Soy Arvid, de Northdale


Esa noche ya de vuelta en el Palacio Real, la Reina había regresado con una sonrisa y una felicidad que le era imposible ocultar, ella fue corriendo hacia el comedor para buscar a su hermana y contárselo todo.

─ ¡Anna! ─Gritaba Elsa mientras corría hacia su asiento.

─Tranquila aquí estoy, oye, ¿de dónde sacaste ese vestido? Y ¿por qué estás tan feliz?

─ ¡Porque hoy fue un día maravilloso! ¿Sabías que la dueña de la Casa de Modas que nos hace los vestidos se llama Ingrid?

─No, no sabía.

─Pues ella fue quien me dio el vestido. Resulta que causaba demasiado revuelo y un Aldeano llamado Boris me llevó con ella. Anna, conocí a tantas personas en el mercado, fue algo divertido, jugué con los niños, corrimos, cantamos, ¡fue espectacular!

─ ¡Increíble! Me alegro que lo hayas disfrutado.

─ ¡Sí! La siguiente semana lo haré.

─ ¡Qué bien! Pero Elsa, creo que será conveniente que comas algo antes de que te desmayes de la emoción.

─Está bien. ─Contestaba Elsa mientras se quitaba la capa y el pequeño bolso donde traía su vestido de siempre.

─ ¿Elsa, qué le pasó a tu vestido? ¿Por qué está rasgada tu manga?

─Descuida, me rasguñé con una rama pero no pasa nada, estaré bien.

─Bueno, si tú lo dices está bien.

─ ¿Estás lista para mañana Anna?

─ ¡Wow!

─ ¿Qué?

─Me sorprendió tu cambio de actitud, es todo.

─ ¿Cambio de actitud?

─Sí, ayer no parecías muy convencida de que Kristoff y yo fuéramos a esa boda en las Islas del Oeste.

─Si tú lo decidiste y quieres hacerlo por mí no hay problema, hoy me di cuenta de eso, yo creo en ti y sé que volverás.

─Gracias Elsa.

Después de eso la cena transcurrió como siempre. Al terminar todos fueron a sus respectivas habitaciones, mientras Anna y Kristoff dormían a Adgar, los mozos terminaban de preparar su equipaje para el día de mañana, Elsa miraba a través de su ventana mientras tomaba una taza de chocolate caliente, estaba bastante feliz por lo que había pasado ese día, miraba hacia el Fiordo mientras recordaba esas nuevas experiencias, todo lo que se había perdido en todos estos años era algo demasiado perfecto y algo que muy dentro de ella deseaba.

Esa noch, tuvo un sueño fantástico, en donde ella corría por el bosque, corría sin detenerse, sin nadie a su lado, solo ella consigo misma.

Al día siguiente muy temprano, Anna, Kristoff y Adgar zarparon hacia las Islas del Oeste lo que dejaba a Elsa sola, lidiando con los problemas de Arendelle.

Pasaron las semanas y Elsa continuaba con su vieja rutina hasta el día que salía a pasear por el Pueblo, y todos los días por la mañana iba a los establos a darle de comer a Sven y a estar con él para que no se sintiera solo.

Dos semanas después la Reina recibió una carta diciendo que se quedarían más tiempo tomando unas vacaciones y pidiendo que enviara a Sven porque el clima no le haría ningún mal al Reno, además que Kristoff lo extrañaba mucho.

Cuando terminó de leer la carta, Elsa comenzó a sentir un vacío en su interior que se llenaba rápidamente por una especie de ansiedad y emoción, como si muy dentro de su ser deseara estar sola como antes.

─ ¿Por qué me siento así? No es correcto, no debería pensar de esa manera, aunque viéndolo bien, tendré un poco de tiempo a solas. Siegfried ¿crees que es correcto que me sienta entusiasmada de que Anna no esté aquí?

─Mi Reina con todo respeto, creo que usted se merece un tiempo para sí.

─Gracias Siegfried, bien pues ya casi son las 4 así que ya me voy.

─Está bien, Reina Elsa.

─Ya sabes que hacer, hoy te haces cargo de todo. Que nadie me moleste.

─Sí, su Majestad.

Elsa fue a su habitación y se puso su "uniforme" para salir a pasear.

Cuando había terminado de arreglarse, miró a través de su enorme ventana el Fiordo una vez más, parecía que tenía algo que la hipnotizaba cada vez más, continuaba mirándolo hasta que decidió salir a explorar más allá del Pueblo. Eso era algo que no planeó jamás y fue otra cosa que le negó a Anna pero ese espíritu aventurero que iba creciendo dentro de ella, era un sentimiento que jamás había experimentado y quería averiguar hasta donde la llevaría.

Y así lo hizo, Elsa salió por la puerta trasera del Castillo y se fue rumbo a la Montaña del Norte una vez más caminando sobre el agua pero esta vez controlando sus poderes para no congelar todo Arendelle de nuevo. Tras deshacer su puente de hielo ella se marchó, cada vez que subía su euforia crecía más y más hasta que comenzó a correr sin detenerse, se sentía tan libre y tan bien aunque no entendía por qué, siguió corriendo hasta que encontró unas pequeñas cascadas, se sentó enfrente de ellas y se quedó pensando la razón de su inquietante emoción.

"¡Libre soy!, ¡Libre soy! No puedo ocultarlo más.

¡Libre soy!, ¡Libre soy! Libertad sin vuelta atrás".

Esas eran las palabras que resonaban en su mente. ¿Será posible que Elsa necesitara estar lejos de Anna para sentirse libre?

─No, no puede ser solo eso ─pensaba impaciente la Reina─. Debe ser por alguna otra cosa, pronto sabré que es.

Después de unas horas, Elsa decidió regresar al Pueblo para ver a los niños como era su costumbre.

Poco antes de llegar al Pueblo se tomó un tiempo para admirar el hermoso paisaje que le ofrecían el océano, el sol y las montañas, sin embargo, su vista se enfocó en otro acontecimiento segundos después; un disturbio en uno de los puestos del mercado.

─Que se hagan cargo los Guardias ─pensaba, pero al ver que estos eran superados tuvo que correr a ayudar─ ¡Alto! ─Gritaba mientras corría.

El sujeto hizo caso omiso a la advertencia de la Reina, quien lo perseguía sin detenerse y a quien aparentemente se le había olvidado que rara vez la reconocían con esa ropa puesta.

El chico asustado tiraba todo lo que estuviese a su alrededor para frenarla pero Elsa esquivó todo, cansada de perseguirlo, La Reina lanzó un rayo de hielo al piso para congelarlo y hacer caer al ladrón al suelo.

─ ¡Oye! ¿Cómo te atreves a hacer eso? ¡¿Quién se supone que eres?!

Elsa se quitó la capucha de la capa, adoptó una postura firme y segura antes de contestar.

─Soy la Reina Elsa, de Arendelle, me atrevo porque es mi deber ver que mis Ciudadanos estén a salvo de ladrones como tú. A propósito, ¿quién es este ladrón que se atrevió a contestarle de esa manera a la Reina?

El ladrón se quedó callado mientras los Guardias lo aprehendían.

─ ¿No piensas decir nada, verdad? ¡Guardias! ¡Llévenselo al calabozo!

─Sí, Majestad.

─ ¿Están todos bien?

─Así es, todo gracias a usted, Reina Elsa.

─No hay nada que agradecer, sólo hice mi deber.

─Reina Elsa, ese chico traía esto. ─Interrumpía una niña.

─ ¿Qué es eso?

–Son unos panes y dos manzanas.

Era la primera vez que alguien robaba en el mercado, por lo regular siempre eran los robos por el Sendero hacia la Montaña del Norte y hacia Northdale, aquel antiguo socio comercial que había roto su relación con Arendelle desde antes de que Elsa naciera.

─Los ladrones tienen suficiente para comer por aquí, entonces, ¿por qué este chico decidió robar en el mercado? Eso no tiene sentido. Él no es de aquí.

Elsa pensaba en esa situación hasta que los niños se la llevaron para que escuchara su nueva canción.

Pasaron unas horas y la Reina volvió al Castillo, se cambió y se puso a cenar. Al terminar, decidió saber la procedencia de su nuevo amigo, así que bajó a los calabozos con un plato de comida y fue hasta su celda. El joven estaba acostado viendo hacia la pared, tenía frío y obviamente se veía que no había comido en semanas.

─Ten, te traje algo de cenar. ─Decía Elsa mientras dejaba la charola en el piso de la celda.

─No tengo hambre.

─No seas orgulloso que a leguas se te nota lo hambriento que estás. Oye, sé que tú y yo empezamos con el pie izquierdo así que hagámoslo una vez más, ¿sí? Yo soy Elsa, la Reina de Arendelle.

El chico se sentó en la cama mirando a la Reina con cierto aire burlón. Tomó la charola y se puso a comer.

La expresión de Elsa cambió a una obvia rabia que trató de contener pero por alguna razón no lo consiguió y los copos de nieve sobre su cabeza aparecieron otra vez.

─Lindos copos de nieve. ─Respondía el chico con la boca llena de comida.

─Sí vas a burlarte de mí, al menos pásate el bocado antes. ─Contestaba Elsa mientras desaparecía los copos.

─Lo siento su Majestad, pero sus copos son muy curiosos.

El chico terminó de comer y los dos se miraron por un rato hasta que Elsa sintió que estaba perdiendo su tiempo.

─Esto no tiene sentido, me largo de aquí.

─Gracias por la comida Reina Elsa, por cierto, soy Arvid, de Northdale.

Al escuchar a Arvid, Elsa volteó rápidamente agradeciéndole que le dijera su identidad y se retiró del lugar.

Esa noche ella no podía conciliar el sueño, le intrigaba la presencia de Arvid, se preguntaba qué haría alguien de Northdale en su Reino cuando ella sabía que Northdale ya no tenía una alianza con Arendelle y tras lo sucedido con Hans y sus hermanos hace un año, no podía dejar de desconfiar de él.

Varios días la Reina no dejaba de pensar en eso, estaba bastante inquieta, ya no conseguía concentrarse en sus actividades diarias, así que un domingo por la noche después de cenar, bajó a los calabozos para interrogar a su huésped.

─ ¡Vaya, vaya! Debo sentirme halagado, la Poderosa Reina Elsa ha venido a visitarme, ¡hurra!

─Buenas noches Arvid, tú siempre tan amable.

─Así suelo ser. ─Respondía Arvid mientras se acercaba a la reja.

─He venido a hacerte unas preguntas.

─No. Como puede ver no puedo salir a cenar con usted, estoy un poco indispuesto.

Elsa volvió a enfadarse pero se controló y contestó con molestia a la respuesta de Arvid.

─Eso quisieras. ─Contestaba Elsa mientras se reía.

─Entonces, si no ha venido a invitarme a cenar, ¿a qué vino?

─Quiero saber quién eres y a qué has venido a Arendelle.

─Usted ya sabe quién soy.

─Sólo sé tu nombre, quiero saber por qué alguien de Northdale vino hasta acá.

─No me siento cómodo de hablar sobre mi pasado, no es nada extraordinario así que prefiero olvidarlo y concentrarme en el presente. Ahora yo le haré a usted una pregunta, ¿por qué le extraña que alguien de Northdale venga su maravilloso Reino?

─Nunca había escuchado que alguien no se sintiera cómodo con su pasado. Y me extraña porque desde hace años Northdale rompió relación con Arendelle.

─Yo no tenía idea y lo que haga Northdale no me interesa, no soy un espía si esa es tu idea sobre mí.

─Desearía que Emma estuviera aquí, sabría si él miente con ese súper poder que tiene ─pensaba Elsa─. ¿No te interesa lo que le pase a tu propio Reino?

─Northdale dejó de ser un Reino desde hace casi un siglo, creí que todo el mundo lo sabía, bueno todo el mundo excepto tú, que diga, usted.

─No he venido aquí para que te burles de mí.

─No me estoy burlando, cuando menos, no esta vez.

─Y dime Arvid ¿por qué te fuiste de Northdale?

─No quiero hablar de eso, no tengo ganas.

─ ¿Por qué no quieres hablar?

─Con todo respeto, "su Majestad", no la conozco pero algo me dice que usted tiene un pasado turbio, dígame, ¿le gusta contarlo? Vamos a hacer una cosa; si usted me cuenta su pasado, yo le cuento el mío.

Elsa se quedó callada porque Arvid tenía razón, aunque ella le había contado todo a Emma no lo había hecho con nadie más, además que jamás le contó su vida temprana, sólo Anna lo sabía. Tras comprender esto no hizo más que despedirse y retirarse.

─Espere Reina, ¿Cuándo saldré de aquí? Llevo más de tres días encerrado.

─No lo sé, tal vez cuando yo lo decida. Buenas noches, descansa Arvid.

─Buenas noches, Reina Elsa. ─Respondía Arvid desde su cama.

Cuando la Reina se marchó, Arvid se quedó pensando en la insistencia de Elsa por saber sobre su vida.

─ ¿Por qué se interesa tanto por saber sobre mí? No lo entiendo, nadie lo había hecho en mucho tiempo. ─Se decía Arvid mientras se quedaba dormido.

Elsa no podía dejar de pensar en lo mismo que Arvid, y tampoco entendía su insistencia. Al día siguiente mientras Siegfried le daba las Labores Reales del día tomó una decisión.

─Y en cuánto a los prisioneros, dos ya están purgando su sentencia, sólo falta juzgar a su nuevo amigo, Majestad.

─El cargo es robo menor, ¿no?

─Sí, solo tenía que quedarse tres días encerrado, ya es tiempo de dejarlo ir.

─No.

─ ¿Por qué no?

─Necesito saber por qué está aquí.

─ ¿Cree usted que es un espía o algo parecido?

─Tal vez, por eso quiero que se quede aquí, ya sabré que hacer con él después.

─Está bien, ahora, llegó una carta de la Princesa Anna.

─Dámela.

Elsa abrió la carta y la leyó para sí:

"Querida Elsa:

No te imaginas lo hermosas que son las Islas del Oeste, hace un poco de más calor que en casa, seguimos esperando a Sven, no entiendo cómo es que funciona el correo por aquí, creo que son palomas mensajeras o algo así, pero llegan bastante rápido, por eso cuando me dijeron que las cartas llegaban como un rayo te escribí otra, pero dime, ¿cómo estás? ¿Qué ha pasado en casa?, bueno, mejor no me lo digas, quiero que me cuentes todo cuando llegue a casa. A decir verdad no sabemos cuándo volveremos, los Reyes nos han invitado a quedarnos todavía más tiempo, Kristoff y yo lo estamos considerando y a Adgar le hace bien el clima, así que, con tu permiso posiblemente volvamos en un mes más.

Bueno hermana me despido, te mando un saludo y un abrazo, te extraño demasiado.

Con amor:

Anna".

─Anna nunca quiso dejarme sola ni un segundo desde que éramos niñas, entonces, ¿por qué quiere estar tanto tiempo en ese lugar?

─Es probable que sea tan maravilloso como dice, no se preocupe Reina, la Princesa confía en que usted está bien y que su presencia para que Arendelle siga en una pieza no es tan urgente.

─ ¿Tú crees?

─No tengo dudas su Majestad, y como su Consejero Real, no puedo mentirle.

─Gracias Siegfried.

Dos días después, Arvid veía pasar el tiempo sentado jugando con la paja del suelo hasta que, por la tarde dos Guardias llegaron por él.

─Levántate. ─Le ordenaba un Guardia mientras abría la celda.

─ ¿Al fin Elsa me liberó?

─No, quiere verte, va a dictar su sentencia y por tu bien será mejor que te dirijas a la Reina con más respeto.

─De acuerdo.


En el Gran Salón…


─Reina Elsa, el ladrón ha llegado.

─ ¡No soy un ladrón!

─Si no eres un ladrón ¿quién eres? O mejor dicho, ¿qué eres?

─No soy un ladrón ni un espía su Majestad, como se lo dije anteriormente, soy Arvid, de Northdale, soy…

─Eres…

─ ¡Soy el segundo hijo de Magnus, el líder de Northdale! Y caí en Arendelle por error, Reina estoy siendo sincero, yo no quise robar esas manzanas, pero tenía hambre y estaba sin dinero. Le ruego me perdone sé que estuvo mal y no lo volveré a hacer.

─Lo sé, supe desde el primer día que lo hacías por hambre, los ladrones no suelen pasearse por el Pueblo, ahora, Arvid de Northdale, has cumplido tu sentencia y te dejo en libertad.

─ ¿En serio?

─Sí. Guardia quítele los grilletes.

─Sí, mi Reina.

─Reina, es la hora.

─ ¡Todos retírense! Y denle a Arvid su mochila, Siegfried me voy a mi habitación.

─Reina, espere.

─ ¿Qué sucede, Arvid?

─ ¿Por qué me deja ir?

─Porque ya cumpliste tu condena, es tiempo de que vayas a donde tengas que ir.

─Gracias, pero honestamente no tengo a donde ir.

─ ¿Y Northdale?

─No quiero hablar de eso, a decir verdad quiero conocer más este lugar, Reina, le parecerá una locura de mi parte pero, me permitiría acompañarla en su paseo por el Pueblo.

─No, no es una locura, puedes acompañarme, Arvid y por cierto, dejemos ya esa formalidad, sólo llámame Elsa.

─Gracias Reina, que diga, Elsa.

─Reina ¿qué es lo que hace? ─Preguntaba Siegfried muy desconcertado.

─Francamente no lo sé, pero lo voy a averiguar, confío en él.

─De acuerdo. ─Respondía Siegfried intrigado por la actitud de la Reina.

Tras decir esto Elsa fue a cambiarse y salió con Arvid por la puerta principal del Palacio.

Fin del Segundo Capítulo