¡Hola a todos! Esta es una idea que llegó a mi mente cuando vi el opening 18 de Naruto Shippuden

¡Espero que les guste!

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"En este mundo no existen las casualidades, solo existe lo inevitable"

Mebuki Haruno, esposa de Kizashi Haruno y ex kunoichi estaba caminando tranquilamente por la aldea mostrando su prominente abdomen pues estaba embarazada de nueve meses. En cualquier momento daría a luz, los médicos le recomendaron reposo pero ella con su fuerte carácter ignoró la sugerencia.

Por alguna razón, en ese soleado día le dieron ganas de recoger flores para adornar la casa y por supuesto darle un aroma distinto. Lentamente, la mujer se dirigió hacia las afueras de la aldea dispuesta a conseguir las flores que quería.

Mebuki estuvo recogiendo distintos tipos de flores por el bosque, estaba tan entusiasmada y anonada por aquellas bellezas que sin percatarse se introdujo en lo profundo del bosque.

Luego de recoger las flores que deseaba, se dio cuenta de que no sabía cómo volver. Siendo una kunoichi, su primer pensamiento fue volver saltando entre los árboles pero aquello no era posible debido a su embarazo.

De repente, sintió un líquido correr entre sus piernas. Ella miró al suelo y vio agua entre sus pies. Amplió los ojos comprendiendo lo que sucedía. Su bebé venía en camino.

Un dolor insoportable en su parte baja del abdomen hizo que se retorciera de dolor y se sentara un poco bruscamente en el suelo. Comenzó a respirar pesadamente. Lágrimas comenzaron a recorrer sus mejillas debido al dolor y la situación en la que estaba. Se podía observar la desesperación en su rostro.

El bebé estaba por nacer y estaba sola. Otra ola de dolor atravesó su cuerpo haciendo que gritara. Instintivamente, abrió sus piernas y agradeció haberse puesto un vestido. Ni siquiera podía utilizar chakra para calmar su dolor.

Los rayos del sol la apuntaban iluminando su cuerpo mientras intentaba soportar el terrible dolor. El sudor corría por su frente, su pelo rubio recogido estaba despeinado.

Las horas pasaban y mientras trataba de pujar sentía que se desmayaba. Mebuki llorando miró al cielo y mentalmente rogó que fueran a ayudarla a dar a luz. Rogó a Kami y a todos los dioses ayuda.

En aquel instante, Mebuki vio a una hermosa mujer salir entre los árboles y acercarse a ella lentamente. Aquella joven vestía un kimono blanco, su cabello rojo ardiente estaba peinado en dos bollos y tenía un adorno en su cabeza haciéndola lucir como una reina.

− Vengo a ayudarte pero debo pedirte algo a cambio – habló la joven con voz sedosa

− ¿Qué deseas? – preguntó Mebuki apretando los dientes por el dolor

− Vivir espiritualmente dentro de tu hija – respondió con calma – para completar mi misión, no me queda mucho tiempo en la vida terrenal siendo un espíritu

− Está bien, hazlo – concedió Mebuki en un murmurllo apenas soportando el dolor

La joven asintió y procedió a ayudar a la mujer a dar a luz. Fue un largo parto debido a que el bebé no estaba en una muy buena posición.

Después de unas horas, Mebuki abrió los ojos a duras penas y vio que la mujer que la ayudaba le decía que diera un último empuje. Ella obedeció y a unos pocos segundos pudo oír el llanto de un bebé. Sonrió con cansancio al escuchar el llanto.

La extraña mujer luego de cortar el cordón umbilical puso al bebé en los brazos de la mujer que acababa de dar a luz. Sonrió levemente al ver la como Mebuki recibía felizmente a su bebé.

− Es una niña – informó suavemente – es hora – dijo recordándole lo que pidió

− Hazlo – asintió Mebuki pero le tomó el brazo – Arigatou – agradeció y la mujer sonrió levemente

− Encantada de conocerte, Mebuki – se despidió la mujer haciendo un sello

Mebuki observó con asombro cómo la forma de la misteriosa mujer se desvanecía lentamente y se insertaba en su pequeña hija, mientras veía el cuerpo desaparecer como neblina vio por última vez su rostro que le sonreía.

Luego de aquel ritual, su pequeña bebé comenzó a brillar con una luz blanca. En ese instante, Mebuki se perdió en la inconsciencia mientras escuchaba a lo lejos el llanto de su hija.

Al día siguiente, Mebuki se despertó en un hospital acompañada por su marido Kizashi quién sostenía a su pequeña hija en sus brazos. La miraba con una inmensa felicidad.

− Su nombre es Sakura – dijo Mebuki sin pensarlo

− Sakura Haruno, nuestra pequeña – sonrió Kizashi

Desde otra perspectiva, la hermosa mujer que había ayudado a Mebuki observó el intercambio con calma. Ella cerró sus ojos y se sentó en el suelo, tomando una posición de relajación pues tendría que esperar varios largos años antes de tener algún contacto con alguien.

Ella esperaba haber tomado la decisión correcta de haber elegido a aquella pequeña para completar su misión. Ahora que lo meditaba, no era casualidad que las haya encontrado en medio del bosque. Había una razón para todo pues la casualidad no existe.

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Comenten si les gustó y si tienen alguna sugerencia. ¡Hasta la próxima!