El siguiente capítulo puede que sea el último. AVISO que el contenido será fuerte y puede que no agradable para cualquiera, así que si eres muy sensible, RECOMIENDO: No seguir leyendo.


Capítulo 3: Con heridas abiertas.

- Buen día, Wesker…

Susurré determinada a salir de mi abstracción para dar inicio a mi mañana posiblemente lejos de ahí, pero él me detuvo con una sujeción de muñeca a penas quise levantarme de la cama y me atrajo con una fuerza prominente con la cual galanteaba ante la recuperación cada vez más total de su poder.

Suspiré al tenerle tan cerca y le sentí rodar hasta ponerse sobre mí, suspiré al sentir la vida en cada centímetro de su ser aún herido, lampiño, momificado y sin embargo fuerte, simplemente tan él, pero contuve la respiración cuando posó sus labios ligeramente resecos en los míos, oprimiéndolos con cuidado y rozándolos con suculencia, con deseo, con necesidad.

Lo que éramos él y yo no tenía un nombre que abarcara en su totalidad el alcance de nuestra relación, éramos socios sí, algo así. Él podía ser mi jefe también o algo parecido, no siempre jugaba en toda la cabalidad de su reglamento, no siempre hacia precisamente lo que me pedía sino lo más conveniente. Él lo sabía, yo lo había dejado claro. Yo era una especie de confidente, ¿cuántos reportes no habían caído en mis manos escritos por él? Yo conocía versiones de una verdad que nadie más había acariciado con los dedos. Leía entre líneas los resquicios de su humanidad y así también la vi perderse poco a poco en el crescendo de su obsesión, hasta el punto en que me hice a un lado para dejarle posar sus manos completamente en los muslos impecables de tricell y poseerle para sus fines. Él no me lo pidió, solo supe que debía hacerlo, que no tenía nada que alcanzar ahí y ahora, tras las consecuencias obtenidas, le tenía de vuelta con marcas visibles de lo que había perdido.

Su beso se volvió rudo al cabo de un momento, noté la tensión en su cara como si una punzada de dolor le hubiera cruzado el costado, se apartó y me miró severamente. Solo entonces caí en cuenta de que en medio de mi estupor rememorativo, no había correspondido a su avance.

- Debiste estar conmigo… – Gruñó presó de lo que parecía un singular acceso de rabia.

No supe al instante a qué se refería pero al encontrar su mirada, intuí que estábamos pensando en lo mismo. Mantuve mis ojos en él y negué despacio, mi cuerpo se movió buscando salir de la prisión que me imponía el suyo, pero él no me lo permitió. Puso una mano en mi hombro y la arrastró pesadamente hasta mi cuello. Hasta ese momento jamás había desechado la idea de que una situación como esa pudiera darse, ¿estar al borde la cama y estar al borde de morir igualmente? Estiré rápidamente la mano para tomar el arma que guardaba a un costado del mueble que sostenía el colchón pero Wesker sabía lo que estaba por hacer y me sostuvo de la muñeca a penas me hice con la pistola, apretándomela hasta que el dolor hizo que la soltara y esta se deslizara hacia el suelo emitiendo un golpe apagado contra la alfombra.

- … debiste ser tú quien…

- ¿No te bastó con Excella para jugar al doctor? – Le interrumpí alzando la cabeza con la rapidez y violencia suficiente como para estrellar mi frente contra su nariz.

Un quejido gutural me avisó que si le había dolido, pero él no abandonó su posición para mi desgracia. Hizo la cara hacia un lado mostrando sus dientes en una clara expresión de furia y unas gotas de sangre cayeron en mi mejilla deslizándose hacia la sabana.

Presionó mi mano contra la cama y llevó la otra para ponerlas juntas y sujetarlas con una sola de sus manos. Me sentí un gusano inútil bajo la fuerza de su agarre y sin embargo permanecí quieta cuando un acceso de curiosidad me obligo a observar como enderezaba su nariz con la mano libre y la cortada en el tabique poco a poco se perdía en medio del montón de cicatrices que las quemaduras habían dejado en su piel.

Una sonrisa cruzando su boca repentinamente, me sorprendió.

- ¿Quieres hablar de Excella? – Inquirió mirándome fijamente con cierto tino de diversión. – ¿Sientes pena por ella?

- ¿Sientes pena por ti? – repliqué enarcando una ceja.

La sonrisa se borró de su rostro. Sus oscuros ojos carmines me dedicaron una larga mirada, tras la cual en silencio se inclinó para lamer la sangre de mi mejilla, su sangre.

- Esta es la sangre de un dios… - Murmuró aproximándose a mi boca y apretando sus labios de nueva cuenta contra los míos, empujando con su lengua hasta meterla entre ellos y rozarla contra la mía, impregnándome del sabor metálico de su sangre supuestamente divina, apretándome contra la cama y oprimiéndome con su peso.

Mis labios correspondieron lentamente, primero negándose y luego con rabia. Mordí su lengua y rasguñe sus labios con mis dientes, sentí su sonrisa contra mi boca cuando con sus piernas logró abrir las mías deslizándose entre ellas hasta hacerme notar el vigor de su pelvis. Entonces deshice el beso apartando la cara, pero él me sujetó de la barbilla guiándola para que le mirara.

- Te necesitaba conmigo… - susurró con una de las expresiones más solemnes que le he visto poner. – Te necesito conmigo. – agregó.

Soltándome las manos para sujetar ahora mi rostro por ambos lados de mis mejillas y volver a besarme. Los gestos como esos, en él, eran una cuestión anómala. Quizás he elegido una palabra algo fuerte para este juicio, pero así lo consideré en ese momento, y un malestar plagado de una pena ambigua se sembró en mi pecho llevándome a enroscar mis brazos en torno a su cuello y pasear mis manos por su cabeza aún carente de pelos y repleta de un vendaje manchado por las heridas. El sofocó las quejas de mi conciencia con una sujeción posesiva y de nuevo nuestras lenguas se encontraron en una lucha intrincada por el dominio y la pasión. Con urgencia recorrió mis muslos en ascenso hasta abarcar mi cadera con sus manos, acarició la delicada prenda íntima que portaba y sin consultármelo la rasgó a un lado, solo eso bastó para dejar desnuda esa parte de mí.

- Albert…- susurré sobre sus labios presa de mi propia necesidad, él se irguió un poco y mis manos recorrieron su pecho soltando los vendajes en las partes claves, el hizo lo propio tirando de ellos con cierta brutalidad y temí que aquello fuera peor para sus heridas, pero pareció no importarle ni dolerle. Estaba listo, y aunque reconocía que la imagen que tenía frente a mí no era la misma, que todas aquellas heridas y esa efigie llena de cicatrices solo podía resultar como salida de una pesadilla o un cuento morboso, no me importó, lo envolví entre mis piernas con impaciencia arqueando la espalda cuando su miembro se hundió en mi interior con violencia sacudiendo todo mi cuerpo.

Las embestidas no demoraron en cargar el ambiente de un sonido húmedo y rítmico, la velocidad variaba de un instante al otro. Sus manos ásperas se metían bajo el camisón adueñándose de todo tramo de piel mientras sus estocadas no perdonaban mi falta de aliento debido a los jadeos constantes. Sus dedos rozaron mis pezones con delicadeza antes de abarcar completamente mis pechos y asirse de ellos al momento de apurar la marcha golpeándose implacablemente contra mí. Apreté los dientes y ahogué una consecución de gemidos agudos cuando el primer orgasmo me sacudió y posteriormente me dejó inmóvil con las piernas apretadas entorno a él.

Wesker me brindó un reposo momentáneo, noté la satisfacción en sus rasgos a pesar de la piel malograda que progresivamente se regeneraba. Sus labios se arrojaron a mi cuello degustando con una vorágine peligrosa mi carne, sentí sus dientes y luego su lengua, pero en un giro inesperado, me giró poniéndome de espaldas a él sin salirse de mi interior, me empujó en un gateo breve a alcanzar el espaldar de la cama y asiéndome de la cadera volvió a retomar las penetraciones. El placer aun me tenía mareada cuando aquello empezó, lo abracé con un brazo y permanecí contra su pecho notando el vaivén completo de su cuerpo conforme se hundía una y otra vez en mi interior, las cicatrices de su falo le dieron un nuevo y particular sentido a este encuentro, pero nuevamente siguió sin importarme, descubrí en mis manos manchas vagas de sangre. Él me tomó por el hombro y con su otra mano comenzó a estimular mi clítoris, mis gemidos se hicieron más intensos y el dejó salir una risita contra mi oído antes de besarlo y penetrarme más fuerte.

- No… - gemí, sin saber exactamente a qué me negaba.

- Si… - murmuró.

Cuando su mano bajó de mi hombro a mi cadera, no pude evitar desplomarme apoyándome contra el espaldar, gimiendo hondamente el mismo tiempo en que él sin detener su estimulo en mi clítoris aceleraba el ritmo de aquel adictivo vaivén y de un momento a otro se derramaba en mi interior arrastrándome junto con él a un orgasmo intenso.

Rodamos hasta quedar tendidos en la cama, esta vez yo sobre su cuerpo. La latencia de sus heridas se hizo más perceptible para mí, era como si toda la sangre bombeara con mayor fuerza por su piel, noté los latidos de su corazón a una velocidad inhumana y solo aparté mi cabeza de sobre su pecho ante la mirada insistente de sus ojos en mí.

Un impulso mudo me hizo moverme para levantarme pero tal como si lo esperara él me tenía rodeada de la cintura en ese instante no tuvo que hacer más que afianzar su sujeción. Sus ojos miraron al techo en lo que yo rumiaba alguna queja y acababa por resoplar resignada.

- Soy consciente de mi humanidad, Ada… - Habló de pronto.

De todas las cosas que no esperaba oír, esa era una de ellas. Me conservé con la mirada en la nada, con el cuerpo caliente aún acomodado sobre el de él.

- … En la misma medida en la que sigo consciente del irremediable destino del mundo. – Continuó con esa misma voz profunda y aterciopelada con la que podía ordenar algo o manipular a casi cualquiera para obtener lo que quería. – Pero, No siento pena por mí, no lograron destruirme. – masculló esto último y supe del rencor instalado en su alma aunque no lo desconocía con lo bien que le conocía a él.

- Yo siento pena por ti. – Lo dije sin importarme las consecuencias.

Wesker hundió sus dedos en mi cabello bajó su mano hasta asirme de la nuca suavemente aunque con firmeza, sus dedos masajearon la zona y yo esbocé una pequeña sonrisa.

- No tengo intención de hacer más llevadera mi opinión… Albert. – agregué demasiado complacida con la piel henchida aún del gusto por el acto reciente. Él guió mi cuerpo hasta posicionarlo completamente sobre el suyo y yo me senté sobre su pelvis desnuda que poco a poco se endurecía ante el calor de mi sexo.

En silencio, deslizó la prenda que me vestía por mis brazos y mi cabeza, dejándome sin censura para su completa admiración. Sus iris refulgieron en la luminosidad tenue del cuarto, aún era de día, y sus manos se pegaron a mi cintura presionando con los pulgares sobre mi abdomen.

- La suficiente pena como para volverte mi enfermera ¿no? … - La pregunta fue retorica – Contaba con eso.

Esbozó una sonrisa ladina y sin darme tiempo a nada me alzó de las caderas arrastrándome sobre su pecho hasta posicionarme sobre su cara, sujetó mi cuerpo desde mis glúteos y me arrojó a su boca probando el interior de mi sexo, me removí sobre él sin saber de qué aferrarme mientras su lengua trazaba más frases manipuladoras en él, haciendo las delicias de mis sensaciones y robándome suspiros.

- Eres deliciosa Ada Wong… - habló contra mis labios íntimos besándolos con cuidado antes de envolver con los suyos ese punto sensible de mi intimidad y sorber de él antes de acariciarlo con la lengua.

Un estremecimiento terminó por ponerme a temblar y Wesker aprovechó ese instante para bajarme hasta su miembro y sin mayor aviso hundirse en mí. Grité al sentir mi sexo encogerse de placer, una serie de contracciones palpitantes se hicieron sentir en él que se alzó para besar mis pechos y mi cuello mientras su cadera implacable golpeteaba velozmente contra mí. Yo deslicé la lengua sobre sus labios y jadeé contra su boca.

- Si… oh… Eres tan bueno… - murmuré prendándome de sus labios en un beso.

No llevé la cuenta de las veces que lo hicimos, las maneras, las formas que dibujaron nuestros cuerpos en la cama y lo deshecha que esta quedo a razón de nuestros fluidos, del sudor y las ansias de más. Las huellas siguen conmigo aunque en la piel de Wesker no quede ninguna, así como las palabras recitadas y las promesas intuidas puede que estén más vigentes en él que en mí que tiendo a cambiar por el bien de mis ambiciones.

Me queda juzgar un poco más la cordura del megalomaníaco por el bien del viaje que emprenderemos. Washington. Algo no huele precisamente bien, pero voy a descubrirlo.


Agradezco a los que me han seguido hasta aquí y les pido disculpas por el retraso. Quisiera que me dejen sus comentarios respecto a qué les pareció y sus sugerencias, recuerden que eso siempre nos sirve para mejorar.

Abrazos de pulpo!