¡Estoooooooy vivaaa!

De verdad que siento no haber estado por aquí, ni actualizar más a menudo como venía siendo costumbre, perooo en mi defensa diré que soy una persona (noo, un calamar no te jode...) que se estresa con demasiada facilidad, la paciencia no es una de mis virtudes y entre los exámenes finales y que se me ha roto la tecla "O" del teclado y tengo que aporrearla tres veces por lo menos para que se escriba pueeees... me cabrea, me entran ganas de lanzar el ordenador por la ventana y verlo reventado contra el pavimento, por eso no he estado por aquí, espero que me comprendáis, aunque sea un poco :)

Enn fin, para aquellos que estaban preocupados, no me ha pasado nada estoy absolutamente genial y llena de energía, así que siento haberos preocupado e intentaré esta semana traeros los dos caps que quedan de esta historia, ¡lo prometooo! SALESIA, mil gracias por tu comentario no sabes la sonrisa que me sacaste, aiss es que te comía a besos y te ahogaba a abrazos de oso cariñoso de las cavernas, pero no te preocupes por mi estoy geniaaaal y esperoo que tu también lo estés o aun mejor!

En el próximo cap contestaré reviews con algo más de paciencia, eso también lo prometo, pero ahora con la tecla jodida no puedo, tengo que mentalizarme para no acabar con la vida de mi ordenador...

¡Millones de besoteees!

PD: el capítulo no está corregido así que si encontráis dedazos o errores, de antemano lo siento, cuando acabe la historia la editaré para corregirlos.

Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Colubrina (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de Colubrina -.


Capítulo 46 - Raise their Family

Narcissa Malfoy sonrió mientras ella servía el té. Las tazas de cristal de color verde eran una adición hermosa en su colección y se detuvo un momento para admirar la formación de grietas en el esmalte y la manera que el oro había sido utilizado para reparar una de las tazas.

- Siempre es un placer verte, – dijo Eustacia Parkinson mientras ponía leche en su taza de té – pero, discúlpame, ¿me pregunto qué es lo que quieres?

- ¿No es posible que simplemente quiera el placer de tu compañía? – preguntó Narcissa - ¿Un terrón o dos?

- Dos, por favor. – dijo Eustacia – Y es poco probable.

Narcissa sonrió mientras tomaba un delicado sorbo. Confiaba que Eustacia no tuviera paciencia para estos juegos.

- Busco a alguien que me ayude con un proyecto bastante sensible. – Eustacia encaró una de sus cuidadas cejas - ¿Qué opinas sobre la adopción?

Eustacia dejó pasar un momento antes de devolverle la sonrisa.

- Pensaba que el orfanato había sido casi completamente desmantelado y que Arthur Weasley estaba supervisando el cierre. Es una buena elección, creo.

- Sí, - reconoció Narcissa – y va bastante bien. ¿Sabías que George Weasley está adoptando varios niños?

- ¿Soltero? – Eustacia permitió que un toque se sorpresa se deslizara en su tono de voz.

- Creo que no por mucho tiempo. – dijo Narcissa en voz baja y ante la curiosa expresión de Eustacia, añadió – Una Hufflepuff, algo más joven que él. Astoria Greengrass, perdón, Goyle, la encontró y se ha metido en la vida del hombre como ama de llaves.

- ¿Una de las nuestras? – preguntó Eustacia.

- Relacionada con los Bullstrodes, – reconoció Narcissa – la descendencia ha sido principalmente a través de las líneas del linaje materno.

- Bueno, eso es un cabo suelto atado. – dijo Eustacia.

- El orfanato es, bueno, digamos que un problema finito. – dijo Narcissa – Una vergüenza, sin duda, pero terminada. Tengo un problema más a largo plazo que debes considerar.

- ¿Uno que implica adopción? – preguntó Eustacia.

Narcissa asintió.

- Requiere discreción, un compromiso combinado con los valores tradicionales y con una, he de decir, actitud flexible con respecto a la pureza de sangre.

- ¿Y moral?

- La flexibilidad en eso también sería óptima.

- Has conseguido captar mi interés. – dijo Eustacia, echándose hacia atrás en su asiento y tomando un sorbo de té - ¿Qué estás planeando?

- ¿Nunca te ha parecido lamentable que algunos niños mágicos sean hijos de padres no mágicos? – preguntó Narcissa.

- En efecto, - dijo Eustacia – un misterio, lo admito. ¿Abuelos Squibs? ¿Aparición espontanea de magia?

- No obstante, pasa, y son criados en la ignorancia de sus capacidades, forzados a integrarse en nuestro mundo justo en la cúspide de la pubertad…

- Es una receta para el desastre. – admitió Eustacia – Realmente, me sorprende que el nivel de prejuicios sea tan bajo como lo es.

- Los niños mágicos son muy valiosos. – dijo Narcissa – Todos ellos deberían ser criados por padres mágicos que puedan guiarlos en los primeros episodios de magia accidental, ayudarlos a aprender a navegar en nuestra ciertamente insular cultura.

- Asumo que sus padres naturales se mantendrían inconscientes…

- De todo. Lloraran la muerte de los cambiantes.

- La muerte súbita es trágica, – dijo Eustacia – pero sucede.

- ¿Entiendes la necesidad de discreción y de lealtad absoluta? – Narcissa casi susurraba.

- De hecho, esto, es un problema constante. – Eustacia frunció el ceño – Creo que tener un puñado de familias seleccionadas que adopten estos niños en cada generación sería lo mejor. Mantener la información en un círculo cerrado.

Narcissa sonrió.

- ¿Tienes alguna sugerencia?

Eustacia las tenía y ambas mujeres pasaron el resto de la tarde esbozando la manera de colocar los niños del Proyecto de Intercambio.


Hermione tragó la dosis y compuso una mueca.

- Esto es horrible. – dijo - ¿Seguro que no estás intentando matarme?

Draco tomó el vaso de la mano de su esposa y lo dejó sobre la mesa de la cocina.

- Ni siquiera bromees. – dijo él – Se supone que te ayudará a sentirte mejor. No me gusta que este embarazo esté siendo tan duro para ti.

Hermione suspiró, metiéndose entre sus brazos y él se quedó abrazándola, sintiendo lo frágil que se había vuelto y la forma en que su abdomen presionaba hacia afuera, curvándose con el lento crecimiento de sus hijos.

- Te mantendré a salvo esta vez. – prometió, estrechando el abrazo.

- Tenemos que hacer el acto público de hoy. – dijo Hermione, con la voz amortiguada contra su pecho – Sabes que tenemos que hacerlo.

- Lo sé. – dijo él – Y tendrás tantas barreras protectoras a tu alrededor, que realmente podrías brillar. Además de eso, Marcus ha sembrado a nuestra gente entre la multitud y todos ellos tienen órdenes de maldecir primero y preguntar después. Es lo más seguro que Blaise, Theo y yo podemos hacerlo y aun así estaré acojonado hasta que te tenga de nuevo a salvo entre estas paredes.

Hermione se estremeció mientras él la mantenía todavía entre sus brazos.

- Te amo. – dijo ella al fin – Me aferro a ello a veces, cuando parezco haber perdido todo lo demás.

- Yo también te amo. – susurró Draco – No quiero otra cosa que a ti.

Se quedaron allí, abrazados, hasta que Theo apareció en el apartamento y, al verlos, suspiró.

- En serio, - dijo – ni siquiera estáis vestidos todavía. Hermione, ve a ponerte uno de esos trajes de bruja oscura, incluso los poderosos tacones y disponte a abrir públicamente el maldito torneo de Quidditch. Se supone que debemos estar allí en treinta minutos y todavía estás con la vieja camisa de Draco. – Theo miró a Draco – Habéis terminado, ¿verdad? – preguntó. Draco suspiró y se apoyó en la encimera.

- Supongo, - dijo – ciertamente hasta después de que nazca el bebé y no estamos tan malditamente asustados todo el tiempo. – fulminó el reloj de la pared – El deber me llama, ya la he drogado para que pueda pasar por esto. Vamos a darle el maldito pan a las masas.

- Va a estar bien. – dijo Theo – Y el circo.

- No olvidemos que, - aceptó Draco – son unos jodidos imbéciles, todos ellos. No merecen ni un momento de su tiempo.

- Estoy de acuerdo. – dijo Theo – pero ambos construisteis esto. Es vuestro reino.

- Su reino. – dijo Draco.

Theo se encogió de hombros.

- Es lo que es. Y tenemos gente dispuesta a exigir que acepte la corona y el reinado una vez que esas sucias relaciones públicas de dinero estén en movimiento, así que la llevaremos a los terrenos de Hogwarts para anunciar el comienzo del partido benéfico de verano. Cuanto más pronto hagamos esto, antes ella será la Reina y antes podréis anunciar el nacimiento del pequeño príncipe y vuestra decisión de retiraros.

Draco se impulsó hacia adelante y dijo:

- Entonces hagámoslo. Ella no se detendrá hasta sentir que puede entregarle todo a Æthel en un ordenado paquete.

Theo tomó la mano de su amigo desde la infancia.

- Sabes que en el momento que lo quiera de nuevo, se lo devolveremos, ¿verdad?

- Lo sé. – dijo Draco.


McGonagall miraba la pila de currículos delante de ella y suspiró. Los candidatos eran, hombres, incompetentes, poco realistas o repugnantes. Algunos de los cuales eran todo lo anterior. Lanzó otro dardo contra la Foto de Percy Weasley que había enganchado a la pared. El hombre se apartó de la trayectoria y la fulminó con la mirada.

- Artes Oscuras… - dijo entre dientes mientras revisaba la pila buscando, de nuevo, alguien a quien pudiera tolerar – en Hogwarts. Dumbledore debe estar revolviéndose en su tumba.


Æthel arrastraba los pies mientras observaba a su tía Mione; la mujer estaba sentada en la mesa de la cocina con varios papeles extendidos frente a ella, hacía un largo rato que la taza de té se le había enfriado apartada de su alcance. Hermione le sonrió a la niña, suavizando los ojos un poco de su habitual frialdad.

- ¿Puedo ayudarte, cariño? – preguntó, la mitad de su atención todavía estaba centrada en sus planes.

- Quiero jurar lealtad. – dijo Æthel. Soltó las palabras apuradamente, sin confiar que su tía, amada como era, no la interrumpiera.

Hermione dejó la pluma y se volvió completamente hasta su sobrina. Observó a la chica con una medida mirada durante un rato y, finalmente, dijo:

- ¿Puedo preguntar por qué?

Æthel cruzó la soleada cocina y puso las manos sobre el vientre de su tía; la hinchazón era cada vez más evidente, aunque las inteligentes opciones de vestuario, algunos encantamientos de ocultación y el colocarse cuidadosamente detrás de un atril cuando se dirigía al público habían mantenido el embarazo en secreto.

- Te irás. – dijo la chica, sin mirar la cara de su tía sino sus propias manos.

- ¿Qué te hace decir eso? – preguntó Hermione.

Æthel se encogió de hombros.

- Lo escuché. – dijo.

Hermione asintió.

- ¿Y por qué eso te hace pensar que es buena idea jurar lealtad?

- Porque la gente pensará que estoy robando tu corona. – dijo Æthel y Hermione controló la manera que su respiración casi se atascó en su garganta. Esta niña era demasiado perceptiva.

- No tengo corona. – dijo Hermione, eludiendo discretamente la observación.

- La tendrás. – insistió Æthel – y después me la darás a mí.

- Cuando seas mayor, sí. – dijo Hermione.

- Porque Nimue unge. – dijo Æthel.

- Sí escuchas. – Hermione suspiró, recostándose en la silla de la cocina – La gente podrá decir que has robado la corona, es cierto. Querrán que mi hijo sea el heredero; tu padre quiso que tuviera un bebé simplemente para captar la atención del público. Contigo hemos decidido hacerlo un poco diferente. Sigues siendo una aristócrata, no puedes ocultarlo, no con Theo como tu padre.

- Y Daphne. – dijo Æthel.

- Sí, - Hermione estuvo de acuerdo – y Daphne. Ambos pertenecientes a los Sagrados Veintiocho, Sangre Puras entre los sangre puras. Pero tú eres más que la princesa de cuento, eres la huérfana, criada en la miseria. Es romántico. Singular. Mágico, incluso.

- Tengo que jurar, - insistió Æthel – si soy tu vasalla hará…

- Hará que estés en deuda conmigo. – Hermione interrumpió a la chica – Mágicamente ligadas. Blaise, Draco y tu padre; esa unión no es algo trivial. No se hace por capricho.

- Y será mejor que la adopción. – dijo la chica, apretando la mandíbula obstinadamente – Y sé lo que hace el juramento.

- Lo entiendo, - dijo Hermione – pero lo sabes desde el otro extremo, como la reina, no como sirviente. Te obligaras a mí y todos tus vasallos también se convertirían en los míos.

Æthel simplemente se quedó observando a su tía sin parpadear hasta que Hermione dejó escapar una risa.

- Pregunta a tu padre. – dijo finalmente – Y si puedes convencerlo sobre esto haremos el enlace en tu cumpleaños. – Æthel envolvió suavemente los brazos alrededor de su tía quien la atrajo en un apretado abrazo – No me voy a romper. – dijo Hermione – Estoy cansada, sin duda, pero el bebé está bastante protegido ahí dentro.

- Mi primo. – dijo Æthel, acariciando el vientre de Hermione – Le enseñaré a volar y…

- Oh, Merlín. – dijo Hermione con un gemido – Eso no. Te he visto volar. Eres un peligro.

- Estoy intentando practicar para ser Buscadora el año que viene. – dijo Æthel con una sonrisa.

- Seguro que lo harás. – dijo Hermione – Ve a buscar al tío Draco a ver si te puede dar algunas indicaciones. Simplemente… no me dejes verlo. Tanta ansiedad no puede ser saludable.

Æthel le dio un beso en la mejilla a Hermione y salió de allí, con una engreída confianza en su capacidad para convencer a su padre. Después de todo, ella estaba en lo cierto. Ese hecho eliminaría todas esas acusaciones de que le estaba robando la corona a su tía.


Neville trotaba a través de los pastos, tres niños pequeños lo seguían, mientras se abría paso hacia la casa de George.

- George, - dijo en alto, queriendo alertar al hombre de la visita - ¿estás en casa?

George sacó la cabeza por una de las ventanas de la casa y preguntó:

- ¿Los niños están contigo?

- Sip. – dijo Neville.

- Sacaré las galletas entonces. – dijo el pelirrojo y, ante eso, los chicos se arrastraron desde detrás de Neville y salieron disparados por delante de él, abriéndose paso a través de la puerta del pequeño pero bien cuidado jardín y entraron en la casa de campo. Neville pudo oír chirriar la risa de George mientras insistía en que no tenía ninguna galleta de las que estaban hablando. Weasley tenía un nuevo truco de manos muggle y se había convertido en un experto en sacar galletas de las orejas de los niños y demás.

Neville se apoyó en el marco de la puerta, observando a George jugar con los chicos. Sarah, la ama de llaves que Astoria le había recomendado a George, estaba sentada en la mesa desgranando unos guisantes mientras los tres niños correteaban en torno a Neville, ella y la mesa como si de un tornado se tratara. Sarah simplemente les sonrió.

- ¿No te vuelven loca? – preguntó Neville.

Ella rio.

- Son niños. No dejan de moverse hasta que caen en la cama y cuando sale la luz ya están listos para empezar de nuevo. Es bueno que sean tantos. Se mantienen entretenidos.

Neville miró a George y George suspiró.

- No estás aquí por una visita de cortesía, ¿verdad? – preguntó.

- ¿Cómo te sentirías con más vecinos? – preguntó Neville.

- ¿Quién? – la voz de Sarah sonaba tan tranquila como el resto de ella mientras separaba los guisantes de sus cascaras y posaba las bolitas verdes en un bol y las vainas en otro. Detuvo a uno de los niños en sus vueltas alrededor de la mesa y le dijo - ¿Podrías dejar esto en el montón de abono por mí?

El chico agarró el cuenco y se dirigió al patio mientras los otros dos niños le seguían.

- Si tienes suerte la mitad de eso acabará en el montón de abono. – dijo George – Apuesto a que el resto acabará de objeto arrojadizo sobre la cabeza de alguien.

Sarah se encogió de hombros, todavía serena.

- Estamos criando niños, - dijo – que arrojen cosas en cabezas es inevitable.

- Malfoy estuvo aquí preguntando por las casas. – dijo Neville, con voz neutra – Eso significa que él y Hermione están pensando mudarse aquí arriba. No quería orientarlos en esta dirección hasta que hablara contigo sobre esto.

- ¿Porque él mató a mi hermano? – preguntó George, el buen humor abandonando su rostro.

Neville suspiró, frotándose el entrecejo.

- No estoy seguro de todo lo que han hecho, para ser honesto. Sospecho que matar a Ron es sólo el principio. Pero ya tienes a Greg aquí todo el tiempo con esa bribona hija suya. No estoy seguro de cuantos más miembros del pequeño círculo interno de Hermione puedes soportar y si ya hemos aguantado a suficientes.

- Me gusta Alicia. – dijo Sarah – No tiene miedo a nada.

- No tiene miedo de ponérselo todo en la boca, no le asusta darle un tirón de orejas a perros extraños, ni los animales salvajes. Tienes toda la razón en que no teme a nada. Es lo que hace que sea malditamente agotador estar a su alrededor. – dijo George.

- Tiene unos ojos muy bonitos. – dijo Sarah, levantándose e introduciendo los guisantes en una olla - ¿Los chicos y tú os quedáis para la cena, Neville?

George y Neville intercambiaron una mirada.

- Sí, – contestó Neville en voz muy baja – supongo que sí tiene los ojos bonitos. – sacudió la cabeza cómo para alejar un pensamiento – Y no puedo quedarme. Hannah está intentando hacer una receta nueva y me ha informado que si no estamos allí a tiempo se molestara bastante conmigo.

- ¿Por qué quiere venir aquí? – preguntó George - ¿Por qué ahora?

- Para sanar, supongo. – dijo Neville – Para ocultarse.

- Es la reina del maldito mundo, – dijo George – o casi tan cerca de ello como para que no suponga ninguna diferencia. ¿De qué necesita ocultarse?

- Probablemente del mundo. – dijo Neville – Si no los quieres cerca le diré a Malfoy que no hay nada apropiado por los alrededores.

George suspiró y se dejó caer en la silla que Sarah había dejado vacía.

- No. Si necesitan… tal vez ese maldito y extraño anillo de árboles también le ayude a ella. – Sarah se desplazó de nuevo hacia la mesa para limpiar el desorden de cascaras y le propino un beso en la sien a George. Él la tomó de la mano mientras Neville los observaba – Podemos quedarnos a los niños un rato más. – dijo – Puedo acompañarlos a casa para comer. Se lo están pasando muy bien ahí fuera.

- Suena bien. – dijo Neville.


Blaise observó a Hermione. Estaba cansada, su piel consiguió parecer gris y azulada al mismo tiempo. Y estaba hinchada.

- ¿Cuándo lo esperas? – preguntó en voz baja mientras ella buscaba su varita.

- No es necesario que hagas eso. – dijo Blaise – Sabes que no maldeciría a mi reina embarazada. Si quieres matarme, mi vida es tuya. Si quieres lastimarme, me arrodillaré ante ti para hacértelo más fácil. Pero no tienes buen aspecto. Preces cansada y agotada y me preocupas. – sacó un paquete – Y también tengo algo para ti.

- ¿Qué es?

- La capa de invisibilidad de Potter. – dijo Blaise – La tenemos desde que Weasley y yo la usamos para manejar algunas cosas del Proyecto de Intercambio. Él no lo sabía, ¿sabes? – añadió Blaise mientras ella sopesaba el paquete en sus manos – Potter. Weasley le robó la capa. Shacklebolt le ayudó. Pero Potter no es culpable de nada más que de ser un pésimo amigo y un marido infiel.

Hermione asintió y se sentó.

- Estoy tan cansada, Blaise. – dijo.

Él se arrodilló a sus pies.

- Hemos conseguido esto, ya sabes. Theo y Daphne y Luna y yo. Lo tenemos. Puedes dejarlo.

- He hecho el mundo. – dijo Hermione.

- Lo has cambiado. – acordó Blaise – Nos has dado la seguridad y el poder, atrayendo a los hijos de muggle al redil.

Ella sonrió con una leve languidez.

- Todavía no hemos acabado con el último pedacito.

- Lo haremos. – dijo Blaise – Tenemos la copia del pergamino y el hechizo ha funcionado en todas las pruebas. Narcissa pondrá el sistema de adopción en marcha. – él le apartó un mechón de pelo de la cara – Deja que nos ocupemos de ti durante algún tiempo.

Hermione suspiró.

- También has recuperado tu dinero. – dijo ella.

Blaise soltó una carcajada.

- Eso hiciste.

- Blaise, - dijo Hermione - ¿por qué siento que he ganado el mundo y he perdido mi alma?