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Chapter 6

El aroma dulzón de su piel lo hicieron sonreír sin quererlo hacer. Embobado, casi idiotizado, por esa imagen tan artística que todos los días tenía el placer de disgustar, soltó un suspiro pesado, relajante.

Aún, a pesar de los años, seguía creyendo que aquello era una estúpida alucinación. Que todo lo vivido quedaba era una mera ofuscación ocasionada por su propia locura. Un engaño, muy realista y placentero, pero tarde o temprano debía terminar para decaer en su realidad. Posiblemente siendo torturado en pleno campo de batalla, solo, rodeado de cuerpos putrefactos.

Pero no, no era una ilusión. Era demasiado dulce para ser una alucinación de su locura. Esa piel caliente, que sus dedos rozaron con devoción, era tan real como el pequeño niño que descansaba en la habitación continúa a la suya.

Esa familia, y la paz que congeniaba con ella, eran tan reales como su situación.

Y era en esos momentos, todas las mañanas en las que se despertaba con ese frágil y exquisito cuerpo desnudo a su lado, que se daba cuenta que ellos eran más de lo que merecían. Eran un regalo que no merecía, pero no por ello estaba dispuesto a perderlos. Un leve quejido soñoliento provino del cuerpo de la mujer a su lado al sentir como él afirmaba su agarre sobre su cuerpo, estrechándola contra su pecho caliente.

No pudo evitar pensar, al verla reacomodarse cálidamente sobre él, al sentirla como mimosamente ella enredaba sus frágiles brazos a su estrecha cintura, que les ha otorgado todo. Flaky, una vez le había dado algo que nunca le alcanzaría la eternidad para pagárselo. Ahora, era cuestión de que ya esa eternidad, aquella eternidad que siempre la pensó rodeado de miserables muertes, rodeado de sangre, estaban en las manos de esas dos criaturas débiles.

Su Senka y su hijo; producto de esa eterna devoción mutua que tenían, tenían aquella eternidad en sus manos. Aquella existencia antes vacía, ya no era suya, era de ellos.

Sus siempre atentos sentidos, captaron casi inmediatamente la entrada de esas tres presencias al ingresar a la mansión. Se removió en su lugar, frunciendo su ceño inconscientemente.

Besó esos labios carnosos con cuidado, con devoción. Parándose con cautela de no despertarla, buscó esas prendas sencillas que siempre utilizaba cuando recorría los corredores de ese lugar. Cuanto deseaba utilizar esos antiguos uniformes de militares humanos, que tanto había amado en el pasado. Pero sabía que no podía, debía mantener su vestimenta acorde a su posición.

Debía mantener su autoridad. Y más en esos momentos tan críticos.

Sabía que Lammy no se alteraba con facilidad. Ella y sus gemelos, tenían una formación guerrera digna de las armas mortales que fueron y seguían siendo para su territorio. Estaban dispuestos a matar si la seguridad de ellos o sus conocidos estaba en peligro.

Despues de todo...¿No fueron creados para ser eso?. La primera y altamente eficiente linea de defenza si la seguridad del señor del Este peligraba de algún modo.

En ese aspecto, se parecían. Splendid, Lammy, hasta él mismo, fueron criados, educados con un solo propósito: Destruir, asesinar y seguir un régimen dictado por alguien más.

Y mientras que Splendid y él una vez siguieron las calmadas ordenes de Lumpy. Lammy, en cambio, había seguido órdenes de The Mole. Las calculadoras e impasibles órdenes de él, pero al fin y al cabo, órdenes.

Los gemelos, eran simplemente otro punto aparte, ellos eran meros seguidores de Lammy. Ellos actuaron y actúan, siguiendo a su Senka. Ni más, ni menos. Por lo tanto sus similitudes con ellos no era tanto.

Splendid, Lammy y él, eran lo mismo. Armas diseñadas para ser usadas, pero que no habían podido ser usadas por nadie. Armas que no se dejaban ser usadas y que de alguna u otra manera, habían terminado por ser mucho más peligrosas de lo que se suponía.

¿Por qué comparar a Lammy con ellos, en lugar de otra Senka? Simple. Para nadie era un secreto que en la guerra contra Tigre, tener una Senka era una carta a favor. Pero tener a una Senka, con sus habilidades correctamente afiladas y un claro conocimiento de ellas para usarlas en contra del enemigo, era mucha mejor carta que una Senka recién conocedora de sus habilidades.

Ahora…¿Qué pasaba cuando esa poderosa entidad decidía dejar de lado su pureza para entregarse plenamente a su oscuridad? Cosas malas, muy malas, para aquel que la tenga como enemiga. Esa mujer era muy diferente a su Senka o a las demás. ¿La razón? Ella nunca fue o seria humana del todo, había renunciado hace mucho a la benevolencia que implicaba la humanidad. Mucho antes de que renunciaran al paraíso.

Un arma peligrosa, para los demás y para sí misma. Ellos eran eso.

Y así en cómo estaba consciente de ese peligro, también estaba consciente de su independencia.

Por Lammy, no se preocupaba. Ella estaba en una posición que se había ganado con actitudes hacia ellos, que eran definitivamente incuestionables. Los había ayudado incluso sin que ellos estuvieran conscientes de que necesitaban ser ayudados. ¿Y todo por qué? ¿Por la mera conveniencia? No. Ella lo había dado todo por ese lado humano que imploraba la misericordia, la bondad, el cariño. Que aún conservaba pese a todas las mierdas que tuvo que pasar en ese repulsivo lugar.

Y sus gemelos...Ellos simplemente eran parte del paquete que venía acompañándola.

Pero Splendid...

Podría llamarse sexto sentido. O quizás era esa conexión extrasensorial, que él siempre la negó a gritos, otorgada por los años de convivencia con ese sujeto. Pero lo sentía...Sentía como cada vez se iba perdiendo más... Se alejaba de ellos de una manera tan clara, y a la vez tan disimulada que nadie excepto él podía percibirlo.

Algo ocultaba. Algo había descubierto en esa batalla contra Tigre años atrás. Y el saber que era ese algo, lo estaba matando de la duda.

Cuando entro hacia la habitación principal, la cara de Handy, no le sorprendió. Y al notar cómo Petunia lo observaba en silencio. Le dio a entender la situación.

Tal vez era las reencarnaciones compartidas o quizás era la capacidad de leer en esa mirada azul muchas cosas, pero lo supo casi en el acto.

Algo había ocurrido. Y era momento de comenzar a moverse.

Los campos de Cabellos—Termino más preciso al idioma humano que ella podia encontrar— que poseía el territorio Este, era una extensa variedad de terreno rodeado por una especie de pasto azabache que dificultaba el paso por él, al enredarse con saña contra las patas de todo demonio salvaje que se atreviera a pisarlo para devorarlo con bocados golosos. Para ellos, que a pie debían pisarlo, las hebras oscuras parecían simple hierba seca que se bailoteaba con la brisa caliente del infierno.

Según la leyenda, millones de cabezas de doncellas vírgenes, habían sido enterradas en ese suelo, en un culto hacia una Deidad profana y turbia, que en el pasado se codeaba con Tigre ante la fundación del infierno. Las mismas ahora debían soportar la enorme agonía eterna de sentir como sus cabellos eran arrancados de sus cráneos ante aquel que decidiera tomar un poco de aquel material oscuro.

Era un lugar excelente para descansar u ocultarse de los enemigos, en el pasado. Le brindaba seguridad y un lugar cómodo para reponer energías. En cambio, ahora con sus pies prácticamente flotando ante lo rápido que se movían por encima de ellos, eran una molestia.

—Lifty, derecha—Habló, cortando esos enormes dedos armados con uñas largas y negras, al verlo estirarse hacia ella en un inútil intento de atraparla. Su demonio obedeció con rapidez, ágilmente, rompiendo con un disparo parte de aquella cornamenta de huesos que rodeaba ese pecho deformado. Un gruñido ensordecedor rodeo el lugar, haciéndolos arrugar el ceño, para reprimir el impulso de resguardar sus tímpanos adoloridos.

—Este es más fuerte que el anterior que cazamos…—Observó Shifty ya a su lado, con sus pistolas en mano.

—Sí, y más feo…

—No entiendo porque han aparecido tantos. Algo no anda bien.— Cargando sus espadas con una enfebrecida línea de electricidad, envió energía a esas pistolas con rapidez. Necesitaban terminar con esto. –Andando…

Vieron su pesado cuerpo caer pesadamente al suelo. En silencio, los tres lo observaron con atención, no sin antes separar su cabeza de su cuerpo en un acto claro de prevenir futuros altercados. Analizándolo con atención, observaron su estructura con firmeza.

—No es un demonio de aquí.

—Ni siquiera creo que sea un demonio…—Acotó ella tras observar como los hilos de carne cedían ante el perezoso movimiento de su espada sobre el tajo sangrante. Enfundándolas, observó a sus gemelos por debajo de aquella mascara que cubría la mitad de su rostro.—¿La aparición de estas cosas tendrá algo que ver con el ataque de los híbridos?

—No lo sé. Pero conociendo el comportamiento de esas cosas, no me sorprendería que se hayan hecho amiguitos de estas bestias. Hasta se parecen en lo deforme—La voz de Lifty sonó divertida, acompañando a su hermano en un ronroneo suave. Ella simplemente se atrevió a analizar los elementos, formando un esquema mental que aun le faltaban partes.

—Tendremos que…—Su demonio fue interrumpida por aquella bestia que se materializó frente a ellos, con su rodilla pegada al suelo en una reverencia clara. Con un pergamino enrollado en un pedazo de piel, extendió su mano sumisamente hacia ellos.

—¿De quién es?—Sus gemelos se pegaron a su espalda, para observar mejor. Atentos a esas líneas claras hechas con fuego sobre el papel.

—De Pop. Nos estará esperando en el territorio del Norte. Por lo visto Flippy pidió una reunión…

—¿Qué habra pasado?—Preguntó el gemelo mayor, tras notar que ese sirviente del palacio se desvaneció como niebla.

—No lo sé. Pero con todo esto tengo un muy mal presentimiento.

—Cub no ha tenido ninguna visión por el momento. Por lo que debemos estar marchando por el camino correcto.

—Las visiones de Cub, no marcan correctamente el tiempo. Son certeras, sí, pero su edad no le permite correctamente tener la seguridad de cuando ocurrirán.—Solo un parpadeo, y el denso aroma del Norte, los agobio como una cachetada.

A ellos, que estaban acostumbrados al ambiente ciertamente ventoso, con gritos de lamentos ocultos entre el viento del territorio Este. Podían notar la gran diferencia que imponía vivir prácticamente cerca de las lenguas de fuego en la cual las más oscuras almas humanas eran condenadas a existir, negándoles la reencarnación.

Sacándose esos pesados guantes de hierros manchados de sangre que componían parte de su armadura, se los entregó a uno de los vasallos que se acerco a ellos rápidamente para escoltarlos al interior, previstos de su llegada.

Mantuvo los guantes de tela negra que se adhería a sus brazos, más por prevención que por comodidad. Aun tenía heridas profundas que estaban en procesos de cicatrización y el ungüento en el cual estaban empapadas esas telas, la ayudaba. No quería gastar energía en curarse a sí misma, necesitaba acumular toda la que le era necesaria para de alguna manera tener reservas. Fue por desgastar energía a lo bestia, que le fue como le fue con la pelea con Truffles en un pasado. No se podía dar el lujo de volver a repetir semejante acto de torpeza. Ahora ya no habría segundas oportunidades para nadie.

Escuchándose el titilante sonido de su armadura al golpear contra sí misma, se acercaron firmemente hacia donde se dictaría esa reunión. No había podido ver a nadie, pero sabía a ciencia cierta que ya todos se encontraban en ese lugar. Arrugando el ceño, al ritmo en que se anudaba su máscara en su cintura, analizó firmemente las otras presencias. Tenía una ligera sospecha, pero en verdad deseaba estar equivocada.

—¡Lammy!—Fue Petunia la primera en saludarla, antes de rodearla en un abrazo ciertamente preocupada. Era normal, prácticamente había pasado largo tiempo desde la última vez en que ella se digno a ir a tomar el té a su castillo, con el fin de verlos a su esposo y a ella, en conjunto con esa pequeña princesa demoniaca que crecía en la más cruda ignorancia del peligro que corría últimamente su madre. Contestándole suavemente el gesto, recorrió la sala con su mirada en silencio. Hasta que la encontró.

Sonriendo astuta, cual digna víbora venenosa dispuesta a picar, la encontró justamente sentada a un lado de Cuddles. Sus sospechas no habían sido erradas, tanto ellas como los comandantes y generales de todos los territorios se encontraban allí.

—Tenías razón, Lammy. Vienen por nosotras— Fue lo siguiente que salió de la boca de la de ojos azules, ganándose nuevamente su atención.

—¿A qué te refieres?

—Petunia tuvo un ataque. Fue un hibrido diferente— Le dijo Handy, firmemente sentado a la par de los demás Señores. Fue en ese momento, en que tanto sus gemelos como ella decaían en el fin de esta reunión.

Sentándose a un lado de Pop, aguardaron en silencio. Su territorio por elección era el Este, era por ese territorio por el que siempre hablaban y daban la cara. Era casi obvio que su lugar era justo donde lo habían tomado. Tensa en su lugar le fue imposible no posar su mirada sobre esa demonio. Su esencia, algo en esa cara asquerosamente hermosa, le pesaba. Y no de una manera simpática, siempre le había pasado.

—Ordené esta reunión con todos porque esto es algo que incumbe a todos los territorios y…—No escucho más. Su mirada lo había encontrado.

Levitando en el aire, con tanto sus brazos como sus piernas cruzadas en un invisible asiento flotante. Él mantenía una mirada atenta a toda la situación, con el ceño fruncido y los labios apretados en una línea recta firme. Quizás no fue el hecho de encontrarlo ahí, sin que ni siquiera se digne a mirarlos al entrar, lo que le molesto. Sino más bien fue la manera en la que la miró la que la dejó con un mal sabor de boca y con una implacables ganas de sacar una de sus espadas para lanzársela a su yugular.

Una mirada leve, completamente indiferente, se cruzó con la suya por leves segundos. Fue ella la que la apartó, tras verse obligada a posar sus ojos sobre otra mirada ajena que parecía picarle su rostro. ¿Por qué mierda la miraba?. Dedicándole esta vez a ella, una completa mirada de altanería, aguardó en silencio. Distinguiendo ese leve ronroneo que pareció disgustarse en forma de una risa baja, antes de hablar.

—Perdone mi oportuna incumbencia, mi Señor— Lammy aguardó en silencio, atenta como un digno felino arisco a cada movimiento por parte de ella. Ella corrió su mirada de su mirada para posarla suavemente sobre Handy que hablaba con su voz monótona— Pero…¿Por qué las Senkas tienen que estar presentes en esta reunión?¿Acaso no es un reunión firmemente, para ordenar los pasos a seguir desde el lado de ejércitos, del asunto?— Handy, simplemente esperó en silencio. Sin poder distinguir perfectamente entre líneas lo que ella le estaba diciendo.

"Las Senkas en esa reunión eran inútiles"

—Diferenció contigo— Atentó, con una sonrisa ladeada y una mirada completamente pervertida dirigida solamente para una persona en esa sala. Él ni siquiera se molesto a girar su rostro hacia ella al hablarle, con esa voz ronca y pausada, que hizo temblar a más de uno en su lugar. Fliqpy había salido, y él sí, se había dado cuenta de lo que quería decir…

Tal vez su completa calma, se valía plenamente a tener a Flaky en el mismo lugar observándolo tras ojos acuosos y suaves, acompañados con una sonrisita tímida. Pero cada uno de ellos sabia que tenerlo en ese lugar, en vez de aquel de mirada ciertamente suave, era como un detonante de seriedad. Con ese tipo todo contaba, para bien o para mal, contaba— Y…Con toda la ofensa plenamente dirigida te digo que…Tu opinión, en esté momento, me la pasó por el culo y…

—¡Fliqpy, qu-quedate quieto!— Bien, la seriedad no se podía tomar enserio, cuando prácticamente lo veían gatear por encima de la mesa para llegar hacia su esposa, sin importarle mucho aquel costoso traje que cargaba. Parecía un pequeño niño, tratando de tomar su juguete preferido, tras quejidos bajos ahogados por esa sonrisa picara.

—¡Ven con papi, bebé!¿Acaso no quieres sentarte en el regazo de tu papi, nena?— Y con esa última declaración, prácticamente vieron como arrastraba por encima de la mesa a su mujer del brazo, para sentarla sobre sus piernas rodeándola con sus abrazos posesivos. Más por miedo que otra cosa, ellos trataron de reprimir una carcajada, al verla prácticamente esconder su rostro mimetizado con su cabello, contra su pecho completamente apenada por la escena que estaba dado por culpa de su marido.— Bien…¿En que estaba?

—Que se pasaba por sus zonas nobles la opinión de la Capitana Foxy, señor—Acotó Pop con calma, ignorante de la mirada tensa que le regalaron casi todos en la sala.

—¡Oh, sí!...Como te decía, difieró contigo—Esta vez sí tomó el momento de observarla, sin disimular mucho esa traviesa mano que quería traspasar la tela del vestido largo, por debajo de la mesa.— Las Senkas son las razones por las cuales esas basuras comenzaron a dejarse ver. Son ellas el objetivo…Me niego a dejarlas de lado por más infructuosa sea la reunión, ellas deben estar presentes. –Tras unos momentos en silencio, sonriendo con una diversión que solamente él podía tener en momento así. Empapada de locura, cual digno demente, agregó – Además de que ni hechizado me quedó sin sexo, por no haberle contado cosas a Flaky…Aunque no lo crea se pone muy molesta conmigo, cuando le ocultó algo.

—Yo opinó de igual modo. Quiero que Petunia esté al tanto de los pasos que se van a llevar a cabo—Acompaño, Handy con seriedad, volviendo su mirada hacia ella con su mueca marcada de firmeza.

—Estoy al tanto de esa situación…Pero ¿Es necesario hablar de planes y estrategias a sabiendas de que ellas no entenderán la mitad de lo que se dice?—Bien, ahí si pareció ser ese comentario plenamente dirigido a ella. Sino…¿Por qué se tomaría el tiempo de girar su rostro hacia ella al decirlo?

—Te puedo asegurar que yo entiendo a la perfección, ya sean estrategias o planes. Del mismo modo, que encuentro esa denigración a la inteligencia de las demás Senkas que haces, inaceptable…—Cómoda en su lugar, la observó con el ceño fruncido, jugueteando entre sus dedos con aquel pequeño adorno decorativo. Desinteresada, le mantuvo la mirada con firmeza, sin caer en la tentación de alzarla un poco para ver qué opinión era la que tenía esa mirada azulada de todo esto— Lo que no entiendo es…¿Qué haces tú aquí?

—Soy necesaria, mucho más necesaria que tú por lo visto…

—De entre las dos…¿A quién dos Señores del Infierno, en medio de dos minutos, le han dicho que su visión es errada?—Ante el silencio que la cubrió, y aquella mirada entre desdeñosa que le regalo. Supo que había cumplido su objetivo. –Para ser necesitado por alguien, se es pedido. De nada te sirve darte aires de serlo, en un gesto egocéntrico y narcisista…¿Qué me asegura a mi que es confiable poner la vida de mis demonios en tus manos, a sabiendas que no dudaras en correr para salvar tu culo "necesario" para otros?

—Lammy…—Fue la voz ronca y varonil de Splendid, la que la hicieron alzar sus ojos de ella hacia él. Atenta, y ciertamente curiosa, con sus dos dagas afiladas y su lengua dispuesta a contraatacar a cualquier palabra salida de sus labios— ...Callaté—Fue lo único que dijo, sin despegarse de aquella mirada asquerosa que le dirigió al principio de todo esto. Indiferente, casi aburrido. Por un momento ella se olvidó como era que su lengua podía articular palabras.

—¡Tú a ella no le dices que hacer, hijo de puta!— Se metió Lifty, rápidamente dispuesto a sacar sus pistolas para reventarle los sesos si le era posible. Desde un hace un tiempo, él y su hermano tenían unas severas sospechas sobre ese estúpido y su Senka. Y si bien, se lo habían preguntado a Lammy, habiendo ella negado ese ambiente algo tenso, no estaban dispuestos a ignorar ese hecho. Y más en esa situación en la que su compañera, prácticamente se quedaba muda contra aquella orden.

Se pegarían un tiro en las bolas, antes de permitir que su Lammy, se dejará callar por cualquier inútil.

—Ni mucho menos te dignas a hablarle de esa manera, por proteger a esta asquerosa demonio— Fue esta vez Shifty el que habló, observando con cierto repudio a la peli roja que sonreía dichosa.

Era una demonio poderosa, de eso muy bien lo sabían ellos, luego de analizar con firmeza cada uno de los puntos que la habían llevado a la posición en la que se encontraba. Pero eso no les detendría a cortarle la lengua, si ellos veían como ofensa algo dicho a su Senka, se metiera Splendid o no en el asunto. No dudarían en destrozar su cuerpo si se atrevía a dañarla de alguna manera.

Estaba en ese instinto protector y arcaico que compartían con Lammy, que los obligaba a actuar sin que ella se los pidiera. Defensivos y ariscos, cuando era necesario, sin medir ni la situación, ni el asunto.

Parados sobre sus asientos, ambos fruncieron el ceño con fuerza, ninguno de los tres pasó por alto como esa demonio llevaba la mano a su cadera fingiendo disimulo. Fue en el momento en que su Senka notó como planeaba desvainar su arma, que ella de igual manera decidió imitar a sus gemelos levantándose rápidamente de su asiento, colocándose defensivamente contra la mesa.

—¿Qué esperas?¡Atacá de una buenas vez, así tendremos una razón justificable para matarte!-Hablo Lifty, con una sonrisa sarcástica, casi gatural. Definitivamente un poco de acción no le vendría mal, ni mucho menos un enfrentamiento con ese estúpido de cabello azulado, que parecía dispuesto a involucrarse en la pelea para defender a esa demonio.

—¿Acaso me creés tan salvaje como para atacar a mis aliados?. No…A diferencia de ustedes, yo soy cien por ciento fiable. Mi deber esta en cumplir con el Señor del Norte cueste lo que cueste, sin importar que asperezas tenga con aquellos que se hacen llamar "aliados" — Con completa calma, ella se mantuvo en su sitio, sonriendo solemnemente recitándole sus palabras como si la sinceridad fuera parte de sí misma. Con un deje de lealtad que aseguraba por consumado lo dicho. —Yo no soy la que a la primera de cambio, decidió traicionar a su Señor para aliarse a su enemigo. — Comentó esta vez con su mirada clavada sobre la mujer en medio de ellos.

—Me temo que estas muy equivocada. Las Senkas no tienen Señores, solo tienen un Dios, al cual rendirle tributo. Y desgraciadamente yo en mi caso he desaprobado esa asignatura en mi adolescencia. — Trató de bromear al soltar una pequeña mueca que se parecía a una sonrisa, pero que murió completamente al abrir sus labios nuevamente— Sin embargo, te podría mostrar con exactitud lo que estoy dispuesto a hacer para defender a mis nuevos Señores— Soltó con gracia, acomodándose cómodamente sus brazos alrededor de los hombros de sus demonios, en un abrazo cálido. Riéndose divertidos ante esa afirmación por parte de ella, ellos no disimularon su risa burlesca, correspondiendo el gesto con familiaridad.

Fue el repentino toque de Pop, el que ocasionó que ellos tres se giraran levemente hacia él. Parado en su lugar les dedicó una mirada que ellos conocían a la perfección, las cosas se le estaban yéndose de las manos.

—Si bien sería sumamente exquisito ver un enfrentamientos de este nivel. Me temo que se nos están intercambiando los asuntos. Debemos escuchar lo que los demás Señores tienen pensado hacer, con respecto a esto…

—Mis más sinceras disculpas, Señor—Se disculpó Foxy, regalándole una inclinación leve de cabeza en un gesto de respeto. Lammy y sus gemelos, en cambio, guardaron silencio.

—Señor del Norte…Sé que su esposa es sumamente una tentación difícil de resistir para usted. Pero le molestaría hablarnos de lo que tenía pensado hacer, por favor— Solemnemente, él observo al demonio escondiendo una sonrisa pequeña, al encontrarse con esa imagen.

Con sus brazos prácticamente asfixiando a la mujer, el demonio devoraba su boca sin tregua, con hambre que no podía disimular. Sus manos, grandes y poderosas, se encargaban de alborotar por completo ese simple peinado que mantenía esos cabellos rojizos. Despeinado y con una lengua delineando los residuos de saliva de sus labios, alzó su mirada dorada con fastidio. Acomodando a la peli roja, correctamente en su regazo, volvió su atención hacia ellos.

—¿Ya terminaron con su pelea de barro?¿Qué paso con las bikinis?— No fue necesario que nadie notara por completo, la mirada de reojo por parte de la mujer en sus piernas, que lo hizo callar con rudeza. La cara de irritación y molestia, hablo por si sola —Bien…Tengo entendido que el hibrido que atacó a Lammy fue diferente del que atacó a Petunia— Tras confirmar ese hecho en las miradas de las ex humanas, asintió en silencio.— En ese caso eso me dá una idea de que saben muy bien sus habilidades, las han analizado todo este tiempo, como para saber a qué se enfrentan…

—La demonio que me ataco a mi no manejaba el agua como el de Lammy—Comentó Petunia atenta, intercambiando una leve mirada de compañerismo, por primera vez en décadas, con esa entidad asesina.

—Exacto. Porque sabían que tú manejabas el mismo elemento que él. Sería prácticamente un suicidio atacarte rodeado de demonios que manejas el mismo poder. Para nadie es un secreto que el Territorio Oeste, hay una gran mayoría de demonios dominantes del líquido.

—Eso sucede justamente en el territorio Sur. El hielo es el principal poder que cubren a mis demonios—Con sus firmes fracciones delineadas en una piel apiñonada, prácticamente quemadas por el frio. Cro—Marmot, habló con suavidad, pero con ese tono de voz ronco que pesaba.

— ¡Habló! — Escucharon como Toothy le susurraba a su amigo en un gritito ahogado. Ni no les pasó desapercibida la mirada de reproché que les obsequió Giggles al verlos intercambiar un par de billetes por debajo de la mesa.

—Los territorio del Norte y del Este, varían en ese aspecto, debido a que no tienen un elemento o aspecto marcado. Los demonios crecen valiéndose por las habilidades que le otorga su linaje o su entrenamiento— Fue la palabra de Pop la que tomó lugar esta vez.

—Es por esa razón que sugiero dividirnos en equipos con el mismo nivel de habilidades.

—¿Qué?¿Dividirnos?— Exclamó Cuddles ciertamente alarmado. Con su hermosa Senka a su lado, aguardó en silencio.

Giggles había tomado a ser una belleza exótica. Su cabello, tan sedoso y brillante, había crecido justo a la par de aquella figura deliciosa que le había otorgado su esencia demoniaca, al mutar. Marcadas y voluminosas curvas se formaban donde una vez antes estaba el delgado cuerpo de una adolecente recién salida de la pubertad. Acompañándola, siempre a su lado, su demonio rubio había pasado a una etapa en donde tanto Toothy como los demás ya comenzaban a entrar en sus años demoniacos. Con una leve musculatura, producto de los entrenamientos, lejos había quedado la apariencia desfachatada de adolecente que aparentaba. Ahora era todo un guardián, hecho y derecho, que crecía a la par de su doncella.

Y tal como lo esperaba, Giggles con esa madurez recientemente descubierta, detonando lujuria y deseo a donde quiera que las miradas ajenas se posaran sobre su cuerpo de ninfa. Era prácticamente un imán para los demonios que buscaban pecar a su lado. Siendo prácticamente mutilados por ese receloso guardián de cabellos dorados.

—Tranquilízate, Giggles y Petunia, se mantendrán en el castillo con Flaky—Ordenó con firmeza Fliqpy, tras observarlas a ambas— Lammy estoy seguro que me electrocutaría los huevos antes de obligarla a permanecer encerrada…

—Que bien me conoces, navajitas— Soltó burlesca, sonriendo divertida. Era prácticamente un hecho que si era obligada a quedarse en ese lugar, se moriría de la intriga, terminando por escaparse tenga o no el consentimiento del Señor del Norte.

¡Vamos, que a ella le importaba una mierda si ese demonio raro decidía asesinarla o no, por no obedecer! De todos modos lo haría.

Diferente sería si en su lugar se encontrara el antiguo Señor del Norte. Lumpy por alguna extraña razón hacia que ella le temiera, era algo más fuerte que ella. Similar a lo que le sucedía con The Mole; Su cuerpo sabia que ellos eran peligrosos.

Pero ahora estaba segura de que haría lo que se le antoje.

Aunque últimamente no estaba tan segura de ello. Las pesadillas, prácticamente se habían vuelto una tortura en estas últimas semanas, obligándola a permanecer despierta todo el tiempo en que su resistente cuerpo demoniaco pudiera. Con esa condición, estaba muy consiente en que debía permanecer precavida.

Solo había tenido una vez en su vida ese tipo de pesadillas, y no fue una etapa muy bonita en su vida, que digamos. ¿Qué fue el factor que la obligó a tenerlas nuevamente?

Quería creer que se valían, plenamente a la tensión y estrés a la cual estaba expuesta últimamente. Y no a esos pensamientos que querían rasgarle la mente, para que corriera al lado de ese ridículo demonio, para exigirle que le contará que le pasara.

Ese acto de desesperación, se le hacía repulsivo. Ella no era alguien abierta, los sentimientos para ella en un pasado fueron meros equivalentes a la debilidad. El hecho de que ahora en la actualidad, estaba más abierta y sincera, con respecto a las personas que la rodeaban, no significaba que sea su obligación angustiarse o preocuparse, por él. Un beso, no era nada. Un insulto, si lo era.

La crianza a la cual había sido expuesta, los golpes rotundos que recibió a lo largo de su vida, la llevaron a ser alguien más bien indiferente. ¿Por qué ahora no podía implementar esa indiferencia con la situación de Splendid? .Porque sospechas que hay algo más ahí que no te está diciendo…Le dijo su conciencia, en el acto más descarado de traición.

—Lammy quiero que tú vallas con Splendid—Fue la voz de Pop la que lo ordenó, haciéndola salir de sus pensamientos, para mirarlo atónita. ¿Acaso era una órden? —Sniffles le dará las coordenadas exactas. Tú conoces ese territorio cómo la palma de tu mano…Para tu mala fortuna la astucia de los gemelos no te ayudara esta vez, necesitas fuerza bruta. –Agregó, al percibir su protesta.

—¡Nosotros somos fuerza bruta!—Protestaron a coro ambos a su espalda.

—Ustedes son brutos, que es diferente— Soltó Petunia, ceñuda. Sin inmutarse ante la mirada arisca que ambos rostros iguales le obsequiaron.

—Está bien— Más atenta al destino de sus gemelos que al de ella, pregunto ciertamente curiosa—¿Ellos que harán?

—Partirán con Nutty y Toothy al Oeste, necesitó que revisen un sector que ha tenido mucha actividad comercial últimamente.

El restó no le intereso. Sniffles, liberaba datos y coordenadas como si su lengua tuviera vida propia. Deletreando paso por paso a seguir, dividiendo los escuadrones dependiendo de la habilidad y el caso que les tocaba enfrentar. Necesitaban reunir información, datos, que le ayudaran a dar o figurarse una idea, de lo que esas criaturas tramaban en torno a ellas.

—Necesitamos mantener esto, en extrema privacidad. Nunca se sabe cuándo van a hacer su siguiente movimiento por lo que debemos mantenernos atentos. Fliqpy, tu iras…

—Yo iré al sur con Handy— Habló con firmeza el de mirada dorada, sin dejar de sonreírle místicamente a su mujer.—Mi Senka se queda aquí, estará segura…

—Pero…

—Pero nada. El Señor del Oeste y yo, iremos junto con el Señor del Sur a verificar un asunto de máxima importancia— Lammy abrió sus ojos en ese momento. ¿Era su imaginación o…No, algo estaba planeando.

Atenta a los detalles, comenzó a verificar los datos. Abrió sus ojos sorprendida, al darse cuenta de todos esos hechos. Ni Fliqpy, ni Handy, partirían.

Quería verificar los otros demonios que le confirmaban ese hecho, pero la mano firme que apretó la suya bajo la mesa le dijo todo lo que tenía que saber. Observó a Pop, de reojo, sin llamar mucho la atención, él le dedicaba una sonrisa suave, ciertamente disimulada. Los cuatro Señores del infierno, se quedarían en ese lugar para proteger a las Senkas.

Se resistió la idea de reír suavemente, al observar esa mirada dorada que detonaba demencia. Ese maldito hijo de puta, lo pensaba todo. Tras reacomodarse en su asientió, pensó con atención el plan entre líneas.

Tres Senkas en un lugar, sin protección más que la de simples guardias, era prácticamente una carnada perfecta para que esos híbridos se acercaran a atacar. Si había un espía entre ellos, tal y como Fliqpy en esos momentos creía Lammy que estaba pensando, la presencia de los híbridos en ese lugar, era prácticamente una confirmación de ese hecho. Con la mitad de los demonios, quedándose en el territorio sin que nadie más que ellos supieran, tenían todas las cartas a favor.

Sonrío suavemente, disimulándola tras la copa de vino que le fue servida cómodamente por uno de los gemelos. Ellos, furibundos, bebieron de la propia botella a tragos generosos y ciertamente golosos. No tuvo que ser un genio, para adivinar como la cólera y la impotencia corrían por sus venas. Lo sentía en su cuerpo, vibrando bajo sus instintos demoniacos aumentados por el vínculo.

—Quiero que descansen antes de partir. Necesitamos tenerlos en todo su potencial, y estoy muy enterado de que muchos de ustedes han estado ocupados con esas criaturas…

—¿Sobre eso no han podido investigar nada?— Se atrevió a preguntar aquel demonio con un insinuante acento. ¿Cómo era su nombre?¿Stike?¿Slipe?...No se acordaba, pero estaba segura que fue uno de sus aliados en el pasado, recordaba ese rostro.

—Mis teorías afirman que ha habido un alto régimen de actividad tridimensional en este último tiempo. Es por esa razón que necesitamos más datos sobre ese asunto, para poder verificar con exactitud la matriz de todas esas apariciones.

—Traducción, cuatro ojos…—Habló Lifty sin disimular su mueca de aburrimiento.

—Que él se encargará de encontrar el origen de esas cosas asquerosas. Tú solamente encárgate de engañar y romper tripas— Prácticamente le ordeno su Senka, con cierta indiferencia. Asintiendo como si hubiese entendido la formula más complicada de la ciencia matemática, se reacomodo nuevamente en su asiento para beber todo lo que su garganta le permitía.

—Perfecto. Ya acordado todo, uno por uno, se retirara para recibir las coordenadas.—Dictado por un régimen bien dado, obedecieron en silencio. No fue hasta que llego su turno, que se atrevió a pararse en su sitio para caminar hacia el militar de mirada brillosa y Sniffles, que en silencio la observaba precavida. El Señor del Norte, le regaló una sonrisa que demostraba ser de lo más morbosa al ganarse justo en frente de él.

—Trata de no romperle su pene cuando te lo montes. Luchó mucho en su pubertad para que se vea de un tamaño casi decente…¿Pobrecito, no?—Lo escuchó decir, haciéndola sonreír. Corriendo su mirada por esos números bien dados, una y otra vez, se encargó de memorizarlos a la perfección. Dejándole el pergamino en la mano del demonio con lentes, volvió su atención a él.

—Yo no se lo rompería, cariño—Trató de sonar dulce, delineando una enorme sonrisa que el sátiro demonio le contestó con gracia. Parecían dos enfermos mentales que se llevaban bien, luego de asesinar a alguien. ¿Sniffles? Podía olfatear las pequeñas gotas de orina que comenzaban a manchar su ropa interior. Asqueroso… Si no fuera de su lado y no estuviera dotado por una inteligencia superior, ya lo asesinaría por ser tan débil.

—¿A no?—Le preguntó, con la misma mueca ciertamente feliz.

—Yo se lo cortaría…

—Por eso me caes bien, loca de mierda.—Río.

—Ventajas de ser criada en el infierno—Soltó suavemente, viendo como esas gemas exóticamente doradas se estrellaban con diversión pura— Prácticamente torturada para cooperar y asesinar a cuanto demonio se pusiera en contra de Mole desde bebé…Rompieron mi mente todo lo que pudieron y por poco no abusaron de mi, sexualmente y mentalmente…¿Tenía que sacar ventajas de eso, no te parece?

La aplaudió divertido, antes de posar esa mirada hacia algo, o mejor dicho alguien, tras de ella.—Tu galán se acerca, princesa rusa…

Ella abrió sus ojos ciertamente sorprendida. Nadie además de los gemelos y los antiguos Señores del infierno que la habían encontrado, sabían su procedencia en el territorio de los humanos. ¿Cómo ese…

—¿Cómo sabes que vine de Rusia?

—Al principio, estaba sospechando entre Rusia, Alemania o Francia...Esta última es la que más confiaba que seria tu nacionalidad en un principio—Comentó, delineando con su lengua esos deformados dientes punzantes.— Sin embargo, no fue hasta que buscaba a Flaky que me dí cienta de mi error, y lo confirme correctamente tu país de origen…

—¿A qué te refieres?—Alzó una de sus cejas sin entender. No entraba en sus cálculos, que Fliqpy alguna vez la haya visto visitar ese país estando bajo el dominio de Mole todavía, ni siquiera le daban los cálculos.

—Lumpy solía visitarte cuando eras niña. Ya sabes, por toda esas mierdas de protocolo y eso…—Sacudió una de sus manos quitándole importancia— Tu aroma de niña infante, se pegaba a su ropa, por lo que era normal que yo pueda percibirlo…No fue hasta que decidí buscar a mi peliroja en la tierra de los humanos, que me di una visita por ese país…¿Sabes que fue lo más curioso?—Lammy frunció su ceño con rudeza, sabiendo por donde iba esa conversación. Pero a pesar de eso se mantuvo en silencio, nada de lo que le dijera le podía afectar ahora en la actualidad— La exótica dama que me encontré en esa visita…—Ella apretó sus labios esperando que no se notara su reacción— Era tan hermosa~—Dijó ciertamente soñador con una sonrisa tan falsa como él— Una hermosa mujer de largo cabello alvino, que caí laciamente por su espalda. Sentada en una vieja silla con la mirada rota…¿Se te hace conocida esa imagen, printsessa?—El perfecto ruso que salió de sus labios humedecidos, la hicieron dibujar una mirada ladeada.— Esa mujer estaba tan hedionda a lavanda y tristeza que por un momento me mareó…Me hubiera encantado entrar por esa ventana para follarla bien duro hasta saciarme, pero rápidamente me di cuenta de que no era una Senka…

—Eso ya no importa. Nunca importó del todo, en realidad.

—Claro que si importó…Sobretodo porque tú más de una vez la fuiste a ver…¿No es cierto?—Sus pupilas se afilaron, manteniéndose en su sitio conservó la compostura. Fliqpy la estaba probando, quería ver hasta qué punto esa vida que ella pudo tener, le afectaba ahora en la actualidad.— Pero nunca tuviste el valor de acercarte más de la cuenta…¿No?—Su silencio lo hizo sonreír enormemente.

Por supuesto, que en una ocasión apenas pisó el territorio humano por órdenes de Mole, algo más fuerte la llevo a ese país tan extraño. Rodeada de frio, y con la sangre tratando de llegar a su corazón para mantenerlo caliente, ella llegó a esa casa asfixiada por esa sensación abrazadora que le apretaba el pecho con rudeza. Siendo una mocosa, fue Pickles el que la obligó a mantenerse a raya de esa humana susurrándole en su mente.

Le daba curiosidad esa casa, le daba curiosidad esa esencia que liberaba la humana dentro de la misma. Por lo que escondiéndo su pequeño cuerpito de infante detrás de un árbol cercano, con todo su rostro cubierto por esa mascara que su arma le otorgaba, se dedicó aproximadamente varias horas en observar ese rostro. Era tan hermoso como relajante, pero tan manchado de desolación y horrorosa melancolía, que le fue imposible no hacer una pequeña mueca en su rechoncho rostro infantil.

La segunda vez que volvió a ese lugar fue cuando viajaba con sus gemelos en la caza de las Senkas, pero esta vez no encontró ese delicioso aroma a pan casero horneado y manzanas recientemente cosechadas, sinó que se encontró con la indiferente soledad de una casa desecha, y la sensación nauseabunda de muerte en todos sus rincones. Suicidio, pudo confirmar tras notar esa profunda y densa masa de soledad que rodeaba el aire frio –El amor maternal, es algo que ni los demonios pueden evitar. Mira a Flaker, el mocoso mismo se encargaría de quitarme las pelotas si a mí se me ocurriera dañar a su madre más de la cuenta… —Fue su voz la que la sacó de sus recuerdos, tras una risa demente— Somos hijos de puta hasta la medula, pero eso es lo que conservamos de nuestros asquerosos orígenes celestiales…

—No soy un demonio de nacimiento. Es un milagro, que ahora pueda ponerme bajo ese título fijo…—Habló con cierta indiferencia, acomodando un poco sus largos guantes dispuesta a partir, para terminar esa incomoda conversación.

—Fuiste una humana. Una débil humana risueña, que fue rota para ser reconstruida…—Ella paró de caminar, para girarse hacia él con atención. Fliqpy le sonreía lascivamente, emocionado por saberse ganador de todo eso— Y eso, printsessa, es peor que ser un demonio…

—Cierra el culo—Le soltó antes de retirarse, con su carcajada loca y burlesca retumbando en sus oídos. Ajustándose la correa de su cinturón, caminó por esos largos pasillos alfombrados, repletos de candelabros con velas consumiéndose. No fue hasta que una mano, cálida y pesada, se posó en su hombro, que se dignó a detener su caminata suave. Girándose levemente, observó su rostro ciertamente preocupado.

—¿Estás bien?—¿Cómo era posible que ese tono preocupado esté ahí, después de lo tensa que estaba su situación?

—¿Por qué no debería estarlo?

—En ocasiones Fliqpy suele ser más peligroso con las palabras que con las armas…—Ella observó esos hermosos cuarzos blancos que le regalo, con despreocupada actitud. Ahí estaba el Splendid que ella conocía.

—Es una pena que no sea tan bueno manejando a su hijo…¿No?—Sorprendido, ciertamente confundido. Él pareció analizar firmemente cada palabra, haciéndole fruncir el ceño— Si, es una broma…—Aclaró tras ver su aturdimiento, evitando rodar sus ojos con exasperación. Ese fue el momento en el que se dio cuenta de que ella nunca había hecho bromas con él, solamente con sus gemelos y contadas personas se dignaba a jugar con el lenguaje de esa manera..

—¡Oh!...Flaker es la única excepción a sus órdenes.— Sonriéndole para contestar la sonrisa que le regalo, le dio a entender que estaban en buenos términos. Necesitaban estar en buenos términos para esta misión. La acompaño, comenzando a levitar a su lado al ritmo en el que ella comenzaba a caminar hacia el salón de descanso, donde seguramente sus gemelos se encontraban.

—Por eso adoró a ese niño.—Comentó verificando disimuladamente y sin que él lo notara las enormes llagas de cortadas que cicatrizaban bajo la tela. Un demonio, la semana pasada se había encargado de prácticamente rasgarle la piel a tirones con sus asquerosas uñas, en un enfrentamiento. Hasta el día de la fecha, ella mantenía un régimen bien acordado, de verificar si ese ungüento estaba haciendo efecto sobre las heridas. –Le importa verdaderamente un carajo que su padre sea uno de los demonios más inestables del infierno. Él desafía su autoridad, cada vez que se le ocurre hacerlo…¿Cómo no amarlo?

—¿Recuerdas la ocasión en que le lanzó un zapato en pleno rostro, porque se negaba a usarlo?— Él trató de disimular la sonrisa embobada que quería asomarse en sus labios, ante la risa deliciosa que ella dejó escapar con soltura al recordar ese hecho. Estaba cambiando, Lammy estaba cambiando de una manera tan exquisita que se le hacía imposible no observarla con otros ojos por encima de la lujuria que una vez su presencia le provocaba. Y se odio mucho más por eso.

—Fliqpy ese día destrozó media mansión y asesino a la mitad de los invitados a la fiesta de la ira.—Acompaño, genuinamente divertida. Ese niño, era una encantadora caja de sorpresas. Volviendo nuevamente en sí, levanto su mirada hacia él, observándolo con firmeza— Debemos terminar con esto... Me niego a permitir que algo como lo de Tigre vuelva a suceder, Splendid.—Habló con sinceridad, con su voz en un tono de voz entre suave y ciertamente serio. –No me importa si no nos quieres ayudar a nosotras— "A mi…". Sacó ese pensamiento a patadas de su mente antes de que su lengua pudiera decirlo— Pero tienes que pensar en los demás también. Esta vez no hay segundas oportunidades…¿Entiendes?

Manteniendo un silencio que no le gusto, él asintió con firmeza.

—Te prometo que haré lo necesario para mantenerlos a salvo—Ella sabía que lo haría, confiaba en él. Aunque ese sentimiento extraño que asomaba en sus entrañas, le obligaran a pensar lo contrario, lo haría.

—Vamos a comer algo con los demás antes de partir…¿Te parece?— Se permitió sonreír con despreocupación. Eso aliviaría un poco esa incomodidad latente que parecía formarse en su cuerpo ante su cercanía.

Era realmente extraño, pero no alarmante. Ella era desconfiada por naturaleza, no se sorprendería que están en esa situación y en esas condiciones, comenzara a sentir eso. Sin embargo, ahí estaba. Como un murmullo suave que todavía nos convertía en una voz en su odio.

—¿Vienes, muñeca?—Le habló su voz ya a unos metros de ella.

Sacudiéndose mentalmente esas sensaciones, lo siguió con firmeza. Comería algo, le pediría a Flaky o a Giggles, que le curen las heridas de sus brazos, para luego intentar dormir algo.

El ambiente en ese salón era eufórico, casi caldeado por la adrenalina que corría por las venas de cada uno. Para nadie era un secreto que las expectativas a que eso sería una posible segunda guerra, estaban presentes.

Ella paseo la mirada por la habitación, localizando en el acto las dos cabelleras idénticas que se encontraban a los lejos, justo sobre una de las mesas disgustando lo que parecía ser un pedazo de carne tan negra como el carbón. Con una bandeja en mano, se dispuso rápidamente a servirse algo que llenara ese apetito voraz que arañaba las entrañas de su demoniaco estomago. Ser un demonio, equivalía a muchas ventajas—La máxima resistencia y poder era una de ellas— pero también estaban las desventajas: Se gastaba mucha energía. Obligándole al metabolismo a pedir alimentación mucho más abundante que las de un humano, y era un verdadero fastidio. A este paso terminaría hecha una verdadera vaca gorda y rechoncha que ni siquiera podía pararse por sus propios medios, sino se cuidaba un poco en comer tanta grasa de esas criaturas de las cuales se alimentaban. Era una verdadera fortuna que ella gastara hasta el cansancio esas energías en la eliminación de demonios.

Refunfuñando algo cansada, observó de reojo como a lo lejos, prácticamente Handy le gruñía con molestia a un demonio que se atrevió a pasar muy cerca por al lado de su mujer, a la hora de servirles un poco del platillo principal. Esos dos en verdad se habían convertido en una pareja realmente unida. Si hasta podían compararse en lo cursi y cliché con la apasionada historia de amor barato que eran en esos momentos de su existencia, Giggles y Cuddles. Nada más que a un grado más maduro, más centrado.

Negando ciertamente asqueada, por ver como estos últimos, prácticamente se estaban dando una acalorada y romántica despedida en un rincón del salón. Se encamino con rapidez hacia ese asiento vacío al lado de sus gemelos. ¿Tan fuerte era el amor, como para en esos momentos olvidarse que sus cabezas estaban en juego para tener un encuentro caliente? Es decir, ella era plenamente consciente de que en el momento en que esos malnacidos lleguen a dar con una de ellas, el trato no sería otro más que doloroso. Y podría ser una desgraciada o una maldita cabeza fría, que prefería cuidar su culo a calentarse como una perra, pero ella no sería la que atraparan. No, señor. Muchas gracias, pero no.

Ella podría haber demostrado en la guerra de Tigre, un lado mucho más suicida que ahora. Pero eso se había quedado plenamente atrás, ni siquiera porque le pagaran, pasaría nuevamente por la inminente desesperación que la muerte acarreaba con ella.

No otra vez.

Acomodando cómodamente su asiento observo esas dos gemas verdes con suavidad. Necesitaba saber con exactitud sus puntos de vista al respecto de ir hacia otro lugar. No le gustaba la idea de apartarse por mucho tiempo de ellos. Pero jamás admitiría que la idea de que se repita nuevamente lo de Truffles, no la asustaba un poco. No quería perderlos.

—¿Qué haremos?—Le pregunto Lifty, a ambos, una vez que la vio sentada cómodamente al lado de su hermano. Sirviéndose un poco de vino, con cuidado de no derramar ni una sola gota, ella le tindío la botella con calma para que se sirviera él también.

—Seguiremos las órdenes de Fliqpy. Según lo que he visto, hay una alta posibilidad de que sea verdad lo de la información que quiere que recolectemos. Es necesario, para saber con exactitud a que nos estamos enfrentando.

—Pero nada nos dice que no correrás tú peligro al dejarte sola—Habló con seriedad Shifty, mordisqueando un caro habano seguramente robado de algún lado de ese lugar. Prendiéndolo, le dio una suave calada reteniendo el humo en sus pulmones para luego liberarlo con calma en un curioso y pesado humo color gris.

—Tranquilos. Estaré bien. Conozco el territorio a la perfección, y no se me será difícil largarme de ese lugar si algo inoportuno llegara pasar— Ella quería decirle que la incertidumbre de sus pesadillas, la estaban obligando a retener cierta parte para así en secreto, para probarlo si llegara a pasar el momento necesario.

La duda la estaba comiendo por dentro. ¿Podría ser que él estaba de vuelta?

Era como si el conocimiento estuviera presente en su pecho. Como si lo sintiera nuevamente allí, localizado ahí en su interior como un jodido parasito que no quería mostrarse, pero que ella estaba consciente de que se encontraba. En silencio. Observando cada maldito momento de su vida, pero sin darse el maldito pie para darse a notar. Era tan confuso, tan jodidamente cansador no saber exactamente que le estaba pasando.

Ella estaba dándose cuenta de que para su persona, era más confuso su mundo interior que el exterior. Y tenía miedo. Joder, sí que lo tenía. De que en algún momento esos dos mundos, se juntaran para causar una desordenada explosión que la llevaría a un punto de quiebre desesperante, donde nadie, ni siquiera sus demonios, podrían sacarla. Mierda y más mierdas, causaron que su vida entera, fuera una verdadera porquería. No quería arrástralos hasta allí. Su mente estaba jodida, su alma lo estaba aun más, acercándose al punto de quiebre de manera lenta.

—Muñeca…Duerme un poco antes de que nos larguemos. Necesitamos estar en condiciones para esto— Sacándole de sus pensamientos, vio con total asombro como Splendid le dedicaba una sonrisa—Esas sonrisas— al pasar por al lado de su mesa. A su lado, Toothy no disimuló la risita suave que le dio, ver como sus gemelos prácticamente apuñalaban el caro mantel con sus cubiertos.

—Ese hijo de puta, me las va a pagar—Ronroneo Lifty en un tintineo entre dientes. Cínico sonrió con saña, al verlo alejar del salón rumbo hacia lo que parecía ser la oficina principal del cuatro ojos.—Tendremos que retrasar la búsqueda de esa cosa…—Le soltó a su hermano observándolo de reojo.

—¿Qué cosa?— Ella no pudo evitar preguntar, curiosa. Shifty simplemente miró fijamente a su hermano, que de igual manera se mantuvo en silencio. ¡Demonios!. Odiaba que la excluyeran en ese tipo de miradas. No era por sonar infantil ni nada, pero en verdad le molestaba cuando ellos dos tenían esas miradas de "hermanos gemelos". Es decir, Lammy estaba consciente de que ambos fueron cómplices y aliados mucho antes de nacer, hasta podría decirse que ella comprendía meras palabras de ese lenguaje secreto que tenían mutuamente ante su fuerte vinculo a la hora que decidían hablarse en voz alta. Pero no con las miradas. Ellos parecían, hablarse telepáticamente, sin ella tener la posibilidad de pinchar su conversación para escucharlos.

—Una escopeta—Soltó por último Lifty, no sin antes dedicarle lo que parecía ser una mueca a su hermano.— Ese verga caliente. No debe ni soñar con meterse entre las piernas de nuestra Senka. — Ronroneo en forma de broma, sin ignorar como ella posaba más de la cuenta su mirada sobre esa puerta cerrada. Como si esperara su salida.

No, definitivamente. Él no le tocaría un pelo, sin que ellos tomaran cartas en el asunto.


Muchas gracias a aquellos que agregaron a Favoritos y a Alertas. También muchísimas gracias a:

HTFan

CornPie

SarEma

edpol

LagrimasSolitarias

Jellyfish Gaji

Por haber comentado el capitulo anterior, prometo contestarles a aquellos que pueda :)

Lamento mucho la tardanza en actualizar este fanfic, la verdad pensaba en terminarla de publicar cuando termine las demás, pero debido a que ya logre escribir su final en este tiempo de desaparecida que estuve! jaja xD Me decidí, seguir con esto! jaja xD

Ademas, de que tengo otros proyectos con esta pareja, y si bien son mucho más cortos que este. Me llevara algo de tiempo! :)

Muchas gracias por leer! :D