Capitulo II

Cuando finalmente llego, su nuevo lugar de trabajo fue una sorpresa. Los hombres de éxito, como su nuevo jefe, normalmente querían que sus casas reflejaran la riqueza que amasaban. Sin embargo, Larkford Place era una pequeña pero alegre casa solariega del siglo XVI rodeada por rododendros y rugosos robles.

Por primera vez desde que había decidido escapar de su vida, Bella sintió algo distinto al temor o a la desesperación. Era un lugar precioso, sereno... Sintió que la esperanza resurgía en su interior, una emoción que hacia tanto que no experimentaba que había asumido que desapareció junto con sus recuerdos.

Había una explanada ante la casa para aparcar los coches, pero no era allí donde a ella le correspondía dejarlo. Puso el coche de nuevo en marcha y siguió un sendero que rodeaba la casa hasta un patio adoquinado en el que estaba la entrada de servicio.

Tras salir del coche contemplo la hiedra que enmarcaba la puerta trasera. Se acerco a esta, saco la llave que le había entregado la asistenta anterior y la introdujo en la cerradura.

Le costo dar el primer paso. Aquel umbral era donde se cruzaban el ayer y el mañana de su vida. Sentía que cruzarlo seria algo definitivo, que ya no habría marcha atrás. Pero era lo que quería ¿No? Seguir adelante, dejar atrás el pasado.

Finalmente entro en la casa. Avanzo por un pasillo hasta una puerta que daba a una espaciosa cocina con una bonitas vistas al jardín trasero. Giro sobre si misma para echar un vistazo a los que iban a ser sus dominios a partir de aquel día. Era el sueño de una cocinera. La casa había sido remodelada recientemente y, según le habían dicho, quienes se habían ocupado de la cocina habían terminado de trabajar la semana anterior. Los electrodomésticos parecían recién salidos de un catalogo. Incluso olían a nuevo.

En la pared que había frente a la encimera había una larga estantería con libros de cocina. Bella se acerco a verlos como atraída por un imán. Había uno en concreto que había estado ojeando la semana pasada en la biblioteca local...

Sin pensarlo dos veces, alzo una mano y tomo el libro. Tenía tiempo de sobra para explorar la casa y organizarse, casi una semana antes de que su nuevo jefe regresara de uno de sus viajes al extranjero.

Tras echar un vistazo, busco el hervidor de agua y se preparo un te. Mientras esperaba a que el agua hirviera miro a su alrededor y se fijo en que había una televisión en un hueco bajo uno de los armarios. La encendió y, tras comprobar que funcionaba, la dejo puesta. Ya averiguaría mas tarde como cambiar los canales. De momento era agradable tener algo de compañía en aquella casa vacía.

Tras servírse el te se sentó a la mesa a ojear el libro de cocina. ¿Que podía cocinar para su jefe la primera noche? Tenía que ser algo impresionante, algo que lo animara a contratarla permanentemente tras los tres primeros meses de prueba.

Bella sospechaba que no habría conseguido el trabajo si Rosalie no hubiera sido prima de su nuevo jefe y si este no hubiera estado desesperado por conseguir a alguien lo antes posible. Al parecer, trabajaba en la industria de la música. Su nombre le había resultado vagamente familiar, pero lo cierto era que ya no se mantenía al dia con aquella clase de cosas.

Su vieja amiga Ángela se mostró muy impresionada cuando Bella le hablo de su nuevo trabajo. No dejo de dar grititos de emoción y de decir lo afortunada que era. Bella no la interrumpió, contenta por el hecho de que Ángela estuviera lo suficientemente distraída como para ponerse a interrogarla sobre los verdaderos motivos que la habían llevado a renunciar a su cómoda vida.

Pero no iba a pensar en aquello de momento. Por una vez agradeció la tendencia de su cerebro a cambiar de tema rápidamente y centro su atención en el colorido libro de cocina que tenía ante si.

La parte mas divertida de su trabajo iba a ser cocinar. Siempre le había gustado hacerlo, e incluso había hecho algún curso en la escuela local antes de que naciera Vanessa. Curiosamente, aquella era una habilidad que no se había visto afectada tras el accidente. No sabia por que. Tal vez, la mezcla de sabores y texturas de los alimentos era algo que se almacenaba en una parte distinta del cerebro a la que tenía afectada.

De pronto volvió a tener la sensación de que el mundo se retiraba, dejándola flotando en una especie de burbuja. Sus dedos buscaron automáticamente su relicario mientras trataba de distraerse con el libro. Inicialmente, las letras y las fotos se desenfocaron, pero parpadeo un par de veces y obligo a sus ojos a trabajar al unísono hasta que las cosas volvieran a la normalidad.

La televisión seguía puesta y le echo un vistazo. Estaba a punto de empezar un nuevo programa. Una reportera con un traje escotado aferraba al micrófono mientras trataba de simular que no temblaba a causa del frío.

En aquel momento aparecio una nota escrita en la base de la pantalla. Bella se quedo paralizada mientras la miraba. Luego se acerco rápidamente a la pantalla para ver mejor.

-Es...¡Es el! -exclamo mientras subía el volumen del televisor.

Edward Cullen, podía leerse en la leyenda que aparecía al pie de la pantalla.

Bella comprendió porque su amiga Ángela se había mostrado tan excitada cuando le había hablado del hombre para el que iba a trabajar. Moreno, con el pero cobre ligeramente rizado y una perfecta hilera de dientes, no había duda de que era realmente atractivo. Aunque aquellos detalles en realidad carecían de importancia en una relación profunda y duradera. Si el hombre en cuestión tenía la típica personalidad egoísta y superficial, su atractivo físico no valía nada. Bella miro atentamente a Edward Cullen. Debía tener poco mas de treinta años, como ella. ¿Pero quien se escondía realmente tras aquella inmaculada camisa blanca y aquel traje de diseño? ¿Como seria trabajar para el?

De pronto, una mujer joven aparecio en la pantalla junto a el. Tenía un busto que desafiaba ostensiblemente la gravedad y un vestido con tan poca tela que apenas podía ser calificado como tal. Bella suspiro.

De manera que era esa clase de hombre. Que decepcionante...

Pero la reportera del escote generoso no pareció molestarse, porque salió disparada hacia el desde detrás de la barrera.

-¡Señor Cullen! ¡Jessica Stanly, del canal seis! -

Por lo que recordaba Bella, aquella mujer tenía fama de hacer preguntas incomodas y de ser un poco descarada con sus entrevistados. Nunca se sabia que jugosos secretos iba a lograr que revelaran accidentalmente sus víctimas.

Cullen vio a la reportera y avanzo hacia ella. Un par de cientos de ojos femeninos siguieron con atención sus elegantes y cómodos movimientos. Irónicamente, su novia se limito a seguír mirando a la Camara.

Incluso la reportera parecía impresionada. Aunque, por el travieso brillo en su mirada, a Cullen no pareció importarle.

Jessica Stanly se ruborizo e hizo su pregunta con voz ligeramente ronca.

-¿Esta seguro de que Alice Brandon, su nueva cliente, ira a recoger esta tarde el premio a la mejor principiante?-

Bella rogó en silencio para que su jefe demostrara que podía ser encantador, amable y modesto. La sonrisa de Cullen se acentuó y dio la impresión de que la reportera iba a derretirse en un charco de hormonas.

-Confió plenamente en Alice -dijo con voz profunda y aparentemente seria. Pero sus ojos volvieron a destellar-. Pero no viene mal contar con una agencia discográfica de calidad.

La reportera cayo en la trampa de sus sonrientes ojos. Prácticamente balbuceo cuando hizo su siguiente pregunta y Cullen flirteo descaradamente con ella... O tal vez no flirteo, pero tenía que estar haciendo algo para tenerla tan embobada.

Aquel hombre parecía estar disfrutando con el hecho de que hubiera un par de millones de televidentes contemplando cada momento del masaje publico que estaba recibiendo su ego. Lo que mas irrito a Bella fue que contesto cada pregunta de la reportera sin perder ni un momento la calma.

-Estoy segura de que no le sorprenderá averiguar que, debido a su éxito como uno de los principales manager de la industria discográfica, la revista GLOSS le ha nombrado el soltero de oro del año-

Edward Cullen se llevo una mano al pecho con expresión de burlona sorpresa. Bella bufo. Iba a ser una cruz trabajar para aquel tipo. Menos mal que, según le había dicho Rosalie, se pasaba el dia viajando.

-En en el caso, mas vale que alguien se de prisa en casarse conmigo -bromeo Edward, que añadió con una nueva sonrisa-: ¿Hay alguna interesada?

El rubor de la reportera se intensifico y Bella temió que se produjera una estampida. Volvió a bufar. La reportera dejo de sonreír de pronto, se aliso el pelo con una mano y se irguió. Ya era hora, pensó Bella. Se suponía que aquella mujer era una profesional. Cuando lanzo su siguiente pregunta, lo hizo con mas frialdad.

-¿Fue difícil reconstruir su carrera después de sus... Difíciles comienzos, tanto en lo profesional como en su vida personal?- el rostro de la reportera era la viva imagen de la compasión, pero su mirada había adquirido un matiz de hielo.

Algo distinto al humor destello en la mirada de Edward Cullen.

-Gracias por su interés -hizo una pausa mientras su expresión se volvía pétrea-. Buenas tardes, señorita Stanly -añadió, y a continuación giro sobre si mismo para alejarse.

La reportera se quedo boquiabierta mientras observaba su espalda. La Camara giro y enfoco a la acompañante del señor Cullen. La señorita silicona hizo un mohín y troto enseguida tras el mientras la reportera reaccionaba y se ponía buscar otra celebridad para rellenar el hueco.

Bella apago la televisión moviendo la cabeza. Empezaba a temer que la idea de ponerse a trabajar hubiera sido uno de aquellos impulsos alocados que tenía desde el accidente... Otra de las pequeñas bromas de su cerebro.

EPOV

Con una rápidas zancadas, Edward se alejo todo lo posible de los problemas en que se estaba metiendo a si mismo por bocazas. Los destellos de los flashes llegaban de todas direcciones. De pronto, el carísimo traje que vestía ya no parecía una armadura.

había seguido el impulso De burlarse un poco de Jessica Stanly, pero había olvidado que tras aquellas largas pestañas había una reportera inteligente que no dudaba en lanzarse a la yugular de cualquier celebridad sobre la que hubiera algún cotilleo jugoso. Lo sabia porque algunos de sus clientes habían tenido que sufrirla a lo largo de los últimos años y la oportunidad de una pequeña venganza había resultado demasiado tentadora. Pero le había salido el tiro por la culata. Pretendía que la atención se centrara en Alice y su nominación, no en su propio y menos que glorioso pasado.

Contemplo la multitud que aguardaba la llegada de otras celebridades. Debería estar disfrutando cada minuto de aquello. Era la clase de vida por la que siempre había luchado, el sueño de la mayoría de las personas que estaban sentadas ante el televisor... Alfombras rojas, bellas mujeres, coches rápidos, dinero... Entonces, ¿Que le pasaba?

De pronto oyó unos rápidos pasos tras el. Oh, diablos. Lauren. Se abofeteo mentalmente por su falta de caballerosidad y se volvió para esperarla y tomarla del codo.

El agente de Lauren había llamado hacia un par de semanas y le había preguntado si le gustaría conocerla. Aquello era a lo que había llegado la vida amorosa de los ricos y famosos. Las relaciones se llevaban casi en tercera persona. Mi agente llamara a tu agente...

Normalmente no aceptaba solicitudes como aquella, pero el también necesitaba una acompañante y Lauren era sexy y guapísima, justo la clase de mujer que se esperaba que llevara como acompañante en un entrega de premios como aquella. Daba igual que Lauren no hubiera dado muestras de sentir el mas mínimo interés romántico por el cuando había llamado... Y que el cotilleo de la industria hubiera confirmado que cierta modelo estaba tratando de lanzar una carrera de cantante.

Todo era predecible. Pero lo predecible estaba bien. Al menos asi sabia a que atenerse, aunque su elección de compañías femeninas no hacia mas que alentar los cotilleos sobre su vida privada. Pero lo cierto era que no había conocido ni la mitad de mujeres que decía la prensa, y aquellas con las que salía estaban encantadas de utilizarlo para sus propios fines.

Era un mundo de apariencias y puñaladas traperas y el había aprendido algo esencial muy pronto: la mujer que hablara de amor y compromiso seria la que te mordería el trasero cuando menos lo esperabas. Tenía las cicatrices para probarlo.

Pasaron al interior del viejo teatro. Edward no tenía planeado acudir a aquella entrega de premios, pero el deber era el deber y había que promocionar la carrera de su nueva y joven cantante Alice Brandon.

Cuando llegaron a las escaleras se aparto para que Lauren subiera antes que el. Llevaba un vestido negro sin espalda que se ceñía a todos los lugares adecuados de su cuerpo... Y no había duda de que los tenía. Edward se esforzó por apreciar las vistas, pero su pulso permaneció alarmantemente estático. Otro indicio de que aquella noche no estaba en forma. Probablemente se debía al Jet Lag.

Un acomodador los condujo hasta su mesa. Alice ya estaba allí, con su amigo de turno. Aquel era músico, o algo asi. Edward aparto una silla para Lauren, hizo las presentaciones y luego se inclino hacia Alice.

-¿Nerviosa?- Alice asintió rápidamente.

-Sentí despertarte con mi llamada el otro dia. Los cambios de horario son tan confusos... Y estaba un poco alterada-.

Aunque técnicamente Edward no era su manager personal, algo que había dejado en manos de Jane, una de sus empleadas, había decidido intervenir durante una temporada. Alice solo tenía diecisiete años y estaba abrumada por su repentina entrada en el mundo del espectáculo. De momento necesitaba estabilidad y, a fin de cuentas, un cliente contento era un cliente productivo. Edward sonrió.

-¿Quien necesita dormir? -bromeo a la vez le dedicaba un guiño.

-No sabes cuento te agradezco que cambiaras de plan y decidieras volar hasta aquí. ¡Estoy frenética! No se si me asusta mas ganar o perder. Que locura, ¿Verdad? Reconozco que necesito todo el apoyo que pueda obtener-.

El músico, o lo que fuera que la acompañaba, tomo un trago directamente de la botella de champan y eructo. Edward trato de bloquear su visión con el arreglo floral del centro de la mesa.

Gran elección de compañía, Alice, pensó. De primera clase.

Aquella era una prueba mas de que su joven e ingenua cliente necesita una mano guía. Y Alice se empeño en confirmarlo cuando alargo una mano hacia la copa que tenía ante si. Edward se la quito antes de que se la llevara a los labios.

-No, Alice. Aun eres menor de edad para beber-. La expresión de Alice se endureció mientras pasaba por uno de los típicos momentos de Jekyll y Hyde de la adolescencia.

-No puedes decirme lo que puedo o no puedo hacer, Edward. Solo diriges mi carrera, no mi vida-.

-Tienes razón. No puedo decirte lo que debes hacer, pero si puedo aconsejarte. Mi trabajo consiste en cuidar de tus intereses. Pero eso me llevo el quince por ciento de tus ganancias -dijo Edward mientras situaba la copa fuera del alcance de Alice-. Además, supongo que no querrás estar bebida cuando vayas a recoger tu premio. Y he dicho "cuando vayas", no "si vas".

Ante la duda, halagos, siempre funcionaban. La antagónica expresión de Alice se suavizo un poco. Las chicas de su edad podían llegar a ser realmente testarudas, pero Edward sabia que tenía muy buena mano con las mujeres, tuvieran nueve o noventa. Alice seguía mirándolo con el ceño fruncido, pero el sabia que había ganado.

-El agua es mejor para mi voz -dijo finalmente la joven cantante a la vez que se inclinaba hacia su impresentable novio para darle un desafiante beso.

Edward hizo una seña a un camarero y sonrió para si. Seis meses antes nadie conocía a Alice Brandon. A pesar de su juventud, tenía una voz asombrosamente madura. Además tocaba guitarra y escribía hermosas canciones de amor. Asegurar un contrato de grabación con ella había sido pan comido. Edward solo tenía que asegurarse de que la locura del mundo de la industria musical no lograra descarriarla antes de que alcanzara su meta.

Observo disimuladamente a Alice, que se estaba mordiendo las uñas hasta un punto que debía resultar doloroso. No había duda de que la madurez de su talento, pero en fondo no era mas que una colegiala asustad. Se alegraba de haberse tomado la molestia de acudir con ella a la entrega de premios.

De pronto experimento una oleada de inesperado agotamiento. Reprimió un bostezo y trato de ignorar su cansancio. Iba a ser una noche larga.

BPOV

Tras almorzar, Bella decidió recorrer la casa. Al dia siguiente pegaría una nota en cada puerta... Lo que no era poco decir, porque parecía haber cientos de ellas. Las notas la ayudarían a reconocerlas y a hacerse un esquema mental de la casa, de manera que cuando quisiera ir a la cocina no acabara en el baño, pero tendría que quitarlas antes de que llegara su jefe. Había tenido que recurrir a aquella técnica al volver a su casa tras el accidente, lo cual había resultado totalmente ridículo. ¿Como podía haber vivido en una casa durante casi una década y no recordar donde estaba su dormitorio?

Pero finalmente había acabado por recordar y estaba segura de que en aquella casa volvería a pasarle lo mismo. Dio las gracias en silencio a Rosalie por haber organizado las cosas para que pudiera pasar allí una semana antes de que llegara su jefe de... ¿Había mencionado Rose Nueva York?

Comprobó con agrado que la casa era tan agradable por fuera como por dentro y que estaba conservada con su estilo original, lo que hacia que resultara muy acogedora.

Un involuntario bostezo le hizo abrir la boca. Debido a que necesitaba concentrase en cosas que la mayoría de la gente solía hacer de forma automática, el cansancio era parte normal de su condición. Y aquel dia había sido especialmente exigente para ella. Había llegado el momento de echar un vistazo al apartamento para el servicio que se hallaba sobre los viejos establos.

Saco un par de bolsas del coche y subió las escaleras que llevaban a su nueva casa. Pero al abrir la puerta percibió un intenso olor a humedad. Y no tardo en descubrir por que. había una gotera en el techo y la sala de estar estaba a punto de convertirse en un estanque. Iba a ser imposible dormir allí aquella noche.

De manera que volvió a llevar sus bolsas a la casa principal y ocupo una de las habitaciones para invitados de la primera planta. Tras localizar a un fontanero local y colocar unos cubos bajo la gotera se sentía tan agotada que lo único que pudo hacer antes de meterse a la cama fue ir al baño a lavarse los dientes.

Pero cuando se acostó no pudo dormirse. Dejar su vieja casa le había parecido buena idea unas semanas atrás, pero empezaba a dudar de su decisión. ¿Y si los temores de Rose se hacían realidad? ¿Y si no estaba en condiciones de asumir aquel trabajo?

Pero necesitaba aquel trabajo. Hacia poco que había logrado asimilar finalmente que el accidente no solo había destruido su perfecta familia, sino que también había alterado permanentemente su cerebro. Nunca volvería ser la persona que fue.

Suspiro y se acurruco bajo el edredón. Tal vez no volvería a ser nunca la Bella que fue, pero aquel trabajo era su salvavidas, su oportunidad de demostrárse a si misma y a todo el mundo que podía volver a ser normal.

No le iba a quedar mas remedio que convertirse en la mejor empleada de servicio que había tenido nunca el señor Edward Cullen.

~~Tiempo Después~~

EPOV

Mientras la ceremonia de entrega de premios avanzaba, Edward constato lo que se temía. Estaba siendo una noche increíblemente larga.

Lauren lo estaba irritando. Era muy bonita, pero no despertaba su interés. Había tratado de hablar con ella sobre la industria de la música, algo que supuestamente debía interesarle, pero no parecía estar en lo mas mínimo informada al respecto.

El espectáculo era bueno, pero tenía la sensación de haberlo visto antes. El mejor momento de la gala tuvo lugar cuando Alice subió a cantar tras recibir el premio como mejor artista nobel.

La audiencia escucho en silencio y cuando termino la recompenso con un aplauso unánime.

Durante la ceremonia Edward tuvo que esforzarse por mantener los ojos abiertos. Empezó a lamentar las dos copas de champan que había tomado. Lo único que quería era ir a su casa a acostarse. Cuando la ceremonia estaba a punto de terminar, Alice se inclino hacia el.

-¿Vas a venir a la fiesta que hay después?- Lauren, que estaba escuchando disimuladamente, lo miro con expresión esperanzada. Edward negó con la cabeza.

-Estoy muy cansado. Me voy a casa a la cama- Lauren pareció aun mas esperanzada.

Edward decidió que era hora de salir de aquella situación. Probablemente Lauren lo pasaría mejor en la fiesta. Se inclino hacia ella y la beso en la mejilla.

-Se que estoy resultando muy aburrido. ¿Por que no vas a la fiesta de todos modos? Estoy seguro de que Alice y su amigo te cuidaran.- Lauren sopeso un momento sus opciones y decidió que la oferta no era tan mala.

-Me parece bien -dijo con su vocecita de niña.

Edward salió del teatro por la salida trasera para evitar fotos y preguntas. Una vez en el exterior, se soltó el botón superior de la camisa y respiro con fruición el aire de la noche.