Dreamer1104: No sé si esto era lo que tenías en mente cuando me pediste que muestre un poco del futuro de Liam y Rose, pero fue lo que se me ocurrió. Espero que te guste :)


Liam Jones estaba acostumbrado a que el amor siempre se relacione con la magia, o como algunas personas decían fenómenos extraños.

Sus padres, Killian y Emma, se habían conocido por medio de sus sueños. Esa era su historia favorita cuando era niño. Cada noche, antes de dormir, insistía a alguno de sus padres para que le relate la historia deseando que a él algún día le suceda algo así de distinto al normal de las personas.

Henry, su hermano mayor, se conoció con su novia Violet gracias a sus historias. Henry escribía sobre ella antes de conocerla, y Violet escribía sobre él antes de conocerlo.

Leia, su hermana dos años menor que él, conoció a su novio Charles en el colegio. Hasta ese entonces todo parecía normal, hasta que se dieron cuenta que juntos podían hacer que lo que sea que quieran crezca. Y así es como, más de una vez, el jardín de su casa parecía repleto de diversos tipos de flores.

Liam había conocido a Rose cuando tenía seis años, en su primer día de ingreso a la escuela primaria. Cuando ambos tenían ocho años se dieron cuenta que podían leerse sus pensamientos. A partir de ese momento se volvieron mejores amigos, inseparables e incondicionales. Pero recién cuando Liam tuvo que elegir con quien ir al baile de graduación se dio cuenta que estaba enamorado de su amiga, ya que era ella a quien quería llevar de cita. Pero, ¿Cómo podía hacer para no arruinar la fuerte amistad que había entre ellos? ¿Y si ella lo rechazaba y no quería ir al baile con él? ¿Y si aún peor, después de eso no quería ser más su amiga?

- Papá, ¿Cómo haces para invitar a una chica a la graduación? - Pidió saber Liam a su padre.

- Le preguntas si quiere ir contigo. - Sugirió Killian.

- Papá eso ya lo sabía, estoy hablando en serio, pidiendo detalles. - Aclaró Liam sintiéndose frustrado.

- ¿Quién es la afortunada? - Preguntó Killian centrando toda la atención en su hijo y sientiendo una gran curiosidad.

- ¿Importa? - Retrucó Liam.

- Claro que importa, porque si es una chica a la que le tienes afecto y te importa que vaya contigo debes hacérselo saber. - Respondió Killian con sinceridad. - Tienes que hacerle saber que si ella acepta tu invitación, tú eres el afortunado por ir con ella. - Aconsejó.

- ¿Y si dice que no? - Preguntó Liam, sintiendo algo de miedo ante la posibilidad.

- Ella se lo pierde. - Contestó Killian sintiéndose orgulloso del hijo que tenía. - Pero nunca sabrás si no se lo preguntas, recuerda que un hombre que no pelea por lo que quiere tiene lo que se merece. - Concluyó.

- Bien. - Asistió Liam.

- No te preocupes tanto, estoy seguro que Rose va a decir que si. - Lo animó Killian al notar que todavía seguía tenso.

- ¿Cómo sabes que es a ella a quien quiero invitar? - Preguntó Liam sorprendido.

- Porque la miras como yo miro a tu madre. - Dijo Killian.

Liam se tomó un par de días para pensar bien la situación, y cada vez que se leían los pensamientos con Rose se aseguraba de bloquear todos sus pensamientos referentes al baile. Finalmente decidió que iba a ser valiente y arriesgarse, eso era lo que le había enseñado su familia cuando se trataba de amor. Ahora era el turno de Liam de apostar por amor y ganar. Y así fue al colegio decidido a encarar a su amiga e invitarla a la graduación, con una rosa roja para darle ya que sabía que era su flor favorita.

- Hola. - La saludó él con confianza.

- Hola. - Lo saludó Rose mostrándose algo tensa ante su presencia.

- ¿Cómo estás? - Preguntó él notando que ella estaba actuando extraño.

- Con poco tiempo para hablar. - Respondió ella cerrando su casillero al terminar de agarrar los libros que necesitaba.

- Bien, seré breve. - Prometió él para no hacerla poner más tensa de lo que estaba. - Tengo una invitación para hacerte. - Dijo él ofreciéndole la rosa.

- Mi favorita. - Dijo ella aceptando la rosa y llevándosela a la nariz para olerla.

- Lo sé. - Dijo él con una sonrisa al notar que ella había logrado calmarse un poco.

- ¿Qué clase de invitación? - Pidió saber ella.

- Me gustaría que seas mi cita para la graduación. - Respondió él con seguridad. - ¿Qué dices? ¿Te gustaría ir al baile conmigo? - Cuestionó después de unos segundos de absoluto silencio.

- Pero nosotros somos amigos. - Dijo ella confundida.

- Pero podemos ser más. - Dijo él dando un paso hacia ella.

. No. - Dijo ella dando un paso hacia atrás para alejarse de él. - Yo no puedo, ya soy la cita de alguien. - Confesó.

- ¿De quién? - Preguntó él, la decepción comenzando a invadirlo.

- De Mark. - Contestó ella. - Y por cierto tendremos que mantener la distancia, a él no le gusta que seamos tan amigos y eso que ni siquiera le conté lo de nuestros pensamientos. - Soltó rápidamente.

- ¿Y por qué le tenemos que hacer caso? - Preguntó él doblemente dolido, no solo estaba siendo rechazado sino que estaba perdiendo a su amiga.

- Porque está celoso y tiene razón en estarlo, nuestra amistad es extraña. - Dijo ella sintiéndose frustrada.

- ¿Extraña porque podemos leer nuestros pensamientos? - Pidió saber él.

- Quizás sea hora de olvidarnos que podemos hacerlo. - Concluyó ella, devolviéndole la rosa y rompiendo el corazón de ambos en ese momento.

- Rose, ¿Vamos a clase? - Dijo Mark apareciendo de repente y agarrando su mano.

- Vamos. - Aceptó ella.

Liam los miró partir. Al parecer él era el único fracasado en el amor en su familia, y por algún motivo eso lo hizo sentirse más dolido y enojado de lo que ya estaba. Colgó la rosa en el casillero de Rose y se fue a clase. Durante todo el día intentó comunicarse con Rose por medio de los pensamientos, pero ella lo tenía bloqueado. No sólo lo estaba rechazando, sino que estaba rompiendo la amistad que tenían. Liam no pudo concentrarse en todo el día, y cuando llegó a su casa se sentía completamente agotado y miserable.

- Hola Hijo. - Saludó Emma. - Eeyy, te saludé, ¿Estás bien? - Pidió saber preocupada, deteniéndolo al no recibir respuesta.

- ¡No, no estoy bien! - Exclamó él. - ¡Odio al amor y odio a esta tonta familia y todas sus parejas llenas de magia! - Expresó a modo de explosión.

Liam corrió a su habitación, cerró la puerta con todas sus fuerzas y se tiró en la cama. Nunca pensó que iba a llorar por una chica, y sin embargo en ese momento no pudo evitarlo. Todo lo sucedido con Rose le dolía. ¿Cómo iba a hacer para seguir sin ella?

- Liam voy a entrar. - Avisó su madre después de golpear la puerta y no recibir respuesta. - Eyy, ¿qué pasó? - Preguntó sentándose en la cama a su lado y acariciando su espalda para calmarlo.

- Rose no quiere ser más mi amigo. - Confesó él que era lo que le tenía tan mal.

- ¿Por qué no? - Preguntó ella sorprendida.

- Porque en vez de aceptar ir a la graduación conmigo aceptó ir con Mark, y él no quiere que seamos amigos y ella quiere que le hagamos caso. - Explicó él sintiéndose cada vez más dolido.

Su madre se quedó con él hasta que se pudo calmar. Hubo unas cuantas lágrimas, malas palabras, y mocos... Pero ella lo contuvo, como había hecho durante toda su vida. Le acarició la espada y el cabello, y le susurro unas cuantas palabras reconfortantes hasta que su llanto cesó.

- Todo se va a solucionar en algún momento. - Aseguró ella.

- ¿Cómo lo sabes? - Preguntó él dudando de que fuera cierto.

- Porque el verdadero amor tarde o temprano encuentra su camino. - Dijo ella recordando todo lo que había tenido que pasar en su vida para finalmente poder estar con Killian.

- No sé si Rose es mi verdadero amor, yo la amo, pero ella no creo que me ame. - Dijo él tristemente.

- Yo creo que te ama, sólo le falta darse cuenta. - Dijo ella con confianza. - Te mira como yo miro a tu padre. - Le dejó saber su punto de vista.

Según su padre él miraba a Rose como Killian mira a Emma. Y según su madre Rose lo mira a él como Emma mira a Killian. Eso tenía que significar algo, ¿O no? Si había algo que había aprendido de su familia era a no darse por vencido, así que continuó intentando comunicarse con Rose y dejó todos sus pensamientos abiertos para que ella pudiera verlos si quería.

Llegó el día de la graduación. Liam fue con dos amigos que tampoco tenían cita, y fue con Leia y Charles, prometiendo a sus padres que volvería a casa con su hermana antes de la seis de la mañana.

Lo primero que vio al llegar al baile fue a Rose. Estaba hermosa. Tenía un vestido color dorado que tenía varias capas de tules, en forma de tiras de bolados que le llegaban hasta por encima de las rodillas. Su cabello rojo lo había dejado suelto y le había hecho un par de bucles. Era tan hermosa y perfecta ante sus ojos que le costó reaccionar. Finalmente decidió aprovechar que ella estaba sola y fue a saludarla.

- Hola. - Saludó él.

- Liam. - Dijo ella sorprendida.

- Si, soy yo. - Bromeó él. - Tengo algo para ti. - Le dejó saber y le entrego una rosa roja.

- ¿Por qué? - Preguntó ella, aceptando la rosa con una pequeña sonrisa.

- Porque sos mi mejor amiga. - Respondió él con sinceridad.

- Pero yo te estuve ignorando y sé que te lastime... - Comenzó a protestar ella.

- Todo puede ser perdonado cuando alguien te ama. - La interrumpió él, dejando que ella pueda leer todos sus pensamientos sobre ella si quería hacerlo..

- Rose aquí está tu ponche. - Dijo Mark rompiendo el momento. - ¿Vamos a bailar? - Sugirió a su cita.

- Claro. - Dijo ella.

Liam miró a Rose irse con Mark y volvió a sentir que algo se partía dentro de él. Por lo menos esta vez ella había decidido quedarse con la rosa. Liam decidió que esa noche también era importante para él porque uno no se graduaba de la secundaria todos los días, así que fue con sus amigos y se concentró en pasar un buen rato con ellos. La noche estuvo muy bien, compartiendo bailes, risas, anécdotas, saltos, bromas.

Realmente logró olvidarse de sus problemas por un largo rato, hasta que le llegó un mensaje de texto de Rose pidiendo que fuera al baño por ella. Liam fue al baño de discapacitados ya que Rose le dijo que estaba en ese porque era individual. Golpeó la puerta y entró cuando ella lo dejó pasar.

Lo siguiente que pudo dar cuenta es que Rose estaba en sus brazos llorando. Él la abrazo con fuerzas sintiendo que eso era lo que ella necesitaba. Luego comenzó a observarla y se dio cuenta que su vestido estaba roto y estaba manchada con harina y huevos.

- Soy una tonta. - Dijo Rose reprochándose a ella misma. - Mark en verdad no quería salir conmigo, fue todo una trampa de Alice, Gothel e Ivy para hacerme sentir mal. - Explicó ella entre sollozos.

Esas tres chicas eran la clase de personas que a Liam le gustaba mantener lejos porque siempre estaban molestando a los demás y se creían mejores que todos. Siempre le habían tenido bronca a Rose, y Liam siempre había pensado que era porque Gothel había querido ser su novia pero él la había rechazado. Las chicas seguramente le tenían bronca a Rose por la amistad que ella tenía con él. Por un momento se sintió mal y culpable, y por otro sintió una gran bronca como para ir y darles su merecido a esas terribles chicas. Pero en ese momento Rose lo necesitaba a él, y lo necesitaba presente y entero. Liam la ayudó a lavarse el cabello en la pileta de las manos y luego a secarlo en el seca manos.

- ¿Quieres que nos vayamos o que volvamos a la fiesta? - Le dio a elegir él.

- Vamonos por favor. - Pidió ella.

- Bien. - dijo él agarrando su mano.

- Espera. - Lo detuvo ella.

Rose agarró la rosa que él le había regalado, que había quedado tirada en el piso del baño, y la ató en un costado de su cabello por encima de una de sus orejas. Era increíble, pero aún en ese estado Rose era la chica más hermosa que Liam había conocido en su vida. Salieron del baile y allí se encontraron con Leia y Charles.

- ¿Qué hacen acá? - Preguntó Rose, confundida al verlos ya que pensaba que iban a irse solos.

- Yo les pedí que nos encuentren aquí. - Dijo Liam señalando su celular. - Pensé que iba a venir bien un pequeño arreglo a tu vestido. - Explicó él tímidamente sus intensiones.

- Ohh, eso sería genial. - Dijo Rose, demasiado sobresaltada de sentimientos de agradecimiento como para expresarlo.

- ¿Confías en nosotros? - Preguntó Leia.

- Si. - Asistió ella recordando todo lo que Liam le había comentado sobre su hermanita y su novio.

- Bien, ahora solo cierra los ojos y piensa en como quieras que luzca tu vestido. - Indicó Leia.

Leia y Charles se tomaron de las manos y con sus manos libres agarraron el vestido de Rose para hacer que su magia se transmita a ella. De esa manera al vestido volvieron a crecerle las capas de tules que habían sido rotas y volvió a quedar como si estuviera nuevo.

- Gracias. - Agradeció Rose mirando su vestido maravillada.

- Nos vemos a las cinco en la esquina de casa. - Le recordó Liam a su hermana las condiciones de la salida.

- No te preocupes, la llevaré a horario. - Prometió Charles.

- Nos vemos, disfruten. - Se despidió Leia de ellos y volvió hacia el baile con su novio.

- ¿A dónde quieres ir? - Preguntó Liam.

- A nuestro lugar. - Respondió Rose.

Liam llevó a Rose al lugar favorito de ellos, un castillo de juegos de madera que había en la playa. Ese era el lugar favorito que ellos tenían para jugar desde que eran niños. Se sentaron y disfrutaron un rato del silencio y de la naturaleza.

- ¿Es verdad lo que me dejaste saber en el baile? - Preguntó ella, rompiendo el silencio.

- ¿Qué de todo? - Pidió saber él.

- Tus pensamientos, ellos decían que me quieres más que una amiga, que me amas. - Respondió ella.

- ¿Y ahora que te dicen? - Cuestionó él, invintándola a que vuelva a leerlo.

- Lo mismo. - Contestó ella extremadamente feliz ante ese descubrimiento.

- Porque es la verdad, yo te amo. - Justificó él.

- ¿Y qué te dicen mis pensamientos? - Cuestionó ella, invirtiendo la situación.

- Que me amas. - Dijo él sorprendido, sin poder creer que ella había dejado de bloquearlo y que además lo amaba. ¿Era eso real? - ¿Entonces por qué me bloqueaste y me estuviste ignorando? - Preguntó sintiéndose confundido.

- Tenía miedo. - Confesó ella. - Desde el momento que supimos de la graduación que estuviste evitando el tema y nunca tenías pensamientos sobre ellos, y cuando te pregunté si tenías pensado ir me dijiste que no sabías. - Intentó explicar.

- Es cierto. - Asistió él.

- Y pensé que el que no sabías era tu manera sutil de decirme que no querías ir conmigo, por eso acepte la invitación de Mark, porque pensé que de esa manera iba a poder olvidarme de que estoy enamorada de mi mejor amigo. - Aclaró ella la situación.

- Entonces ambos teníamos miedo de ser rechazados y perder la amistad del otro. - Concluyó Liam, dándose cuenta que ambos habían tenido los mismos temores y supocisiones negativas.

- Suena tonto ahora, ¿No? - Dijo ella riéndose y haciendo que el ría con ella. Ahora que ambos se podían leer los pensamientos sin ningún bloqueo podían notar lo mucho que se amaban.

- Te amo. - Dijo Liam con una gran sonrisa.

- Y yo te amo. - Dijo Rose.

Allí se dieron su primero beso, sellando lo que acaban de confesarse. Y se dieron un par de besos más simplemente por gusto a besarse, por disfrutar del hecho que podían hacerlo. Liam la acompañó hasta su casa. En la puerta le pidió si quería ser su novia y ella dijo que si, y se dieron un beso para festejar el hecho. También se dieron un beso de despedida, un largo beso de buenas noches.

Liam se encontró con Leia en la esquina de su casa como habían quedado. Entraron juntos a la casa y saludaron a sus padres para dejarles saber que ya estaban en su casa, luego se dirigeron a la planta alta para ir a sus habitaciones.

- ¿Y qué pasó con Rose? - Preguntó Leia con curiosidad.

- Somos novios. - Respondió Liam alegremente.

- Ya era hora. - Dijo Liam dándole una palmada en el hombro.

En otra ocasión Liam se habría quejado de la reacción de su hermana, pero en ese momento se sentía muy feliz como para hacerlo. Liam se durmió con una gran sonrisa dibujada en su cara, sabiendo que Rose lo amaba tanto como él a ella. Y así se durmió todos los días de su larga y dichosa vida.