana y una mente suspicaz, todo lo demás era punto y aparte. Sira heredó mayormente el carácter de su padre y Zero lo lamentaba enormemente.

Su caminata no se postergó más. Habían llegado frente a una verja negra de metal, se veía antigua de tendencia barroca. Sira le soltó del brazo un momento para mirarlo con intensidad y empezar a acomodar su abrigo y alaciar sus cabellos revueltos por el viento.

—Esto no es necesario —puntualizó Zero sin detenerla enteramente.

—Lo es —refutó con calma—. Oka-san y oji-san no les gustara verte desarreglado, especialmente oji-san.

—Kaien gritaría como loco al verme.

—Supongo que eso haría.

Cuando terminó la inspección, se acercaron a la verja y esperaron que el celador les abriera. Ella dio un último retoque a sus cabellos y ajustó su abrigo rojo. Al entrar, se vieron rodeados de cientos de lápidas, algunas tan viejas que ya no podían leerse los nombres, algunas en ruinas y olvidadas, otras recién colocadas. Zero y Sira no perdieron el tiempo en verificarlas. Se dirigieron a un apartado especial en el cementerio cercado con una maya de grueso metal platino y una puerta que sólo podía ser abierta por Kiryû.

Al penetrar en la privada estancia, Sira hizo una pequeña reverencia a las tumbas que estaban ahí haciendo énfasis en la que contenía el cuerpo de Ichiru Kiryû. Cuando su pequeño ritual terminó, ambos llegaron frente a una tumba en particular. La lápida era de mármol blanco cortado como si fuera un diamante y con un nombre sencillo esculpido en medio. Sayori Wakaba. Al lado, había una tablilla de opalo negro más pequeña como un tributo a Kaien Cross, pues el cuerpo descansaba en las profundidades de la Asociación de Cazadores.

Sira se percató que sobre la tumba de su madre descansada un ramillete de narcisos blancos atados con un cordón lila. La flor favorita de Sayori.

—Parece que alguien se nos ha adelantado —declaró Sira rozando con la yema de su dedo anular la superficie rugosa de las flores—. Un admirador, quizás —se rió de su propia ocurrencia—. ¡Eso sería interesante!

Zero evitó rodar los ojos. Se mantuvo parado en lo que su sobrina preparada las cosas, no había mucho trabajo que hacer realmente. Pero suponía que alguien logró averiguar la otra forma de acceder al cementerio privado de su familia y limpiar la tumba de Sayori. De hecho, ya se imaginaba quien era.

—Espera aquí —indicó Zero con acritud ignorando la confusión en la cara de Sira.

Salió sin decir más dirigiéndose hacia un ciprés viejo y recargándose en la desgastada madera. Había sentido su presencia desde antes, pero no había querido revelarla frente a Sira. Así que ahora era la oportunidad perfecta.

—Esconder tu presencia es inútil, Hanabusa Aido.

—Como es de esperarse del habilidoso Zero Kiryû —de entre la sombra del ciprés, una figura masculina se materializó. Rubios cabellos, ojos azules y piel pálida podían apreciarse entre los rasgos que distinguían a Hanabusa—. Ahora que me has descubierto, supongo que debo empezar a temer por mi vida o algo así, ¿no?

Ignorando la ironía en la voz de Aido, Zero se mantuvo imperturbable ocasionando la reacción deseada. Aido nunca cambiaría, siempre desearía recibir atención de quien fuera.

—¿A qué debo tu insulsa presencia? —se cruzó de brazos.

—Vine a verlas —respondió de mal humor. Odiaba la maldita indiferencia de Kiryû—. Como siempre lo hago.

Un sutil levantamiento de ceja fue indicador del escepticismo de Zero.

—Siempre es una descripción nada acertada para tu ausentismo en los últimos 16 años —acotó impasible—. ¿O acaso los Kuran te mantienen tan ocupado lamiendo sus zapatos como perder el tiempo en banalidades?

Obtuvo el efecto deseado. Las cejas de Aido se crisparon y furia helada brilló en sus irises dirigida exclusivamente al infame frente a él. Zero se regocijó de su victoria, lo odiaba y no tenía inconveniente alguno en mostrarlo abiertamente.

—¡No insultes de esa manera a Kaname-sama! —gruñó con febril rencor. El odio era recíproco y seguía fluyendo a pesar de los años distanciados.

Las pupilas amatistas de Zero reflejaron reto y aunque su rostro se mantuvo inexpresivo, para Aido se vio como si le hubiera sonreído con prepotencia.

—Ten cuidado con tus palabras, cazador —advirtió cambiando la coloración de sus ojos a un tono rojizo—. Pueden ser las últimas.

En un parpadeó, Zero se desvaneció y apareció detrás de él con la Bloody Rose apuntándole directo a la cabeza. Aido se dio cuenta al sentir la punta de metal tocándole la nuca y tragó grueso. ¿Desde cuándo Zero tenía esta velocidad? Si no recordaba mal, la última vez que se vieron sus poderes estaban en similitud con los suyos. Se animó a mirar hacia atrás arrepintiéndose al instante. La mira de Zero pudo haber matado a varias personas del susto con facilidad.

—La razón por la que no estás muerto es porque no quiero que tus cenizas ensucien la pureza de este lugar —bajó la pistola para guardar dentro de su funda en su abrigo—. Y ella no lo querría así.

—No hables de Sayori como si la conocieras mejor que yo, Kiryû —espetó Aido llenó de frustración.

Zero dio media vuelta zanjando el asunto, pero antes de retirarse, agregó:

—Puede que tengas razón y no la conociera bien —admitió, su tono era neutro—. Por eso no comprendo cómo pudo elegir a alguien como tú, Aido.

El rubio noble se quedó quieto. Sus manos en puños temblaban y su mandíbula chirriaba por la fricción de sus dientes. Después, cuando Zero volvió a entrar al privado de los Kiryû, sonrió con tristeza.

—Yo tampoco lo comprendo.

Y desapareció con la misma habilidad con la que apareció.

Al interior del cercado privado, Zero se entretenía escuchando las pericias de Sira. Ella no había reparado en su presencia y seguía hablando sin que ninguna fuerza pudiera callarla. Una mueca de completo desagrado se instaló en la cara del cazador. De verdad, odiaba que Sira tuviera la personalidad de Hanabusa, pero bueno, ella no tenía la culpa de que su padre fuese un idiota.

—A veces tio Zero no comprende que ya tengo 16 años y puedo hacerme cargo de más cosas de las que cree…

—¿Cómo aquella vez que casi te secuestra tratantes de mujeres porque creíste que te harían famosa? —interrumpió.

Ella se sobresaltó y sus mejillas se colorearon de rojo cuando se percató de su presencia.

—¿Desde cuándo está aquí? —inquirió nerviosa.

—Eso no importa —acotó con calma—. Tus reflejos no están afinados como deberían. Convendría que Kaito te entrenara de nuevo, lo necesitas.

—¡Oh, no, por favor! —gimió Sira aterrada—. Kaito-san no me desagrada, pero su método de enseñanza es poco ortodoxo.

—También poco productivo —evaluó—. Quizás debió aumentar las horas de entrenamiento y enseñarte técnicas en distintos climas.

—No, gracias, con lo que hizo me basta para traumas. Además, no fallo en las misiones que me asignan.

—¿Es así? De acuerdo con los reportes de Yagari, tus misiones son completadas con un suficiente y varios daños colaterales.

Ella hizo un mohín.

—¡Es que Yagari-san me asigna las peores misiones! Aunque pienso que eso es porque tú se lo pediste. ¡Eres tan injusto, tio Zero!

—Si tú lo dices —se encogió de hombros—. ¿Ya terminaste? Es hora de irnos.

Sira asintió afirmativamente. Dio unas últimas palabras a los fallecidos y salió sin decir nada a Zero. Su tío se quedaba un rato más para hablar en soledad, y ella no lo importunaría. Así que cuando se quedó solo, Zero emitió un ligero suspiro y admiró la lápida de su antigua amiga.

—Sira está bien, Sayori, no debes preocuparte por ella. Aún le falta entrenamiento para ser una verdadera cazadora, pero no lo hace mal —dijo despacio sabiendo de antemano que Sayori no habría querido que su única hija recorriera ese camino. Pero fue necesario. Eso no lo hacía menos inocente—. Lleva buenas notas y tiene más amigos que hace un año, creo que eso ya te lo contó ella, ¿no es así? Sira se parece mucho a…

Calló un instante y el remordimiento cruzó su faz. Sayori no apreciaría que hablara mal de Hanabusa, pero no podía evitarlo. No obstante, pensó en que ella sólo sonreiría y lo perdonaría. Siempre.

Zero recuperó su estoicidad, y añadió mirando la tablilla negra con el nombre de Kaien Cross.

—La academia sigue funcionando perfectamente como hace un año. Al parecer no soy un mal director, así que descuida, tu precioso proyecto sigue en pie.

Pudo imaginar la posible respuesta del ex director, incluso llegó a percibir sus chillidos emocionados porque su queridísimo hijo había hecho algo bueno. Zero se permitió gruñir un poco, emitiendo la reacción que hubiese tenido como cuando era adolescente. Se dio la vuelta y salió del recinto para alcanzar a Sira.

Estaba nevando ligeramente.


En la ciudad, persistía un ambiente alegre y lleno de entusiasmo. Los transeúntes en las calles se paseaban con la única preocupación de seguir existiendo, ajenos a los verdaderos líos que se desarrollaban en los altos mandos. Eran ignorantes, irreflexivos, humanos. Ninguna otra criatura en la tierra podría hacer tanto drama por cosas sin valor como los humanos. Sólo los humanos podían dejarse consumir por su contexto, olvidarse de la realidad y envolverse en mentiras y comodidad. Su breve tiempo de vida les impedía llegar a una resolución más profunda y se quedaba todo en la superficie.

Patéticos y afortunados.

Al menos eso era lo que pensaba Kaname Kuran. Sentado en la baranda del balcón del lujoso hotel, observaba el ir y venir de las personas. Su postura relajada no le quitaba fuerza a su porte, e incluso estando en esas fachas podría haberse confundido con un dios del Olimpo. La nieve caía encima de él cubriéndolo de a poco de blanco.

—Dieciséis años no bastan para que el mundo cambie —meditó.

—Nadie cambia sólo se perfecciona a lo que está destinado a ser a través del tiempo —pronunció la voz neutra de Akatsuki Kain a su espalda—. Lamento interrumpir tu monologo, Kaname-sama, pero traje la información que solicitaste.

Kaname no dio indicio de voltear. Akatsuki no se ofendió, estaba acostumbrado al lenguaje mudo del purasangre.

—No fue fácil conseguir esto, la estructura del Concilio fue perturbada y las lealtades han cambiado. Al parecer, él estuvo involucrado en el incidente de hace 16 años. Además, contribuyo al mantenimiento de la Academia Cross junto con Zero Kiryû.

Eso fue una leve sorpresa para Kaname. Nunca habría pensado que el cazador adoptara la ideología de Kaien Cross. Sin embargo, no era del todo imposible. Si él llegó a intervenir en esos asuntos encontraba lógico lo que ocurría.

—¿Qué hay de su paradero actual?

—Desconocido —contestó Kain—. Parece que no se ha quedado en este lugar más que unos cuantos años. Se desconocer qué relaciones mantenga con los habitantes de la academia.

—Ya veo —dijo Kaname—. Buen trabajo, Kain. Informa a Seiren que debe seguir vigilando la salida y entrada de los jefes de clanes vampiros y humanos hasta nuevo aviso, mientras tú regresaras al Concilio. Necesito un panorama más amplio sobre la situación.

—Entendido —hizo una ligera reverencia—. ¿Qué pasa con Hanabusa? Creí que ya habría vuelto.

—Fue a la tumba de Sayori Wakaba, no volverá pronto —indicó Kaname indiferente,

—Supongo. En ese caso, haré el trabajo con Ichijou-san.

De pronto, un grito de ultratumba interrumpió con la calma. El fuerte olor a sangre fresca llegó a sus finas fosas nasales. Kain se abstuvo de hacer cualquier comentario o movimiento, aunque Kaname se veía tranquilo lo conocía muy bien para entender que no estaba de buen humor. Así que hasta que el purasangre se levantó para dirigirse a una habitación en particular, él guardó silencio.


La habitación estaba oscura. La diminuta luz que ofrecía la iluminación citadina lograba aclarar un poco, sin embargo, la oscuridad cubría la escena del espectáculo macabro que se realizó. La sombras se tragaron el rojo de la sangre derramada en la alfombre persa y ocultaban a la diminuta figura parada justo en el medio. Podía ser tomada como una frágil muñeca salpicada de rojo, con una inocencia desperdiciada en un rostro condescendiente. No se movió ni un ápice. Ni siquiera cuando la puerta se abrió y apareció Kaname. Su única respuesta fue mirarlo de reojo cuando él trató de tocar su hombro y se detuvo a unos centímetros.

El contacto hubiese sido requerido antes, pero ahora sólo era molesto y la lastimaba e irritaba. Yûki no soportaba la presencia de Kaname.

—Te dije que no hicieras nada premeditado, Yûki —pronunció con tono neutro—. No estamos en la mejor posición ahora y cualquier error podría ser peligroso.

—No me importa —espetó ella dando la vuelta y pasando encima del cadáver de la mucama que había sufrido la furia de Yûki. Había sido brutal y nada podía reconocerse como anteriormente humano. la sangre fue el desperdicio más grande. Yûki gastó más de lo que bebió—. Qué aburrido.

—No volveré a decírtelo, Yûki. Si pasa de nuevo, habrá consecuencias.

Eso bastó para plantear un ambiente tenso en el lugar. Los hermanos quedaron en silencio. Kaname esperó el estallido consecuente, ya habituado a su repetición en los últimos años. Yûki había dejado de ser una niña desde hace muchos, convirtiéndose en algo totalmente irreconocible. Era fría, insensible y cruel. Había alcanzado la plenitud de una mente demente con sólo unas décadas como purasangre.

Fueron muchos factores los que propiciaron este cambio. Factores que no pudo prever. Cuando Yûki Cross pasó a ser Yûki Kuran hubo un cambio radical en la biología de su cuerpo que la dejó estéril. Al principio, eso la impactó duramente, pero supo sobrellevarlo al saber que Kaname estaría siempre con ella. Pero conforme pasaron los años, la fatiga por llevar el título de princesa purasangre fue demasiado erosionando poco a poco su amabilidad. Los puntos culminantes fue la ruptura definitiva con su amiga de la infancia Sayori Wakaba y un episodio perdido hace 16 años.

—Me pregunto cómo sería mi vida si hubiese elegido a Zero —musitó consciente de que Kaname le escucharía bien. Ella lo miró de reojo y una sonrisita burlona—. No dudo que sería un consorte mejor tú, querido niisama.

El piso se desquebrajó bajo sus pies. El ceño de Kaname estaba levemente fruncido y sus ojos centelleaban de pura furia reprimida, el rojo sustituyendo al marrón. Yûki no se amedrentó. Se enfrentó a su hermano con serenidad, pero seguía sonriendo con arrogancia.

—No me compares con él. Nunca.

—Te equivocas, Kaname, no estoy comparándolos —dijo ella sonriendo lúgubre— porque para empezar, no hay punto de comparación… —su faz se quebró, los labios le temblaron y apenas reprimió el dolor en su voz—. Porque Zero lo hubiera dado todo por mí. Tú me quitaste cualquier oportunidad de ser libre… ¿acaso puedes ser tan egoísta? ¡Me arrebataste todo, Kaname! Te odio… ¡TE ODIO!

El piso terminó por ceder ante la presión y Yûki apretó su cabeza para evitar gritar. Su poder hizo más presión y casi destruye el cuarto. La mano de su hermano se colocó en su frente para hacerla dormir antes de que terminara lastimándose. Indefensa, fue tomada por Kaname y colocada en la cama con cuidado. Kaname hubiera querido darle más confort que ése, pero Yûki no se lo perdonaría si descubría su olor impregnado en su piel.

Se decantó por salir de la habitación sin hacer ruido y llamar a recepción para que limpiaran el desastre en cuanto Yûki despertara. Ya luego podría sobornar al dueño para evitar un escándalo, pero de momento su humor había menguado y necesitaba distraerse con algo o habría severas consecuencias.

Como si su deseo fuese escuchado, a su fina nariz llegó el familiar aroma de vampiros niveles E rondando por la zona. Eran un grupo lo bastante grande como para darle algo de alivio. Emergió al balcón de nuevo, concentrándose en encontrarlos y cuando lo logró, se desvaneció en una nube de murciélagos.


Zero y Sira paseaban por la ruta comercial de la ciudad. La joven comentaba animosa sobre los platillos que prepararía ese día y Zero se limitaba a responder con monosílabos si se requería. Al final, ella entró en una tienda para comprar un poco de salsa de soya y demás ingredientes en lo que Zero la esperaba sentado en una banca. En calma, pudo pensar lo que había sucedido en el cementerio. La inesperada visita de Hanabusa Aido no presagiaba cosas buenas. Estaba seguro que los Kuran estaban en la ciudad también y eso le preocupaba un poco. ¿Qué podría atraerlos de nuevo al lugar que abandonaron tantas veces? No había nada en Nightray que pudiera ser valioso para los inmortales a opinión de Zero.

«Quizás tenga que ver con Akira», pensó por último. Pero ¿Qué asuntos tendría Kuran que atender con Akira? Zero no podía tenerlo claro, pues ambos hombres eran purasangres con el mismo nivel y poder así que no le veía sentido alguno. No desechó por completo la idea. Había aprendido con los años que las cosas imposibles tenían más probabilidad de suceder que otras más comunes.

—Sabes, si te quedas retraído de esa manera la gente pensara que eres un pervertido —dijo Sira cortando sus pensamientos. Ella le sonreía con dulce burla.

—La única pervertida eres tú, Sira —espetó sin gracia. Se levantó de la banca y la ayudó a cargar un par de bolsas—. Debemos regresar a la academia. Las clases ya acabaron.

Sira lo tomó del brazo y ambos caminaron como al principio. Era un paseo tranquilo hasta que la aguda intuición de Zero detectó la presencia de vampiros desconocidos en la zona. Un grupo de 36 siendo exacto, se movían como si estuvieran huyendo y eso le indicó que habían hecho algo malo. Detuvo el paso confundiendo a su sobrina, pero cuando ella advirtió la expresión calculadora en su cara no dijo nada y esperó instrucciones.

—Están a doscientos metros al sur, cerca de aquí —informó Zero—. Vamos.

Sira asintió. Y no dudó en seguirlo cuando Zero empezó a correr con prisa. Los edificios y las personas se volvían manchas borrosas al correr, y Sira se detuvo un momento para asegurar sus compras en una escalera vacía. Al alcanzar al cazador, éste la tomó por la cintura para dar un salto a una de las azoteas y tener una mejor vista de lo que acontecía.

—Prepárate —indicó.

De inmediato, Sira extrajo una cadena de dentro de su abrigo. Tomó el dije en forma de cuchilla torcida y le dio vueltas para que tomara la forma final de una inmensa guadaña y una cadena con pesas en forma de bola en las puntas. Su arma se llama Sentencia y su filo brillaba amenazante.

—Ahora.

En un segundo, ambos saltaron al mismo tiempo para caer frente al despavorido grupo. Como suponía, ninguno le era conocido y se veían recién convertidos, casi podía advertir los rastros de humanidad en sus venas. La Bloody Rose fue el medio de muerte más óptimo y los disparos llovieron sobre los incautos evaporando a una decena en la primera ronda. Por su parte, Sira era más del estilo uno a uno, y se las arreglaba bien para deshacerse de los que la atacaban.

Repentinamente, una nueva presencia se impuso sobre las demás. Tanto Zero como Sira se distrajeron observando al hombre de gabardina oscura y cabellos marrones que se plantaba en medio. No había miedo en su rostro sino algo parecido a una mueca irónica. Zero quedó aturdido momentáneamente al reconocerlo y uno de sus objetivos escapó para dirigirse a Wakaba.

Distraída como estaba, ella no podría evitarlo. Al volver en sí, Zero reaccionó a tiempo, pero su disparo era lento por lo que tuvo que decantarse por otra opción. Empujando al máximo su fuerza, envió una onda de puro poder al sujeto de forma descuidada, provocó un pequeño temblor en el suelo y que el afectado saliera despedido atrás. Pero el esfuerzo probó ser mucho para él y se desplomó presa del cansancio producido por expeler todo su poder sin medida.

—¡Tío Zero! —jadeó Sira al verlo atrapado entre el grupo restante.

Otra onda de poder, más controlada y por ende más poderosas, arrasó en un parpadeó con los vampiros desbocados. Ceniza y sangre cubrieron la calle. Y Sira Wakaba se había quedado con la boca abierta y estática. El individuo extrañó planeó acercarse al inconsciente cazador.

—¡Alto! —gritó Sira recuperándose de la impresión y saltando frente a su tio en forma protectora.

—No soy un enemigo si es que lo estás pensando —acotó el extraño con tono casual—. Sólo quería verificar que no hubiera usado todo su poder. Si los purasangres no controlan bien la cantidad de energía que usan, comprometen las funciones de su cuerpo.

—¿Cómo sabes que mi tío es un purasangre? —preguntó sin bajar la guardia.

—Yo también lo soy —respondió—. Mi nombre es Kaname y soy un viejo conocido de tu tío.

—¿Kaname Kuran?

—Sí, supongo que Kiryû-kun te ha hablado sobre mí.

—No mucho, realmente. Me dijo que no podía desperdiciar su tiempo hablándome de tipos imbéciles como usted, Kaname-dono.

No se ofendió, lo había esperado de alguien como Zero.

—No tengo malas intenciones ahora —dijo como si fuera necesario—. Le debo un favor a Kiryû-kun y creo que es la situación adecuada para saldar mi deuda. Cuidaré de él hasta ver que está a salvo en casa.

—A mí tío no le gustará eso… —ella torció su boquita un poco. Kaname no pudo evitar acordarse de Aido. Sira era muy parecida a él— ¡lo que está bien por mí!

El cambio repentino en su ánimo le confirmó bien la ascendencia de la chica. Oyendo a la chica pidiéndole que cargara el cuerpo de Zero, Kaname tuvo tiempo para pensar sobre su reciente descubrimiento.

Había ido a liberar estrés aniquilando a niveles E, pero lo que encontró fue mucho mejor. Había detectado el aroma de Zero de inmediato conforme se acercaba a donde el grupo y se sintió reverdecido al pensar que podría pelear un poco con él para entretenerse. Grande fue su sorpresa cuando notó que Zero había cambiado totalmente, su sangre ya no contenía ese cruce de linajes de antaño, ahora estaba unificado en uno solo y era muy poderoso.

Un purasangre en toda regla.

Ahora, lo conveniente sería preguntar cómo es que un antiguo nivel E consiguió semejante poder. Kaname conocía a un vampiro con la capacidad de convertir a quien lo deseara en sangre pura, el mismo por el cual regresó a Nightray después de tanto tiempo. Si Zero era lo suficientemente cercano a él, entonces significaba que tendría que sacarle su ubicación.

Un plan sencillo que no tendría una fácil ejecución.

—Es hora de irnos —indicó Sira devolviendo su guadaña a su tamaño sellado—. Pero antes debo ir por las bolsas de la comida. ¿Podrías quedarte un rato a solas con él? No quiero que nadie lo vea así.

—Entiendo.

¡Con que facilidad esa chiquilla lo dejaba a cargo de su tío! No sabía si era muy inocente o estaba segura que no le haría nada malo. Como fuera, Kaname se sentía maravillado y curioso, así que la esperó todo el tiempo con Zero en brazos.


Nada en la Academia Cross cambió en esos 16 años. Desde los dormitorios de la luna hasta los del sol, nada fue removido y todo permanecía intacto producto del constante cuidado al que debía ser sometido el complejo. Kaname casi siente nostalgia al saberse pisando de nuevo aquel territorio que por unos años presentó una zona neutral en la cual descansar. Un refugio del que se alejó por años. Era hilarante que ahora volviera cargando en sus brazos al cazador que había fungido como caballo en sus infantiles juegos de ajedrez.

—Es por aquí —indicó Sira señalando una vereda—. La antigua casa del director fue destruida y reconstruida en otro lugar. Así que iremos por otra dirección.

Kaname la siguió de cerca. Su carga no era problema y cuidó moverse con sigilo para no despertarlo (aunque eso era para no ser receptor de su furia si se daba cuenta que lo había cargado todo este tiempo). En el transcurso hacia la academia había conocido mejor a Sira y su facilidad de hablar hasta por los codos. Aprendió varias cosas y comprendió otras. Sira podía ser la versión femenina de Hanabusa Aido, pero tenía la suspicacia de Sayori, lo cual trajo a Kaname preguntas incómodas que no estaba dispuesto a responder (después de todo, ¿cómo podría responder que no se sentía cómodo teniendo a Zero tan cerca? Eso no tenía ni sentido, pero para Sira sí que lo tenía).

—Hemos llegado —informó Sira dirigiéndose a la puerta de abedul. El nuevo edificio era más austero que el anterior, lo suficientemente grande para albergar a una familia nuclear. Entraron sin conflicto alguno y Kaname pudo ver el toque minimalista que imperaba. Lo único sobresaliente eran las fotos cercas de la chimenea; Kaien Cross estaba en un pequeño marco, pero quien se llevaba la atención era el cuadro de Sayori Wakaba justo en el medio—. La habitación de mi tío está por aquí.

Llegaron a un dormitorio a oscuras donde el aroma de Kiryû estaba concentrado. Kaname se adentró sintiéndose un poco mareado de repente, pero ignorando el síntoma dejó a Zero recostado. Tomó lo Bloody Rose de su funda y la colocó en la cajonera que estaba al lado de la cama. Cuando se giró, no le pasó desapercibida la mirada curiosa de Sira. Esa chica lucía como si estuviera viendo algo particularmente gracioso.

—¿Sucede algo?

Ella sonrió más.

—Es sólo que pareces un poco aturdido, como si por un momento hubieses perdido la concentración al estar tan cerca de mi tío. Aunque tal vez sea sólo mi imaginación.

Fuese eso o no, no respondería. Sabía cómo tratar con alguien como Sira Wakaba, alguien suspicaz con una insoportable faceta irritante.

—Simplemente todo el lugar me trae recuerdos —dijo deseando que su respuesta bastara.

—Supongo que deben ser buenos recuerdos, si te descolocaron de esa forma.

Al parecer, no debía subestimarla. Qué chica tan más peligrosa. Si fuese una purasangre, Kaname no dudaría ni un segundo en deshacerse de ella.

—Mi tío también tiene buenos recuerdos en este lugar —pronunció desconcertándolo un poco por el cambio repentino de tema—. Él es muy serio y rara vez habla sobre su pasado. Sin embargo, se ha ganado la confianza de cada persona aquí y cuando logra superar su resistencia y se relaja, es maravilloso.

Kaname difería al respecto. Quizás con Yûki en el pasado, y con Sayori algunos años después, mostrara una cara completamente distinta su usual personalidad arisca. Pero Sira sonaba tan convencida que se cuestionó por un segundo si realmente conocía a Zero Kiryû. Por lo menos, a este Zero purasangre y director de la academia Cross.

—Te invito a comer una rebanada de pastel —dijo Sira y antes de rechazar la oferta, ella ya se dirigía a la cocina.

No tuvo más opción que seguirla. Su educación no le permitía ser grosero con nadie aunque si Sira seguía insistiendo podía ponerse un poco más rudo para dejarle en claro que él no era alguien fácilmente manipulable. En la cocina, ella abrió el frigorífico mientras entonaba una canción que le resultó conocida. Kaname la recordaba como una de las pocas composiciones de Sayori Wakaba.

—¿Cuál es el nombre de esa canción? —preguntó aunque ya sabía la respuesta.

Komm Süsser Tod —respondió en automático—. Mi tío me la enseñó hace años. Al principio me costaba trabajo pronunciar la letra, después le tomé ritmo y es una de mis canciones favoritas.

Era de esperarse, se dijo Kaname. La música creada por Sayori fue memorizada por Zero, por consecuente, se empeñaría en que su hija conociera cada melodía.

—Tío Zero la cantaba para mí antes de ir a dormir —eso produjo una graciosa imagen mental en Kaname. No podía imaginarse a Zero cantándole a una bebé, era perturbador e hilarante al mismo nivel—. Akira-san también lo hacía, aunque no esté aquí de momento.

Al mencionar ese nombre, Kaname prestó un poco más de atención. A la vez, Sira sacó la cuarta parte de un pastel y la colocó en la barra para cortar un pedazo.

—Akira-san es un purasangre como tú y tío Zero —Sira sacó un cuchillo y lo hundió en el postre.

—¿Cuál es su apellido? No me suena conocido, quizás porque he estado afuera de la ciudad por mucho tiempo.

Ella terminó de cortar el pastel y colocó una rebanada mediana en un plato y lo puso frente a Kaname.

—Es Tsukishiro —dijo—. Akira Tsukishiro. Me sorprende que no lo conozcas, Kaname-dono, porque él me habló mucho de ti y tu esposa.

Kaname supo que ella no lo había traído aquí para una charla normal. Sira tenía otra intención, probablemente sacarle el motivo por el cual volvió. Una buena movida, pero Sira era ingenua si creía que hablaría con tanta facilidad. En este escenario, él seguía siendo la pieza más fuerte y no dudaría en destrozarla para alcanzar su objetivo.

—Eres muy lista, Sira —aduló con algo parecido a la sinceridad—. Ahora, si quieres que lo siga creyendo, dime dónde se encuentra Akira en estos momentos.

Ella dejó de sonreír y lo miró seria.

—No te debo una respuesta. Has venido conmigo pensando que estaba indefensa. Me subestimaste y pagarás las consecuencias —señaló con su mano detrás de ella—. Éste edificio es una barrera en realidad controlada por la presencia de mi tío. Todos pueden entrar, pero para salir se necesita su permiso. Además, funciona como un hechizo anti-vampiros que se activa si un vampiro ataca. Así que no tienes escapatoria, Kaname-dono.

Se quedó callado por un instante. Sira estaba segura de su victoria, y Kaname no pudo evitar sonreír apenas. La había subestimado, sí, pero ella también con él. Había detectado la barrera desde que entró y cubrió su cuerpo con su propio poder para evitar los efectos. No iba a sufrir ningún daño por atacarla. Sin duda, con más experiencia, Sira sería una pieza fuerte en el juego, una reina todopoderosa. Pero guiada por un impulso, ella cometió un error y pagaría por eso. Kaname le enseñaría una lección valiosa.

En un parpadeo, él se paró frente a ella y preparó sus garras para atravesarle un hombro. La mano de alguien ajeno lo detuvo de su cometido y fue el brazo de Kaname quien sufrió una herida profunda.

—¡Shiki-sama! —jadeó Sira.

Y Kaname sonrió aún más. Sin pena alguna, se mostró frente al amenazante rostro de su primo. Vaya sorpresa, no había creído que encontraría a Senri Shiki en ese lugar, menos protegiendo a una humana. El pelirrojo no se inmiscuía en asuntos que no le concernían, así que Kaname se sintió intrigado cuando su expresión seria no ocultaba la furia rojiza de sus ojos.

—¿Qué haces aquí, Kaname? —no hubo cortesía en su voz. Kaname no la esperaba.

—Me da gusto volver a verte, Senri. Veo que te ha ido bien en estos años, no imaginé que estuvieras junto a Kiryû.

—Zero-sama no tiene nada que ver —espetó usando su cuerpo como escudo entre Sira y Kaname.

—¿Zero-sama? —repitió el pura sangre hilarantemente desconcertado—. ¿Por qué usar un honorífico tan respetuoso con alguien que quiso matarte durante casi toda su vida?

—Porque ahora Zero-sama es diferente —respondió una voz femenina muy conocida para él.

Ruka Souen entró a escena. Vestía de traje de color blanco y su cabello largo seguía formando ondas preciosas. Seguí hermosa, pero Kaname no encontró en ella el apoyo que le había dado en antaño. No la culpó por eso. De hecho, lograba que fuese más interesante. Ruka se colocó cerca de Sira como retaguardia.

—Hace mucho tiempo que no te veía, Ruka. Creíamos que estabas muerta. Akatsuki y Yûki estarán contentos al saber que no es así.

La noble se estremeció ante la mención de la Kuran, pero se mantuvo firme.

—Bonita forma de saludar a sus conocidos, Kuran-sama —dijo Rima, la última agregada al parecer.

Era un descubrimiento insólito encontrar a sus antiguos subordinados bajo el mando de un cazador (un cazador que ahora era una purasangre). Como para escribir un libro al respecto, si quería exagerar un poco. Ante la misteriosa sonrisa que se formó en sus labios, el trío se tensó y se pusieron en guardia.

—¿A qué has regresado, Kaname? —preguntó Shiki sin rodeos.

Sira fue la que contestó.

—Vino por Akira-san.

El pelirrojo hizo una expresión incrédula, y Rima y Ruka estaban en las mismas que él. Quisieron encontrar algo que lo negara, pero la sonrisa tranquila que tenía el pura sangre daba a entender que Sira tenía razón. La situación se estaba saliendo de control, si Zero no se despertaba pronto las cosas se pondrían feas.


Yûki Kuran perdió la paciencia al detectar en el aire el aroma a narcisos blancos. No tardó mucho en encontrar la fuente y arremeter con todo.

—¡Yûki-sama! —pidió Takuma intentando frenarla.

Ella ni siquiera lo oyó. Tomó la solapa de la camisa de Aido, lo levantó con facilidad y lo azotó contra la pared. El choque fue terrible. Aido sintió el aire salir de sus pulmones y varias costillas rompiéndose, pero no se quejó. Ni siquiera cuando Yûki lo soltó y cayó duramente al suelo.

Hanabusa se levantó con dolor, pero en cuanto lo hizo Yuuki volvió a hacerlo caer golpeándolo en su rostro.

—¡Aido! —dijo Takuma corriendo donde el noble e interponiéndose para protegerlo—. ¡Deténgase por favor, Yûki-sama!

Ella no se amilanó. No dudó en abofetearlo y mandarlo al otro lado de la habitación. Con Aido descubierto, Yûki quiso finalizar su venganza, pero Hanabusa no se asustó. La enfrentó mirándola directamente a los ojos, sin miedo. Yûki chistó por lo bajo y bajó su mano, ya luego ajustaría cuentas con él. Abandonó la habitación para encerrarse en la propia y evitar el olor a narciso.

—Su vuelvo a detectar ese aroma, te mataré —fue su última amenaza.

Takuma logró levantarse y fue auxiliar al otro rubio. La sangre escurría por su frente y las heridas tardarían en cerrar.

—No pensaba que odiara tanto a Sayori como para no soportar su aroma —dijo Hanabusa con desgana.

—Las personas cambian, Aido —lo ayudó a ponerse de pie—. Desde que supo que no podía concebir bebes, la relación entre Yûki-sama y Sayori-san comenzó a deteriorarse.

—¿Por qué sería eso un motivo para provocar una ruptura? Yûki fue la primera en apoyar a Sayori al estar embarazada.

—Al principio, quizás sí, pero conforme pasó el tiempo Yûki-sama estuvo celosa de lo que tenían tú y Sayori, de lo que ella no podría conseguir pese a ser una pura sangre.

Aido bufó con ironía.

—Pero Sayori ya murió. Yûki debería superarlo… así como yo lo hice.

—¿La extrañas? —Aido asintió—. Después de todo, fue tu esposa y también la madre de tu hija. Por cierto, ¿la viste? Se llama Sira-chan, ¿verdad?

—Sí, se llama así. Y sí, la vi. Ha cambiado un montón desde la última vez que la vi… se parece a Sayori —sonrió Hanabusa paternalmente. Ichijou soltó una risita—. ¿Qué es lo gracioso?

—Te escuchaste justo como un viejito melancólico —dijo ganándose una mirada molesta de Aido—. No te lo tomes tan apecho, hombre, sabes que lo digo porque ya no eres un jovencito.

—Puede que tengas razón, Takuma —concedió—. Oye, tengo algo que preguntarte.

—¿Acerca de qué?

—Veras, cuando fui al cementerio tuve una pequeña charla con Kiryû. No sé que le haya pasado, pero su presencia no se siente igual que antes y creo que tiene que ver con Akira-sama.

—Así que él se encuentra en esta ciudad —meditó Takuma—. Esto es inesperado, pero creo que Kaname podrá solucionarlo.

—Eso espero, Ichijou.


¿Por qué estás haciendo esto? preguntó Zero con inseguridad, mirando al hombre frente a él.

Su apariencia era la de un muchacho de veinte años de cabellos negros, piel blanca y ojos almendrados. Levantó su mano para acariciar la mejilla de Zero, quien no se rehusó al contacto. El otro acercó su rostro a escasos centímetros de los tiernos labios del cazador, quedando sus miradas entrelazadas.

Por ti pronunció para besarlo fugazmente y posteriormente abrazar. Porque te quiero, Zero.

Akira… murmuró preso de la calidez reconfortante que despedía el cuerpo de Tsukishiro.

Zero abrió los ojos pesadamente despertando poco a poco, enseguida notó que se encontraba en su habitación. ¿Por qué se encontraba ahí? Después de visitar las tumbas, se habían encontrado con un grupo de niveles E que lograron combatir y… había visto a Kaname.

Mierda.

Zero se levantó de prisa de la cama y cogió a la Bloody Rose. Salió disparado rumbo a la cocina donde sintió la presencia de varios sujetos. Cuando llego se detuvo en la pared al lado de la puerta para precipitarse, y a pesar de su ansiedad se obligó a calmarse antes. No quería que sus emociones desbocadas le hicieran dar un paso en falso y perjudicar más la situación.


—Esto debería ser una reunión más amena, después de todo éramos muy unidos en el pasado —dijo Kaname.

—Quizás sí —admitió Rima—, pero debido a los incidentes del pasado relacionados a su deseo por proteger a su hermana, eso es imposible. Causa y consecuencia, Kuran-sama. Así es de simple.

—Había creído que ustedes me seguirían a pesar de que mis decisiones fueran para beneficiar solamente a Yûki. ¿O es que su lealtad no tiene valor alguno?

—Sabe que no lo fue, Kuran-sama —espetó Ruka valiéndose de toda su fuerza para no perder el control—. Y sabe que lo que sucedió fue imperdonable en más de un sentido.

Kaname no pudo comprender qué clase de consecuencias había traído el día del incidente con los vampiros hace 16 años. No conocía toda la historia, sólo pedazos incompletos que lograba ofuscarlo. Odiaba no saber toda la verdad. Odiaba que la información no fluyera naturalmente y que él hubiese sido el último en saber lo que pasaba. No le sucedía desde hace miles de años y que la sensación renaciera en él era amarga.

La mejor forma de acabar con eso era ir por las fuentes exactas, como las cuatro personas que estaban frente a él. Kaname avanzó hacia ellos y Senri se puso en guardia. Ambos vampiros se veían directamente. La atmosfera se tornó silenciosa, inclusive ruido del exterior cesó.

Shiki se llevó una mano a la boca, mordió su dedo y una gota de sangre surgió preparándose para usarla de látigo. Kaname levantó su mano dispuesto a atravesar a su primo justo en el pecho. Y cuando ambos movimientos estaban a punto de impactar en el contrario, se oyó un disparo.

¡TíoZero! —exclamó Sira aliviada.

Zero ignoro el llamado y dirigió su atención al conflicto inmediato. Senri asintió ante la orden muda y se posicionó frente a las chicas. Kiryû siguió apuntando con la Bloody Rose a Kuran, se movió para quedar en medio.

Ante la presencia del cazador, todo intento de lucha de Kaname desapareció. Retomó su porte aristocrático y pretendió que no había intentado matar a ninguno de los cuatro un momento antes.

—Baja la Bloody Rose, Kiryû-kun —pidió con voz calmada—. No deseo romper la paz en esta academia con un derramamiento de sangre innecesario.

Zero se permitió rodar los ojos, como si hubiese dicho algo muy estúpido.

—¿Qué es lo que buscas aquí, Kuran?

Kaname sonrió de lado.

—Es bueno ver que ahora preguntas. Antes sólo disparabas —en verdad disfrutó de la ceja arqueada de Zero, había algunas cosas que no cambiaban del todo—. Aprovechando que tu querida sobrina me invitó, vine a hablar de negocios contigo, Kiryû-kun. Debido a mi regreso a Nightray, me interesa conocer la situación actual en la ciudad. Qué mejor forma de hacerlo que recurriendo a pedir asilo a la que fue la academia Cross.

Rima y Ruka estaban desconcertadas y esperaban una negativa de parte de Zero. Shiki permaneció impasible, esperando las palabras de Kiryû para decidir cómo actuar.

—De acuerdo —accedió el cazador, guardando la Bloody Rose y sorprendiendo a las chicas presentes por su decisión—. Tú y tu pandilla tendrán asilo en estas instalaciones, pero bajo ciertas condiciones.

—No esperaba menos de ti, Kiryû-kun.

—Primero, ninguno de tus lamebotas puede entrar en contacto con los estudiantes de la academia o relacionarse con la Asociación de Cazadores o el Concilio de Vampiros. Esto no sólo va por mí, Kuran, es una decisión planteada por el Consejo General en caso de que volvieras.

—Suena razonable —dijo Kaname. Zero lo tomó como una mofa. Definitivamente Kaname tenía que planear algo grande si se mostraba tan receptivo con las condiciones—. ¿Algo más?

—Sí —declaró—. No sé que planeas al volver, Kuran, pero te aclaró que las cosas no se hacen como antes. Aquí y ahora, tú ya no eres el rey del juego.

El enfrentamiento entre sus miradas fue inevitable. El reto estaba implícito y ninguno de los dos desistiría. Interiormente, Kaname estaba fascinado. En el pasado la rebeldía natural de Zero era un estimulante en su tensa relación de rivalidad. Conocer a alguien que no lo reverenciaba era gratificante. Zero era el único que podía darle pelea y hacerlo sentir frustrado y maravillado al mismo tiempo.

—Está bien —dijo Kuran dando la vuelta, cediéndole la primera victoria en esa guerra—. Si eso es todo, me retiro. Tengo que preparar todo para mudarnos otra vez aquí. Hasta pronto, director Kiryû.

Zero siguió con la vista a Kaname. Y éste pasó muy cerca del cuarteto dirigiéndose a Ruka en particular con una sonrisa amable.

—Yûki se alegrará al saber que te encuentras bien y que con Kiryû ahora —musitó cerca de su oído.

Inevitablemente, ella empezó a temblar y sus ojos se llenaron de horror ante la implicación de esas palabras. Las fuerzas de Ruka flaquearon, su vista se tornó borrosa y el miedo invadió su cuerpo. Sintiéndose al borde del abismo y cayendo a una amarga oscuridad, la mano de Zero sobre su hombro la trajo de vuelta como si fuese un energetizante.

No fueron palabras de confort las que salieron de la boca del cazador, fue un simple cruce de miradas que ofreció el doble de fuerza que unas palabras. Ruka tomó la mano que aferraba su mano, sintiendo su calidez y sonriendo débilmente.

—Gracias —musitó.

Antes de irse, Kaname vio con recelo la muestra de confianza mutua entre esos dos. Dentro de él algo rugió con fiereza. Por un momento, sus ojos tuvieron un brillo rojizo amenazador. Su molestia aumentó cuando Shiki, Rima y Sira se unieron al cuadro que formaban la noble y el cazador. Más no lo demostró, sólo dio media vuelta y se fue sin reflejar nada en su rostro. Era difícil de creer, pero se sentía un poco resentido por la felicidad que Kiryû gozaba y él no.

Al salir al exterior, se transformó en cientos de murciélagos que surcaron el cielo. El encuentro no sólo lo había molestado, también lo confundió. Porque al ver el afecto con que Zero y Ruka se trataban, sintió una presión en el pecho sin entender realmente quien de los dos era el que estaba poniéndolo celoso.


Sira Wakaba estaba en problemas. Lo sabía y aceptaba. Puso en peligro a todos ahí al llevar a Kaname sin ninguna preparación previa. Sabía que el castigo sería monumental por la expresión aterradora que tenía Zero en ese momento, sentando en el sillón como si fuese un capo de la mafia.

—¡Perdón por haber hecho algo tan estúpido! ¡Es sólo que quería saber porque Kaname-dono regresó a Nightray!

Shiki y Rima estaban sentados en un sofá aparte comiendo Pockys sin lucir turbados. Ruka estaba junto a Zero, divertida por la escena y no es que odiara a Sira, sino que siempre se metía en problemas por no pensar dos veces las cosas (al igual que su padre).

—Me habías prometido que no cometerías más errores, pero aun así trajiste a Kuran a la academia. También tuviste el descaro de pedirle que me trajera cargando cuando pudiste esperar a que yo despertara. No pienso ser tan indulgente esta vez con tu castigo.

Sira tragó hondo.

—Tendrás que archivar todo el papeleo sin archivar que hay en la biblioteca, leerás el libro de Reglas de los Cazadores de nuevo, irás al entrenamiento intensivo del maestro Yagari, reordenarás el desastre que tienes por habitación y eso incluye los mangas y animes yaoi que tienes votados por todo el cuarto y cocinarás por tres meses seguidos el desayuno, comida y cena —terminó de enumerar. Sira ya tenía la mitad de su alma fuera del cuerpo y miro a su alrededor pidiendo ayuda a Shiki y a Rima, pero Kiryû se adelantó a sus pensamientos—: Y nadie podrá ayudarte. Es tu castigo, no el de ellos, Sira.

Un aura de pesadumbres la rodeó. Se fue a un rincón alejado a lamentarse, repitiendo que si Akira estuviera ahí, él no la castigaría. Pero Zero se mostró inquebrantable, era vergonzoso saber que Kuran lo había cargado como doncella en peligro y no podría perdonárselo a su sobrina pronto.

—Aprovechando el castigo quédense a cenar —dijo Zero a los tres vampiros y se dirigieron al comedor en lo que Sira entraba refunfuñando a la cocina para preparar la comida. Sentados alrededor de la mesa, Zero pudo iniciar una pequeña reunión—: Al parecer, Kuran ha vuelto por algo relacionado con Akira. Probablemente por hechos que ocurrieron durante el eclipse de hace 16 años.

—Tendremos que tener cuidado, Kuran-sama sigue teniendo métodos poco ortodoxos para conseguir información —dijo Rima.

—Hemos estado bebiendo la sangre de Zero-sama por los últimos años —meditó Senri—. Eso ayudará a soportar un poco el poder de Kaname, pero no será suficiente.

Aunque era tabú que vampiros de la nobleza bebieran la sangre de un vampiro puro para Zero eso no era un inconveniente. Criado con conceptos humanos la mayor parte de su vida, no tenía los mismos prejuicios en compartir algo que era bueno para sus allegados. Al principio, Ruka y Rima se negaron tajantemente, pero cuando vieron a Senri aceptar el ofrecimiento sin tanto escándalo, terminaron aceptando. Desde ese día, bebían de Zero en lapsos intermitentes.

—De momento sólo observaremos —indicó Ruka con calma—. Cualquier cosa que planeen no podremos contrarrestarla si hacemos meras suposiciones. Hay que permanecer en constante alerta.

—Informaremos al Consejo General sobre el regreso de los Kuran —dijo Zero digiriéndose a Rima y a Senri que eran los encargados de contactarlos—. Esto provocará un escándalo, pero con la situación actual prefiero que la verdad se sepa desde el comienzo.

—Entendido, Zero-sama —dijeron al unísono.

—De momento no hay más pendientes —Zero se recargó en el respaldo de su silla. Ahora que no estaba Kaname podía relajarse frente a sus subalternos.

—¿Se encuentra bien, Zero-sama? —la pregunta, cómo no, provino de una preocupada Ruka Souen. La noble abandonó su lugar para ver más de cerca a su líder.

—Algo cansado —admitió—. En el encuentro con Kuran, usé mis habilidades de sangre pura… no logró dominarlas.

Ruka le miró desconcertada. ¡Zero no debía usar su poder de ese modo! Todavía era muy joven —hablando en términos inmortales— para controlar las habilidades básicas de un vampiro puro.

—Estoy bien —un dedo fue colocado justo en el entrecejo fruncido de la noble y ella le dio una mirada de reproche—. Tengo que aprender a usarlos aunque te empeñes en que yo aprenda lento.

—Lamento no poder ayudarlo como se debe —su tono era decaído.

—Ustedes hacen lo suficiente por mí, Ruka —aseguró convincente—. Soy afortunado de que sean mis aliados y mis amigos.

Ruka se sonrojó levemente, y Senri y Rima sonrieron. Era sorprendente la forma en la que su relación había cambiado con los años. Al conocerse, ninguno de los tres había sentido algo de simpatía por Zero y viceversa. Ahora con todo un entramado de cosas y sucesos nuevos, eso había quedado atrás y se había instaurado una nueva relación. Los tres nobles habían aprendido que bajo toda la fachada estoica del cazador, se encontraba un hombre como cualquier otro que podía llegar a confiar y darles una nueva oportunidad a ellos tres. Cada día agradecían haber conocido a Zero Kiryû.


Kaname no deseaba regresar aun al hotel. A pesar de su salida rápida, tampoco quería volver a tratar con el mal genio de Yûki. Así que decidió vagar por las calles de la ciudad un rato, lo que fue molesto después de unos minutos al ser continuamente asediado por las miradas curiosas de los transeúntes. Los rasgos de Kaname no eran nada comunes y su atractivo visual siempre había atraído la atención más de lo debido. Se bastó con ignorarlos y se adentró de un parque donde se sentó en una de las bancas. Relajándose por un milisegundo, cerró los ojos respirando el aire frío. Los días nevados le traían más recuerdos que los días en otras estaciones, además lo ponían de mal humor.

—Seiren —pronunció Kaname de pronto—, es conveniente que traigas buenas noticias o te mataré por interrumpirme.

De la cercanía, salió de la delgada figura de su guardaespaldas personas. Como todos los vampiros, Seiren seguía manteniendo su apariencia joven sólo que su cabello había crecido y ahora estaba atado en una trenza.

—He conseguido información acerca de Akira Tsukishiro —informó extrayendo de su gabardina azul una fotografía que entregó a Kaname rápidamente.

Él la tomó y pudo ver a un hombre joven de apariencia similar a la de él sólo que sus cabellos eran negros y mucho más liso. Y el tono de sus ojos era del color de las almendras, expresivos, pero con ese mismo velo de tristeza de caracterizaba a los ojos de los que habían vivido por milenios como él. Lograba sobresalir la figura de otro chico en la fotografía. Kaname arqueó una ceja hacia el Zero Kiryû con expresión irritada siendo abrazado por el muchacho pelinegro, casi como si hubiese estado a negándose a tomar la foto y hubiese sido ignorando (lo que probablemente sucedió).

El leve fruncimiento de Kaname se transformó en una mueca de disgusto bien disimulada. De nuevo, escuchó el rugido interno de algo en su interior similar a cuando observó la cercanía de Zero y Ruka.

—Interesante —pudo pronunciar, aunque para nada era lo que pensaba de esto. No obstante, no lo admitiría abiertamente—. Seiren, vuelve necesito que investigues que es el Consejo General. Al parecer, ellos son los que toman las decisiones ahora.

—Lo que ordene, Kaname-sama —hizo una corta reverencia y desapareció.

Kuran permaneció en ese lugar por un tiempo más. En verdad, odiaba los días nevados. Le traían malos recuerdos, como el día en que la conoció. Aquella mujer que había sido su primer amor, la que lo adentró al mundo sangriento y oscuro de los vampiros… y aun así, seguía añorando su sonrisa.


Al terminar de cenar, Rima se retiró a cumplir su ronda de vigilancia. Debido a que sólo ella, Ruka y Shiki eran los prefectos de toda la academia, se turnaban para mantener vigilado el perímetro cada noche. Aprovechándose de que Senri estaba vez podría descansar, Sira le pidió a Senri que se quedara a dormir con ella. El ofrecimiento fue aceptado con un simple asentimiento, y el pelirrojo fue arrastrado a la habitación de Sira. Zero pensó que bien podía intervenir y decir que como estaba castigada, no podía hacerlo, pero se abstuvo. El castigo era solamente para Sira. Senri era otro tema aparte y estaba seguro que su subalterno no desearía separarse de ella después de que habían estado a punto de morir ese día.

Ruka se quedó con él hasta que estuvieron completamente a solas y sólo entonces ella soltó un suspiro, que atrajo la atención de su interlocutor.

—¿De nuevo? —preguntó ella impaciente—. Te he dicho muchas veces que no me molesta hacerlo, Zero-sama. Es parte de mi deber, y aun si no lo fuera, lo haría.

—Te dije que estoy bien —refutó imperturbable.

Ella suspiró de nuevo y colocó una mano en su hombro.

—¿Cuál es el problema ahora? Ya has aceptado que beber sangre no es un pecado o algo por lo que debas sentirte culpable. Además, necesitas beber con regularidad. Akira-sama dijo que tu transformación no fue usual y que requieres un seguimiento especial —le miró directo a los ojos—. Mi sangre funciona mejor que la de Rima y Senri, es la que mejor asimilas y la que más ayuda.

—Lo sé, es sólo… creo que siento que me compadecen mucho —aceptó—. Ahora que soy un vampiro completo pienso que los obligo a servirme.

Ruka sonrió suavemente.

—Obligar significa ignorar la voluntad del otro y nunca nos ha obligado a nada, Zero-sama. Nos has llamado amigos y lo que hacemos por ti es eso precisamente, cosas de amigos. Cuando… —vaciló—… bueno, cuando pasó lo del eclipse no dudaste en ayudarnos y aceptarnos, así que no tienes que mortificarte tanto, ¿entendido?

Supo que había ganado la discusión cuando Zero se limitó a asentir.

—Así que puedes beber mi sangre cuando lo necesites.

—De acuerdo, Ruka.

Entonces, velozmente Zero tomó a Ruka entre sus brazos y la llevó su habitación. Verificó que la puerta estuviera cerrada, dándoles un poco de privacidad. Ella se quitó la bufanda color vino y desabrochó los botones de su camiseta, dejando expuesto su cuello. Ofreciéndose sutilmente, sintió las manos de Zero tomándola por los hombros que acercó su boca a la blanca piel. Su lengua se paseó por un rato preparándola para su mordida, y cuando tuvo la certeza de que estaba lista, sus colmillos horadaron con delicadeza. Sutilmente, empujo el cuerpo de Ruka a la cama cayendo sobre ella al final. Ruka jadeó y sus manos viajaron a través de la amplia espalda hasta enredar sus dedos en el plateado cabello, permitiendo que tomara todo lo que necesitara de ella.

Porque la deuda que tenía con Zero no la podría saldar ni viviendo toda la eternidad. Lo mismo era para Shiki y Rima. Seguirían a Zero a donde fuese, sin importarles nada y confiando a plenitud en él.


¿Pues qué tal? Realmente espero tenga buen recibimiento como la anterior versión. Pero bueno, no espero que me lluevan comentarios (después de todo, ya pasó la época de oro de los fanfics, donde los fanfickers actualizábamos regularmente y los lectores dejábamos comentarios y no algo como "conti, conti, plz").

Como sea, a quien se tome su tiempo de leerlo y comentar, le responderé personalmente.

A.L.K.