Disclaimer: El mundo y los personajes de Naruto son de la autoría y propiedad de Masashi Kishimoto.


Capítulo 14

Aunque el objetivo de todos los altos mandos de la aldea era impedir que el rumor se esparciera por cada rincón de esta, cualquier intento resultó ser inútil. La noticia se propagó a un ritmo increíble al ser Naruto una figura sumamente influyente y las comunicaciones tan astutas y ágiles cuando se trataba de un asunto de esa naturaleza.

Las órdenes que se le extendieron a Shikamaru Nara eran claras y demandantes: que hiciese todo lo que estuviera en sus manos para evitar que el escándalo se desatara, si lo anterior resultaba inevitable, tendría que pasar a intentar reducir su alcance. Resultaba claro para todo aquel que estuviera al tanto de la situación, que la mayor parte de las medidas, a esas alturas, ya eran totalmente inútiles. Aunque el hombre cumplía con sus funciones lo mejor que le era posible, consideraba que arreglar cosas de esa índole era fastidioso e innecesario, pues a su parecer podrían evitarse por completo. Él tenía muy presente que las esposas eran problemáticas; seres dignos del más profundo respeto y temor, no sabía si sentir lástima o respetar a Naruto por el hecho de que se hubiera conseguido un lío de ese calibre con dos mujeres.

El hombre de barba miró por la ventana del edificio y soltó un gran suspiro, esperaba que eso no se volviera más grande y más complicado de lo que ya era, aunque tenía un mal presentimiento al respecto. Naruto se encontraba aparentemente sumido en sus asuntos, con la cabeza enterrada entre las pilas de documentos, ignorando deliberadamente el bullicio de fuera de su oficina. Empleados iban y venían, todo el personal trataba de mantener en los pisos inferiores a la gente que deseaba, a como diera lugar, poder entrevistarse con el Hokage. Desde ése día las solicitudes de encuentros con el gobernante se habían incrementado tanto, que incluso decidieron desechar gran parte de ellas sin siquiera molestarse en mirarlas. Era ridículamente evidente que todas esas "entrevistas" tenían el mismo objetivo.

Uzumaki había estado más callado que nunca antes en su vida, no hablaba para nada que no necesitara de su intervención o sus órdenes directas. Nara sabía que ese asunto era un problema de grandes proporciones, no entendía el afán de todos los altos cargos de pensar que simplemente podía ser tratado como un problema privado, puesto que el mismo rubio se encargó de que nada de la situación tuviera posibilidades de ser tomado como algo personal, él tenía mucha culpa con respecto a eso. Su reputación ahora pendía de un hilo al haber contado con demasiados testigos en la vergonzosa escena.

Un tanto agobiado, el joven de coleta sólo le dirigió una mirada más antes de ir a la entrada de la oficina para pedir a toda la prensa que había conseguido llegar hasta la puerta, que se retirara. Al parecer muchos periodistas todavía no perdían la esperanza de conseguir la codiciada primicia para sus trabajos.


Su mirada no quería despegarse del suelo debido a lo bochornoso de la situación. Jamás pasó por su mente que el simple hecho de caminar por la aldea, podría tornarse tan incómodo.

El chasquido que escuchó de pronto a su lado, la obligó a dirigir una mirada preocupada y avergonzada hacia su acompañante. Supuso que para él debía ser insufrible el hecho de que por su culpa, todos a su paso les miraran tan insistentemente; con curiosidad, incredulidad, lástima e incluso con algo parecido a la aversión, burla y decepción.

Se sentía juzgada, señalada e indirectamente atacada por todas las miradas que ella y su hijo recibían. El pequeño notó inmediatamente la forma en la que las personas los observaban, algunos niños descuidados, incluso llegaban a señalar sin reparos, sólo para ser reprendidos por sus madres y ser motivados a acelerar el paso. El infante sabía perfectamente que la chica se estaba empezando a sentir incómoda, y eso, como todo lo negativo que osara permanecer cerca de su madre, le molestaba en todo el diminuto ser. Boruto caminaba con porte despreocupado pese a la sensación de saberse en boca de todas, o casi todas las personas a su paso. Se esforzaba por creer que nada de eso importaba o tenía algún efecto sobre ellos, lo que hicieran o pensaran sus espectadores respecto a su paso por los caminos, no tenía la más mínima importancia. Silenciosamente se convencía de que si se encontraban juntos, y a su lado caminaba el hombre más poderoso, más listo, digno, y más increíble que conocía, no existía nada por lo que tuvieran que sentirse cohibidos.

El joven Uchiha desvió la mirada hacia Boruto, que caminaba entre él y Hinata, con gesto turbado y graciosamente lleno de coraje; sus mejillas estaban sonrojadas y un poco abultadas, el pequeño ceño estaba decididamente arrugado y sus ojos azules miraban únicamente hacia el frente. Caminaba con una mano tomada de la de su madre y discretamente apretando un trozo de su capa entre la otra.
Aquel infantil gesto removió algo dentro de Sasuke. No pudo evitar recordar los días en que él era señalado y despreciado por todas aquellas personas. En esos tiempos, poco importaba que se tratara de un mero niño huérfano y desamparado, las miradas escrutadoras que le acechaban no conocieron la palabra 'piedad'; él no contó con nadie que pudiera protegerlo de esa repulsiva lástima colectiva y del juicio de toda la aldea en su contra. Años atrás, él estaba totalmente solo, en cambio, la situación de Boruto y Hinata era distinta; su discípulo tenía a su madre justo a su lado, y Hinata se encontraba acompañada por él mismo. Fácilmente supo que ella intentaba aparentar fortaleza, examinar su rostro bastaba para suponer lo incómoda y herida que realmente se sentía ante la situación.

A pesar de sus inútiles intentos por reprimir el ridículo sentimiento de protección que surgía de él, aquello que sentía era fuerte e incontrolable cuando se encontraba con ellos, tan inmenso que aplastaba por completo cualquier lógica. Aún se resistía sólo un poco a aceptarlo del todo y asumirlo de buena gana.

Me tienen a mí.

Se avergonzó al permitir que por su mente surcara aquel pensamiento tan sentimental y absurdo, aunque fuera verdad, continuamente se negaba siquiera a considerar verbalizarlo.
De principio, había estado guardando su enojo para que ni la chica ni el mocoso pensaran erróneamente que era debido a ellos, o que asumieran una culpa inexistente como siempre hacían. Dicha propuesta inicial, venía flaqueando desde que pusieron un pie en el exterior, pues mientras más trecho recorrieran, más notaba lo acosados que estaban siendo los Hyuga, se sentía enfermo de solo pensarlo. Sabía que ellos trataban de simular desinterés, que la joven intentaba reunir fuerzas para caminar con la frente en alto. Pero la presión era demasiada, y ahora que él estaba en su compañía, no podía soportar que los dos, aunque estuvieran haciéndolo bien se sintieran desamparados o sin ninguna ayuda, ya estaba ahí y poseía la convicción de actuar como había estado haciendo hasta ahora.

Discretamente, se acercó aún más a ambos, casi dando la impresión de que Boruto sostenía por las manos a los dos. Hinata se le quedó mirando con aquella sonrisa amable que solía darle cada que se sentía en deuda con él. Uchiha simplemente cerró los ojos y al abrirlos se dispuso a amenazar con toda intención; utilizaría su mirada carmesí y su porte atemorizante contra quienes se atrevieran a hacer contacto visual con ellos.

Boruto se dio cuenta de que ahora todos a su paso parecían no notarlos, más bien habían desviado la mirada restándoles importancia. En seguida supo que era obra de su maestro, no debía pensar demasiado para saberlo; él tenía el hábito de ayudarlos frente al más mínimo aprieto. Sonriente, no pudo evitar traer a la memoria aquella vez que tropezó con su capa y se golpeó la frente; o cuando su madre no pudo abrir un frasco de jalea y él por poco lo fracturó por la facilidad con la que lo hizo; recordó también, cuando al notar las marcas rojizas que las bolsas de víveres habían hecho en sus blancas palmas, inmediatamente él cargó con prácticamente todo; así como también ese día en que su maestro evitó que su madre cayera por las escaleras, rodeándola de la cintura con sus brazos . Sin poder evitar ahogar una pequeña carcajada de dicha, su cuerpo se relajó, y sintiéndose verdaderamente alegre al fin, embargado de recuerdos continuó caminando junto a los dos adultos.

La joven también notó esa discreta, un tanto sobreprotectora y amable acción. Admitía que aunque se tratara de un momento tenso para todos, donde seguro no había más espacio para pensar en otros asuntos; el hecho de que con sólo amenazar en silencio, todas las personas a su alrededor hubieran desviado la mirada nerviosas y hasta un tanto asustadas, le sorprendió enormemente. Tanto, que una vez más quedó algo boquiabierta ante el alcance del poder y la presencia de Uchiha.
Aquel gesto, curioso e inesperado, después de darle tantos giros, logró sacarle finalmente una queda risotada, que silenció inmediatamente al verse descubierta por la negra mirada. Su semblante era tremendamente oscuro y amenazante, pero ella sabía que tras esa fachada se encontraba el hombre más amable de la tierra. Sasuke la miró con los ojos un poco sorprendidos, esperaba que se molestara, que le dijera discretamente que estaba bien y que se detuviera, incluso llegó a contemplar que la intimidaría a ella también, pero en contra de todo lo que se pudo figurar, se rió con aquel tono angelical que le arrancó un escalofrío. De pronto empezó a sentir calor en el rostro, e inmediatamente se giró a seguir "vigilando" que nadie los mirara con aquella lástima y juicio enfermizo.

Hinata suspiró y no volvió a llevar la mirada gacha, después de ese cálido momento no pudo permitirse comportarse así. Una tenue sonrisa adornaba su rostro, y mientras se aproximaban al complejo soltó un suave y casi inaudible "gracias" hacia el joven, quien ya no llevaba la cuenta de cuántas veces esa absurda palabra salía sin cesar de sus labios rosados. Aunque debía admitir, que no se cansaba de escucharla, por el simple hecho de venir de esos dos.


Luego de aquél incómodo e irónicamente abrasador trayecto, el pequeño se encontraba por fin en el dojo de la mansión Hyuga, donde Sasuke lo observaba sentado y con los brazos cruzados cerca de la puerta corrediza del gran complejo tradicional. Ambos optaron por el lugar de entrenamiento para pasar el tiempo, puesto que debían esperar a que la chica estuviera de regreso con ellos.

Saltaba a la vista la curiosidad con la que las personas del clan Hyuga lo miraban, jamás habían observado a otro hombre cerca de Hinata-sama o Boruto-sama además del patriarca Hiashi. Sasuke resopló ante la variedad de miradas que recibía de las doncellas de servicio de aquella casa; algunas le veían con el ceño fruncido, las más entradas en edad; otras más jóvenes entre asustadas y embelesadas.
Recordaba que su clan no era tan tradicional u ostentoso, o lleno de sirvientes como el Hyuga.

Mientras Sasuke inspeccionaba con sus ojos negros los alrededores, Boruto practicaba diligentemente sus movimientos de taijutsu, se sabía observado por el hombre poseedor de su más profunda admiración, y por ello estaba dispuesto a hacerlo a la perfección.
La sonrisa en su infantil rostro destacaba, su maestro había permanecido mucho tiempo ya con ellos, ¡no había abandonado su casa en al menos dos semanas! Se sentía como si ya fuera parte de ella; desayunaban, comían, entrenaban y cenaban juntos, e incluso salía junto con él y su madre a realizar las compras, y en realidad, a cualquier diligencia que fuera necesaria. Su sensei—como secretamente a veces le llamaba— solía dormir en la habitación de invitados de la planta baja, donde mañana a mañana corría puntual a saludarlo y acompañarlo en su rutina matinal. El niño no podía evitar experimentar una felicidad inmensa y perpetua debido a eso.

Aunque concentrado, como cualquier otra persona haría con lo que le gusta, en medio de sus movimientos recordaba una y otra vez las acciones del joven, que no hacían otra cosa que alimentar en el infantil pecho una intensa llama de admiración, respeto y cariño. Con dicha mal disimulada el pequeño sonrió ampliamente al encontrar sus ojos celestes con los negros, valoraba con todas sus fuerzas al hombre ahí sentado.

En otra habitación de la gran construcción, Hiashi Hyuga se encontraba muy indignado. Su ceño fruncido en medio de las facciones maduras ya entradas en edad, seguía siendo un tanto atemorizante para la chica sentada frente a él, más aún cuando era de conocimiento público que el líder era perfectamente afable y tranquilo la mayor parte del tiempo. Hinata sentía vergüenza, impotencia, y hasta cierto punto, inutilidad ante esa mirada cargada de lástima hacia ella.

Su memoria trajo de pronto a colación aquellas audiencias que tenía cuando niña en los aposentos de su padre, era un poco parecido a lo que estaba encarando; aunque el asunto distaba mucho de sus años de juventud enfrentando a su estricto y frío padre debido a su bajo desempeño. Esta vez, se trataba de un asunto sumamente delicado, que enfadaba enormemente a su progenitor. Como bien se lo había dejado en claro: no iba a reducirse simplemente a un asunto personal, y por eso, no podía permitirle enfrentar todo lo que tendría delante sola.

Una sonrisa abatida y muy apenada se asomó en sus facciones, y sólo por eso Hiashi también aligeró la tensión de su ceño. Sentía impotencia, enojo, indignación y sobre todo tristeza; conocía con dolorosa precisión aquella expresión en el rostro de su primogénita, él había sido el responsable de esta muchas veces. Justo cuando prometió no volver a cometer el mismo error, el dolor había vuelto a reinar sobre el bello semblante de su hija. A causa de otro hombre, que parecía ser, no sabía ver la valía de Hinata como tontamente él hizo en el pasado, sentía su sangre hervir en resentimiento.

El cabeza del clan Hyuga cerró los ojos y soltó un gran y cansado suspiro antes de hablar.

La mujer ni siquiera tenía el ánimo o la fortaleza suficiente para percatarse de las miradas preocupadas y de enojo que le dirigía Hanabi.

—Hinata… Antes que nada, quiero que sepas que me es difícil creer por completo esta situación, por esa razón te llamé. Tenía que estar seguro de que no eran meras y vulgares habladurías.

Ella seguía con la mirada gacha.

—Es difícil que pase por alto una ofensa de éste calibre. Me siento sumamente decepcionado del hombre que se hace llamar Hokage.

El anciano sobó el puente de su nariz. La situación era muy complicada, no simplemente porque se tratara de su hija y un hombre la hubiera deshonrado de aquella forma. Eso sin duda era algo muy grave, sí, pero ese hombre, además de todo, se trataba del mandatario de la aldea. De haber sido un tipo cualquiera, estaba seguro de que simplemente se limitaría a destruir en cada sentido al susodicho, pero que ese problema involucrara al séptimo sólo arruinaba cualquier tentativa de justicia por sus propios medios. Según tenía entendido, al ser el Lord Hokage, gozaba de ciertos "privilegios", entre los cuales se encontraba la poligamia y el concubinato. Creía que los tiempos habían cambiado, y que esas práctica no se realizaba nunca, ni siquiera el primer o segundo Hokage, e incluso los jefes de cada familia noble de Konoha habían "aprovechado" aquél derecho. Que su yerno Naruto Uzumaki hubiera cometido tal acción, era difícil de asimilar hasta para él. El niño que había sido una gran y noble influencia para que su amado difunto sobrino Neji rompiera su jaula, aquel que contribuyó a que su clan dejara de ser un lugar oscuro, injusto y siniestro, ahora era un hombre capaz de aquello.

Hanabi miraba atentamente a su hermana y su padre mientras se lamentaba por no poder hacer gran cosa, imaginaba el dolor por el que pasaba Hinata, ella sabía lo mucho que amaba al rubio. Fue testigo de lo mucho que se esforzó por seguir su ejemplo y conseguir estar a su lado, y ahora todo su amor, su admiración y su sonrisa se habían perdido de la forma más dolorosa posible. Y lo que era peor, su pequeño sobrino estaba en medio de todo ello. No podía permitir que su hermana ni el pequeño sufrieran. No existía perdón para esa infamia.

Sutilmente tomó de la mano a la mayor para que supiera que fuera poca o mucha su posibilidad de ayudar, ella estaría siempre a su lado.

Hinata correspondió el gesto y se sintió terriblemente afortunada de que aunque fuera una mujer adulta, su familia siguiera apoyándola de una forma tan amable y franca.

Hiashi miró decidido a sus dos descendientes tomadas de las manos .

—Hija mía, hablaré con los ancianos del consejo. Te he explicado lo de la unión simultánea con dos mujeres permitida, pero nunca conocí a nadie que la llevara a cabo, por lo menos dentro de esta aldea. Ha pasado el tiempo y quizá esas costumbres hayan quedado en el olvido como la vieja era de guerras—habló de manera solemne—Naruto Uzumaki podrá ser el héroe del mundo ninja, el Hokage de Konoha, pero si no es capaz de honrar y respetar a su esposa y cuidar de su hijo, no puedo considerarlo un hombre decente.

Cerró los ojos con paciencia.

—Si tu deseo es separarte de él. Haré todo lo que pueda para conseguir que se te permita disolver su matrimonio.

Ante aquellas palabras Hinata sintió un escalofrío.

—Sé que es un asunto privado. Y como mujer adulta también sé que eres capaz de encargarte de ello. Te apoyo no porque dude de tu capacidad, sino porque quiero que sientas el apoyo de tu padre mientras este anciano cuerpo siga teniendo vida en él. Como miembro de un clan noble, su acción sólo pasa a ser más grave. Las consecuencias serán de gran escala, no estarás sola ante eso, Hinata.

Ella quiso llorar nuevamente, pero no se permitió preocuparlos así, no quería proyectar la imagen de una mujer rota y débil, engañada y vencida. Ya no era una niña asustadiza y cobarde.

Se removió en su lugar, aunque no estaba del todo determinada sobre esa medida, estaba segura de que no existía otra forma.

Levantando su cabeza, honradamente asintió, Hiashi se levantó orgulloso del cojín donde descansaba y se dirigió hacia otra parte de la mansión, debía pedir inmediatamente una audiencia con el consejo de ancianos de la aldea.

Una vez solas ambas Hyuga, Hanabi se levantó de su lugar y abrazó fuertemente a su hermana.

Nee-san, en serio lamento que ese idiota de Naruto haya sido un total desgraciado contigo. Sabía que era tonto, pero nunca me imaginé que…— se detuvo al darse cuenta de que sólo sumaba pesadumbre al ya de por sí enorme dolor que debía estar pasando, se le veía cansada, pálida, triste. Sintió un profundo resentimiento hacia el rubio, no negaba que la decepción la desconcertaba, él parecía tan diferente…

Sonrió débilmente a su imōto, que parecía realmente desconcertada, era obvio que nadie se esperaba aquello. Ella misma, a pesar de ser quien vivía la situación, continuamente se preguntaba si realmente estaba sucediendo, si realmente ese hombre era Naruto.

—Padre hablará con los ancianos, nee-san— le escuchó decir con pesadumbre.


¿Tenía sentido enamorarse en una situación como esa? Definitivamente no, era una gran imprudencia, estaba siendo impertinente. Pese a eso, insistía fervientemente en aquello. Había una razón por la cual lo hacía, parecía correr determinadamente hacia ello, porque por primera vez no se sentía vacío, ni sólo, ni muerto en vida o aburrido de todo cuanto viera o hiciera. Se sentía vivo, tenía emociones, las mismas que creía ya marchitas o inexistentes en él... Aquella situación era algo que estaba completamente dispuesto a experimentar hasta las últimas consecuencias, porque no era que existieran muchas personas que consiguieran así de rápido o naturalmente su simpatía. Estaba seguro de que no existía ser sobre la tierra que tuviera posibilidad de estar en la posición del niño y la chica. Sabía de eso una ocasión y un fenómeno único e irrepetible, la única oportunidad que tendría en la vida. Por esa razón, no le importaba que ella no lo amara precisamente.

Después de aquel incómodo pensamiento, dejó de divagar al momento que miró llegar al salón del dojo a la responsable de su introspección.

La audiencia con su familia había terminado y ella junto con Hanabi se dirigieron donde se encontraban Boruto y Sasuke.

Al entrar en la habitación, lo primero que hizo, en un acto inconsciente, fue mantener contacto con los ojos ébano, ella intentó sonreírle lo mejor que pudo, pero él solo frunció el ceño. En seguida supo que estaba fingiendo serenidad.

El pequeño corrió hacia su madre y su tía apenas las vió, intentó abrazar a ambas y por supuesto fracasó al ser sus brazos tan cortos. Con las mejillas infladas y los ojos cerrados optó por hablar.

Kaachan,tengo hambre.

Sasuke bufó al ver lo consentido que Boruto se comportaba en aquella mansión. Era obvio que todos lo amaban y le prestaban atención.

Hinata estaba dispersa por todo lo que tenía que asimilar, aún así, trató de sonar tranquila y amable con todos como siempre.

—Ya casi es hora de comer cariño, espera sólo un poco más— en seguida desvió la mirada hacia el hombre de capa oscura, sabía que no le había quitado la vista de encima y aprovechándose de ese hecho, lo interrogó con sus orbes opalinos. Él entendió la pregunta implícita en sus ojos y simplemente asintió. Definitivamente sería incómodo compartir mesa con la élite de los Hyuga pero ya estaba metido en eso, ¿a quien engañaba? A esas alturas ni loco se iría de su lado, estaba seguro de que podría enfrentar lo que fuera con tal de verla sonreír nuevamente, compartir una mesa familiar de un clan extraño era poca cosa a comparación con todo lo que ya había encarado y asimilado en sus adentros.

Hanabi se percató de las miradas entre su hermana y Uchiha y parpadeó varias veces ante la incredulidad. No negaría que tener a Uchiha ahí era de lo más extraño, pues nunca en la vida había tratado con él o con algún otro miembro de su clan. Aún más extraño le parecía que Hinata compartiera esas miradas con él, como si se entendieran a la perfección sin palabras.

Curiosa siguió mirando su interacción, no dudaba que su hermana lograra conseguir la amistad de alguien tan peculiar como él, su nee-san era una linda persona , amable, considerada y sobre todo muy bonita. Pero… ¿Sasuke Uchiha? Se preguntó muy seriamente bajo qué circunstancias se habrían conocido o desarrollado su extraña "amistad".

El rubio sacó de inmediato de sus pensamientos a la Hyuga menor al tirar de su larga falda.

Nee nee, Hanabi-obasan he mejorado mucho mi taijutsu gracias a Sasuke-sama ¿quieres mirar?

Ella no quiso ni pudo rechazar a su adorado sobrino, menos aún cuando él mostraba esa resplandeciente sonrisa .

—¿Ah? Así que Uchiha…—sonó irónica a propósito— ya lo juzgaré yo, Boruto-chan. Veamos qué tan bien conoce y sabe explotar el juuken del clan Hyuga.

Sasuke chasqueó ante su "amistoso" comentario, sabía que quería fastidiar, la hermana de Hinata se miraba buscapleitos y temeraria, desafiarlo abiertamente no era algo que alguien hiciera a la ligera, la chica obtuvo cierto respeto de su parte por el atrevimiento, pero no tenía tiempo para prestarle más atención a la menor. No cuando Hinata parecía haber vuelto tan turbada y con esa aura de derrota cubriendola por alguna razón; él sabía que debía hablar con su clan sobre el asunto, podía inferir cuál sería la acción del anciano Hyuga, pero no estaba seguro de la razón del abatimiento de la chica, ¿acaso ella…? el solo pensarlo le hizo un nudo en el estómago.

Boruto, que nuevamente no entendía mucho sobre las charlas adultas de su madre y tía con el maestro, se dirigió a Hinata para tomar la manga de su ropa y mirarla preocupado. Se había percatado de su extraño semblante y no pudo callar ante aquello.

—¿Te encuentras bien, kaasan?

Ella sacudió la cabeza y desvió la mirada de Uchiha a su hijo, contestó un tanto cansada pero tan bellamente amable como siempre para dirigirse a Boruto.

—Estoy bien Boru-chan, puedes entrenar un poco más o puedes jugar con tía Hanabi, espera aquí, volveré en seguida.

Sin dar más explicaciones salió rápidamente de la sala.

Hanabi frunció el ceño preocupada, pero supuso que la mayor tendría una razón para hacerlo. Quizá le vendría bien un momento a solas.

Uchiha trató de fingir desinterés total al hablarle secamente a Boruto para que comenzará con la demostración de taijutsu. El pequeño afirmó aún sin convencerse del todo de que su madre estaba tan bien como pretendía aparentar. Sin embargo, al igual que los otros dos, permaneció en el salón.

Aunque el impulso por seguirla y el deseo de preguntarle cosas que calmaran su inquietud estuviera consumiendo al jóven, plantó firmemente sus pies a la madera. No debía rendirse a sus arrebatos de puberto enamorado, era un adulto y definitivamente sería una tontería que se pusiera a corretear detrás de ella en su propia casa, más aún cuando fue su decisión salir de ahí y alejarse un momento de ellos. Se deshizo del ímpetu que le embargó su desolado pensamiento, que tenía que ver con Naruto, y se enfocó en observar a Boruto, confió en que ella estaría bien y que lo que estaba imaginando como explicación a su estado, sólo eran conclusiones apresuradas de su parte.

No podía evitar sentirse humillada. Era un hecho que toda la aldea supiera de aquel asunto a esas alturas. Al caminar por las calles, todos parecían mirarla con lástima, se sentía enferma, por ella y por su hijo, ¿tenían que ser marcados y señalados por una cosa tan vergonzosa? Nunca había sido tan superficial como para prestar atención a lo que la demás gente dijese, el inconveniente se trataba de que la situación era muy asfixiante. Por otro lado, estaba Boruto; a los Uzumaki siempre les había rodeado la imagen de matrimonio y familia perfecta que todos creían y hasta envidiaban, aquello poco importaba, pero qué problemas podría traerle a Boruto el repentino rompimiento de esa idea , quizá no fuera la intención de la gente, pero el efecto de las habladurías sin duda llegaría a ellos de una u otra forma ¿la hostilidad se dirigiría hacia ella?, ¿hacia Naruto?, ¿hacia Boruto?, ¿qué clase de trato o situación les esperaba?
Por primera vez se sintió en los zapatos de Uchiha al ser señalado por toda la aldea como el último sobreviviente de un clan supuestamente maldito. Por un momento el pecho le dolió. Necesitaba mantener la calma ante todo lo advenedizo.

Acudir al llamado de su padre era el primer paso de todo lo que debía enfrentar de ahora en adelante. Era su familia y sabía que no sería juzgada pero ¿después de aquello qué pasaría? Tenía miedo. Al verse sumida en el dolor, no consideró o pensó un poco en lo que el hecho traería consigo, la escena dentro de la oficina le había dolido tanto que ni siquiera prestó atención a todos los testigos y las miradas indiscretas, y mucho menos se llegó a plantear lo que eso desataría en su vida y en toda la aldea de ahora en más.

Suspiró y se lamentó en silencio.

Al saber que Boruto se encontraba con su hermana y con Sasuke podía confiar en que darse ese momento frente a los jardines no podía ser tan malo. Se tomó unos minutos para asimilar mejor la situación, no lloraría ni se debilitaría en ese momento, ya no. No cuando personas tan importantes le brindaban su apoyo y especialmente él se estaba tomando tantas molestias con ella y su hijo; como acompañarlos a cualquier sitio, incluso ahuyentar a las miradas indiscretas de aquellos que no tenían reservas en señalarlos o hablar de ellos. Simplemente por la deuda que tenía con el hombre no podía permitirse ser débil, o dudar ante las palabras que eran ya prácticamente un hecho: "disolución de matrimonio".
Su faz se frunció con amargura, ella era una Hyuga, como tal enfrentaría la situación apropiadamente.
De vez en cuando sentía que necesitaba respirar, renovar el valor que creía perdido, aún se encontraba en medio de un proceso de aceptación; el hombre de cabellera negra le había ayudado a recuperar por sí misma, lentamente todo lo que la situación le había arrebatado.
Su compañía era enormemente cálida y un bastión enorme en su fuerza; verlo con aquel porte y estoicismo, hacía que ella quisiera ser tan fuerte como él, ser iguales y poder ser para él lo que era para ella, adquirir su gran fuerza para no sentirse indigna o avergonzada de estar a su lado. Sin notarlo, el ideal de valentía que tenía formado en su mente, definitivamente dejaba de ser rubio, para dar paso a una oscura y brillante cabellera azabache.

No supo cuánto tiempo permaneció pensando y dándose valor en silencio, para alejar a Boruto de aquel problema lo más que le fuera permitido, una infancia así… no era lo que deseaba para él. Se encontraba sentada al borde del pasillo que dirigía hacia uno de los jardines, debido a lo inmersa que estaba en sus pensamientos no notó la presencia del hombre tras ella hasta que él, al no recibir una respuesta, tocó su hombro.

Al girarse y mirar a uno de los protagonistas de sus pensamientos, sonrió inmediata e inconscientemente. Una bella sonrisa llena de dicha al tenerlo de frente surcó su rostro y pareció brillar con intensidad por encima de su estado de confusión y pesar.

El muchacho la apreció en silencio por unos segundos, antes de hablar.

—Parece que es hora de comer.

La voz aparentemente indiferente le causó una sensación extraña. Sentía cierto desconcierto al escucharlo así de distante con ella. La noche en que se despertó de su doloroso letargo, las palabras que le dio se habían quedado impregnadas en sus oídos, dulces como miel y suaves como seda, su tono de voz tan grave pero suavizado aún le daba escalofríos. En el fondo deseaba con intensidad que usara esa entonación tan bella todo el tiempo. A veces, en su convivencia diaria creía escucharlo nuevamente de sus labios, acariciaba con su dejo sus sensibles oídos y tras eso, sentía el gozo que aquello provocaba en todo su cuerpo, ese pensamiento la perturbaba, la incomodaba, toda la confianza que se venía gestando entre ellos en tan poco tiempo, no era algo natural o que se diera todo el tiempo. La situación lograba confundirla. Esa capacidad que tenían para comunicarse le turbaba de maneras que no sabía si quería definir. Era hasta cierto punto inquietante.

El recién llegado miró sus cambios de expresión, de tímida a graciosamente enfurruñada. Para él era un deleite poder ver en su faz todo aquello, pero el tiempo que tardó en reaccionar a sus palabras ya le estaba resonando. Levantando una ceja notó que la sonrisa con un dije de bobería se le fue, y en su lugar frunció el ceño gentilmente.

El acuerdo silencioso que habían tenido de que él no tenía por qué abandonar la casa, hizo que tomara deliberadamente esa estúpida excusa para pasar más tiempo a su lado. Primero era que ella no estaba totalmente recuperada, luego, que el entrenamiento de Boruto necesitaba supervisión estricta y constante, el pequeño rubio había sido cómplice total de esa tontería. Todos sabían que no se trataba de nada más que excusas, y todos hacían la vista gorda porque cada uno disfrutaba secreta y muy personalmente de ello.

Su convivencia se había extendido más de lo planeado, naturalmente, comenzó a leerla con toda facilidad. Después de la revelación que el hombre tuvo ante sus sentimientos, quería llegar hasta donde fuera posible, todo era tan complicado y confuso, sin embargo, no quería perderse de cuanto momento fuera posible al lado de la mujer y el niño. Por más cursi y fuera de lugar que estuviera. Por más vomitivo que aquello le pareciera incluso días antes, ahora era diferente. Como hombre adulto podría enfrentarlo y aceptarlo.

Ambos llevaban un buen rato sumidos en su cómodo y habitual silencio, volver a la realidad y ser conscientes de que los dos se estaban en medio de sus estúpidos intercambios mudos de expresión y encuentro de miradas, les hizo fruncir aún más el ceño mientras no paraban de observarse, era de lo más extraño aquello que hacían. Eso que llevaban haciendo apenas dos semanas parecía algo que hubieran compartido durante al menos diez vidas. Hinata soltó una pequeña carcajada mientras él torcía el gesto en algo parecido a una sonrisa y soltaba un bufido divertido. Hyuga quedó embelesada ante esa acción, dudaba que alguien en toda la tierra hubiera tenido el privilegio de ver lo más cercano a una risa en Sasuke, él, al notar el brillo en los ojos de la chica, no dudó en tomar su mano para ayudarla a levantarse, cosa que hizo gustosa. Sin parar de dirigirse miradas furtivas, inconscientes y discretas, ambos se dirigieron en silencio al gran salón tradicional donde comerían.


Nota

Poca cosa para lo que los dejé esperando, lo sé.

Por cuestiones de la vida dejé de escribir mucho tiempo, pero como les dije en el capítulo anterior, tengo planes de corregir los errores de la historia a la brevedad. Estoy trabajando en ello, créanme, no es mi intención alejarme de este mundo ni de mis historias. Me alegra volver, esperando que queden algunas personas por aquí que quieran seguir apoyando este pequeño intento.

He estado pensado en adaptarme a las nuevas generaciones jajaja tal vez incursionar en Wattpad con la historia ya corregida, no sé qué tan bien recibido sea allá, pero eventualmente quizá podrán encontrarme por ahí con mis proyectos retomados.

Espero que haya hecho feliz a alguien este inesperado regreso, si no queda nadie, también está bien, ¡todo cambia, después de todo! Cualquier duda, sugerencia, crítica o comentario es muy bien recibido. Gracias a todos los reviews que me han llegado pese al hiatus larguísimo que tomé.

Tendrá continuación lo más rápido que me permitan mis actividades, espero no tardar. Cuídense mucho, un abrazo cálido a todos.