Disclaimer: Pokémon no me pertenece, todos los derechos están reservados por Satoshi Tajiri y NINTENDO.


Aclaración: Basado en una historia real.
Publicación original: 20 de Septiembre del 2015
Re-edición: 20 de Julio del 2018


Autora: Suki90
Título: Revelando secretos
Serie: Pokémon
Capítulo 1: ¿Qué pasó?


El edificio llevaba por nombre "HOSPITAL GENERAL DE CIUDAD VERDE", el centro médico más importante y confiable de toda la región de Kanto. Sobraba decir que muchísima gente viajaba desde lugares bastante retirados con el único fin de poder ser atendidos en dicho recinto, aunque éste pudiese costarles en variadas ocasiones un ojo de la cara.

Sin embargo todo valía la pena, ya que las atenciones que recibían eran sin duda alguna las mejores: Personal capacitado, enfermeras entrenadas que contaban con un carácter bastante dulce, aunque firme, y por supuesto… los mejores médicos del mundo. Ahí encontrarías de todas las regiones habidas y por haber: Desde Kanto hasta la lejana Kalos; todos con buenas referencias y excelentes habilidades.

Un hospital de primera, sin duda alguna.

Ese día, 19 de Septiembre del presente año, una joven pareja esperaba con paciencia a que la ginecóloga, que llevaba atendiéndolos desde hacía un par de meses, pudiera recibirlos para realizar la revisión general del pequeño ser que la hermosa dama de cabello largo llevaba en su vientre, el fruto del amor que ella y su esposo se tenían desde que tenían memoria.

— ¿Señora Ketchum? —llamó de pronto una de las enfermeras que salió de la oficina de la ginecóloga. Al escuchar su apellido, la pareja posó su vista sobre la chica de blanco— Pase por favor, la doctora la está esperando.

— Sí, muchas gracias —respondió la joven de cabellos naranja y ojos aguamarina—. Vamos, Ash —le dijo a su mejor amigo, primer y único amor mientras lo tomaba de la mano. El de tez morena sencillamente asintió, se puso de pie, y con cuidado ayudó a su esposa a ponerse de pie.

La emoción podía verse en sus rostros, y es que no era para más, ya que dentro de algunos minutos sabrían cuál era el sexo de su pequeñito. ¿Sería niño? ¿O tal vez una linda damita? Una eterna interrogante. Sin embargo eso era lo de menos, ya que fuera lo que fuera lo amarían con todo su corazón, tal y como lo hacían desde que supieron de su existencia.

Todo parecía un sueño, ninguno de los dos tuvo prevista tanta felicidad tras los mil y un problemas que hubo en su noviazgo debido a los constantes viajes del ahora Maestro Pokémon, los insistentes pretendientes de la gran ídolo del gimnasio Celeste y, bueno, sus pleitos de toda la vida.

De hecho un punto en que ambos llegaron a creer que su relación no podría funcionar por más que se amaran como lo hacían; su temor era inmenso. Pero al final todo salió bien, llegaron al altar vivos y mucho más enamorados que nunca. Y ahora, en los inicios de su vida adulta, se veían recompensados por la dicha más grande: Ser padres.

Sin duda alguna, su felicidad era más palpable que nunca.

Cuando la pareja entró a la oficina de la ginecóloga, la doctora los recibió con una enorme sonrisa sobre su rostro.

— Muy buenas tardes Misty, Sr. Ketchum —saludó ella—. Pero por favor, tomen asiento —pidió la ginecóloga, indicando hacia las sillas con su mano. La pareja sencillamente siguió las indicaciones de su médico sin decir mucho. Estaban ansiosos. Tomados de la mano, los corazones de los dos comenzaron a latir a mil por hora, así como lo hacían siempre que conocían un poco más de su pequeño sol.

La líder del gimnasio Celeste no podía pedir más, era sumamente feliz. Todo su esfuerzo, todo lo que sufrió cuando era más chica, fue recompensado por la vida al permitirle casarse con su primer y único amor, y además… tender la bendición de traer al mundo a su primer hijo.

Verdaderamente no había forma de que algo opacase tal felicidad.

No, no podía haberlo…


Era un precioso día en Pueblo Paleta, y aunque el sol brillaba con intensidad, la suave y refrescante brisa hacía más ameno el trabajo de la mañana. O al menos así lo sentía Delia Ketchum, una mujer de cabellos castaños con bastantes mechas grisáceas. Ella trabajaba con una enorme sonrisa en su rostro, amaba tratar su jardín junto a su Pokémon y amigo Mr. Mime.

Sin embargo, lo que ahora la llenaba de gozo y alegría no era su jardín, sino la visita que pronto recibiría de parte de su querido hijo y su familia. Hacían bastantes meses que no los veía gracias al trabajo de su Ash como Maestro Pokémon, por lo que estaba bastante emocionada de que estos pasaran varios días a su lado en el tranquilo pueblo natal de los Ketchum.

Según las palabras de su hijo su arribo sería por la tarde, por lo que aún tenía bastante tiempo para dedicarse a su jardín antes de tener que ir al pequeño mercado a comprar la comida necesaria para la grandiosa cena que tenía preparada. ¡Estaba segura de que su Ash se pondría muy contento!

— Mr. Mime, hay que preparar un gran banquete, así que necesitaré de tu ayuda —dijo Delia, viendo a su Pokémon—. Pero necesito varios ingredientes… ¿Crees que puedas ir a comprarlos al mercado? —preguntó con una sonrisa mientras le tendía una nota con lo que necesitaba al Pokémon payaso, el cual la tomó asintiendo con energía.

— ¡Mime, Mime, Mr. Mime! (¡Sí, claro que sí!)

Con una sonrisa, acarició a su querido Pokémon— Muchas gracias Mimie. Como mi Ash pasará aquí unos cuantos días con su familia tengo que preparar una gran cena, sabes bien que el estómago de mi hijo es un pozo sin fondo —expresó, riendo levemente—. Aunque… no sé si ahora le guste la comida que yo preparo, siendo que en Ciudad Verde viven los mejores chefs del mundo… —se preguntó con nerviosismo.

— ¿Pero qué tonterías estás diciendo, mamá? Tu comida siempre será la más deliciosa del mundo —expresó una voz masculina con un tono alegre.

Sorprendiéndose de sobremanera, la mujer de avanzada edad se levantó con rapidez y se giró hacia la entrada de su casa, ahí pudo divisar tres inconfundibles figuras para ella.

— ¡Ash! —exclamó Delia con sorpresa al ver a su hijo ya en casa. Pero, ¿por qué habían llegado tan temprano? Aún faltaban varias horas, ¡y no tenía nada listo! Oh… su gran sorpresa había quedado arruinada por completo…

Sonriéndole animadamente, el moreno le respondió— Hola mamá, ya llegamos.

— ¡Pikachu…! (¡Hola!) —exclamó el roedor que estaba sobre el hombro de su entrenador.

— ¡Abuelita! —exclamó una niña de ojos aguamarina y cabellos negros, corriendo hacia Delia para darle un fuerte abrazo— ¡Ya estamos aquí! —dijo la niña con una sonrisa y las mejillas sonrojadas. Ella estaba feliz de ver a su abuela, era alguien a quien quería mucho y siempre deseaba ver.

El efusivo abrazo la sacó rápidamente de su estado de confusión y finalmente la mujer de avanzada edad le devolvió la sonrisa a su pequeña nieta, la cual la veía ya un poco confundida al no recibir una respuesta rápida como siempre lo hacía.

— ¡Qué bueno que ya estés aquí, mi amor! —dijo con alegría— ¡Te estaba esperando con muchas ansias! —al escuchar la respuesta de su abuela, y ver aquella característica sonrisa, la pequeña Ketchum volvió a sonreír y a darle un fuerte abrazo, siendo esta vez correspondido por la señora de la casa.

Habiendo escuchado aquella declaración, el moreno se cruzó de brazos y con una ceja arqueada le dirigió la palabra a su madre— Oye, yo también estoy aquí…

— Ay… vamos Ash, no seas celoso —lo reprendió Misty con una sonrisa divertida.

— No lo estoy, ¿cómo puedo estar celoso de que mi propia hija acapare la atención de mi madre? —le respondió inmediatamente, cerrando los ojos.

Con su patita, el Pokémon eléctrico le dio unas cuantas palmadas a la cabeza de su entrenador— Pikapi Pikachu Pi…. (No lo niegues, Ash…) —se escuchó al roedor eléctrico decir con cierta vergüenza.

— ¡Oh, vamos Pikachu! ¡Deberías estar de mi lado…! —exclamó el oriundo del pueblo.

La mujer de cabellos naranja no pudo evitar soltar una pequeña risilla debido a la respuesta de su marido. Al final esta rodeó con su brazo derecho el izquierdo de Ash y lo jaló un poco hacia ella— ¿Lo ves? Pikachu piensa lo mismo que yo, amor; eres un libro abierto —explicó Misty mientras picaba la mejilla de su esposo con el dedo índice continuamente, logrando que el moreno sólo dejara caer una leve gotita de sudor por su sien y se sonrojara.

— ¡Oh, cállate! —fue lo único que atinó a responder, nunca alejándose del agarre de su esposa.

Sintiendo algo de nostalgia por sus reacciones, Misty suavizó su semblante y le sonrió con dulzura antes de pararse de puntillas y plantarle un beso en la mejilla a su marido— Ya, ya, no te molestes por cosas tan pequeñas, porque sino te saldrán canas antes de los 40 y no quiero a un marido canoso —le comentó, dejando escapar una leve risilla tras habérselo imaginado ya con algunos años más encima.

Aunque aún así, seguiría siendo el hombre más apuesto para ella.

Ya finalmente ignorando el comportamiento de su marido, la mujer proveniente de Ciudad Celeste se dirigió hacia su suegra—. Disculpe la mala educación Delia, ¿cómo ha estado? ¡Hace mucho tiempo que no la vemos!

— ¡Ciertamente! —respondió Delia, quien continuó acariciando el cabello de su nieta— Ha pasado tanto tiempo desde la última vez, que pensé que ya no me vendrían a visitar ahora que viven en Ciudad Verde —expresó la dueña de la casa, posando una de sus manos sobre sus mejillas.

— ¡Ay suegra! ¿Cómo cree? Nos encanta venir a verla, especialmente a ciertos Ketchum que conozco —afirmó, viendo rápidamente a su hija y luego a su marido—. ¡De hecho, ellos fueron los primeros en estar listos! Se levantaron y arreglaron lo que tenían que arreglar muy temprano para poder darle una sorpresa.

Delia tan sólo sonrió— Entiendo, es por eso que llegaron antes de la hora indicada —expresó, aunque después algo de tristeza se apoderó de sus ojos—. Aunque por esa pequeña sorpresa que planearon arruinaron la mía… —declaró, llamando la atención de todos—. Sí, tenía planeado ir al mercado para poder recibirlos con un gran banquete, ¡de esos que le gustan a mi Ash! —exclamó con alegría y con sus manos juntas al recordar todo lo que hacía de comer cuando su pequeño regresaba de sus aventuras Pokémon— ¡Ah…! Pero qué maleducada soy, por favor, pasen. Les serviré un poco de té. Mimie, ¿puedes ayudarme poniendo a calentar el agua y sirviendo unas galletas en la mesa? —preguntó con ánimo. Su querido amigo tan sólo asintió con energía y se adentró en la casa para preparar todo.

— Abuelita, iré a ayudar a Mr. Mime con el té —expresó la niña antes de alejarse del agarre de la mujer de ojos café, quien tan sólo la siguió con la mirada.

Pero a diferencia de la de tercera edad, la joven mujer si tuvo algo que decir— ¡No corras dentro de la casa, Alyson! —ordenó Misty al ver cómo su hija se adentraba en la casa, para recibir segundos después una respuesta afirmativa de parte de su niña.

Y así, los tres adultos quedaron fuera de la residencia, no despegando la vista del camino que la pequeña Ketchum había recorrido con alegría y entusiasmo. Eso sin duda alguna lo había heredado de su padre, aunque él no hubiera sido necesariamente alguien muy interesado en la cocina.

— Ah, esta hija mía… —susurró el maestro, rascándose un poco la cabeza—. Disculpa que sea tan enérgica, mamá.

— Ay, ¿pero de qué te disculpas Ash? Adoro que mi pequeña Alyson sea así… ¡Me recuerda mucho a ti cuando eras un niño! —expresó en un inicio, juntando sus manos sobre su pecho—. Claro que me agrada más que mi nietecita esté más entusiasmada en ayudar en la cocina que sólo en los Pokémon…

Lo único que Ash pudo hacer con respecto a ese comentario fue reír nervioso. Misty, por otra parte, finalmente soltó a su marido y se cruzó de brazos para asentir con un semblante serio— Si, si… tiene toda la razón, suegra. Gracias a Dios mi niña ama a los Pokémon, pero no son lo único en su cabeza…

— Oye, ¿y tú de qué lado se supone que estás…? —preguntó Ash, sintiendo un pequeño tic en su ojo derecho.

— De la voz de la razón, y esa evidentemente no es la tuya… —le respondió con una sonrisa confiada, sabiendo que su marido no podría responder tras ese argumento—. ¿No es así, Delia? —le preguntó a su suegra, quien sólo río en silencio por la veracidad de esas palabras.

Para ella, que había vivido mucho tiempo ya, éste tipo de cosas le hacían bien, especialmente ver la felicidad que había en la relación que estos dos jóvenes tenían. Ella siempre supo, desde que conoció a la pelirroja amiga de su hijo, que ellos dos estaban destinados, y que aunque no pudieran viajar juntos después, el lazo que habían creado perduraría por siempre. Delia lo veía, podía notar ese cariño tan especial que sentían el uno por el otro. Por eso cuando anunciaron su noviazgo y después su boda… ¡No pudo evitar saltar de emoción!

Sin embargo, lo que más le brindaba alegría a su vida y su corazón era ver cómo es que esos dos niños, a pesar de haber crecido y de formar una familia, seguían siendo los mismos, la misma personalidad, el mismo carácter, especialmente… después de lo que les pasó hace unos cuantos años atrás.

La matriarca de los Ketchum rezó y rogó por mucho tiempo que sus dos pequeños pudieran salir adelante, seguir con su vida aunque fuese difícil. Y al parecer, tras algunos años sus plegarias surtieron efecto al verse reflejado en el nacimiento de su adorable y enérgica nieta Alyson.

Ese pequeño sol fue quien trajo alegría y risas de nuevo a la vida de su hijo y de su nuera.

— Me encanta cómo es que ustedes dos se ponen de acuerdo para hacerme sentir menos… —continuó diciéndole Ash a Misty, quien ahora sólo estaba riendo por el berrinche que su esposo estaba haciendo.

— Y la verdad es que no entiendo cómo es que aún no te acostumbras, Ketchum —respondió su esposa, posando una de sus manos sobre su hombro.

Ash simplemente se encogió de hombros ante aquella aseveración— La pregunta de mi vida. En fin… ¿Qué tal si vamos adentro, mamá?

— Claro cariño, aunque lamento no poder ofrecerles algo de comer, como llegaron antes…

Riendo levemente por la preocupación de su madre, el padre de familia se acercó a ella y posó una mano sobre su hombro— No te preocupes mamá, comimos hace unas cuantas horas, así que… podremos esperar un poco más para que puedas preparar ese delicioso banquete del que hablabas —aquellas palabras lograron sacarle una sonrisa a la señora Ketchum—. ¡Pero espero que hagas mucha, sabes cómo adoro tu comida!

Suspirando con pesadez, Delia observó a su hijo y después a su nuera— Algunas cosas nunca cambiarán, ¿verdad?

— Para bien o para mal, ese es nuestro Ash, suegra… —respondió Misty con una sonrisa, antes de terminar riendo junto a la madre de su esposo. Ash simplemente no dijo nada y se remitió a escucharlas mientras cerraba la puerta de la casa de su madre.

El tiempo pasó volando para los Ketchum ese día. Alyson, quien se encontraba muy animada desde la mañana, finalmente se quedó dormida en uno de los sofás que estaban en la sala mientras esperaba a que su abuela y su madre terminaran de cocinar. No es que no hubiera querido ayudarles, pero como estaba tan cansada por haberse levantado temprano y haber jugado todo el camino con Pikachu, y ahora con Mr. Mime, su cuerpo simplemente no pudo aguantar más y cayó rendida.

Mientras que Delia y Misty cocinaban, Ash decidió recorrer la casa donde vivió por mucho tiempo junto a su madre. Cada pasillo, cada pared, cada habitación le traían un preciado recuerdo de su niñez y adolescencia, aunque esta última casi se la pasó todo el tiempo viajando…

Cuando entró a su antigua alcoba no pudo evitar sonreír con nostalgia. Esa habitación no había cambiado en nada, estaba tal cual la dejó el día en que decidió irse a vivir a Ciudad Verde. Se acercó a su cama y se sentó en ella, viendo desde allí cada esquina, cada cosa en su buró, incluso el cobertor que cubría su colchón. Había muchos recuerdos en ese ahí.

De hecho, uno de los primeros que vino a su mente fue la noche previa al inicio de su viaje Pokémon.

— Recuerdo que estaba tan emocionado que no podía dormir… —expresó Ash antes de levantarse y ver los posters de los Pokémon iniciales que estaban pegadas en la pared, los cuales ya mostraban signos de antigüedad. Mientras caminaba por su vieja alcoba, rememoraba bien esa noche y el día que vino después.

— Pikapi… (Ash…)

— Aún me es difícil creer, que han pasado muchos años, Pikachu. Y pensar que ahora es mi hija la que pronto iniciará su entrenamiento —le habló Ash a su mejor amigo, antes de abrir su closet y ver toda la ropa que ahí seguía, toda la que usó durante su viaje, ¡incluso cada una de sus gorras! Pero la que más le llamó la atención fue la primera que usó. La tomó con suavidad y continuó hablando—. Cuando estoy en éste lugar, me siento todavía como un niño de 10 años —comentó mientras se ponía la gorra que usó durante sus primeros viajes, pero… — Ejejeje… ya no me queda —concluyó, bajando la cachucha y dejándola en su lugar. Volteó hacia su Pokémon y se encogió de hombros, logrando que éste lo imitara de igual forma—. Vamos amigo, salgamos de aquí.

Al salir de la habitación, el mayor de los Ketchum tuvo la firme intensión de dirigirse hacia la primera planta para acompañar a su madre y esposa un rato antes pasar a saludar a Gary, quien ahora era el encargado de entregarles a los niños su primer Pokémon tras el retiro de Samuel Oak. Sin embargo cuando pasó por la habitación de su madre, algo que divisó en la esquina de la cama llamó su atención.

Parecían ser fotografías.

Ash usualmente no se metía en las cosas de su madre, y mucho menos entraba a su habitación sin permiso, pero como dicen… la curiosidad mató al Meowth, por lo que se adentró en la pieza junto a su Pikachu y se sentó en la cama de Delia. Tomó las fotografías y con lentitud las fue observando de una en una.

— ¡Vaya! —exclamó Ash al ver las primeras— Son fotografías de cuando tenía 10 años. Creo que fue la época en la que apenas iba a competir en la Liga Añil… —comentó mientras pasaba algunas fotos en donde se le podía ver a él, a Misty y a Brock entrenando o comiendo en la cocina. Se veían muy contentos, debieron haber estado pasando un buen rato.

Ash continuó pasando una foto tras otra, hasta que llegó a una que lo hizo detenerse por completo. De pronto, un tenue sonrojo se apoderó de su rostro.

Con una sonrisa, el maestro miró a su compañero— Mira Pikachu —expresó el Ketchum, pasándole la fotografía al Pokémon eléctrico. En ella se podía ver Misty y a él abrazados con fuerza.

— ¿Pi…? ¡Pikapi, Pika Pikachupi…! (¿A ver…? ¡Ash, aquí tú y Misty…!)

— Así es, esta fotografía es de cuando Misty y yo nos comprometimos, ¿lo recuerdas, compañero? —preguntó Ash, acariciando la cabeza de su Pokémon.

— ¡Chaaa…! (¡Si…!)

Ash volvió a tomar la foto de las patas de su amigo y la observó de nuevo— ¿Sabes? Ese fue uno de los días en los que más nervioso estuve… incluso mucho más que cuando competía en una Liga, o cuando me enfrenté a Lance —confesó—. Pero al final todo salió bien, Misty y yo nos casamos tiempo después… y de ahí que ahora estemos aquí —le sonrió a su mejor amigo, mientras recordaba los buenos tiempos de su juventud.

Vio por última ocasión aquel recuerdo y finalmente decidió darle paso. Continuó viendo algunas otras que estaban detrás de esta y varias le sacaron unas buenas carcajadas. Sin duda alguna… su niñez y adolescencia fueron muy divertidas.

El adulto continuó viendo las fotos con suma tranquilidad, hasta que se topó con una que no pensó ver de nuevo. Dicho recuerdo, en vez de causarle gracia, logró que la sonrisa que por mucho tiempo estuvo plasmada en su rostro se desvaneciera, dejando ver tan sólo un semblante lleno de seriedad.

Por supuesto que eso no pasó desapercibido por su Pokémon. Pikachu, quien hasta el momento había visto reír a su entrenador constantemente, no pudo evitar preocuparse.

— Pikapi… (Ash…)

El roedor esperó algunos segundos la respuesta de su amigo, sin embargo esta nunca llegó. Lo único que lo vio hacer fue dejar las fotografías sobre la cama de nueva cuenta y levantarse— Vamos Pikachu, visitemos a Gary antes de que la cena esté lista —le ordenó con una sonrisa algo… extraña y después de eso, salió de la habitación.

Mientras que su entrenador se alejaba de la habitación con cierta rapidez, la rata eléctrica se quedó sobre la cama unos segundos más. Tras haber pasado tanto tiempo junto él, Pikachu sabía que algo en esa fotografía que no logró ver perturbó a Ash, y eso lo ponía realmente triste. No le gustaba verlo así.

Sin embargo él lo conocía muy bien, y sabía que aunque sufriese éste no mostraría su dolor frente a su familia para no incomodarlos, por lo que no le quedó más opción que hacer lo mismo. Así que, bajándose por fin de la cama, corrió hacia Ash.

Ya estando en la planta baja, el Ketchum se dirigió a la cocina.

— Mamá, Misty, iré a ver a Gary un rato —les dijo, llamando la atención de las dos mujeres al mismo tiempo en que su Pikachu se subía a su hombro.

— Está bien, Ash. Me los saludas, por favor —pidió Misty con una sonrisa.

— Regresa pronto, la cena estará lista dentro de poco —pidió Delia antes de volver a su estofado.

El moreno asintió— ¡Claro! ¡Nos vemos! A la carga Pikachu— y dicho eso, Ash salió de la residencia para dirigirse al laboratorio.

Y justo en el segundo en que Ash salió de la casa, la pequeña Alyson decidió que ya era de abrir sus ojos. Con algo de pesadez, la heredera de los Ketchum se levantó del sofá, dejando ver cómo sus negros cabellos estaban algo alborotados por haber estado recostada durante un buen rato.

Tras desperezarse un poco, la niña dirigió su vista a la puerta que recién se cerraba, y aunque apenas iba abriendo los ojos, Aly creyó haber escuchado la voz de su padre.

Con lentitud, la niña se levantó del sofá y se acomodó su ropa, la cual consistía en una blusa larga hasta los muslos de color azul celeste sin mangas. Sobre esta traía puesto una pequeña chaqueta de color azul marino con mangas blancas, similar a la que su padre usó alguna vez en sus viajes. Así mismo, por debajo de todo aquello se pudo divisar unos shorts de licra negros. Y para rematar, unos tenis como los que solía usar Ash en su recorrido por Kanto.

Aplacó un poco su corto cabello negro y se dirigió a la cocina.

— Mamá…

— Oh, ya despertaste, amor —comentó Misty viéndola por su hombro—. ¿Dormiste bien?

— Si —respondió antes de tomar asiento en un lugar de la mesa—. Oye, ¿mi papá salió?

Volviendo su vista hacia la verdura, la pelirroja respondió— Si, fue a visitar a tu tío Gary. Como hace mucho tiempo que no se ven…

— ¡¿Qué?! ¡¿Fue con mi tío Gary?! —exclamó, levantándose de la silla— ¡¿Pero por qué no me despertó?! ¡Pude acompañarlo y de paso ver a Gale! —se quejó Alyson.

— Es que estabas dormida mi amor, y tú papá no te quiso despertar —expresó Delia, dándose la vuelta mientras se secaba un poco las manos en su delantal.

— Sí, pero…

Delia se acercó un poco a ella y tocó su frente con uno de sus dedos— No te preocupes, cielo… Recuerda que estarás aquí unos cuantos días, así que podrás verlo después —reafirmó la matriarca—. Además, si no vas tú viene él, estoy segura de que también tiene muchas ganas de verte. Así que no te desanimes, ¿de acuerdo? —pidió su abuela mientras le guiñaba un ojo.

Con un pequeño sonrojo sobre sus mejillas, Alyson asintió— Está bien, abuelita.

— Esa es mi niña —respondió—. Ahora corazón, ¿puedes ir a mi habitación a traerme una de mis pinzas para el cabello? —le pidió— Es que olvidé ir por ellas, y por estar tanto tiempo en la cocina ya me está dando mucho calor, ¿podrías hacerme ese favor?

— ¡Si, ya vengo! —y tras eso, la heredera de los Ketchum se dirigió a la planta alta con velocidad.

Habiendo visto todo de reojo, Misty tan sólo sonrió divertida por las expresiones de su hija; verla tan nerviosa cada vez que se mencionaba el nombre de Gale le causaba mucha ternura. Se notaba a leguas que le gustaba mucho, y lo mejor era que el sentimiento era correspondido.

A decir verdad, todo esto le recordaba un poco a cuando tanto ella como Ash se fueron gustando de a poco cuando eran unos niños. Claro que la relación de su hija con Gale era mucho más tranquila que la de ella y su esposo, quienes empezaron un poco… pesado.

¡Pero…! Esos eran meros detalles, simples y sencillos detalles…

Por supuesto que esto que acababa de pasar no se lo comentaría a su marido pero ni por error. No, no, no… Ash era bastante celoso con su hija, y dudaba mucho que pudiera soportar la idea de que su princesa, su niña se fijara en un jovencito, y menos si se trataba del hijo de Gary.

Ojo, no estaba haciendo alusión a que Ash no sintiese aprecio por el niño, de hecho ambos se llevaban bastante bien, y el Ketchum siempre hacía comentarios donde agradecía que Gale no hubiese sacado el carácter de su padre, sino el de su madre. Pero aún así, el sólo hecho de pensar que su bebé se interesara en alguien… era algo que como cualquier padre no deseaba ver por el momento.

¡No señor! —le respondió Ash a Misty cuando estaban en la cocina de su casa hablando de qué podría pasar cuando Alyson comenzara su viaje Pokémon, y por una cosa u otra, llegaron a los temas de los novios— ¡Aún está muy pequeña para que le interesen los niños!

Misty recordaba bien esa escena de celos que su Ash había hecho, y fue a partir de ese momento en que no volvió a mencionar nunca el tema, aunque ella le hubiera recalcado anteriormente que ellos habían pasado por algo similar cuando eran más pequeños. Pero bueno, a final de cuentas, era la naturaleza de todo padre el querer proteger a sus hijos, especialmente si estos eran niñas.

Ya se le pasará… —pensó para sí misma la de ojos aguamarina.

Mientras abajo las mujeres adultas se deleitaban con el dulce amor que florecía dentro de su nieta e hija, Alyson ya se encontraba en la habitación de su abuela. Buscó por unos segundos las pinzas que Delia le pidió hasta que las encontró en la mesa de noche que estaba a lado de la cama.

Una vez con ellas en mano estuvo a punto de retirarse, pero así como a su padre, algo llamó la atención de sus ojos aguamarina. Se trataba de las mismas fotografías que su padre observó hacía un rato atrás, aunque eso ella no lo supiera.

No creo que pase nada si me demoro un poquito —pensó la Ketchum antes de sentarse en la cama y tomar las fotos entre sus manos.

Al irlas viendo de una en una, su semblante fue adornada por una gran sonrisa, muchas de esas fotografías le parecían bastante entretenidas, especialmente las de sus papás cuando eran niños; parecía ser que se peleaban demasiado… pero a la vez se notaba lo mucho que se querían en otras.

Por supuesto que esos pleitos parecieron haber trascendido, porque ella logró presenciar varios de ellos. Sin embargo, su abuela le comentó alguna vez que era normal entre los padres pelear de vez en cuando, y siendo sus papás quienes eran menos se debía preocupar. Ellos se amaban, y aunque discutieran eso no iba a cambiar.

Tras pasar algunos segundos rememorando esas ocasiones, la Ketchum fijó de nuevo su vista sobre las fotos. Las pasó con cuidado mientras las observaba con detenimiento hasta que una logró captar su atención de forma inmediata. En ella pudo divisar a sus padres ya mayores junto a su abuela y amigos de viaje. Parecía que se encontraban en el hospital debido a la cama y otros detalles que pudo reconocer.

Pero lo que llamó más la atención de Alyson, fue ver que a pesar de que sus padres sonreían, los ojos de ambos se veían levemente hinchados… rojos. De hecho, todos se veían algo decaídos en ella.

— ¿Qué habrá pasado….? —susurró con duda.


Lejos de ahí, en el laboratorio de los Oak, Ash se encontraba ya en compañía de una de las personas que más problemas le dio durante sus viajes hasta que se retiró de ser entrenador. Él, quien a pesar de todo terminó convirtiéndose en uno de sus mejores amigos.

Sí, esa persona no era otro más que Gary Oak, nieto del tan aclamado y famoso Profesor Samuel Oak, la persona que los inició a los dos en su aventura cuando tenían 10 años.

— Así que se quedarán unos días, ¿eh, Ash? —aseguró Gary mientras continuaba con una parte de su investigación en la computadora del laboratorio.

— Sí, como Alyson cumplirá 10 años dentro de estos días… —comenzó a hablar mientras observaba por la ventana al hijo de Gary, Gale, jugar con los Pokémon. Acaricio la cabeza de Pikachu y continuó hablando—, Misty y yo pensamos que sería buena idea venir de una vez a Pueblo Paleta para que pudiera iniciar su viaje Pokémon desde aquí. Así como tú y yo —le respondió.

Al tener que estar atento a su investigación, el nieto de Samuel tan sólo se limitó a responderle con un "Ya veo". Claro que eso a Ash no le molestaba en lo absoluto, ya que estaba consciente de que su amigo ya hacía bastante aceptando su inesperada visita y prestándole atención para que no estuvieran ahí sin decirse nada.

Mientras Ash esperaba a que Gary estuviese un poco más libre, éste continuó observando al hijo de su amigo. Era increíble el parecido entre padre e hijo, lo único que lo diferenciaba del ahora investigador era el tono de su cabello, que era mucho más claro que el de su padre, y sus ojos azul zafiro que heredó de Sienna, su madre.

Gale Oak, se notaba a leguas que además de los ojos, el niño había heredado el carácter más tranquilo de su madre, así como también su adoración por los Pokémon. No es que su padre no amara a las criaturas con las que coexistían en el mundo, pero éste era un poco más reservado en sus demostraciones de afecto; su hijo, por el contrario, lo demostraba sin pena alguna.

Sonrió. Ese niño le recordaba mucho a él cuando tenía su edad.

Y hablando de…

— Oye Gary —llamó.

— ¿Qué pasa, Ash? —respondió Gary automáticamente.

Ash guardó un poco de silencio antes de continuar con lo que quería decir— Oye, Gale ya tiene 10 años, ¿verdad?

— Sí, los cumplió hace poco… ¿Por qué? —preguntó el Oak, dejando de lado un poco la computadora para ver al moreno que había finalmente captado su atención.

— Por nada en particular —explicó Ash, regresando su vista hacia Gary—. Y dime, ¿por qué aún no ha empezado su entrenamiento? —preguntó curioso.

Ante aquella pregunta, Gary sólo sonrió y se levantó de su silla. Se posicionó a lado de Ash y miró a su hijo por la ventana. El moreno lo miró un poco confundido, extrañado de que no le hubiese respondido inmediatamente, no era una pregunta difícil. Sin embargo no le tomó tanta importancia y fijó de nuevo su mirada sobre el gran centro de investigación que desde siempre había conocido.

— Bueno, Gale me dijo que no iba a empezar su entrenamiento Pokémon hasta que Alyson lo hiciera —respondió Gary sin más, logrando captar la atención del Ketchum.

— ¿Cómo?

El ahora investigador Pokémon río ante el recuerdo de la razón que su hijo le dio— Parece ser que los niños se pusieron de acuerdo para comenzar al mismo tiempo su entrenamiento Pokémon —continuó Gary, fijando su vista sobre Ash—. No como tú y yo que lo empezamos el mismo día, pero por caminos separados, sino juntos, como compañeros de viaje.

— Pika… (Oh…)

— Oh… Vaya, eso no lo sabía.

— ¿Alyson no te lo comentó? —preguntó Gary curioso, antes de volver su mirada hacia su hijo, quien ya los había visto y los saludaba desde abajo, gesto que él regresó sin dudar.

Ash sencillamente negó con la cabeza— No, he estado tan ocupado estos últimos meses con temas de la liga… que no he podido sentarme a platicar con Aly —respondió él—. De hecho esa es una de las razones por las que decidí tomarme unos días libres, ya que quiero poder platicar con ella sobre lo esencial del entrenamiento Pokémon. Misty ha hablado con Alyson de todo esto, pero… soy su padre, tú sabes a qué me refiero…

— Sí, lo sé —respondió Gary, entendiendo el mensaje—. Diría que me pasa lo mismo —comentó, regresando a su silla—. Mi trabajo como investigador es tan demandante que a veces llegó muy tarde a casa. Sienna me regaña por no pasar tanto tiempo con mi hijo, pero no puedo hacer nada para remediarlo… Estas investigaciones y estos análisis no se hacen solos…

Ash no pudo evitar reír por el comentario de su amigo, pues el investigador estaba pasando exactamente lo mismo que él con su esposa. Su pequeña nunca le decía nada, pero Misty… Oh, su mujer era otro cuento. Esta solía regañarlo de pronto por no pasar más tiempo con ellas, especialmente con su hija, quien ahora más que nunca necesitaba los consejos de su padre.

¡Y el qué más quisiera! ¡De verdad…! Pero no todo podía ser miel sobre hojuelas, alguien tenía que ser la cabeza de la familia, y ese papel le correspondía a él. Detestaba tener que sacrificar tiempo con su esposa y su hija, pero con tal de darles una mejor vida, una cómoda y sin preocupaciones… haría lo que fuera.

Él tan sólo buscaba la felicidad para su familia, no pedía nada más. Ya no quería más sufrimiento, con una sola vez bastó. Claro que en esa ocasión nadie tuvo la culpa, pero aún así…

— Oye Gary —habló, interrumpiendo sus propios pensamientos.

— ¿Qué pasa? —preguntó, viéndolo atentamente.

Dejando de ver hacia la ventana, el de ojos cafés posó su mirada sobre su mayor rival y amigo, para después sonreír— ¿No quieren ir a cenar hoy a casa con nosotros?


Y como de costumbre, su marido perdió la noción del tiempo. El muy desgraciado dijo que sólo iría un rato a visitar a Gary, ¡pero ya hasta se había puesto el sol! Pasaron horas desde que se fue, y su adorado esposo todavía no hacía acto de presencia.

— ¿Deberé ir a buscarlo? —preguntó Misty al aire.

— No te preocupes Misty, seguro que Ash llega en cualquier momento —comentó Delia, quien aún estaba refinando algunos detalles de la comida, la cual por cierto, era demasiada, algo de lo que su nuera se dio cuenta.

Parpadeando levemente, Misty se acercó a la madre de Ash— Oiga suegra, ¿no cree que es mucha comida? —preguntó ella al ver la mesa.

— Lo dudo mucho cariño, hasta creo que podría faltar… —comentó Delia con una sonrisa hacia Misty.

La pelirroja no estuvo muy segura de lo que su suegra quiso decir, en realidad, pues haciendo cuentas… nada más serían ellos 4, ¿cómo podría sobrar entonces tanta comida? Estaba bien que su marido fuese un glotón de primera, pero aún así era demasiado…

¿Se habrá ilusionado de más…? —se preguntó a sí misma mientras se levantaba de la mesa. Estaba a punto de ir hacia la planta alta para llamar a Alyson, quien después de haber bajado la pinza que su abuela le pidió, esta regresó al segundo piso de nuevo.

No obstante el ruido de la puerta abriéndose llamó su atención por completo, por lo que se giró rápidamente hacia esta.

— ¡Ya llegamos! —exclamó Ash, entrando con singular sencillez a la casa.

— Ash, ¿por qué tardaste tanto? —le preguntó Misty con las manos en la cintura— ¡La cena está lista desde hace media hora, se va a enfriar todo!

El moreno tan sólo río con algo de nerviosismo ante el regaño de su esposa, la cual por cierto no parecía tener intensiones de detenerse. Estaba consciente de que fue error suyo no haber notificado que llegaría algo tarde, pero tampoco pensó que sería gran cosa.

A veces olvidaba que su mujer era así.

La pelirroja estuvo a punto de soltar un nuevo regaño hacia su marido, pero una voz conocida para ella la detuvo instantáneamente— Discúlpanos Misty, fue nuestra culpa —expresó una voz femenina—. Nos invitó a cenar de la nada y yo no estaba presentable.

— ¡Sienna! —exclamó Misty, viendo con algo de sorpresa a su vieja amiga, la cual por cierto le regresó una sonrisa como respuesta.

Pocos segundos después de la entrada de la rubia de ojos azules, un apuesto hombre también hizo acto de presencia y se posó a lado de su esposa— Aunque en teoría si es culpa de Ash por hacer la invitación de la nada.

— Óyeme... —soltó Ash, cruzándose de brazos—. Todavía que te invito...

El Oak entonces soltó una leve carcajada— Vamos, Ashy-Boy, es sólo una broma —se defendió el investigador, antes de posar su mirada sobre la mujer de pelirroja cabellera—. Hola sirenita, hace tiempo que no nos vemos.

— Sí, ha pasado tiempo —fue lo único que esta respondió la de ojos aguamarina, antes de finalmente posar su mirada sobre el pequeño niño que se encontraba detrás de su padre. Con una sonrisa, la pelirroja se inclinó un poco hacia él—. Hola Gale, ¿cómo estás?

El niño de 10 años, el cual era la viva imagen de su padre, se acercó levemente hacia ella e hizo una pequeña referencia— Buenas noches tía Misty, señora Ketchum, gracias por invitarnos a cenar con ustedes —agradeció el pequeño, quien de inmediato comenzó a buscar algo con la mirada, captando así la atención de la oriunda de Ciudad Celeste.

Sonrió. Ella sabía perfectamente a quién estaba buscando.

— Bienvenidos muchachos —llamó de pronto Delia, captando la atención de todos—. Pasen, por favor… ¡hay lugar para todos! —invitó la propietaria de la casa con una enorme sonrisa. Para cuando Misty giró su vista, ya todo estaba listo, incluso la mesa y sillas extra.

Definitivamente su suegra era una mujer rápida… e intuitiva.

Pero antes de siquiera proceder a entrar de lleno en la residencia, Sienna se acercó a la madre de Ash y se inclinó levemente frente a ella, llamando así la atención de Delia— Siento mucho que hayamos llegado sin avisar, señora Ketchum…, espero no le estemos causando algún problema.

— ¡Ay no, por favor no te preocupes cariño, ya presentía que iban a venir cuando mi Ash fue a ver al apuesto Gary! —expresó ella, haciendo ver con el gesto de su mano que no hacía falta preocuparse por detallitos como esos— Pero vamos, vamos, adelante… ¡Siéntanse como en su casa!

— Con permiso entonces —agradeció Gary, tomando así la mano de su esposa y empujando levemente a Gale para que avanzara.

Dejando que los Oak los pasaran, la pelirroja se afianzó al brazo de su esposo.

— Debiste avisarnos Ash, hubiéramos tenido todo listo sin hacer que tu mamá se apresurara —le susurró Misty algo molesta.

Ash, quien tan sólo la escuchó atentamente, decidió aprovecharse de la cercanía de su esposa para depositarle un pequeño beso en la frente, logrando así sonrojar de forma un poco tenue las mejillas de la pelirroja— ¿Qué te parece si por ahora dejamos esos detalles de lado y disfrutamos de esta agradable cena? —le preguntó con una sonrisa tranquila.

Tras unos segundos de silencio, la pelirroja finalmente suavizó su semblante y suspiró derrotada— De acuerdo Ash, tú ganas… Vamos a cenar.

Sonriéndose mutuamente, la pareja finalmente se tomó de las manos y comenzó a dirigirse a la cocina junto a los demás, sin embargo una pequeña voz los interrumpió de pronto.

— Disculpa tío Ash, ¿dónde está Alyson? —preguntó Gale con curiosidad.

— ¿Eh…? ¿No está aquí? —parpadeó varias veces antes de buscar con la mirada a su hija.

Misty, sin soltar la mano de su marido, se agachó un poco hacia el pequeño y le dijo con una sonrisa— Seguramente está arriba. ¿Crees que puedas ir por ella para que baje a cenar?

Con el rostro levemente iluminado, el muchachito asintió con energía— ¡Sí, con mucho gusto! —y sin nada más que decir, se dirigió a las escaleras de la residencia para ir en busca de su amiga.


Ajena a todo lo que pasaba en la planta baja, Alyson parecía haber emprendido una importante misión: Descubrir algo más sobre esa extraña fotografía. En ese momento, se encontraba revisando un viejo álbum que encontró en el armario de su abuela. En él pudo ver muchas fotos, sin embargo ninguna le dio la respuesta que buscaba.

Buscó, buscó y buscó, pero lo único que la Ketchum logró encontrar fueron más fotografías de su madre embarazada. Muchas de ellas ya las había visto en su casa, por lo que no les prestaba bastante atención, por lo que las pasó de largo casi de inmediato.

¿Por qué? ¿Por qué era tan difícil encontrar alguna fotografía como la que tenía sobre sus piernas? ¿Qué secretos guardaba esa extraña foto? Necesitaba saberlo… después de todo, se trataba de su familia.

La de cabellos obscuros se concentró tanto en su auto impuesta misión, que no se dio cuenta cuando alguien más irrumpió en la habitación de su abuela— Aly… —la llamó con suavidad el niño de ojos azules desde la puerta.

— ¡Ah…! —gritó la pequeña niña de ojos aguamarina, cerrando instintivamente el álbum que yacía sobre la cama. Se volteó con rapidez hacia la puerta y su boca no pudo evitar abrirse por completo— G-Gale… ¿Qué… estás haciendo aquí? —preguntó la Ketchum, no pudiendo evitar que sus mejillas se colorearan de un leve tono carmesí.

Con una leve sonrisa, el pequeño Oak se permitió entrar a la habitación de Delia— Tu papá nos invitó a cenar con ustedes cuando estuvo en el laboratorio con mi papá —le dijo él, resolviendo la duda de la de ojos aguamarina—. Y bueno, tu mamá me pidió que viniera por ti para que bajes a cenar.

— Oh, entiendo…

Los niños tan sólo se miraron por unos cuantos segundos antes de que Gale notara que su amiga tenía algo encima de sus piernas y sobre la cama. Así que, curioso, se acercó a ella.

— ¿Qué estás viendo? —preguntó él tras tomar el álbum de la cama y abrirlo— ¿Fotografías?

Despegando finalmente su mirada de la del niño de ojos azules, Alyson posó su mirada sobre la foto que todavía estaba sobre sus piernas— Sí, algo así... —respondió—. Lo que pasa es que estoy buscando unas en especifico…

— Oh, ¿cómo qué clase de fotografías? —preguntó Gale, quien al final terminó sentándose a su lado pero sin dejar de ver el álbum que traía en sus manos.

La Ketchum guardó silencio durante unos segundos antes de tomar la foto que yacía sobre sus piernas y extendérsela a Gale— Una como esta… —susurró. El Oak entonces alejó su vista del álbum de fotos y se centró en la que su amiga le pasaba. Poco después éste dejó aquel grueso objeto y tomó la fotografía de las manos de la morocha.

Ni siquiera pasó más de un milisegundo cuando Gale finalmente habló— Estos son…

— Ajá, son mis papás junto a mi abuela y nuestros otros tíos —asintió Aly—. Parece que están en un hospital.

— Sí, eso veo… —respondió el niño, no dejando de ver la fotografía.

Alyson se acercó un poco más a su amigo y de igual manera centró su mirada en la foto— Pero, ¿sabes? Lo que más me llamó la atención fue esto —comentó ella, señalando con su dedo una parte de la fotografía que para ese entonces ya también había captado la curiosidad del Oak, aunque para él no era nada fuera de lo normal.

— Ciertamente es un detalle curioso, pero no le veo nada de rato —comentó el niño de ojos zafiro antes de observar a su compañera de juegos y aventuras. Sin embargo, ante la penetrante mirada aguamarina de la Ketchum, Gale no pudo evitar suspirar—. Bueno, si tienes tantas dudas, ¿por qué no le preguntas a tus papás?

Finalmente apartando su mirada de su amigo, Alyson volvió a tomar la fotografía en sus manos y un triste semblante se apoderó de su rostro— Si lo pensé, pero… No sé si quiera contestarme… —pensó esto último para sí al tiempo en que le dio la vuelta al pedazo de papel y observó la fecha escrita en medio junto a una pequeña descripción.

6 de Octubre del 2013 – Nacimiento de Aron.


Suki: Y BUENO… esta fue la primera parte de esta pequeña historia que estoy creando. Como dije va a estar basada en una historia real. La vengo pensando desde hace mucho tiempo pero no había tenido la inspiración para escribir la parte que no es real, o sea, esta xD. Momentáneamente regreso al mundo Pokémon, pero para traer más tragedia, o eso es lo que mi buena amiga Andy Elric me dice todo el tiempo: Su, a ti te gusta vernos sufrir T^T. No es que me guste verlos sufrir, pero es que esto de pronto aquí en Pokémon se me da bien :O… Ay no que horror, o sea que si quiero hacer una historia con final feliz, ¿no podré? ¡No~….!

En fin. Aclararé una cosilla nomas. Sienna, es un personaje original, obviamente, que yo creé desde hace mucho pero que pues apenas vengo incursionando en historias de Pokémon. A ella yo la diseñé para que fuera igualmente compañera de viaje de Ash desde mediados de Kanto, pero que terminó enamorándose de Gary. Si quiero mostrarla bien tendría que hacer una historia en donde recuente algunos episodios de Pokémon con ella dentro, pero la verdad es que me da algo de flojera y tampoco quiero modificar TANTO el canon como ya lo estoy haciendo xD, así que pues… por eso aclaro quién es… al menos en término generales xD.

Pero bueno, ya, de momento eso es todo y pues… ¡Espero que les haya gustado éste primer capítulo! ¡Saludos~!

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Suki90, presentó.