AN: Llámenme Poser pero tengo que confesar que comencé a ver Once Upon a Time por Frozen, al principio no entendía muchas cosas obviamente, pero después vi las temporadas de la serie y me enamoré de ésta, así que una forma de celebrar la razón por la cual me uní a este fandom fue escribiendo este Fanfic. En un principio mi idea era hacer un Fanfic netamente de Frozen pero no encontraba el momento preciso para hacer la historia y OUAT me dio ese momento. Espero que les guste tanto como a mí me gustó escribirlo, disfrútenlo.

Disclaimer: La mayoría de los personajes y el universo de la historia le pertenecen a Disney y a ABC.

"Esta historia tiene lugar un año después de los hechos ocurridos en Once Upon a Time (Boda de Anna y Kristoff)".


Un Cambio de Rutina


A pesar de haber transcurrido treinta y un años todo era felicidad en Arendelle, nadie en el Reino había envejecido y todos vivían en armonía.

La Princesa Anna y el Príncipe Kristoff llevaban un año de casados y acababan de recibir a su primogénito, un hermoso bebé rubio de ojos azules quien llevará el nombre de Adgar, al igual que su abuelo, el tan querido Rey de Arendelle.

En cuanto a la Reina Elsa, bueno pues todo le iba bastante bien, por fin había ganado el control total de sus emociones y por consiguiente de sus poderes. Ella gobernaba siempre con justicia y aplicando mano dura cuando la situación lo requería. Todos amaban a su Reina y la forma en la que conducía al Reino a una era de prosperidad.

Aunque ella amaba a su familia con todo su Ser, sentía un vacío que no podía ser llenado por Anna, además de que extrañaba a todos los amigos que hizo en Storybrooke, sobre todo a Emma Swan.

La pregunta que siempre inundaba su mente era saber si ella se encontraba bien.

Elsa pasaba algunas de sus tardes libres en la Terraza mirando el Fiordo, esperando encontrar algo nuevo, algo que cambiara su rutina cuando menos un día. Estaba tan perdida en sus pensamientos que no había notado la presencia de Anna.

─ ¿Qué es lo que buscas en el horizonte?

─ ¡Anna! Me sorprendiste. No estoy buscando nada en particular, solo vengo aquí a pasar el tiempo, últimamente la rutina me ha agobiado bastante.

─ ¿La rutina?

─Sí. Los Asuntos Reales de todos los días son muy fastidiosos, ¿sabes? A veces extraño ese Pueblo al que llegamos hace un año, a Storybrooke, a Emma y a su familia.

─ ¿A David y Snow White?

─Así es. A pesar de que estaba desesperada por encontrarte, pasé buenos momentos ahí.

─ ¿Y quieres volver? Elsa sabes que es imposible.

─No. No quiero volver pero el estar ahí fue un cambio de rutina interesante, conocer a más personas y convivir con ellas fue algo que no olvidaré.

─Entonces lo que tú quieres es conocer a más personas, ¿no es así?

─Creo que sí, pero no puedo dejar el Reino.

─Yo me haré cargo.

─No, Anna. Tú tienes que atender a tu familia y el Reino es una carga muy pesada.

─Entonces si no puedes salir a explorar más allá de Arendelle ¿por qué no vas al Pueblo una vez a la semana? Así convivirás con los Ciudadanos y saldrás a estirar las piernas, en lugar de añorar algo que no volverá.

─Pues creo que tienes razón, Anna.

─ ¡Claro que sí! Será bueno para ti que des paseos por la Ciudad para aclarar tus pensamientos y además, quién sabe lo que te puedas encontrar.

─Está bien, lo haré, pero vamos a cenar que me estoy muriendo de hambre.

Ambas fueron a cenar junto con Kristoff. Elsa y Anna no dejaban de hablar de múltiples cosas, mientras el joven las observaba con cierto grado de aburrimiento después de las primeras horas de plática, así eran todas las noches; una rica cena acompañada de horas de plática de las dos hermanas junto con chocolate y helado.

Era increíble que a pesar de ser unas personas adultas, ambas seguían comportándose como niñas en ciertos casos, aunque era algo comprensible y Kristoff lo entendía. Entendía que después de todo lo que habían pasado se merecían esas charlas.

A él le daba gusto ver a su amada sonreír a todas horas, cuando estaba con el pequeño Príncipe, cuando estaba con él o cuando estaba con su hermana mayor, estaba tan perdido en sus pensamientos hasta que una pregunta que Anna le hizo a la Reina lo trajo de vuelta a la realidad.

─ ¿Y bien Elsa? ¿A dónde irás mañana?

─ ¿Ir? ─Interrumpía Kristoff.

─Así es. Elsa quiere cambiar su rutina un poco.

─ ¡Ah! Ya veo.

─Pues todavía no lo sé, daré un paseo por el mercado, creo, o tal vez con el coro de los niños.

─ ¡Eso es grandioso! Me parece bien que lo hagas, así te despejarás un rato.

─Eso espero, Anna.

─Verás que sí.

─Disculpe su alteza pero ha llegado una carta para usted. ─Interrumpía uno de los Mozos.

─ ¿Una carta?

─ ¡Ábrela! ─Decía Anna con algo de impaciencia.

Elsa abrió la carta que más que carta era una invitación que decía lo siguiente:

"El Reino de las Islas del Oeste se complace en invitar a TODA la Familia Real a la Boda del Príncipe Angus y la Princesa Elinor. La celebración será en dos semanas y esperamos contar con su asistencia".

─ ¿Las Islas del Oeste?

─Sí, eso dice esta invitación.

─ ¡Vamos!

─No ─replicaba Elsa─. No puedo dejar solo el Reino.

─Entonces ve tú y Kristoff y yo cuidaremos el Reino por ti.

─No, ya te lo había dicho hace un rato, Anna.

─En ese caso, vamos nosotros tres, así tú cuidarás Arendelle.

─ ¿Recuerdas lo que pasó la última vez que te fuiste?

─Sí, lo sé, terminé dentro de un baúl junto con Kristoff.

─Y yo terminé en Storybrooke.

─Pero te gustó estar ahí, ¿o no?

─Bueno en eso tienes razón ─decía Elsa mientras dejaba escapar una leve risita─. Está bien, ustedes dos irán a las Islas del Oeste.

─Tres Elsa, ahora somos tres, recuérdalo.

─Lo siento. ¿Y entonces cuando se irán?

─ ¿Kristoff?

─No tengo idea Anna, nos iremos cuando quieras pero siempre y cuando pueda llevar a Sven.

─Kristoff, las Islas del Oeste no son un lugar muy idóneo para un Reno.

─ ¿Por qué?

─No conocemos mucho de ese lugar, solo que son mejores socios comerciales que Weselton y que hace un poco de calor en donde se encuentra el Castillo. ¿Estás seguro de someterlo a ese castigo?

─De acuerdo. Sven se queda aquí.

─ ¡Bien! Nos iremos en dos días.

─ ¡¿Tan pronto?! ─Respondían Elsa y Kristoff.

─Sí, quiero conocer ese lugar más a fondo.

─Bueno, así se hará.

Una vez decidido eso, los tres se fueron a sus habitaciones, después de la boda, Anna y Kristoff se mudaron al Ala Este del Castillo, justo en la habitación de su Madre y sus hermanas por ser la habitación más grande, y Elsa después de pensarlo bastante se mudó a la habitación Real, la habitación de sus padres.


Al día siguiente…


─Su Majestad, ¿está segura de hacerlo?

─Por supuesto Siegfried, después de todo lo que ocurrió hace un año ellos deben saber que su Reina está con su Pueblo.

─ ¿Y si le pasa algo mientras está en el Pueblo?

─ ¿Temes que me pase algo con mis poderes? ─Respondía Elsa con un tono burlón.

─No, pero está bien Reina si esa es su decisión al respecto, ¿y sobre lo otro?

─ ¿Crees tú conveniente decirle al Pueblo que estuvieron congelados por treinta años? Sólo causaríamos pánico y confusión.

─De acuerdo, ¿cuándo empezará con sus paseos?

─A partir de hoy. Desde hoy, este será el día cuando de mis paseos por el Pueblo, pero en la tarde.

─Así se hará entonces mi Reina, ahora sin más será bueno comenzar con las labores del día.

Ese día transcurrió como cualquier otro en el Palacio hasta las cuatro de la tarde que fue cuando Elsa dejó a un lado sus Obligaciones Reales y salió a ver a su Pueblo.

Todo parecía un sueño, el Pueblo reconocía a su Reina al instante y hacía reverencia cada que la veían, la gente susurraba su nombre y sonreían para ella.

─Por favor, no hagan eso, no quiero llamar tanto la atención.

─Su Majestad ¿qué la trae al Pueblo?

─Quiero pasear por aquí y saber de todos ustedes, creo que juntos pasamos muchas cosas hace un año.

─Mi Reina, eso es muy bueno, nos alegra tenerla tan cerca y junto a nosotros pero ¿me permite hacerle una sugerencia?

─Adelante.

─Si usted no pretende llamar tanto la atención, sería conveniente que cambiara de atuendo.

─ ¿Acaso es tan obvio? ─pensó─ De acuerdo me cambiaré, pero tendré que volver al Palacio.

─Eso no será necesario Reina Elsa, sígame, la llevaré con una amiga que tiene una Casa de Modas aquí cerca, seguro encontraremos algo para usted.

─Pues vamos.

El amable Campesino la acompañó hasta aquel lugar intentando hacer la plática con la Reina. Poco antes de llegar, Elsa no se dio cuenta del arbusto que estaba en la ventana de la Casa de Modas y su brazo sufrió un leve rasguño. Al entrar La Reina de Arendelle se dio cuenta de que aquí era donde se confeccionaba toda la ropa que ella y Anna han usado desde que llegaron al mundo. Al verla, la diseñadora la pasó al probador y le dio un vestido que había hecho especialmente para ella.

─Discúlpeme Reina Elsa, había reservado este hermoso vestido para su cumpleaños, pero creo que es hora de dárselo.

─Muchas gracias, es demasiado hermoso.

─Mi nombre es Ingrid, al igual que su tía, por cierto, gracias a usted por devolvernos los recuerdos de sus tías.

─No hay nada que agradecer, esos eran los deseos de mi Madre y mi hermana y yo los cumplimos.

Elsa entró de nuevo al probador y se puso ese vestido tan hermoso. Al salir los dos quedaron impresionados por la Reina, ese vestido le quedaba perfecto. Era un vestido azul con acabados en un azul más claro y tenue, además de unas lindas flores del mismo tono azul en el final del vestido.

Antes de salir del lugar, Ingrid le dio una capa todavía más Oscura con un gran azafrán en la espalda casi imperceptible a primera vista.

─Agradezco la capa, pero no la necesito.

─Pero Reina, el invierno está llegando, será mejor que se abrigue bien, además le ayudará a pasar desapercibida.

─No importa, el frío no me molesta.

─Reina sonará a insolencia pero, ¿debo recordarle lo que pasó la última vez que usted se resfrió? ─Replicaba Ingrid.

─Está bien, tienes razón, la usaré.

Tras despedirse de Ingrid, Elsa y su acompañante salieron de ahí.

─Muchas gracias señor, usted me salvó la vida.

─Boris, mi nombre es Boris.

─Bueno pues muchas gracias Boris.

─Su Majestad, me temo que debo retirarme, fue un placer estar con usted.

─El placer fue todo mío, Boris.

Elsa se puso la capucha de la capa y se fue rumbo al mercado del Pueblo mientras Boris observaba detalladamente el arbusto con el que Elsa se había lastimado y depositó en un frasco pequeño la gota de sangre que estaba ahí, y luego, desapareció.

Fin del Primer Capítulo