Capítulo 24. Si bien…

Se podría decir que, en un punto incoloro de mi vida, me sentí, en este preciso momento, como si hubiera caído desde un punto indeterminado de la nada solo para terminar sobre una superficie dura y fría. Diablos y demonios, mi cuerpo pesaba como una tonelada de titanio hundiéndose en la oscuridad del abismo profundo de un mar desconocido, había lúmenes de oscuridad serpenteando sin cesar por mi cabeza que hasta el momento se mantenía en estado de coma. Si bien, sabía que algo estaba yendo mal, muy mal, pero mi conexión cerebro-cuerpo no estaba funcionando muy bien que digamos, podía sentir frío, pero no es como si pudiera mover mi brazos y arrastrar la manta más cerca y cubrirme con ella.

En un punto indeterminado del tiempo, logré sentir mi cuerpo de un repentino golpe, mis ojos fueron los primeros en reaccionar y con un leve estremecimiento logré despertar. Este pequeño acto me hiso sentir humana de nuevo, un pequeño parálisis del sueño que me recordaba mucho los momentos en la oscuridad de mi habitación.

Lo primero que mis ojos vieron fue las paredes desconocidas. Bajé la mirada hacia mis manos, había piel, muy bien, quería asumir que no podía entrar en fase saktim mientras estaba dormida y eso era bueno, sería un gran problema si en medio de la noche comienzo a brillar como un farol y a flotar en medio de la habitación como una luciérnaga borracha.

Me levanté de golpe cuando fragmentos de mi memoria se cristalizaron.

–¡Ah, no puede ser! –exclamé sentándome de golpe.

¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Solo una noche? ¿Dónde están Juvia y Levy? ¿Qué pasó con Natsu?...

–¡Natsu!

–Sabes, estoy aquí. –contestó con voz tranquila.

Estaba sentado en la orilla de la cama, un poco encorvado y con solo unos pantalones puestos. Por un momento me emocioné, todo había sido real y él seguía aquí. No me había abandonado como Dan lo hiso alguna vez.

–¿Te abandonaron? –la voz de Natsu sonó un poco más grave que lo normal.

¿Eh? –¿Lo dije en voz alta? No me di cuenta.

–No lo sé, pero lo escuché atentamente. –hiso una leve mueca para después moverse hacia donde yo estaba. –Yo no voy a abandonarte.

–Lo sé. –dije encogiéndome de hombros. –Ahora que tengo el poder, no te conviene hacerme enojar.

Él rodó los ojos. –Traeré las esposas.

–No. Púdrete.

–Ya no soy un ser orgánico, así que no puedo pudrirme. –él tomó entre sus dedos mi nariz y pellizcó juguetonamente.

–Ja ja ja. –dije abriendo mucho los ojos. –Risa sarcástica. Por si no lo notaste.

–No eres graciosa. –mencionó sin poder evitar sonreír.

Sonrisa que no duro ni medio minuto en su rostro, tomó un mechón de mi cabello y jugó con él, evitando de alguna manera mi mirada o mi rostro. Podía sentir una opresión que no era mía y no me gustaba, yo estaba demasiado satisfecha a su lado, pero esa opresión evitaba que disfrutara esa satisfacción.

Esa opresión era él. Levanté mi mano y tome su barbilla, sintiendo la fina piel que recubría la oscuridad bajó ella.

–Lo siento. –dijo de repente. –Lo he arruinado todo.

–¿Arruinado?

–Tenía la esperanza de cortejarte. –susurró con calma. –Como alguna vez Igneel me había dicho. Cuando te encontré herida en el bosque, lo primero que pensé fue: Que bonito…, si bien sabía que existían millones de seres en el universo, tú eras lo más bonito con lo que yo antes me había topado. –un fuerte suspiró hiso que sus hombros se relajaran un poco. –Me hice a la idea de que nunca tendría algo tan bonito al enterarme que eras una saktim, mucho menos la hija de Layla. Pero tú nunca dejaste de huir hacia mí, y eso, aunque dolía, me hacía muy feliz.

Dejé caer mi cabeza pesadamente sobre su hombro. Era tan cálido, era como una sala de estar calentada por el fuego de una chimenea en una tormenta de nieve. Casi podía escuchar el sonido de la madera quemándose en el fuego, el viento frío en las ventanas y el olor a chocolate caliente inundando el lugar.

–Es hermoso. –dijo él. –No sé con exactitud que estoy viendo, pero es muy hermoso.

–¿Cuándo te volviste tan importante? –pregunté.

Sus manos se deslizaron con delicadeza por mis brazos, con calma, él me separó de sí mismo para, por fin, mirarme a los ojos.

–No vayas por ese camino. –pidió.

–Dijiste que no me abandonarías. –dije en un leve murmuro.

–Yo no me iré. –sus ojos volvieron a dejar los míos. –Pero, ¿Quién me permitirá estar cerca de ti?

–No necesitamos el permiso de nadie. –dije frunciendo el ceño.

Sabía muy bien a que se estaba refiriendo, podía mirar el rostro de Layla y Mavis en mi cabeza. Sus sádicas sonrisas y sus ojos fríos mirándome de regreso.

–Soy peligroso.

–Oh, por favor. No seas una marica. –contesté con brusquedad. –Soy una maldita saktim, con un poco de entrenamiento, podría molerte la cara a golpes.

–No lo entiendes…

–¡No! ¡Tú no lo entiendes! –alejé sus manos de mí con un movimiento brusco, lo obligué a mirarme. –No puedes decirme todas estas cosas lindas, comprometerme contigo para luego empezar con la mierda de: Yo-macho-de-mierda-fuerte-y-tú-mujer-débil-y-obediente. ¡A la mierda! ¡Si huyes como el culo que eres, te buscare por todo el universo, atare y ni siquiera Layla va a poder acercarse! ¿Me entiendes?

Los ojos de Natsu estaban abiertos de par en par, si, bien, mi boca puede ser un poco sucia cuando me altero, pero creo que eso ya había quedado claro desde el principio. Uno debe volverse rudo cuando está solo en el mundo.

–No estás sola. Nunca lo estuviste. –dijo él. Luego rió entre dientes. –¿Atarme, eh? No suena tan mal.

–Pervertido. –sus sonrisas eran fáciles de contagiar. –¿Quedo claro el punto?

Enlazó sus brazos por mi cintura y sin nada de esfuerzo me sentó en su regazo, hundiendo su rostro en la unión de mi hombro-cuello, por puro instinto mis brazos se enrollaron en su cuello y el simple hecho de estar de manera era… magnifico.

–¿A dónde iremos?

–A cualquier parte. –dije sin importancia. –Enséñame el universo. Luego, con los años, cuando todo esté seguro para nosotros, yo puedo enseñarte la vida humana.

–Me suena a un plan.

–Es el plan.

Si bien toda mi vida se ha resumido a sorpresas, descubrimientos y huidas, ahora mismo, estaba huyendo de todo en realidad, con una persona, ser, extraterrestre, que apenas conozco del todo. Yo, que juraba por mi vida que yo era más humana que saktim, yo, la que se negaba aceptarlo. Ahora, ahora necesito todo el poder que pueda juntar, porque es más que obvio que este no será un viaje de vacaciones, estaremos huyendo de sistema en sistema, de galaxia en galaxia, hasta que, algún día, todos se olviden de nosotros. Sé que el día en que Natsu y yo podamos dejar de huir existe. Confió en ello. Si bien Michelle no tuvo suerte, yo daría lo que sea para que este no sea el mismo caso.

–Si sabes que ya no podrás contactarte con tu familia. –dijo Natsu mirándome con seriedad. –Sé que Levy y Juvia son diferentes, pero…

–Lo entiendo. –dije rápidamente. –Es muy arriesgado. Me disculparé cuando las vuelva a ver.

Él definitivamente tenía que dejar de huir de mi mirada, no me gustaba el simple hecho que hubiera dudas en su cabeza cuando no las había en la mía. Apreté mis dedos en su chaqueta.

–No hagas eso.

–Lamento separarte de tu vida. –su rostro parecía reflejar tanta culpa y dolor, estaba tan afligido y yo no sabía que hacer al respecto. –Si fuera algo más, solo tendría que esperar a que me eligieras. Pero siendo esto, ni siquiera estoy en las opciones.

Unas veces puede ser un completo idiota, y otras veces, alguien asquerosamente adorable y tierno. Eso debe ser una clase de talento. Solo podía hacer una cosa en estos momentos, y era besarlo.

–Tú eres mi vida, ahora. –susurré entre sus labios. –Ya te elegí.

–Una terrible decisión, si me preguntas. –dijo, sonriendo.

–Enfrentaré las consecuencias.

Hubiera preferido mil veces viajar sin nave espacial y todas esas cosas, pero Natsu dijo que él no era tan veloz. Aunque, no es como si yo tuviera mucha experiencia, de hecho, ni siquiera he probado la velocidad luz o algo así. No creo ser tan rápida.

–Créeme. Lo eres. –dijo abrochándome el cinturón con firmeza.

Como sea. –¿A dónde iremos? Tengo hambre.

–¿Hambre? –preguntó como si le hubiera preguntado: ¿Por qué vivimos?

–Ok, no tengo mucha experiencia como Saktim. Y no, nadie me ha enseñado como alimentarme del universo… sea lo que sea que signifique eso.

–Pararemos en una estación espacial. –dijo rápidamente. –Ahí podrás comer. Sé un poco paciente.

Me pregunto que estarán haciendo Juvia y Levy, de seguro están haciendo todo lo posible por encontrar una solución a esto. Me gustaría, de alguna forma, decirles que continúen con sus vidas. Aunque suene muy cobarde de mi parte huir de ella cuando aquellas dos hicieron lo imposible por salvarme.

Espero que estén bien.

–¡No estoooooooy bien! –gritó Juvia con histeria. –¡Madre va a descuartizarnos!

–Vamos a morir. –suspiró Levy en algún rincón de la nave. –Puedo ver la espada de Erza acercarse.

–¡¿Qué se supone debemos hacer?! ¡Acabo de perder a mi hermana menor! ¡La pequeña bebe de Layla! –gritaba Juvia. –¡No hay salvación alguna! ¡Gray-sama! ¡¿Qué debo hacer?!

–Joder, podrían callarse. –gruñó Gajeel con molestia.

Gray miró hacia ambas chicas, Juvia estaba derritiéndose en el suelo de la nave y Levy seguía en un fallo mental irreconocible. Gray no quería creer en lo que las chicas le dijeron, conocía al cabeza de chorlito de Natsu desde casi toda su vida y se negaba a creer que aquel imbécil en realidad fuera un jodido skotadi. Era tan increíble.

–¿Qué hacemos? –le preguntó Gajeel. –Aquellas dos están K.O. No puedo contar con ella.

–Tú eres el skotadi, aquí. ¿Crees que puedas rastrearlo o algo?

–Nosotros no funcionamos de la misma manera que las saktims, nosotros no tenemos un rastreador. –refunfuñó. –Nosotros vivimos mejor solos, cada quien por su cuenta. Nuestro planeta era solo un lugar de reuniones y un lugar para procrear.

–Tiene que haber una for-…¡Agh!

Un fuerte impulso golpeó la nave que casi hace volar a ambos hombres fuera de sus asientos. Gray maldijo mientras se enderezaba.

–¡Mierda! –gritó Gajeel. –Ese golpe no pudo haber sido el de un asteroide.

Un grito fue lo siguiente que se escuchó, un grito de Juvia para ser más exacto, pero no era como los de antes, este era de miedo puro.

–¿Qué diablos? –Gray se levantó más rápido de lo que hubiera querido y cuando menos lo supo, ya estaba en la puerta para salir.

Solo que, alguien no parecía estar de acuerdo con él. Del otro lado de la puerta, en el pasillo, se encontró con un rostro bastante conocido, un rostro al que debería de temer cualquiera. Gray retrocedió incisivamente y frunció el ceño.

–Jellal. –gruñó.

–Lo siento, pero no puedo dejar que ustedes se muevan. –dijo Jellal.

Jellal era muy conocido, no solo por ser un antiguo jikan, poderosas criaturas casi extintas que tienen mucho parecido a los humanos, con ciertas similitudes diferentes, como el hecho de que todos ellos tenía el cabello de colores anormales para los humanos, marcas rojas en sus rostros, control del tiempo y que eran seres inmortales. Gray tenía mucho conocimiento sobre los jikans, él vivía con una después de todo, bueno, una mitad jikan.

–¿Erza está aquí? –preguntó Gray.

–Es una pregunta un poco tonta, Gray. –contestó Jellal tomando una pose tranquila. –¿Y cómo está Ultear?

Otro factor que hacía muy famoso a Jellal, es que era la pareja principal de Erza. La guerrera saktim sucesora de Layla. Ser pareja de Erza ya era algo bastante impresionante. Jellal era demasiado fuerte y siendo el último jikan varón es severamente protegido por la comunidad saktim y nadie sería tan idiota como para hacerle algún tipo de daño, no si no quieres a Erza cazándote como una animal sin escapatoria.

–Ella está bien. –contestó Gray con amargura. –Espero que no hayas sido una boca suelta y andar diciéndolo por ahí.

–No está en mí revelarlo. –contestó Jellal. –Es decisión de Ultear.

–Bien.

Los oscuros ojos de Jellal fueron más allá del hombre de Gray solo para mirar al skotadi que intentaba de buenas a primeras controlar la nave. Gray podía sentir el peligro cerniéndose poco a poco, él sabía que a Jellal solo le bastaría un segundo en eliminar a cualquiera, que podría ser demasiado tarde si no hacía nada.

–Ni lo pienses. –murmuró Gray.

–Es bastante repugnante. –murmuró Jellal sin mirar a Gray. –Sabía que seguían vivos. Erza tenía razón.

–Posiblemente él ni siquiera había nacido cuando todo pasó. –dijo Gray. –No puedes culparlos a todos.

–Son la misma alimaña. –ambas miradas chocaban como témpanos de hielo. –Ellos no lo pensaron antes de atacar a mi gente. ¿Por qué yo debería pensarlo?

–Porque no eres un asesino.

–Las personas cambian con el tiempo. –sonrió Jellal.

La peor pesadilla de cualquiera se estaba cumpliendo para Juvia y Levy. Tenían a una asesina y cazadora profesional en la misma habitación que ellas y se veía enojada como la mierda. Si bien Erza era su hermana mayor, también era una saktim y la hija de Layla, y, si Layla le pedía que trajera las cabezas de sus otras dos hijas fugitivas, Erza lo haría sin dudar, de eso estaba segura Juvia.

Si bien, Juvia no pudo proteger a Lucy, al menos debería ser capaz de proteger a Levy. Después de todo, ella era la mayor. Calmó su cuerpo y sus emociones, debía volverse una saktim ahora.

–Erza. –dijo Juvia mientras se levantaba del suelo. –No es lo que crees.

–¿Qué es entonces? –preguntó con voz fría. –¿Dónde está Lucy?

–No lo sé. –contestó Juvia con firmeza. –La he perdido. Esto es mi culpa, saqué a Lucy y a Levy de casa, las traje a este viaje peligroso… si buscas a un culpable, yo me declaro culpable.

–Juvia... –murmuró Levy desde su rincón.

Erza y Juvia se miraron por un largo tiempo, hasta que la luz de Erza se apagó. Dejando a la vista su piel negra como la oscuridad con sus marcas rojas sobresaliendo por todo su cuerpo como enredaderas y su largo cabello rojo en un recogido estético. Juvia abrió los ojos con sorpresa, era casi imposible ver la verdadera forma de Erza, desde que se mudó a casa con Layla, ella nunca volvió a tomar su forma original. Pero allí estaba ella.

–Son unas idiotas. –dijo Erza con cuidado. –¿Saben en el lio que se han metido? Madre ya lo sabe, esta como loca buscándolas.

–¿No vas a matarnos? ¿O a torturarnos hasta que te digamos donde esta Lucy?

–¿Qué imagen tienes de mí? –preguntó Erza con horror. –También son mis hermanas y Lucy mi pequeña hermana.

Juvia se dejó caer al suelo mientras volvió a respirar con calma. Sabía que Erza no jugaría con algo tan serio. Levy se acercó y abrazó a Erza.

–¿Qué vamos hacer? –preguntó Levy con desesperación.

–Díganme que es lo que pasó. –pidió Erza. –¿Cuándo fue la última vez que vieron a Lucy? Su energía estaba muy inestable, se encendía y luego se apagaba sorpresivamente, para luego encenderse y luego… nada.

Levy y Juvia compartieron una mirada, ellas sabían que tenían que decirle a Erza la verdad, toda la historia. Ellas ya no tenían el control de la situación, necesitaban la tutela de su hermana mayor.

–Te contaremos la historia. Todo lo que ha pasado desde que huimos de casa.


N/A: No tienen que decirme, sé que alguno de ustedes o todos ustedes quien hacerme picadillo, esta vez supere mi limite u.u Han pasado meses sin escribir y aunque al fin pude hacerlo, es un poco corto. Posiblemente ya volveré a mantener el ritmo de la historia de nuevo. Capítulo por semana, tal vez un poco más pronto, quien sabe.

Digamos que mi inicio de año no estuvo tan emocionante y genial como creí que sería, tuve un pequeño bajón emocional que no me permitió hacer muchas cosas en realidad, no es porque no haya querido seguir publicando, amor escribir, se ha vuelto parte de mi vida. Y aunque no los conozco y ustedes no me conozcan, ustedes se han vuelto una parte importante también, no soy muy buena para relacionarme con las personas, y escribir es mi única manera para expresar mis sentimientos y mi animo.

Y no les estoy contando esto para que me tengan lastima, detesto la lastima, estoy segura que superare esto, es solo un pequeño bache que no me deja seguir con mi camino, me considero lo suficientemente fuerte para seguir. Creo que ya tuve demasiado tiempo para superar esto, es hora de ponerse las pilas y hacer lo que me gusta hacer.

De nuevo, gracias por apoyarme como siempre, gracias por sus comentarios que sirven de inspiración y ganas de seguir con esta historia que al principio solo era un pequeño sueño plasmado en mi mente. Espero que, en donde quiera que ustedes estén, cada uno de ustedes sea feliz.

Les mando miles de besos *-*

Y si llegaste hasta aquí, déjame decirte que eres una persona maravillosa o tal vez muy curiosa ;)