¡HOLAA!

¡Estoy muy emocionada porque por fin esta historia está completa y puedo traducirla! Sí, sé que estoy un poco chiflada al involucrarme en tres traducciones más alguna que otra historia propia y colaboración, pero, ¿a quién no le va el riesgo? Además soy demasiado impaciente... En fin, intentaré organizarme :D En un rato subiré el cap 12 de Lady of the Lake ^^

¡Al lío!

Es una historia que tiene 33 capítulos y bueno no quiero contaros mucho sobre ella, mejor que lo veáis vosotras mismas, por ser un prologo tan cortito, seguramente mañana colgaré el primer capítulo ;)

La historia original es de waterflower20 y aquí tenéis el link directo a ella:

www (punto) fanfiction (punto) net /s/ 10709203 /1/ The-Serpent (Quitad espacios :D)

Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a waterflower20 (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de waterflower20 -.


Prologo

Fulminó al tablón de anuncios, lleno hasta los bordes de artículos, bocetos dibujados a mano y los informes sobre el infame ladrón, sólo conocido como "La Serpiente" - gracias a la pequeña serpiente de plata con ojos esmeraldas que siempre dejaba en las escenas de sus crímenes – cuando de mala gana colgaba otro inútil informe en él.

Hacía más de un año, el recién nombrado Jefe de Aurores, Harry Potter, había escuchado la noticia de un peculiar robo: La familia Crabbe, conocida por su participación en las dos guerras y por sus maneras intolerantes, habían informado que habían irrumpido en su casa y robado una pintura que no tenía precio.

Harry no se había perdido la ironía cuando Luna Lovegood informó en El Quisquilloso que la pintura en cuestión había sido una obra maestra perdida de un artista muggle conocido. Evidentemente el odio de los Crabbe para con los muggles no se aplicaba a su preciado arte.

Harry tuvo el tacto de no sacar eso a la luz, pero no se podía decir lo mismo de su compañero, Ron Weasley, quien consiguió un gran placer en derribar el testimonio de los Crabbe en el caso, mientras hacía sutiles comentarios sarcásticos al respecto.

La familia Crabbe había estado completamente inconsciente de la pérdida hasta que un elfo doméstico, mansamente, lo indicó un día durante el almuerzo.

Lo único extraño de la situación, había sido la pequeña serpiente de plata, colocada en el lugar de la pintura. Anthony Goldstein, un experto en hechizos, había dicho que era casi increíble la brillantez y la complejidad de los hechizos lanzados alrededor del lugar donde se colgaba la pintura. El robo podría haber sido hacía semanas y los Crabbe, no lo habrían notado.

Aunque era un caso raro, nadie pensaba mucho en ello, realmente. Una familia había sufrido un robo. Era un hecho cotidiano en algunos barrios y digno de nota pequeña.

Sin embargo, un mes más tarde, una frenética señora Goyle había llegado al ministerio agitando a su alrededor una pequeña estatuilla de plata y gritando algo sobre un conjunto de joyas que le había sido robadas. La mujer parecía completamente loca.

La estatuilla de plata en su mano, que por supuesto era una serpiente de plata, había alertado a Harry de lo que se encontraría en la residencia Goyle. Cuando Goldstein confirmó que los hechizos lanzados entrono al joyero de la señora Goyle eran idénticos a los del caso Crabbe, Harry supo entonces que se trataba de algún tipo de ladrón en serie.

A pesar de sus sospechas, Harry no permitió que la información se convirtiera en pública, ya que mantenía una pequeña esperanza de que el autor no fuera el mismo.

Tres semanas más tarde, una Daphne Greengrass agitada irrumpió en la oficina de Harry y prácticamente le lanzó una estatuilla de plata con forma de serpiente, gritando algo sobre una tiara de boda que su madre había poseído y de cómo había pertenecido a la Reina de España.

Al no tener elección, Harry finalmente permitió que la historia se hiciera pública, pero ordenó a sus Aurores guardar silencio sobre los detalles, sólo ofreciéndole la información más necesaria a la prensa. Si su culpable se enteraba de que iban detrás de él, podría huir del país.

No es como si realmente tuvieran algo de lo que tirar, a excepción de las figurillas de plata… y el testimonio de una criada medio borracha, que juraba que el ladrón era más guapo que el propio Adonis. Otras seis familias, vinieron a quejarse en las siguientes semanas. A todas ellas les habían sido robados tesoros muggles.

Poco después, Ron declaró que el villano finalmente había alcanzado el estatus de leyenda criminal: el hombre había conseguido un club de fans en su honor. Las mujeres incluso se habían reunido para conocerse y saludarse, como un club de lectura, para adorar al ladrón (sobre todo porque una ebria loca había afirmado lo guapo y encantador que era, Harry estaba seguro de ello).

Harry había puesto a sus mejores hombres en el caso, pero hasta la fecha, todavía no tenía pistas concretas. Sus hombres se habían enfrentado al continuo ridículo público, por su incapacidad para conseguir un arresto en este caso y el Ministro había caído sobre la cabeza de Harry, como consecuencia de las familias sangre pura, que temían por sus propiedades y estaban presionando al Ministerios por resultados.

Los periodistas estaban teniendo un día de campo a costa de ellos, llamando inútil al departamento y alabando a "La Serpiente" por ser constantemente más inteligente que ellos.

- ¡Odio a Skeeter! - gruñó Harry, frotándose los ojos cansados con los dedos, mientras se sentaba en su cómodo sillón detrás de su escritorio.

- Tú y todo el mundo. - comentó una voz familiar y divertida desde su puerta.

Harry dio la vuelta con su sillón, con la varita levantada y un hechizo defensivo en la punta de la lengua, pero su mano cayó cunado vio al ministro de magia, Kingsley Shacklebolt, allí de pie, con las cejas oscuras arqueadas y los labios torcidos en una sonrisa.

Harry fulminó con la mirada a su viejo amigo.

- ¿Nunca llamas?

- La puerta estaba abierta. - le contestó Kingsley. Sin esperar invitación (después de todo, era el jefe de Harry), entró y cerró la puerta. Con un informal movimiento de su varita tenía la habitación insonorizada.

Las cejas de Harry se dispararon con curiosidad.

- ¿Qué puedo hacer por ti, ministro? - recordando sus modales, le hizo un gesto hacia la silla de cuero para invitados frente a su escritorio – Toma asiento.

Kingsley se sentó pesadamente y chasqueó los dedos. Una bandeja con dos vasos de cristal y una jarra llena de un líquido ámbar oscuro, se materializó en el escritorio de Harry.

- ¿Whisky de fuego? Apenas es mediodía.

- Bueno, lo necesito. Siéntete libre de tomar, aunque te lo advierto, es de Ogden muy fino y un regalo del Ministro Ruso de Magia.

- Qué demonios. - murmuró Harry y se sirvió dos dedos de bebida en uno de los vasos. Disfrutaba de un buen whisky de vez en cuando y el Ogden era una rareza para él. Después de tomar un fuerte sorbo, Harry se recostó en su sillón y miró al Ministro pensativo - ¿Qué pasa, Kings? ¿Por qué tanto secreto?

- ¿Cualquier nueva pista sobre "La Serpiente"?

Arqueando una ceja ante el comportamiento poco fiable del hombre, Harry sacudió la cabeza.

- Nada útil. La criada de los Parkinson, que por cierto es miembro del club de fans de "La Serpiente", estaba molesta con su señora y pensó que era un castigo apropiado robarle el anillo de compromiso a Pansy y echarle la culpa a nuestro hombre. Draco Malfoy ha convencido a Pansy para que retire los cargos. Sin embargo, la criada tendrá que prestar servicios a la comunidad durante unas semanas.

El Ministro, maldijo en voz alta.

- Qué mala suerte. Realmente estaba esperando cogerlo en este momento. - Harry se encogió de hombros, en disculpa - ¿Skeeter te está dando problemas?

- Siempre. - confirmó Harry – Pero tiene razón, por mucho que me duela admitirlo. Ya han pasado dieciocho meses y aun no tenemos ninguna pista sobre él… y absolutamente ningún plan para arrestarlo. Francamente, no sabemos nada de él, excepto su tarjeta de visita, las figuritas de plata con forma de serpiente. La mejor pista que tenemos es ese atroz retrato que la señora Avery dibujó. Ya sabes al que me refiero, aquel en el que "La Serpiente" aparece completamente desnudo.

Kingsley se encogió y levantó una mano para que Harry se detuviera.

- Sólo con el nombre habría bastado. He entendido el punto.

Todos en el Ministerio Británico sabían que la señora Avery era una fan excepcionalmente ruidosa de "La Serpiente", comenzando el día que le había robado sus pendientes franceses de Louis labrados en el siglo XVIII. Afectada como estaba por su "misterioso héroe oscuro", se pasó una cantidad excesiva de tiempo acechando el departamento de Harry con la esperanza de volver a verlo y por supuesto, con una cantidad de fantásticos cuadros eróticos de su ladrón, a quien ella había idealizado en su cabeza. Su extraña obsesión por un hombre al que nunca había visto, era sin duda inquietante, pero Harry era un profesional y sabía cómo manejar su marca particular de locura con cierto grado de respeto: siempre esperaba que la vieja bruja – posiblemente senil, también – saliera de las instalaciones, antes de estallar en carcajadas.

- No importa el poco respeto que tenga por los atractivos de "La Serpiente" - se atragantó con una carcajada – Dudo que algún día esté tan desesperado como para proponerse a la señora Avery.

Compartir una carcajada aligeró el ánimo, pero no fue suficiente para detener su caída en picado otra vez, cuando Kingsley volvió a hablar.

- Decía… ¿Granger no tiene que volver pronto?

- Dentro de dos semanas a partir de mañana. - contestó Harry automáticamente, odiando el rubor que empezó a subirle por las orejas – Gracias al inútil de uno de los miembros de su equipo, tuvo que cambiar el Traslador para una fecha posterior.

- ¿La misión? - Harry le sonrió.

- Un éxito. ¿Qué esperabas de Hermione?

- En efecto. ¿Cuándo vuelva sigue pensando en transferirse de los Aurores a los Servicios de Administración del Wizengamot?

- Es lo que yo sé. Realmente no hemos hablado desde antes de irse a la misión, pero la última vez que lo hicimos, me confirmó que esa era su última misión.

El ministro se quedó pensativo durante un momento, antes de mirar a Harry con ojos firmes.

- ¿Crees que puedes convencerla de aceptar una última misión?

Harry permaneció en un expectante silencio. Kingsley se puso en pie y empezó a caminar.

- Dieciocho meses, Harry. El idiota lleva libre más de un año y medio y no estamos más cerca de capturarlo ahora que hace dieciocho meses. Esto hace que el departamento quede mal; tenemos que cogerlo, rápido.

- ¿Y crees que Hermione es la mejor para el trabajo?

- ¿Tú no? Me has dicho una y otra vez, que ella es tu mejor Auror. ¿Has mentido? ¿Exagerado, tal vez?

- No. Es jodidamente brillante, es una muy buena duelista y muy rápida. Y puede encontrar soluciones a problemas aparentemente irresolubles. Pero…

- Pero nada. Ella es la mejor y necesitamos al mejor. Y por lo que puedo recordar, Granger siempre ha tenido afición por los rompecabezas. La Serpiente es uno y necesito que la convenzas para resolverlo. Tan pronto como sea posible.

Se miraron a los ojos, evaluándose uno al otro. Al final fue Harry el que rompió el concurso de miradas.

Harry sabía que Kingsley estaba diciendo la verdad. Simplemente no tenía ganas de decírselo a Hermione.

- Bien. - dijo quejándose - ¡Pero serás tú el que le diga que tiene que trabajar con Malfoy!