VII

La Odisea de Emma


─Bella, Ruby. Les agradezco que se hagan cargo de mi pequeño mientras no estamos, aunque me siento un poco mal por no poder estar con él.

─Es lo menos que podemos hacer.

─ ¡Sí! No desesperes, mejor piensa que pronto volverás junto con Emma, y todos estarán unidos otra vez.

─Gracias, en serio. Entonces, ¿ya saben que hacer, verdad?

─Claro. Descuida, Neal está en las mejores manos.

Ambas abrazaron a Snow y se fueron cada quien a sus hogares, David y ella preparaban todo para su viaje del día de mañana, todavía emocionados por lo que había sucedido esa tarde.

─ ¿Estás lista Snow?

─Si nerviosa es tu definición de lista, entonces sí.

─Descuida, ya pronto estaremos con nuestra hija otra vez.

─Lo sé, pero tengo miedo aún, no sé cómo está, y eso es lo que me tiene así.

─Mañana lo sabrás, yo también estoy nervioso, pero espero que Emma siga combatiendo a la Oscuridad y nos permita ayudarla en todo esto.

─Creo que no dormiré está noche, David.

─Tienes que, ven, será mejor que nos acostemos ya, recuerda que hay que madrugar.

─Voy en un momento, solo terminaré de acomodar las cosas de Neal.

En la casa de la Alcaldesa…

─Por fin nos vamos, ya quiero que sea mañana.

─Lo sé cielo, has estado esperando esto por casi un mes. Descansa Henry, vendré por ti muy temprano, y si no estás listo nos iremos sin ti, ¿de acuerdo?

─Estaré más listo que tú, mamá.

─Ya lo veremos. Buenas noches Henry.

─Buenas noches Ma'.

─Roland ya está dormido también.

─Qué bueno, ¿crees que se está acostumbrando a vivir aquí?

─Dice que a veces extraña el Campamento en la noche, pero que le gusta la suavidad de su nueva cama.

─Es bueno oír eso, ¿y crees que no tengan algún problema con Zelena e hija? No habrá nadie para controlarla.

─Supongo que con el Hada Azul nos bastará por un rato. No te preocupes Regina, los Hombres Alegres y yo tendremos todo en orden mientras ustedes no están.

─Te lo agradezco de verdad.

Los enamorados se besaron y caminaron por el pasillo hasta la habitación de Regina para poder dormir.

La emoción era incontrolable para todos en ese momento, ninguno podía conciliar el sueño en su totalidad. A pesar de tener la idea en mente de que Emma podría ya estar bajo el poder de la Oscuridad, a nadie parecía importarle en lo más mínimo, ya no les interesaba eso, lo único que deseaban era traerla de regreso y volver a verla.

Killian resultaba ser el más entusiasmado con el viaje, ya no temía de lo que su Amor pensara por sus actitudes pasadas porque sabía que Bella tenía razón y que Swan comprendería sus motivos. Garfio anhelaba con todas sus fuerzas el verla de nuevo, tenerla entre sus brazos y besarla como antes, para que junto a su familia combatiera su nuevo destino y saliera victoriosa del mismo.

La noche transcurrió de forma rápida para todos ellos. Muy temprano en la mañana, poco antes del amanecer, llegaban todos al Muelle. Antes de subir al Barco, Bella les dio el mapa de ese nuevo Reino, el Hada Azul les dio cuatro frascos pequeños de Poción; dos eran de esa mezcla potencializadora y los demás de una especie de "freno de mano" para la otra, que hacía que la Sirena dejara de brillar.

Se despidieron de todos los que acudieron al lugar y subieron al Barco, Ariel saltó al agua, esperando la señal para proseguir.

─Sujétense de algo, que esto será igual de placentero que nuestro viaje a Nunca Jamás.

─Killian, espera. ─Exclamaba David.

─ ¿Qué ocurre?

─Olvidé darte esto. ─Respondía Charming mostrando el Garfio.

─Gracias amigo, ya lo extrañaba.

─Muy bien Capitán, cuando usted ordene.

Killian le pidió a Ariel que se alejara un poco y bebiera la Poción. La Sirena obedeció y varios metros adelante, se abría un gran vórtice en el agua, el Jolly Roger avanzó y entró al Portal al mismo tiempo que Ariel, acto seguido, éste se cerró.


Oz

Diez Meses Antes

En su mente no había nada más que pensamientos sobre Killian, su rostro lleno de dolor era todo lo que podía ver. Poco a poco fue incorporándose a su nueva realidad, estaba tumbada en el suelo, el olor del ambiente era extraño, al igual que la tierra en donde estaba.

Emma abrió lentamente los ojos y se encontró con un cielo nocturno nuevo, ya no estaba en Storybrooke y sabía que no estaba en el Bosque Encantado, a donde quiera que la haya mandado ese vórtice de Oscuridad, no parecía ser bueno.

Se incorporó poco a poco, se revisó cada extremidad y se dio cuenta de que sus jeans y toda su ropa habían sido intercambiadas por un vestido negro muy sencillo y una capa con capucha del mismo color.

─ ¿Dónde rayos estoy? ─Se preguntaba tocándose la cabeza.

El nuevo Espectro caminó para salir del Bosque y buscar ayuda, al hacerlo, se topó con cierto Camino Amarillo y al alzar la vista, quedó deslumbrada al ver esa gran Ciudad Esmeralda.

─ ¿Oz? ¿En serio?

Swan miró a ambos lados, pero no encontró a nadie que pudiera ayudarla. Luego de unos instantes recordó que no llevaba la Daga consigo, y corrió a buscarla, sin éxito. Sin más opción, decidió ir al Palacio de Zelena para encontrar un modo de librarse de su Oscuridad. Al llegar a la Ciudad, Emma se puso la capucha y caminó por las calles, al pasar por algunos callejones y ser testigo de unos cuantos robos y agresiones, no pudo evitar sentir un escalofrío, como si fuese tan susceptible a la Maldad y a la Oscuridad de las personas, así como un bebé lo es ante una rozadura.

─ ¡Alto ahí! ¿Quién va? ─Preguntaba un Guardia.

─Una amiga de la Bruja del Oeste ─contestaba Emma con la cabeza abajo─, ella me ha enviado por algo.

─ ¡Mientes! ¡Aléjate de aquí antes de que acabemos contigo!

─Necesito entrar, es urgente.

─ ¡Guardias! ¡Atrapen a esta Bruja!

Éstos obedecieron y Emma los levantó en el aire de forma instintiva y comenzó a asfixiarlos poco a poco.

─Déjenme pasar, o sus amigos se mueren.

─Sólo fanfarroneas. No lo harás.

─ ¿Me estás retando?

─No tengo ni que hacerlo. No tienes las…

Antes de que el hombre pudiera terminar la oración, la antigua Salvadora le había roto el cuello a uno de los tres Guardias que tenía suspendidos en el aire.

─ ¿Decías? ─Preguntaba Emma esbozando una diabólica sonrisa.

Sin que los otros pudieran reaccionar, ella los arrojó a los lados e hizo que sus espadas les apuntaran.

─Ya me llevé a uno de tus amigos, ¿quieres que continúe?

─D-Déjenla pasar.

─Muchas gracias, querido.

Emma hizo aparecer un pequeño cuchillo y apuñaló por la espalda al Guardia. Cuando el hombre cayó al suelo, inmediatamente recuperó el control de sus acciones. Asustada por lo que acababa de hacer, salió corriendo a la entrada del Palacio.

─Que nadie me moleste. ¡Ah! Y díganles a todos que tienen una nueva regidora por un tiempo.

Ella corrió hasta la cámara de Zelena, al cerrar la puerta caminó y se dejó caer al suelo. Su rostro demostraba miedo por lo que acababa de hacer, ese poder tomó control de ella sin siquiera notarlo.

─E-Esto no puede estar pasando. T-Tengo que controlarlo. ─Se repetía poniéndose de pie.

Emma observó a su alrededor y sólo vio cosas verdes. Unos tubos con un líquido del mismo color, y en frente un gran cartelón de un mono volador. Dio un paso adelante para observar las cosas de Walsh y en el piso comenzaron a proyectarse imágenes de lo ocurrido hace unas horas de su sacrificio y desaparición. Vio a su madre invocarla y llorar de dolor, a todo el mundo acercándose para ver lo ocurrido, a Henry corriendo hasta el lugar y a Killian huyendo con ese objeto endemoniado.

─No… ¿qué fue lo que hice? ¡Tengo que volver! Pero… ¿cómo diablos lo voy a hacer, además, no puedo regresar así si no tengo control sobre el Espectro?, ¿y si los lastimo? No. Debo controlar mi Magia si quiero volver a casa. Es raro estar hablando sola, como sea, eso no importa ahora.

Intentó calmarse respirando profundo y las imágenes desaparecieron, lo que quedó de esa noche trató de pensar si el controlar sus nuevas habilidades sería exactamente igual que las antiguas y llegó a la conclusión de que era posible, ya que Regina le había enseñado a hacerlo una vez. Unas horas después de permanecer sentada en esa cama pudo percatarse de que al parecer no tenía sueño, cosa que además de extrañarle, momentos después comenzó a impacientarle. Todo el tiempo sentía ese escalofrío recorrerle el cuerpo, era como si cada vez que alguien engañaba, mataba o hechizaba a otro, esa Oscuridad llegara a ella, como si su cuerpo fuera un imán.

Emma Swan pasó mucho tiempo en ese lugar, luchando siempre con los escalofríos que la desquiciaban cada vez más y la hacían perder el control algunas veces. Había días en los que usaba el suelo Mágico para ver lo que ocurría en casa. Le partía el Corazón observar a su madre sufrir de esa manera, a la vez que se alegraba de que Ruby estuviera junto a ella para reconfortarla y le dolía ver a Killian tan destrozado al invocarla con la Daga. Emma quería ir con él y decirle que todo estaba bien, que no temiera y sufriera más, que ella también lo extrañaba y que daría todo por estar junto a él en ese momento, sin embargo, no podía hacerlo, su exilio no podía concluir hasta que no dejara de ser un peligro para todos.

Dos meses después de su desaparición y exilio en Oz, Swan ya estaba cansada de pelear, no consiguió controlar su Magia por más que quisiera, lo único que sabía hacer, era usar el "espejo" para notar el caos con los miembros de la Operación Cisne. Ya no quería seguir con esto, ser el Espectro era una carga muy pesada que era casi imposible de soportar. Volvió a acostarse en la cama del lugar y cerró los ojos, bien había comprendido ya que no podía dormir, pero de todas maneras lo intentó.

No pudo hacerlo, en su lugar, comenzó a recordar muchas cosas de su vida, sobre todo, aquel día cuando estuvo a unos segundos de perder su Magia y Elsa la salvó.

"¡Emma, detente!

¡Elsa! ¿Qué haces aquí? Tienes que irte ahora.

Lo siento, pero no dejaré que lo hagas.

Mis poderes están fuera de control, no hay otra manera, por favor, vete.

No. Tú no te rendiste conmigo incluso cuando te estabas congelando en esa cueva de hielo, así que no te abandonaré ahora. Sé lo escalofriante que es herir a alguien que amas, viví con ese miedo toda mi vida. Pero, renunciar a tu Magia, no es la respuesta, hay otra manera.

Sé que el Amor de Anna te salvó y es genial, pero mi versión de eso no funcionó con Henry, esto es todo lo que me queda.

Me equivoqué exclamaba Elsa al ver que Emma estaba a punto de abrir la puerta. No fue solo el Amor de Anna lo que me salvó.

¿De qué estás hablando?

Cuando llegué a esta extraña Ciudad, creí que estaba perdida sin ella, pero recuperé el control aún sin Anna.

¿Cómo?

Yo no tenía idea, hasta el día de hoy que te ocurrió lo mismo a ti, y al fin me di cuenta de que no es solo el Amor de Anna o Henry lo que nos salva. Ellos nos aceptan cómo somos y eso es lo importante, pero no es suficiente. Tienes que amarte cómo eres Emma, en lo bueno y en lo malo. La única manera de ser capaz de controlar tus poderes, es aceptándolos, porque estodecía Elsa señalando alrededor, esto es quién eres.

¿Qué estás haciendo?Preguntaba Emma, al ver que la Reina extendía su mano.

Llegó el momento de que dejes de temer.

Pero, podría matarte.

Me arriesgaré si tú lo haces".

Las palabras de Elsa retumbaban en su cabeza. Aceptarse como era, con todo el mal del mundo sobre sus hombros y dejar de luchar.

¿Qué pasaría si lo hiciera? ¿Qué sería no solo de ella, sino de todo el mundo entero si se deja "seducir" por la Oscuridad? ¿Si acepta lo que pasó?

─Si salgo de Oz, iré a buscar a Elsa en Arendelle. Tal vez ella pueda ayudarme con esto, tal vez en su Biblioteca Real exista un Libro que diga como deshacerme del Espectro, o esos Trolls de los que hablaba Bella sabrían qué hacer. Combatir al Espectro o algo así, un momento; ¡Merlín!

Emma se levantó como un resorte de la cama y regresó a ese Mágico visor tratando de buscar a Merlín, después de un rato buscando, no logró dar con él, ni siquiera en Camelot. Después, decidió que era mejor opción buscar a Elsa. Rápidamente pudo hallarla en su Castillo con Anna y Kristoff cenando, como era su costumbre.

─ ¡Ya está! Ahora, ¿cómo diablos llegaré hasta allá? Tal vez si me concentro y uso todo mi poder, sea capaz de transportarme como lo hacen Regina o Gold.

Se concentró y poco a poco sentía como su poder incrementaba y le recorría cada poro del cuerpo, aunque nunca lo admitirá, siempre le encantó esa sensación que la hacía sentir imparable. Y lo era.

La fuerza de su nueva Magia era más intensa que la anterior, era algo nuevo que no había alcanzado a experimentar días anteriores al reprimirse.

Cuando estaba lista para partir, sintió un choque de poder que la hizo desaparecer del lugar, sin darse cuenta que se estaban proyectando imágenes de Ariel diciéndole a Snow que la buscaría. Pero no logró salir de Oz.

Tras ese choque, parecía no ser la misma persona de hace unos segundos. Emma apareció en un mercado de la Ciudad buscando problemas. Arrojaba a varias personas por los aires, algunos espectadores corrían aterrados y otros, junto con los Guardias, intentaron hacerle frente, sólo para que Swan los aniquilara en segundos. Estaba incontrolable, parecía como si la Oscuridad estuviese ganando terreno en la mente de Emma y ésta la convenciera de que la única manera de viajar a Arendelle fuese matando personas para incrementar su Magia Oscura.

El Ejército de Oz llegó para contrarrestar el ataque pero, el Demonio se acercó a su General, le arrancó el Corazón y lo destruyó en sus manos convirtiéndolo en algo parecido a un polvillo de diamantes, acto seguido, continuó haciendo lo mismo hasta que acabó con el último Soldado y satisfecha, al fin se fue de ese verde lugar dentro del mismo vórtice que se la había llevado de Storybrooke.


Un Portal se abría rápidamente a la mitad de un terrible lugar temido por muchos Piratas y Marinos experimentados. Cuando el Barco salió del vórtice y Ariel regresó al Jolly Roger, Garfio reconoció el sitio, y se extrañó de estar tan lejos de su destino.

─Oh, no. Ariel, ¿qué hacemos aquí? ¿Por qué no estamos en Arendelle?

─ ¿Qué?

─ ¿Dónde estamos?

─No, no lo entiendo. Nunca me había pasado esto. No sé qué ocurrió.

─ ¡Oigan! ¿En dónde rayos estamos? ─Preguntaba Regina bastante furiosa.

─El Cementerio de Poseidón. Las aguas más traicioneras de nuestra tierra.

─Aquí fallecieron el Rey y la Reina de Arendelle hace unos años.

─ ¿Los padres de Elsa y Anna?

─Sí.

─ ¿Cómo fue que llegamos aquí?

─No lo sé. Yo pensé en Arendelle y creí que estaríamos cerca.

─Oye, no es por nada Ariel, pero ¿podrías tomarte la otra Poción, por favor? Es que me lastimas los ojos. ─Suplicaba Snow.

─Claro.

Mientras la Sirena tomaba la mezcla y regresaba a la normalidad, la Reina pensaba las razones por las que estaban tan lejos.

─Eres la única, aparte de David que conoce Arendelle, por ende, ustedes eran los únicos que pensaban en eso. Vaya, me sorprende que no hayamos aparecido en la orilla del Bosque Encantado.

─ ¿Qué quieres decir?

─Todos sabemos que Arendelle está en el mismo Reino que el Bosque Encantado, pero sólo Ariel y David conocían el lugar de destino. En otras palabras, todos debemos conocer el lugar para que funcione.

─ ¡¿Qué?! ¿En serio?

─Solo eso puedo concluir.

─ ¡Grandioso!

─Entonces, para llegar a Arendelle, tenemos que seguir por aquí.

─Sólo espero que no haya ninguna tormenta y que lleguemos pronto.

─Descuida Killian, Arendelle está a medio día de aquí y es el amanecer, tenemos que ser pacientes y esperar.

─Creo que tienes razón, además, eso es lo que hemos hecho todo este tiempo, supongo que ya no nos costará tanto.

─David, te amo, pero por favor; cierra la boca.

Todos rieron por la respuesta de Snow, ni siquiera David se molestó por ello, sabía que ella ya estaba harta de esperar a que algo pasara.

Ariel le indicó a Garfio la dirección que debería tomar y junto con el mapa que Henry había recibido de Bella, se dispusieron a avanzar por esas aguas. Regina miraba el océano con sumo aburrimiento, David limpiaba con cuidado su espada y Snow miraba al horizonte desde la proa del Jolly Roger, sacó la Daga del Espectro con la firme convicción de invocar a su hija para que volviera, mas no lo hizo, no tuvo el valor para hacerlo, sólo la puso frente a ella y exclamó unas cuantas palabras.

─Emma, como te lo prometí hace tres meses; lo quieras o no, te encontraremos.

En Arendelle, la Familia Real pasaba el tiempo como cualquier otro día; La Reina, su Guardia Real y su Consejero, atendían las Labores Reales y Anna y Kristoff pasaban tiempo de calidad con Adgar, quien ya comenzaba a dar sus primeros pasos. El tiempo transcurrió rápidamente y sin que nadie se diera cuenta ya eran las 4 p.m., y como todos los miércoles, Elsa terminaba sus obligaciones, dejó a Siegfried a cargo del Reino y salía junto con su prometido y su familia rumbo al Bosque para disfrutar de un buen picnic después de todo lo que había ocurrido hace un mes.

Dos horas después de irse, el Barco de la Marina Real que vigilaba el Puerto, divisó al conocidísimo y temido Navío de Barbanegra, e inmediatamente mandó llamar al Almirante Andersen para que lo detuvieran antes de entrar.

─ ¡Al fin! Ya estamos llegando a Arendelle. ─Exclamaba Ariel.

─ ¿Killian, eso es un Barco?

─Sí. Viene hacia nosotros, no sé por qué, de hecho hay otra Nave en el Puerto.

─ ¡Ay, no! ¡¿Cómo pude haberlo olvidado?! ─Se decía Ariel.

─ ¿Qué? ¿Qué fue lo que olvidaste?

─ ¿Se los dices tú, o se los digo yo? ─Preguntaba la Sirena señalando a Garfio.

─ ¿Yo? Mejor hazlo tú.

─ ¿De qué rayos hablan?

─Hace un año, cuando Killian intercambió este Barco por la Habichuela Mágica para volver a la Tierra sin Magia y buscar a Emma, el Jolly Roger cayó en manos de Barbanegra. Él hizo muchas fechorías con esta Nave, y una de ellas tuvo que ver con la Familia Real de Arendelle. En el momento que la Reina Elsa volvió aquí capturó a Barbanegra y condenó a la Nave encogiéndola y metiéndola en una botella. En otras palabras, para la Reina y los Arendellianos; el Jolly Roger le pertenece a Barbanegra. Además, hay otra cosa; no sé qué pasó antes de que llegáramos al lugar, pero reforzaron la seguridad en todas las fronteras.

─No lo entiendo, Bella me dijo que Arendelle era un lugar muy pacífico, ¿qué cosa tan mala habrá pasado?

─No importa, de todos modos, cuando les digamos que conocemos a la Familia Real, nos dejarán pasar sin ningún problema.

El Barco de la Marina se acercaba cada vez más al Jolly Roger, mientras ellos veían a lo lejos a un hombre con una postura firme y gallarda luciendo un reluciente traje Arendelliano.


Emma salió de Oz, mas no llegó al lugar que quería. Cuando tuvo consciencia de donde estaba era demasiado tarde. La Oscuridad tomó el control otra vez y comenzó con su tétrico acto. Arrancaba los corazones de todos los que se le enfrentaban y a veces hasta de los inocentes que se escondían en sus casas. El Demonio Arranca Corazones estaba suelto y con la Daga del Espectro en Storybrooke, no había quien pudiera detenerla.

Por varias semanas, el Espectro viajaba por los Reinos matando personas, como si no hubiera un mañana. Una noche, después de mucho tiempo obtuvo el control de su cuerpo de nuevo, y tras ver todo lo que había hecho salió huyendo por un valle, al poco rato encontró una cueva donde permaneció hasta el amanecer.

Emma estaba cansada, la Oscuridad era más que ella, ya estaba dispuesta a aceptarla completamente y dejarse seducir por ella. Pero antes de hacerlo, decidió probar sus habilidades.

Volvió a concentrarse, cerró los ojos y trató de hacer contacto con alguien a través del vínculo Amoroso que la unía a ellos. Probó con todos, Henry, Killian, su padre, sin embargo no pudo conseguir nada. Con el último suspiro de su consciencia, lo intentó una vez más y logró entrar telepáticamente con su madre, creó en su mente un hermoso sueño donde incluyó a sus abuelos para que su entrada fuera tranquila y sin esperarse.

Al verla, no pudo evitar derramar unas lágrimas que Snow creía que eran de felicidad, pero la verdad es que también escondían dolor. Emma no quiso decirle que estaba a punto de rendirse, que ya no quería luchar y que posiblemente jamás los volvería a ver. Tuvo que mentirle a su madre por la fecha que era, quería decirle a su madre que siguiera adelante sin ella por Neal, que él tenía que crecer con sus padres. Era tanta la emoción que no le pidió nada más que le dijera a Henry y Killian que tuvieran esperanza y que cuando controlara sus poderes volvería. Cuando se desconectó de ella, dejó de luchar y sucumbió a la Oscuridad.

Al amanecer, se marchó de ese Reino y se fue al País de las Maravillas, el Demonio llegó y la gente la confundía con la Reina de Corazones y no le dieron mucha importancia.

Emma cruzó por Oz y cuatro Reinos más antes de llegar al País de las Maravillas.

Ariel y Eric hicieron su primera aparición en Nunca Jamás, recorrieron la Isla y conversaron con otras Sirenas, pero la respuesta era negativa, ya no había nadie habitando la Isla. Continuaron en Oz, y fue donde escucharon por primera vez del Demonio. Los habitantes les dijeron que había llegado al Palacio de Zelena y se quedó allí por un tiempo, para luego matar a todo el Ejército y desaparecer.

Por cada Reino que ellos iban, escuchaban esos rumores. Por un momento, comenzaron a creer en esa historia, hasta que llegaron al País de las Maravillas.

─Buenas tardes señores ─exclamaba Ariel al entrar en el Pueblo─, tengo una pregunta que hacerles; ¿ustedes no han oído hablar de una especie de Demonio Arranca Corazones?

─No solo lo hemos oído, lo vimos ayer.

─ ¿Qué? ¿A dónde se fue?

─No lo sé, pero, yo no la consideraría como un Demonio, aunque sí lo es.

─ ¿De qué hablan?

─Estamos seguros de que la Reina de Corazones vino a arrancar los Corazones de las personas para recordarles que sigue siendo la Reina. Yo ya no me preocuparía por ella nunca más.

─Gracias.

─ ¿Les crees?

─No lo sé, pero si ese Demonio ya no está aquí, cuando menos, preguntemos por Emma.

Ambos anduvieron por el lugar mostrando una foto de la Salvadora, y nadie supo de ella. A las pocas horas, salieron de ahí y se fueron a otro Reino. Al pasar al otro lugar y tener los mismos resultados, y al ver que ya habían pasado siete meses, Eric recordó el Festival del Solsticio de Invierno y convenció a Ariel de ir a Arendelle para tomarse un descanso. Ariel aceptó, ya que estaba segura de regresar a Storybrooke a comunicarle a Snow que no encontró a su hija.

─Hiciste lo que estuvo a tu alcance, no te sientas mal Ariel.

─Gracias Eric, es que siento que pude haber hecho más.

─No te preocupes, vamos a disfrutar del Festival, ¿quieres?

─Está bien. Vamos.

Los amantes caminaron por la Plaza de Armas y degustaron los platillos de Arendelle. En el momento en el que iban a entrar al Castillo para usar la pista de Hielo, el Portal en el cielo se abría y ocurría lo que ya les habían contado a Snow y los demás.

─ ¿Viste eso?

─ ¿Qué crees que haya sido?

─No tengo idea.

─ ¿Y si eso tiene que ver con Emma?

─Eso no lo sabes.

─Pues preguntemos para saber si alguien vio algo.

Hablaron con algunos Aldeanos y Guardias pero no los sacaron de dudas.

─Vámonos.

─ ¿A dónde?

─Con Snow. Tenemos que decirles esto.

─No estamos seguros.

─No necesito quedarme aquí a preguntar si no tendremos más respuestas, mi instinto nunca me ha fallado.

─ ¡Espera! ─Gritaba Eric antes de que Ariel lo sumergiera al agua con ella.


El Jolly Roger se detuvo a la altura del Barco del Marino que iba a su encuentro. Los Grumetes ponían una plancha entre ambos Navíos y el sujeto lo cruzó.

─Buenas tardes Forasteros. Soy el Almirante Andersen, y es mi deber y obligación escoltar a este Barco Condenado al Muelle de Arendelle.

─ ¡Permiso para hablar, Señor! ─Exclamaba Killian.

El Almirante lo miró de arriba a abajo, y le permitió proseguir.

─Permiso concedido. Identifíquese Marino.

─Capitán Killian Jones, Señor. ¿Puedo saber por qué se dirige a este Barco como una Nave condenada?

─El Jolly Roger, está condenado por ser el Navío de Barbanegra, quien, junto con el Reino de las Islas del Sur, perjudicaron a la Familia Real de Arendelle.

─Hablando de la Familia Real ─intervenía David─, conocemos a Elsa y a Anna.

─ ¿Ah, sí? Pues eso lo veremos cuando la Reina los interrogue. Por cierto; le sugiero que se dirija a la Reina y a la Princesa de Arendelle con más respeto.

─Entonces usted… ─Comenzaba Regina.

─Lo haremos. ─Interrumpía Snow.

─Muy Bien. ¡Teniente! Regrese al Puerto. Yo iré en este Barco.

El Jolly Roger volvió a su curso de inmediato para terminar con todo el teatro de una vez. El Almirante se quedó en la proa mirando hacia Arendelle, mientras los demás se mantenían detrás de él.

─Dejemos de jugar, puedo teletransportarnos al Castillo de Elsa. ─Susurraba Regina.

─No. No podemos arriesgarnos a que suceda lo mismo de esta mañana.

─ ¿De qué hablas Snow? Estoy viendo Arendelle ahora mismo ¿No quieres salvar a tu hija?

─Claro que quiero, pero ponte a pensar en esto; ¿qué pasaría si los soldados comienzan a atacarnos en cuanto pongamos un pie allá? ¿Qué te hace pensar que Elsa no actuará contra nosotros si contraatacamos? Este es su Reino, y hará lo que sea para protegerlo.

─Ella tiene razón, su Majestad. Es mejor seguirles la corriente, y primero que nada, yo sugiero que mejor averigüemos el porqué de este trato tan especial, sólo para saber a qué nos enfrentamos. ─Sugería el Pirata.

─Bien, yo lo hago.

─Henry, espera.

El chico (como siempre), hizo caso omiso a las advertencias de su madre y abuelos y se dirigió a aquel hombre.

─ ¿Qué se te ofrece chico?

─ ¿Por qué observa tanto su Reino?

─Siempre me ha gustado ver Arendelle ─contestaba Andersen, sonriendo─. Desde cualquier lugar es hermoso.

─ ¿De verdad?

─Sí. Desde alguna Embarcación, las Montañas o el Fiordo. Arendelle es maravilloso desde cualquier punto de vista, incluso hace tres años, cuando la Reina Elsa congeló todo, se veía maravilloso.

─ ¿Es cierto eso del Invierno Eterno?

─Así es. Pero no se lo digas a nadie, a la Reina no le gusta que lo sepan.

─Si me permite decirlo Almirante, parece que usted y la Reina Elsa son muy amigos.

─No, no lo somos. Pero Anna y yo lo fuimos una vez. Verás, mi padre era el primer General de la Guardia Real, y mi hermano Alberick y yo solíamos correr por los Jardines del Palacio cuando el Rey llamaba a mi padre, y ahí la conocí, comenzamos a hablarnos cuando mi padre le dio clases personales con la espada.

─ ¿Usted nos cree, cierto?

─Anna me contó de cierto viaje a una extraña Tierra cuando retomaron el control del Reino, y mi intuición me dice que por sus atuendos, ustedes vienen de ese lugar.

─Exacto. Entonces, cuando lleguemos a tierra ¿nos dejará libres?

─Eso quisiera, pero no puedo hacerlo, verás… ¿Cuál es tu nombre?

─Henry.

─Mira Henry, hoy es miércoles, el día en el que la Reina Elsa descansa desde las 4 p.m. y le deja el mando del Reino a su Consejero más fiel y su poder se termina hasta que la Reina pone un pie en el Castillo.

─Ya veo.

─Así que será mejor que todos crucen los dedos y que cuando lleguemos la Reina ya esté dentro del Palacio, porque sus paseos suelen durar horas.

─Unas últimas preguntas Almirante; ¿Qué había en esas Colinas? Y ¿qué fue lo que ocurrió aquí para que reforzaran la seguridad? Lamento ser tan insistente, pero me habían dicho que Arendelle era un sitio tranquilo.

─El Reino de Arendelle sigue siendo un sitio tranquilo, es sólo que, hace un mes, hubo un terrible accidente del cual no se nos permite hablar con los Forasteros, pero descuida Henry, cuando vean a Elsa o a Anna, estoy seguro que ellas podrán contarles abiertamente lo que sucedió.

─Gracias Almirante.

─No hay porque, chico. ¡Capitán Jones!

─ ¡A la orden Almirante!

─Prepárese a desembarcar, estamos llegando al Muelle de Arendelle.

En el Sendero de la Montaña del Norte…

─Este día fue estupendo ─exclamaba Anna─, Elsa ¿podemos hacerlo otra vez la siguiente semana?

─ ¿Qué? ¡No! ─replicaba Arvid─ Hemos hecho esto por tres semanas, sugiero que cambiemos la rutina.

─ ¿Y qué quieres hacer, Forastero? No puedes correr ni hacer nada totalmente extremo hasta que ese hombro te sane por completo. ─Contestaba la Reina.

─ ¡¿Lo ves?! Los picnics seguirán, además, solo mira lo feliz que hacen a Adgar.

─Amor.

─ ¿Sí?

─El bebé está dormido. No creo que podamos ver su felicidad.

─Eso no importa Kristoff, ¿verdad Sven?

El Reno gruñía en respuesta hacia la Princesa quien iba montada sobre él. Sus heridas, al igual que las de los demás no habían sanado todavía después de lo sucedido con Wolfgang y Boris semanas atrás. Los cuatro caminaban tranquilamente de regreso a casa, Kristoff cargaba con las cosas del picnic, Anna llevaba a su pequeño dormilón en brazos, y Elsa y Arvid, caminaban tomados de la mano como los enamorados que eran, Anna los miraba feliz por no haberse equivocado con el Northdaliano y al ver que su hermana mayor sería igual de feliz que ella, sino es que hasta más. Momentos después, devolvió su mirada al horizonte para apreciar el paisaje como cada tarde, pero esta vez, se alarmó al ver al Jolly Roger anclado en el Muelle.

─ ¿Elsa? ¿Estás segura que encogiste al Jolly Roger?

─Sí. Tú misma lo viste, ¿por qué?

─Porque lo estoy viendo ahí. ─Exclamaba la Princesa, señalando al Barco.

─No puede ser, ¿qué fue lo que pasó?

─Barbanegra sigue encerrado, ¿no?

─No lo sé, lo envié al Bosque Encantado después de tu boda, no quería tenerlo cerca de nosotros, es probable que allá haya escapado.

─Un momento ─interrumpía Kristoff─, ¿qué es ese alboroto ahí en la Plaza?

─Otro ladrón no por favor.

─ ¿Otro? ─Preguntaba el Northdaliano.

─No lo decía por ti Arvid. ─respondía la Reina tomando a Arvid del brazo.

─Da igual, creo que tengo que ir a ver qué sucede.

─No te preocupes, seguro que Siegfried ya está ahí con Andersen y Alberick.

─Eso es lo que más me preocupa, que Siegfried está allá.

─Vamos Arvid, solo quieres pelear con él, admítelo. ─Contestaba Kristoff.

─Más o menos.

─Anda ─le ordenaba Elsa─, ya te alcanzo, Anna, Kristoff, ustedes entren al Palacio y acuesten a mi sobrino, ya nos encontraremos después de ver lo que sucede.

─No quiero dejarte sola.

─No lo estaré, recuerda que Arvid ya está en camino.

─De acuerdo Elsa, nos vemos adentro.

A pesar de tener el hombro lastimado todavía, Arvid conservaba la agilidad de la que tanto hablaba Elsa, pero de todas maneras, no sería capaz de llegar antes de que Siegfried lo hiciera, cosa que no le importaba en lo más mínimo.