II

Jamás Cambiarás


Cementerio de Storybrooke

Todo el Funeral había terminado, y la mayoría de los asistentes ya se habían retirado del lugar, sólo los Héroes y unos cuantos ciudadanos se quedaron unos momentos más.

Charming y Snow posados enfrente de ambas tumbas, sin hablar, sin sentir, y sin entender que ya no había vuelta atrás. Un poco apartados, Regina y Robín abrazaban a Henry para demostrarle que no estaba solo, y que no era el único que estaba sufriendo.

El silencio reinaba ante tal estampa de dolor y desolación, nadie tenía la intención de romperlo, no querían volver a la realidad y afrontar las cosas que se les venían encima.

—Vamos, Mary Margaret —exclamaba David, siendo el primero en romper el silencio después de un tiempo—, tenemos que irnos, nos están esperando, además; a Emma no le gustaría que sus padres la miraran todo el santo día.

El último comentario de David, logró sacarle una tímida sonrisa a su esposa y pudo sacarla de su trance.

—No quiero irme, pero tienes razón. A Emma no le gustaba que la observaran mucho tiempo.

Se dieron la vuelta, y comenzaron a caminar con dirección a sus amigos, para luego subir a sus autos e ir con la Abuelita y los demás.

—David —comenzaba Gold—, sé que no es el momento, pero, ¿podría pedirte un favor?

—Claro, Gold. ¿Qué necesitas?

— ¿Podrían llevar a Bella con ustedes? Después de todo lo que ha pasado, quiero estar unos minutos a solas con Bae —pedía Rumplestiltskin señalando la lápida de Neal, justo al lado de la tumba de Killian.

—Por supuesto, Rumple —contestaba Charming dedicándole una sonrisa triste y poniendo una mano en su hombro—. Te entiendo perfectamente.

—Muchas gracias, David.

Los Héroes se marcharon y dejaron a Gold solo con Baelfire para Poder desahogarse como él quería.

—Hola Bae —comenzaba Gold arrodillándose—. Desde que te fuiste han pasado tantas cosas, me sucedieron tantas cosas, y yo sé que no fui fiel a la promesa que te hice, cuando te dije que quería ser un mejor hombre para honrar tu memoria, y tu sacrificio. No lo cumplí, fallé, me dejé seducir por el Poder y me costó muchas cosas, entre ellas; la vida, ahora, gracias a mi error, estas dos personas que tienes a tu lado pagaron el precio. Así es, el Pirata y la Señorita Swan se sacrificaron para destruir la Oscuridad, sin embargo, gracias a mí, su sacrificio fue en vano. ¿Sabes por qué? Porque hechicé Excálibur, y ahora tengo el Poder combinado de todos los Seres Oscuros que han existido en mí, y en esta nueva Daga.

Gold miró a ambos lados con precaución de que nadie lo viera sacar la Daga envuelta en un paño verdoso del bolsillo interior de su saco.

—Soy el Ser Oscuro de nuevo, y no cualquiera, ahora soy el más Poderoso de todos los Tiempos, lo hice, porque no quería volver al Inframundo, en donde me espera algo peor que la misma Muerte, no quiero volver ahí, aunque tú estés presente. Pero la peor parte de todo, es que, por millonésima vez, le he mentido a mi amada Bella. No encuentro las palabras adecuadas para decirles a todos que Emma y Garfio murieron en balde. Es por eso que estoy aquí Bae, ayúdame a decirles que este adicto no fue capaz de separarse del Poder que le brinda la Oscuridad.

Posteriormente a ese doloroso momento, los amigos más íntimos de la Familia de Emma fueron a la recepción que entre Leroy y la Abuelita organizaron esa mañana en la Cafetería. La mañana se pasó entre pláticas casi susurrantes y muchas tazas de café.

Snow, Henry y David se sentaron en la mesa que está justo cerca de la entrada trasera del establecimiento. Regina y Robín estaban sentados delante de su mesa, mirándose el uno al otro, sin hablar, sólo contemplando ese espantoso y horrendo día.

En ese instante, Gold salía de la Tienda después de guardar la Daga a los ojos curiosos, pero no se dirigió a la Cafetería todavía, no quería enfrentar a su Familia aún, no estaba listo porque ya sabía cómo terminaría todo, no obstante, también sabía que tenía que ser él el que explicara las cosas, si no esto se convertiría en un enorme desastre.


Inframundo

Muy lejos de Underbrooke se erigía una enorme Mansión que no era la del Hechicero, era un lugar nuevo en medio de lo que se suponía era el Bosque del Norte, un lugar que Emma jamás había visto en su amada Ciudad, y era obvio que ese Edificio existía en el Inframundo, mas no en la verdadera Storybrooke.

Killian y Emma fueron transportados por Hades a la que ellos presumían era su casa. Habían aparecido en una especie de Estudio con un diseño de interiores muy sobrio y minimalista en distintos tonos de negro y gris.

—Creo que dejaré de quejarme de la Oficina de Regina de ahora en adelante —exclamaba la Salvadora mirando a su alrededor—, comparada con este lugar, esa Oficina se ve mucho más…, viva.

—Al menos había algo más que cosas negras a su alrededor.

Intentaron levantarse de sus sillas, pero se dieron cuenta que estaban atados a ellas de brazos y piernas con grilletes.

— ¡No puedo creerlo! —gritaba Killian.

Ambos trataron de zafarse a toda costa de las sillas hasta que Hades hizo su aparición en la habitación gritándole a alguien desde la puerta.

— ¡No me importa que excusas te ponga! ¡Ya está Muerto! —repelaba el Dios de la Muerte— ¡Dile que atienda a esas Arpías hasta que vuelva! ¡Hazlo de una buena vez, Humbert!

¿Humbert? Al oír ese nombre, Emma se alertó, sabía que lo había escuchado anteriormente, sin embargo, su mente necesitaba respuestas ante la antigua declaración de Hades y no podía pensar en nada más por el momento.

—Lamento el retraso, amigos, esto de monitorear el Inframundo es algo tedioso —decía Hades, sentándose en su enorme silla frente al escritorio color negro—, ¿les gusta mi Oficina? Se ve maravillosa, ¿o no?

El Dios de la Muerte los miró con mucho entusiasmo esperando su respuesta. Ambos volvieron a observar todo el Estudio para dar una mejor opinión que la que tenían al llegar.

—Veo que ama el color gris —respondía Emma sin voltear a verlo.

—Es una buena combinación de tonalidades, es bueno que no sea todo de un solo color —exclamaba Killian.

— ¡Sabía que les gustaría! Quiero decir, por unas semanas ustedes dos fueron grandes amantes de las cosas negras y grises.

—No queremos sonar groseros —comenzaba Emma tratando de acomodarse en la silla—, pero hablo por los dos al decir que queremos saber a qué se refería con lo que dijo anteriormente, con lo de la Oscuridad.

—Si quiere puedo repetírselos, Señorita Swan.

—No creo que sea… —replicaba Emma.

—Déjenme hacerlo, es para mí un placer, y lo estuve ensayando toda la noche. Aquí voy; ¡Killian Jones y Emma Swan! ¡Los Héroes que creyeron haber destruido la Oscuridad! Era eso, ¿no?

—Sí —contestaba Killian—, ¿qué fue lo que quiso decir con eso?

—Capitán, lo creía más listo, según por lo que Cora me ha contado de usted, por supuesto. A lo que me refiero tal vez no sea lo importante, quién fue el responsable es lo que debe interesarles.

— ¿Cómo dice? —preguntaba Emma.

—Mi querida Salvadora, es mi deber informarles, que ustedes dos fueron timados, y de la peor manera posible, y déjenme decirles que, viniendo de mí, significa que sí fue bastante horrible.

Hades se apoyó en el respaldo de su enorme silla ejecutiva, puso ambos codos recargados en los brazos de la misma, y dejó escapar una sonrisa extraña al notar a sus invitados tan confundidos, mirándose el uno al otro constantemente, tratando de entender sus palabras.

—Bien, vamos a hacer algo. Véanlo como un obsequio, esto es una cosa que sólo les doy a los huéspedes que realmente me importan.

Hades extendió su mano izquierda y de una especie de cenicero se proyectaron imágenes de Storybrooke en esos precisos momentos.

—Disfruten de la transmisión en vivo —exclamaba Hades, sonriendo.


Bella volteaba constantemente a la puerta de Granny's mientras la Abuelita le contaba sobre la desaparición de Ruby.

—Y lo único que sé es que sigue en el Bosque Encantado… ¿me estás escuchando?

—Lo siento, Abuelita. Es sólo que estoy preocupada, Rumple no ha llegado todavía.

—Ya lo conoces —replicaba la Abuelita moviendo su mano—, con Magia o sin ella, ese hombre sabe cuidarse solo.

—Eso lo sé, pero tengo un mal presentimiento. Será mejor que vaya a buscarlo.

— ¿Iras de nuevo al Cementerio?

—Tal vez, o podría comenzar con la Tienda.

Ella se bajó de su banquillo y se fue directo a Regina.

—Disculpen que los moleste, pero necesito que me ayuden.

—No es molestia —contestaba Regina—. ¿Con qué necesitas ayuda?

—Rumple, no ha regresado y me estoy comenzando a preocupar.

— ¿Intentaste llamarlo? —preguntaba Robín.

—Sí, pero su teléfono está apagado.

—Si fuera el viejo Gold, me preocuparía por ese teléfono apagado —contestaba Regina.

—A mí me preocupa más —respondía Bella, comenzando a angustiarse.

— ¿Sucede algo? —preguntaba David al levantarse de su asiento.

—Gold —contestaba Robín—. No responde su teléfono, y Bella teme que le haya pasado algo.

—Hay que buscarlo. Con todo lo que pasó aquí ayer, es probable que haya escapado otra alimaña del Inframundo además de esos Seres Oscuros.

—Vayamos a la Tienda —pedía Bella.

— ¿Por qué no comenzamos por el Cementerio? Ese fue el último lugar en donde lo vimos —preguntaba Snow.

—Algo me dice que no se quedó mucho tiempo ahí, tengo un presentimiento.

Todos asintieron y salieron de la Cafetería para ir rumbo a la Tienda de Gold. Una vez ahí, Bella fue la primera en entrar.

— ¡¿Rumple?! ¡¿Estás aquí?! —exclamaba Bella entrando a la parte trasera de la Tienda.

—Aquí no está, Bella. Debemos buscar en otro lado, no creo que esté lejos —decía Regina.

—Sí, tal vez tengas razón.

Bella salió más tranquila y se paró frente al mostrador, mirando a sus amigos a los ojos.

—Aprovechando que estamos aquí, sólo déjenme tomar algo del estante.

La chica movió el brazo y golpeó un pequeño frasco de vidrio que cayó al suelo y se rompió. Bella se agachó de inmediato para recoger los pedazos.

—Bella, déjame ayudarte —decía Henry.

—No, no te preocupes así está…, un momento, ¿qué es esto? —exclamaba Bella mirando la parte inferior de la vitrina.

— ¿Qué? ¿De qué hablas? —inquiría David.

— ¡No, no, no! ¡No puede ser! —continuaba la chica sin hacerles caso.

— ¿Qué te pasa Bella? Nos estás asustando —preguntaba Mary Margaret.

— ¿Bella? —seguía Regina.

Bella se levantó poco a poco temblando de terror y sosteniendo un largo objeto envuelto en una tela color verde. Al mostrárselo a los Héroes, todos y cada uno de ellos la miraban sorprendidos, porque ya se imaginaban lo que era, pero ninguno quería creerlo. La chica tomó valor y quitó la tela, sólo para confirmar las sospechas de todos los presentes. Eso que estaban sosteniendo sus manos, era la Daga del Ser Oscuro, con el nombre de Rumplestiltskin escrito en ella, una vez más.

— ¡No! —gritaba Snow.

—Esto…, no es posible —decía David.

— ¿Qué rayos está sucediendo? —espetaba Regina.

Confusión, sólo confusión era lo que se respiraba en el aire dentro del lugar. Nadie entendía cómo era posible que esa Daga estuviera ahí todavía.

—Entonces…, Killian y Emma… —comenzaba Mary Margaret.

—Murieron en vano —terminaba David.

—Bella… —exclamaba Gold.

La voz de Rumple retumbaba por todo el recinto y las miradas furtivas fueron en su dirección.

—Bella, puedo explicarlo.

Su amada lo miraba con decepción y las lágrimas se hicieron presentes. Henry cerró los ojos, Robín lo abrazó, mientras que Regina, Mary Margaret y David miraban a Rumple con odio.

— ¡Tú! —gritó David lleno de furia.

El padre de Emma corrió rabioso y embistió a Gold, rompiendo la puerta del impacto, en la calle y en el suelo, David le golpeó el rostro en múltiples ocasiones, descargando en él toda la furia acumulada.

— ¡Eres un desgraciado! ¿Cómo pudiste hacerles esto? —pedía saber Charming.

— ¡¿No sé de qué estás hablando?! ¡Yo no les dije a Emma y a Killian que debían sacrificarse para destruir la Oscuridad! ¡Esa fue idea de tu hija desde un principio!

—Tal vez no, pero gracias a ti, ese sacrificio fue en vano. ¡La Oscuridad sigue aquí! —replicaba Mary Margaret furiosa.

David lo levantó y lo sujetó del cuello de su camisa.

— ¿Cuándo? —preguntaba Regina con voz de mando, y acercándose a Gold— ¡¿Cuándo y cómo fue que recuperaste la Oscuridad?!

Rumple se quedó callado, siempre mirando a Bella, quien evitaba verlo a los ojos.

— ¡Responde, Gold! —gritaba Regina.

— ¡Ser Oscuro, yo te ordeno que les digas la verdad! —exclamaba Bella acercándose a la entrada.

—Cuando tú y la Señorita Swan vinieron por Excálibur. Al escuchar su plan supe que era mi oportunidad para obtener el Poder de nuevo, así que, usé una Poción que tenía guardada, y convertí a Excálibur en una especie de dispositivo de transferencia que funcionó hasta el momento en el que tú sacaste la Espada de sus cuerpos. Ellos creyeron haberla destruido, pero yo la puse en un lugar, distinto. A salvo.

—Déjame adivinar. ¿En ti? —afirmaba Regina.

—Creo que es más que obvio, Majestad. Ahora, yo tengo el Poder combinado de todos los Seres Oscuros que han existido. Soy el Ser Oscuro más Poderoso de todos los Tiempos.

— ¿Por qué lo hiciste? —continuaba la Reina Malvada con el interrogatorio.

— ¡Porque ya no me quedaba nada! Bella se había ido y no quería volver al Inframundo, es un lugar horrible, y hay varias personas que querrán convertir mi eternidad ahí en un verdadero infierno.

— ¿Tenías miedo de morir? ¡¿Por eso dejaste que Emma y Killian lo hicieran?!

—Todos sabemos que no había otra forma de contener la Oscuridad.

—Rumple…, lo hiciste otra vez, elegiste primero el Poder. Ya eras un buen hombre, ¡un Héroe! Y permitiste que el Sacrificio de Killian y Emma no sirviera para nada, pero tenías razón. Ellos dos son más valientes de lo que tú llegarás a ser en toda tu inmortalidad —decía Bella comenzando a llorar—. Rumple, tú jamás cambiarás. Tú nunca dejarás de ser un MALDITO COCODRILO.

Escuchar a Bella pronunciar las palabras de Killian fue mil veces peor que la Muerte, una vez más, todo se le había salido de las manos, por su COBARDÍA.

—Muy bien Ser Oscuro, tú vas a hacer algo por nosotros —decía Regina.

— ¿Qué?

—Vas a abrir el Portal y nos llevarás al Inframundo —continuaba Charming.

— ¿Para qué quieren ir a ese lugar?

— ¿Qué no es obvio? Para rescatar a nuestra hija, y a su Amor Verdadero —aseguraba Snow.

— ¿Cómo piensan sacarlos de ahí? Necesitan otras Almas para intercambiarlas por las de ellos.

—Bueno, en el camino lo averiguaremos, además, tenemos al Ser Oscuro más Poderoso de todos los Tiempos de nuestro lado, ¿o no? —pronunciaba Regina.

—No puedes obligarme.

—Sí, sí puede —exclamaba Bella con voz firme—. Ser Oscuro. Ésta noche, tú nos llevarás al Inframundo.


Inframundo

—La expresión en sus rostros me dice todo —observaba Hades mientras apagaba el cenicero.

—Ese Maldito Cocodrilo —exclamaba Killian entre dientes—, nos ha vuelto a engañar.

—No lo entiendo, él ya era un Héroe. ¡Yo misma me encargué de volverlo un Héroe! ¿Cómo pudo ser capaz de esto?

—Bueno, Señorita Swan. Si hay algo con lo que no se puede pelear, es contra la naturaleza, y la de Rumplestiltskin, es ser un Cobarde.

Hades se levantó de su asiento y comenzó a caminar por el Estudio.

—Sé que debe ser un golpe muy duro para ustedes, el ver que de nada sirvió ese enorme sacrificio.

Tras decir esto, el Dios de la Muerte proyectó las imágenes del instante justo en el que ellos eran asesinados con Excálibur.

Ambos cerraron los ojos y un escalofrío les recorrió todo el cuerpo al revivir sus últimos momentos.

—Un momento —comenzaba Emma después de un largo silencio—. Nuestra Familia, ¿eran ellos? ¿Cuándo hablaba con Cora?

—Es probable.

— ¿Para qué los quiere?

—No es a ellos, sino lo que traerán consigo.

Hades volvió a sentarse enfrente de ellos. Emma y Killian, por su parte, analizaban detenidamente cada una de las palabras escuchadas.

—Maldita sea… —susurraba Killian al ser el primero en darse cuenta.

— ¿Así que ya lo sabe? —decía Hades.

— ¿Qué? ¿Qué es lo que sabe?

—Lo que quiero, verá, Señorita Swan. Yo quiero algo con desesperación. Algo que tuvieron Nimue, Gorgon, Zoso y ustedes dos —exclamaba señalándolos con ambos dedos índices—, alguna vez. La Oscuridad.

— ¡¿Para qué la quiere?! —pedía saber la Salvadora.

—Eso, mi querida Swan, son mis asuntos, y, por ende; no es de su incumbencia. Una vez que los Héroes entren, vendrán a buscarlos, como ustedes ya oyeron, y esa será mi oportunidad para tomar a Rumplestiltskin.

—Les avisaremos —afirmaba Garfio.

— ¿Y cómo piensan hacer eso? —preguntaba Hades comenzando a reír.

—No lo sabemos, pero encontraremos la manera —concluía Emma.

—Eso quiero verlo, deseo ver que encuentren la manera estando encerrados en mis Calabozos.

— ¿Qué?

—Así es. Ahora, ustedes dos, son mis invitados de honor —exclamaba el Dios de la Muerte a punto de transportarlos.

— ¡Espere! Hay algo que no entiendo. Si usted es el Dios de la Muerte y el Rey del Inframundo, ¿por qué necesita que Cora le avise sobre la llegada de nuestra Familia? —pedía saber la madre de Henry.

—Porque —empezaba Hades acercándose a Emma—, esta es la segunda vez en toda mi existencia que alguien entrará al Inframundo sin haber Muerto, la primera vez, ese tonto me tomó por sorpresa, porque nunca supe de donde salió, y en esta ocasión, no me sucederá lo mismo. ¡Cassidy! ¡Humbert!

Después de que el grito de Hades se escuchara, dos personas muy conocidas para la Salvadora hicieron su entrada en aquella habitación. Ella no podía creer el volver a verlos, y mucho menos con esos trajes completamente negros y la mirada fija hacia ella, y llena de odio.

Ahora al ver a esos dos hombres frente a sus ojos, recordó en donde había escuchado la palabra Humbert, ese era el apellido de aquel buen hombre que conoció en Storybrooke y quien era el segundo en su vida por el que estaría dispuesta a derrumbar sus muros y abrirse al Amor.

— ¿Graham? ¿Neal? —exclamaba Emma con un hilo de voz— ¿Qué están haciendo aquí?

— ¿No te gustan? Son unos Soldados muy eficientes —decía Hades.

— ¿Amor? —pronunciaba Killian al notarla en shock— Emma, contesta.

—Déjala tranquila un momento, Garfio. Emma siempre ha necesitado tiempo para asimilar las cosas —explicaba Neal.

—Ustedes dos, háganse cargo y llévenlos a sus nuevos aposentos. Mi reunión con esas Arpías se está retrasando más de lo que debería.

— ¡Se equivoca! —contestaba Killian— no dejaremos que nos lleven.

Hades los noqueó a ambos y les liberó de sus grilletes.

—Ya saben qué hacer, sólo aléjenlos de mi vista. ¡Ya!

Neal y Graham obedecieron sin chistar a las órdenes del Rey del Inframundo, llevando a los Héroes a lo más profundo del sótano de aquella Mansión.

Fin del Segundo Capítulo