Disclamer: No creo que haga falta decirlo, pero por si las dudas "Estos personajes no me pertenecen son de CAPCOM, ojo".

Lo escrito a continuación o mas bien la rapidez de mi respuesta la dedico a Delta667 que me honra mucho siguiendo con afán mis obras y me animó con su review a darme prisa para subir este fragmento. (espero que te guste) Agradezco por igual a todos los que me han leìdo y como siempre, les pido que dejen comentarios que eso siempre motiva un poco mas a seguir escribiendo.

Capítulo 2: Líneas Borrosas.

Sobre lo correcto, lo bueno, lo blanco y lo negro. Siempre quisieron que las cosas fueran totalmente determinantes de un estado, respuestas concisas, si y no para esto y aquello, inocente y culpable.

Tengo una fe basada en lo que he visto y experimentado en mi vida, sé cuánto de lo que hago o digo está mal, puedo bloquear la culpa o echarla a un lado, jamás excusar mis actos más ruines, de ese modo cuando me preguntan si soy buena … tiendo a contestar que "a veces". El juez lo juzgaría como un NO, y basado en lo dicho anteriormente tendría razón, pero las vidas que aún continúan debido a mis "a veces buena" podrían contradecirlo, sin embargo no es eso lo que me importa, no lo hice por la gloria, no lo hago por razones parecidas al agrado popular, no por nada hoy están buscándome, una raya más para el tigre, otra entrada en mi archivo, pero se supone que yo no existo. Ada Wong no existe, puede que ni siquiera sea mi nombre real ¿cierto?, me pregunto si eso lo habrán considerado.

Cuando pude al fin abrir los ojos esa mañana, la habitación pareció desdibujada y desierta, se apoderó de mí una ligera sensación de vértigo al levantar la cabeza de la almohada y por un instante me vi obligada a cerrar los ojos cuando la luz golpeó mis retinas cegándome casi por completo. Una silueta se interpuso entre el motivo de mi ceguera y con los ojos entornados quise enfocarle.

Había algo irreal en la atmosfera, al despertar podía haber jurado que estaba sola pero de pronto esa figura estaba ahí frente a mí en toda su magnitud y yo continuaba demasiado aturdida como para darle batalla correctamente. Sentí su mano poderosa hundirse en mis cabellos con una suavidad inesperada y solo entonces parecí consciente de lo cerca que estaba. Fruncí el entrecejo y al cabo de un momento cerré los ojos, no los volví a abrir por un rato y entonces esa caricia me abandonó.

Me incorporé y tal como recordaba estaba en la cama, sacudí de mi cuerpo toda pesadez y salté del lecho con ligereza. Pensé que algo no iba bien aun así que revolví las sabanas buscando lo que era, pero solo conseguí las mantas de seda enredadas a algunos de mis artilugios electrónicos y mi sostenedor de encaje. No era una persona desordenada pero esos objetos solían vivir en mi cama. Giré sobre mi misma recorriendo la habitación con la mirada y me arrojé al baño en busca de huellas. Todo estaba impecable, como lo recordaba, como yo solía dejarlo así que la incertidumbre, una muy peculiar, se instaló en la boca de mi estómago anudándolo. 4 paredes se habían convertido en una prisión de fuego y carbón imaginario, de lava y carne chamuscada buscando alivio en manos níveas.

Miré mis manos creyéndome irreal también y luego apreté los puños. Debía marcharme de ahí lo antes posible, pero retrocedí despacio hasta chocar con la pared del baño y entonces mis ojos se clavaron en el espejo justo al frente, en él, mi imagen nítida de corto camisón de raso, figura esbelta y cabello lacio aunque revuelto me regresó la mirada, pero ambas ella y yo, nos figamos en la parte expuesta de mis muslos. Levanté despacio la tela conforme me aproximaba al lavado, al espejo, detallando las marcas purpureas en mi piel, ascendentes por mis caderas hasta mi cintura. Me llevé la mano a la nuca rozándome la base del cráneo o más bien pretendiendo masajearla para tolerar mí propia incredulidad pero el tacto en mí cuello me dolió así que con ayuda de otro espejo fui capaz de ver más huellas en esa zona, no eran tan notorias pero aguzando la mirada las descubrí, eran frescas. Arrojé un bufido, sin experimentar un fastidio real, supongo que buscaba el sentimiento pero solo seguía consiguiendo marcas de él y su paso por mi cuerpo.

No estoy segura de sí hablar sobre lo que pasó. Porque todo lo que pasó está claramente dibujado en mi mente, con líneas borrosas que se funden en el mismo vapor del acto. … . Ahora mismo sonrío casi con amargura, se supone que todos desean saberlo todo respecto a todo, desean saber si los aliens son una realidad, si el Dios del que hablan los cristianos existe, si un político noble es realmente posible, si un día se alzarán los zombis e invadirán sus tierras… (Eso último ya lo verifiqué personalmente así que pueden tacharlo de la lista) Sin embargo, descubrí que a las personas en realidad creen que desean saber, pero eso no puede estar más lejos de la realidad, al ser humano no le agrada la verdad, solo quiere versiones de la misma, así que me pregunto en este momento si ¿quieren la versión romántica o la real de los hechos?

Volví a la habitación preguntando con cierto grado de sarcasmo para conmigo misma si realmente aquel conjunto de hematomas habían surgido por las razones que rumeaba cierta culpa o si en realidad me había atropellado un auto. Empecé a hacer mis maletas a una velocidad impresionante y en menos de lo que esperaba estaba tomando una ducha para sacudir cualquier resto de memoria y solo abandonar ese lugar y la ciudad.

Moverse es un asunto respecto al cual no hay discusión cuando se tiene mi trabajo. Cuando se hurga demasiado en el mismo agujero alguien tarde o temprano va a percatarse y no es mi estilo el que eso ocurra.

Siempre pueden encontrarte al avistarte, hay ojos en todos lados y oídos tan atentos como los míos, supuse que había sido ese el modo en el que Wesker me había encontrado pero algo me mantenía alerta al respecto, algo no encajaba y sin embargo en todo ese tiempo que pasamos en esas 4 paredes, en esa realidad teñida de irrealidad, me cansé de preguntar y obtener la misma respuesta: Instinto. Y la primera vez que lo oí me reí ante la idea de ese lado animal, pero reconocía su bestialidad, más aún al colocarme el pantalón y notar algo de dolor en la piel por el roce.

- No hemos terminado aún.

Su voz me alcanzó como un eco hondo al salir del baño aun pasándome la toalla por los cabellos mojados.

Estaba sentado con elegancia en un sillón cerca de la puerta, en la improvisada salita del apartamento, su expresión tenía esa calma habitual y vestía ahora sí, como antes, ese mismo estilo de negro de pies a cuello y el rubio cabello lustroso. ¿Cuánto tiempo había pasado?

Parpadee con notoria perplejidad sintiéndome sacada totalmente de lugar. Quise mirar hacia la cama a alguno de mis PDA's, estaba tan distraída horas antes que me había olvidado por completo del tiempo solo convencida de que pasaba del medio día, pero ahora la noche amenazaba con caer y él estaba allí como si jamás hubiese estado entre mis sabanas convertido en un guiñapo de piel quemada y vendas.

Tomé aire despacio y seguí frotándome el cabello.

- Yo ya he terminado y tengo toda la intensión de marcharme de aquí.

Respondí con cierta resignación cubierta de tranquilad, convencida de que si ese hombre no me había detenido antes, no lo haría ahora.

Sus ojos refulgieron en la oscuridad y fui consciente de que solo faltaban sus lentes para completar el atuendo. Me dirigí a la cama para dejar algunos artículos del baño en la maleta y cerrarla finalmente, observando por el rabillo del ojo que don megalómano se conservara en su asiento. Cargué el equipaje hasta el suelo dejándolo erguido sobre sus rueditas y luego cogí las llaves del apartamento. Debo admitir que me sentí absolutamente normal, me pasaba con frecuencia cada vez que tenía acciones tan banales, tan corrientes, pero el sentimiento duró poco cuando en menos de un parpadeo Wesker estaba frente a mi tomándome por la nuca con firmeza y luego con una gentileza inusitada me atraía a su rostro al tiempo en que rodeaba mi cintura con su brazo. Me resistí lo humanamente posible, lo cual ante él confieso fue difícil. Sobre todo cuando sonrió y en suspiro dejó caer su aliento sobre mis labios. Así me llegó en flashazo de lo todo lo ocurrido una vez más, mi piel se erizó aun cuando mi expresión se mantuvo estoica.

- Te has vuelto famosa. – murmuró con una sonrisa. – Y todo por despertar pasiones desenfrenadas. – Parecía haber cierto reproche sutil pero su sonrisa lo disimulaba.

- Tengo una capacidad innata para atraer científicos con aires de grandeza y locura. – repliqué apoyando mis manos en su pecho empujándole sutilmente sin moverle un milímetro. – Tú debes conocer ese padecimiento, la megalomanía.

No supe a ciencia cierta si eso le ofendió. La mirada que me dedico fue en extremo seria pero pronto una curva asomó en sus labios antes de que me soltara.

- Debemos irnos.

- Eso planeaba, pero no contigo Wesker. – Le dije caminando hacia la puerta.

- No fue lo que dijiste la otra noche. – Sus palabras resonaron en la habitación obligándome inconscientemente de detenerme. Me reí de misma al verme parada en ese espacio de tiempo entre girar la manilla y abrir la puerta, viré la cabeza para encararlo y lo encontré mirando la cama fijamente. Algo en él me resultó diferente y por una fracción de segundo ese aspecto desconocido me aterró de un modo totalmente nuevo. Sin embargo haciendo acopio de toda mi entereza me repuse.

- Cómo me encontraste inicialmente Albert? – Elaboré la pregunta con absoluta severidad, no estaba jugando esa vez y la respuesta no podía ser vaga y no lo fue.

- Hay un rastreador en tu organismo. – Respondió con simpleza, mirándome atentamente.- un día luego de que folláramos determiné que saber tu posición era un asunto de relevancia, así que a través de una pequeña intervención quirúrgica para adherirlo a un punto de difícil acceso y detectabilidad escasa, lo dejé en tu cuerpo, por lo que de un modo u otro siempre he sabido donde se encuentra la escurridiza mariposa roja, tus visitas a Washington, incluso aquellas que no fueron por deber.

No creo haberle puesto cara a esa contestación, me encontré neutra como si una parte de mi lo intuyera, la otra lo negara y en general ya el aspecto careciera de importancia. Pero la tenía y lo sabía por la furia silente que iba gestándose en mi vientre.

- Eres un maldito.

- Lo sé.

Dicho esto abandoné la habitación seguida de cerca por el rubio, por el rabillo del ojo le vi ponerse sus lentes al tiempo en que yo sujetaba la pistola lanza ganchos en mi chaqueta preparándome para darle uso de ser necesario.


Sobre mi otro fic, espero actualizar pronto, ocurre que perdí un par de capítulos que ya tenía listos debido a un formateo y entre otras cosas, ese asunto me desanimo.

Sobre esta historia y probablemente cualquier que me atreva a escribir, el lemon pretendo hacerlo muy detallado, me gustaría saber qué piensan al respecto, pero en particular este probablemente no sea de telenovela rosa. Así que si eso no les agrada, no sigan leyendo.