I

El Adiós más Difícil


Inframundo

Horas después del Sacrificio de Killian y Emma

En lo más profundo del Inframundo, una vieja amiga del Capitán Garfio tenía una entretenida conversación con un Siniestro y Desconocido personaje a través de la chimenea de aquella Oficina, muy parecida a la de Regina.

— ¿Nuestras pequeñas carnadas han llegado ya?

—Así es mi Señor, están recién salidos del horno, por así decirlo.

— ¡Excelente! —pronunciaba el sujeto, esbozando una sonrisa malévola— Se buena anfitriona y recíbelos ahora que están en el Hospital, querida.

—Será un placer, todo sea por volver a ver a mi querido Capitán y a la Salvadora una vez más. Espero que en un futuro podamos hablar sobre devolverme mis Poderes.

—Paciencia, mi querida Cora, todo a su tiempo. Una vez que esos Héroes vengan aquí y yo tenga lo que quiero, tendremos esa conversación, tengo unos cuantos asuntos que atender, así que dejo esto en tus bellas manos, mantenlos quietos hasta que yo vuelva, ¿sí?

—Como usted diga, Señor Hades.

Cora terminó su llamada y salió de la Oficina con dirección al Hospital que servía como Estación para todos los recién llegados al Inframundo.


Storybrooke

Esa fue la noche más larga en toda la vida para los Charming. Ni siquiera la Alcaldesa y el Sheriff de la Ciudad tenían tanto Poder como para apresurar los trámites forenses. Whale trató de explicarles lo mejor que pudo que todo era por mero procedimiento, ya que no se trataba sólo de un cuerpo, y era doble papeleo por llenar.

Mientras ellos estaban en el Hospital resolviendo ese gran problema, Mary Margaret acompañada de Robín y Henry regresaron al Apartamento, sin asimilar todavía lo que había sucedido. ¿Cómo fue posible que permitieran que algo así pasara? ¿Esto será una horrible pesadilla de la que Mary Margaret no puede escapar? ¿Emma realmente se había sacrificado junto con su Amor para salvarlos?

Nada parecía tener ningún sentido, ella sólo sabía que acababan de perder a su hija una vez más, y esta vez, no podrían recuperarla jamás.

Henry parecía ser el más afectado con todo esto, cosa que era la más obvia del mundo, ya que después de todos estos años por fin tuvo la Familia que siempre deseó, aquella que lo amara con todo su Corazón, y se había destruido en menos de dos años. Encontró a sus verdaderos padres, y en unos cuantos meses los perdió de nueva cuenta. Emma sabía que lo dejaba en buenas manos cuando decidió irse para siempre junto con Killian, no obstante, él no quería que su madre lo abandonara, quería que ella estuviera su lado por mucho más tiempo, quería que ella fuese feliz de cualquier manera posible, y ahora, ya nada de eso sucederá, porque está en el Inframundo, y ya no volverá.

El único que pudo dormir esa noche fue el pequeño Roland. David y Regina llegaron después de la media noche al Apartamento, sabiendo que los servicios funerarios se harían cargo por la mañana de todo, ellos sólo tenían que presentarse.

Todos se quedaron en la sala, bebiendo unos cuantos tragos, y Henry, una buena taza de Chocolate con Canela, como siempre lo hacía junto con Emma.

— ¿De verdad…? —comenzaba Snow.

Mary Margaret se quedó callada con la mirada perdida, ninguno quiso añadir nada hasta que ella continuara.

— ¿De verdad esto está pasando? ¿No es un sueño?

David sintió una enorme punzada en el estómago al escuchar la última pregunta de su esposa, Snow seguía en shock, y él no sabía cómo debería contestar.

— ¿No parece real, cierto? —comenzaba Robín.

—No —agregaba Regina—, nunca lo es.

—Yo soy el primero que quiere creer que esto es una pesadilla, y que pronto despertaré en mi habitación, tomaré mi teléfono y marcaré el número de Emma, ella contestará y me dirá que todo está bien —exclamaba Henry, tratando de no romper en llanto—, que todo fue un sueño, y que por la mañana iremos a desayunar a Granny's antes de que ella me acompañe al autobús, como en los viejos tiempos.

Regina no pudo más, tomó a su hijo y lo abrazó lo más fuerte que pudo y demostrándole cuanto lo amaba con ese enorme gesto. Su hijo continuó llorando como si no hubiera un mañana. Mary Margaret se derrumbó al ver a su nieto así, lo que le hizo comprobar que todo era verdad. David la abrazó y juntos dejaron salir todo su dolor, Robín se acercó a Regina y Henry, los envolvió con sus brazos y trató de calmar al chico con sus palabras.

Mientras eso sucedía en casa de los Charming, en la Tienda de Gold, se suscitaba un reencuentro amoroso que él pensó que jamás volvería a pasar, pero gracias a su nieto, Bella regresaba a su lado y quería pasar el resto de sus días con él.

Se quedaron en la parte de atrás de la Tienda, y Gold le confirmó lo que había escuchado en boca de Henry; Emma y Killian habían dado su vida para salvarlos a todos.

—Es una lástima que no haya podido despedirme de ellos —exclamaba Bella, entre sollozos—, ambos se habían convertido en mis amigos, sobre todo Killian.

—Lo sé cariño, lo sé —contestaba Rumple abrazándola—. Ellos fueron muy valientes al hacer eso, más de lo que yo llegaré a ser en toda mi nueva vida como Héroe.

Rumple la consoló y ella permitió que la cargara hasta su habitación, gracias a su nueva y mejorada pierna. Pasaron la noche juntos, igual que en los viejos tiempos, y comenzaron a reavivar la llama de su Amor.

Transcurrió lo que quedó de la noche, y al despuntar el alba, todo el Pueblo de Storybrooke caminaba rumbo al Cementerio esa mañana fría y nublada para despedir a aquellos que tantas veces los salvaron de los múltiples Villanos que han cruzado por esas calles.

Los Charming, Regina, Henry cargando a Roland y Robín con la pequeña Baby Hood en brazos, estaban al frente de esas dos fosas en las que iban a ser depositados dos ataúdes con el mismo diseño, sólo de diferente color; uno, color Caoba Rojizo y el otro, color Nogal Oscuro, dignas representaciones de sus propietarios.

Detrás de los Héroes, estaban los Enanos, la Abuelita, Tinker, August, Smee, Bella, Rumple y Lily. La Ceremonia fue presidida por un Archie que, como la gran mayoría, trataba de mantenerse sereno y no derrumbarse, junto a él siempre estuvo Marco, mirando compasivamente a Mary Margaret, quien no dejaba de observar ese Ataúd Caoba con suma desesperación, esperando que en cualquier momento su pequeño Cisne despertara y la abrazara, cosa que no iba a suceder más que en sus sueños.

Después de unas palabras cargadas de emoción por parte de Archie, llegó el momento que nadie quería que pasara, la hora de despedir a esos trágicos amantes; despedir a Killian Jones y a Emma Swan.

Los encargados hicieron funcionar las máquinas al mismo tiempo, y los Ataúdes iniciaron su descenso hacia la tierra.

La Alcaldesa se levantó y tomó todo el aire que necesitaba antes de agarrar aquella pala y comenzar con todo. Miró a ambas fosas como pidiendo disculpas una y mil veces. La pala hizo contacto con sus manos, y procedió a arrojar el primer puño de tierra a quienes se convirtieron en sus amigos. Y sí, aunque nunca lo admitirá, Garfio era su amigo de cierta manera, pero lo más increíble, ¿quién iba a decirle hace dos años que aquella mujer que llegó una noche con su hijo diciendo que ella era su madre biológica se convertiría en una amiga tan cercana, inclusive, convirtiéndose en su única amiga, alguien que inconscientemente le había regalado una Familia después de tanto sufrimiento?

Ella dejó la pala junto a la tumba de Swan y regresó a su lugar. Robín le pidió cargar a su hija y fue el siguiente en realizar la misma acción. Uno a uno, fueron pasando los amigos de ellos dos; Primero Tinker, seguida de Smee. August, Bella y al último Lily, que seguía sin poder creer lo que estaban viendo sus ojos. Por último, llegó el turno de los Charming. Henry bajó a Roland de su regazo, lo dejó con su padre y tomó la pala. Todos los presentes enmudecieron al verlo con los ojos llenos de lágrimas caminando valientemente a enfrentar su futuro inmediato.

—Mamá —comenzaba el Autor aguantando las ganas de llorar—. Gracias…, por todo. Por venir conmigo, por creerme, por amarme, por salvarme…, y por darme la Familia que siempre quise tener. Gracias por demostrarme que no estaba solo. Muchas gracias. Te Amo.

Terminó de hablar y dejó caer la tierra de la pala. ¿Cómo era posible que el destino fuera tan cruel para dejar que un niño tan bueno e inocente, pasara por esa situación tan horrenda? Esa era una pregunta que no tenía respuesta. Se acercó a la tumba de Killian temblando cada vez más.

—Garfio. Gracias a ti también por todo el apoyo que me has dado, tú me hiciste dar cuenta que hasta el más desalmado de los Piratas podría tener un buen Corazón. Cuida a Emma por mí, por favor. Adiós.

Regina le quitó la pala y se lo llevó de regreso a su asiento. Los presentes comenzaron a llorar al oír todas y cada una de las palabras de Henry. Era injusto, muy injusto lo que estaba sucediendo. Después de unos minutos, Regina y Robín miraron a David y Mary Margaret, ambos destrozados por dentro y por fuera, incapaces de moverse de sus asientos, o eso creían, hasta que de pronto y sin que ellos lo predijeran, Snow fue la primera en levantarse. No dijo absolutamente nada, sólo se limitó a tomar la pala. Momentos después, David también estaba de pie y Marco le extendió otra herramienta, para que ellos fueran los últimos en despedir a su hija y su Amor Verdadero, al mismo tiempo. Y así lo hicieron, Mary Margaret soltó la pala y comenzó a gritar desesperadamente el nombre de su Emma. David la sostuvo, pero en ese momento nada podría calmarla.

— ¡Emma! ¡¿Por qué?! —gritaba Snow a los cuatro vientos.


Inframundo

¡Emma! ¡¿Por qué?!

¿Acaso lo que acababa de escuchar era la voz de su madre? ¿Cómo sería capaz de hacerlo?

Emma se hacía esas enormes preguntas que no tenían respuesta todavía. Ella abrió lentamente los ojos y echó rápidamente un vistazo al lugar.

— ¿Qué? —exclamaba la Salvadora con voz ronca.

Trató de levantar su mano izquierda y descubrió que todavía estaba entrelazada con la de Killian, quien estaba justo a su lado aún inconsciente.

—Killian —susurraba Emma—. Garfio, despierta.

Emma movió su mano para hacerlo reaccionar por varios segundos hasta que por fin lo hizo. Poco a poco fue incorporándose a su nueva realidad, sintió un tirón en su mano derecha y miró hacia esa dirección.

— ¿Swan? ¿Qué sucede? ¿En dónde estamos?

—Parece ser el Hospital de Storybrooke.

— ¡¿Qué?! —preguntaba Killian muy sorprendido— ¿Cómo diablos es eso posible?

—No tengo ni la más mínima y remota idea. Se supone que estamos Muertos, no comprendo que es lo que está pasando.

—No averiguaremos nada estando aquí acostados, Amor. Así que sugiero que salgamos a buscar algunas respuestas.

—Estoy de acuerdo contigo.

Se soltaron de las manos y trataron de levantarse, sin éxito. Miraron por doquier buscando lo que les impedía moverse, hasta que se dieron cuenta que tenían las piernas y el brazo que les quedaba libre, encadenados a sus camillas.

— ¿Qué demonios es esto? —espetaba Emma.

—Lo lamento, no quise encadenarles esos brazos, se veían tan tiernos tomados de la mano, que no tuve Corazón para separarlos.

Detrás de la cortina era el lugar de donde provenía esa voz tan Familiar para ambos.

—Sal de ahí, Amor, no deberías temernos —decía Killian.

—Mi querido Capitán, tanto tiempo sin vernos —exclamaba aquella mujer al salir de su escondite.

— ¿Cora? —pronunciaba Emma con asombro— ¿Qué haces tú aquí?

—Es una pregunta bastante tonta, Emma. Aquí es a dónde venimos a parar todos los que tenemos Asuntos sin Resolver, la pregunta crucial es; ¿Qué Asuntos sin Resolver tienen ustedes? ¡Cielos! Soy una muy mala anfitriona. Déjenme darles la más cordial bienvenida a su nuevo hogar; el Inframundo —decía la Reina de Corazones esbozando una sonrisa.

— ¿Este es el Inframundo? ¿Hablas en serio? —indagaba Emma.

—Sí, ¿por qué lo dudas?

—No es que nos quejemos —comenzaba Garfio—, pero imaginábamos el Inframundo más…, Oscuro y Sombrío.

—No como una copia exacta de Storybrooke —terminaba Emma.

—Tienen mucho que aprender, niños. Eso que describen es el Infierno, un lugar que espero no conocer jamás. El Inframundo es una especie de Limbo, aquí estamos todos, Héroes, Villanos, personas ordinarias. Y, hablando de personas ordinarias, aquí hay alguien que ha esperado más de trescientos años por volver a verte, Garfio.

— ¿Milah? —preguntaba Killian con los ojos muy abiertos.

—Así es —respondía la madre de Zelena.

Milah estaba ahí, era más que obvio, pero Emma no sabía que efecto tendría en su amado el reencontrarse con su primer Amor.

—No obstante, es una lástima que no tengan oportunidad ni siquiera de saludarse —agregaba la madre de Regina, interrumpiendo los pensamientos de Emma.

— ¿Por qué no? —decía Killian confundido.

—Por mí.

Killian y Emma levantaron la cabeza y observaron a aquel personaje sombrío y siniestro que usaba una Túnica color negro.

—Como les decía, si ustedes tienen a alguien aquí que desean ver con toda su Alma, pues me temo que no les será posible.

— ¿Quién es usted? —preguntaba Emma con precaución.

—Mil disculpas, Señorita Swan —pedía el hombre.

— ¿Nos conoce? —cuestionaba Killian.

— ¡Claro que sí! ¡Killian Jones y Emma Swan! ¡Los Héroes que creyeron haber destruido la Oscuridad! —exclamaba el sujeto haciendo miles de ademanes— ¿Qué clase de anfitrión sería si no me tomara el tiempo de conocer a mis nuevos huéspedes?

— ¿Creímos? —decía Emma.

—Después les explico eso, ahora, permítanme presentarme. Mi nombre es Hades, soy el Dios de la Muerte.

—Es un placer conocerlo, y ya que terminamos con las tediosas presentaciones, ¿podría explicarnos lo de la Oscuridad? —replicaba Killian.

—Tal vez, pero no en este lugar lleno de Muertos que no dejan de llegar. ¿Les parece si tenemos esta charla en otro lugar, un poco más cómodo?

—Nosotros… —respondía la Salvadora por ambos.

— ¡Estupendo! Sabía que aceptarían. Mi hermosa Cora, puedes volver a tu Oficina. Y no lo olvides; en cuanto los veas, deberás avisarme.

—Puede estar seguro de eso, mi Señor Hades.

—Mil gracias, chulada. Y ustedes, mis jóvenes Héroes, vienen conmigo.

Hades se teletransportó junto con Emma y Killian en medio de un Humo bastante negro, y segundos después, Cora salió tranquilamente del Hospital del Inframundo.

Fin del Primer Capítulo