Espero disfruten esta locura que esta en construcción!

Esta nueva OTP me atrajo mucho y la personalidad de Nash me atrajo mucho, si, es raro... Y bueno, amo a Kagami y hacerlo sufrir me pareció encantador~

*Los personajes no me pertenecen.


Me pertenece

Capítulo 1

Pega su fría espalda a la fría pared de ladrillo. Respira, una, dos, tres veces. Su pecho sube y baja. Esta empapado de pies a cabeza, con la ropa pegada a su cuerpo, temblando por el frio que le causa las corrientes de aire que entran en ese callejón. Sus ojos rojos miran desesperadamente a través de la oscuridad, deseando que lo que lo estaba persiguiendo haya perdido su rastro. Suspira una vez más y ruega que ningún conocido lo encuentre, pero se tranquiliza, era de madrugada, nadie en su sano juicio caminaría por donde se encontraba, menos un conocido.

-Con que estabas aquí.- susurra una voz, cerca; demasiado cerca. Él gruñe como un animal acorralado ante su atacante, pegándose más al muro. – Se buen niño.- el sujeto se acerca cada vez más, está a punto de tocar su mejilla, vuelve a gruñir.- Prometo tratarte bien, pequeño tigre.- su silueta ahora le resulta visible, su rubio cabello y ojos color cielo hacen que le mire con odio.

-Deja de seguirme.- suelta con odio, sus cabellos rojizos se pegan a su rostro, tratando de recuperar su fuerza para huir de nuevo.- ¿Qué demonios quieres de mí? ¡Te ganamos! ¡Deberías desaparecer de Japón!-

Y sus pies vuelven a moverse. Corre. Corre como nunca antes lo hizo. Como quizás jamás vuelva a hacerlo. Él también lo hace, persiguiéndolo, se sorprende, pensando que por fin era libre, pero no. Le pisa los talones, le murmura cosas que prefiere ignorar, le insiste en que vuelva con él, que él lo cuidara como nadie nunca lo hizo. Lo ignora y trata de correr más rápido, sus piernas duelen pero no se detiene. No hay nadie que pueda ayudarlo y si grita nadie le hará caso.

Una mano lo sujeta con violencia del brazo. Su cuerpo es arrastrado hacia un rincón oscuro de la desierta calle. Su espalda choca contra un nuevo muro. El par de ojos claros lo desvisten con la mirada, un par de manos lo acarician bajo la ropa mojada, una cadera se presiona contra la suya y son los labios del rubio lo que acallan sus intenciones de gritar.

-Eres mío, Taiga- murmura él, deleitándose con el sabor de su cuello y con los suspiros que el pelirrojo trata de callar a la fuerza. – ¿Un área sensible?-

Vuelve a besarle, pero esta vez él lo muerde. Lo suelta entre maldiciones, palabras que escucho muchas veces, pero que no causan efecto en él.

Nuevamente es sujetado. Y se reprocha ser tan lento. Él está molesto y lo sabe. Le ha mordido y se lo hará pagar. Lo conoce, jugo contra él y este contrajo una rara obsesión por él, no es la primera vez y sabe que esta no será la última. Aún queda la revancha, eso significa que se quedara más tiempo. Su martirio acababa de empezar. Y sabía que nadie lo podía ayudar.

Una, dos, tres bofetadas. Cae al suelo y él lo sujeta del cabello. Estampa sus labios contra los suyos violentamente. Lo muerde. Siente el sabor a sangre en ese beso. Sangre y lágrimas. ¿Estaba llorando? Metálico y salado. Dolor. Y lo escucha reírse, mientras lo toma del brazo y lo pone nuevamente de pie. Luces cercanas se encienden. Se escucha la sirena de una patrulla. Él se distrae y comienza a correr nuevamente.

-¡No escaparas de mi Taiga!- se escucha. – ¡Eres mío y eso nadie lo va a cambiar!-

Cruza la calle sin mirar atrás y él vuelve a seguirla. Un auto le cierra el paso y la puerta se abre hacia ella. –Sube- ordena aquella voz. Y obedece.

-Gracias.- murmura, tratando de ignorar el dolor en su rostro.

-¿Dónde vives?- pregunta su salvador, el pelirrojo le da la dirección del complejo de departamentos donde vive. No pregunta nada más, él agradece eso, no quiere hablar de lo ocurrido.

Continúan el viaje en silencio. ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Quince, veinte minutos? ¿Tanto se había alejado de casa? El dolor vuelve a atacar sus facciones, haciendo que sus preguntas murieran en su mente.

-Llegamos.- el desconocido, detiene el coche y lo mira. Taiga desvía la mirada, tratando de ocultar su rostro.- Antes de que bajes y no nos volvamos a ver jamás, déjame decirte que ese sujeto no creo que renuncie fácilmente a ti, seguramente tienes personas que se preocuparan al verte mañana así, trata de hablar con ellos, quedarse callado es lo peor que uno puede hacer, no sabes lo que terminara sucediendo.- murmura, sus ojos calan profundamente en Kagami y solo puede asentir.

Se despide de su salvador y camina a la seguridad de su hogar, abre la puerta y la soledad lo recibe, usualmente deja las luces prendidas, pero esta vez la oscuridad reina en el lugar. Cierra la puerta y se apoya contra ella mientras cae al frio suelo. Lagrimas comienzan a caer por su rostro sin control. No quiere preocupar a sus amigos. Sabe que está haciendo mal.

-Puedo arreglarlo solo.- Pero las lágrimas lo traicionan. Nash Gold Jr. es peligroso, lo demostró en la cancha y fuera de ella. Le teme pero no quiere preocupar a nadie.

"No soy tan bueno como parezco. Nadie lo es. Todo el mundo guarda algún secreto que lo atormenta."

Benito Taibo.