Bella se despertó y miro el reloj en la mesilla de noche. Eran las 2:15 am y necesitaba ir al baño. Pero en su primera noche en una casa desconocida y no le agradaba la idea de ir deambulando por ella a oscuras, aunque fuera la única ocupante.

Permaneció tumbada con la esperanza de volver a quedarse dormida, pero no lo logro.

Controlate, Isabella Swan, se dijo. Ya era mayorcita como para asustarse de la oscuridad, incluso en una casa antigua como aquella, que parecía estar llena de fantasmas y vampiros.

Aparto el edredón y bajo de la cama. Dudo unos segundos antes de avanzar a tientas hacia la pared, que estaba mas cerca de lo que creía.

Tal vez debería haber prestado mas atención cuando había dejado sus maletas allí, pero estaba tan agotada que solo había logrado deshacer su equipaje a medias antes de quedarse dormida.

Finalmente alcanzo la puerta y la abrió sigilosamente. A pesar de que estaba sola en casa, no le parecía bien hacer ruido.

Deslizo la mano por la pared del pasillo en busca del interruptor de la luz. Mientras lo hacia, las nubes se abrieron y la luz de la luna ilumino el final del pasillo. ¡Bingo! Allí estaba la puerta del baño.

Aliviada, fue hasta allí, abrió la puerta, entro y encendió la luz. Pero cuando salió unos minutos después se quedo paralizada. La luz de la luna se había evaporado y estaba de nuevo a oscuras. No te asustes, Bella. ¡Piensa!.

Tenía que haber una forma lógica de abordar aquel problema.

-De acuerdo -susurro-, mi cuarto es el... -contó con los dedos-... Tercero a la izquierda... Creo.

Avanzo de puntillas pegada a la pared. Uno... Dos... Tres...

Abrió la puerta y avanzo rápidamente hacia la cama. Fue un error. Tropezó con un zapato suelto y choco contra algo solido. Enseguida comprobó que además de solido era cálido... ¡Y que respiraba!

¡Había alguien en la casa! Un ladrón, un maniaco asesino...

El cerebro de Bella entro en cortocircuito. Demasiada información que asimilar. Afortunadamente, sus instintos primarios entraron en acción y dio un rápido paso atrás con intención de volver a salir por la puerta. Pero apenas había dado un par de pasos cuando una fuerte mano la sujeto por la muñeca.

Sin pensar en lo que hacia, Bella se lanzo contra su atacante. Apoyo la palma de la mano bajo su barbilla y empujo con todas sus fuerzas, haciendo que el ladrón se tambaleara hacia atrás con un gruñido.

Nunca volveré a protestar por las clases de autodefensa que me obligaste a tomar en el pueblo, mama.

En los surrealistas momentos que siguieron, Bella se pregunto que hacia un ladrón desnudo de cintura para arriba en pleno marzo, pero antes de que el pensamiento se formara por completo en su cabeza el hombre la sujeto con la otra mano y ambos cayeron al suelo en un revuelo de piernas y brazos.

Bella noto enseguida que el hombre era mas alto que ella y, por la contundencia del pecho sobre el que acababa de aterrizar, también debía ser cinco veces mas musculoso.

Trato de apartarse, pero era evidente que el hombre no quería soltarla. De un rápido movimiento, la tumbo de espaldas sobre el suelo y la sujeto con las manos por las muñecas a la vez que le aprisionaba los muslos con las rodillas.

Bella lucho para liberarse, pero lo mismo habría dado que hubiera tratado de quitarse de encima un bloque de granito. Finalmente se quedo quieta. El aliento con aroma a pasta de dientes del hombre acaricio su cuello. Sintió que el pánico le atenazaba el pecho.

Tenía que actuar de inmediato, antes de que el hiciera su siguiente movimiento. Dejándose guiar por su instinto, alzo la cabeza y mordió a su atacante en el hombro. Luego, mientras el hombre gritaba de dolor, utilizo todas sus fuerzas para empujarlo a un lado.

El plan consistía en salir corriendo en cuanto se lo quitara de encima... Pero fallo. Efectivamente, el hombre cayo a un lado, pero cuando Bella trato de escabullirse, la sujeto por el pie y tiro de ella. Mientras trataba inútilmente de aferrarse a la alfombra comprendió que la estaba arrastrando hacia la cama.

Entonces fue cuando empezó a gritar. ¿Como se atrevía aquel hombre a tratarla así?.

-¡Salga de mi dormitorio o...!

-¿O que?

El hombre estaba claramente enfadado, pero había algo mas en su voz. ¿Confusión?

De pronto la habitación se ilumino. Bella aparto el rostro de la alfombra y parpadeo varias veces, desesperada por localizar la puerta. Cuando sus ojos se adaptaron a la luz vio una figura contra el azul pálido de la pared...

¿Azul pálido? ¡Cielo santo! ¡Mi cuarto era amarillo!, pensó.

Volvió el rostro hacia su atacante y se topo con un par de intensos ojos verdes que la observaban. Había algo en ellos... ¿No había soñado con unos ojos como aquellos justo antes de despertar?

De pronto sintió que se ruborizaba hasta las orejas. Efectivamente, había visto aquellos ojos, pero no en sueños. Y no los había visto bajo un ceño fruncido, como en aquellos momentos, sino sonrientes y centelleantes.

Dejo escapar un sonido mezcla de un gemido y un gruñido cuando, finalmente, el recuerdo ocupo su lugar.

-Lo... Lo siento -balbuceo-. Me he perdido en la oscuridad -lanzo una mirada al hombre, que seguía claramente perplejo-. Creía... Que era un maniaco.

El hombre parpadeo y Bella comprendió que probablente había pensado lo mism de ella.

-Señor Cullen... Yo...

-Ya se quien soy. ¿Pero quien diablos es usted?

Bella se humedeció los labios y carraspeo.

-Soy Isabella Swan, su nueva asistenta.

[FLASH BACK]

(Un mes antes)

Bella se quedo paralizada en cuanto cruzo el umbral de entrada de la cafetería. La mujer del abrigo rojo había llegado temprano. Estaba sentada a una mesa, leyendo el periódico.

Su pelo largo y rubio casi tocaba el mantel mientras se inclinaba sobre la mesa. Unos pendientes de plata brillaron en sus orejas cuando se lo aparto para poder pasar la pagina. Unos pendientes que Bella le había regalado para su ultimo cumpleaños.

La mujer aun no se había fijado en Bella, cosa que esta agradeció. La miro con mas insistencia. Tal vez, si seguía así un momento acabaría recordando.

Sabia que era amiga de aquella mujer, recordaba la desordenada habitación que compartían en la universidad, el olor a libros viejos en la biblioteca, las risitas y cotilleos... Pero no recordaba su nombre.

Desde que sufrió el accidente, recordar el nombre o la palabra adecuada se había convertido en algo parecido a tener que buscar algo a oscuras en una despensa abarrotada. Sabia que la información estaba en alguna parte de su cerebro, pero en realidad no sabia bien que buscaba ni si acabaría reconociéndolo.

El movimiento de una camarera llamo la atención de la mujer, que, al alzar el rostro, vio a Bella y sonrió.

Bella le devolvió la sonrisa mientras no dejaba de repasar el alfabeto, como le había sugerido el grupo de apoyo. ¿Anna? ¿Alice? ¿Amy?

La mujer se levanto y Bella no tuvo mas remedio que avanzar hacia ella. ¿Belinda? No. ¿Brenda?

Se abrazaron mientras Bella seguía repasando nombres. ¿Christine? ¿Carolina? ¿Carla?

-¡Cuanto me alegro de verte, Bella!

Bella sabia que su amiga seria comprensiva si reconocía su olvido, pero estaba harta de que fueran comprensivos con ella. Quería vivir su vida como el resto del mundo, sin miradas comprensivas. Ese era el principal motivo por el que había concertado aquella cita. Rosalie Hale. Por fin.

-Hola Rose -saludo, y finalmente pudo relajarse un poco-. Me alegro mucho de verte.

Cuando se sentaron, Rose ladeo la cabeza y la observo atentamente.

-¿Como estas? -pregunto.

Ah... Que inocente y bien intencionada sonaba aquella pregunta. Bella había llegado a odiarla. La gente no dejaba de preguntarle aquello con expresión preocupada. Lo que querían en realidad era que les hicieran un informe psicológico y medico completo de su estado. Sonrió.

-Estoy bien. En serio.

-¿Sigues teniendo dolores de cabeza?

-Solo ocasionalmente -contesto Bella con un encogimiento de hombros.

Rose sonrió y la miro de arriba a bajo.

-Te has cortado el pelo.

Bella se llevo automáticamente una mano a sus rizos marrones. Solo hacia unos días que había ido a la peluquería y aun no se había acostumbrado a encontrar aire fresco donde antes estaba su melena.

-Estaba lista para un cambio.

Por eso estaba allí. Lo mejor que podía hacer era ir al grano y formularle a Rose la pregunta que tenía en la punta de la lengua. Si no lo hacia pronto se arriesgaba a volver a casa sin haber mencionado el asunto. Abrió la boca para hablar.

-No se tu -dijo Rose-, pero yo no puedo ponerme al día de los cotilleos de todo un mes sin una dosis de cafeína... Y posiblemente uno o dos bollos.

Bella volvió la mirada hacia el mostrador.

-Yo tomare un... -Se interrumpió.

¿Cual era la palabra? Sabia que la sabia, pero no quería acudir a su cerebro.

-Ya sabes... Esa bebida con espuma arriba...

Rose no se inmuto.

-Dos capuchinos -pidió a una camarera.

Bella miro a la joven por encima del hombro de su amiga.

-Y un bollo con chocolate, por favor.

-Que sean dos -Rose sonrió mientras la camarera se alejaba-. Esa es mi chica. No podrías olvidar el chocolate Ni aunque lo intentaras.

Si su madre o su hermana hubieran dicho algo así Bella las habría reprendido, pero el comentario de su amiga le hizo sonreír, porque lo había hecho como si no tuviera mayor importancia. Aquel pensamiento positivo reforzó su confianza. Iba a hacerle la pregunta. Estaba lista. Pero necesito un segundo café para armarse de valor.

-Te he citado con un motivo, Rose. Necesito que me hagas un favor.

-Lo que quieras. Ya lo sabes -Rose se inclino hacia delante y acaricio el brazo se Bella-. Estoy dispuesta a hacer lo que pueda por ayudarte.

Bella respiro profundamente. Necesitaba algo mas que alguien dispuesto a escucharla o a darle apoyo moral. Mucho mas.

-Necesito un trabajo.

Rose parpadeo, desconcertada.

-¿Un trabajo?

Bella asintió a la vez que se mordía el labio. Rose aparto la mirada y permaneció un momento pensativa.

-Lo siento, Bella. Solo necesito un par de personas en la oficina y los puestos ya están ocupados.

Oh, fabuloso. Rose creía que le estaba pidiendo un trabajo de caridad, con un mínimo de responsabilidades y sin retos. Pero Bella no iba a renunciar. Estaba desesperada.

-No. Lo que quiero es que me incluyas en las listas de tu agencia, preferiblemente para un trabajo con alojamiento incluido. Necesito alejarme de Barkleigh una temporada. Seguro que habrá algo que pueda hacer. Ya sabes que soy buena cocinera...

Rose asintió y murmuro algo. Bella supo que había puesto su mente a trabajar. Rose era dueña de una pequeña agencia de empleo especializada en ofrecer servicio domestico a los ricos y famosos, tanto mayordomos, como choferes o cocineros y niñeras.

-Pero... ¿Puedes...? -Rose arrugo la nariz e hizo una pausa.

Bella sabia lo que trataba de preguntar. Después del accidente y sus consecuencias, ¿Seria capaz de conservar un trabajo a jornada completa? La verdad era que no lo sabia con certeza. Se había esforzado para elaborar estrategias y desarrollar mecanismos que la ayudaran a superar los problemas de memoria y concentración que solían manifestarse tras recibir un golpe serio en la cabeza, aunque la mera idea de alejarse de su entorno familiar para empezar de nuevo le hacia ponerse a temblar.

-Solo tengo que esforzarme un poco mas que los demás para organizarme. Eso es todo. Pero puedo hacerlo, Rose. Se que puedo. Solo necesito que alguien crea en mi y me de una oportunidad... Y tu me haz ofrecido tu ayuda.

De acuerdo, aquello era jugar sucio, pero estaba desesperada. Rose la miro con expresión indecisa. Durante largo rato no dijo nada. Bella casi pudo ver como giraban los engranajes en su cabeza.

-De acuerdo -dijo finalmente-. Puede que tenga algo. Te avisare.

Bella cerro la puerta de la casa de campo y trato de sacar la llave de la gastada cerradura victoriana, pero no lo logro.

Las cosas no estaban yendo bien. Había perdido las llaves y se había pasado un buen rato tratando de cerrar una maleta díscola. Si hubiera creído en los malos presagios, ya hacia varias horas que habría corrido a esconderse bajo su edredón. Pero este estaba recién lavado, esperando a alguna otra persona, y el resto de su vida se había dividido entre cajas de embalaje y maletas. La casa de campo estaba vacía de posesiones personales y lista para ser alquilada. Alguna otra familia empezaría a crear sus recuerdos en ella.

Finalmente logro sacar la llave y guardo el llaves en su bolsillo. Había llegado la hora de irse... Y también había empezado a llover. Tras echar una ultima mirada a la casa, se volvió y se encamino con paso firme hacia su coche hacia su coche mientras la lluvia arreciaba.

Miro el bolso de mano que llevaba en el asiento del copiloto. Por su abertura asomaba un osito de peluche azul con un solo ojo y una de las orejas totalmente gastada. Bella sintió que los ojos se le llenaban de lagrimas, pero se negó a parpadear.

Aquel día necesitaba mantener el controla toda costa. Se irguió en el asiento, apoyo una mano en el volante y giro la llave en el contacto. El motor carraspeo cansinamente y Bella rogó para que el coche no la dejara en la estancada. Al segundo intento logro arrancarlo y supuso en marcha.

Una hora después conducía por la autopista tras una caravana. Solo iba a 80 kilómetros por hora, pero no trato de adelantarla. Aquella velocidad era suficiente. Conducir no era su ocupación favorita aquellos días y hacia tiempo que no entraba en una autopista. Se distrajo de los coches y camiones que la adelantaban a toda velocidad con pensamientos de nuevos inicios y trabajos.

Todos se alegraron mucho cuando salió del hospital, convencidos de que no tardaría en volver a la normalidad. Y, tras un año, cuando por fin se fue de casa de sus padres y volvió a su casa de campo, sus familias y amigos suspiraron aliviados.

Todo había acabado. Bella estaba mejor y ya podían dejar de preocuparse.

Pero Bella no estaba mejor. Era posible que su pelo hubiera vuelto a crecer y hubiera ocultado las cicatrices de su cabeza, que hablara y caminara como antes, pero nada, nada volvería a ser nunca igual. Bajo su aspecto habitual era fundamentalmente distinta y siempre lo seria.

Centro la atención en la lluvia que caía sobre el parabrisas. Agua eso era todo. Pequeñas gotas de agua. ¿Como era posible que algo tan trascendente hubiera alterado el curso de tres vida de forma tan drástica?

Afortunadamente, unos minutos después dejo de llover y pudo detener los limpiadores. Trato de relajar los hombros y se dio cuenta de que no había dejado de apretar los dientes desde el momento en que había puesto el píen en el acelerador. Hizo un esfuerzo consciente por relajar la mandíbula y flexiono varias veces los dedos con que aferraba el volante.

Al ver una señal azul en la autopista redujo un poco la marcha para poder leerla atentamente. Salida ocho. Aun le quedan dos.

Prometio estar atenta para no saltarse la suya. Aquel día, perderse no era una opción. La caravana que llevaba delante comenzó a reducir la marcha. Bella miro por el retrovisor. Podía adelantarla si quería. El carril contiguo estaba vacío.

Le llevo unos minutos armarse de valor para intentar el adelantamiento. Acababa de salir al carril contiguo tras poner el intermitente cuando vio por el retrovisor que un coche se acercaba a toda velocidad, frenaba a escasos centímetros de su guardabarros trasero y le daba las luces. Tensa, puso de nuevo el intermitente para volver a situarse tras la caravana. El coche, un Porsche rojo, la adelanto como una exhalación.

Tenía que ser un hombre, pensó Bella. Seguro que estaba demasiado centrado en su ego como para pensar en los demás. Patético. Hacia tiempo que había decidido mantenerse alejada de aquel tipo de personas , ya estuvieran dentro o fuera de su coche.

Movió la cabeza y volvió a concentrarse en la conducción, aliviada al comprobar que solo faltaban dos kilómetros para la siguiente gasolinera. Necesitaba una dosis de cafeína.

Unos minutos después estaba sentada en una incomoda silla de plástico tomando un café. El conductor del Porche había hecho revivir en su interior sentimientos y recuerdos que trataba de evadir hacia tiempo, lo que resultaba aparentemente extraño, porque no lograba recordar el accidente en si.

Pero tal vez había sido una bendición no estar consciente mientras la sacaban del coche, con los cuerpos de su marido y de su hija junto a ella. Aunque no por ello su baqueteada memoria dejaba de inventar imágenes con que torturarla en medio de la noche.

Tampoco tenía un recuerdo claro de los comienzos en los primeros días en el hospital. Los médicos le habían dicho que eso era normal. Amnesia postraumática. Cuando trataba de recordar lo sucedido, una densa e impenetrable niebla gris se aposentaba en su mente.

A veces pensaba que seria agradable volver a perderse en aquella niebla, porque salir de ella para descubrir que su encantador Jacob y su querida hija Vanessa de 8 años se habían ido para siempre había sido el peor momento de su existencia.

Todo porque había llovido y porque dos jóvenes con un coche rápido no habían dado mayor importancia ese hecho. Miro su taza de café. Estaba vacía, pero no recordaba haberla bebido.

La perspectiva de volver a ponerse a conducir no le atraía nada, pero no le quedaba mas remedio. Cerro un momento los ojos...

Si no seguía adelante con su plan, la única opción que le quedaba era admitir su derrota y volver a su casa para invernar eternamente. Podía hacer aquello. Tenía que hacerlo. De lo contrario, acabaría aniquilandose.

Respiro profundamente, se levanto del asiento, salió de la cafetería y se encamino al coche con paso firme.