Estaba durmiendo profundamente, cuando de repente empezó a sentir como alguien lo pateaba y lo empujaba. Intentó ignorarlo, y lo logró por un momento, hasta que escuchó un grito. El grito finalmente lo hizo reaccionar y despertarse. Le costó unos instantes comprender lo que estaba sucediendo, hasta que reconoció la voz. Emma estaba durmiendo con él en su cama, y estaba teniendo una pesadilla. La sacudió y llamó hasta despertarla, y la refugió en un gran abrazo cuando ella entendió lo que acababa de suceder y se largo a llorar. Killian era un experto en tener pesadillas, ya que más de una vez sus sueños se veían invadidos con la muerte de Millah. Y sabía que para Emma debía ser lo mismo, sabía que sus sueños debían estar invadidos por las muertes de sus padres. Pero había algo en la desesperación del llanto de ella, que le decía que quizás su pesadilla había sido peor que un simple recuerdo.

- Shh, tranquila, estás bien, estás conmigo, estás a salvo. – Dijo él intentando calmarla mientras le acariciaba la espalda. - ¿Mejor? – Preguntó después de un largo rato, cuando ella consiguió tranquilizarse.

- Eso creo. – Respondió ella con la voz ronca de tanto llorar.

- ¿Quieres hablar de eso? – Preguntó él dándole la posibilidad de elegir.

- Era Rumpelstiltskin, él los mató, a Henry y a vos, y yo no pude hacer nada para salvarlos. – Contestó ella dejando caer gran cantidad de lágrimas de sus ojos.

- Fue solo una pesadilla, Henry y yo estamos bien. – Aseguró él mirándola a los ojos y secándole sus lágrimas.

- Se sintió tan real. – Comentó ella hundiendo su cara en el cuello de él para aspirar su perfume.

- Lo sé, pero no lo fue. – Dijo él pasando sus dedos por el cabello de ella.

- Tengo miedo. – Admitió ella avergonzada. – Tengo miedo de perderlos, y cada vez que tengo pesadillas así de fuertes algo malo pasa. No quiero que nada más malo pase, no quiero que sea otra señal… - Dijo aceleradamente, casi sin respirar.

- Tranquila, respira. – Pidió él acariciándole la espalda nuevamente. – Sé que todo esto es difícil, pero fue solo una pesadilla. – Volvió a asegurar.

- Necesito ver a Henry, necesito… - Comenzó a decir ella.

- Anda a verlo así comprobas que está bien. – Lo interrumpió él. – Después ven a la cocina, prepararé chocolates. – Dijo levantándose de la cama y ofreciendo su mano a ella para ayudarla a salir.

Killian fue a la cocina y preparó dos chocolates con canela. Después de unos minutos Emma se unió a él. Bebieron el chocolate en silencio y volvieron a la cama. Emma daba vueltas, como si tendría miedo de quedarse dormida por el hecho de poder volver a tener una pesadilla. Él la abrazó y le contó sobre sus pesadillas. Intercambiando historias de sus pesadillas se quedaron dormidos.

Al otro día fueron juntos a trabajar. Ambos estaban cansados por los sucesos de la noche anterior, pero él estaba feliz de haber estado allí para ella. Emma fue de patrulla con Robin, y él fue de patrulla con Will. Al mediodía tuvieron una reunión en equipo, hasta que todos se encontraron demasiado hambrientos como para continuar.

- ¿Podemos comprar comida? – Sugirió Emma poniendo en voz lo que todos habían estado pensando.

- Gran idea. – Asistió David. – Tengo una reunión con los del FBI, así que podemos continuar con esto después. – Informó.

- ¿Qué podemos pedir? – Preguntó Will volviendo al tema de la comida.

- Pidamos pizza, así es más sencillo y no hay que estar tomando el pedido de cada uno. – Respondió Killian pensativamente y todos asistieron.

- ¿Vamos a comprar compañera? – Dijo Robin volviéndose hacia Emma.

- Vamos. – Aceptó Emma levantándose de su silla.

- ¿Me llevan al banco de pasada? – Pidió Will.

- Claro. – Respondieron Emma y Robin a la vez, y rieron tontamente ante eso.

- A mi no me cuenten, yo iré a almorzar con Mérida. – Dijo August buscando su campera.

Y así fue como Killian se quedo solo en la comisaría. Mientras esperaba que sus amigos regresen con la comida, se dedicó a ponerse al día con el papelerío que tenía acumulado en su escritorio y a atender un par de llamados. A los minutos escuchó que alguien entraba y miró su reloj, habían pasado quince minutos. Era raro que sus amigos hayan hecho tan rápido en el banco y en pizzería.

- ¿Hicieron magia que volvieron tan rápido? – Preguntó Killian chistosamente levantándose de su escritorio.

- No creo haber vuelto tan rápido, cuando hace unos cuantos años que no nos vemos. – Respondió una voz extraña.

Killian se sorprendió al escuchar esa vos, pero cuando se volvió a la persona que había entrado a la comisaría sabía con quien se iba a encontrar; Robert Gold, Alias: Rumpelstiltskin. El hombre estaba allí parado, con un arma en su mano, y su famosa máscara de cocodrilo en su rostro. Killian había esperado estar frente a frente con él desde hace mucho tiempo, pero ahora que finalmente lo estaba viviendo no tenía la menor idea de cómo reaccionar. Ese hombre había asesinado a Millah y su familia, a los padres de Emma, a Jefferson, a tantas personas inocentes. Ese hombre había secuestrado a Henry, y había intentado asesinar a Emma. Ese hombre había destruído su felicidad una vez, y ahora quería volver a hacerlo. Killian no podía dejar que eso suceda. Tenía que detenerlo de una vez y para siempre, aunque no tenía idea de cómo hacerlo, ni como siquiera escapar de la mala situación en que aparentemente estaba.

- Gold. – Dijo Killian secamente, sin poder creer lo que sus ojos estaban viendo.

- Prefiero que me llames Rumpelstiltskin. – Dijo Rumpelstiltskin.

- ¿Qué queres cocodrilo? – Preguntó Killian en un tono firme y lleno de rencor.

- Quiero que terminemos nuestros asuntos pendientes capitán. – Respondió Rumpelstiltskin apuntándolo con el arma. – Aunque primero creo que me gustaría tener una conversación con Emma. – Dijo pensativamente, buscando con su mirada alrededor de toda la oficina.

- Emma no está, y estás loco si pensas que te dejaría hablar con ella si estuviera. – Dijo Killian con convicción.

- Siempre fuiste protector de lo que amas, lo cual déjame recordarte es un error, después de todo perdiste tu mano por eso. – Comentó Rumpelstiltskin con una sonrisa malvada.

- No estoy para tus juegos. – Advirtió Killian malhumorado. – Dime a que viniste o vete. – Indicó intentando dar cuenta si el otro seguía con el brazo lastimado por la bala que había recibido hace unos días atrás.

- Todo a su debido tiempo, aunque no estaría mal comenzar por esto. – Dijo Rumpelstiltskin acercándose a él.

Rumpelstiltskin se acercó a él, sacó algo del bolsillo de su campera y lo dirigió hacia él. Killian intentó detenerlo sin importarle que él otro tenga un arma. Forcejearon por un interminable momento, hasta que sintió un pinchazo en su cuello. Killian sabía lo que acababa de ocurrir, Rumpelstiltskin lo había drogado. Sintió como sus ojos se cerraban de a poco, hasta que cayó y todo se puso negro.

Killian despertó atado a una silla. Miró a sus alrededores y reconoció el lugar donde estaba, la sala de interrogaciones. Necesitaba liberarse y escapar de ahí. Necesitaba advertir a Emma y sus amigos de lo que estaba pasando para que puedan protegerse, y no caminar hacia al medio del peligro. Trató de forcejear las sogas que lo tenían atado, pero le resultó imposible. De repente, Rumpelstiltskin entró a sala, se sentó frente a él y se sacó su máscara de cocodrilo.

- ¿Qué vas a hacer? ¿Qué queres conmigo? – Cuestionó Killian frustrado ante la impotencia de la situación.

- Terminar lo que empecé. Estuviste viviendo tiempo extra, pero ya no. – Respondió Rumpelstiltskin mientras jugaba con varios cuchillos que había en la mesa. – Verás capitán cometiste un grave error al enamorarte de Millah. – Comentó mirándolo con odio.

- Millah no era tu propiedad, no es mi culpa que ella se haya dado cuenta de la clase de persona que eres y por eso te haya dejado. – Dijo Killian con furia.

- ¡Millah era mía y de nadie más, al igual que Cora! – Exclamó Rumpelstiltskin con bronca. – Pero aún hay algo peor que todo eso. – Agregó mientras intentaba calmarse.

- ¿Qué? – Preguntó Killian.

- Te enamoraste de Emma. – Respondió Rumpelstiltskin haciendo que Killian se sienta más confundido que antes. – Emma es la salvadora, y ella solo puede salvar a una persona, y esa persona voy a ser yo. Por eso necesito matarte, incluso más ahora que antes. – Explicó detalladamente.

En ese momento comprendió que Robert Gold, o Rumpelstiltskin, o como quiera llamarse, estaba más loco de lo que jamás habría podido llegar a pensar o imaginar. Recordó como asesinó a Millah y como casi lo asesinó a él, y el miedo que parecía invadir a Emma cada vez que hablaba de él. Estar en poder de Rumpelstiltskin era sin duda un grave problema. Solo quedaba esperar, y rogar que cuando lleguen sus compañeros puedan enfrentarlo y detenerlo.


Emma siempre había sido una persona que de vez en cuando sufría de pesadillas. Pesadillas sobre las muertes de sus padres y su mala experiencia en el sistema de adopciones. Pero cuando tenía pesadillas en las que Henry estaba en peligro o moría, siempre las tomaba como una mala señal, porque cada vez que eso pasaba solía suceder algo malo. Emma no era supersticiosa ni nada del estilo, pero al comprobarlo un par de veces lo había empezado a creer. Por suerte, esa vez Killian estuvo con ella, y le aseguró que todo iba a estar bien, y que solo había sido una pesadilla. Y ella le creyó, al menos hasta que volvieron a la comisaría y Killian no estaba allí.

- ¿Dónde se metió? – Preguntó Emma colocando una de las cajas de pizza en uno de los escritorios.

- Quizás este en el baño o la terraza. – Sugirió Will dirigiéndose hacia alguno de los destinos para fijarse.

- Esperen. – Indicó Robin haciendo que los otros dos se queden quietos. - ¿Qué es eso? – Preguntó señalando un pequeño charco de líquido azul que había en el piso.

- Huele a cloroformo. – Dijo Emma agachándose en el piso. – Algo no está bien en todo esto. – Dijo empezando a sentirse preocupada.

- Definitivamente hay algo mal. – Coincidió Robin sacando su arma para ponerse en estado de alerta.

- Ya avisé a David. – Dijo Will guardando su celular en el bolsillo de su pantalón. – Dividámonos y veamos que le pasó a Jones. – Propuso.

- Bien, iré a terraza. - Dijo Robin.

- Yo a los baños y la cocina. – Dijo Will.

- Yo me quedo con la sala de reuniones e interrogaciones. – Dijo Emma.

Evitó que el pánico y los malos pensamientos se apoderen de ella, y en vez de eso se centró en hacer lo que mejor sabía a hacer, su trabajo. Tomó su arma y empezó a recorrer el espacio cautelosamente. Emma entró a la sala de reuniones y la encontró vacía. Reviso cada rincón de la sala, pero no había nada fuera de lugar. Una vez que estuvo satisfecha en que no iba a conseguir nada allí, se fue para la sala de interrogaciones. Entró a la sala de observación y a través del vidrio vio que del otro lado estaba Rumpelstiltskin con Killian. En ese momento toda la bronca y dolor que tenía acumulada explotó, y reaccionó a puro instinto. Abrió la puerta con una fuerte patada y se abalanzó contra Rumpelstiltskin noqueándolo con un golpe de su arma en la cabeza.

- ¡Emma! – Gritó él su nombre nuevamente, como lo había estado haciendo desde que ella entró allí.

- ¡Killian! – Exclamó ella y le dio un pequeño beso en sus labios. - ¿Estás bien? – Preguntó mirándolo de pies a cabeza.

Killian estaba bien y eso la hizo volver a respirar tranquila. Sabía que no era el momento adecuado como para besarlo, pero igual lo hizo porque necesitaba comprobar que eso era real, que él estaba bien y estaba con ella. Disfrutó a penas por un instante de la calma que solo sus besos eran capaces de darle, y luego se volvió hacia las sogas.

- Si, estoy bien. – Respondió él. - Pero lo mejor va a ser apurarnos. – Indicó nervioso.

Emma comenzó a desatarlo, lo cuál no resultó sencillo ya que Rumpelstiltskin era muy bueno atando a las personas. La manera en que Killian estaba atado le hacía acordar a como había estado atada ella. Cuando terminó de desatarlo y Killian finalmente se levantó de la silla, Rumpelstiltskin ya se había recuperado y le pegó una patada a ella en la mano haciendo que pierda su pistola.

- No se les ocurra moverse, ni dar un paso en falso. – Advirtió Rumpelstiltskin apuntándolos con su arma. – Quiero que se alejen unos cuantos pasos uno del otro. – Indicó seriamente. - ¡Ahora! – Gritó con furia cuando los otros no habían cumplido sus órdenes.

- Bien, tranquilo, ya está. – Dijo Emma alejándose varios pasos de Killian.

- ¿Por qué siempre tenes que complicar todo? – Preguntó Rumpelstiltskin a Emma.

- Yo no… - Comenzó a protestar a Emma.

- ¿Entonces por qué lo desataste? – Preguntó Rumpelstiltskin con bronca señalando a Killian.

- Porque lo amo y no voy a dejar que lo lastimes. – Respondió Emma con sinceridad.

- Pero Emma vos no lo podes salvar, porque nada más podes salvar a una persona, y esa persona voy a ser yo. – Discutió Rumpelstiltskin.

- Ya hablamos de esto. – Dijo Emma recordando lo que habían conversado cuando la tuvo secuestrada. – Yo no soy la salvadora, ni tengo magia. – Afirmó. – Lo siento, pero no puedo salvarte. – Se disculpó, aunque era lo menos que quería hacer.

- ¡¿Me estás queriendo decir que todo este tiempo estuve equivocado y aposté por una persona falsa?! ¡¿Me engañaste?! ¡¿Estuviste jugando conmigo?! – Cuestionó Rumpelstiltskin furioso, sin dejar de apuntar su arma contra Emma.

Rumpelstiltskin continuó gritando y gritando, millones de cosas que no tenían ningún sentido, millones de cosas que lo único que expresaban era desilusión y enojo ante el hecho de que ella no pueda salvarlo. Que irónico que él haya pensado que ella iba a salvarlo, cuando incluso si podría hacerlo no lo haría, no después de todo el daño que le causó. Miró a Killian por un instante y supo que el compartía sus miedos ante esa situación, el miedo de poder perder al otro en un abrir y cerrar de ojos. Ambos estaban lejos como para recuperar el arma de ella. Pero entonces su celular vibró en su bolsillo, y Emma estaba casi segura de que era lo que significaba eso. Sus compañeros estaban en la sala de observación, viendo y escuchando todo lo que sucedía en la sala de interrogación. Si ella podía lograr que Rumpelstiltskin se dirija hacia el vidrio podrían bajarlo con una bala del otro lado.

- ¡Bien, si tan enojado estás conmigo por no poder salvarte, entonces matame! – Dijo Emma desafiadoramente, dando unos pasos hacia el vidrio.

- ¡No me provoques! – Advirtió Rumpelstiltskin.

- ¿Emma, qué estás haciendo? – Preguntó Killian desesperado, lleno de preocupación.

- Estoy terminando lo que empezamos. – Dijo Emma usando las palabras de Rumpelstiltskin para molestarlo. - ¡Vamos! ¡¿Qué estás esperando?! – Lo presionó haciendo que el otro camine unos pasos hacia donde estaba ella. – ¡Si queres disparar, entonces dispara! – Insistió.

De repente se escucharon varios disparos. El vidrio, que del lado donde estaban ellos era un espejo, se rompió en miles de pedazos. Rumpelstiltskin cayó al piso herido. Y ella también cayó al piso, pero cayó porque alguien se había abalanzado sobre ella para protegerla, Killian. Ella no estaba segura de cómo había logrado atravesar la sala en tan poco tiempo, pero lo había hecho y la había cubierto como un escudo protector.

- ¿Estás bien? – Preguntó ella examinándolo para asegurarse de que ninguna bala lo haya lastimado.

- Si. – Asistió él. - ¿Y vos? – Preguntó haciendo lo mismo que ella.

- También. – Respondió ella aceptando la mano de él para levantarse del piso.

- La bala que disparó Rumpelstiltskin quedo en la pared. – Dijo David señalando hacia donde estaba la bala. - ¿Están bien? – Preguntó mirándolos con preocupación.

- Si, estamos bien. – Contestó Killian.

La sala se llenó de sus compañeros y de los agentes de custodia del FBI. Rumpelstiltskin había recibido dos balas, una en su pierna y otra en su mano. Lo iban a llevar a un hospital y luego a prisión. Emma no podía creer que eso estaba sucediendo, no podía creer que después de tanto tiempo lo había atrapado. No sabía que pensar, ni que sentir. Sus piernas comenzaron a temblar, y Killian estuvo allí para sostenerla y refugiarla en un abrazo. Dejo que su amor la calmé, y disfruto de la seguridad que sentía en sus brazos.

- ¿En verdad termino todo? – Preguntó ella con su cara hundida en el pecho de él.

- Si, sé que es difícil de creer pero si. – Asistió él.

- Pero queda el juicio. – Dijo ella sin salir de los brazos de él, a penas despegó su cara de su pecho para que puedan verse a los ojos.

- Queda el juicio, pero va a resultar a nuestro favor con todas las pruebas que tenemos en su contra más nuestros testimonios. – Dijo él con convicción.

- ¿Y si se escapa o si…? – Comenzó a decir ella.

- Él no se va a escapar. – La interrumpió él. – Ya podemos bajar la guardia, finalmente lo hicimos, lo atrapamos, y ahora vamos a hacer justicia. – Afirmó.

- Lo atrapamos. – Repitió ella para convencerse de que eso era real.

Emma volvió a refugiarse en los brazos de Killian, y se aferró a él como si su vida dependiera de eso. Killian estaba bien y estaba con ella, y Rumpelstiltskin estaba atrapado. Después de años y años de buscarlo, finalmente lo habían atrapado. Emma agradeció por todo eso, y volvió a respirar en paz. Killian tenía razón, ahora que lo habían atrapado no había vuelta atrás, ni escapatoria; era hora de hacer justicia.