Killian se despertó al escuchar su celular sonar una y otra vez. Miró la hora y se sorprendió, ya que todavía faltaba una hora para que suene su alarma despertadora que tenía programada en su celular. Reaccionando de a poco, se dio cuenta que lo que sonaba no era su alarma, sino una llamada. Agarró el celular y contestó la llamada. Era David, su jefe, diciendo que Rumpelstiltskink había vuelto a matar y debía ir a la escena del crimen. Killian se cambió lo más rápido que pudo y fue a la escena del crimen, donde se encontró con el resto del equipo. Está vez las victimas eran dos niños, Ava y Nickolas. Ver que está vez las victimas eran dos niños hizo que a Killian se le helará la sangre. Nunca le gustaba lidiar con asesinos, pero este realmente parecía ser impredecible, loco y maligno.

Después de recopilar toda la información necesaria, volvió a la comisaría junto con Will. Al llegar allí, August, David, Emma y Robin ya estaban reunidos, y por lo visto estaban teniendo una pelea. Killian nunca había visto a Emma enojada, pero debía admitir que era toda una visión hasta en ese estado. La manera en que su cabello color sol se movía ante cada movimiento que hacía y palabra que soltaba al aire, y sus ojos verdes llenos de vida y expresión, la hacían parecer toda una fortaleza natural.

- Emma te queremos fuera del caso. – Dijo David seriamente.

- No lo van a lograr. – Negó Emma cruzándose de brazos.

- Emma… - Comenzó a decir August.

- ¡No! ¡Ustedes no pueden decirme que hacer! – Exclamó Emma interrumpiéndolo. – Si no quieren que trabaje más acá, no lo haré, pero ambos saben que lo seguiré haciendo por mi cuenta como lo hice todos estos años. – Dijo con gran convicción.

- Emma, esto es demasiado personal y peligroso. – Advirtió Robin.

- ¿Crees que no lo sé? – Preguntó Emma enojada. – Esto ya era personal de antes, y esto es solo una muestra de que él siempre lo supo. – Dijo dando un largo suspiro. - ¿Podemos volver a nuestro trabajo y dejar de perder el tiempo? – Pidió saber desafiadoramente.

- Bien, pero mientras estés con nosotros, vas a tener que aceptar ciertas indicaciones que te de sobre tu bienestar y seguridad. – Aceptó David.

- Eso haré. – Asistió Emma.

- ¿Vamos a hablar con el doctor Whale? – Preguntó August a Emma.

- Vamos. – Respondió Emma.

August y Emma se fueron de la comisaría. Una vez que ellos se fueron, David les explicó lo que había pasado. En la escena del crimen habían encontrado una carta de Rumpelstiltskin dirigida a Emma. Al parecer August y Emma se habían ido a llevar la carta a investigación, para pruebas de adn o huellas digitales. A pesar de eso, Killian sabía que no iban a encontrar nada. Si había algo en lo que Rumpelstiltskin era bueno, era en no dejar pruebas, ni rastros. Ahora entendía porque habían estado peleando, porque Emma estaba en peligro. En ese momento, más que nunca, sintió gran curiosidad por saber que era eso tan personal que unía a Emma con el caso. Pero en vez de preguntar, se limito a hacer lo que su jefe le indicó y se conformó con ver una foto de la carta.

Seguirás intentando y seguirás fallando.

Este mundo no está hecho para que haya finales felices Emma.

Definitivamente había algo muy personal en esas palabras, y la preocupación de August, David y Robin lo demostraba. A partir de ese momento iban a tener que estar en estado de alerta. Ver la situación con ese nuevo giro, le permitió dar cuenta a Killian de que no tenía que envidiar a Emma por conseguir el caso. Emma estaba implicada en el caso de algún modo, y él entendía perfectamente lo que era eso, porque era lo que a él le pasaba con el caso de Millah. Ellos no tendrían una buena relación, pero él jamás iba a dejar que nada malo le pase. La iba a cuidar y proteger, porque eso es lo que se hace con los compañeros. Después de la hora del almuerzo, August y Emma volvieron a la comisaría, y todos juntos se pusieron a tratar de descifrar el nuevo asesinato.

- ¿Qué cuento crees que fue está vez? – Pidió saber Robin.

- Hansel y Gretel. – Dijo Emma mientras pegaba una foto de Ava y Nickolas en la pizarra.

- ¿Cuento? ¿Hansel y Gretel? – Cuestionó Killian confundido.

- Rumpelstilstkin tiene cierta manía por los cuentos de hadas, en cada uno de sus asesinatos deja rastros sobre ellos. – Explicó Emma poniendo sobre la mesa los expedientes de cada una de las victimas. – Primero tuvimos a la reina de corazones, segundo blanca nieves y el príncipe azul, tercero Merlín, cuarto Alicia en en el país de las maravillas, quinto La Bella y La Bestia, sexto el Rey Arturo y séptimo Hansel y Gretel. – Dijo señalando cada uno cuando lo nombraba.

- ¿Por qué crees que esta vez es Hansel y Gretel? – Preguntó August.

- ¿En verdad necesito explicarlo? – Preguntó Emma dedicándole una mirada sospechosa. – Ava y Nickolas eran hermanos, sus padres los abandonaron y en la escena del crimen ambos niños estaban cubiertos de chocolate y golosinas. – Dijo expresando la deducción que había hecho.

- Podría haber sido Charlie y la fabrica de chocolate. – Bromeó Will.

- Podría haber sido, pero no encajaría el hecho de que los niños eran hermanos y fueron abandonados. – Dijo Killian comprendiendo el razonamiento que Emma había hecho.

- Hay algo que nos quiere decir con todo esto. – Comentó Robin mientras miraba las fotos de las victimas.

- Si, algo quiere decirnos y lo vamos a descifrar. – Dijo David con cierta confianza.

- No creo que él quiera que lo descifremos, debe estar seguro de que no podremos hacerlo. – Dijo Emma recordando las palabras de la carta.

- Si alguien puede descifrarlo, estoy seguro que vas a ser vos. – Dijo David mostrando admiración hacia ella.

- De hecho hay una cosa que nos quiere decir, que creo esta muy clara. – Dijo Emma después de un largo silencio.

- ¿Qué? – Preguntó August con curiosidad.

- En este mundo no hay finales felices. – Respondió Emma tristemente.

Emma se fue de la reunión con la excusa de preparar cafés para todos, pero Killian estaba seguro que en realidad estaba buscando tener un momento a solas para poder calmarse. Killian se sorprendió de todo lo que había aprendido durante esa reunión, al parecer había sobrestimado a esa mujer. Ella sabía más del caso y del accionar y pensar de Rumpelstiltskin, de lo que él había escuchado de otros oficiales o detectives. De repente un niño, de unos diez años aproximadamente, entró a la comisaría llamado la atención de todos.

- Hola Henry. – Lo saludó David.

- Hola. – Saludó Henry. - ¿Esta mi mamá? – Preguntó.

- Preparando café, ya sabes el camino. – Respondió David.

Antes que Henry pueda moverse, Emma apareció con una taza de café en su mano. El niño corrió hacia Emma y la abrazó con fuerzas, la abrazó como si su vida dependiera de eso. Killian se sorprendió al descubrir que Emma tenía un hijo, él no sabía que ella tenía un hijo. No bien se escucharon los sollozos del niño, Emma dejo su café en el escritorio más próximo a ella, y volvió a corresponder el abrazo con toda la intensidad posible y necesaria. Al ver a Emma con su hijo, comprendió que había sido un tonto en pensar que ella era una mujer difícil de amar. La manera en que trataba a su hijo demostraba que ella era una persona capaz de amar profundamente. Killian comprendió en ese momento, que su dureza y negación al amor debía ser basado en las propias experiencias de su vida. Alguien seguramente había roto su corazón.


Emma estuvo todo el día mal humorada y preocupada. La carta de Rumpelstiltskin con su nombre se sintió como una apuñalada a su corazón, un recordatorio de que nunca iba a estar a salvo mientras ese hombre siga libre. Intentó evitar que su cabeza se llene de preocupaciones por su hijo, por sus amigos, por sus compañeros… En ves de eso, trató de focalizar su atención en las victimas, en descubrir algo que todavía no sepan, o notar algo que se les haya pasado de alto. Las preocupaciones de August, David y Robin, hicieron que el día sea peor y más difícil para ella. Estaba agradecida de que se preocupen por ella, pero a la vez lo sentía como una carga. Si ellos no se preocuparían por ella, quizás podrían mantenerse a salvo. Emma necesitó despejar su mente, así que fue a la cocina a prepararse un café. Iba a prepararse un café, pero se arrepintió y se preparó un chocolate. Necesitaba su bebida favorita para que actúe como contención, y no café para mantenerse despierta. De hecho, todo lo relativo a ese caso la hacía mantenerse despierta sin necesidad de café.

Cuando volvió a la sala se sorprendió al ver a su hijo allí, y se sorprendió aún más cuando fue corriendo hacia ella y la abrazó con fuerzas. Se suponía que Henry iba a estar con Neal, se suponía que iba a pasar el fin de semana con su padre de camping. De un momento para otro, escuchó que Henry lloraba y eso le partió el corazón. Ella no soportaba que su hijo sufra. Dejó su chocolate en el escritorio más cercano para poder abrazarlo mejor, y le dedicó palabras reconfortantes mientras intentaba calmarlo. Cuando el llanto se volvió más leve y silencioso, lo hizo sentar en el escritorio y ella se sentó en una silla delante de él.

- Para vos. – Dijo Emma dándole la taza.

- ¿Café? – Preguntó Henry confundido.

- Chocolate. – Respondió Emma.

- Pero vos nunca das tu chocolate a nadie. – Protestó Henry.

- Lo necesitas más que yo. – Explicó Emma.

- ¿No me vas a preguntar que pasó? –Preguntó Henry después de tomar un gran sorbo de chocolate.

- No, ya me lo vas a decir cuando estés listo. – Contestó Emma secándole las lágrimas con ternura.

- Papá no me quiere. – Dijo Henry después de un largo silencio.

- Henry… - Comenzó a decir Emma.

- Estoy acá porque él se fue de viaje con su nueva novia, él prefiere irse de viaje con ella antes que conmigo. – Explicó Henry interrumpiéndola, su voz ronca de tanto llorar.

Escuchar eso la hizo sentirse furiosa. Ella nunca había querido que Henry se sienta rechazado de esa manera, que crea que no era suficiente para alguien, ni digno de ser elegido como prioridad. Ella había crecido sintiendo eso en el sistema de adopciones, y se había propuesto que Henry nunca tenga que sentirlo. Pero Neal lo hacía más de una vez con sus elecciones y actitudes, y eso generaba que más de una vez le den ganas de acogotarlo. Emma nunca entendía como Neal no se podía dar cuenta que con más de una de sus acciones lastimaba a su hijo. Henry era un niño, y él se merecía ser amado y considerado prioridad por sus padres, como cualquier niño. Emma sabía que Neal amaba a Henry a pesar de todo, pero a veces a lo niños les costaba más poder dar cuenta o racionalizar esas cosas que a los adultos. Los niños necesitaban estabilidad, presencia, y acciones que prueben y acompañen las palabras.

- Henry vos sabes que yo no concuerdo con tu papá en más de una cosa, pero si hay algo de lo que estoy segura es de que él te ama. – Dijo Emma honestamente.

- ¿Entonces por qué no me elige a mi primero aunque sea una vez? – Pidió saber Henry con la voz temblorosa.

- No lo sé. – Respondió Emma. – Pero Henry yo te prometo que siempre te voy a elegir primero, vos sos mi prioridad ante todo. – Aseguró intentando contenerlo.

- Lo sé. – Asistió Henry hundiéndose nuevamente en los brazos de su madre. – Te amo mamá. – Dijo.

- Yo también te amo peque. – Dijo Emma correspondiendo el abrazo con gran intensidad.

La conversación que estaba teniendo con su hijo, se vio interrumpida por David. Su amigo y jefe, le dio varios papeleos para hacer, y le dijo que no había ningún problema de que Henry este allí. A Emma le habría gustado poder llevarse a su hijo, y dedicarse el resto de la tarde y noche en hacerlo sentir mejor. Pero ese era su trabajo, el cuál era importante y no podía posponer. Una vez que haya terminado todo el papeleo, ahí podrían irse a hacer algo juntos. Emma le dio a Henry su computadora para que se distraiga jugando a algún juego, mientras ella terminaba su trabajo.

- Emma. – Dijo Killian su nombre llamando la atención.

- ¿Si? – Preguntó ella quitando su atención de los papeles.

- Si queres podes irte con Henry, yo terminaré el papeleo. – Ofreció él con un poco de timidez.

- No es necesario… - Comenzó a protestar ella.

- Pero quiero hacerlo. – La interrumpió él. – Esto también es mi trabajo, y sé como hacerlo. – Justificó su propuesta de ayudarla.

- ¿Estás seguro? – Preguntó ella todavía algo insegura, ya que él nunca la ayudaba con los papeleos.

- Si, estoy seguro. – Asistió él. – Ve con tu hijo, yo me encargo de estás cuestiones formales. – Dijo él con convicción señalando los papeles.

- Bien. – Aceptó ella. – Gracias Jones. – Agradeció ella entregándole los papeles.

- De nada Swan. – Dijo él.

Emma se sorprendió de que Killian haya querido ayudarla, él nunca la ayudaba. Todo el trabajo que les tocaba hacer juntos, siempre lo terminaba haciendo ella sola. No sabía que era lo que había pasado para que él de repente ofrezca su ayuda, pero al ver que su ofrecimiento era sincero decidió aceptarlo y darle una oportunidad. Si quería ayudar, lo iba a dejar ayudar. Se despidió de Killian y se fue con su hijo.

Henry estaba triste, así que eligió hacer sus cosas favoritas para hacerlo sentir un poco mejor. Sabía que no podía quitarle el dolor que su padre causaba, pero por lo menos podía demostrarle que ella estaba siempre para él. Lo llevó al cine a ver una nueva película de los hermanos Grimm, ya que sabía que a su hijo le encantaban los cuentos de magia y hadas. Después fueron a cenar a su pizzería favorita y también tomaron helado. Cuando llegó la hora de acostarse, Emma sonrió al ver que Henry había vuelto a tener una sonrisa iluminada en su cara.

- Gracias por el rato juntos mamá. – Agradeció él.

- No hace falta que me agradezcas peque, sabes que por vos soy capaz de hacer todo. – Aseguró ella despeinándole el cabello con cariño.

- ¿Podrías leerme un cuento? – Pidió él.

- Mmm pensé que ya estabas grande para eso. – Comentó ella con una sonrisa, recordando cuando hace un tiempo su hijo decidió que ya no iban a leer más cuentos antes de dormir porque ya estaba grande.

- Extraño que leamos juntos, aparte vos me dijiste que nunca se es grande para leer. – Explicó él los motivos de su pedido.

- Yo también extraño leer juntos. – Coincidió ella y se dirigió a la biblioteca. - ¿Qué libro te gustaría leer hoy? – Preguntó.

- Algún capitulo de Harry Potter. – Respondió Henry.

Emma se acomodó en la cama junto a su hijo y empezó a leer "Harry Potter y el prisionero de Azcaban", ya que sabía que su hijo tenía una preferencia por ese libro ante los demás. Cuando estaba leyendo el tercer capítulo Henry se quedo dormido. Emma lo observó unos largos minutos con ternura, su hijo era la persona que más amaba en el mundo y le gustaría poder protegerlo de todo dolor. Le acarició la cabeza y le dio un beso, guardó el libró en la biblioteca y apagó la luz deseando que su hijo pueda tener muy buenos sueños.