-¡Dios mío! ¿Ahora qué voy a hacer? –Alfred dio vueltas por toda la casa. Estaba desesperado. Nunca iba a nacer, sus padres jamás se conocería, Francis se condenaría a una vida de sufrimiento amando a Gilbert… Todo era un caos y no podía hacer nada para remediarlo.

-Bueno, aun te quedan unos días para terminar de unirlos y poder volver a tu tiempo… -dijo Ed mientras le enseñaba el móvil a Alfred. Su hermana había desaparecido y Matt no tenía piernas. El rostro del americano se puso pálido y el científico vio el error que había cometido- bueno, quizás no tanto como creíamos. ¡Pero tú aun sigues de una pieza y eso es buena señal! –le dio unas palmaditas en la espalda.

-¡Voy a morir! –Alfred se llevó las manos a la cabeza y empezó a hiperventilar.

-Tranquilo, que no es el fin del mundo… -Eduard se dio cuenta de que en realidad sí era el fin del mundo de Alfred y trató de pedir perdón con la mirada –pero… ¿Qué podemos hacer? Ya hemos intento convencerle pero tus padres no tienen los pies en la Tierra… ni el pijo ni el punky de pelo de colores.

En ese momento, a Alfred le vino una idea. Se levantó corriendo.

-¡Eso es! –Alfred cogió su móvil y se puso a buscar música.

-¿Se puede saber que haces?

-A mi padre no le va a convencer un hijo, pero conozco unos métodos alucinantes para que le dé un ataque epiléptico… -revisó su móvil y puso una cancion en concreto:El opening de Junjou Romantica.

-¿Qué es eso?

-Una cosita que me enseñó mi novio… -le advirtió de que el inicio de la canción siempre daba un buen susto a quien no estaba preparado y era verdad. Del más absoluto silencio nacía una música muy alta y potente –pues imagina estar dormido tranquilamente y escuchar esto…

-¿Y para qué quieres hacer eso?

-Porque soy un ser interdimensional con una tecnología superior que lo obligará a lanzarse a por Arthur…

-¿Te crees que los de 1985 somos idiotas? –Eduard se cruzó de brazos.

-No es por eso, pero ahora no puedo llegarle y decirle que es un tributo o un divergente…

-¿Un qué?...

-Eh… cosas, cosas del siglo XXI. –Alfred cogió su móvil y los altavoces portátiles que por suerte, llevaba en el 2015.

Esa noche, Francis estaba tranquilamente dormido. En un pueblo tan tranquilo no era necesario dejar las ventanas cerradas, y menos una noche tan calurosa como esa. Afortunadamente, la casa de Francis era de solo una planta y no le costó nada entrar. Colocó los altavoces justo en la almohada del rubio, que dormía abrazado a sus pinceles. Alfred pensó que siempre había sido un rarito, pero no tanto. ¿O sí? Suspiró y puso a todo volumen los altavoces, que funcionaban por bluetooth, con lo que se alejó hasta subirse en lo alto de una silla. Encendió la lista de reproducciones empezando por la mítica Levan Polka. Francis se incorporó pegando un grito muy confuso. Alfred, haciendo un movimiento de jedi, hizo como si bajara el volumen.

-¿Qué está pasando aquí? –el rubio de pelo más largo se llevó las manos a la cabeza.

-¡Silencio terrícola! –dijo Alfred. No le podía reconocer puesto que llevaba el traje anti radicación nuclear del siglo XXI –Soy Goku. Un ser del planeta Jakku, en una dimensión muy diferente a la tuya.

-¿Qué quieres de mí? –Francis estaba aterrorizado. No tuvo tiempo de pensar que todo era una broma.

-En primer lugar. Si tienes hijos, no escatimes con la paga. El futuro está muy caro –Alfred tenía que aprovechar. Su padre estaba borracho de miedo- Y en segundo, tienes que enamorarte de Arthur Kirkland.

-¿El punk?

-Sí, ese –Alfred estaba bastante contento de que pusiera un poco de su parte. No era fácil todo esto.

-¿Pero cómo me pueden pedir algo así? ¡Yo amo a Gilbert!-

-¡Tú no amas a Gilbert papa! ¡Papagayo! –Alfred saltó de la silla como una exhalación, cayéndose y tropezando contra un caballete de pintura. El francés se levantó corriendo a verle.

-¡Oh madre mía! ¿Estás bien, Goku?

-Si… creo que… si… -Por suerte, su disfraz no se había roto dejando a la luz su verdadera apariencia- ¡Pero tenemos que hablar sobre ese tal Gilbert, joven! –Se levantó del suelo.

-No hay nada de qué hablar… él es tan guapo, y macho y malote y… -a Alfred le parecía una adolescente pensando en Justin Bieber. Le provocó tales arcadas que tuvo que dejar de pensar en eso.

-Pues si no tratas de enamorar al menos un poquito a Arthur Kirkland, te pasará esto… -Alfred puso el móvil en marcha y le enseñó el opening de un anime que había visto hace muy poco, No game, no life. Esos colores, puestos en una pantalla con el brillo al máximo, de cerca y a oscuras causaban autentico daño cerebral. Francis se tapó los ojos corriendo y apartó la cara. -¡Se te fundirá el cerebro! –acto seguido, saltó por la ventana.

Francis se quedó sentado en el suelo, aun sin haberse podido recuperar de todo ese shock. Quizás si intentaba ligar con Arthur no le harían nada. Total, ha dicho intentar ligar, no enamorarse. ¿Quién ha dicho que luego no podría seguir en sus trece de ligar con Gilbert? Ya bastante que le hacía los deberes siempre sin rechistar y aguantaba todas sus bromas. Seguro que con tanto esfuerzo, el albino acabaría dándose cuenta de que era el mejor partido del mundo. Se casarían, tendrían una casa llena de niños, un trabajo y serían felices. Francis se convencía de que así sería.

Al día siguiente fue a ver a Alfred. Todos los chicos del instituto se habían reunido como casi todos los sábados en el parque para hacer los mejores trucos de monopatín. Había varios grupos de gente. Algunos fumaban, unos escuchaban música y otros simplemente estaban comiendo y bebiendo mientras veían las galletas que algunos se daban contra el suelo tratando de ser impresionantes.

Francis se acercó tímido al de gafas, que estaba tratando de desvelar el gran misterio del walkman.

-¡Ey, Francis! ¿Cómo estás? –dijo, levantando la mano para indicarle que se acercara mientras intentaba poner una cinta. Por el amor de Dios, no era tan difícil y aun así no podía.

-¡Tengo que hablar contigo, Alfred! Ayer llegó de otra dimensión un tal Goku y me pidió que me ligara a Arthur Kirkland. ¿Qué debería hacer?

-Lo primero es no decirlo muy alto, o podrías ser un loco. Pero creo que deberías hacerle casos a esos seres, porque van a estrenar una nueva trilogía de Star Wars e igual no se la quieren perder… -dijo Alfred en un tono más bajo mientras entraba en un estado colérico por no poder poner a punto su rudimentario aparato de música.

Francis con un simple gesto colocó perfectamente la cinta y le dio al play. Alfred le miró con ojos de agradecimiento y vergüenza por no poder haber hecho algo tan simple.

-¿Sabes dónde está Arthur? –preguntó.

-Sí, le he visto hace un rato… -señaló un grupo de personas que estaban fumando y bebiendo. Lo que desearía Alfred poder usar su cámara en ese momento. La de veces que se habían enfadado sus padres cuando volvía a casa y apestaba a tabaco porque sus compañeros fumaban mientras él, por si acaso, no probaba ni un cigarrillo. Malditos viajes secretos en el tiempo. Naturalmente que después de este paripé, no podría decirle ni una palabra a sus padres y eso que tenía infinitas.

Francis se acercó, tembloroso. ¿Cómo ligar de golpe con un tío así? Alfred miraba mientras expectante, pero supo que los problemas empezaban de verdad cuando Gilbert se acercó desde atrás.


Bueeeno casi un mes que llevo sin actualizar pero no tengo ni un minuto libre! Que tortura! Ademas, he estado participando en unos concursos de relatos y eso me resta tiempo para hacer los fanfics, que hay algunos que casi llevan un año abandonados los pobres, me siento mala madre. Bueno, espero como siempre que os guste, no olvidéis comentar y nos leemos próximamente!