Un Acto de Amor de Verdad, Descongela el Corazón


Ese día transcurría pacíficamente en la Aldea más alejada del Reino. Los niños jugaban a la pelota afuera, las personas realizaban sus actividades normales de esa mañana, era una hermosa postal, todo era perfecto, hasta que Wolfgang apareció junto con un manco Alquimista y la Reina de Arendelle.

─ ¿Reina Elsa? ¿Es usted? ─Preguntaba un Aldeano desconcertado.

─Elsa, ¿por qué no saludas a tus súbditos?

─Como ordene, Amo Wolfgang.

Elsa se acercó al Aldeano, lo miró fijamente a los ojos y sonrió. Acto seguido alzó su brazo derecho y con su mano le arrancó el Corazón, retrocedió un poco y giró hacia Wolfgang y Boris.

─Para usted, Gran Wolfgang. El primero de muchos corazones que le entrego. ─Decía Elsa mientras congelaba el Corazón.

El pobre Aldeano caía sin vida al suelo, al ver esto, todos los demás intentaron huir pero les fue imposible ya que Elsa los había atrapado con hielo.

En el momento en el que la Reina dejó caer el Corazón convertido en escarcha, un collar que tenía Boris comenzó a brillar al igual que los ojos de Elsa, y Wolfgang sentía como si una nueva carga de poder pasara a través de él.

─ ¿Quién sigue? ─Preguntaba Elsa.

En Northdale, el hechizo se había roto desde el instante en el que el Hechicero se había marchado, sin embargo, Magnus no quiso que nadie saliera hasta el amanecer. Cuando lo hicieron, se quedaron atónitos al ver en lo que se había convertido su amada Aldea.

─Ese sujeto es un monstruo. ─Exclamaba Skylar.

─Lo es. ─Contestaba Magnus.

─Todo está destruido, ya no nos queda nada.

─Agradece que no estábamos aquí, de haberlo hecho, ninguno habría sobrevivido.

─Todo gracias a Arvid. ─Agregaba Brenda.

─Así es. Un momento. ¿Dónde está Arvid?

Entre Magnus, Brenda y Sky comenzaron a buscarlo por todos lados, no fue hasta que escucharon gruñir a Sven que lo encontraron junto con Anna y Kristoff bajo unos escombros.

Sky y Magnus levantaron los escombros y Brenda corrió hacía él, se sentó en el suelo e intentó despertarlo desesperadamente y por unos instantes temió lo peor.

─ ¡Arvid! ¡Despierta! ─Le ordenaba su Madre.

─ ¿M-Mamá? ¿Qué haces aquí? ¡¿Dónde está Wolfgang?!

─ ¿Cómo? ¿No lo derrotaron?

─No, no lo hicimos.

─Pues el hechizo se rompió desde la madrugada pero tu Padre no quiso que saliéramos hasta esta mañana. ¿Qué fue lo que pasó?

─Es una larga historia.

─ ¿Estás bien?

─Sí, solo un poco golpeado, y al parecer con algunas quemaduras. ─Decía Arvid mirando su brazo izquierdo.

─Déjame curarte, relájate, buscaremos algo entre los escombros para hacerlo.

Arvid asintió y se sentó en el suelo, por unos segundos olvidó lo que Wolfgang le había dicho antes de noquearlo.

─No. No puedo relajarme. ─Murmuraba Arvid.

─ ¿Qué dijiste hijo?

─ ¡No puedo! ¡No podemos relajarnos! ¡Anna! ¡Kristoff! ¡Levántense!

─ ¿Qué sucede? ─Preguntaba Kristoff.

─Tenemos que irnos, despierta a Anna.

─ ¿A dónde rayos vas Arvid?

─A Arendelle. Wolfgang ya debe estar allá.

─ ¿Para qué irás allá? Wolfgang ya es problema de Arendelle, ¡ya no te arriesgues!

─ ¡Arendelle es mi problema! Y ese torpe Hechicero es asunto de todos hasta que se le derrote.

─ ¡Northdale es tu hogar! ¿Piensas abandonarlo de nuevo?

─ ¡Arendelle es mi hogar ahora! Y haré lo que esté a mi alcance para protegerlo. Padre, perdóname pero lo que digo es verdad. Northdale siempre será mi Pueblo natal, mas no veo que mi futuro esté aquí. Iré por los caballos, Kristoff sigue intentando despertarla.

─Arvid…

El chico caminó sin mirar atrás, no quería hacerlo, sentía que había herido a su Padre con sus palabras, aunque estas eran tan ciertas como sus sentimientos hacia Elsa. Arvid tomó a los caballos y regresó con sus padres y amigos, para ese momento, Anna ya había despertado y se sentaba en el suelo.

─ ¿Están bien los dos? ─Preguntaba el joven.

─Yo sí, Anna no está muy bien.

─ ¿De qué hablas Kristoff? Me siento estupendamente bien.

─Te torciste el tobillo.

─Da igual, me siento perfecta.

─Camina.

─ ¿Qué?

─Si en verdad te sientes bien, pues entonces demuéstramelo.

─Bueno… yo…

─Chicos ─interrumpía Arvid─, no quisiera entrometerme pero tenemos un Reino que salvar.

─Espera, ¡¿Qué?!

─Wolfgang va a Arendelle. ─Exclamaba Kristoff.

─ ¡No!

─Así es, hay que irnos.

─Hijo, espera. Al menos coman algo. ─Decía Brenda.

─No tenemos tiempo, Mamá.

─Llévense esto de todos modos, no es mucho, pero les dará algo de energía.

─Gracias Ma'. ─Contestaba Arvid.

Cuando él tomó la bolsa de provisiones, su Madre lo abrazó como nunca lo había hecho, ni siquiera cuando era un niño pequeño.

─Cuídate mucho hijo. ─Le susurró.

─Lo haré, gracias por todo Mamá.

─Arvid, lo siento ─decía Magnus a lo lejos─. Lamento todo lo que dije hace un rato pero estoy aterrado de perderte de nuevo. Apenas volviste y no fue por mucho tiempo, no quiero dejarte ir.

─No lo harás. Siempre estaré contigo Padre, nunca me apartaré de tu lado. Esté en donde esté, una parte de mí estará en Northdale.

Magnus y Arvid se dieron un gran abrazo que duró más de 10 segundos, se separaron y el chico caminó hacia Skylar.

─Sky, prométeme que cuidarás este lugar y a ellos. ─Le pedía Arvid mientras veía a sus padres.

─No. Mejor tú promételes que volverás.

─No puedo hacer eso Sky. Sobreviva o no, no pienso volver a este lugar. No voy a contarte más, solo prométeme que lo harás, ¿quieres?

─Está bien. Ten cuidado Arvid.

─Gracias Sky.

Tras despedirse, estaban a punto de emprender el viaje cuando el Northdaliano sintió un pequeño bulto en su bolsillo.

─ ¿Qué es eso?

─ ¡Es el teletransportador que nos dio mi Abuela!

─ ¿Qué esperas? ¡Hazlo funcionar!

Arvid lanzó la pequeña esfera blanca al suelo y una nube de Luz los absorbió y se los llevó a su nuevo destino. Aparecieron en la entrada del Sendero y lo único que se escuchaba en el ambiente eran los gritos de todos los Arendellianos que corrían por sus vidas.

─ ¿De dónde provienen esos gritos?

─ ¡De ahí! ¡De la Aldea de las Colinas!

Los tres corrieron cuesta arriba por instinto y sin ningún plan de ataque, al llegar a la primera de las Aldeas que estaban en las Colinas, todos pararon en seco al ver con horror lo que había ocurrido momentos antes.

─ ¿Qué pasó aquí? Kristoff, ¿están todos…?

─Sí, lo están.

─Mataron a todos. ¡Incluso a esos pobres niños! ─Anna comenzó a llorar al ver esos pequeños cuerpos sin Corazón.

─ ¡Ese maldito Hechicero es un monstruo! ─Exclamaba Kristoff con rabia─ Ellos no lo merecían, apenas comenzaban a vivir.

Anna se arrodilló y comenzó a llorar con más intensidad, se sentía impotente por no haber llegado a tiempo. Kristoff la abrazó fuerte, él también se sentía de la misma manera que su esposa, quería que Wolfgang pagara por lo que había hecho.

Arvid tampoco creía lo que veían sus ojos, nunca había visto que le arrancaran el Corazón a alguien. Se acercó a uno de los cuerpos para cerciorarse de que realmente no tenía vida y, al echar un vistazo por el lugar, comprendió que Wolfgang no le había arrancado el Corazón a ninguno.

─ ¡Esto no lo hizo Wolfgang! ─Gritaba el Northdaliano horrorizado.

─ ¿De qué hablas? Si no fue él, entonces ¿quién? ¿Boris?

─No. Anna, Kristoff. Miren a su alrededor, hay escarcha en todos estos cuerpos.

─ ¡No! ¡Esto no es real! ¡Ella no podría hacer esto! ¡Elsa! ¡¿Por qué?!

─ ¿Recuerdas lo que le hizo a esos animales en el Sendero?

─ ¡Claro que lo recuerdo! No pensé que haría algo como esto.

Kristoff la levantó del suelo y la llevó a un pórtico para tranquilizarla, pero los gritos de todos esos Aldeanos lo hacían imposible. Sabían que tenían que actuar rápido, pero ninguno de los dos tenía idea de cómo hacerlo.

─Tenemos que destruir a ese Engendro.

─Pero, ¿Cómo?

─Creo que yo lo sé.

─ ¿En serio?

─ ¡Sí!

─Pues dilo.

─Es una idea simple, pero si Wolfgang reacciona como espero, todo terminará bien.

─Ajá.

─ ¿Recuerdan qué es lo que Wolfgang quiere en este mundo?

─No.

─Lo que quiere este sujeto es revivir a su hermana Hilda. Él es bastante temperamental y técnicamente no acepta un no como respuesta, fue por eso que asesinó a mi bisabuela. Si Boris le dijo que con la ayuda de la Alquimia podría revivirla, entonces tendremos una ventaja.

─ ¿Por qué?

─Porque, a pesar de que la Alquimia puede crear almas no puede crear personalidad. De nada le servirá a Wolfgang tener un cuerpo con un alma que no será de su hermana. La Magia no puede revivir a los muertos. Así que haremos que nos crea a base de mentiras, de este modo, será él quien mate a Boris y se dé cuenta de todo el mal que ocasionó.

─ ¿Y qué le diremos para que nos crea?

─Elsa me dijo que fuiste al Bosque Encantado a ver al Espectro ¿no es así?

─Sí. ¿Y eso que tiene que ver?

─Pues es simple, acérquense, les contaré el plan.

Arvid les aclaró cada punto de su plan con el cual, esperaba salvar a Elsa y a Arendelle de una sola vez y para siempre.

Una vez que la Pareja Real comprendió cada uno su papel, salieron disparados hacia las Colinas siguientes. Anna le dio el arco y el carcaj a Kristoff y fue como todo comenzó.

─ ¡Boris! ¡Diviértete! ¡Estamos a punto de conseguirlo! ─Decía el Hechicero.

─Lo intento Señor, es solo que el dolor no me lo permite.

─ ¡Olvídalo y disfruta! ¡Solo mírala! Está haciendo todo, es muy útil. Que extraño, hasta pienso severamente el matarla.

─ ¿En serio Señor?

─ ¡Claro que no! ─Respondía Wolfgang riéndose maquiavélicamente.

Ambos observaban a Elsa causando todo ese horror y descontrol. Una vez más, Wolfgang escuchó al viento cortarse, pero en esta ocasión fue por la acción de una flecha. Antes de que ésta diera en el blanco, el Hechicero dio media vuelta y tomó la flecha con su mano.

─Creo que el haberles dicho hace unas horas que eran listos fue demasiado. Me queda claro que, como todos los héroes, ustedes son un trío de estúpidos. No me dejan otra opción que matarlos.

─ ¡Alto! ─Gritaba un Guardia─ ¡En nombre de la Guardia Real de Arendelle, les ordenamos que se detengan! ¡Ríndanse y les perdonaremos la vida!

Wolfgang comenzó a reírse, no podía creer lo que acababa de escuchar, Boris solo dejó escapar una risa nerviosa, era todo lo que podía hacer por ese instante.

El Hechicero miró a Elsa y levantó su mano izquierda en señal de que prosiguiera a atacarlos. Al ver lo que sucedía, Anna corrió rápidamente frente al General Alberick para evitar que ella lo atacara.

─ ¡Retire a sus tropas, General! Nosotros nos haremos cargo.

─Pero… ¡Princesa!

─ ¡No es una sugerencia! Es una orden. ¡Retírense y evacúen a todos los Arendellianos que puedan!

─Como usted ordene, Majestad.

─No se vayan, apenas empieza la diversión. ─Exclamaba Wolfgang con una sonrisa temible.

─ ¡No! ─Gritaba Kristoff─ Tú pelea es con nosotros. Es a nosotros a los que quieres eliminar, no a ellos.

─A estas alturas ya quiero matarlos a todos.

─Entonces, mátanos primero a nosotros. ─Respondía Arvid.

─Si así lo deseas, está bien.

─Primero a nosotros y hasta que no nos hayas aniquilado completamente, no podrás matarlos.

─Amigo, podría hacerte volar en mil pedazos ahora mismo, pero prefiero verte sufrir lentamente. Si se van a ir, háganlo ahora, antes de que termine con sus patéticas vidas.

─General, váyanse, estaremos bien.

─Princesa Anna, tenga cuidado. ¡Ya oyeron a la Princesa, retirada!

La Guardia Real dio media vuelta y regresó al Castillo llevándose a los Aldeanos que podían para ponerlos a salvo.

Anna regresó lentamente a su posición sin bajar la guardia ni perdiéndole la vista a su hermana.

─ ¿Se dan cuenta que solamente les dieron como 15 segundos de vida, verdad?

─No importa.

─Como sea, es mejor que estén preparados para morir, porque he de decirles que no será nada placentero.

─ ¡Espera! ─Interrumpía Anna─ ¿Al menos nos permitirías decir nuestras últimas palabras?

─Háganlo ya, estoy comenzando a perder la paciencia.

─ ¿Te puedo preguntar algo? ─Decía Arvid.

─Ya lo hiciste.

─No, otra cosa.

─Sí.

─ ¿Sabías que Boris te ha estado mintiendo desde que te conoció?

─ ¿De qué hablas Northdaliano? ─Preguntaba Boris.

─ ¿Por qué no le has dicho que la Magia no puede resucitar a los muertos?

─ ¡La Alquimia puede revivir a los muertos!

─ ¡No! Nada puede, es imposible traer a alguien de la muerte.

─ ¡Estás equivocado Northdaliano! ─Contestaba Boris molesto y nervioso.

─No lo está.

─ ¿Y tú que tienes que decir niña? ─Preguntaba el Hechicero.

─Verás Wolfgang, hace 31 años viajé al Bosque Encantado a ver al Espectro, quería hacer un trato con él para que trajera a mis padres de la muerte y así, ellos me llevaran al altar el día de mi boda, pero él me dijo exactamente lo mismo. Al ver que no comprendí sus palabras y como un regalo de bodas, aparte de no matarme, debo aclarar, me llevó con el Aprendiz de Merlín, quién me dijo que ni siquiera la Magia más Oscura y poderosa podría lograr tal cosa.

Todos notaron que la furia de Wolfgang crecía al entender lo que Anna le decía, en su interior lo negaba, se negaba a creer que todas las horribles cosas que había hecho fueron en vano. Segundos después, miró con rabia a Boris buscando una explicación ante tales declaraciones, el Alquimista estaba nervioso antes de contestar.

─Deberías saber que ese estúpido Aprendiz te mintió, él no tiene ni la más remota idea de lo que la Alquimia puede lograr, y por lo visto, ustedes tampoco. No se preocupe Amo, como siempre se lo he dicho; la Alquimia es la única capaz de dar vida.

Al oír esas palabras, el Hechicero se tranquilizó un poco, pero todavía parecía alterado al escuchar las palabras de Anna.

─Tienes razón Boris, la Alquimia puede crear vida, mas no devolverla. Te contaré algo Wolfgang; mi abuela tenía un pequeño libro color blanco, que, quiero creer yo, era su libro de hechizos, ese libro estaba destinado a alguien de nuestra familia con linaje mágico.

─ ¿Y?

─Yo tenía un hermano mayor, su nombre era Xander. Cuando cumplió 16, le dieron ese libro, yo siempre trataba de verlo y hojearlo un poco, pero rara vez lo soltaba. Él falleció hace más de un año durante el ataque de unos bárbaros a Northdale. Poco antes de irme de ahí, mientras guardaba mis cosas en mi maleta, encontré ese viejo libro, enfadado, lo arrojé contra un muro y éste se abrió en un capítulo muy peculiar, un capítulo que hablaba precisamente de la Alquimia.

─No le crea Señor, todo lo que dice este insecto son una sarta de mentiras, solo quiere que usted deje de confiar en mí. Lo que he dicho es cierto, puedo revivir a su hermana.

─Si en realidad son solo mentiras lo que dice, ¿por qué te preocupa tanto? ─Preguntaba Wolfgang con una voz severa─ Deja que me lo diga, así me dará más gusto el acabar con su vida.

La mirada de Boris se enfocó en Arvid y sin otra alternativa, asintió en señal de aprobación, sabiendo que su vida posiblemente correría peligro.

─ ¡Gracias Boris! Muy bien. Según el libro, la Alquimia es capaz de convertir cualquier metal en oro, transmutar la sangre para que alguien se convierta a la Oscuridad; que de hecho eso fue lo que tu Alquimista le hizo a Elsa. Y la más importante de todas; la Alquimia puede crear cuerpos e inclusive hasta crear almas, pero no puede crear emociones. Piensa en esto, si este, "buen hombre" logra recrear el cuerpo de Hilda y si todas las estrellas se alinean y crea un alma para ese cuerpo, jamás te amará, jamás sentirá algo por ti, no volverá a ser tu hermana y nunca lo cambiarás, no importa las veces que lo intentes, de ningún modo ocurrirá.

─ ¡Mientes! ─Respondía el Hechicero, verdaderamente enfurecido.

─ ¡Claro que no! ─Replicaba Arvid.

─ ¿Por qué debería creerle a la palabra de Elizabeth?

─Porque no es su palabra, ella no escribió ese libro. Cuando terminé de leer ese capítulo, antes de cerrarlo, miré detenidamente la primera página, y en ésta se encontraba el nombre del autor. ¿Sabes de quién es el libro? De Merlín, el Hechicero más poderoso de todos los tiempos, aquel que ha desafiado las leyes del tiempo y el espacio, el que combatió a la Oscuridad y quién creó al Espectro. Y si él lo dice, yo le creo.

─ ¡No, no, no, no! No lo puedo aceptar. ─Gritaba Wolfgang.

─Si no me crees, entonces, date cuenta tú mismo.

Arvid hurgó en su pequeña maleta y sacó un libro viejo de color blanco, lo abrió en el capítulo de la Alquimia y lo puso en manos de Wolfgang.

─Léelo, y sabrás que estoy diciendo la verdad.

El Hechicero leyó cada palabra, observó cada imagen y comprendió que todo había sido un engaño, por último, revisó la primera página y al ver el nombre de Merlín en ella fue cuando estalló. Sus ilusiones se habían esfumado frente a él, toda la destrucción y las vidas que aniquiló, habían sido en vano.

Soltó el libro y derramó una solitaria lágrima. Él volteó violentamente hacia Boris, mirándolo con odio y rencor, tenía ganas de asesinarlo lentamente solo para ver su expresión de temor y dolor antes de dejar este mundo, pero no lo hizo. Su furia y emociones pudieron más que él.

─ ¡Tú!, ¡Tú! ─Gritaba Wolfgang─ ¡Tú me engañaste! ¡No mereces vivir, maldita escoria!

─ ¡Mi Señor! ¡Puedo explicarlo!

─ ¡No! ¡Ya no quiero escucharte!

El furioso hombre levantó a Boris y le lanzó un rayo eléctrico para terminar con su existencia. El rostro del Alquimista no mostraba terror, solo un profundo dolor, cosa que no le interesó a su antiguo Amo.

Segundos después, dejó caer el cuerpo de ese sujeto y se quedó callado. Arvid se acercó a recoger el libro del suelo para volver a guardarlo en su maletín. Su plan había funcionado hasta ese instante, ellos no tuvieron que "ensuciarse" las manos con la sangre de Boris, pero aunque Wolfgang había descubierto la verdad, todo seguía igual para la Reina de Arendelle, ella no regresó a la normalidad.

Los tres la miraron fijamente esperando ver algún cambio en ella, pero solo se quedó de pie, viendo a su Amo, aguardando que le ordenara su próximo movimiento.

Por unos minutos hubo un silencio aterrador, ninguno se movió de su posición, pero si bajaron sus armas. Kristoff se acercó lentamente hacia el Hechicero, Anna lo hizo retroceder cuando notó a Wolfgang sonreír diabólicamente, éste alzó la cabeza y estiró sus brazos, acto seguido mandó a volar a los cuatro con su mente, sus ojos comenzaron a brillar y un humo azul emanaba de su cuerpo, comenzó a reírse como un lunático y a lanzar rayos por doquier.

─ ¡Rápido! ¡Escóndanse! ─Ordenaba Anna─ ¡Y protéjanse con los escudos!

Anna y Kristoff se refugiaron detrás de una casa, mientras Arvid corrió bajo una gran roca que sobresalía en la Aldea. Elsa miraba tranquilamente el caos que ocasionaba su Amo, y parecía disfrutarlo. Todo iba bien para ella, hasta que una vez más, sintió una fuerte punzada en la cabeza que no la dejaba tranquila, era tan fuerte el dolor que ella también se salió de control y congelaba todo lo que veía.

Las casas de esa Aldea y la que ahora estaba desierta, fueron destruidas, igual que en Northdale, la casa donde estaban Anna y Kristoff fue una de las últimas en ser destruida y ellos corrieron con Arvid siempre protegiéndose con esos escudos.

Mientras corrían, Anna entendía que si solo se preocupaban por protegerse en lugar de impedir que continuara lanzando rayos no serviría de nada, así que, se detuvo en seco cuando vio venir un rayo de Elsa y lo redirigió con su espejo hacia Wolfgang para detenerlo de una vez y para siempre.

El Príncipe reaccionó casi al instante de ser golpeado por el rayo de hielo, sintió como se congelaba su pierna poco a poco sin que pudiera hacer algo para poder revertirlo.

─ ¡No! ─Exclamaba Wolfgang.

─ ¡Sí! ¡Llegó tu fin! ¡Arvid! ¡Kristoff! ¡Salgan! Todo terminó.

─ ¿Está usted segura de eso, Princesa? ─Se escuchaba una voz a lo lejos.

─ ¿Quién dijo eso?

Todos miraron a su alrededor buscando de dónde provenía esa voz pero no lo consiguieron. No fue sino hasta que algo se movió de entre los escombros que se dieron cuenta.

Boris se elevó por los aires, vivo y completamente consciente de sus acciones, levantó sus brazos y el dije que llevaba consigo comenzó a brillar. Todos quedaron atónitos ante lo acontecido y no sabían que hacer. El Alquimista solo rió al ver su expresión.

─Pero, ¿cómo? ─Preguntaba Wolfgang─ Ese rayo debía matarte.

─Lo siento Señor, pero la próxima vez asegúrese que la persona que desee destruir no tenga un salvavidas, bueno, eso sí hay una próxima vez.

Dicho esto, Boris utilizó sus poderes para despojar a Wolfgang de los suyos, así los absorbería y con ellos, convertirse en uno de los seres mágicos más poderosos de la historia.

Conforme le robaba el poder al Antiguo Príncipe, este último se debilitaba y el tiempo pasó de forma rápida por su cuerpo haciendo que envejeciera de manera abrupta.

Cuando le quitó todo su poder, Wolfgang ya era un anciano, casi un esqueleto de 108 años y cayó en la nieve creada por Elsa, ésta última, sufrió una pequeña transformación. Al haber absorbido los poderes del Hechicero, Boris había recuperado el control sobre la Reina.

A pesar de tener todo ese poder dentro de él, necesitaba tiempo para que su cuerpo lo asimilara por completo, así que, volvió a crear a su Sombra y envió a Elsa, para acabar con la vida de Anna.

─ ¿Qué es lo que esperas ganar con esto Boris?

─La inmortalidad por supuesto. He esperado esto por casi un siglo, y no permitiré que ustedes me lo arrebaten, deberán morir.

Y así fue como la pequeña batalla improvisada comenzó, Arvid y Kristoff contra la Sombra, y una vez más, Anna contra su hermana.

─Esto comienza a ser algo repetitivo, ¿no lo crees?

─Según parece así es, pero te juro que esto lo disfrutaré, me encantará verte morir de una buena vez.

─Todavía no cante victoria, Majestad. ─Replicaba Anna nerviosamente.

─Será bastante sencillo, porque esta vez no habrá duelo de espadas niña, ni me mancharé las manos con tu asquerosa sangre, sino que acabaré contigo como solo tú te mereces.

─ ¿Ah, sí? ¿Y cuál es esa manera?

─Esta.

Elsa creó un Caballero de Cristal de hielo, que se veía tan frágil como un copo de nieve, aunque solo era una impresión, porque literalmente era un hielo difícil de romper.

─ ¿Un Caballero de Cristal? ¿En serio?

─Sí. Lo siento, quería hacer un muñeco de nieve, pero al parecer no me salió.

─ ¿O sea que de habérselo pedido habría tenido un ejército para mi sola? ¡Grandioso! ─Pensaba la Princesa.

El Caballero prosiguió con su ataque, mientras que la Reina lucía bastante complacida con lo que había creado.

─Arvid, creo que ya sé cómo regresó este tonto a la vida ─Susurraba Kristoff.

─ ¿Cómo?

─ ¿Ves ese collar que lleva puesto?

─Sí.

─ ¿Recuerdas que él le dijo a Wolfgang que la próxima vez matara a alguien que tuviera un salvavidas? Creo que en realidad no murió y que ese collar fue el que lo salvó. Y algo me dice que está brillando ese dije porque es ahí donde reside todo el poder que le quitó a ese loco.

─Entonces hay que quitárselo, pero la pregunta es, ¿cómo?

─Primero tenemos que acabar con su Sombra otra vez y después acercarnos para arrancarlo.

─Suena sencillo.

─Solo suena, porque ambos sabemos que no lo es.

El ambiente cambió de un momento a otro. Todo el cielo se nubló y comenzó a hacer frío, justo como esa noche que Boris hechizó a Elsa. Los poderes del Alquimista aún no se acoplaban a su cuerpo y seguía vulnerable, aunque era capaz de controlar a su Sombra sin problema alguno.

Kristoff analizaba todas las posibilidades para acercarse a ese collar, pero siempre llegaba a la conclusión de que antes tenían que deshacerse de esa Sombra.

─ ¿Eso es todo lo que tu soldadito puede hacer? ─Preguntaba Anna tras cortar un brazo del Caballero de Elsa.

La Reina guardó silencio mientras veía a la Princesa manejar su espada con gracia a modo de burla.

El Caballero de Cristal continuó atacando y Anna logró esquivar sus movimientos, hasta que un grito de su esposo quién salía disparado por la Sombra de Boris la desconcentró y la espada de hielo alcanzó a cortarle el costado derecho.

Anna cayó al suelo a causa del dolor, puso su mano sobre la herida, tiró el escudo y tomó la espada con la mano izquierda. Se arrastraba hacia atrás con la espada frente a ella, el dolor y la sangre eran incontrolables en ese momento, su mente no podía aclararse y todo parecía perdido.

Elsa reconstruyó el brazo del guerrero y éste último desarmó a Anna sin ningún problema. La Princesa miró fijamente a su oponente sin miedo por lo que sabía que se avecinaba, el Caballero levantó su espada dispuesto a dar su golpe y acabar con la vida de Anna. Antes de que eso sucediera, se escuchó como crujía algo, parecía que algo se había roto, la Princesa notó que el Caballero de Cristal caía a sus pies hecho añicos y con el Pico de Kristoff en su espalda.

─ ¡Nadie lastima a mi esposa!

─ ¿Ah, sí? ─Contestaba Elsa.

Dicho esto, la Reina atrapó a Anna de pies y manos con hielo para que no pudiese escapar, ella ya estaba preparada para arrancarle el Corazón a su hermana. Elsa esbozaba una sonrisa diabólica al ver a su prisionera, quién derramaba un par de lágrimas de dolor y decepción.

─No me importa que no recuerdes quién eres, ni mucho menos lo que me pase, solo quiero que sepas que, Te Amo, Elsa.

Elsa hizo caso omiso ante la declaración de su hermana, y su brazo se movió rápidamente con dirección al cuerpo de Anna y antes de tomar su Corazón, una voz la hizo parar en seco.

─ ¡Elsa, no! ─Gritaba Arvid, peleando con la Sombra.

La Reina miró su mano al ver que la voz del joven hacía que se detuviera sin razón aparente. Durante el tiempo que había luchado con ellos, no le había prestado atención a ninguno, pero esta vez era diferente. Volteó a ver a Arvid y se dio cuenta que había algo muy familiar en él, regresó la mirada para tratar de averiguar si sucedía lo mismo con Anna y su teoría fue correcta.

─ ¿Qui-Quién es él?

─Arvid, y hasta donde yo sé, es tu novio.

─ ¿Mi… qué?

─Eso es lo que tengo entendido, me fui por un rato y cuando volví, él ya estaba aquí.

─ ¿Y quién eres tú?

─Por vigésima vez, soy tu hermana, Anna. Y Arvid, Kristoff y yo somos tu familia.

─ ¿Familia?

─Sí.

Elsa bajó la cabeza y cerró los ojos tratando de procesar lo que había escuchado. Los recuerdos que creía tener se hacían turbios cada que intentaba pensar en ellos. El dolor de cabeza se hizo presente y la Reina levantó su mano y cerró su puño para hacer que el hielo de los brazos de Anna se apretara, tratando de romper sus huesos.

─ ¡Mientes! ¡Yo no tengo familia!

─ ¡Por el amor de Dios, Elsa! Si esto fuera una mentira, ¿por qué rayos te insistiría tanto?

─ ¡Cállate!... Yo no lo sé, pero esto no es verdad. ─Replicaba Elsa, presionando más el hielo.

─ ¡Elsa! ¡Basta!

─Kristoff, ve a ayudar a Anna.

─ ¿Seguro puedes?

─ ¡Ve! ─Le ordenaba Arvid.

El dolor era tan fuerte e insoportable para aquella Reina que creó una tormenta a su alrededor, segundos después, acumuló todo eso en su ser y lo expulsó. Anna sabía lo que eso significaba; Elsa había perdido el control, pero lo peor es que sabía lo que le pasaría a ella estando tan cerca.

Su presentimiento estaba por hacerse realidad, hasta que su amado llegó a su rescate con ese escudo frente a él.

El hielo volvió a rebotar en el escudo y cayó cerca de Boris. Elsa seguía sin control y Kristoff no sabía cómo romper el hielo y salvar a Anna.

Los rayos salían disparados hacia ellos, rebotados por el escudo que parecía perder su fuerza poco a poco, un rayo logró golpear a la Sombra para hacerle tan siquiera un rasguño, aunque ese rayo hizo algo más que un simple rasguño, congeló a la Sombra por completo y Arvid la destruyó.

Boris quedó sorprendido ante la destrucción de su Sombra y volvió a crearla para que prosiguiera con el ataque.

─ ¿En serio? ─Exclamaba Arvid, cansado.

─La reconstruiré cada vez que la destruyas, no me cuesta ningún trabajo.

Arvid ya no soportaba más la situación, antes de que la Sombra lo atacara, tomó las flechas y el arco y le lanzó una flecha de luz a Elsa para detenerla. La flecha se incrustó en su pierna, y ella se detuvo por fin. Mientras ella se arrodillaba para intentar sacar la flecha, Kristoff liberó a Anna del hielo, la ayudó a mantenerse en pie y ambos salieron corriendo.

Boris se reía por lo que sucedía, le encantaba lo que veía. Todo era diversión para él hasta el momento que sintió una flecha atravesar su carne.

El ardor era mucho más intenso que antes, ya no podía controlar a su Sombra, Arvid la destruyó de nuevo, pero esta vez con una flecha de luz.

El Alquimista intentó desesperadamente quitarse la flecha, pero el Northdaliano se abalanzó hacia él, lo golpeó varias veces en el rostro y Boris, por instinto hizo lo mismo.

─ ¿Estás bien?

─Sí. Eso creo, ya se detuvo el sangrado un poco.

─Déjame curarte.

─No Kristoff. Yo no necesito curación ahora mismo.

─ ¿Por qué no?

─Porque lo que necesito, es a mi hermana de regreso.

─ ¿Qué vas a hacer? ¡Anna!

La Princesa se levantó como pudo, caminó lentamente con dirección a la Reina quien seguía arrodillada en el suelo.

─Elsa, lo quieras o no, voy a recuperarte, recuperaré a mi hermana.

Anna se puso enfrente de Elsa, se arrodilló y tomó sus manos.

─Te perdí por 13 largos años, no pienso perderte de nuevo.

Tras haber hecho esa declaración, la Princesa le dio un beso en la frente a su hermana, al hacerlo, una leve ráfaga de luz blanca emanó de las dos hermanas.

Elsa abrió los ojos como platos, porque dentro de su mente recuperaba todo lo que la poción le había quitado. Todos sus recuerdos y sentimientos volvieron, el control que tenía Boris sobre ella desapareció, y su piel lentamente regresaba a su color natural.

El collar de Boris brilló levemente y comenzó a sentir una pérdida de poder.

─ ¿E-Elsa? ¿Elsa? ¿Me escuchas? ─Preguntaba Anna, tomando la barbilla de su hermana.

─Anna… ─susurraba Elsa─ Te recuerdo, ¡Anna!

Ambas hermanas lloraron y se abrazaron. Anna se sentía más alegre que el día de su boda. Fue gracias al amor incondicional que le tenía a su hermana mayor que pudo recuperarla.

─Es bueno tenerte de vuelta. ─Exclamaba Kristoff.

Mientras tanto, Arvid forcejeaba con Boris para arrancarle el collar. Cuando consiguió tomarlo entre una de sus manos, el Alquimista introdujo su mano en su cuerpo para sacarle el Corazón. Antes de hacerlo, lo obligó a levantarse, pero sin dejar de sostener el collar.

─Tú decides Northdaliano, el collar o tu Corazón.

─Entonces, ambos moriremos.

─No me hagas reír. Aplastaré tu Corazón antes de que te des cuenta.

El Alquimista apretó su Corazón y el grito de Arvid alertó a los demás.

Kristoff le ordenó a Anna quedarse con Elsa y corrió para ayudar al Northdaliano.

─ ¡No te atrevas a dar un paso más Arendelliano! Acércate un poco más y le destruiré el Corazón.

Anna se levantó y se dirigió hacia Kristoff dejando sola a su hermana.

─ ¿Qué vamos a hacer? ─Preguntaba Anna.

─Ordenarle que me suelte, por ejemplo ─contestaba Boris─. Ya tienen a su hermana.

─Si te dejamos ir, ¿quién nos dice que no vendrás a destruirnos cuando tus poderes estén completos?

─Te lo juro. Jamás vendré a destruir Arendelle.

Un rayo de hielo vino desde atrás y congeló el brazo de Boris, así fue como Arvid logró escapar arrancando el collar y sosteniéndolo en sus manos.

Arvid dio unos pasos atrás, tomó su espada y comenzó a jugar con el collar.

─ ¡¿Qué rayos fue eso?!

─Si quieres pelear, pelea conmigo. ─Respondía Elsa.

─ ¿Realmente quieres pelear conmigo? ¡Acabo de decirles que dejaré Arendelle en paz!

─ ¡Mientes!

─ ¿De qué hablas?

─Pues, digamos que en otra tierra, tuve una gran maestra y estoy empezando a desarrollar la habilidad de saber cuándo alguien miente.

─ ¿Y qué vas a hacer? ¿Matarme? ¡Por favor! Eres la Reina Elsa de Arendelle, tú no matas ni a una mosca.

─Esa era la antigua yo. Pero gracias a ti me convertí en un monstruo. Por tu culpa asesiné a parte de mi Pueblo, y estuve a punto de hacerlo de igual manera con mi familia. Con tus acciones has hecho enfadar a la Reina de las Nieves. Y ahora, tendrás que pagar.

─ ¿La Reina…?

─ ¿De las Nieves? ─Proseguía Anna.

─Muy bien. Pues veamos qué tan grande es la furia de la Reina de las Nieves.

Boris lanzó una bola de fuego desde su mano derecha, descongelándola, acto seguido, arrojó a Elsa por los aires. Al ver caer a su hermana en el suelo, Anna corrió hacia ella.

─ ¡No se acerquen! Es mi pelea.

Elsa se levantó e hizo a un lado el elegante porte que la caracterizaba como Reina, dejó que sus emociones la controlaran y comenzó a atacar.

Ella creó una tormenta a su alrededor y comenzó a deslizarse ayudada por la nieve. Conforme avanzaba, hacía que la tormenta de nieve fuera más densa cerca de Boris y lanzaba grandes trozos de hielo con el afán de herirlo, la mayoría dieron en el blanco, después de eso, la Reina lo encerró en una cúpula de hielo y dejó de deslizarse a su alrededor. Levantó ambos brazos y con un ligero movimiento de sus dedos creó puntas de hielo dentro de esa cúpula.

─ ¡¿Esa es toda la furia de la Reina de las Nieves?! ─Gritaba Boris destruyendo la cúpula.

Al Estallar, el hielo se convirtió en agujas que salían en todas direcciones. La Reina resultó herida durante el ataque, pero eso no le impidió responder a la agresión. Creó otro Caballero de Cristal y desapareció tras una nube de escarcha.

Cuando el Alquimista derritió al guerrero de la Reina y lanzó su ataque a los tres héroes, quienes permanecían inmóviles durante la pelea. Sus rayos y bolas de fuego fueron detenidos por una barrera de hielo.

─ ¡Te dije que tu pelea era conmigo! ─Gritaba Elsa, lanzando por los aires a Boris ayudada por la nieve.

Elsa apareció, levantó sus brazos haciendo que la nieve atrapara al Alquimista contra el suelo. Acto seguido, ella se arrodilló ante él y metió su mano en su pecho, buscando su Corazón.

─ ¿Por qué buscas algo que ya no está?

─ ¡No puede ser!

─Así es, Majestad. Mi Corazón ha dejado de estar en mi cuerpo desde hace muchos años, la pregunta crucial aquí es; ¿usted aún tiene el suyo?

Boris introdujo su mano dispuesto a arrancarle el Corazón, pero al darse cuenta de algo nuevo, cambió de planes.

─ ¿Qué es esto? ¿Puede sentirlo, Majestad? ─Preguntaba Boris─ Hace mucho frío ahí dentro, ¿no lo cree? ¿Sabe? Tenía la intención de arrancarle el Corazón, pero ahora, creo que haré algo mejor.

El Alquimista apretó el Corazón de Elsa y utilizó uno de los poderes de Wolfgang para darle lo que el Hechicero llamaba "el toque de la Oscuridad", para así inhibir su capacidad de amar y congelar por completo su Corazón.

Al sentir el "toque" en su interior, Elsa no pudo evitar gritar de dolor al percibir que algo se apagaba dentro de ella, el Alquimista la mandó a volar y ella cayó inconsciente en el suelo. Anna corrió sin detenerse hacia su hermana, mientras Kristoff y Arvid no sabían que hacer.

─ ¡Elsa! ¡Despierta! Por favor, despierta. ─Decía Anna desesperadamente.

─ ¡¿Qué le hiciste?! ─Preguntaba Arvid, furioso.

─No mucho. He eliminado su capacidad para amar y por consiguiente, congelé por completo su Corazón.

─ ¡Tú! ¡Maldito! ─Corría Arvid hacia él con la espada.

─ ¡Woah, woah, woah, woah! Quieto soldadito.

─ ¡Déjalo ir!

─ ¿Tú también?

Boris estrangulaba a ambos jóvenes para terminar con todo de una buena vez.

─El collar, dámelo. ─Exclamaba Boris.

Anna levantó la mirada, y a lo lejos pudo notar como palpitaba ligeramente el dije color negro.

─Eso es, ese es su Corazón ─susurraba Anna─. Elsa, resiste.

La Princesa de Arendelle se levantó y tomó el Pico de Kristoff y como siempre, Boris estaba descuidado y no vio el pico llegar desde su lado izquierdo. El arma se incrustó en su costado y así fue como soltó a los chicos.

─El dije, ese es su Corazón, por eso ya no lo tiene en el cuerpo y por eso se debilitó cuando lo arrancaste de su cuello, Arvid. ─Decía Anna tomando su espada.

─Entonces hay que destruirl…

El pico voló y golpeó a Arvid, clavándose en su hombro izquierdo, Anna y Kristoff lo cubrieron hasta que él reaccionara.

─ ¡Toma el pico y termina con ese sujeto! Kristoff, toma el arco y las flechas, solo tendremos una oportunidad, ¿están listos?

─Sí. ─Respondían al unísono.

─No pueden contra mí, por más que lo intenten, jamás lo conseguirán.

La Pareja Real lo atacó nuevamente y esquivó las bolas de fuego una vez más, segundos después, los mandó a volar por los aires y se abalanzó directamente a Arvid, pero no alcanzó a llegar para detener la destrucción de su Corazón.

─Más suerte para la próxima, amigo. ─Exclamaba Arvid, jadeando.

Una onda expansiva hizo que Boris y Arvid volaran por los aires, al levantarse, el Alquimista parecía deshacerse como el papel que es expuesto al fuego. El pobre loco gritó de furia, intentando utilizar lo que le quedaba de Magia para llevárselos a todos con él, pero los Arendellianos se lo impidieron y le lanzaron una flecha y la espada respectivamente.

La Luz Blanca emanó del cuerpo de Boris y éste último se desvaneció en el aire. Lo único que quedó fue una enorme mancha negra flotando que no dejaba de moverse y salió disparada al espacio.

─Se fue con Rumplestiltskin, por fin. ─Decía Anna.

Los tres corrieron hacia Elsa, quien yacía aún en el suelo sin poder despertar. Anna se sentó y puso la cabeza de Elsa en su regazo, no podía dejar de pedirle e implorarle que no se fuera, que se quedara con ella por siempre.

─Elsa, por favor, no te vayas. No puedes abandonarnos, no así. Elsa no te alejes, regresa. No sé qué es lo que voy a hacer sin ti. No puedes irte sin ver de nuevo a Adgar, sin ver todo lo bueno que has hecho por Arendelle y por mí. No quiero perderte. Te lo suplico, ¡quédate conmigo! Elsa, ¿y si hacemos un muñeco?

Anna derramó unas lágrimas y estas cayeron en la frente de su hermana, no podía creer lo que estaba pasando, ni quería soltarla jamás. Su esposo solo se arrodilló y la abrazó tan fuerte, así fue como Anna se desahogó.

Arvid no sabía que hacer o decir, ya no le importaba el dolor que su herida le provocaba, había otra cosa que dolía más que 100 puñaladas juntas y era el hecho de que tampoco había podido salvar a Elsa, no solo le falló a Xander, sino que parecía que todos los que él quería morían o estaban en peligro inminente de hacerlo.

Algunos Aldeanos comenzaron a llegar al ver que el mal se había extinguido, todos ellos eran escoltados por el gran General Alberick. Nadie entendía lo que sucedía, todo era confuso, pero lo único que entendían era que su Reina no despertaba y muy probablemente no lo haría jamás.

El Northdaliano tomó la mano de Elsa, la besó y se acercó lentamente a su rostro.

─Lamento no ser tan rápido como tú querías, quise salvarte, quiero salvarte, pero volví a fallar. Lo siento mucho, en verdad lo siento mucho. Te Amo, Elsa.

Arvid la besó en los labios sellando así su declaración de amor y a modo de despedida. De pronto, un rayo de Luz emergió del pecho de la Reina y recuperó el aliento de un solo golpe.

─Y yo Te Amo a Ti, mi Forastero. ─Respondía Elsa con voz cansada.

La Reina abrió los ojos lentamente y todos se llenaron de alegría, sobretodo Anna, quien no dejaba de abrazarla y de agradecerle al cielo por lo que acababa de pasar.

Con los escombros, improvisaron una camilla y entre el General y unos Aldeanos se llevaron a Elsa de vuelta al Castillo.

─Te pondrás bien, Elsa. ─Exclamaba Anna todavía con lágrimas en los ojos.

─Lo sé. Anna, espera.

─ ¿Sí?

─Sí, quiero hacer un muñeco.

La Princesa rió de alegría al escuchar esas palabras que siempre esperó que emanaran de su boca. Kristoff, tomó del hombro a Anna y junto con Arvid fueron de vuelta a casa.

Fin del Sexto Capítulo