Pues un camus x sorpresa xD

Cualquier duda o recomendación, critica no duden en decírmelo, ya que me sirve para mejorar.


El secreto de una guerrera

Miedo y tristeza la envolvía cuando observaba al hombre que en el pasado fue considerado un honorable caballero, aprisionado por cadenas tantos en sus brazos como piernas, frente a todos los santos de Atenea. Sin sentirse avergonzado o humillado por estar de rodillas antes los presentes, como una señal de que buscaba demostrar su verdadero arrepentimiento. Ya sin portar su gloriosa armadura dorada en muestra de que no era digno de ella. Con una mirada perdida en la nada, sin resistirse, sin oponerse a lo que venía. Solo limitándose en esperar a ser juzgado por el nuevo patriarca como también por la mismísima diosa mencionada, hallados a tan solo unos cuantos pasos frente de él.

Tan calmo y sereno, como siempre él lo había sido a pesar de la situación…

Sinceramente, aunque nadie lo dijeran en voz alta y terminaba limitándose solo en pensamientos, todos los presentes sabían a lo que le llevarían sus actos, incluso ella misma lo sabía; la traición era algo que se debía pagar, a pesar que él lo haya hecho por la culpa que sentía en su interior, aunque él lo haya hecho porque creía que era lo correcto, aunque lo haya hecho por una promesa...

Sin embargo, ello no enmendaba que se alzó en batalla contra sus propios compañeros de armas en un determinado momento. Y peor aún no le restaba culpabilidad por ser indirectamente, unas de la principal causa de muerte del caballero dorado de capricornio, Shura.

Las consecuencias de sus acciones eran incuestionables y parecía que el propio Santo de Acuario lo entendía perfectamente, a tal punto que simplemente esperaba con una increíble paciencia que le depararía. A diferencia de ella que secretamente para todos los presentes, temía que sufra el peor castigo al cual se lo podría condenar, la muerte.

Ciertamente, reconocía con sumo dolor que era lo justo si seguían las antiguas normas, pero Camus era alguien bueno, algo que no solo ella lo sabía, sino también todos desde Atenea a el nuevo patriarca. Puede que sus decisiones fueran erróneas pero sus motivos eran nobles. No pueden o más bien ella no quiere que llegaran a ese punto.

Realmente no podría soportar el volver a perderlo, el hecho de existir el riesgo, la amenaza para que su vida termine desvaneciéndose nuevamente. Era algo que de solo imaginárselo o pensarlo le causaba un dolor terrible en todo su ser.

Un dolor que ya lo sintió en más de una ocasión…un dolor no físico, pero que sin lugar a dudas era y es insoportable.

Le resultaba lamentable que nunca pudo hacer algo cada vez que Atenea lo trajo a la vida, así como lo hizo con otros caballeros. Fácilmente pudo pensar que fueron oportunidades para que intente lo que no se animaba a hacer.

Aun así, ella no se atrevió…aun así, ella no pudo dar ese paso.

Causando que naciera un terrible odio a su propia cobardía que le impedía hacer lo que su corazón anhelaba a gritos desde hace tanto tiempo. Pero el rechazo, si, el rechazo por increíble que parezca era algo que le causaba tanto temor. Alimentando aún más su propia frustración y molestia que ocultaba con sumo éxito bajo aquella serenidad que siempre mostraba en todo momento.

De alguna manera era increíble que no pudiera manejar esto. Fue preparada para todo, era alguien muy fuerte en todos los sentidos. Y esta situación simplemente golpeaba en su orgullo.

Quizás los sentimientos, a pesar de todo su entrenamiento son cosas que no se pueden manejar tan fácilmente como pensaba…

Honestamente y solo para sí misma, sentía un poco de envidia por la valentía de Shaina, su compañera de armas y antigua rival. Ella era mucho más fuerte en ese aspecto, ya que no le importaba que el Santo de Pegaso la rechazara. Solo le importaba demostrarle que su amor hacia su persona era verdadero, a sabiendas de que probablemente no fuera correspondida. De hecho, lo hacia todo de tal forma que parecía ser estúpidamente fácil. Como si no le interesara en los más mínimo las consecuencias o respuestas que obtendría. ¿Pero porque ella no podía hacer lo mismo? ¿Por qué sentía tanto temor en decirle lo que tanto anhelaba?...Después de todo, el destino le brindaba otra oportunidad de hacerlo. Él estaba con vida a unos cuantos metros y aunque fuera bajo la decisión de Atenea sobre su destino por todas sus acciones en Asgard...Aun así…no quería dejar ello como una excusa más para no poder intentarlo, estos sentimientos eran como una carga pesada que simplemente debía liberarlo…quería que él lo supiera…

¿Pero si moría? ¿Pero si esa es la decisión que toman el nuevo patriarca y Atenea?

El destino, si es que realmente existiera algo así, sin lugar a dudas era un condenado maldito. Brinda y te quita…

Motivo por el que no pudo evitar sentirse más alterada de que lo ya estaba, llevándola a agachar inconscientemente su mirada hacia el suelo. Temblando un poco por los nervios y ansiedad que la invadía, sin notar o percatarse de la total mirada confusa de su alumno ubicado a su lado.

Él notaba a su gran maestra muy extraña desde que todo esto inicio y ahora aún más. Inclusive no iba a negar que esta es la primera vez que la veía así particularmente. Desde que la conocía siempre la vio como una persona muy fuerte pero ahora parecía que algo le había dejado demasiada turbada. ¿Acaso tenía que ver con Camus? Es decir, todos lamentaban lo que estaba sucediendo con el Santo de Acuario, pero ella, bueno, parecía muy afectada…demasiado. Lo más probable es que esté equivocado y las razones fueran otras. O al menos eso pensaba, después de todo nunca la vio relacionarse con el acuariano a diferencia de otros caballeros con los cuales, si lo hizo, como Aiolia.

—¿Te sientes bien? —se vio obligado de susurrarle el caballero de bronce posando una de sus manos sobre el hombro de ella con curiosidad y preocupacion. Causando un efecto repentino en la mujer que deprisa alzo su mirada hacia el frente y trato de simular lo mejor que podía, regañándose a si misma por dejarse de llevar por sus emociones justo en un momento como este, ya que definitivamente lo que menos quería ahora era ser interrogada por su alumno sobre lo que le sucedía.

—Estoy bien, solo estoy un poco cansada nada más—respondió con voz calma, esperando sonar lo más convincente que posible y deseando que solo su alumno haya visto su pequeña escena y no todos los demás caballeros que estaban en el salón del patriarca. Sabiendo que más de uno podría descubrir por qué se veía afectada a pesar de tener puesto su máscara, principalmente cierto caballero dorado, quien era demasiado perceptivo y peor aún se hallaba muy cerca de ella y su alumno...Shaka.

—Pero es que...—trato de continuar nuevamente con su interrogación el joven muchacho, no muy convencido o mas bien para nada convencido. Al presentir que le estaba ocultando algo la castaña, si no fuese porque Dohko hablo repentinamente.

—¡Silencio, por favor! —alzo su voz el patriarca, atento a los murmullos que había en el salón, para luego observar a Atenea a su lado que asintió con su cabeza, después de estar unos minutos charlando juntos a la distancia sobre qué decisión tomarían.

La diosa de la tierra suspiro y dio unos pasos hacia al frente. Reconociéndolo para sí misma, esto no era fácil para ella. Por lo que hablo con cierta tristeza que se denotaba en su rostro, algo que llamo la atención de la mujer que estaba sumida en sus pensamientos sobre el acuariano. Sabiéndolo al instante para su dolor y molestia, algo que no podía negarlo, que esto no auguraba algo bueno…

—Camus, hemos tomado una decisión—dijo Atenea observando a Dokho de libra a su lado, que estaba de brazos cruzados con los ojos cerrados.

—Tenemos en claro el porqué de tus acciones, no obstante, la traición es algo que se debe pagar, Atenea y yo hemos decidido no condenarte a la pena de la muerte—tomo la palabra Dohko ante el alivio de la mujer por lo escuchado, aunque no era la única quien se mostraba alegre. Pudo percatarse como el discípulo del acuariano, Hyoga de Cisne y su buen amigo Milo de Escorpio se mostraban alegres por la decisión, a diferencia de los demás caballeros en los alrededores de la habitación que simplemente parecían indiferente a la situación. No es que, no estaba preocupados por Camus, pero simplemente no tenía la misma relación con él a diferencia de los mencionados.

—No obstante, debido a tu acciones se te condena al exilio y a estar un año sin alimento encerrado en la Cueva de la Pena— concluyo Dohko ante la sorpresa de la mujer de cabellos castaños que abrió sus ojos completamente preocupada, aunque no se pudo notar debido a la máscara que cubría su rostro.

Decisión de Atenea y Dohko que no solo afecto precisamente a ella. Ya que si no fuese por Shaina quien tomó del brazo a un fastidiado Milo, seguramente este hubiese causado demasiado alboroto por lo ocurrido. En conocimiento de que prácticamente lo condenaron a morir, pero sufriendo a su amigo o más bien a quien Milo consideraba un hermano. A diferencia de la reacción ligeramente contraria que tuvo Hyoga, que opto por irse simplemente del lugar sin querer mostrar su disconformidad.

Obviamente no fue de extrañar que segundos después de lo escuchado, los murmullos invadieran nuevamente la habitación, algunos de acuerdo otros no tanto.

—¡Basta!, la decisión ya fue tomada, ¡la traición es algo inaceptable, lo siento, pero es así! — bramo demostrándose su autoridad el caballero de libra como el nuevo patriarca. Provocando el silencio total en el lugar. Antes de posar luego sus ojos en la mujer de pelo castaño que aún estaba atónita por toda la situación en si—Por favor ven, en cuanto a los demás pueden retirarse—finalizo fastidioso, definitivamente nunca esperaba que tuviera enfrentar algo así a tan poco de ser elegido como el nuevo patriarca, pero debía seguir la normas y mantenerse estrictos como lo fueron todos los antiguos antecesores en su puesto. Era importante hacerlo, aunque a veces las decisiones que se tomen fueran difíciles.

Saori o más bien Atenea cansada, no pudo evitar acercarse a Camus, simplemente no podía con su bondad y se agacho un momento a su lado diciéndole algunas cuantas palabras inaudibles, probablemente tratando de consolarlo, a lo que el acuariano curiosamente, solo asentía sumamente calmo…como si él estuviera realmente de acuerdo con la decisión tomada sobre su destino.

—Vamos ven— repitió el caballero de Libra, endureciendo su mirada. No estaba con la paciencia de demoras. Esto no le gustaba en lo más mínimo. Al punto que estaba empezando a despreciar el "honor" de ser elegido para ocupar este cargo tan importante. Y que a su vez ya lo estaba llenando de cargas en su conciencia, por las decisiones que debía tomar.

La mujer de cabellos castaños salió de su desconcierto antes la ordenes recibida y se dirigió rápidamente hacia al patriarca y Atenea que ya de pie, camino con un pequeño ceño fruncido, demostrando su disgusto por toda la cuestión, hasta posicionarse al lado de Dohko. En lo que tanto su alumno como los demás caballeros abandonaba la habitación. Y efectivamente de alguna manera le dio algo de alivio ese hecho. Por lo menos evitaría los cuestionamientos de su pupilo. Sabiendo perfectamente que no desistía con facilidad cuando tenía algo en mente.

—¿En qué puedo servirles? — interrogo, haciendo una reverencia y apoyando una rodilla sobre el suelo.

—Necesitamos que escoltes al sitio a Camus, además de que te encargues de controlar que no reciba ninguna sola visita, ya desde un principio te advierto que queda completamente prohíbo—Advirtió Dohko serio, aunque realmente lamentaba tener que tomar una decisión tal contra el Acuariano. Puede que los ayudo a derrotar a Loki, sin embargo, eso no cambiaba lo sucedido con Shura por ende tenía que hacerlo como ejemplo. Con el objetivo de evitar futuras traiciones que pueden poner en peligro a personas inocentes, a los propios camaradas o a la misma diosa Atenea.

La mujer por su parte y como era de esperarse, totalmente sorprendida. No sabía si considerar esto como algo bueno o malo, por ser precisamente ella quien tendría que estar al cuidado de él. Aun así, asintió con firmeza y se acercó al hombre. Notando que él simplemente tenía la mirada perdida en el suelo como en un principio. Sin si quiera dar cualquier tipo de señal de emoción. Bueno, Camus precisamente, nunca fue alguien que se destacara por ser alguien expresivo. De hecho, si se destacaba en algo es justamente, por lo contrario. Es decir, el tener una excelente capacidad por no demostrar nada y ser tan frio como su propio cosmos.

De cualquier manera, una vez cerca de él termino por observar dudosa a Atenea como si quisiera saber si realmente querían hacerle esto. Encontrando únicamente en la mencionada una diminuta sonrisa en su rostro que sin lugar a duda la confundió totalmente. ¿Qué significaba?

Interrogante la cual no hallo respuesta, por lo que prefirió continuar con lo que debía hacer y poso sus ojos sobre él con preocupación perfectamente escondida, antes de ayudarlo a ponerse de pie, dispuesta a cumplir sus órdenes.


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No supo la muchacha cuantos minutos pasaron, pero si sabía que ya estaban muy lejos del santuario y realmente no pudo evitar observar de reojo en cada momento al acuariano en su trayecto.

—(y pensar que es la primera vez que estoy tan cerca de ti)—cayo en cuenta para sí misma, lejos de sentirse feliz o alegre por ello. Debido a que la situación o más bien la razones del porque se dio esto simplemente no le agradaba en lo más mínimo. Pues, al fin y al cabo, lo único que sentía en estos momentos mientras seguían ascendiendo entre los riscos en un silencio bastante incómodo, era tristeza.

Bueno, incomodidad que solo provenía, por un lado. Camus efectivamente parecía muy tranquilo. El silencio simplemente le agradaba y estaba más que conforme con todo. Pues aceptaba las consecuencias de sus actos con la frente en alto, en conocimiento de que era lo correcto. Sabiendo que siempre los errores cometidos, tarde o temprano reciben su respuesta adecuada…y esta era la respuesta adecuada que él estaba obteniendo. O al menos así lo consideraba.

—Llegamos— dijo la castaña, observando el pico de la inmensa montaña antes bajar su vista hacia el frente y ver "la cueva de la pena".

Sabía que en ese lugar pocos terminaban por sobrevivir y quienes lo hacían, lo cual podía ser contado con los dedos de una mano, no terminaban precisamente bien. De todas formas, a pesar de su preocupación y en contra de sus sentimientos guío a Camus a su interior. Porque podía amarlo tanto como pudiera, tanto como lo hacía, pero era ella era un santo de plata y las órdenes del patriarca y su diosa estaban por encima de lo que sentía. Así de simple era la cuestión.

Lo único que podía hacer, era desear que de alguna manera un milagro le permita superar esto. No más que eso podía hacer. A fin de cuentas, sabia que no importaba el entrenamiento del acuariano, el poder de la cueva no solo se limitaría en atormentarlo, sino también iría consumiendo sus energías, hasta dejarlo simplemente como una persona común y corriente. Lo que causaría que con el pasar de los días, semanas, meses, el hambre simplemente se convirtiera en algo insoportable de aguantar…

Realmente no pudo evitar maldecir su mala fortuna por el tener que verlo justamente ella, sin duda era como un castigo ya que no podía hacer nada para ayudarlo y el que simplemente lo intentara, sería ir contra del Patriarca y Atenea.


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Se hamacaba de brazos cruzados hacia adelante y atrás con suma alteración e impaciencia, sobre la piedra en la que estaba sentada a las lejanías del lugar o al menos lo más lejano que le permitía la montaña, para no descuidar su función. Escuchando igualmente, lo que realmente no deseaba y la llevo a alejarse de la cueva en primer lugar. Pues había empezado nuevamente y con ello los gritos de él, más las múltiples voces que parecían fuera de este mundo. Las cuales roncas, graves y distinguible su agresividad con solo oírlas. Le permitía reconocer lo que estaba pasando, lo que le estaban haciendo. Y se inclinó totalmente hacia adelante apoyando su frente sobre sus ambas piernas, al tiempo que se tapaba ambos oídos con sus manos. Resultándole frustrante no poder hacer nada. Al punto que ya no quería oír sus lamentos.

Puede que no sea ella quien este allí adentro, sufriendo en carne propia, pero eso no cambiaba el hecho de que fueron cincos meses que venía escuchando lo mismo y que iban en aumento cada vez, le dolía y demasiado. Ni si quiera se atrevía a mirar el interior cuando esto pasaba. De hecho, no quería hacerlo. Es más, ¿Por qué lo haría? ¿Solo para ver su agonía?

Y se sacó su máscara que ocultaba su bello rostro y observo a la lejanía el lugar en donde estaba Camus, mientras se mordía el labio inferior. Estaba muriendo, no tenía caso negarlo. Pronto sucedería lo presentía. Aunque no quería pasara, no quería perderlo de nuevo. Sin embargo, otra parte de si quería que sucediera para que termine su sufrimiento. Dejándola en una encrucijada que la estaba irritando y llenándola de nervios ¿Qué podía hacer?

Bueno, un cuestionamiento estúpido lo reconocía. Estaba más que claro que no podía hacer nada. Eran las ordenes, pero…

Ya no puede soportarlo más, definitivamente no podía continuar haciendo la vista gorda. Verlo durante tantos días de esa manera, con sus brazos encadenados y alzados hacia sus costados, a la altura de sus hombros, sucumbiendo horas y horas por la magia de la oscuridad de la cueva, que lo hacía gruñir, gritar e incluso soltar pequeñas lagrimas por las múltiples pesadillas que lo atormentaban constantemente, al mismo que tiempo que sufría por el hambre al ya haber perdido todas sus energías.

La estaba volviendo loca de dolor…tenía que hacer algo. Era estúpido y peligroso, sí. Pero prefería hacer algo estúpido que vivir con la conciencia de que la persona que amaba y sabia era alguien bueno, murió en sufrimiento frente a sus ojos y no hizo nada para evitarlo.

Y aunque realmente lamentaba faltar al honor como una Santo de Atenea. No le importaba que el desobedecerla a ella o al mismo Patriarca, la conduciría a consecuencias graves. Porque con toda seguridad podía decir que preferiría esas consecuencias que vivir arrepentida por no hacer algo cuando pudo hacerlo.


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Honestamente Camus había perdido todo sentido del tiempo ya. Ni si quiera podía asegurar si pasaron cinco o seis meses. Muchos menos sabia de la presencia de ella, claro que en un principio la había visto pero con el tiempo la cueva, lo hizo parecer como si estuviera realmente solo. Y al poco tiempo de una semana desde que termino allí, sus energías, sus cosmos lo abandonaron. No podía negarlo, la magia del sitio era condenadamente terrible y los efectos sin lugar a dudas impresionante. El hambre termino por ser insoportable. Las pesadillas lo comenzaran a volver loco. Incluso creyó en un momento que si trataba dormir los menos posible podría evitarlas, pero la maldita oscuridad de la cueva le hacías verlas como ilusiones, causándole dolor no solo mental, sino también físico...era increíble que existiera un sitio así. Su cordura estaba al límite y ya casi no podía reconocer que era real y que no.

Si tuviera que hacer una pregunta seguramente sería ¿Cuánto más podría soportar? Reconocía que su muerte parecía más cercana a cada día que pasaba, aunque no sabía que sucedería primero, si su pérdida de cordura o su vida. Pero de algo estaba seguro, no había duda alguna que sería uno de los tantos que no pudieron abandonar con vida de este lugar.

O al menos eso pensó hasta el día que vio frente a las rejas de su cueva a una joven mujer de pelo castaño, descalza con un vestido largo y blanco, un tanto similar al que usaba la diosa Atenea.

Él no sabía quién era, ni tampoco como llego al sitio, pero sin duda ella tenía una mirada triste cuando lo observaba en el estado que se encontraba. Siendo probablemente esa la razón por el cual la mujer abrazo más fuerte la pequeña caja extraña que tenía entre sus brazos, en vuelta de lo que parecía ser un mantel.

El acuariano noto como ella abrió la reja de la cueva, con facilidad, demasiada para ser exacto y aunque no sabía cómo lo hizo, reconocía que solo la Santo de Águila que lo custodiaba podía hacer eso, llegando a la conclusión de que esto sería una ilusión, si, seguramente era lo más probable. Razón por el cual, y aunque no pudiera hacer muchos movimientos, se puso a la defensiva.

Sinceramente se puso un tanto nervioso al ver como ella se acercaba hacia él lentamente e inclusive frunció el ceño, muy expectante de lo que sea que traería esa ilusión consigo. Después de todo, nunca fue algo bueno y estaba seguro que este caso no sería la excepción. Por lo que cerro sus ojos, apretando su mandíbula y espero cuanto tiempo fuera necesario. Sin embargo, no sucedió nada y continuaba sin pasar algo a medida que lo segundos transcurría. Con respiración agitada volvió a mirarla, claramente este lugar lo había quebrado y su confianza se reducía a nada. Por lo que trato de ponerse de pie alerta, con algo dificultad al estar tanto tiempo arrodillado. Fulminándola con la mirada mientras lo hacía y naciendo pregunta en su mente ¿Qué demonios está pasando ahora?

Deteniéndose repentinamente en su intento de moverse al ver como la castaña se anticipó a su movimiento y se agacho frente a él, permitiendo así que Camus notara las facciones tan delicadas en su rostro, como su belleza incomparable, nunca había visto nada parecido, aunque la mirada de la joven demostraba una gran tristeza ¿Qué significaba?

Sin duda el acuariano no entendía ni en lo más mínimo que estaba sucediendo, la duda de si esto era real o no seguía creciendo, haciéndolo pensar que esa bella mujer tarde o temprano se mostraría como lo que era en realidad, una ilusión del lugar que terminaría muy mal como siempre.

No obstante, siguió sin pasar nada de lo que pensaba. ¿Esto era bueno o malo? ¿Murió y no se dio cuenta? ¿perdió la cordura al fin? Preguntas tontas, efectivamente ¿pero que otra cosa podía cuestionarse cuando ya no tiene percepción de la realidad?

Fuera cual fuera el caso, solo termino por ver como la mujer agachada frente a él, simplemente reposo la caja que tenía en sus brazos en el suelo entre medio de los dos, desato el mantel que lo envolvía para luego abrir la cajita, dejándose ver una simple botella cargada con agua y algo de alimento, haciendo que Camus abriera sus ojos totalmente sorprendido y preocupado.

—¡Escúcha-me, no puedes hacer esto…tienes que-que irte es peligroso…pueden verte! —advirtió con sumo esfuerzo, la voz le salió demasiado quebradiza. Quizás efecto de ser más de una vez asfixiado por lo que existe en la cueva. Aun así, a pesar de no saber si esto era una ilusión. Si hubiera una posibilidad por más mínima de que sea algo real este momento. Ella con lo que estaba haciendo frente a sus ojos podía correr grave peligro. ¡No estaba bien! ¿Qué sucedería si la vieran? —¡escúchame! — volvió a decir con sequedad y el ceño fruncido, alzando su cabeza para poder observar la entrada al lugar. Esperando que no hubiera nadie. Pero ella para su disgusto y disconformidad, simplemente destapo y acerco el pico de la botella hacia su boca, debido que él no podía tomarla por las cadenas en sus brazos, con una calma y delicadeza que ciertamente termino por sorprenderlo. ¿Acaso no entendía el riesgo que había?

No lo sabía, pero eventualmente Camus debió ceder y observar un momento la botella, para luego posar sus ojos en ella, que lo miraba de una manera suplicante como diciéndole que bebiera de una vez por toda. Sinceramente no tenía más remedio y accedió a lo que ella pedía, aunque no por eso menos nervioso, las dudas aun persistían en su mente.

Siendo de esta manera que aquellas dudas se desvanecieron y comenzó a caer en cuenta que esto definitivamente era real, completamente real, cuando probo lo que ella le ofrecía. Aunque esto lo llevo a hacerse una sola interrogante, ¿Quién era ella?

Realmente nunca la había visto en el santuario, ni por ningún otro lado. No obstante, si conocía este sitio, es decir, si sabía cómo llegar hasta aquí. Era obvio que pertenecía al santuario. ¿Pero porque ponía en riesgo vida al hacer esto? ¿Por qué lo ayudaba?

Sea cual sea sus razones prefirió no preguntarle nada, pues no era momento de aclarar sus dudas, lo único que podía hacer es permitir la ayuda que parecía empecinada en darle. A fin de cuenta, si más pronto ella podría irse del lugar, entonces mas posibilidades habría de que no la descubrieran por ayudarlo.

—Graci-as…— expreso después de terminar de beber el agua, enfocando su mirada en el rostro de ella. Como si quisiera adivinar o detectar el porque se arriesgaba a esto. Más solo capto la leve sonrisa en el rostro de esa preciosa mujer que estaba teniendo piedad por él, llevándolo a expresar con sinceridad y nuevamente su gratitud—de verd-ad...mu-chas gracias—

Ella no dijo nada ante lo oído. De hecho, solo se limito a asentir un momento en comprensión. Antes de posar su mirada sobre la caja que traía consigo y sacar unos trozos de pan y acercar uno hacia su boca. Sintiéndose aliviada por ver que a diferencia de la primera vez, ahora él no puso tanta renuencia en hacer lo que pedía. Aunque no sabia, ni imaginaba que él deseaba que ella se fuera rápidamente. Siendo razón por la cual Camus comió el alimento apresurado, que quizás no era mucho pero realmente suficiente para sentir un alivio y satisfacer al menos un poco su apetito. Viéndose el acuariano muy frustrado por el simple motivo de que le tomo mas minutos de los que hubiese deseado. Y debía reconocerlo para su desgracia, pero no solo hablar le costaba, sino también todo lo demás…estaba demasiado débil.

—¿Por qué...me ay-udas...?—susurro al terminar. Lleno de curiosidad y confusión.

Él era un traidor pero aun así ella estaba aquí, ayudándolo, poniéndose en peligro. Por lo que tenia, no, necesitaba saber la razón, el motivo del porque ponía en riesgo su vida por él. Pues, admitía que en el caso de sobrevivir seria solo y únicamente gracias a ella.

Obteniendo para su disconformidad y desconcierto solo su hermosa sonrisa como respuesta. Manteniendo la mujer el silencio desde que llego al sitio, junto con la cierta energía cálida que la envolvía, dándole sin saber paz al acuariano y logrando que él olvidara las ilusiones, las pesadillas que tanto lo atormentaron. Convirtiéndose sin percatarse, en una luz entre la oscuridad de la cueva quien trajo la tranquilidad consigo para el alivio del acuariano, después de todo el dolor que estuvo pasando...tanto mental como físico.

Lamentablemente ella sabia que ya termino de hacer lo que se había propuesto, consiguiendo sentirse al menos un poco más tranquila como también aliviada al saber que él haya probado por lo menos algún bocado. Pues reconocía que era momento de irse del sitio, aunque deseara tanto quedarse...por ello se puso de pie y se giró dispuesta a retirarse rápidamente, no tenia más nada que hacer aquí, pero su voz herida, su voz ronca y cansada la detuvo...

—Esper-a...por fav-or —exclamo o lo intento Camus, pero aun notándose su desespero. Dejando de lado su tremendo orgullo, ya que definitivamente quería saber quién era esa alma bondadosa que a pesar del peligro que había por acercarse a un sitio como ese, lo hizo para ayudarlo. —¿Quién...eres? —

La castaña lo observo parada desde la reja del sitio, deseando tanto decirle quien era. Deseando tantas cosas. Que termino por sumergirse en un debate consigo mismo sobre que debía hacer por unos cuantos segundos que fueron eternos para el acuariano. Para finalmente optar en no decirle nada sobre quien era, pero en cambio si acercarse a él a pasos apresurados. Hasta agacharse y quedar a su altura. Tomándolo totalmente desprevenido cuando poso su mano en la mejilla, para comenzar a acariciar su rostro herido con el dedo pulgar, mientras el hombre la miraba fijamente, lleno de curiosidad e incredulidad. Causando que ella simplemente no pueda evitar observarlo con lamento. Al verlo realmente en muy mal estado, al tiempo que sentía su pesada y agitada respiración golpearla en rostro debido a lo cerca que estaba de él.

Causando que se mordiera el labio inferior en dudas. Mientras acomodaba un poco el largo cabello azul de él con su mano libre, que ahora cubría uno de sus ojos, logrando de esta manera ver aquellos bellos zafiros azules que tanto la encantaban, observándola de manera tan fija y desespero que parecían atraerla aun más hacia él.

Y ante la sorpresa de Camus, tomo valentía la castaña y le dio un corto pero cálido beso en sus labios quebradizos, sintiendo una hermosa sensación que la invadía en todo su ser por unos poco segundos, ya que decidió separarse con suma apresures de él. Distinguiéndose una leve sonrisa en la mujer, por lo bien y raro que se sintió esto. Pero que definitivamente su instinto la incitaba a repetirlo muchas veces más, sin embargo, ganándoles a sus propios deseos, apresuradamente se dirigió hacia la salida de la cueva para su disgusto.

Sabiendo que se había quedado demasiado tiempo y que, había hecho mucho más de lo planeado. Aunque, mentiría si dijera arrepentirse. De hecho, se sentía con tanta confianza. Que nunca pudo hallar cuando estaba cerca suyo. Por lo que antes de irse, hizo lo que pospuso por tantos tiempos. Observo a Camus que estaba más que confuso mirándola, para luego dejar escapar un simple y llano —te amo— con una firmeza que no pensó que llegaría tener en el momento, al punto de sorprenderse a sí misma. Cerrando luego la reja de la cueva, para perderse de la vista de un sorprendido Acuariano, que trato de detenerla no solo por el beso o la calidez y bondad que esa preciosa mujer que lo cautivo le demostraba tener, sino también porque al escuchar su ultimo comentario, definitivamente esa voz creía conocer a no ser que la cueva ya le estuviera jugando una mala pasada...pero no podía evitar pensar que esa voz la había escuchado en el santuario.

No obstante, no pudo detenerla...

Ella se había alejado en una calma satisfactoria, no solo por haberlo ayudado, sino también por dar el paso que nunca pudo. Inconscientemente abrazo la caja con el cual había llevado comida al acuariano, con una mezcla de emociones que no sabría explicar. ¿Así se sintió Shaina cuando hizo lo mismo con Seiya?. No sabía, pero se sintió bien, demasiado bien. Que incluso le parecía desconcertante. Y negó para sí misma en su extraña emociones de alegría. A fin de cuentas, lo importante es que realmente lo había ayudado. Y aunque le había dicho lo que sentía a él y no podía creerlo aun que lo haya logrado con tanta facilidad, eso no cambia el hecho de que fue algo que se atrevió en el momento, en ese instante...algo nada planeado, si se sinceraba.

Aun así, lamentaba un poco no decirle quien era a pesar de sentirse augusta consigo misma. Pero estaba segura que eventualmente descubriría quién era ella. Oyó su voz después de todo. Por lo que miro el cielo, curiosa y sin temor a lo que podría venir. Con la frustración y fastidio que la acompañaba durante tanto tiempo, ya esfumada, causando que se sintiera más liviana nunca. Gustándole sin lugar a duda esa sensación.

Y empezó correr apresuradamente. Hasta avistar su armadura junto con su ropa que dejo escondida antes de ir a verlo. Debía volver a ser la santa de plata del águila y cumplir sus funciones. Tendría su momento para poder meditar más con calma, lo que hizo…lo sabía perfectamente.

Se sacó el vestido que uso para ocultar quien era realmente. Apresurándose a tomar sus otras prendas y armadura en su lugar. Para finalizar tomando una gran bocanada de aire para después expulsarla sintiendo un hermoso alivio que la embargaba en todo su ser.

Recordando que seguramente Shaina la debería estar buscando, por la nueva tanda de aprendices que buscan convertirse en Santo de Atenea. Y se fue al santuario relajada y serena, pensando para si, que podría seguir visitando a Camus como lo hizo este día. Que podría seguir ayudándole a salir de esta situación. No era buena idea, si se basaba en las normas y órdenes recibidas. Pero era buena idea si se basaba para sí misma, causando que frunciera levemente su ceño, sin duda se estaba metiendo en un problema grande… ¿acaso la testarudez para ir en contra de todos de su alumno se le pego? ...

—(quizás)—pensó para sí misma Marin y finalmente dejo escapar una ligera risa al aire entre su calma, como hace tiempo no lo hacia, mientras se movía rápidamente. Seiya era todo un tema en ese aspecto.


FIN

He de admitir que en realidad pensé a hacer en un principio con junet este fic, además con ella la personalidad que hice no quedaría tan ooc, pero después antes de subirlo me decidí cambiar a marin, además de que no vi nada entre estos dos y como siempre prefiero hacer algo inusual, pues he aquí un MarinxCamus o camusxmarin xDD

Ta luego.

pd: después intentare otro de shaina y camus como continuación del otro fic que escribí, y posiblemente uno de ikki con pandora o hilda.