Disclaimer: Los personajes y el universo le pertenecen a Adam Horowitz, Edward Kitsis y a ABC.


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Prólogo


Storybrooke

El Presente

"— ¿Qué clase de hombre quieres ser?"

Regina preguntándole eso, ¿era posible? ¿Qué clase de hombre quería ser Killian Jones? ¿El hombre enloquecido por la venganza? ¿O el hombre que daría todo por el Amor, aquel que iría hasta el fin del mundo sólo por su Swan?

Garfio recordó a ese hombre cobarde que le dio la vida, y esas mismas palabras, en su mente resonó el día en el que decidió ser mucho mejor que ese hombre al que alguna vez llegó a llamar "Padre".

—Llegó la hora —pronunciaba Nimue.

— ¡No! ¡No dejaré que te lleves a las personas que amo! —exclamaba la antigua Salvadora acercándose al primer Ser Oscuro.

Nimue detuvo a Emma con sus poderes y comenzó a asfixiarla sin preocuparle nada.

—Tal vez no sea capaz de matarte, pero puedo contenerte para que no interfieras —confesaba Nimue levantando su mano hacia Emma.

Los Héroes miraban la escena sin poder hacer nada, mientras que Killian observaba sufrir a su Amor Verdadero y se dio cuenta de todo el mal que estaba ocasionando. Este no era el hombre que él quería ser, no quería ser el Ser Oscuro. Ya no más.

— ¡Es suficiente! —exclamaba Killian, dirigiendo su mirada a Nimue.

— ¿Qué se supone que estás haciendo? —inquiría la mujer mirando al viejo Capitán.

—Siendo el hombre que quiero ser —respondía él con gallardía.

—No puedes detenernos —aseguraba Nimue.

—Sí, sí puedo.

Killian cerró los ojos, levantó a Excálibur y comenzó a absorber toda la Oscuridad dentro de ella. Sabía que era el momento de pagar por sus errores, estaba dispuesto a entregar su vida a cambio de salvar a aquellas personas que se habían convertido en su Familia y salvar a su Único Amor Verdadero, sin saber que ella tenía otros planes.

De repente, sintió una mano cálida que conocía perfectamente, y se aterró al entender que esa mano no sujetaba su Garfio, su hombro o alguna otra parte de su cuerpo, sino que esa mano que lo acarició millones de veces en el pasado, sostenía a Excálibur con él y el cuerpo de su amada lo sujetaba con fuerza por la espalda.

— ¡Swan! ¡¿Qué demonios estás haciendo?! —espetaba Killian con desesperación.

— ¡Ni creas que te dejaré hacer esto! —rebatía Emma a viva voz.

— ¡No! ¡No lo hagas! Esto lo causé yo, ¡yo traje a Nimue y a los demás Seres Oscuros! ¡Suelta la maldita Espada! —suplicaba Garfio.

— ¡Ambos tenemos la culpa de todo esto! —exclamaba Emma con lágrimas en los ojos— ¡No quiero perderte!

— ¡Ni yo quiero perderte, Swan! Pero, tu Familia te necesita.

— ¡Y yo te necesito! Por más que trates de convencerme no soltaré la Espada —aseguraba Emma mientras él trataba de quitársela de encima—. Hace seis semanas, me dijiste que juntos encontraríamos una manera de destruir la Oscuridad, y es ésta.

— ¡Emma! —gritaba Snow.

—Lo lamento, pero no puedo dejar que ustedes paguen por mi error. Muy en el fondo, saben que tengo razón. Así que, por favor, prométanme que seguirán adelante, encontrarán la felicidad y ayudarán a Henry a convertirse en el mejor hombre que puede ser. Eso es suficiente para mí. Morir sabiendo que la Familia que siempre quise está a salvo. Los amaré por siempre.

— ¡No te vayas, Emma! —chillaba Mary Margaret, dejándose caer al suelo, cuando Charming trataba de sostenerla.

—Lo siento, pero tengo que hacerlo —respondía Emma con una sonrisa triste.

— ¡Mamá! —vociferaba Henry aún entre Regina y Robín.

—Lo lamento, chico. De verdad. ¡Cuida a tu tío por mí! Eres un buen niño, no podría estar más orgullosa de ti, Henry. Tu padre también lo estaría. ¡Te Amo, Henry!

Tras esa última despedida, ella y Killian absorbieron la Oscuridad restante, así, Excálibur se volvió completamente negra y no dejaba de zumbar.

Sin soltar la Espada, Killian y Emma se giraron y miraron a su Familia.

— ¡Regina! —gritaba Emma.

— ¡Hazlo! —agregaba Killian— Apresúrate, la Oscuridad sólo quedará atrapada en Excálibur si alguien la sostiene.

—Yo... —comenzaba Regina derramando unas lágrimas.

—Te lo pido —exclamaba Emma—. Sólo tú puedes hacerlo. Henry tenía razón; tú serás la nueva Salvadora desde ahora. Entonces, ¡salva a esta Ciudad de la Oscuridad!

Regina se acercó tímidamente y tomó a Excálibur con todas sus fuerzas. Una vez con la Espada ella retrocedió, y Emma se giró para tener a Killian frente a ella sin soltar su mano.

—Te Amo —exclamaba Emma antes de darle el último beso.

—Y yo a ti —respondió Killian al terminar—. ¡Regina! Estamos listos.

—Lo siento, Killian, Emma. Perdónennos por no poder salvarlos.

—Nos están salvando, de eso no hay duda —exclamaba Emma.

Regina se armó de valor y atravesó a ambos Seres Oscuros con aquella infernal Espada que sólo había causado problemas desde su creación. Ambos soltaron un grito de dolor al sentir que su cuerpo era atacado. Emma abrazó a Killian y cerraron los ojos.

Regina sacó la Espada con rapidez y Excálibur se desintegró. Ellos caían lentamente en el suelo y Emma había vuelto a la normalidad. Mary Margaret y David corrieron para sostenerlos y verlos irse sin poder hacer nada.

Robín abrazó a Regina quien no dejaba de llorar, Snow abrazaba el rostro de su hija y David sostenía a su "viejo" amigo en su regazo. Henry caminó lentamente y puso sus manos en medio de la de su madre y de Killian, quien se había convertido en su amigo y le traía tantos recuerdos de Neal.

Y ahí estaban los Héroes, despidiendo a aquellas personas que habían dado su vida para salvarlos de su fatídico Final, dándoles la oportunidad de encontrar de nuevo la Felicidad, aunque ellos no estuvieran presentes para verla.

Un par de camillas se llevaban los cuerpos cubiertos de Killian Jones y Emma Swan, quienes inexplicablemente estaban tomados de la mano.

Los Héroes habían ganado la batalla contra la Oscuridad y Mary Margaret tuvo razón; Ellos ganaron, pero ahora, tanto Emma como Killian, habían perdido.

Fin del Prólogo