Cuando las flores lloran

Primer capítulo:

Iris abrió sus ojos con languidez, despertándose por enésima vez en el transcurso de dos horas. Sus párpados se sentían bastante pesados, consecuencia de una falta de sueño de calidad. La joven arrastró una mano a través de su cara, y descubrió con irritación que esta se encontraba grasosa. Además del aburrimiento, esta era la razón principal del porque Iris detestaba tanto los viajes largos, pues al terminarlos, siempre descubría un par o dos de espinillas nuevas adornando su piel. Suspiró cansinamente y sacó su celular del bolsillo. La pantalla se iluminó, mostrándole a Iris la hora.

"Siete y media." Sonrió y estiró sus brazos, sintiéndose satisfecha en cuanto oyó sus articulaciones tronar "Pasarán de seguro por lo menos otros veinte minutos más hasta llegar."

Su sonrisa desapareció despacio, sintiendo como el tedio volvía a invadir cada espacio de su mente. Chasqueando la lengua, Iris se reclinó sobre su asiento y miró por fuera de la ventana. El sol, por supuesto, ya se había ocultado. Incluso con sus lentes puestos, los colores y siluetas de los árboles apenas eran visibles gracias a las luces pasajeras que alumbraban la carretera.

"Ah, un bosque." Iris pensó vagamente. Ella sabía, de lo que le había contado su madre, que su tía Aurora no vivía precisamente cerca de la civilización. Pero por alguna razón, se había imaginado campos más abiertos y claros, aquellos donde vacas y caballos suelen pastar. Resopló y agitó ligeramente su cabeza ante esa idea, dándose cuenta de que era un tanto ridícula.

"Sí claro… Como si estos fueran los Alpes Suizos."

Volvió a dirigir su mirada hacia las interminables arboladas. No tenía nada en contra de los bosques. Caso contrario, le encantaban. Dar paseos en sus interiores en un día especialmente caluroso provocaba una sensación deleitante gracias al agradable frío que producía la humedad y sombra de los árboles. Iris adoraba el olor a tierra mojada y plantas frescas, acompañado del tranquilizante sonido que las hojas creaban cuando, empujadas por el viento, se acariciaban entre sí. Le parecía casi mágico observar como los dorados rayos del sol se deslizaban a través de las ramas, formando así hermosas figuras abstractas sobre el suelo oscuro.

Y sin embargo, en cuanto caía la noche, Iris no podía evitar sentirse intimidada por los mismos bosques, que junto a la oscuridad, parecían ganar un aspecto siniestro y letal.

"Bueno, voy a vivir junto a este bosque por los siguientes dos meses. Mejor acostumbrarse pronto."

Aunque a algunos adolescentes les hubiera horrorizado el prospecto de pasar la mayoría de sus vacaciones en medio de la nada con un familiar que apenas recordaban de la niñez, Iris en realidad se sentía aliviada ante ello. Ella adoraba a la gente y amaba a sus amigos, sin embargo para una introvertida; diez meses de drama escolar, lidiar con pubescentes molestos y profesores odiosos eran más que suficientes. Su descanso estaba merecido. Además, según su tía, el pueblo habia sido lo suficientemente modernizado y ella tenía Wifi en su casa. A Iris, esto le sentó demasiado bien. Puede que fuera menos energética y extrovertida que el adolescente común pero aun seguía siendo una adolescente, y realmente no lo iba a negar; La conexión inalámbrica era una comodidad de la que no quería abstenerse por demasiado tiempo.

Permaneció sentada en silencio por el resto del camino, ignorando con eficiencia el roncar de su compañero de asiento. Para su desgracia, este era un hombre saliendo de sus veinte que emanaba un sofocante tufo a marihuana.

"Me tendré que duchar apenas llegue para deshacerme de este olor." Iris se mordió el piercing que colgaba de una esquina de su labio, observando un tanto distraída casas de madera que empezaban a aparecer a un lado del camino, señalizando su pronta llegada al pueblo.

La terminal se alzó ante sus ojos no más de diez minutos después. Arrugando la nariz, Iris saltó de su asiento apenas el autobús se detuvo. Olfateó su cabello con discreción, inmediatamente encontrándose disgustada al detectar restos de olor a "orégano quemado". Sus piernas se encontraban algo entumecidas a causa de la falta de movimiento y con algo de torpeza bajó las escaleras, siguiendo al resto de pasajeros al compartimiento donde se encontraba su equipaje.

La joven se estaba dirigiendo hacia una banca, esta vez con una pesada maleta en mano, cuando una voz femenina llamó su atención.

-¡Iris!- Una mujer en sus cuarentas apareció de entre la pequeña multitud. Sacudía su mano en el aire de un lado al otro con fiera emoción, sonriendo y desarreglando aun más su ya improvisado moño. Su cabello era de un café oscuro, Iris notó, como el de su madre y el de ella misma. La diferencia era que el de su tía parecía rebelarse en la forma de rizos salvajes, mientras que sus propias hebras caían delicadamente sobre sus hombros como ondas sencillas.

Un delicioso aroma a perfume invadió la nariz de Iris el segundo que la mujer la abrazó, un cambio al cual le daba la completa bienvenida después de haber soportado el hedor a hierba por más de siete horas. Aurora se retiró, inspeccionando a su sobrina de la cabeza a los pies.

-¡Ay mi niña, pero como has crecido! Te pareces bastante a tu madre y a mí-. Sonrió con picardía y guiñó un ojo- Menos mal que heredaste el buen gen-. Iris rió de buena gana.

-Ah, tía ¿Qué diría mi padre si te escuchara?- Aurora ladeó la cabeza juguetonamente.

-Patrick sabe que amo molestar a la gente. Admiro a ese hombre, hay que tener pelotas de diamante para casarse con mi hermana sabiendo la clase de familia que ella tiene… ¡Oops! No le digas a Gloria que hablé así en frente tuyo. Quisiera evitarme el sermón.

Iris levantó ambas cejas en respuesta, caminando junto a su tía que había comenzado a dirigirse hacia un coche azul platino.

-¿Oh? No tenía en cuenta que "pelotas de diamante" fuera una frase lo bastante soez como para ofender a mi madre.

Aurora la fulminó con la mirada en cuanto escuchó su tono burlón, aunque su boca fruncida por el esfuerzo de mantener una sonrisa bajo control era la prueba de que le estaba siguiendo la corriente a su sobrina. Bufó falsamente mientras abría el maletero, guardando el equipaje de Iris antes de dirigirse al asiento del conductor.

-"Soez"-. Imitó en una voz infantil.-En verdad te pareces bastante a tu madre con esas palabritas elegantes.

Soltando una ligera risa y alzando sus manos en señal de rendición, Iris se sentó en el asiento del copiloto.

El viaje, aunque corto, fue uno animado; constando de varias anécdotas y juegos divertidos. Iris concluyó que le agradaba mucho su tía. Aparte de llamadas ocasionales, incluyendo las obligatorias de cumpleaños y navidad, no habían tenido realmente mucho contacto en el pasado, e Iris empezaba a sentirse un poco culpable por ello.

-Me alegro de haberte visitado-. Dijo de repente, esbozando una leve pero sincera sonrisa. La mujer de pelos salvajes parpadeó un par de veces al oír tal espontánea confesión. Sus ojos grises se retiraron de la calle por un par de segundos para mirar a su sobrina con ternura.

-Sí, también me alegro… han pasado ¿cuatro años, creo? Desde la última vez que te vi.

-Cinco-. Corrigió Iris. –Aún tenía once años.

Hubo una ligera pausa donde ninguna dijo nada, hasta que Aurora rompió el silencio.

-Ya veo. Bueno, entonces será mejor recuperar ese tiempo perdido, ¿no te parece?- Exhaló fuertemente, el aire saliendo con un son algo tembloroso. –Mañana de daré un tour, ¿de acuerdo? Pero tendrá que ser temprano. Debo estar en la editorial mañana a las dos de la tarde. Tendré que salir a la una para llegar a tiempo y no regresaré hasta las ocho, probablemente- Informó compungida. Iris, aunque un tanto decepcionada, sonrió comprensiva.

-No te preocupes. Tienes dos meses para compensármelo.

Aurora asintió, y ambas continuaron el resto del viaje en silencio.


La casa de su tía estaba localizada al otro extremo del pueblo, bordando con el bosque. Iris admitió para si misma que era una casa encantadora, si no algo rústica. Alcanzando dos pisos más la buhardilla, estaba construida casi completamente de madera y presentaba una simpática fachada pintada de varios colores. Flores sembradas en maseteros colgaban de las ventanas, dándole a la casa una apariencia alegre incluso durante la noche.

Muy bonita, sin duda. Aunque algo grande para una sola persona.

-¿Me estás diciendo que Tiger no cuenta como habitante oficial de este hogar?- Su tía forzó un puchero, sosteniendo a un voluminoso gato atigrado que les había dado la bienvenida dentro de la casa apenas entraron. Iris rodó sus ojos juguetonamente.

-No, preguntaba porque esta casa no debió ser barata, y francamente creo que es innecesariamente espaciosa para un… perdón, dos habitantes. ¿Y en verdad llamaste a tu gato "tigre" en inglés?

-¿Mhm? No veo cual es el problema. Además, la estaban vendiendo tan barato que hasta era ridículo. Pregunté si de casualidad se había cometido un asesinato o algo así, pero parece que la gente del pueblo simplemente se rehúsa a vivir tan cerca del bosque. Mejor para mí, si te soy sincera. Este lugar es perfecto para un escritor; tranquilo e inspirador-. Aurora, abstraída de repente, empezó a acariciar al felino en sus brazos. Iris la observó incrédula.

-¿Y eso no te pareció sospechoso en lo absoluto?

-Bueno, la desconfianza a esta casa proviene de una leyenda local-. Empezó a explicar, dejando al gato sobre el suelo y poniéndose de pie. –Ven, debes estar cansada. Déjame mostrarte tu cuarto y te contaré un poco más. Mañana puedes preguntarles también a los residentes si sigues curiosa.

A pesar de aquellas palabras, ambas recorrieron su camino al segundo piso en absoluto silencio. Iris dio golpecitos impacientes sobre sus muslos con las yemas de sus dedos, encontrándose curiosa e impaciente por oír la historia, la cual suponía, iba a ser de terror.

¿Tan solo qué era lo que mantenía tan paranoicos a los pueblerinos, para que ni siquiera quisieran vivir al pie del bosque?

"Ugh, me voy a arrepentir de esto."Iris refunfuñó en sus pensamientos. Aunque fuera una fanática del folklore e historias de terror, por lo general terminaba aterrorizada de ellas al final del día. Por un lado, por ejemplo, le parecía divertido ver películas de este género y observar los errores que cometían los protagonistas, burlándose de su estupidez.

"En verdad, ¿Quién correría escaleras arriba en lugar de salir de su propia casa?" o "Ese puto muñeco asesino no les llega ni a las rodillas, mierda. ¡Qué alguien lo sostenga mientras el otro acaba con él!" Eran algunos de los comentarios que pasaban por su cabeza. Sin embargo, durante la noche, aquel pensamiento racional perdía contra las vivaces llamas de su imaginación, las cuales creaban figuras sobre las paredes y fabricaban sonidos inexistentes para sus oídos. La historia que le iba a contar su tía tendría sin lugar a dudas un efecto similar.

"Y con la suerte de porquería que tengo, por supuesto que me dieron esta habitación." La voz amargada de su cabeza se quejó al investigar la recámara que Aurora había preparado para ella. A simple vista, no había nada de malo con esta; era de tamaño satisfactorio. Estaba amueblada con un cama de dos plazas, un armario color caoba y un escritorio y mesita de noche que le hacían juego. Las paredes eran de un celeste genérico, y un retrato de frutas colgaba de una de ellas.

No, lo que le molestaba eran los grandes ventanales franceses que daban directamente hacia bosque.

Aurora dejó el equipaje de Iris a un lado mientras empezaba a darle explicaciones estándares sobre la casa, como la localización del baño y el toque de queda.

-Y si tienes hambre, puedes coger lo que quieras del frigorífico. Estás en tu casa ¿sí? Y trata de no adentrarte mucho al bosque, o cuando sea demasiado tarde. No es que me preocupen los cuentos de la gente, pero sería fácil perderse.

Iris decidió aprovechar la ruta que había seguido el tema.

-Hablando del bosque, ¿podrías contarme sobre la leyenda local que mencionaste hace un rato?- Los ojos de Aurora rodaron a su izquierda, probablemente recordando los detalles del relato.

-Hmm… -Se sentó sobre el colchón y le dio un par de palmaditas a las cobijas, dándole una invitación muda a su sobrina para sentarse a su lado. Iris la tomó y sin una palabra se hundió entre los cobertores.

-¿Y bien?- Iris le animó para que continuara.

-Pasa que hace algunos años, muchos niños locales empezaron a desaparecer. Literalmente. Un día, sus padres aún los veían jugar felices en la plaza principal, y al siguiente, ¡whoosh! Ni rastro de ellos. Desvanecían como si de aire se trataran, no importaba que sus padres colocaran barrotes en las ventanas, o trataran de vigilarlos las veinticuatro horas al día; apenas anochecía y se volteaban un segundo, sus pequeños ya no estaban.-. Iris levantó ambas cejas, sorprendida por el directo y oscuro inicio con el que había empezado su tía.

-¿Y los padres nunca escuchaban nada? ¿No había señales de forcejeo?

-Aparentemente, eso era lo más extraño. Nunca encontraban pista alguna de que alguien más haya estado dentro de la habitación. Este era un secuestrador fantasma. Un flautista de Hamelin.

-Ya veo-. Iris frunció el ceño, tratando de visualizar como algo así era posible.

-Un par de testigos habían observado a los niños entrando, saliendo, o paseando cerca del bosque días antes de su desaparición. Esto era algo que todas las victimas tenían en común. Por supuesto, mandaron a varios grupos de rescate para encontrar a los niños o al criminal. O a ambos, si tenían suerte. Fueron varias personas las que iniciaron su búsqueda, aunque las últimas cuatro casi no regresan, y dos no regresaron del todo.

Aurora pausó un par de segundos antes de continuar.

-Los sobrevivientes apenas pensaban con coherencia, y se encontraban en un gran estado de histeria y terror cuando unos pueblerinos los encontraron. El único capaz de articular palabras alguna era en ese momento un hombre que había emigrado de los Estado Unidos: "It was a slender man! The slender man did this! H-he always watches, please! Oh please, don't let him catch me!"… O algo así fue lo que dijo. Supongo que tu inglés es lo suficientemente bueno como para saber lo que esto significa.

Iris asintió afirmativamente con la cabeza.

-Varios pueblerinos creyeron que el buen hombre había perdido un tornillo cuando le preguntaron por una descripción de lo que había visto, aunque no tuvieron más opción que creerle cuando los otros tres afirmaron lo mismo.

-¿Qué es lo que vieron?- La joven se acercó un tanto a su tía con ojos cómicamente abiertos.

-Bueno, inspirado en las primeras palabras del Americano, te podría resumir que esencialmente…

Iris tragó en seco, mordiéndose el aro de metal atravezando su labio.

-Slenderman, fue al que tuvieron el infortunio de ver.


Iris se encontraba sentada sobre su cama, ahora en su pijama y cepillando su pelo mojado. Observaba el bosque a través de los cristales, su cabeza siendo aún acosada por lo que le había contado su tía hace tan solo una hora atrás.

-Sí claro, una entidad alta y sin rostro que ronda por los bosques en traje para matar niños-. Se burló en voz alta adrede, queriendo ahogar momentáneamente los sonidos de las cigarras y el viento.

-Bueno, técnicamente no soy una niña. Así que aunque existiera, no vendría a por mí-.

Se convenció, aplacando un poco los fuertes latidos de su corazón. Echándole un último vistazo al bosque, Iris se quitó los lentes y los dejó encima del velador. El mundo se convirtió en seguida en una mancha borrosa, siendo únicamente visible a tan solo unas palmas de distancia. Con un último y profundo suspiro, apagó la lámpara sobre su mesita de noche y se tapó con las cobijas. Permaneció acostada en posición fetal en medio de la oscuridad, abrazando una almohada contra su pecho. Giró sobre la cama, su cara encontrándose contra el inicio de las arboladas. Incluso sin sus lentes, el indiscernible templo de la naturaleza parecía alzarse de forma macabra ante ella, e Iris maldijo las sombras y figuras abstractas que tanto amaba durante le día. Creyó ver como algo se movía afuera por el rabillo del ojo, y le dio la espalda a las ventanas inmediatamente.

"Es el viento moviendo las ramas." Trató de igualar su respiración. "El solo viene a por niños." Repitió el mantra dentro de su cabeza una y otra vez hasta tranquilizarse.

"Estoy a salvo." Fue lo último que cruzó su mente antes de sumirse en un sereno sueño profundo.

...

Ah, si tan solo hubiera sabido lo equivocada que estaba en ese momento.


Nota de autora:

Puede que me haya emocionado un poco, aunque con las descripciones que agrego es posible que mis capítulos siempre sean así de largos. Sé que a algunas personas les molesta cuando hay demasiados detalles, así que también trataré de ir al grano. (Aunque en lo personal me molesta un poco… bueno, bastante cuando se va al grano de inmediato sin descripciones, caracterización o formación alguna.)

Esta va a ser un fanfic un tanto más realista que la común. Aunque habrá algo de Slender x OC, esto pasará eventualmente, porque, seamos sinceros; Si ustedes vieran a un monstruo sin rostro conocido por secuestrar a la gente, no pensarían "Hmm, me da algo de miedo, pero me intriga a la vez. Apuesto que es una criatura malentendida y hay un corazón de oro bajo toda esa aparente maldad, ¡puedo cambiarlo! Es completamente hermoso a pesar de tener una apariencia completamente innatural y hostil."

Jaja… no. En lo personal, estoy segura que la primera impresión de alguien en su sano juicio sería "Nope, nope, nope. Ah ah. Niet, nein, non. Me largo de aquí, quiero vivir. Hora de mudarse al desierto."

Esta es mi segunda fanfic escrita en español, la primera está en inglés y es de Death Note. Admito que escribo mucho mejor en mi idioma materno, pero si saben inglés y están en el fandom pueden pasar por la historia y leerla.

Por cierto, si no saben un carajo de inglés, aquí está la traducción de lo que dijo el Americano:

"It was a slender man! The slender man did this! H-he always watches, please! Oh please, don't let him catch me!"/ "Fue un hombre delgado. El hombre delgado hizo esto. El siempre está observando, por favor. Oh por favor, no dejen que me atrape."

Wavywavy se va, los veré en el siguiente capitulo :D