Disclaimer: El universo de Harry Potter pertenece a J.K Rowling.

Este fic participa en el minireto de septiembre para "La Copa de las Casas 2015-16" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.


Hasta que la luz nos penetre.

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"Los amigos son como la sangre, cuando se está herido acuden sin que se los llame" - Anónimo


Me despierto.

Busco a ciegas mi varita, la encuentro y conjuro un Lumos. La luz azul dibuja las camas de mis compañeras de cuarto y rebuscando en el suelo, encuentro una sandalia y un zapato del colegio con los que me calzo para seguir ese algo que me llama desde afuera.

La Sala Común está vacía y la luz de la Luna me permite prescindir de mi conjuro. Observo la estancia y me asombro de lo diferente que se ve de noche, todo está tan silencioso que parece hablar y me pregunto si fue este extraño ambiente lo que me despertó.

Pero no es así por lo que abandono la sala y bajo las escaleras de caracol. En los pasillos de abajo, el viento que silba es mi única compañía y mi cuerpo comienza a reprocharme no haber agarrado un abrigo.

De este modo atravieso el castillo dejando a mis pies la decisión de qué camino tomar. Poco a poco voy entendiendo por qué debo estar aquí, entonces escucho algo tras de mí y me escondo en una columna. Es un ruido metálico, pesado, como de un gigante arrastrando unas cadenas. Pero cuando asomo mis ojos azules tras la columna, el sonido se detiene sin dejar rastro.

Un estruendo retumba en un pasillo aledaño. Corro hacia él y cuando creo estar cerca del origen del sonido me escondo de nuevo, intentando en vano pillar a las armaduras moviéndose. Es un viejo mito de Hogwarts, algo que todos saben pero ninguno ha visto: "las armaduras tienen vida".

Otro ruido resuena a unos pasos de donde estoy y mientras lo sigo, intento comprender cómo funciona. Es como si las armaduras formaran una red por todo el castillo y cuando alguien intenta ver una, la magia de la misma se apaga encendiéndose en otra.

Encuentro un corredor lleno puertas cerradas; excepto una. La aparto lentamente, ésta chirría mientras lo hago dándome la bienvenida a esta oscuridad. No alcanzo a ver mucho, sólo unos ojos que brillan debido a las lágrimas que han derramado. Pero no necesito ver nada más porque ese olor que desprenden las penas del corazón flota en el ambiente y, mientras abrazo a mi amiga intentando aligerar la carga de su dolor, sé que las armaduras sólo fueron un atajo a mi destino y que la pasaremos aquí hasta que la luz nos penetre.