Disclaimer: Pokémon no me pertenece, todos los derechos están reservados por Satoshi Tajiri y NINTENDO.


Aclaración: Basado en una historia real.
Publicación original: 4 de Octubre del 2015
Re-edición:
24 de Julio del 2018


Autora: Suki90
Título: Revelando secretos
Serie: Pokémon
Capítulo 2: ¿Por qué? – Parte 1


Los niños se quedaron viendo el reverse de la fotografía por unos cuantos segundos. Los ojos de Gale, a diferencia de los de la niña, se quedaron totalmente abiertos ante lo que leía. Poco después, éste dirigió sus orbes hacia la morocha que lo acompañaba. En ella esperó encontrar un poco de molestia y frustración por haber encontrado algo que, al parecer, sus padres le ocultaron deliberadamente por más de 10 años.

No obstante nada de eso se vio reflejado en el rostro de Alyson Ketchum, lo único que el Oak percibió fue confusión y algo de tristeza. Comprensible si te ponías a pensar en lo que aquello significaba. No había que ser muy listos como para no darse cuenta de lo que pasó.

Gale tan sólo se limitó a observarla por unos cuantos segundos, dejando así que Alyson tuviera la paz suficiente para pensar en qué hacer. Para él la opción más sana sería esperar a que ellos sacaran el tema a relucir y así preguntarles todo lo que ahora seguramente rondaba por la cabeza de su amiga…

Pero si la conocía tan bien como lo hacía, Gale sabía que la chica investigaría hasta dar con las respuestas, aún si no le preguntaba a sus papás por "x" o "y" situación.

— Oye Aly —llamó Gale de pronto antes de posar su mano sobre el hombro de la morocha—, será mejor que bajemos —sugirió—. Ya nos tardamos mucho, y si no nos apresuramos nos encontr-…

— ¿Pikachu…? (¿Alyson?) —se escuchó decir de pronto, lo que sobresaltó rápidamente a los niños.

Con el corazón aún acelerado por ese pequeño susto, la morocha se levantó de su lugar y se acercó al roedor eléctrico— ¡Pikachu! ¿Qué estás haciendo aquí? —le preguntó ella, tomando al Pokémon en brazos.

— Pika Pikapi Pikachu~ —respondió el roedor, haciendo leves indicaciones con sus patas.

— ¿Dices que mi papá te mandó? —cuestionó la niña. El roedor asintió— Ya veo. Perdón por hacerte venir —se disculpó antes de acariciar su cabeza—. Bueno, a cenar… Vámonos, Gale —le dijo ella a su amigo al darse la vuelta, y tras eso la heredera de los Ketchum comenzó su andar hacia la primera planta.

Gale sencillamente asintió, sin embargo, antes de comenzar a seguirla posó su mirada sobre el álbum de fotos que ahora reposaba de nuevo en la cama de Delia. A su lado habían bastantes fotografías esparcidas, por lo que decidió que lo mejor era regresarlas a su lugar lo mejor que se pudiera. El resultado quedó un poco desordenado, pero supuso que por ahora así estaría bien.

Una vez se aseguró de que todo estuviera en orden, el niño se fue corriendo hacia las escaleras para poder alcanzar a Alyson, quien se quedó esperándolo al final de estas. Ya en la planta baja ambos se sonrieron y se dirigieron hacia la cocina.

Pikachu, quien dio por finalizada su misión, saltó de pronto de los brazos de la heredera Ketchum y se encaminó hacia su entrenador. Sin embargo, al darles un último vistazo a los niños, éste se percató de que la hija de su mejor amigo le pidió algo al primogénito de los Oak. Parecía ser que Alyson quería ocultar algo en los bolsillos de su amigo. Evidentemente Gale no estuvo del todo de acuerdo por sus reacciones, pero al final terminó cediendo.

— Pikachu… (Alyson…) —susurró el roedor antes de continuar su camino hacia Ash, quien ya los esperaba en una de las sillas de la cocina. El Pokémon del tipo eléctrico no podía asegurar nada, pero parecía ser que Alyson encontró algo que su dueño y su esposa quisieron ocultar por mucho tiempo de su hija.

¿Podría ser? No escuchó todo lo que hablaron los niños, pero… de alguna forma intuía lo que iba a pasar después de la cena.

Levantándose de su lugar, el Ketchum llamó a los niños— Alyson, Gale, vengan a cenar, sólo los estamos esperando a ustedes —solicitó Ash, mientras dejaba que Pikachu subiera a su hombro como siempre. A pesar de que por un momento le pareció extraño que el roedor acariciara su cabeza contra su mejilla éste no le tomó mucha importancia al final.

— Sí, ya vamos —respondió Aly, quien se apresuró a ir hacia donde estaba su padre para sentarse junto él y su madre. El pequeño Oak la siguió y fue a posicionarse en medio de sus padres.


La cena transcurrió con normalidad, las risas fueron las que predominaron la mayor parte del tiempo durante la convivencia gracias a los comentarios relacionados a los padres de Alyson y Gale. Por supuesto que el objetivo principal de las burlas no era nada más ni nada menos que Ash Ketchum, quien a pesar de ahora tener una mejor relación con Gary, aún era blanco de sus bromas ya no tan pesadas.

Por supuesto que los niños no pudieron dejar de reír ni por un momento, pues jamás se llegaron a imaginar todo aquello por lo que pasaron sus padres en su época. Para ellos siempre fueron buenos amigos, por lo que esto era nuevo.

Alyson, por su parte, estaba fascinada con las historias que contaba su tío, las cuales diferían garrafalmente con las que su propio padre contaba. Si, de pronto gracias a su mamá escuchaba alguna tontería, pero al final esta terminaba hablando maravillas de su padre. Por eso la pequeña heredera Ketchum adoraba escuchar a Gary, él era otro cantar.

— Y todavía recuerdo ese día que fuimos los dos a pescar al río que está cerca de aquí —prosiguió Gary—; no es que decidiéramos ir juntos, simplemente nos encontramos, pero realmente valió la pena… ¡Ya que tuve la fortuna de ver cómo el bobalicón de Ash era vencido por un pequeño Magikarp!

— Ah, no… por favor Gary… —expresó Ash levemente apenado, ese momento siempre ha sido uno de los más vergonzosos de su vida.

— Pikachu pi… (Aguanta amigo…) —fue lo único que susurró Pikachu, palmeando la cabeza de su entrenador con su pata.

Posando su mano sobre la de su esposo, la pelirroja tomó la palabra— Vamos Ash, no tiene nada de malo… —dijo Misty, quien a pesar de todo se reía levemente al imaginar aquella escena, resultaba una lástima que para ese entonces ella y Ash aún no se hubiesen conocido.

Con una sonrisa burlona, el investigador se inclinó un poco hacia el frente y se dirigió a Ash de nuevo— ¡Sí Ash, no tiene nada de malo ser abofeteado por uno de los Pokémon más débiles del mundo! — exclamó, riendo al final.

Las carcajadas no se hicieron esperar de nueva cuenta al escuchar la afirmación de Gary. Por supuesto que el único que no terminó riendo fue el mismo aludido, la vergüenza era tan grande que de no ser porque su familia estaba presente le hubiese dado un buen golpe al investigador.

Ciertamente Ash maldijo por lo bajo varias veces... En serio, ¿por qué tuvo que ser Gary quien presenciara una de sus más vergonzosas vivencias? Era de esos recuerdos que prefería olvidar. Pero para su mala suerte, el Oak jamás permitiría que eso sucediera mientras tuviesen buena memoria. Aunque para él lo peor es que su hija estaba escuchando, y de paso riéndose como si no hubiera un mañana.

— ¡Vamos papá, no pasa nada…! —expresó Alyson antes de palmear el brazo de su padre— ¡Eso fue hace mucho! —le dijo en un vano intento de tranquilizarse también, pero de sólo imaginarse dicha escena lograba sacarle alguna que otra risilla.

— No te preocupes princesa, todo bien —respondió con una sonrisa avergonzada antes de revolverle un poco el cabello a su hija. Bueno… a fin de cuentas su niña se estaba divirtiendo y eso era lo más importante, por lo que haría su mejor esfuerzo por soportar esos ratos de vergüenza.

Delia, quien desde el inicio rió con un poco más de discreción, se dedicó mayormente a observar la familia que hijo formó. ¡Todos se veían tan unidos y contentos! Pero lo que más le agradó ver a la mujer de mayor edad fue a su único heredero soportar la situación…, cuando había madurado. Si esto hubiese pasado cuando era un niño, Ash seguramente habría armado un tremendo escándalo.

Pero ahora todo era diferente, y eso la hacía sentir extremadamente orgullosa.

Así como Alyson, el pequeño Gale también soltó varias carcajadas durante el intercambio de anécdotas, pero de vez en cuando era silenciado por su madre. Si bien a Sienna de igual forma le causaba algo de gracia, ella se contuvo lo más que pudo. Estaba bien reír, pero su esposo a veces se pasaba de la raya.

— Amor, por favor no seas tan brusco con Ash… —suplicó Sienna con una sonrisa apenada.

— Ah, vamos, ¡esto es ya hasta de rutina!

— Gary… —fue lo único que respondió la rubia, aunque esta vez con más seriedad que la vez pasada.

Misty, quien se mantuvo al margen casi todo el tiempo finalmente tomó la palabra— Tranquila Sienna, así es como siempre se han llevado, ya los conoces.

— Lo sé, pero…

— No te preocupes, ahora no molesta tanto como lo hubiera hecho hace tiempo —expresó Ash, apoyando el argumento de su esposa—. Estamos pasando un buen rato, así que está bien. De todas formas, gracias por el apoyo —aquellas palabras relajaron un poco más a la rubia. Si bien ella conocía a Ash desde hace muchos años, casi nunca se llegó a inmiscuir en cosas anteriores a las de su viaje Pokémon hasta que él se las contara.

Sintiéndose mucho más tranquila, esta asintió. Una vez aclarado dicho tema, la rubia se puso de pie y tomó los platos de todos junto con Misty, para después ir a lavarlos juntas en apoyo a Delia.

Mientras que las mujeres de la casa se ocupaban del aseo de la mesa, los demás decidieron que era mejor cambiar de lugar para continuar la plática. Al final, su destino fue la sala, ahí su charla continuó tranquilamente, pero esta vez enfocándose en las nuevas investigaciones de Gary. El descubrimiento de nuevos Pokémon emocionaba mucho a los niños, por lo que lo escuchaban al Oak muy de cerca.

— Impresionante —soltó Ash—. Cada día más me sorprendo de poco que realmente sabemos sobre los Pokémon, y como es que cada cierto tiempo aparece uno completamente nuevo —expresó el Maestro, quien de tanto en tanto le brindó varias veces una caricia a su Pikachu.

— El mundo Pokémon es enorme Ash, te aseguro que aún hay muchos escondidos por ahí —respondió Gary—. Te apuesto que incluso puede que haya Pokémon prehistóricos aún vivos…

— ¿Eso es posible papá? —preguntó Gale con sumo interés al mismo tiempo en que metió sus manos en los bolsillos de su pantalón, donde de paso se aseguró de que lo que sea que guardaba aún estuviera ahí.

Gary asintió ante el cuestionamiento de su hijo— Claro, no sería de extrañarse. Los Pokémon son inteligentes, y si saben que corren riesgo en algún lugar, emigran a otro y se ocultan.

— ¿Eso quiere decir que, en caso de encontrarnos con uno, lo podemos capturar tío Gary? —preguntó Aly.

Pero en vez de que Gary respondiera, su propio padre lo hizo— Es posible capturarlos si es que te topas con uno —comenzó—, pero lo mejor que podrías hacer en tu nivel es dejarlos ir. Los Pokémon prehistóricos son bastante fuertes, grandes y de paso temibles… o al menos la mayoría.

— Lo dices por experiencia propia, ¿verdad, Ash? —dijo de pronto Misty, quien al haber terminado ya con los platos se sentó junto a su marido seguida de Sienna que hizo exactamente lo mismo con el suyo.

— ¿Experiencia propia? —repitió su hija— Papá, ¿tú ya has visto a un Pokémon prehistórico?

El morocho asintió antes la interrogante— Sí, cuando era un niño me topé con un Aerodactil… y no fue muy lindo que digamos, ¿no es verdad, Pikachu?

Quien por todo ese tiempo estuvo muy cómodo con las caricias de su entrenador tan sólo se limitó a asentir con la cabeza antes de responder— Chu… (Sip)

— Ah sí, recuerdo esa ocasión —comentó el investigador, haciendo memoria.

— Un recuerdo bastante vívido si me lo preguntan… —aseguró Sienna, no pudiendo evitar sentir escalofríos al recordar el miedo que sintió al ver a ese feroz y enorme Pokémon.

Gale, quien no pudo evitar emocionarse por lo que se estaba comentando, sacó rápidamente sus manos de sus bolsillos, provocando que algo saliera de ellos sin que se diese cuenta— ¡Eso es genial tío! ¡Viste a un Pokémon supuestamente extinto! —exclamó el niño, impresionado.

Ash no pudo evitar reír por la emoción que Gale sintió al escuchar de su aventura— Sí Gale, pero la verdad es que nos dio un buen susto esa única vez —le respondió—. Realmente temí por mi vida ese día —declaró con algo de nerviosismo. Tras haber confesado aquello, el Ketchum estuvo a punto de volver a acariciar la cabeza de su Pokémon, más no pudo hacerlo al sentir cómo de pronto éste abandonó con rapidez su lecho y se acercó al sillón en donde estaban sentados los Oak—. ¿Ah? ¿Pikachu…?

— Ash, ¿qué le sucede…?

— No lo sé, Misty…

Cuando los niños fijaron su vista sobre el roedor eléctrico no pudieron evitar ponerse completamente pálidos. Lo que Pikachu tenía en su pata era…

— Pikachu, dame eso… —susurró Alyson cuando se puso de pie y se acercó al Pokémon— ¡Pikachu…! —expresó al intentar atrapar al Pokémon antes de que éste se alejara de ella.

Por supuesto que esa situación no pasó desapercibida por el único hijo de Delia Ketchum— Pikachu, ¿qué es lo que está pasando? —preguntó Ash, quien finalmente se levantó y se acercó a su Pokémon. Cuando éste estuvo a una distancia prudente, la rata eléctrica observó con algo de preocupación a su entrenador, cosa que intrigó mucho a éste último— Vamos, ¿qué traes ahí?

— ¡No es nada, papá! —declaró Alyson, quien finalmente logró acercarse al Pikachu para quitarle lo que sea que tuviera en su pata antes de que su padre lo hiciera. Por supuesto que su accionar causó que Ash la viese con sorpresa, ya que esas no eran actitudes propias de su hija. Lo mismo pasó con Misty y Delia.

Ash, quien para ese entonces ya se encontraba a la altura de Pikachu, se enderezó y observó a su hija— ¿Qué es lo que te pasa, Alyson? —cuestionó el moreno un tanto confundido— Vamos, muéstrame qué es lo que traes ahí —ordenó él al tiempo en que extendió su mano.

No obstante, la niña lo único que hizo fue esconder lo que sea que tuviera en sus manos detrás de ella. Aquello terminó por sorprender aún más a su padre. Definitivamente algo raro estaba pasando, ya que la menor de ojos aguamarina jamás había reaccionado así.

Por lo que con un tono más autoritario, prosiguió— Alyson, no te lo estoy preguntando —le habló seriamente.

— Alyson Ketchum —interrumpió Misty de pronto, apoyando a su esposo. La pequeña desvió entonces su mirada hacia su madre—. Es una orden.

Con sus ojos temblorosos, la niña observó a su madre por unos segundos antes de desviar sus orbes hacia su padre de nuevo— Pero…

— Obedece —fue lo único que le dijo la pelirroja, no queriendo escuchar ninguna excusa más.

Para Alyson, y para muchos otros, Misty era una mujer que usualmente encontrabas de bueno humor a menos que su marido hubiese cometido alguna tontería o la hubiera dejado plantada con un encargo… como toda mujer. Pero así como era una madre dulce y cariñosa, también era bastante severa, y cuando usaba ese tonito que precisamente hace unos segundos usó quería decir que… o la obedecías o la obedecías.

Alyson no estaba segura de qué hacer. Sabía que lo mejor era obedecer a sus padres, justo como Gale le estaba haciendo entender en ese momento con la mirada, pero… ¿y si lo que había encontrado traía algún tipo de consecuencia? Digo, por alguna razón se lo ocultaron toda su vida…, algún problema debía haber. Aunque también existía la posibilidad de que simplemente la reprendieran severamente por esculcar entre las cosas de su abuela y por ello le retrasaran el iniciar su viaje Pokémon.

O tal vez lo estaba pensando demasiado.

Suspiró, al final sus orbes aguamarinas volvieron a fijarse sobre Ash, quien aún tenía su mano extendida hacia ella.

— Alyson, es la última vez que te lo ordeno: Muéstrame qué traes ahí —soltó Ash, no queriendo realmente molestarse con su hija, pero debía demostrarle que cuando era hora de hablar en serio, el padre dulce y protector se hacía a un lado para que el severo entrara.

Finalmente dejando caer sus brazos a sus costados, Alyson extendió a su padre lo que ocultaba tras su espalda. Se trataba de aquella fotografía con la leyenda por detrás que encontró en el álbum de su abuela. Ash tomó con rapidez dicha foto y la observó detenidamente. Todo aquello llamó la atención de Misty, por lo que terminó acercándose a su esposo.

La pequeña Alyson tan sólo contempló a su padre observar aquella fotografía con el mismo semblante con el que la tomó, ninguna expresión se reflejó en su rostro como si lo hizo en el de ella.

Pasados unos segundos, tanto Ash como Misty se observaron con algo de confusión, para después posar su mirada sobre su única hija.

— Cariño, ¿de dónde sacaste esto? —preguntó Misty, acercándose a su hija.

— Del cuarto de la abuela…

— ¿Y por qué tomaste algo que no era tuyo sin permiso, Alyson? —cuestionó Ash, cruzándose de brazos pero con cuidado de no maltratar la fotografía.

Cabizbaja, la morocha respondió— Es que cuando estaba buscando la pinza de la abuela la vi por accidente en la cama y…, lo siento —fue lo único que terminó por decir.

El silencio entre los presentes perduró por unos segundos hasta que finalmente Delia se acercó a la escena— No seas tan duro con ella cariño, en parte fue mi culpa, yo dejé todo en la cama sin guardar —aseguró la mujer a su hijo, quien tras unos segundos cerró los ojos y suspiró.

— No mamá, está bien… a fin de cuentas yo también tengo parte de la culpa —le dijo—. Cuando subí a la segunda planta la vi y la dejé justo donde estaba, no reparando en que los niños podían llegar a verla —expresó con una mirada un poco más tranquila, calmando a su madre. Entonces se volteó hacia Alyson y se inclinó hacia ella—. Discúlpame princesa, no quería hacerte sentir mal con esto —le dijo, alzando la fotografía—. No es que no puedas verlas, es sólo que debes siempre pedirle permiso a la abuela ya que son sus cosas…

— ¿Entonces no hice algo malo…? —preguntó dudosa, con los ojos algo llorosos.

— Claro que no mi amor, no hiciste nada malo… —le comentó Misty—. Es sólo… que nos sorprendió que encontraras esta fotografía.

— ¿Por qué…? ¿No debía encontrarla? —les preguntó, limpiándose las lágrimas.

— No es tanto eso… —respondió Ash, volviendo a ver la foto—. Es sólo que estábamos esperando a que crecieras un poco más para hablarte de esto. Pero… supongo que por algo pasan las cosas, ¿verdad? —preguntó él, viendo a Misty y a los demás, quienes tan sólo asintieron. El Ketchum mayor les regresó la sonrisa.

Ahora que estaba un poco más tranquila tras ver la reacción de su padre, esta toca su hombro para volver a llamar su atención— Papá… él es, bueno, es mí…

— Sí, es Aron, tu hermano mayor… —susurró Ash, dejando escuchar un poco de melancolía en su voz al mismo tiempo en que acarició los cabellos de su hija.

— Aron… es un bonito nombre —expresó Alyson con una sonrisa, contagiando así un poco a su padre—. Oye papá…

— ¿Dime?

Viendo durante algunos segundos la fotografía, la pequeña Ketchum prosiguió—Se que querían esperar a que creciera un poco más para contarme esto pero, ¿qué fue lo que le pasó? —soltó Alyson.

El silencio se apoderó de nueva cuenta del lugar ante la súbita pregunta de Alyson. Tanto Ash como Misty se miraron de nueva cuenta el uno al otro, como intentando ver en los ojos del otro qué es lo que debían hacer en ese momento.

Al final Ash estuvo a punto de responder a la pregunta que le hizo su hija… sin embargo, Gary terminó interrumpiéndolo— Bueno, creo que es hora de que nos retiremos.

— ¿Eh? ¿Ya se van? —preguntó Delia.

— Sí —respondió Sienna—. Creo que tienen muchas cosas que hablar con Aly en privado —explicó la rubia, tomando la mano de Gale en el proceso.

Ash, entonces, se puso de pie— No es necesario, Gary…

— Lo sabemos, Ash… pero queremos hacerlo —aseguró—. Es un tema algo difícil para ustedes, y creo que necesitan un poco de privacidad para hablarlo con calma.

Fue entonces que el silencio se apoderó de nuevo de la habitación. Tanto Ash como Gary se observaron detenidamente por algunos segundos, intercambiando silenciosas palabras como siempre habían podido hacer. Uno lamentaba la situación, mientras que el otro sencillamente no le daba importancia y lo aceptaba como tal. Ya se veían en los próximos días.

— Bueno, nos retiramos entonces.

— Váyanse con cuidado…

Tras agradecer las atenciones de Delia, así como los buenos deseos, los Oak terminaron finalmente por retirarse de la antigua residencia del ahora Maestro Pokémon, quien los acompañó hasta la puerta y los observó marcharse.

Tanto a Gary como a su esposa les hubiera gustado mucho quedarse para brindarles soporte a la pareja Ketchum, pero ellos entendían perfectamente que esto no era algo en lo que ellos pudieran intervenir, pues si bien Ash y Misty siempre los tendrán como apoyo, ante cualquier cosa que se presente, debían dejarlos caminar solos junto a su hija, y eso incluía revivir viejos y dolorosos recuerdos.

Pero sus amigos eran fuertes, eso lo sabían muy bien. Así que no había nada de qué preocuparse.

— Papá —llamó Gale de pronto, captando así la atención de Gary. El aludido observó a su hijo y en sus ojos pudo percibir un poco de incertidumbre y preocupación.

Y así como Ash tenía por quienes velar, él también lo hacía; por lo que, al saber perfectamente qué es lo que su hijo le quería preguntar, éste revolvió un poco los cabellos de su primogénito y le sonrió— Todo está bien, no te preocupes...

— Recuerda que Aly es una niña fuerte —comentó Sienna, sabiendo perfectamente que la mayor preocupación de su hijo no era saber qué pasó, sino lo que pudiera pasar... el cómo Alyson tomaría tanta información, ya que al final aún eran unos niños...

Gale, por su parte, observó a cada uno de sus padres durante algunos pocos segundos antes de finalmente asentir con la cabeza y seguirlos en silencio.

Sí, su madre tenía razón, Aly era una niña fuerte, con un corazón de pan... pero con mucho carácter. Estaba seguro de que ella sabría cómo manejar toda esa información y el hecho de que le ocultaron la existencia de alguien tan importante como ella durante toda su vida.

Ánimo, Aly…

De vuelta a la residencia de los Ketchum, Ash finalmente se sentó en el sofá y le indicó a su hija que se situara a su lado, mientras que Misty y Delia tomaron asiento en el sillón que ahora estaba libre.

Acatando la orden de su padre, Alyson se acercó al sofá y se posicionó a lado de su progenitor seguido de Pikachu, quien terminó de nuevo en el regazo de su mejor amigo.

— Veamos, esto pasó hará unos… 12 años, más o menos —comenzó Ash, quien no dejó de observar en ningún momento la foto—. Tu mamá y yo tendríamos unos 22 años a lo mucho, casi 23, cuando el asunto de tu hermano sucedió —esto último lo dijo viendo a Misty, como buscando reafirmar lo que decía.

La pelirroja entonces le respondió— Sí, más o menos fue por esa época.

— Y pues como te dije… no te contamos nada porque aún eras muy pequeña para entender por qué tú hermano no estaba en la casa —continuó—. Por eso procuramos ocultar un poco de tu vista esas fotografías que alcanzamos a tomarle. Claro que no fue por hacer menos su presencia, sino porque… queríamos que crecieras un poco más, para así poder hablarte mejor del tema llegado el momento.

Misty asintió— Perdónanos cariño, por si pensaste que no queríamos que supieras de algo tan importante, sólo estábamos esperando el momento indicado.

La niña simplemente negó con la cabeza— No estoy molesta con ustedes. Ya hasta un punto entiendo. Sólo me gustaría saber… qué fue lo que le pasó —dijo ella con serenidad antes de voltear hacia su padre.

Ash suspiró un poco, y decidió comenzar— Bueno… todo pasó hace 12 años, unos dos años antes de que tú nacieras. Tu mamá ya tenía 5 meses de embarazo, y cuando fuimos a esa revisión…


Ambos entraron en un completo estado de shock por lo que escucharon recién. Simplemente no podían creer lo que estaba pasando, tenía que ser un error…

Disculpe doctora, ¿podría repetirlo…? —pidió Ash, que fue el que tuvo un poco más de fuerza para hablar.

Sí, por supuesto —accedió—. Como les acabo de mencionar, me apena mucho decirlo… pero su pequeño presenta una anomalía en su ADN, por lo que es probable que no sobreviva al nacimiento…

Oírlo por segunda vez fue muchísimo peor, ambos creyeron haber escuchado mal en su momento debido a la emoción de saber sobre su bebé, pero parecía ser que ese no era el caso. Todo indicaba que su pequeño venía con problemas, y uno extremadamente grave como para que la ginecóloga indicara que probablemente su hijo no sobreviviera al parto.

Pero... ¿Cuál es esa anomalía…? —cuestionó Ash nuevamente, buscando comprender la situación mientras sostenía con fuerza la mano de Misty.

La anomalía en el ADN que su hijo padece se llama Trisomía 13 —comenzó la ginecóloga—, una muy rara para ser exactos —comentó mientras revisaba el historial de las ecografías y los estudios—. Los niños con este defecto usualmente no sobreviven al parto; a lo mucho pueden vivir unas cuantas horas, uno o dos días como máximo… pero no más —explicó la doctora antes de alzar su vista hacia la joven pareja con un semblante melancólico—. Lo siento mucho…

La vida siempre ha sido impredecible. Si te pones a pensarlo, hay ocasiones en las que sabes cómo reaccionar ante lo que esta te lanza, pero hay otras en las que tus pensamientos no logran hilarse y tu mente se queda en blanco. Eso fue lo que le sucedió a los jóvenes de 22 años que aún se sostenían de la mano.

Tenía que ser una pesadilla, una mal sueño: Todas sus ilusiones, todos los preparativos para la llegada de ese pequeñito fueron derribados de un solo golpe, esparciendo sin piedad los trozos de sus corazones.

Transcurridos varios minutos, los jóvenes salieron del importante hospital y se dirigieron inmediatamente a casa. El trayecto del recinto hacia su hogar fue todo lo opuesto a lo que fue su recorrido en la mañana, pues ahora ninguno de los dos se dirigió la palabra, tan sólo se quedaron ahí en silencio. Cuando por fin llegaron a casa, Ash se acercó rápidamente a su esposa para ayudarla a bajar del auto; usualmente ella podía hacerlo sola, pero en su estado actual el moreno no se quiso arriesgar y la sostuvo con fuerza contra su cuerpo.

¡Pikapi, Pikachupi! (¡Ash, Misty!) —gritó el roedor eléctrico que salió a recibir a sus amigos. Él también esperaba ansioso noticias sobre el bebé que pronto ayudaría a cuidar.

¡Azumarill! ¡Azu, Azu…! (¡Bienvenidos! ¡Hola, hola!) —secundó el ratón de agua, pero tan pronto como abrió los ojos, esta se percató de que algo andaba mal, su entrenadora no se veía nada bien— ¿Azu…? (¿Mamá…?)

Pikachu, quien también se percató del estado de su entrenador, se acercó rápidamente a la pareja, preocupado por el semblante que estos traían.

¿Pikapi…? (¿Ash…?) —susurró el roedor, dejando caer sus puntiagudas orejas hacia atrás.

Un segundo, Pikachu… —pidió Ash, quien no dejó de observar a Misty mientras se encaminaban al interior de la casa.

Esa reacción preocupó no sólo a Pikachu, sino a Azumarill también. Usualmente sus entrenadores eran personas muy alegres y entusiastas, especialmente ahora que esperaban ansiosamente la llegada del pequeño bebé que Misty cargaba en su vientre desde hace 5 meses.

No entendieron bien qué pasó. En la mañana estaban perfectamente, pero ahora…

¿Azumarill Azu…? (¿Qué pasó?) —le preguntó la coneja de agua a su amigo eléctrico.

Pikachu… (No sé…) —respondió el Pokémon— Pika… Pikachu Pika Pika Pi (Tal vez pasó algo malo…) —concluyó Pikachu antes de seguir a su entrenador y su esposa al interior de la casa junto a Azumarill.

Una vez ya dentro de su hogar, estos se dirigieron hacia el sofá de la sala y tomaron asiento en completo silencio. Sus Pokémon entraron poco después a la habitación, en donde se dedicaron únicamente a observar. Sus peores temores se fortalecieron cada vez más.

Sí, algo pasó… de no ser así, sus amos no tendrían ese semblante tan vacío que ahora mismo adornaba sus rostros.

Pikapi…, Pikachupi (Ash…, Misty…) —fue lo único que susurró el Pokémon eléctrico, no moviéndose nunca de lugar.

Mientras que los Pokémon de ambos se preguntaban qué fue lo que pasó exactamente, Ash, quien en ningún momento soltó la mano de su esposa, se perdió rápidamente en su mente tras tomar asiento y se transportó a otra dimensión. Ahí vio todo.

Primeramente, y como siempre deseó, se vio a sí mismo jugando alegremente con su primogénito junto a Pikachu y Azumarill, quienes los ayudaron bastante en todo el proceso de adaptación al nuevo miembro de la familia. Sus pequeños amigos adoraban al bebé.

Unos cuantos en el futuro se visualizó aconsejando a su hijo para cuando iniciara su viaje Pokémon junto a su esposa, quien de tanto en tanto hacía alguna broma o comentario para dejarlo en vergüenza. Su heredero rió muchísimo en esas ocasiones, pero aún así escuchó atento.

Pasados algunos meses se vio despidiéndolo junto a su esposa y Pikachu, justo como su madre lo hizo con él el día que comenzó su larga travesía para alcanzar la maestría del entrenamiento.

¡Rayos! Cuántas cosas, cuánto no pensó en hacer y experimentar con su futuro hijo, que ahora el hecho de que la vida viniera y le dijera "Éste angelito se tiene que ir" no le estaba cayendo muy en gracia.

¿Por qué ahora en que tenía todo para ser feliz la vida lo golpeaba con eso?

¡¿Qué mierda le quería enseñar con eso?!

El Maestro Pokémon no pudo evitar maldecir a la vida una y otra vez por unos cuantos segundos de forma interna al tiempo en que gruesas lágrimas caían una tras otra por sus mejillas, logrando que leves espasmos comenzasen a ser visibles en sus hombros. Esto alertó a las pequeñas criaturas de electricidad y agua, a pesar de que el joven adulto intentó por todos los medios guardar silencio para no perturbar a su mujer más de lo que ya estaba, las orejas de sus amigos tenían mucha más capacidad auditiva…

Tanto Pikachu como Azumarill quisieron acercarse a sus entrenadores, pero los leves sollozos de Misty los detuvieron. Esto, por supuesto, llamó la atención del morocho, quien se giró para verla con detenimiento. Al hacerlo fue que éste se percató de las gruesas lágrimas que también rodaban por las sonrojadas mejillas de su esposa.

Misty…

Mi bebé… —susurró lentamente con su voz quebrada—. Mi niño se irá…

Intentando que no se quedara perdida en sus propios pensamientos, Ash volvió a llamarla, pero esta vez con un poco más de fuerza— Misty, amor…

Mi bebé se va a morir… —susurró ella de nuevo, aunque esta vez con un poco más de fuerza, logrando así que sus Pokémon finalmente fueran capaces de entender qué estaba pasando. Los dos roedores se miraron consternados—. ¿Por qué…? ¡¿POR QUÉ?! —gritó antes de soltarse a llorar como no pudo hacerlo tras la noticia. Ash simplemente la apretó más a él— ¡MI BEBÉ ASH, NUESTRO BEBÉ…! ¡NOOO…! —exclamó al final para continuar llorando como hace tiempo que no lo hacía.

Pi… ka… chu… (No… puede… ser…)

Azu… (Mamá…)

Los Pokémon de ambos entrenadores se quedaron estáticos, no podían creer lo que sus orejas les dejaron escuchar. ¿Cómo era posible? ¿Por qué? Pequeñas lágrimas pronto comenzaron a caer de los ojos de ambos roedores…

No, no era justo, ¿por qué después de tanto tiempo luchando con todo aquello que se les atravesó sus entrenadores tenían que pasar por esto? Pikachu no entendía por qué tras tanta dificultad, su mejor amigo no podía ser feliz como hace un par de horas. Lo mismo iba para Azumarill, que tampoco comprendía qué más tenía que superar su dueña para poder vivir como siempre soñó.

La naturaleza era sabia, y ellos entendían eso, pero eso sencillamente escapaba de su comprensión. ¿Qué es lo que esta quería enseñarle a la joven pareja al venir y decirles "Lo necesito allá, no aquí…"?

Era probable que nunca lo supieran. Tal vez lograrían aceptarlo, pero jamás entenderlo.

.

.

.

Los días pasaron, y ya estando ambos un poco más estables emocionalmente fue que dieron el comunicado a todos sus amigos y familiares. En un principio no querían hacerlo, pues pensaron que al momento de anunciarlo, el rostro y las palabras de sus seres queridos los harían flaquear por enésima vez.

Sin embargo, ambos llegaron a la conclusión de que eso sería algo injusto, ya que sus amigos también estaban emocionados por el bebé que venía en camino pues ellos serían los primeros de su generación en traer una nueva vida al mundo.

Así que, de poco a poco, le fueron diciendo a cada uno de sus seres queridos.

Por supuesto que uno de los primeros en enterarse fue Brock, que junto a Delia y las hermana de Misty, era la persona más importante para los Ketchum desde que eran unos niños. Siempre estuvo ahí para lo que necesitaran, en las buenas y en las malas. Su mejor amigo.

Ash, hermano, no sabes… cómo siento esto —expresó Brock, dándole un fuerte abrazo a su mejor amigo. Cuando el morocho le dijo al moreno que lo que necesitaba decirle que era algo importante fue corriendo hasta Ciudad Verde, pero jamás se imaginó esto—. ¿Cómo está Misty…?

Ah… te la puedes imaginar… —comentó Ash antes de sentarse junto a Pikachu, quien inmediatamente se pegó a él—. Está destrozada…

Brock se sentó frente a él— Me imagino que si hermano, al igual que tú…

No sé si los dos estemos igual, ya que ella es quien tiene una conexión más fuerte con el bebé… —susurró el morocho, acariciando con lentitud a su mejor amigo Pokémon.

Pikapi... (Ash…)

Brock, quien observó la preocupación de Pikachu, tomó la palabra de nuevo— Ash, Pikachu y yo siempre estaremos contigo. No tienes que hacerte el fuerte, no frente a nosotros… —expresó el futuro doctor Pokémon con seriedad y comprensión a la vez.

Pocos segundos después, dejando de acariciar a su Pokémon, Ash finalmente soltó aquello que estuvo soportando durante varias horas ese día— No es justo, ¿por qué…? ¿Por qué todo tiene que ser así…? —preguntó el Maestro Pokémon con la voz quebrada, dejando salir unos cuantos sollozos de su boca.

Brock entonces se puso de pie y se acercó a su mejor amigo. Pikachu, quien estaba ocupando el asiento de a lado de su compañero saltó de su lugar para permitirle al aprendiz de médico sentarse y se posicionó sobre el hombro de Ash, apoyando su cabeza contra la de él, compartiendo su dolor.

El moreno entonces posicionó su mano sobre la espalda de Ash.

No lo sé, hermano… Me gustaría poder darte una respuesta, así como cuando se trata de los Pokémon —comenzó él—, pero me es imposible. Lo que sí puedo asegurarte, por el contrario, es que ustedes lograran superar éste obstáculo. Sé que es difícil y que por ahora las palabras no valen de nada por todo el sufrimiento que están pasando, pero ustedes son las personas más fuertes que conozco… y siempre han salido adelante.

Pikachu… (Ciertamente) —secundó la rata eléctrica, posando su pequeña patita sobre la cabeza de su entrenador y acariciando su cabello.

Entre sollozos, el Maestro Pokémon respondió— No lo sé chicos, no lo sé… me siento tan débil ahora…

Te entiendo, pero debes ser fuerte, por Misty… Ella te necesita… —expresó Brock con serenidad. Estuvo a punto de proseguir con sus palabras de aliento, pero las pisadas de alguien acercándose llamaron por completo su atención. Al alzar la mirada se topó con los ojos aguamarina de su querida amiga pelirroja, los cuales estaba totalmente hinchados por el constante llanto—. Hola Misty —dijo al levantarse pero sin separarse de Ash.

Brock… ¡Qué bueno que estás aquí…! —expresó la pelirroja antes de dirigirse a su mejor amigo y abrazarlo con fuerza, soltando en llanto otra vez.

Brock rápidamente comenzó a mecerla, ella era como su hermana y verla así, al igual que a Ash, a quien Pikachu intentaba consolar, le rompía el corazón. Justo en ese momento no sabía bien qué hacer ni qué decir, el llanto de ambos lo dejaban muy vulnerable. Por eso, lo mejor que pudo hacer fue estar en silencio.

Estoy con ustedes… y siempre lo estaré —susurró al tiempo en que siguió meciendo a Misty y dedicarle una mirada a su mejor amigo.

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Pasaron los meses y finalmente todos los amigos de los Ketchum terminaron por enterarse de la situación tan difícil por la que la pareja pasaba. Por supuesto que de manera inmediata comenzaron a brindarles todo el apoyo posible a sus queridos amigos. Llegaron al punto, incluso, de ayudarles a buscar pequeños ataúdes, por más raro que sonara, en donde pudieran poner al bebé una vez que todo sucediera…

Claro estaba que el tan sólo hecho de escuchar la palabra ataúd los descolocó en muchas ocasiones, llegando al punto en que creían que se quebrarían de nueva cuenta, era demasiado difícil tener que hacer todos los preparativos para su funeral aún cuando el pequeño heredero aún se encontraba gestándose dentro de su madre.

Pero tenían que ser fuertes… Sí eso era lo que la vida les tenía deparado lo afrontarían.

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A pesar de que la ginecóloga les dio la opción de… terminar con el embarazo, pues el resultado sería exactamente el mismo, Ash y Misty continuaron yendo a sus consultas. Esa alternativa que les ofrecieron los hizo sentir un nudo en la garganta… ¿Cómo podía esta siquiera existir? ¿Cómo serían ellos capaces de ser quienes le pusieran fin a la vida de su hijo. Por supuesto que ninguno de los dos estuvo de acuerdo.

La idea era simplemente horrible.

A veces no sé en qué piensan los doctores… —comentó Misty con Ash a su lado, ambos recostados en su cama—. Hablan de abortar como si fuera algo tan fácil…

Lo sé, por eso nosotros vamos a permitirle nacer y haremos lo posible porque, lo poco que esté con nosotros, esté bien y no sufra… —le respondió él, tomando la mano de Misty y posándolas sobre el vientre de esta, el cual ya mostraba signos de estar entrando a su noveno mes.

Misty sonrió ante las palabras de su esposo, eso era exactamente lo que ella estaba pensando y amó que él llegara a la misma conclusión. Con cuidado se acercó él lo más que su abultado vientre le permitió, lo jaló cómo pudo hacia su persona y le dio un pequeño beso en los labios.

Te amo, Ash —susurró la pelirroja.

Yo también Mist, a los dos… —fue la única respuesta que le dio el Ketchum antes de disponerse a dormir.


Suki: ¡Hola! Espero que estén bien. ¿Qué les puedo decir? Originalmente el capitulo era mucho más largo, pero al momento de irlo re-editando la cantidad de páginas fueron aumentando en vez de disminuyendo… ¡¿Qué está pasando, Dr. García?! Así que, para no abrumarlos con un capítulo de casi 30 hojas, decidí cortar aquí por lo sano y poner lo demás en el capítulo 3.

Muchas gracias por los reviews y los favoritos. ¡Se los agradezco de corazón! Sin más por el momento, me paso a retirar.

¡Saludos!

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Suki90, presentó.