Disclaimer: Todo lo referente al universo de Harry Potter es propiedad de J.K Rowling y Warner Bros. Yo solo los he utilizado a fin de entretenimiento personal y de aquellos lean esto, lo único que me pertenece es esta ficción.


Capitulo 3: El baile del ministerio (parte 1).


Se alisa el vestido por lo que parecía ser la millonésima vez, a su costado, «Jane» escucha a Hermione suspirar mientras observa como Ron le mira con curiosidad.

― ¿Cómo dijiste que te llamabas? ―. Pregunto el pelirrojo con la mirada fija en los ojos verdes.

― Ronald, no la atosigues ―. Bramo Hermione antes de que pudiera responder ―. Ya te dije que su nombre es Jane Evans y es prima de Harry.

― ¿Pero es que se me hace raro? ―. Refuto el otro ―. Harry nunca nos dijo que tuviera dos primos y menos una que fuera bruja.

Jane desvió la mirada un poco incomoda mientras sus dos amigos seguían discutiendo y le dejaban perderse en sus ideas. Hermione y él habían acordado no decirle nada a Ron sobre aquella situación, si bien, la castaña había insistido en que Ron podría ayudarles, Harry no estaba dispuesto a que nadie –y mucho menos su mejor amigo–, se enterara de aquello. Entre ambos, lograron crear una historia relativamente creíble para «Jane»; Proveniente de América, sería una prima lejana de Harry, pues la poción si bien había cambio notablemente sus rasgos, seguía siendo muy parecido a él mismo, por lo que fue necesario pensar una explicación. Solo habían tenido una dificultad que la poción no pudo quitar: su cicatriz. George y Hermione intentaron cuanto hechizo de Glamour les cruzo por la mente pero la famosa marca de rayo simplemente no quería ceder, aun con varias pociones para aquello, el vestigio de su verdadera identidad se negaba a dejar su frente. Solo fue cuando con todas las ideas acabadas que Hermione dio con la idea ganadora: Maquillaje. Harry no estuvo muy contento pero, todo fuera para que no le descubrieran.

La carroza en la que los tres viajaban al baile del ministerio –Por petición del mismo Ministro–, Se detuvo. Fuera de la puerta se escuchaba el bravío de la multitud emocionada, pues aquel baile estaba destinado a ayudar con fondos para los afectados por la guerra y muchas celebridades, héroes de guerra, políticos y empresarios destacados fueron invitados a la gala. Ron y Hermione dejaron de discutir al momento que la envejecida puerta del carruaje se abrió, dando lugar a centenares de flashes frente a sus ojos. Jane, parpadeo varias veces desorientado pues las luces le cegaban tanto o más que el Sol mirado fijamente. Ron fue el primero en descender hacia una alfombra roja junto de bajo de ellos, ofreciéndole su mano a Hermione. La castaña antes de aceptar, le dedico una mirada al ojiverde guiñándole el ojo en señal de camarería. Ambos una vez frente a la multitud, sonrieron ligeramente saludando a las personas quienes gritaban su nombre con incansables gritos de exaltación, a la par de los reporteros que luchaban por obtener un segundo de la atención por parte de la pareja heroica.

Aun en la carroza, Jane temblaba ligeramente, no que le diera miedo. ¡Merlín hace solo cinco años él lucho contra uno de los magos más peligrosos de la historia! Pero la sensación de vértigo en la boca de su estomago no era, realmente, algo que se sintiera capaz de ignorar. Considero seriamente la posibilidad de simplemente no salir y pasar la noche justo en aquel sitio. Sonrió, ¡Eso haría! Satisfecha con su plan, incapaz de contener una sonrisa de victoria no noto como el cochero le extendía la mano y amablemente le pedía que bajara, pues el conductor tras él estaba cansado de esperar.

―Señorita. Por favor, debe bajar del coche o podría meterme en un serio problema.

Jane, finalmente le miro. Sintió remordimiento por aquel regordete señor, no debía tener menos de sesenta años. Su rostro denotaba cansancio, preocupación y algo más que no fue capaz de identificar. Se mordió el labio inferior. No quería que el cochero tuviera problemas pero tampoco quería bajar ―, ¿No hay manera de que me vaya con usted? Realmente, no deseo entrar ―. Pregunto, aun sin lograr acostumbrarse del todo a aquella voz aguda.

―Señorita, no puedo hacer eso porque…

― ¿Se puede saber que tanto tardan? ―. Una voz profunda y ligeramente siseante interrumpió al cochero.

― Se…Señor Malfoy ― Exclamo el cochero sin poder evitar el tartamudeo ―, Lo… Lo siento, la Señorita no desea bajar del carruaje y no puedo irme con ella allí.

Draco contuvo un resoplido de desdén con aparente facilidad y miro dentro del carruaje ―. Señorita si fuera tan amable de bajar, muchas personas deseamos entrar y no querrá que este… Caballero, pierda su empleo ¿O sí?

Indignada por la obvia amenaza, Jane llevo su mirada hacia Malfoy para solo quedar embobado por la imagen; Draco estaba elegantemente vestido con una túnica negra con sutiles detalles en plateado que resaltaban sus ojos y el tono pálido de su piel. Él pelinegro sacudió la cabeza para concentrarse, odiaba que Malfoy tuviera ese efecto sobre él desde… ¡Sabrá Merlín cuando! El punto es que era raro y no le gustaba ―. No lo harías ―. Murmura con los labios apretados, ganando una sonrisa maliciosa por parte del otro. A ese punto su instinto de héroe actúo, no podía dejar a un pobre hombre sin empleo por no querer bajar y mucho menos por culpa de Draco. De mala gana acepto, notando perpleja que el rubio extendía su mano para ayudarle.

― No muerdo señorita ―. Alego el rubio por primera vez, casi parecía… Amable.

Jane por primera vez agradeció que el interior de la carroza estuviera a oscuras, pues un muy sutil sonrojo podría percibirse en sus mejillas. Casi resignado, acepto la mano del otro y con cuidado –pues tenía miedo de morir a causa de los tacones–, Bajo del carruaje notando casi de inmediato el abrupto silencio. Con los nervios a flor de piel, desvió la mirada a todos los presentes; la multitud que antes gritaba ahora murmuraba y le señalaba como si fuera un bicho raro, lo reporteros susurraban cosas a las vuela plumas mientras los fotógrafos parecían tomar más fotos que antes. Bajo la mirada casi extrañando sus anteojos, observo aquel vestido de gala rojo escarlata donde resaltaban varios de sus mechones de su ahora largo pero siempre rebelde cabello. Mordió su labio con fuerza, el silencio era ensordecedor y con las miradas fijas a su persona temía terminar temblando como si estuviera delante de un dementor. Sin siquiera detenerse a mirar a ninguno de los hombres junto a él, tomo la parte delantera de su vestido y huyo hacia el interior del edificio, deseando nunca haber salido de aquella carroza, dejando a un apenado chofer y a un sorprendido e interesado Malfoy en el comienzo de la alfombra.


Una hora después de aquel desastroso momento, Jane finalmente pudo sentirse en calma. Había pasado todo ese tiempo encerrado en un armario de escobas –Para quien diga que las viejas costumbres no tienen saña–, luchando por calmar los nervios y el retumbar incesante de su pecho. La ojiverde saco cauteloso la cabeza examinando el perímetro, todo parecía despejado. Repentinamente aliviada sale de su escondite, acercándose cautelosamente al salón donde se encontraban todos los invitados; Era un área espaciosa ligeramente iluminada por velas en elaboradas arañas de cristal, una banda ubicada al fondo de la sala, tocaba una suave melodía que invitaba a la nostalgia. Jane sonrió ligeramente, podía imaginarse perfectamente a sus amigos bailando aquella tonada en honor a todo lo que pasaron juntos. Al terminar la canción el salón entero aplaudió a la banda quienes luego de una ligera reverencia anunciaron al Ministro de magia.

El ministro subió al escenario mientras nuevos aplausos resonaron en la sala, con un simple movimiento de mano pidió silencio a los asistentes ―. Bienvenidos sean todos al acto de beneficencia anual «Patronus» en favor para los afectados por la guerra ―, unos pocos aplausos se escucharon ―. Este baile se creó con el fin de no solo ayudar a todos aquellos magos y brujas perjudicados por la catástrofe que asolo a nuestro mundo tras la guerra, también busca permitir la integración mágica a todos los sectores, donde debemos recordar la lección más grande que nos ha enseñado la historia: Solo la unión nos hará fuertes contra la adversidad. Dicho eso… ―, El Ministro eleva sus manos y con un estruendoso aplauso las velas destellan casi como si fueran estrellas fugaces en el cielo nocturno, maravillando a todos los presentes ―. Que comience el baile.

Los asistentes comenzaron a levantarse de las pequeñas mesas redondas donde habían sido colocados tomados de la mano con sus respectivas parejas. Jane observaba entre maravillada e incómoda la escena. La remembranza de aquel lejano baile de navidad asomaba en su mente, cuando sorpresivamente, una mano se posiciona sobre su hombre, casi por acto de reflejo, estuvo a punto de sacar su varita pero la voz de la persona a su lado le detuvo.

― ¿Dónde has estado? ―. La mirada crispada de Hermione le indicaba claramente su enojo ―, Pase al menos una hora entera buscándote, ¿Acaso estas consciente de lo preocupada que estuve por ti?

― Yo... Bueno… ―. La Gryffindor tartamudeó un poco asustada por la reacción de su amiga, Sin duda, fue una pésima idea hacerla enojar.

Hermione frunció notoriamente el ceño y coloco las manos en su cintura observándole con severidad, que bien podría superar a la mirada de la profesora McGonagall ―. ¡Jane Evans me vas a decir ahora mismo que hiciste! ―. Jane tembló sutilmente ante la exigencia, debatiéndose quien le daba más miedo: Hermione enojada o McGonagall.

― Nada, lo juro… Es que me tope con… Malfoy en la entrada y…―, La castaña abrió los ojos con sorpresa parpadeando un par de veces, eso a su «amiga» le preocupo y asusto en partes iguales. Cuando iba a preguntarle que sucedía una tercera voz intervino en la conversación.

― ¿Hermione? ¿Eres tú?

― ¡Theodore! ―, Exclamo la castaña girándose al joven que le sonría sutilmente ―. Pensé que no vendrías, ya que dijiste tener un compromiso.

El castaño simplemente se encogió de hombros restándole importancia. Desvío su atención a Jane quien parecía querer encogerse detrás de Hermione ―. Parece que he sido un grosero, no había notado a esta bella dama que te hacia compañía ―, dio un paso acercándose a la morena y tomando su mano para besarla ― Mucho gusto Señorita. Mi nombre es Theodore Nott, trabajo junto a Hermione en el Ministerio… ― Eleva la mirada de la mano conectando sus ojos a los de ella ―. ¿Me daría el placer de conocer su nombre?

El rostro de Jane se torno de un color muy similar al color de un tomate. Envió una mirada aterrada a Hermione quien simplemente sonrío y le giño el ojo con picardía, en ese momento supo que estaba solo ―. Me… Me llamo Jane Evans ―, Aparto la mano rápidamente, no quería ser descortés pero le daba un escalofrió de incomodidad aquella mirada que le dedicaba Nott.

Theodore por su lado, sonrío, encantado ante la inocencia de la joven ―. Encantado de conocerla. Y dígame ¿Quién sería tan tonto como para dejar sola a alguien tan encantadora como usted?

Jane queda lívida ante aquel tono. ¿Le estaba coqueteando? ¡Claro que le estaba coqueteando! Ni ella era tan despistada como para no notar aquello. Retrocedió instintivamente un paso queriendo poner la mayor distancia entre él y esa mirada depredadora ―. Es que yo… Pues…

― Vaya, pero que belleza tenemos aquí ―. Hablo una voz a las espaldas de Jane.

― McLaggen… ―. Siseo con un sutil desagrado Theodore.

El mencionado sonrió de manera arrogante, algo que siempre choco a Jane desde que estuvieron en Hogwarts e intento «conquistar» a su amiga. Inconscientemente, la joven pelinegra frunció el ceño.

―Vaya, parece que el ministerio hace caridad hasta dentro de sus puertas ― La sonrisa de Cormac se extiende dándole un aspecto burlón y despectivo ―, ¿Después de todo, que otra explicación habría para invitar a un parita…? ― Jane aprieta los puños hasta que sus nudillos quedan blancos, las ganas de golpear a ese imbécil le estaban superando ―. Oye encanto ¿No preferirías tener una compañía más… ―La mirada del otro se desvía a ella, recorriéndole con una expresión claramente sugestiva― Agradable?

Jane, Theodore y Hermione fulminaron al rubio con la mirada. Al parecer el trió pensaba una «Agradable» manera de cerrarle la boca. McLaggen era muy tonto o simplemente le faltaba cerebro, pues pareció ni notar la molestia en el ambiente.

― Tomare tu silencio como un sí, muñeca ― Dijo tomando a jane del brazo ―, te enseñare lo que es la buena compañía.

Harta de todo y retomando su papel de Auror por un momento, le dio un gran pisotón al tarado ex Gryffindor que chillo a causa del dolor. Varias personas se giraron en su dirección atraídas por el ruido. Hermione contenía apenas una buena carcajada cubriendo su boca con la mano, mientras Nott mantenía una expresión estoica en su rostro, pero Jane logro notar un brillo entremezclado de diversión y malicia.

― ¡Oh lo siento tanto ― dijo con falso pesar ―, soy una torpe! Lo mejor será que se siente, no queremos negar su agradable compañía al resto de invitados ―. Agrego conteniendo el impulso voltear los ojos por el enfado.

Cormac miro a la joven con los labios ligeramente fruncidos y asintió, para alivio del trío, no agrego nada más. Jane miro sonriente como el hombre se alejaba con poca y ninguna clase, gimoteando por lo bajo hasta su mesa.

― Debo admitir ― Hablo Nott rompiendo el silencio ―, que usted señorita tiene mucho estilo para alejar a un desperdicio de aire.

La pelinegra le dedico una sonrisa al joven. Realmente comenzaba a agradarle ―. No es que me agrade hacer esas cosas, pero ― La sonrisa fue acompañada de un pequeño fruncimiento de ceño ― Me niego a permitir que alguien insulte o denigre a otro por algo que paso cuando todos solo eran unos adolecentes.

Theodore abrió los ojos ligeramente con sorpresa, recomponiéndose apenas un segundo después a su acostumbrada pose tranquila e imperturbable ―. Ya veo porque eres amiga de Hermione ― Mira un segundo a la castaña y regresa su mirada a Jane. Alza su mano con una mirada expectante ―. ¿Me concedería esta pieza?

La ojiverde alza las cejas ante la inesperada invitación. Hermione a un costado, le da un pequeño empujón animándole a aceptar. Eso es suficiente para Jane. ¿Qué era lo peor que podía pasar? Nott parecía agradable y era amigo de Hermione, sin mencionar el ligero sonrojo que se empeño en aparecer en sus parcialmente bronceadas mejillas ―. Sería un placer ― Toma la mano ―, Joven Nott.

―Theodore ― Corrige ―, Llámame Theodore.

Jane asiente dejándose guiar a la pista de baile.


Desde el otro lado del elegante salón, Blaise Zabini centellaba en curiosidad por la actitud de su amigo. Si bien Draco era un maestro en ocultar sus emociones, y más aun, sus pensamientos; Blaise, sin querer sonar pretencioso, podría decirse que era el único capaz de discernir la verdad entre aquella mascara de hielo que era el rostro del rubio. Siempre había sido así, desde niños, pues en esa época solo se tuvieron uno al otro y al crecer… En la guerra, solo pudieron confiar en ellos dos. Por ello, la incesante búsqueda visual de su amigo por todo el salón, se le hacía tan curiosa… Parecía exaltado, quizá, hasta ansioso.

― ¿Qué pasa? ¿Acaso viste al objeto de tus deseos? ―. Susurra juguetón al odio del rubio, riendo internamente al ver que este tiene un casi imperceptible sobresalto. ― ¿Debo tomar eso como un sí? ―. Draco le fulmino con la mirada, recibiendo solo una mirada divertida por parte de Blaise ―. Vamos Dragón, no me mires así…

Draco puso los ojos en blanco ―. Estoy ocupado Blaise, no fastidies.

― Ocupado buscando a Potter… ― Murmura fingiendo celos.

― Ocupado pensando cual maldición sería mejor para evitar que procrees en un futuro.

― ¡Oye! No te metas con los Blaisitos, se supone que serias su padrino… ― Hace un puchereo con los labios. Iba a agregar algo pero una pareja en medio del salón llamo su atención poderosamente ― ¿Oye, ese no es Theodore? ―. Theodore Nott había sido compañero de ambos en Slytherin, si bien lo trataban y en algún momento era participe de su grupo, el chico siempre fue my reservado hasta el punto en que se le consideraba un solitario, por lo general, recordaban como el castaño se apartaba del resto de los Slytherin para simplemente ir a leer en la biblioteca o ir a algún lado que generalmente, ninguno del grupo se molestaba en averiguar. Fue un poco sorpresivo verlo en aquella fiesta, sobre todo si tomaban en cuenta a la preciosa mujer que escoltaba al centro de la pista para comenzar a bailar al son de un movido vals ―. Más importante aun… ¿Quién es esa belleza que baila con él?

El par de ojos, similares al mercurio fijaron su vista a la pareja. Draco no supo porque, pero algo en esa chica le removió en su interior; como solo una persona en el mundo lo había logrado… Hasta ahora. Una sonrisa ladina se dibujo en los aristocráticos labios del antiguo príncipe de hielo, solo eso basto para que Blaise supiera que su estimado amigo y hermano tenía un plan… Un plan que incluía a esa extraña chica.

― Esa chica, va a ser mía.

El moreno rio por lo bajo y asintió. Sería divertido ver a Draco conquistando a una chica que, curiosamente, parecía la gemela perdida de Potter.


¡Hola! Gracias por leer este nuevo capítulo.

¿Creen que Draco consiga su objetivo?

¡Dilo en los review! Siempre son bien recibidos y motivan a continuar la historia.