XVI

Epílogo


Hogar de la Familia Swan-Jones

Cinco Años Después

La noche era una de las más frías que había experimentado en sus casi cinco años de vida, y no contando con eso, caía una de las peores tormentas del año. Los relámpagos se divisaban entre las cortinas de su habitación, y el ruido de los truenos lo hacían asustarse cada vez más.

El pequeño se escondió entre sus sábanas y el cobertor, anhelando suplicantemente que el ruido cesara, pero la naturaleza no iba a cooperar con él esta vez. Un relámpago seguido de un trueno que cayó cerca de su hogar lograron hacerlo estallar en llanto, estaba completamente aterrorizado.

— ¡Mamá! ¡Papá! —gritaba el niño saliendo de su refugio— ¡Mamá!

Nadie respondía, no lo escuchaban, a pesar de que la habitación de sus padres se encontraba justo frente a la suya, parecía que el ruido del exterior ensordecía sus gritos, dejándolo solo, a merced de las criaturas de la noche.

Otro relámpago lo hizo saltar de su cama como si tuviera un resorte integrado, esa no era una lluvia normal, algo pasaba, pero no quería averiguarlo. Más asustado que, hace unos instantes, se levantó del suelo, y emprendió el camino hasta la entrada de su habitación. Tomó su banquillo, lo puso frente a la puerta, se subió en él, y trató desesperadamente de abrirla con sus manitas.

De pronto, el picaporte se movía por sí solo, el niño bajó del banco, y retrocedió unos cuantos pasos. La puerta se abría lentamente, y una persona muy larga aparecía con una linterna en la mano.

— ¿Qué haces ahí? —preguntaba el ahora joven de veinte años.

El niño no dijo nada, no reconocía al dueño de aquella voz, la falta de luz y el terror interno gracias a la Tormenta lo tenían bloqueado, lo miró fijamente a los ojos, y por nerviosismo, comenzó a morderse el labio inferior.

—Si estoy en lo correcto, algo me dice que no me reconoces, ¿verdad? —concluía el chico—. Soy yo. Henry.

Henry cambió la posición su linterna e hizo que la luz dejara ver su rostro lo mejor que podía. El niño continuaba mirándolo, tratando de identificarlo. No fue sino hasta que el primogénito de la Salvadora sonrió alegremente que el niño logró dar con él, por así decirlo.

— ¡Hendy! —chillaba el niño al abrazarlo cuando él se puso a su nivel.

— ¿Te asustan los relámpagos? —cuestionaba el Autor.

—Chi —respondía levemente el niño—. Tengo mucho miedo.

—Sólo son relámpagos —decía Henry—. No hay nada que temer.

—Suenan muy duro —replicaba su hermanito.

—No te harán daño.

— ¿Cómo lo sabes? —preguntaba el niño inocentemente.

—Porque… —comenzaba Henry mirando el techo— Esos relámpagos sólo dañan a los malos que están allá afuera.

— ¿De vedás? —indagaba el pequeño muy asombrado.

—Así es —afirmaba su hermano mayor—. Los relámpagos los manda el mismísimo Zeus, el Rey de los Dioses, así la Familia puede combatir a los malos.

— ¿Mamá y papá están pedeando afueda? —volvía a preguntar el niño.

—Y el Abuelo David, la Abuela Snow, y tus Tíos Regina y Robín, todos están luchando para protegerte.

— ¿Y pod qué Zeus los ayuda?

—Pues porque, mamá y papá Killian hace muchos años salvaron el día, y como recompensa, Zeus los ayuda cada que puede.

— ¿Qué hiciedon?

—Ven —exclamaba Henry acostándose en la cama y dando palmaditas al colchón para que su hermanito subiera—. Te contaré la leyenda de Hades y el Hechizo de Amor Verdadero.


Central Eléctrica de Storybrooke

Ese Mismo Instante

—Bien —comenzaba Emma mirando a Killian—, creo que es una fortuna que hayamos estado tan cerca de aquí cuando la electricidad se cortó.

— ¿Y qué haremos? —indagaba Garfio mirando el Edificio— ¿Vas a usar tu Magia para restablecer la energía? ¿O lo harás de la forma antigua?

—Todavía no me siento bien, Killian —replicaba Emma tocando su estómago.

—Espero que tu malestar sea por lo que nos estamos imaginando, y no por otra cosa —anhelaba Killian mirándola con preocupación—. Creo que debimos ir a la Farmacia de Sneezy antes de venir.

—No hay electricidad, de nada habría serv… —contestaba la Salvadora tapando su boca— dame un minuto.

Emma salió disparada hasta una jardinera que estaba a un lado de la entrada del Edificio, y tratando de que nadie la viera, comenzó a vomitar lo poco que traía en su sistema, pero, ¿quién iba a verla en medio de una tormenta torrencial?

Killian la miraba preocupado desde lejos, no sabía cómo hacer que su esposa se sintiera mejor. Estaba por aproximarse a ella, cuando el auto de la Alcaldesa se estacionó frente a ellos.

— ¿Qué hacen en medio de la lluvia? —preguntaba Regina saliendo del auto con sombrilla en mano.

—Íbamos a la Farmacia cuando ocurrió el apagón. Emma no quiso esperar más, y llegamos aquí para hacer que la electricidad vuelva.

— ¿Por qué se están mojando? —pedía saber Robín caminando con Regina.

—Se suponía que no nos tardaríamos.

— ¿Y Henry? —exclamaba la ex Reina Malvada.

—Está cuidando a Aidan —respondía Killian volteando a ver a Emma.

— ¿Ella está bien? —volvía a preguntar Robín.

—Sí —respondía Emma tomando a su esposo del brazo—. Creo que sí lo estoy.

— ¿Segura? —preguntaba Regina— Deberías ir a ver a Whale, no luces muy bien.

— ¿Tan mal me veo? —cuestionaba la Salvadora posando su mano encima de sus ojos.

—Estás pálida —respondía el Forajido rápidamente.

—Ha estado así toda la tarde —afirmaba Garfio abrazándola.

—Bueno, será mejor que hagamos que la energía vuelva, para que puedas ir a la Farmacia —exclamaba Regina—, pero, yo te recomendaría ir de inmediato con Víctor.

—Lo haré, gracias por preocuparte, Regina, pero, creo tener una idea de lo que está sucediendo —agradecía Emma correspondiendo en el abrazo de su amado.

Regina la miró a Swan detenidamente, y ya por experiencia propia, dedujo lo que le pasaba a su amiga.

—Somos amigas, ¿o no? —aseguraba la mujer— Bien, entremos, porque, si ustedes dos se siguen mojando será mucho peor.

Abrió la puerta y todos ingresaron, una vez ahí, Regina usó su Magia e hizo que tanto Emma como Killian tuvieran ropa térmica seca, tratando de que su temperatura volviera a la normalidad y evitarles un resfriado. Luego de eso, con un simple pase de su mano la energía eléctrica volvió, pero con poca intensidad.

—Hasta que la Tormenta pase, no puedo restaurar completamente las cosas —explicaba Regina.

Emma y Garfio asintieron, y salieron abrazados de la central eléctrica.

—Esperen —pedía la madre adoptiva de Henry—. Tengan esto.

La Alcaldesa les dio su sombrilla para que se protegieran de la lluvia que comenzaba a aminorar un poco.

—No les di ropa seca para se volvieran a mojar bajo la lluvia.

—Gracias, Regina —pronunciaba Emma—. Mañana te la devolveré.

Salieron del lugar, y caminaron lo más que pudieron hasta la Farmacia, para comprar lo que necesitaban desde hace quince minutos. Entraron, dejaron la sombrilla en un balde que Sneezy tenía cerca de la puerta.

— ¿En qué puedo…? —comenzaba el enano estornudando— ¿Ayud…?

Emma no le hizo ningún caso, corrió hasta el pasillo que contenía lo que desesperadamente habían salido a buscar; las pruebas de embarazo. Una vez en su poder, ella la pagó y regresaron a su hogar.

Fueron directamente a cocina, para que Emma tomara suficientes líquidos para poder usar la prueba correctamente, pasó un rato que se sintió eterno hasta que ella entró al baño y Killian la esperó afuera.

— ¿Estás completamente segura de esto, Amor?

—No hay otra explicación —respondía ella desde el interior—, me he sentido así desde hace unos días, y no se lo atribuyo a la comida de la Abuelita.

— ¿Te lo imaginas? —comenzaba Killian con emoción en su voz— Tú y yo, padres otra vez. Otro integrante en la Familia, ¿Y si es niño de nuevo? Aidan tendría con quien jugar además de Neal y Roland.

— ¿Podría ser niña, Garfio? —replicaba Emma imaginándose a su futuro bebé—. Ya hay demasiados niños en esta Familia. Además, Marian y Victoria necesitan alguien con quien jugar más que mi hermano, Roland y nuestro Aidan.

— ¿Eso que escucho salir de tu boca es cierto? —indagaba Killian— ¿Estás tan emocionada como yo?

—Claro que lo estoy —respondía Emma abriendo la puerta, y obligándolo a entrar con ella al baño—. ¿Por qué no lo estaría?

—No lo sé, es que, recordaba el día que descubriste a nuestro piratita dentro de ti —expresaba Garfio abrazando a Emma quien tenía la prueba en las manos.

—Fue algo raro, una mezcla enorme de emociones —recordaba la Salvadora—. Ese día con el anuncio y las Arpías, fue un día épico, si me permites decirlo.

—Nunca olvidaré ese día tan especial —aseguraba Killian sonriendo—. Ese Liam.


Cripta de Regina

Cinco Años Antes

Tres meses habían pasado desde uno de los acontecimientos más grandes de Storybrooke en los últimos años, todo estaba en paz y quietud en la Ciudad, las cosas iban grandioso para todos, sobretodo, para la Alcaldesa y su Amor Verdadero.

El Forajido no quiso esperar a que otra Furia se lo llevara de vuelta al Inframundo o que otro pariente loco de su chica llegara para arruinarlo todo, así que un día, sin más, se armó de valor, y le pidió matrimonio a su Reina, para ser formalmente la Familia que ya eran, Robín quería crear su propia historia con Regina, y ella quería lo mismo desde el fondo de su Corazón.

Una cena en el Restaurante de la Ciudad fue el momento perfecto para que esa propuesta tuviera lugar, la Felicidad envolvía no sólo a la pareja, sino a toda la Familia el día en que se los hicieron saber. Ya era por fin el tiempo en que los Finales Felices tuvieran lugar para los habitantes de Storybrooke, y la Salvadora lo sabía mejor que nadie.

Emma estaba absolutamente feliz por la noticia, primero que nada, porque Regina era una buena amiga para ella en ese momento, es más, ella juraría que la madre adoptiva de su hijo se había convertido en la mejor amiga que Lily no pudo ser. Y, en segundo lugar, puesto que ella le prometió hace más de dos años que le ayudaría a alcanzar su Final Feliz, su labor no había terminado.

—No creo que esto vaya a funcionar —exclamaba Regina sentándose en una silla cercana.

—Tiene que —refutaba Emma tallando sus ojos con las manos—. Esto va a funcionar.

—Admítelo ya, Swan —contestaba Regina—. Lo que hice es permanente.

—Me niego a creer eso —confesaba la Salvadora.

—Ya no hay nada que podamos hacer, además, eso no me molesta, sabes que amo a Roland y a Marian. Son mis hijos, igual que Henry, aunque no los haya concebido.

A pesar de lo que decía, el rostro de Regina demostraba total amargura. Tenía razón, amaba a sus hijos más que a otra cosa en el mundo, pero, uno de sus deseos frustrados alojado en el fondo de su Corazón, era poder darle a su Amor Verdadero un pequeño y Mágico regalo.

—Podrás convencer a los demás con tus palabras, Regina, pero sabes perfectamente que a mí no —exclamaba Emma con seguridad—. Siempre sé cuándo mientes, y lo estás haciendo ahora.

— ¡¿Y qué diablos quieres que haga?! —espetaba Regina levantándose y caminando rumbo hacia su espejo—. Hemos probado de todo desde anoche, y nada sirve.

—Es por que no estás poniendo toda tu fe en esto —recalcaba la Salvadora—. Si dejaras de ser tan negativa y te concentraras, lograríamos algo fructífero.

—No creo que ni con la Combinación de nuestras Fuerzas podamos hacer que una maldita Poción funcione —alegaba Regina bajando la vista.

— ¿Bromeas? —cuestionaba Emma— Juntas sellamos a Hades en una tonta roca en el Inframundo, las Arpías lo dijeron; no hay Combinación Mágica más Poderosa que esa.

—Sí —respondía Regina rápidamente—, pero olvidas que en ese entonces tú estabas Muerta. Ellas dijeron que esa Combinación era rara y Poderosa porque provenía de la Magia de un Vivo y un Muerto.

—Por favor, Mills —decía Emma levantándose—. Ambas derrotamos a Zelena, regresamos más Fuertes del Inframundo. Las dos vamos a revertir la Maldición que pusiste sobre ti, y tendrás lo que tanto des…

Emma se levantó rápida y bruscamente momentos antes, y comenzó a sentir un ligero mareo, como acto reflejo, guardó silencio, cerró los ojos, y puso su mano frente a ellos.

— ¿Emma? —preguntaba Regina— ¿Estás bien?

—S-Sí —contestaba Emma abriendo los ojos—. Me levanté muy rápido, es todo.

—Deberíamos pedir algo de comer —sugería la Alcaldesa sacando su teléfono móvil—. Es probable que haya sido por eso.

Emma asintió en silencio, y un sonido las alertó, era Mary Margaret bajando hasta el interior de la Cripta de su Madrastra. Regina caminó rápidamente y se puso al lado de su amiga tratando de tapar los ingredientes que tenían en la mesa.

—Tranquilas —exclamaba Snow—. Robín no tiene ninguna idea, aún.

Las dos la miraron sorprendidas cuando dijo esas palabras, ¿acaso era tan obvio?

— ¿De qué hablas, mamá? —indagaba Emma.

—Se les nota en los ojos, David y yo nos dimos cuenta de lo que iban a hacer desde la cena —respondía Mary—. Y me parece algo lindo que quieras ayudar a Regina, Emma.

—Se lo debo —reconocía su hija.

— ¿Y hay avances?

—No —negaba la ex Reina Malvada cerrando un libro—. Nada. A estas alturas, sólo un milagro podría ayudarnos.

— ¿Por qué tanta premura? —pedía saber Snow.

—Porque a cada minuto que pasa, se acortan mis posibilidades —declaraba Regina.

—Tiene que existir alguna forma de contrarrestar una Maldición así —aseguraba Emma.

—La había —exclamaba Snow—. En Nuestro Mundo, en el Lago Nostos, ¿lo recuerdan? Podía recuperar lo perdido, el agua del Lago me ayudó a romper la Maldición que George puso en mí.

—Recuperar lo perdido… ¡eso es! —exclamaba Emma— El agua del Pozo, también puede recobrar lo que has perdido, August me lo dijo.

— ¿Y qué sugieres? ¿Ir hasta el pozo y terminar la Poción ahí? —cuestionaba Regina.

—Es precisamente lo que vamos a hacer.

La Salvadora salió de la Cripta y se dirigió al Pozo que no estaba muy lejos de ahí. La ansiedad y emoción, la hicieron apresurar el paso, mientras Snow y Regina la seguían de cerca, tratando de alcanzarla.

Una vez ahí, ella jaló la cuerda hasta que el cubo logró salir del Pozo con un poco de agua en su interior.

—Listo —respondía Emma algo agitada—. Ya podemos seguir.

—Tómalo con calma, Swan —recomendaba Regina—. Parece como si ese cubo pesara más de diez kilos.

— ¿Estás bien, Emma? —preguntaba su madre.

—Sí —respondía la Salvadora una vez más—. Es que todavía no hemos comido nada desde la cena.

—En ese caso —comenzaba Mary Margaret tomando a su hija por los hombros—. Deja que Regina guarde un poco de agua en un frasco, y vamos a Granny's a desayunar.

—Pero, ya estamos aquí, no nos llevará mucho tiempo. Todavía no comienzo a desfallecer —pedía Emma suplicante.

—De acuerdo —accedía Snow dándose por vencida—. Tú ganas, háganlo.

Regina hizo aparecer su caja con los ingredientes que utilizaron toda la noche inútilmente, una vez que los mezclaron todos, Emma tomó un mechón de cabello de su amiga y lo agregó con todo lo demás, una vez que esa mezcla se terminó, la Salvadora llenó la copa con el agua del Pozo, junto la mezcla, usó un agitador, y una vez bien revuelta, se la dio a la Alcaldesa para que la bebiera.

—Soy yo, ¿o esta cosa apesta? —preguntaba Emma arrugando la nariz.

—Eres tú, Swan —contestaba Regina—. Bien, aquí voy.

La antigua Reina Malvada bebió la Poción lo más rápido que pudo ante la mirada de Emma y Snow. Cuando terminó de beber, bajó la copa y casi de inmediato comenzó a sentir un cosquilleo en el vientre, muy similar al que llegó a percibir hace tantos años luego de ingerir aquella Maldición a la que ella misma se condenó.

— ¿Y bien? —preguntaba Emma levantando los brazos— ¿Funcionó?

—No lo sé —respondía Regina mirando la copa.

—Sólo hay una forma de saberlo —exclamaba Snow sacando un pequeño Colgante Blanco de su bolsillo.

— ¿Qué es eso? —indagaba la Reina.

—Me lo dio Ruth, la madre de Charming. Te dice el sexo de tu primer hijo, incluso si no estás embarazada —respondía la Princesa—. Lo encontré en la Tienda de Gold cuando recogí a Neal, se lo pedí a Bella, y me lo dio sin ningún problema. ¿Intentamos?

— ¿Eso es fiable? —volvía a preguntar Regina aún con desconfianza.

—Funcionó con Emma —contestaba alegremente la madre de la Salvadora.

—Háganlo —animaba la madre de Henry.

Snow se puso frente a su madrastra, tomó sus manos, y dejó el Colgante encima de ellas. Regina, Emma y Mary, miraron hacia abajo, esperando a que esa cosa respondiera. No se movía, o había nada, y la Alcaldesa comenzó a desilusionarse, hasta que el Colgante se balanceó de Este a Oeste.

— ¿Qué significa? —preguntaba Regina muy ansiosa— Dime.

—Será niña —declaraba Snow muy feliz—. Regina, tendrás una niña.

Regina lloró de Felicidad, Snow y Emma la abrazaron demostrando así el mismo sentimiento. Después de ese momento milagroso, llamaron a sus Amores Verdaderos, para verse en Granny's y comer algo.

— ¿Ya nos van a decir por qué se desaparecieron toda la noche? —comenzaba Killian bajando su taza de café.

—Es una sorpresa —respondía Snow en lugar de las mujeres.

—Killian, ten —decía Emma pasándole su Sándwich de Queso Fundido.

— ¿Qué sucede, Amor? Tú nunca rechazas uno de los Sándwiches de la Abuelita —recalcaba Garfio tomando el plato.

—No lo sé —contestaba su esposa retirándose de la mesa—. No me siento muy bien.

—Emma, ¿adónde vas? —inquiría su madre— No has comido nada.

—Necesito aire fresco —respondía la Salvadora escuetamente.

Emma salió por la parte de atrás del establecimiento, puso sus manos sobre sus rodillas y comenzó a respirar profundamente, tratando de eliminar las náuseas que estaba experimentando en ese momento.

¿Qué estaba pasando? No era el primer día que tenía náuseas, ayer las tuvo, y en días anteriores también, el mareo de la mañana y la fatiga espontanea de igual manera. Sólo una vez en su vida había experimentado algo así, hace más de quince años, en Prisión.

— ¿Qué te ocurre, Swan? —preguntaba la Alcaldesa saliendo de la Cafetería junto con Mary Margaret.

—Tengo náuseas —contestó Emma sin cambiar de posición.

— ¿Desde cuándo las tienes? —continuaba su madre con el interrogatorio.

—Llevó días así —exclamaba Emma—, pero, desde ayer son más fuertes. Después de la cena, tuve que ir al baño a vomitar.

—Ven —pronunciaba Mary caminando hacia ella—. Vamos con Whale.

—Las acompaño —agregaba Regina.

— ¡Hey! —vociferaba Henry— ¿Adónde van?

—Dile a tu Abuelo y a los demás que volveremos en un rato más —afirmaba Emma.

Ya en el Hospital, las tres esperaron a Víctor, cuando llegó, comenzó con los estudios pertinentes, y al final dio su diagnóstico.

— ¿Algún día te quitarás eso de la cabeza? —preguntaba Regina.

— ¿Algún día dejarás de burlarte de mí? —contestaba Whale.

—Dejen eso para después —ordenaba Snow—. ¿Qué le sucede a mi hija?

— ¿Además de ser un milagro médico al volver de la Muerte? —decía Víctor—. Emma no tiene absolutamente nada malo.

— ¿Y entonces, por qué me siento tan extraña?

—No tienes nada malo, Emma. Al contrario. Tienes algo dentro de ti que permanecerá contigo no sólo nueve meses, sino toda la vida —replicaba el Doctor con una sonrisa en su rostro—. Estás embarazada.

¿Era verdad? ¿Emma estaba embarazada una vez más? La emoción de ayudar a su amiga no le había dejado pensar en ella misma. En ese día, que por fin había contribuido con Regina para alcanzar la Felicidad completa, se enteraba que llevaba dentro una nueva luz de esperanza que sería amada por todos los miembros de su Familia.

Regina estaba sorprendida, y Snow conmovida por la noticia, sería Abuela otra vez, Emma, por su parte, seguía sin poder creer lo que había escuchado.

— ¿Embara-zada? —pronunciaba Emma con un hilo de voz.

— ¿No estás Feliz? —preguntaba Snow consternada.

—Sí —respondía Emma llorando—. ¡Soy la mujer más Feliz del Mundo!

Emma se levantó de la cama, gritando como una niña pequeña, como si le acabaran de dar el regalo que siempre quiso tener, y, de cierta forma, así era.

— ¿Amor? —comenzaba Killian entrando como rayo en la habitación— ¿Te ocurre algo? Tu madre nos dijo que no te sentías bien.

Al poco tiempo de recibir aquella maravillosa noticia, Mary Margaret llamó a David para que los hombres fueran urgentemente al Hospital, Garfio fue el primero que llegó, seguido del Primogénito de la Salvadora.

—Sí —contestaba Emma—. Killian, tengo que hacerte una pregunta muy importante, sé que después de dos años es una estupidez, pero siempre tuve curiosidad.

—Hazla, Amor —respondía Killian confundido.

— ¿Por qué elegiste una casa tan grande? —preguntaba Emma mordiéndose el labio.

—Simple, Swan —comenzaba su esposo—. Porque quiero que la Familia crezca más, quiero más miembros para la tripulación del Jolly Roger.

—Bien —contestaba Emma.

Swan besó a su esposo luego de pronunciar esa frase que, para muchas personas era muy básica y simple, sin embargo, para esos dos, significaba demasiadas cosas.

— ¿Es verdad, Emma? —cuestionaba Killian.

— ¿Qué? ¿Qué tenemos un Piratita en camino? ¡Claro que sí! —contestaba la Salvadora.

Todos entraron a la habitación ya con las buenas nuevas encima, Robín, Charming y Henry los felicitaron muy entusiastas, no había nada que destrozara ese momento tan alegre y hermoso, pero, todo cambió, cuando un dolor punzante atacó a ambos resucitados. Emma y Killian tocaron sus sienes con las manos y una extraña Magia los abdujo a una dimensión alterna.

— ¿Dónde demonios estamos ahora? —pedía saber Emma abriendo los ojos.

—Swan, si tú no sabes, menos yo —declaraba Killian honestamente.

—Lamentamos tener que convocarlos de esta manera —comenzaban las Arpías detrás de ellos—. Pero, no podemos salir del Inframundo, si lo hacemos, destruiremos toda la Tierra de los Vivos, es por eso que los trajimos a esta especie de Plano Astral.

— ¿Qué necesitan de nosotros? —inquiría Emma.

—Sólo queremos felicitarlos por su pequeño hijo, y, además, cumplir con una promesa que hicimos hace tres meses.

— ¿Cuál promesa? —preguntaba Garfio.

—Ésta —pronunciaban las Arpías extendiéndole una carta al Capitán.

— ¿Qué es esto? —respondía el hombre tomándola.

—La última petición de su hermano, Capitán Jones.

— ¿Liam sigue en el Inframundo?

—En lo absoluto, su hermano se marchó junto con su padre el día de su boda con la Señorita Swan —exclamaba una de las Arpías—. Pero, antes de la ceremonia, nos pidió que le diéramos esto, sólo cuando llegara el momento preciso.

—Gracias —exclamaba Killian asintiendo.

—Los dejamos celebrando con su Familia.

Las Arpías se fueron, y ellos regresaron al Hospital sólo para encontrarlos a todos realmente asustados por su extraña desaparición. Después de aclarar lo que había ocurrido, Garfio abrió la carta y comenzó a leerla en voz alta.

"—Hermano, cuando leas esto, yo ya estaré en el lugar que he soñado por tantos años, acompañado de nuestro padre, ambos buscando a los demás miembros de la Familia. Quiero que sepas que siempre estaré contigo, y te estaré vigilando. Estoy muy orgulloso de ti, hermanito. Eres un hombre muy Valiente y decidido, y, por una parte, le agradezco a Hades haber lanzado la Maldición, porque así, pude verte una vez más. Te Amo, Killian, con toda mi Alma, y lo sabes. Esta carta llegará a tus manos por una simple y sencilla razón, les pedí a las Arpías que sólo te la dieran cuando tú y Emma esperaran a su primer hijo. Killian, sé perfectamente que desde que papá nos abandonó en aquel barco, tú me viste más como una figura paterna que como tu hermano mayor, y no me sentiría más honrado si esa pequeña versión de ti llevara mi nombre, pero, yo quiero pedirte, que, si tu hijo es niño, no se lo pongas. Ya existimos demasiados Liam en el Cosmos, y es justo que ese niño cree su propia historia, y plasme un nuevo nombre en la Tierra de los Vivos. Esto no es un Asunto Pendiente, es un favor, Killy. Dale un nombre a ese niño, un nombre que todos recuerden por la eternidad. Liam."

Killian comenzó a reírse sin control mientras las lágrimas escurrían por su rostro.

—Ese Liam —pronunciaba Garfio tapando su boca con la mano.


Hogar de la Familia Swan-Jones

El Presente

Ambos salieron del baño con una sonrisa de oreja a oreja, iban directo a su habitación, cuando vieron que la luz estaba encendida todavía en el cuarto de Aidan. Caminaron en silencio, y a través de la puerta escucharon lo que estaba sucediendo dentro.

—Y así, mamá y papá recibían al Escuadrón de la Luz en esta misma casa, luego de haber vencido al Dios de la Muerte, y de haber demostrado que el Amor Verdadero es la Magia más poderosa que existe en cualquiera de los Reinos.

—Guau —respondía el pequeño Aidan Jones con los ojos muy abiertos sentado en la cama mirando a Henry atentamente—. ¿Pod eso Zeus los ayuda?

—Así es —afirmaba Henry viendo a Killian por la abertura de la puerta—. ¿Quieres saber qué significa tu nombre?

— ¡Sí! —chillaba el niño saltando de la emoción.

—Aidan, viene de un idioma llamado irlandés —comenzaba su madre abriendo la puerta—. Y significa Fuego.

—El pequeño Aidan Jones se estará preguntando, por qué los locos de sus padres le pusieron un nombre así —aseguraba Killian acercándose a su Piratita—. Pues eso es porque el niño es la representación del Amor que sus padres sienten el uno por el otro, Aidan Jones representa la Ferocidad y Valor de Emma Swan y Killian Jones, representa sus Espíritus imbatibles y tercos, en pocas palabras; Aidan Jones, es la representación del Amor Verdadero que Emma Swan y Killian Jones comparten.

Entre Killian, Emma y Henry comenzaron a apapachar al niño, quien empezó a reír y a gritar de la emoción, su mundo era perfecto, la lluvia había cesado, los relámpagos se habían ido, y sus padres estaban con él.

—Henry, Aidan —pronunciaba Emma mirando a sus hijos—. Tenemos una noticia que darles.

— ¿Cuál? —preguntaba Henry por ambos.

—Van a tener un nuevo hermanito —contestaban sus padres con la voz cargada de emoción.

Los chicos se alegraron por la noticia de que la Familia crecería más.

Días después de esa tormenta torrencial, había una parrillada en casa de la Alcaldesa como todos los Domingos, David se encargaba de cocinar, y los demás adultos se quedaban en la mesa disfrutando del buen día, mientras Neal, Roland y Marian jugaban persiguiendo a Aidan y Victoria. La pequeña Elizabeth leyendo un libro junto con Bella, y Henry caminando junto con Violet, quien no quiso regresar a Camelot sin ese chico. Ese Domingo, fue cuando Emma y Killian les comunicaron la hermosa noticia, y nueve meses después, nacía la pequeña Allison Jones, una bebita hermosa, nuevo miembro de la ya enorme Familia Real de Storybrooke, una niña que sería amada y bendecida por la eternidad.

Fin del Epílogo