Prologo

En la fiesta de graduación 4 amigos se disponían a tomarse "la foto del recuerdo". Sasuke se limito a ver la cámara con aire de indiferencia mientras entrelazaba sus dedos con los de Sakura quien sonreía complacida al saber lo mucho que ese gesto significaba por parte de su novio. Naruto en cambio se acerco a Hinata desde atrás y la abrazo por la cintura atrayéndola hacia él y apoyando su barbilla en el hombro de esta. Hinata desvió la mirada avergonzada y su novio mostro esa radiante sonrisa de la que se había enamorado a la cámara.

En ese momento todo parecía tan simple y perfecto. Para ellos sus vidas ya estaban trazadas con un felices para siempre junto a la persona que amaban. Pero el destino tenía otros planes para ellos.

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17 años después…

Kaede caminaba tranquilamente por las calles e la ciudad. La mochila que llevaba al hombro tenía ropa para dos días. Ciertamente en el cuarto que su padre reservaba para ella en el departamento tenía ropa de emergencia, pero prefería llevar ropa aparte. No se había despedido de su madre al salir y ahora se sentía culpable y no podría hacer nada para remediarlo hasta el lunes que regresara con ella después de la escuela. Pero la culpa era de ella, de ella y de su estúpido noviecito. Desde que ese tipo había aparecido en sus vidas pareciera que ya no tenía madre, sino que esta se había empezado a comportar como una colegiala enamorada, de esas que tanto le desesperaban. Siempre había sido consiente que su madre era del tipo meloso, explosivo y un tanto superficial y la había aceptado así, aunque al igual que su padre ese tipo de personalidad escandalosa tendía a desesperarla. Pero una cosa era soportar a su madre y otra muy diferente era soportar a una amiguita chismosa y en esos momentos Haruno Sakura parecía más lo segundo.

Con un suspiro resignado se paro frente al gran edificio de departamentos de lujo y saco la llave digital para entrar. Camino al elevador para llegar a la suite presidencial y abrió con su llave.

—Estoy en casa—se anuncio dejando los zapatos en el recibidor y caminando tranquilamente a su habitación a dejar las cosas.

—Bienvenida—la voz de su padre le correspondió desde la cocina.

Lanzó la mochila sobre su cama y fue a ver a su padre.

—Te ayudo—le dijo al verlo preparar el desayuno.

Uchiha Sasuke era el mejor cocinero que Kaede hubiera conocido y ella era la única persona dichosa de saber aquello. Por alguna razón su padre había mantenido sus habilidades culinarias en secreto, tanto así que ni su madre, que había vivido por más de 9 años a su lado, lo sabía.

—Mejor pon la mesa—le indico mientras sacaba otro hot cake y lo ponía en un bol.

Sasuke miro a su hija. Esa chica de 16 años era su viva imagen. Sus facciones y cabello negro hasta la cintura, su pose altanera, su seño fruncido, su mirada fría y la personalidad cerrada y orgullosa la hacían su versión femenina. Lo único que la chica había heredado de su madre era, aparentemente, los ojos jade y la piel de un par de tonos más clara que la de él. Sin embargo Sasuke sabía bien que había heredado de Sakura algo más que eso. Cuando Kaede llegaba a estresarse lo suficiente la personalidad explosiva de su ex-esposa salía a flote, además, quisiera aceptarlo o no, era muy interesada de la opinión que los demás tenían sobre ella y su personalidad altiva era, en realidad, fruto de esto.

—Ya esta, papá—lo llamó.

—Siéntate, en un momento ya voy.

Comieron en calma y después se sentaron a jugar ajedrez.

— ¿Quieres ir a comer fuera como a eso de las dos de la tarde?—pregunto su padre y ella complacida le dedico una sonrisa y comenzó a asentir, otro gesto de Sakura.

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Kaito se sentía feliz. Esa misma mañana su madre le había acompañado para terminar con los trámites de cambio de apellido. A partir de ese día, a las 12:47 era orgullosamente un Hyuga. Estaba seguro de que su abuelo, sus tíos y el consejo estarían orgullosos con su decisión. Pero sobre todo estaba feliz de ya no ser más un Uzumaki, estaba feliz de al fin librarse del apellido de su padre.

—Te amo, ma—le dijo a Hinata inclinándose sobre la mesa y regalándole un tierno y cálido abrazo.

Se volvió a acomodar en su lugar y alzo el papel en alto, aquel en donde decía que oficialmente ya no era Uzumaki. Hinata, su querida y adorada madre le había suplicado miles de veces que se reconciliara con Naruto pero simplemente no podía. Y no, lo que le molestaba tanto no era la separación de sus padres, él sabía bien que habían llegado a un punto en que ya no entendían y habían decidido que lo mejor era separarse. El verdadero problema era otro y tenía nombre: Shion, la sacerdotisa. Shion era el tipo de sacerdotisa con poderes "mágicos" que se pierden junto con la virginidad y, aun así, el día que Kaito la encontró en su casa mientras su madre estaba en una junta de la empresa, tenía de virgen lo mismo que su padre de fiel, es decir, nada. Sin embargo nunca se lo pudo decir a su madre, no a esa mujer bondadosa y frágil. Sabía bien que si ella se enteraba, aun después de haber terminado con él, se quebraría en mil pedazos y no, no podía permitir eso.

Kaito era una extraña mescla entre el carácter Hyuga y el Uzumaki. Podía actuar tan frio y altanero, como alegre y precipitado, pero, sobre todo, siempre mantenía la serena amabilidad de su madre. Sus ojos eran azules y su cabello una extraña mescla de mechones rojo intenso y azul marino que le daban un aparente color morado. Aunque le doliera admitirlo su corte era en mismo que el de su padre a excepción de la trenza que salida desde su nuca y se extendía hasta su cintura. Sus facciones y color de piel eran los mismos que de su madre.

Habían pasado toda la mañana esperando a que el trámite finalizara así que apenas estaban por almorzar y, para apresurar las cosas, pasaron a comer a un restaurante del centro comercial. Kaito prefería mil veces la comida de su madre pero tenia demasiada hambre como para replicar, además, un descanso para Hinata nunca estaba demás. Kaito adoraba a su madre, si alguien le preguntara quien era la persona más preciada en su vida respondería que ella sin vacilar ni por un momento.

El mesero llego para preguntar que querían comer. Y después se perdió en sus pensamientos hasta que oyó a su madre hablar con alguien.

—… Me alegra escuchar eso, Sasuke-kun

El hombre que estaba parado al lado de la mesa era alto, cabello y ojos negros y porte elegante; seguramente tenía la misma edad que su madre. La chica al lado de este, que seguramente era su hija, era su viva imagen. Todo de ella, desde su cabello hasta su pose y gestos, eran una copia de él; todo menos los ojos, esos bonitos ojos verdes, de los que no podía despegar la vista, que le producían la sensación de que se estuvieran aguantando la risa, ¿cómo decirlo?, trataba de mantener la mirada tan fría como la del hombre a su lado pero algo en esos ojos parecía querer ponerse a brincar, ojos risueños que tratan de no serlo.

— ¿Iras a lo de esta noche, Hyuga?—la forma de hablar del hombre era golpeada pero su madre parecía acostumbrad a ello. Además, a pesar de que él la llamara por su apellido parecían ser muy cercanos.

A la chica le rugió el estomago. Kaito miro divertido como un lindo sonrojo adornaba sus mejillas mientras que trataba por todos los medios aparentar que nada había pasado y, sin poder evitarlo, empezó a reír. La chica se puso aun mas roja y de manera nerviosa le comenzó a ordenar que se callara.

— ¿No te recuerdan a alguien?—le pregunto Sasuke a Hinata y esta simplemente le sonrió.

— ¡Cállate¡—volvía a replicar la chica.

—Lo siento—Kaito se limpio una lágrima que se le había escapado de la risa—, es que te viste tan tierna—exclamo e hizo señas a un mesero antes de que a chica pudiera volver a replicar—. Disculpe, ¿podría traer asientos para el caballero y la señorita?, por favor.

El mesero rápidamente arrimo un par de sillas mas a la mesa y comenzó a poner los lugares faltantes.

—Nunca creí que alguien que se pareciera tanto al Dobe podría ser tan atento y educado—comentó Sasuke tomando asiento.

Hinata simplemente rió y él comprendió que era mejor, para los dos, evitar el tema de sus ex-esposos.

—Por cierto, no los he presento—exclamo Sasuke y acto seguido señalo a su hija quien en seguida se puso más derecha—. Ella es mi hija, Kaede, Uchiha Kaede. Yo soy Uchiha Sasuke—esta vez se dirigía a Kaito—, conozco a tu madre desde siempre, es un placer.

—Mucho gusto—lo secundo su la chica.

—Es un placer, mi nombre es Hyuga Kaito—que bien se sentía decirlo así— y mi madre es Hyuga Hinata.

—Mucho gusto—finalizo Hinata.

Sasuke hizo señas al mesero y él y Kaede ordenaron. Después de eso Sasuke y Hinata se sumergieron en su mundo, hablando de cosas de mucho antes de que sus hijos hubieran nacido, de cuando eran niños y se escapaban a jugar al jardín durante las aburridas fiestas de sociedad a las que más tarde se negarían a llevar a sus hijos.

Kaede y Kaito los miraban en completo mutismo mientras comían. En un par de ocasiones el Hyuga trato de hacerle la plática, pero ella parecía decidida a mantener su papel de chica fría a toda cosa así que, al final, desistió. Antes de irse los mayores cruzaron mirada, todavía no estaban seguros de hacerlo pero era cierto que en algún momento sus hijos tendrían que sumergirse en ese mundo.

—Kaede, Kaito—los llamo la mujer

—Queremos saber si les gustaría acompañarnos a una fiesta de la alta sociedad esta noche.

— ¡Sí!—respondió Kaede.

Tal como Sakura—pensó Sasuke con cierto pesar—, es tal como Sakura.

—Suena bien—la secundó Kaito con una radiante sonrisa, la sonrisa de Naruto.

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Kaede se paseaba por el gran salón. Se sentía soñada estando en ese ambiente, ahí era a donde ella partencia, estaba segura. Su padre le había comprado un hermoso vestido azul eléctrico esa misma tarde. Tenía una hermosa caída hasta las rodillas, escote cruzado y una pretina que realzaba su cintura además de un sutil adorno de perlitas sobre esta. En la estética la habían peinado de una elegante coleta alta que habían retocado haciéndole bucles. La habían maquillado con un sutil rubor rosado, labial rojo con un poco de brillo y un marcado delineado que realzaba sus ojos.

— ¿Cómo estas, Ka-e-de-chan?—Kaito se había acercado a ella por la espalda y había susurrado a su oído provocando que un escalofrió le recorriera la espalda.

Kaede se volteo para reclamarle pero se quedó paralizada al verlo. Se veía guapo, muy guapo. Sus ojos risueños bailando en su cara, su cabello tan alborotado como esa tarde durante la comida. El traje le sentaba perfecto, además era de esos chicos que pueden lucir tan relajados en un traje como si fueran unos jeans, un par de tenis y una camiseta sencilla. La combinación del traje formal, con el cabello despeinado y la pose perezosa le daban un aire tan... sexi. Se mordió el labio de manera inconsciente y desvió la mirada. Por suerte para ella Kaito no la veía, miraba mas allá de ella, donde sus padre platicaban amenamente en una esquina retirada. Parecían una parte esencial del paisaje, como si siempre hubieran pertenecido ahí y a la vez se veían tan apartados, inmersos en su mundo, tal y como en la comida de la tarde. Kaito frunció el seño, tomo a la chica Uchiha de la muñeca y la arrastró al balcón.

—Se gustan—anunció y Kaede lo miro sin comprender—. Tu padre y mi madre—explico—, estoy seguro de que se gustan.

La chica miro al interior, donde ambos platicaban, y reconsidero la idea.

— ¿Y qué quieres que yo haga?

—Tu madre—dudo—, no iba con ustedes en la tarde.

—Mis padres se divorciaron cuando yo tenía 9 años.

—Mis padres se divorciaron hace 5 años—informó Kaito—yo tenía 12. Desde entonces no había vuelto a ver a mamá sonreír como ahora.

El chico miraba al interior con aire nostálgico, Kaede siguió su mirada. Su padre parecía relajado y a gusto, como solo se veía cuando estaba con ella. Sonrió.

—Hmp, ¿Y qué propones Cupido?

—No estoy seguro, solo sé que quiero que estén juntos.

—Bueno, supongo que no tengo otra opción más que apoyarte.

Por alguna razón la idea de que su padre saliera con Hyuga Hinata no le incomodaba, de hecho le agradaba. Muy diferente al caso de su madre y su noviecito. Tal vez era porque su padre y Hinata parecían adultos mientras que su madre y aquel hombre parecían adolecentes en su primer noviazgo, le daría diabetes de solo verlos.

Kaede vio como Hinata resbalaba con algo y su padre la atrapaba por la cintura antes de que terminara de caer quedando sus rostros a escasos milímetros. El momento se congelo un par de segundos antes de que ambos se incorporaran como resortes y comenzaran a disculparse evitando cruzar sus miras. Sonrió para sí. Miro a Kaito y el también sonreía. Se miraron a los ojos y supo que ambos pensaban lo mismo: eso sería divertido.

Prologo

En la fiesta de graduación 4 amigos se disponían a tomarse "la foto del recuerdo". Sasuke se limito a ver la cámara con aire de indiferencia mientras entrelazaba sus dedos con los de Sakura quien sonreía complacida al saber lo mucho que ese gesto significaba por parte de su novio. Naruto en cambio se acerco a Hinata desde atrás y la abrazo por la cintura atrayéndola hacia él y apoyando su barbilla en el hombro de esta. Hinata desvió la mirada avergonzada y su novio mostro esa radiante sonrisa de la que se había enamorado a la cámara.

En ese momento todo parecía tan simple y perfecto. Para ellos sus vidas ya estaban trazadas con un felices para siempre junto a la persona que amaban. Pero el destino tenía otros planes para ellos.

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17 años después…

Kaede caminaba tranquilamente por las calles e la ciudad. La mochila que llevaba al hombro tenía ropa para dos días. Ciertamente en el cuarto que su padre reservaba para ella en el departamento tenía ropa de emergencia, pero prefería llevar ropa aparte. No se había despedido de su madre al salir y ahora se sentía culpable y no podría hacer nada para remediarlo hasta el lunes que regresara con ella después de la escuela. Pero la culpa era de ella, de ella y de su estúpido noviecito. Desde que ese tipo había aparecido en sus vidas pareciera que ya no tenía madre, sino que esta se había empezado a comportar como una colegiala enamorada, de esas que tanto le desesperaban. Siempre había sido consiente que su madre era del tipo meloso, explosivo y un tanto superficial y la había aceptado así, aunque al igual que su padre ese tipo de personalidad escandalosa tendía a desesperarla. Pero una cosa era soportar a su madre y otra muy diferente era soportar a una amiguita chismosa y en esos momentos Haruno Sakura parecía más lo segundo.

Con un suspiro resignado se paro frente al gran edificio de departamentos de lujo y saco la llave digital para entrar. Camino al elevador para llegar a la suite presidencial y abrió con su llave.

—Estoy en casa—se anuncio dejando los zapatos en el recibidor y caminando tranquilamente a su habitación a dejar las cosas.

—Bienvenida—la voz de su padre le correspondió desde la cocina.

Lanzó la mochila sobre su cama y fue a ver a su padre.

—Te ayudo—le dijo al verlo preparar el desayuno.

Uchiha Sasuke era el mejor cocinero que Kaede hubiera conocido y ella era la única persona dichosa de saber aquello. Por alguna razón su padre había mantenido sus habilidades culinarias en secreto, tanto así que ni su madre, que había vivido por más de 9 años a su lado, lo sabía.

—Mejor pon la mesa—le indico mientras sacaba otro hot cake y lo ponía en un bol.

Sasuke miro a su hija. Esa chica de 16 años era su viva imagen. Sus facciones y cabello negro hasta la cintura, su pose altanera, su seño fruncido, su mirada fría y la personalidad cerrada y orgullosa la hacían su versión femenina. Lo único que la chica había heredado de su madre era, aparentemente, los ojos jade y la piel de un par de tonos más clara que la de él. Sin embargo Sasuke sabía bien que había heredado de Sakura algo más que eso. Cuando Kaede llegaba a estresarse lo suficiente la personalidad explosiva de su ex-esposa salía a flote, además, quisiera aceptarlo o no, era muy interesada de la opinión que los demás tenían sobre ella y su personalidad altiva era, en realidad, fruto de esto.

—Ya esta, papá—lo llamó.

—Siéntate, en un momento ya voy.

Comieron en calma y después se sentaron a jugar ajedrez.

— ¿Quieres ir a comer fuera como a eso de las dos de la tarde?—pregunto su padre y ella complacida le dedico una sonrisa y comenzó a asentir, otro gesto de Sakura.

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Kaito se sentía feliz. Esa misma mañana su madre le había acompañado para terminar con los trámites de cambio de apellido. A partir de ese día, a las 12:47 era orgullosamente un Hyuga. Estaba seguro de que su abuelo, sus tíos y el consejo estarían orgullosos con su decisión. Pero sobre todo estaba feliz de ya no ser más un Uzumaki, estaba feliz de al fin librarse del apellido de su padre.

—Te amo, ma—le dijo a Hinata inclinándose sobre la mesa y regalándole un tierno y cálido abrazo.

Se volvió a acomodar en su lugar y alzo el papel en alto, aquel en donde decía que oficialmente ya no era Uzumaki. Hinata, su querida y adorada madre le había suplicado miles de veces que se reconciliara con Naruto pero simplemente no podía. Y no, lo que le molestaba tanto no era la separación de sus padres, él sabía bien que habían llegado a un punto en que ya no entendían y habían decidido que lo mejor era separarse. El verdadero problema era otro y tenía nombre: Shion, la sacerdotisa. Shion era el tipo de sacerdotisa con poderes "mágicos" que se pierden junto con la virginidad y, aun así, el día que Kaito la encontró en su casa mientras su madre estaba en una junta de la empresa, tenía de virgen lo mismo que su padre de fiel, es decir, nada. Sin embargo nunca se lo pudo decir a su madre, no a esa mujer bondadosa y frágil. Sabía bien que si ella se enteraba, aun después de haber terminado con él, se quebraría en mil pedazos y no, no podía permitir eso.

Kaito era una extraña mescla entre el carácter Hyuga y el Uzumaki. Podía actuar tan frio y altanero, como alegre y precipitado, pero, sobre todo, siempre mantenía la serena amabilidad de su madre. Sus ojos eran azules y su cabello una extraña mescla de mechones rojo intenso y azul marino que le daban un aparente color morado. Aunque le doliera admitirlo su corte era en mismo que el de su padre a excepción de la trenza que salida desde su nuca y se extendía hasta su cintura. Sus facciones y color de piel eran los mismos que de su madre.

Habían pasado toda la mañana esperando a que el trámite finalizara así que apenas estaban por almorzar y, para apresurar las cosas, pasaron a comer a un restaurante del centro comercial. Kaito prefería mil veces la comida de su madre pero tenia demasiada hambre como para replicar, además, un descanso para Hinata nunca estaba demás. Kaito adoraba a su madre, si alguien le preguntara quien era la persona más preciada en su vida respondería que ella sin vacilar ni por un momento.

El mesero llego para preguntar que querían comer. Y después se perdió en sus pensamientos hasta que oyó a su madre hablar con alguien.

—… Me alegra escuchar eso, Sasuke-kun

El hombre que estaba parado al lado de la mesa era alto, cabello y ojos negros y porte elegante; seguramente tenía la misma edad que su madre. La chica al lado de este, que seguramente era su hija, era su viva imagen. Todo de ella, desde su cabello hasta su pose y gestos, eran una copia de él; todo menos los ojos, esos bonitos ojos verdes, de los que no podía despegar la vista, que le producían la sensación de que se estuvieran aguantando la risa, ¿cómo decirlo?, trataba de mantener la mirada tan fría como la del hombre a su lado pero algo en esos ojos parecía querer ponerse a brincar, ojos risueños que tratan de no serlo.

— ¿Iras a lo de esta noche, Hyuga?—la forma de hablar del hombre era golpeada pero su madre parecía acostumbrad a ello. Además, a pesar de que él la llamara por su apellido parecían ser muy cercanos.

A la chica le rugió el estomago. Kaito miro divertido como un lindo sonrojo adornaba sus mejillas mientras que trataba por todos los medios aparentar que nada había pasado y, sin poder evitarlo, empezó a reír. La chica se puso aun mas roja y de manera nerviosa le comenzó a ordenar que se callara.

— ¿No te recuerdan a alguien?—le pregunto Sasuke a Hinata y esta simplemente le sonrió.

— ¡Cállate¡—volvía a replicar la chica.

—Lo siento—Kaito se limpio una lágrima que se le había escapado de la risa—, es que te viste tan tierna—exclamo e hizo señas a un mesero antes de que a chica pudiera volver a replicar—. Disculpe, ¿podría traer asientos para el caballero y la señorita?, por favor.

El mesero rápidamente arrimo un par de sillas mas a la mesa y comenzó a poner los lugares faltantes.

—Nunca creí que alguien que se pareciera tanto al Dobe podría ser tan atento y educado—comentó Sasuke tomando asiento.

Hinata simplemente rió y él comprendió que era mejor, para los dos, evitar el tema de sus ex-esposos.

—Por cierto, no los he presento—exclamo Sasuke y acto seguido señalo a su hija quien en seguida se puso más derecha—. Ella es mi hija, Kaede, Uchiha Kaede. Yo soy Uchiha Sasuke—esta vez se dirigía a Kaito—, conozco a tu madre desde siempre, es un placer.

—Mucho gusto—lo secundo su la chica.

—Es un placer, mi nombre es Hyuga Kaito—que bien se sentía decirlo así— y mi madre es Hyuga Hinata.

—Mucho gusto—finalizo Hinata.

Sasuke hizo señas al mesero y él y Kaede ordenaron. Después de eso Sasuke y Hinata se sumergieron en su mundo, hablando de cosas de mucho antes de que sus hijos hubieran nacido, de cuando eran niños y se escapaban a jugar al jardín durante las aburridas fiestas de sociedad a las que más tarde se negarían a llevar a sus hijos.

Kaede y Kaito los miraban en completo mutismo mientras comían. En un par de ocasiones el Hyuga trato de hacerle la plática, pero ella parecía decidida a mantener su papel de chica fría a toda cosa así que, al final, desistió. Antes de irse los mayores cruzaron mirada, todavía no estaban seguros de hacerlo pero era cierto que en algún momento sus hijos tendrían que sumergirse en ese mundo.

—Kaede, Kaito—los llamo la mujer

—Queremos saber si les gustaría acompañarnos a una fiesta de la alta sociedad esta noche.

— ¡Sí!—respondió Kaede.

Tal como Sakura—pensó Sasuke con cierto pesar—, es tal como Sakura.

—Suena bien—la secundó Kaito con una radiante sonrisa, la sonrisa de Naruto.

_.-~-._.-~-._.-~-._.-~-._.-~-._.-~-._.-~-._.-~-._.-~-._.-~-._.-~-._.-~-._.-~-._.-~-._.-~-._.-~-._.-~-.

Kaede se paseaba por el gran salón. Se sentía soñada estando en ese ambiente, ahí era a donde ella partencia, estaba segura. Su padre le había comprado un hermoso vestido azul eléctrico esa misma tarde. Tenía una hermosa caída hasta las rodillas, escote cruzado y una pretina que realzaba su cintura además de un sutil adorno de perlitas sobre esta. En la estética la habían peinado de una elegante coleta alta que habían retocado haciéndole bucles. La habían maquillado con un sutil rubor rosado, labial rojo con un poco de brillo y un marcado delineado que realzaba sus ojos.

— ¿Cómo estas, Ka-e-de-chan?—Kaito se había acercado a ella por la espalda y había susurrado a su oído provocando que un escalofrió le recorriera la espalda.

Kaede se volteo para reclamarle pero se quedó paralizada al verlo. Se veía guapo, muy guapo. Sus ojos risueños bailando en su cara, su cabello tan alborotado como esa tarde durante la comida. El traje le sentaba perfecto, además era de esos chicos que pueden lucir tan relajados en un traje como si fueran unos jeans, un par de tenis y una camiseta sencilla. La combinación del traje formal, con el cabello despeinado y la pose perezosa le daban un aire tan... sexi. Se mordió el labio de manera inconsciente y desvió la mirada. Por suerte para ella Kaito no la veía, miraba mas allá de ella, donde sus padre platicaban amenamente en una esquina retirada. Parecían una parte esencial del paisaje, como si siempre hubieran pertenecido ahí y a la vez se veían tan apartados, inmersos en su mundo, tal y como en la comida de la tarde. Kaito frunció el seño, tomo a la chica Uchiha de la muñeca y la arrastró al balcón.

—Se gustan—anunció y Kaede lo miro sin comprender—. Tu padre y mi madre—explico—, estoy seguro de que se gustan.

La chica miro al interior, donde ambos platicaban, y reconsidero la idea.

— ¿Y qué quieres que yo haga?

—Tu madre—dudo—, no iba con ustedes en la tarde.

—Mis padres se divorciaron cuando yo tenía 9 años.

—Mis padres se divorciaron hace 5 años—informó Kaito—yo tenía 12. Desde entonces no había vuelto a ver a mamá sonreír como ahora.

El chico miraba al interior con aire nostálgico, Kaede siguió su mirada. Su padre parecía relajado y a gusto, como solo se veía cuando estaba con ella. Sonrió.

—Hmp, ¿Y qué propones Cupido?

—No estoy seguro, solo sé que quiero que estén juntos.

—Bueno, supongo que no tengo otra opción más que apoyarte.

Por alguna razón la idea de que su padre saliera con Hyuga Hinata no le incomodaba, de hecho le agradaba. Muy diferente al caso de su madre y su noviecito. Tal vez era porque su padre y Hinata parecían adultos mientras que su madre y aquel hombre parecían adolecentes en su primer noviazgo, le daría diabetes de solo verlos.

Kaede vio como Hinata resbalaba con algo y su padre la atrapaba por la cintura antes de que terminara de caer quedando sus rostros a escasos milímetros. El momento se congelo un par de segundos antes de que ambos se incorporaran como resortes y comenzaran a disculparse evitando cruzar sus miras. Sonrió para sí. Miro a Kaito y el también sonreía. Se miraron a los ojos y supo que ambos pensaban lo mismo: eso sería divertido.