VII


En estos momentos, los bailes de Camelot ya no le parecían aburridos. La verdad es que le encantaría estar en ese lugar en esos instantes, por alguna razón, estaba lejos de casa, junto con más habitantes de ese Reino legendario. Un Bosque desconocido, un lugar lleno de pájaros gigantes de acero, vehículos de 4 ruedas que asemejaban a una carreta mal fabricada, letreros y aparatos que se encendían y apagaban solos.

Un lugar en donde su Rey ya no tenía el poder y un extraño hombre junto con un grupo llamado "Los Hombres Alegres" recorrían los Bosques en busca de todos los recién llegados a ese lugar llamado Storybrooke, Maine.

Tiendas de acampar de un material extraño, agua metida en botellas transparentes, tantos avances tecnológicos eran demasiado para la joven doncella Violet, las cosas pasaban bastante rápido para ella. Conforme se aproximaba más a la calle principal de la Ciudad se maravillaba de esas cajas parlantes y las pequeñas antorchas que prendían y apagaban una y otra vez en ese lugar tan curioso que la gente llamaba la Cafetería de la Abuelita.

Ese sitio era increíble, ahí te servían la comida que quisieras en minutos, todo estaba limpio y fresco, el ambiente era tranquilo y agradable, pero sin duda existía una cosa en ese lugar que tenía toda su atención; la música. Por más que buscara, no lograba encontrar a los instrumentistas que deleitaban a los comensales con sus melodías sin igual.

En la noche, después de aventurarse a levantarse de aquella barra e investigar eso que la tenía tan intrigada, por fin encontró la fuente del sonido, una enorme caja repleta de botones, que parecía tener toda la música del mundo dentro de ella.

– ¿Qué es esto? ¿Tiene magia?

–Algo así. La llamamos Gramola. Si la alimentas, cantará para ti.

El chico sacó una moneda de su bolsillo y la introdujo en una ranura de ese artefacto, presionó los botones y la música comenzó a escucharse.

–Claro, no eres de aquí, es normal que la música suene extraña.

–No, no es eso, es solo que me parece haber escuchado esto antes.

La joven no entendía porque ese chico le parecía tan familiar y mucho menos esa canción, algo dentro de sus memorias la recordaba, mas no el lugar ni el momento. A pesar de ser un nuevo mundo, esa canción la hacía sentir como en casa de alguna manera.

–Soy Violet.

–Henry.

–Hola.

Su voz era familiar, todo en él lo era, su nombre, la manera la que se presentó y esa rara sensación que tenía junto a Henry, esa canción los conectaba de alguna manera, y si se rompía el Hechizo, sabría cuál era.