Ver a Emma haciendo papeleo, mientras Henry la esperaba cuando se sentía triste y miserable, hizo que Killian sienta algo de culpa dentro suyo. Culpa porque él nunca la ayudaba cuando les tocaba trabajar juntos, culpa porque siempre dejaba a ella haciendo todo sola. Al encontrarse en esa situación sintió que era una primera oportunidad para cambiar eso, que era hora de empezar a respetarla y tratarla como al resto de sus compañeros. Cuando le dijo a Emma que él se encargaría de hacer el trabajo pudo notar la sorpresa en sus ojos, lo desprevenida que le resultó su ofrecimiento de ayudarla. No la culpaba por su indecisión y confusión, después de todo él se había encargado de hacerse una mala reputación frente a ella. Por suerte Emma aceptó la ayuda y se fue con su hijo. Killian quedo asombrado cuando ella lo saludó con un beso en la mejilla, nunca antes se habían saludado con un beso. La observó irse con Henry, y después se puso a trabajar en el papeleo.

Una vez que terminó de hacer el papeleo se fue a su bar favorito "The rabit hole", a tomar unos tragos con su mejor amiga Rose. La amistad que tenía con Rose era fuerte y sincera, en un principio se habían llevado mal, Rose siendo la mejor amiga de Millah y él siendo el novio. Pero la muerte de Millah, de esa persona que ambos habían amado profundamente, los había unido.

- Llegaste tarde. – Le reprochó Rose.

- Perdón, me quede haciendo papeleo. – Se disculpó Killian sentándose en una banqueta al lado de ella.

- ¿Desde cuándo haces papeleo? – Preguntó Rose con curiosidad, ya que sabía que su amigo encontraba muy aburrido realizar todos los tramites y papeles formales.

- Emma tuvo un problema con su hijo, así que en vez de dejarla con todo el papeleo me encargue de hacerlo. – Explicó Killian luego de pedirse un trago.

- Sorprendente, nunca pensé que iba a llegar el día en que ayudarás a Emma porque pensé que la odiabas. – Comentó Rose. – ¿Qué te hizo cambiar de idea? – Preguntó intentando leerle la mente.

- Como te dije, ella tenía problemas con su hijo y no me parecía correcto dejarla con todo el trabajo sola. – Respondió quitándole importancia al asunto.

- Hasta ahora no habías tenido problemas en dejarla haciendo todo el trabajo sola. – Dijo Rose probando su postura.

- De acuerdo, ella no es tan terrible como creía. – Aceptó Killian ante la insistencia de su amiga. - ¿Feliz? – Preguntó irritado.

- Si, feliz. – Asistió Rose. - ¿Entonces eso significa que te gusta? – Preguntó.

- No, Emma no me gusta y nada va a pasar entre nosotros. – Contestó Killian tomando un largo sorbo de su trago.

- No sé porqué, pero no te creo. – Dijo Rose mirándolo detalladamente. – Aparte las mejores relaciones suelen empezar con dos personas que se odian como ustedes y de a poco se van llevando mejor al conocerse. – Expresó su opinión.

- Eso es solo porque eres insoportable. – Peleó Killian.

- Pero aún así me amas y soy tu mejor amiga. – Retrucó Rose.

- Te amo y sos mi mejor amiga. – Asistió Killian.

La noche continuó tranquila, ambos tomando y conversando amenamente como siempre. Pero cuando Killian llegó a su casa, no pudo evitar pensar lo que su amiga le había dicho. ¿Sería posible que su amiga tenga razón y a él le guste Emma? Era verdad que él en un principio la había odiado. Había odiado que ella haya conseguido el caso que él quería, había odiado verla siempre tan sola y resguardada porque eso le hacía acordar su propia soledad, y había odiado no tener poder el de encantarla, ni de leerla como podía hacerlo con el resto de las mujeres. Ahora podía decir con seguridad que ya no la odiaba, pero eso no significa que le gustara. Solo significaba que la había aprendido a ver como otra persona, una con sentimientos. También podía apreciar su belleza, podía dar cuenta de lo hermosa que era Emma, pero nada de eso significaba que él gustaba de ella.

Durante el fin de semana Emma no fue a trabajar y Killian no se animó a preguntar por ella. El Lunes, cuando Emma llegó al a comisaría, llegó con dos cafés. Killian se sorprendió cuando ella se paró frente a su escritorio y le ofreció uno de los cafés. Él no había esperado que el café de más que ella llevaba sea para él. Incluso jamás se habría imaginado que ella sería capaz de tener un gesto tan considerado con él.

- Para vos. – Insistió ella para que él agarrara el café.

- ¿Por qué? – Preguntó él finalmente aceptando el café, pero sin poder dejar de encontrarse sorprendido.

- Por lo del otro día, por encargarte del papeleo para que yo haya podido irme con Henry. – Respondió ella como si fuera obvio, como si él lo tendría que haber sabido.

- El papeleo es parte del trabajo de todos. – Dijo él intentando simplificar lo que habìa hecho.

- Pero nunca antes me habías ayudado. – Dijo ella con tono de confusión y acusación. – Así que, gracias. – Agradeció.

Hace tiempo que nadie le agradecía lo que hacía, que nadie consideraba sus acciones, y que ella lo haya hecho hizo que sintiera cierta paz consigo mismo. Ese día tuvieron el primer patrullaje juntos. Killian solía hacerlo con Will y Emma con August o Robin, pero Will estaba enfermo y August estaba haciendo unos trámites en el centro, y Robin estaba reunido con David. Recorrieron las calles tranquilos, sumergidos en un silencio cómodo mientras escuchaban la radio. Por momentos le dedicaba largas miradas, intentando que ella no se diera cuenta. El sol de la mañana hacía que su cabello luzca aún más radiante de lo que era, y los bostezos que tenía por momentos le hacían sospechar que la mañana no debía ser su momento fuerte de día. Al rato recibieron un llamado diciendo que un hombre estaba intentando robar una casa. Fueron a la dirección y se encontraron con una casa que parecía estar deshabitada.

- ¿Voy por el frente y vos por el fondo? – Preguntó él.

- De acuerdo. – Asistió ella.

Killian observó a Emma hasta que ella desapareció de su vista, luego entró a la casa. Cuando entró se encontró con un living oscuro y lleno de polvo. Al comprobar que estaba vacío, avanzó hacia el siguiente ambiente. Cuando atravesó la puerta del comedor, alguien tomó su brazo con fuerzas y esposó su mano en la manija un mueble. La situación lo agarró desprevenido, y todo sucedió tan rápido que la otra persona le hizo perder su arma. Intentó liberar su mano, pero no pudo, así que se volvió ante la persona que le había hecho eso. Era un hombre, tenía aproximadamente su edad, su cabello era castaño y sus ojos verde agua. El hombre tenía un cuchillo en su mano y lo apuntó contra su garganta. Antes que Killian pueda decir nada, la voz de Emma resonó en sus oídos. La observó y pudo notar la furia que ella sentía ante la situación, al verlo a él atrapado, sin posibilidad de moverse.

- Baja ese cuchillo. – Indicó Emma al hombre apuntándolo con su arma en la cabeza.

- ¿Y si no lo hago? – Preguntó el hombre. – Podría cortarle la yugular en este mismo momento. – Dijo pasando el cuchillo por el cuello de Killian.

- Estoy segura de que una bala de mi arma, podría llegar a vos antes que puedas lograr un corte profundo. – Dijo Emma mostrándose firme y segura.

- ¿Estás dispuesta a probar esa teoría? – Preguntó el hombre desafiándola.

- No. – Negó Emma.

Emma se abalanzó contra el hombre antes de que pueda reaccionar, y ambos se fundieron en una pelea llena de forcejeos. Killian pidió refuerzos por su comunicador mientras miraba a Emma pelear contra ese hombre. La pelea lo hacía sentir frustrado, porque él no podía hacer nada para intervenir. Killian nunca antes había visto a Emma en acción, pero debía admitir que fue algo fascinante de ver, aunque le habría gustado poder asistirla. Emma era una mujer fuerte y segura, probablemente capaz de intimidar a cualquiera con sus palabras y con su manera de defenderse. Mientras la veía pelear pensó en cómo debían haber sido sus peleas cuando era cazarrecompensas, si se la había pasado constantemente peleando a los criminales que escapaban de la ley. Sin dudas, había algo sexy en una mujer que sepa pelear. Finalmente Emma logró que el hombre perdiera su cuchillo, y con la amenaza de usar su arma lo hizo quedar quieto y lo esposó.

- ¿Están bien? – Preguntó Robin entrando cuando Emma estaba esposando al hombre.

- Si. – Asistieron Emma y Killian a la vez.

- ¿Lo llevas a la patrulla mientras liberó a nuestro compañero? – Pidió Emma consiguiendo las llaves de las esposas del bolsillo del hombre.

- Claro. – Contestó Robin.

Robin agarró al hombre y se lo llevó con él hacia fuera de la casa. Killian vio como Emma observaba a Robin hasta que desapareció de su campo visual. Una vez que eso sucedió dio un largo suspiró y se dirigió a él para quitarle la esposa de su mano.


Emma entró a la casa por la puerta del fondo. Atravesó el lavadero y la cocina, encontrando cada uno de los lugares vacíos. De repente escuchó un ruido y lo siguió, hasta que encontró a Killian esposado contra a un mueble y un hombre apuntándolo con un cuchillo. Emma nunca había sido buena manteniendo su temperamento frente a esas situaciones, no le gustaba cuando las personas amenazaban y jugaban contra las vidas de otros. Pero el hecho de que esa vida sea la de Killian hizo que sintiera cierto pánico y desesperación en su interior. No entendía porque se sentía tan disgustada con la situación, cuando Killian y ella a penas se estaban comenzando a llevar bien como compañeros. Sin darle mucho razonamiento al asunto, se lanzó contra el extraño y peleó contra él hasta quitarle el cuchillo y poder esposarlo. Por suerte Robin decidió aparecer en ese momento para ayudarlos. Recién pudo volver respirar tranquila cuando el hombre fue llevado hacia fuera de la casa.

- Estuviste genial. – La halagó Killian mientras ella le quitaba la esposa.

- Es nuestro trabajo. – Justificó ella, no estaba acostumbrada a que las personas halaguen sus virtudes de defensa y ataque.

- Pero nunca antes te había visto en acción. – Explicó él los motivos de su halago.

- Yo tampoco te había visto a vos en acción, aunque no pude ver mucho. – Comentó ella a modo de broma.

- Gracias. – Agradeció él una vez que estuvo libre. - ¿Estás bien? – Preguntó él agarrando la mano izquierda de ella al notar que tenía sangre en ella.

- Estoy bien. – Dijo ella tironeando, intentando liberar su mano.

- Está sangrando. – Peleó él agarrando su mano con más fuerzas para que no se suelte.

- Es solo un corte. – Retrucó ella continuando con el forcejeo.

- ¿Podrías quedarte quieta un segundo? – Pidió él algo frustrado.

Cansada del forcejeo, Emma se quedo quieta ante su insistencia. Killian sacó un pañuelo de su bolsillo y le vendó la mano para detener la sangre. Emma no comprendía porque él estaba siendo tan amable con ella y eso la hacía poner nerviosa. Cuando llegaron a la comisaría, Emma fue al baño y se limpió bien la pequeña herida de su mano. David les informó que el hombre que habían arrestado no quería dar testimonio de lo que había pasado, ni quería llamar a un abogado. Así que hasta que no puedan identificarlo, no había mucho que puedan hacer. El resto del turno del patrullaje continuo tranquilo. A la tarde ya estaban de nuevo en la comisaría, haciendo papeleo y averiguaciones, sobre sus casos y sobre el hombre recientemente arrestado.

- Hola Emma. – Saludó Neal.

- ¿Neal? ¿Qué haces acá? – Cuestionó Emma levantándose de su asiento al verlo y dirigiéndose hacia él.

- Necesito que hablemos. – Respondió Neal ubicándose frente a ella.

Ver a Neal en la comisaría era algo extraño e inusual, él nunca solía ir a verla a su trabajo. Agradeció que justo en ese momento estaba sola, ya que Killian estaba en la cocina, August y Robin habían salido a comprar facturas y David estaba en su oficina personal. Al acercarse a Neal notó lo tenso que estaba, y supo que la conversación que iban a tener no era buena. Neal estaba enojado, y cuando él se enojaba solía ir perdiendo poco a poco el control.

- ¿De qué? – Preguntó ella.

- Fui a buscar a Henry al colegio, pero él prefirió irse con Regina antes que conmigo. – Contestó Neal a modo de explicación.

- ¿Y? – Preguntó Emma sin encontrar nada extraño en lo que él le contaba.

- Quiero que hables con él y lo convenzas de que venga conmigo. – Exigió Neal seriamente.

- Yo no voy a hacer eso. – Negó Emma.

- ¿Por qué no? – Preguntó Neal irritado.

- Porque no lo voy a obligar a hacer algo que no quiere. – Respondió Emma con sinceridad.

- ¡¿Le estuviste llenando la cabeza en contra mío?! ¡¿Es por eso que no quiere venir conmigo?! – Pidió saber Neal a la vez que la acusaba.

- Yo jamás le llenaría la cabeza en contra tuyo, a pesar de que no tengamos buena relación. – Aseguró Emma.

- ¡No mientas! – Exclamó Neal enojado.

- ¡No miento! – Peleó Emma. – ¡¿Por qué no te haces cargo una vez en tu vida de las cosas qué haces?! ¡¿Pensaste qué no lo ibas a lastimar cancelando el campamento que habían planeado para irte de viaje con tu novia?! – Explotó con bronca al recordar lo triste que Henry había estado durante todo el fin de semana.

- ¿Estás celosa? – Preguntó Neal con una sonrisa, recuperando la calma.

- No estoy celosa. – Negó Emma dando un largo suspiro. – Por mí hace de tu vida amorosa lo que quieras, pero a nuestro hijo no lo lastimes más, deja de darle falsas esperanzas e ilusiones sobre cosas que después no cumplís. – Advirtió.

- ¿Por qué sos tan exagerada? – Preguntó Neal frustrado. – Me fui con Tamara, porque ella quería que conozca a sus padres. – Justificó el motivo de su elección.

- Y Henry quería ir de campamento como le habías prometido, ¿No podía ser el tu prioridad? – Pidió saber Emma.

- ¡Basta! ¡Deja de echarme la culpa y deja de llenarle la cabeza a Henry en contra mío! – Exclamó Neal.

Emma no podía creer que estaban teniendo esa discusión. Emma nunca le había negado el espacio a Neal para que cumpla su rol de padre con Henry. De hecho siempre había alentado la relación, ya que quería que Henry fuera feliz y creía que para eso era necesario que tenga a su padre. Pero la relación que tenían era cada vez más forzada, Henry se la pasaba estando enojado o triste con todo lo referente a su padre. ¿Por qué eso era su culpa? ¿Por qué Neal siempre la tenía que culpar a ella? ¿Por qué no se podía hacer cargo de las cosas que hacía y el efecto que ellas tenían? Entre grito y grito, Neal invadió su espacio personal y levanto la mano para pegarle una cachetada. Emma cerró los ojos esperando el golpe, pero nunca llegó. Abrió sus ojos y vio que Killian lo había detenido.

- ¿Estás bien? – Preguntó Killian a Emma, una vez que soltó a Neal de su agarre.

- Si, estoy bien. – Respondió Emma. – Gracias por esto, pero puedo defenderme sola. – Dijo sorprendida ante su intervención.

- Lo sé. – Asistió Killian. - ¿Qué crees que estás haciendo? – Preguntó Killian ubicándose delante de Emma, para que Neal no pueda avanzar sobre ella.

- Ese no es tu problema. – Respondió Neal.

- De hecho si lo es, Emma es nuestra amiga y compañera, y si vuelves a tocarla te arrestaré. – Dijo David uniéndose a la situación.

- Bien, como sea. – Aceptó Neal. – Esto no va a quedar así Emma, Henry es mi hijo. – Amenazó él.

Neal se fue, y Emma agradeció a David y Killian por la ayuda. Esa noche cuando llego a su casa habló con Henry, y cómo había sospechado el motivo de que su hijo no había querido ir con Neal era porque todavía seguía lastimado con lo que había pasado. Cenaron y vieron una película. Cuando Henry se quedo dormido, lo tomó en sus brazos y lo acostó en su cama. Le costó hacerlo ya que estaba grande, probablemente en un tiempo no iba poder hacerlo más. Le acarició la cabeza con ternura, mientras pensaba lo rápido que pasaban los años y lo mucho que había crecido. Quizás no le había podido dar una familia perfecta a su hijo, pero amor tenía de sobra para darle.