Para Cris.

A veces, solamente soy positiva porque tú lo eres por mí, porque siempre confiaste.

¡Disfruten de la lectura! :)


III

"La evasión del desenlace prometido: La sentencia"

Oye, voz.

¿Ahora qué quieres?

¿Cómo puedes afirmar que me conoces tanto a mí como a Link?

Te conozco desde hace mucho princesa, deberías saberlo.

Zelda suspiró, insatisfecha.

A veces no te entiendo, eres tan misterioso —entonces la voz pensó "Y yo más de lo que debería"

Esta vez, a medida que la curiosidad de la princesa aumentaba, la temperatura lo hacía, en una sensación cálida que se ubicó en su pecho. A veces, la voz se sentía cálida al tacto, y ella nunca entendió por qué.


A Link el viaje lo había hecho sumamente perceptivo, supuso Navi, quien reconocía como las habilidades de su "Kokiri" iban mejorando día a día.

Las cosas se tornaron de la forma en la que éste había previsto, ahora el cielo estaba completamente oscuro, tétrico incluso, y habían claros avistamientos de que pronto se desarrollaría una tormenta que derramaría su llanto y tristeza sobre ellos en cualquier momento.

La otra cosa en la resultó acertar era, claro, la pesadez en el ambiente. Navi supo que las palabras de hace solo unos minutos habían sido un consuelo, y una forma de aliviar los presentimientos que se habían ido formando durante el recorrido, porque Link sentía en el interior que efectivamente "no faltaba poco" y que el rumbo que él y Zelda se habían planteado aquel día que se conocieron no sería posible, sin importar lo que hicieran.

Desde su posición no podía ver nada, se había refugiado nuevamente en la calidez del gorro del chico, pero sabía que el clima a medida que avanzaban, empeoraba. Podía escuchar los truenos producto de la tormenta, ver las luces proyectadas por los rayos y sentir el viento que se filtraba a través de la tela. En un momento así, solo podía acurrucarse más entre los cabellos dorados del niño y mover sus alitas ligeramente, manteniendo las calidez de éstas.

Link se rodeó con los brazos y se los refregó con fuerzas durante unos segundos, buscando que la fricción de sus palmas le transmitiera algo de calor. Tenía mucho frío y las contantes ráfagas heladas le producían seguidos escalofríos, no tardó mucho en notar la piel de gallina contra sus dedos.

No muy lejos se podían ver las murallas de la Ciudad del castillo, aunque en esta ocasión había algo extraño en ellas, y es que, siendo de día, el puente que daba paso estaba cerrado; algo malo estaba ocurriendo.

Link apresuró al paso, consiente de la sensación de opresión en su pecho, algo estaba muy mal, terriblemente mal.

A unos cuantos metros de llegar se detuvo, la carrera le había subido la temperatura y dejaba escapar pequeñas bocanadas de aire; conforme los latidos de su corazón se tranquilizaban, frente a él el puente levadizo caía mientras las cadenas chirriaban y los cascos de un caballo resonaban en el camino.

No pasó mucho para que después de que éste bajara por completo, el corcel con sus dos jinetes atravesara la pradera de Hyrule. Link las miró y reconoció de inmediato a Zelda, quien la acompañaba su guardiana sheikah. La muchacha estaba pálida como un fantasma y se le veía completamente alterada, como si las peores atrocidades del mundo hubieran sucedido ante sus ojos.

La princesa en las circunstancias que se encontraba no tenía muchas opciones a mano, pero Link sí, confiaba en él. Entre sus palmas se encontraba la Ocarina del Tiempo, la agarró con fuerza, se viró hacia donde el héroe estaba y haciendo acopio de todas sus fuerzas la lanzó; él sabría qué hacer.

En su misma posición Link observaba como la princesa se alejaba, como se iba de su lado, tuvo la repentina intención de gritarle algo, de darle una un último "nos veremos", pero se contuvo, no estaba muy seguro de volver a ver a Zelda, pero el pensamiento lo entristecía, así que decidió corregirlo y un "al menos no muy pronto" se dijo, aquello solo lo calmó en su medida.

Si mal no vio, el instrumento cayó al río que bordeaba la ciudad, "perfecto" pensó, ahora tendría que nadar con este clima para buscarla.

El kokiri estuvo a punto de encaminarse a la búsqueda de la ocarina, pero antes de poder dar el primer paso el ruido de un nuevo jinete llamó su atención. Al principio, solo podía distinguir entre las primeras gotas de lluvia una figura negruzca que fue tomando la forma de un hombre que no tardó en reconocer.

Era Gannondorf.

El gerudo se detuvo junto a él y lo miró con suspicacia, de la misma forma en que había mirado a Zelda el día de su cumpleaños, era el niño de la otra vez, con el que la princesa hablaba mientras lo espiaban.

Link tragó en seco: aquella era la misma escena que su sueño.


Ahora corría por las calles desoladas de la ciudadela, la población se había resguardado en sus hogares, como presintiendo que el caos iniciado en el castillo no tardaría en extenderse.

Link iba con la Ocarina del Tiempo en mano, herido, tenía unos cuantos raspones, uno que otro moretón y herida abierta , tiritando del frio y mojado tras arrojarse a las aguas para buscarla, se encontraba en una carrera desesperada por cruzar las puertas del Templo del Tiempo y dar al fin con la entrada del Reino Sagrado, pero la humedad de las calles no lo ayudaba, debía de ser precavido si no quería resbalarse.

Gannondorf perseguía a Zelda.

¡Debía de darse prisa, ella lo necesitaba!

Llegando al templo subió las escaleras a trompicones y se dirigió hasta el Altar del Tiempo, no tardó en sacar de su alforja las tres piedras espirituales.

"Si posees las tres piedras espirituales, toma la Ocarina del Tiempo y entona la Canción del tiempo"

Link lo hizo, colocó las tres gemas en su lugar y con la Ocarina del Tiempo entre sus labios entonó la canción. Entre las paredes frías y el alto techo del Templo del Tiempo la melodía resonaba armoniosamente, con cada nota rebotando en las murallas y formando eco y un aura de solemnidad que inundaba el lugar conforme el niño soplaba las notas.

En cuanto terminó posó su vista sobre la pared del frente, como esperando que algo místico o celestial sucediera, pero pasados unos segundos nada ocurría y él se impacientaba.

Luego sucedió, la pared se desvaneció dejando libre acceso hacia el Portal del Tiempo. Navi, quien aleteaba sobre la cabeza de Link tenía una vista mayor, no tardó en verla, así que sin demora le indicó que la siguiera, entusiasmada.

—¡Mira, Link, mira!

En medio de la estancia, clavada sobre el llamado "Pedestal del Tiempo" se encontraba una espada, si mal no recordaba aquella era la última llave para acceder al Reino Sagrado y obtener la Trifuerza.

—¡Es la Espada Maestra!

Zelda en su momento le había contado que el arma solo aceptaba a su legítimo dueño, a aquel digno de llamarse "Héroe del Tiempo". Entonces había tenido muchas dudas, no estaba tan seguro como la princesa de ser quien decía, pero ahora que tenía la espada frente a él, las dudas se disiparon, esa espada era suya sin importar lo que dijeran.

Acercándose hasta el pedestal, Link rodeó la empuñadura con ambas manos, sintiendo como una corriente de energía lo recorría e ingresaba a él a través de sus manos.

¿Estás seguro? —Escuchó, en un murmullo casi imperceptible y muy apagado, como si temiera ser escuchado, pero para el chiquillo nada de lo que le dijeran tendría efecto en él, estaba demasiado ensimismado, demasiado extasiado con la imagen de la espada frente a él.

Haciendo acopio de toda su fortaleza y cerrando los puños con fuerza, Link sacó la espada a la vez que una luz azul lo rodeaba. Sintió como su conciencia comenzaba a apagarse, sin poder hilar un pensamiento coherente, los parpados le pesaban y sus piernas languidecían, sintiendo como sus manos ya no podían siquiera tocar el mango de la espada.

El sueño comenzó a invadirlo hasta que las luces se apagaron y no supo más de él.

Siete años es el intercambio.


En Villa Kakariko luego de ya casi una década del golpe de estado las cosas no iban del todo mal, a pesar de que Gannondorf se había hecho con la corona y gobernaba con mano dura y sin compasión para los débiles, las atrocidades no llegaban al punto de mantener a la población completamente aterrorizada, o al menos, podían respirar tranquilos de vez en cuando.

No como la ciudadela, que con los años se había transformado en una especie de "pueblo fantasma", nadie en todo Hyrule estaba muy seguro de la gente que vivía allí, o de su condición, o si siquiera aún había gente.

El sheikah desde su posición, sentado en uno de los tantos techos, observaba meditabundo las calles de la Villa, a esa hora precisamente no había mucha gente, y los niños ya no salían a jugar por miedo a las extrañas criaturas que aparecían de la oscuridad.

No pudo evitar notar por la periferia del ojo al hylian que se dirigía corriendo junto a su hada hacia el cementerio.

Sheik bajo la tela que cubría su boca sonrió casi imperceptiblemente, el muchacho después de todo había confiado en él y le estaba haciendo caso.

Hace tan solo dos días el joven había despertado en la cámara de los sabios en donde el sabio de la luz, Rauru, le explicó varias cosas, y tras eso apareció junto al pedestal del tiempo, y claro, él también se encontraba ahí, esperando, como había sido desde hace tiempo.

Ver a Link, para la princesa oculta en el cuerpo del sheikah, fue casi volver a nacer, como si nada de lo que pasó en ese tiempo lo hubiera vivido nunca, se sentía al igual que la niña que hace siete años escapaba del castillo para jugar, sintió como todo el desánimo y la pesadumbre que la rodearon durante tanto se esfumaba con solo una mirada, con solo un movimiento del hylian, quien en ese momento estaba demasiado ido y confuso como para hacer otra cosa que estar parado.

Decidió hacer su aparición, Link no tardó en sentir su presencia, volteándose rápidamente mientras desenvainaba la Espada Maestra, cosa que lo asombró, pues había creído ganar el sigilo suficiente como para no ser descubierto de esa forma, pero lo que no sabía es que para Link era imposible no sentirlo, porque el sheikah tenía un esencia que, sin despertar, ya esperaba poder encontrarla.

Link parecía contener su estupefacción, pero para el sheikah, quien podía sentir las emociones, los sentimientos le llegaban como propios, podía saber como los pensamientos en la cabeza de Link eran confusos, sentía su miedo, su tristeza.

Y claro, la princesa oculta en el cuerpo de Sheik también en su momento sintió lo mismo, comprendía perfectamente la emociones de Link, pero en su posición no le estaba permitido compartir su empatía, no podría consolarlo ni sostenerlo de la misma forma que le habría gustado, como Impa había hecho con ella.

Desde el exterior se presentó como Sheik y le indicó parte de su misión, diciéndole en código la ubicación de cada sabio, Link era listo y sabría interpretarlo. Después de eso se fue tan rápida y sigilosamente como apareció, sin que Link se diera cuenta.

No podría soportar un segundo más a su lado, sin poder evitar revelarlo todo, y es que todo el asunto de verdad le causaba dolor, porque sabía que el joven frente a él, la persona digna de llamarse "Héroe del Tiempo", seguía siendo un niño. Por mucho que hubiera cambiado físicamente, sabía que el hylian en siete años no había madurado como lo hubiera hecho si las cosas fueran distintas, y es que daba por asegurado que Link habría querido crecer despierto, ya sea para entrenarse y enfrentar su destino juntos, o solo para esperar el momento en el cual debían actuar, tal y como había hecho ella; sola.

Sheik supo que los recuerdos habían hecho que el tiempo pasara rápido en cuanto vio a Link caminar de vuelta hacia la salida de la villa con el gancho en mano, se le veía mejor, mucho más recuperado.

Se había enterado por Impa que el primer día tras despertar no se movió en absoluto del Templo del Tiempo, quizá demasiado abrumado por el efecto de la epifanía.

Suspiró, agotado, sin importar el momento y que tan cansado estuviera debía seguirlo, y una parte muy al interior se sentía feliz de poder tener la libertad de hacerlo, aunque no pudiera intervenir, aunque fuera a escondidas.


Link cruzó el puente que conectaba el bosque kokiri con el resto del mundo con contenida impaciencia y un poco de ánimo muy bien camuflado, tratando de no hacerse muchas expectativas respecto a su estado, pues, tras haber visto la ciudadela de Hyrule podía esperar cualquier cosa, buena o mala.

Podía decirse que no estaba ni triste, ni muy feliz, más bien esperaba ver lo mejor sin ilusionarse mucho, aunque en el fondo deseaba ver a los kokiris en el mismo lugar que él los había visto por última vez.

Aun así, el deseo le resultaba imposible, después de todo, habían pasado siete años, aunque para él tan solo transcurrieron unos meses desde que abandonara su hogar.

Lo primero que vio fue la aldea kokiri desolada y hundida en un silencio sepulcral, ni siquiera la niña de las coletas que siempre estaba en la entrada se encontraba en su lugar.

Decidido a avanzar, no tardó en ver que la soledad de la aldea se debía a que prácticamente todo estaba invadido por bestias, los pobres niños debían vivir aterrados, sin poder hacer nada más que resguardarse en sus casas y esperar una salvación, no tenían muchas oportunidades sin la protección del gran árbol Deku.

El héroe no descansó hasta que cada monstruo y bestia fuera acabado, y tampoco lo haría hasta que la paz en el bosque fuera devuelta.

Link nunca se había considerado una persona violenta, pero los cambios también hacían efecto en él. Sin dejar que la ira comandara sus acciones se vio en la necesidad tarde en temprano de arrebatar la vida de aquellos seres oscuros a cambio de la suya y la seguridad de los demás, la vida de aquellos entes convocados para matar y ser asesinados, quienes no tuvieron suerte ante la hoja de la Espada Maestra.

Tras eso fue de casa en casa, preguntándole a cada niño si se encontraba bien, comprobando que, por suerte, los kokiris estaban sanos y salvos, pero seguían terriblemente atemorizados. Fue entonces que se percató de una cosa, ni Saria ni Mido se encontraban en ningún lado.

—¿Dónde está Saria?- preguntó tras haber corroborado su hallazgo.

Al principio, los kokiris lo miraron con desconfianza, Link lo entendió, era el primer extranjero en entrar al bosque, pero tras observarlo unos momentos, vieron algo que los hizo tener fe en él, aquel señor tan extraño, y misteriosamente conocido, los había ayudado, él los salvaría.

—Ella fue con Mido hasta el bosque perdido y no han vuelto —dijo uno de los niños con voz temblorosa—. ¿Puede ir a ver cómo están, señor? —Link le sonrió en respuesta y la acaricio la cabeza desordenándole los cabellos, dispuesto a partir ahora mismo.

Los Bosques perdidos tenían un encanto que el resto del bosque no poseía, Link hace mucho supuso que era esa extraña belleza lo que hacía que muchos intentaran adentrarse en él, engañados por aquel traicionero encanto, el de sus árboles de un perenne verde y la agradable temperatura que siempre había al interior de la foresta, de como el sol cobijaba deliciosamente, sin abrasar, y del hipnotizante murmullo de la canción de Saria.

Llegando a la entrada recordó lo primero que le enseñó la kokiri, debía elegir qué dirección tomar, frente a él habían tres caminos que tras segundos de duda, decidió marchar por la izquierda.

Una leve sonrisa se formó en su rostro al ver que su elección había sido correcta, podía confiar bastante en sus instintos, y así siguió siendo por el resto del camino.


No era la primera vez que Link estaba frente a la entrada del llamado "Templo del Bosque", fueron muchas las veces que fue junto a Saria para jugar y pasar el día, y ahora por más que viera ella no se encontraba allí, no se encontraba en el lugar en el que dijo lo esperaría, sino que dentro del Templo.

Momentos como esos eran los que a Link lo desanimaban y lo ponían nostálgico, su concepción del tiempo era distinta, una parte de él aún no aceptaba que habían pasado siete años y que las cosas cambiaran tanto, de forma tan brusca, como si en lugar de existir un proceso hubieran sido destruidas al primer golpe, pero la realidad era otra, y entre una y otra cosa, había existido un proceso que él no vio, que él no evitó o al menos, pudo atrasar. Como una flor que sin importar cuanto la riegues continua marchitándose.

Sintió la ya conocida presencia de Sheik a sus espaldas, el héroe supuso que el sheikah nunca se dejaría ver de una forma más o menos común.

—El paso del tiempo siempre es cruel…Pareciera que va a un ritmo distinto para cada persona, pero nadie puede hacer nada para cambiarlo. Una cosa que no se desvanece con el tiempo son los recuerdos de la niñez —dijo Sheik con su voz monótona e inmutable— Si alguna vez deseas volver aquí, toca el "Minueto del Bosque" —Y le enseñó la canción.

Link estaba demasiado concentrado en las palabras del sheikah como para poner total concentración a la canción, sin importar lo hermosa que le pareciera y lo agradable que se sintiera en sus oídos. La melodía parecía confundirse con el aire y fundirse con el cantar natural del bosque, pero aquello no importaba, tenía la mente pegada en las profundas palabras del de los ojos carmesí.

Claro, pensó, los recuerdos de cuando "era" niño nunca los olvidaría, desde su estadía con los kokiris hasta la travesía por la búsqueda de las piedras espirituales, y sobre todo, el tiempo que había pasado con Zelda.

Aquello lo hizo preguntarse cómo estaría ella y qué le habría ocurrido en todos esos años. ¿Estaría bien, Gannondorf la habría encontrado?

El hecho de pensar que la princesa estuviera en manos del villano hacía su sangre arder del coraje, pero por eso estaba embarcándose en una nueva travesía, para despertar a los sabios y derrotar al villano, para crear un nuevo y mejor futuro para Hyrule, un lugar en donde los kokiris pudieran salir a jugar tranquilos en el bosque, un lugar donde él y Zelda pudieran estar juntos.

Link miró al sheikah, quien parecía estar igual de melancólico que él o más incluso, pensó entonces que para Sheik los años debieron ser más difíciles, probablemente él sentía con mayor pesadez los recuerdos de mejores tiempo, porque a diferencia del héroe, Sheik había vivido aquello que a él se le negó.

—¿Tú también tienes recuerdos que no cambiarías por nada, no? —Preguntó el hylian muy seguro de la respuesta, sabiendo que las palabras de hace unos momentos, no solo iban dirigidas a él.

El sheikah se sintió socavado con la pregunta, así mismo la princesa se estremecía de la nostalgia, daría lo que fuera por recuperar aquello, recordaba con alegría y un dejo de tristeza a medio borrar lo que había sido una mejor época, y lo que pasó tras eso.

Recordaba como poco a poco lo que ella conocía se le fue arrebatado, las veces que tuvo que huir sin opción de ayudar, de traer una salvación en vez de desgracia al lugar a donde iba, como poco a poco lo que era un reino lleno de jolgorio y regocijo cambiaba, como los semblantes de la gente se transformaban, cada persona, cada habitante que cayó por su causa. Recordaba el miedo, la desesperación, la angustia, la incertidumbre de no saber qué pasaría al día siguiente, teniendo que optar entonces por la resiliencia.

Y ante ella, tenía el fin de todo, la persona que haría que las cosas finalmente cambiaran. A pesar que sabía que nada cambiaría sus recuerdos, las expectativas de nuevos y mejores momentos le animaban

—Ojalá todo terminara pronto —se le escapó, ignorando la pregunta del hylian. Sheik había usado un tono tan sombrío y triste en su voz que él no pudo pasar por alto, el sheikah le estaba mostrando una faceta más allá de la monotonía.

—¿Qué significa "ojalá"? —A la princesa en el interior del sheikah la pregunta le causó gracia, le traía recuerdos más agradables, más allá de la ataraxia.

—¿No sabes lo que significa? —Preguntó, a lo que Link negó con su cabeza—. Ojalá…denota el vivo deseo de que algo suceda.

Link lo pensó un poco, la palabra se le hacía rara pero poseía un lindo significado, sobre todo porque él, por mucho, siempre "esperaba" que las cosas ocurrieran, pero no de la misma forma que indicaba la palabra.

Durante mucho tiempo, su mayor deseo era tener un hada, y por el mismo periodo, estuvo "esperando" hasta que Navi llegó a su vida, por lo tanto su deseo ya había sido cumplido, y la compañía de Navi hacia las cosas más amenas, más cotidianas y agradables. Navi con sus regaños y su forma de ser llenaba, en su medida, el hueco que se había formado en el corazón del hylian.

Ahora mismo Link tenía otro deseo que había suplantado cualquier otro anhelo que hubiera tenido tiempo atrás.

Suspiró.

—Ojalá pudiera volver a ver a Zelda —dijo, y Sheik nuevamente sintió como propia la tristeza del héroe.

—Ella está bien —respondió el sheikah, pero en su interior Zelda susurraba, tratando que sus palabras llegaran a él: "Estoy contigo Link, siempre lo estoy"

Pero las palabras nunca fueron escuchadas.


A veces, Zelda se dedicaba únicamente a observar a Link, a través de los ojos carmesí del sheikah, en un gesto que iba más allá del deber, la necesidad de ayudarlo y protegerlo durante su travesía, como ahora, que velaba el sueño del héroe.

Tenía entendido que Link se dirigía hacia el desierto, en busca de despertar al último sabio, pero como cualquier otra persona el pobre necesitaba descansar, así que después de que Navi le insistiera durante todo el camino para que durmiera y recuperara fuerzas terminó cediendo ante las quejas del hada.

Para Navi, Link seguía siendo un niño, pues a pesar de la edad la lógica del hylian podía resultar, a momentos, infantil. El asunto iba en que para Navi era necesario que Link durmiera lo suficiente, ya que según ella aún estaba "en pleno crecimiento".

—Te vas a quedar enano si no me haces caso, ¿nunca has pensado que eres…no sé, "bajito"? —A Link el comentario no le llegó como el hada quiso, pues, hace no mucho, él debía alzar la vista para ver a la cara de los demás, y en cuanto despertó, se dio cuenta la perspectiva que su nueva altura le daba. Ahora cuando hablaba, lo hacía frente a frente con las personas, y las ocasiones que se topaba con alguien que lo superaba en estatura no se intimidaba en lo absoluto, acostumbrado a la sensación de ser más "bajo" que el resto.

—No. ¿Y tú, Navi, qué se siente ser una bola de luz que no supera en altura ni a los insectos? —Navi solo pudo responder con una pequeña regañina que hacía cuando realmente se molestaba, incluso su común luz azulada cambiaba por un tono rojizo, tirando con todas sus fuerzas de una de las orejas del hylian, cosa que de verdad dolía.

Sabía muy bien que a las hadas solo les cabía un sentimiento a la vez.

Luego de eso el héroe su tumbó a dormir bajo la sombra de uno de los tantos árboles esparcidos en la pradera, dejándose hundir rápidamente en un sueño profundo y tranquilo, lejos de las pesadillas y la crudeza de la realidad. Sheik daba gracias a las diosas por aquello.

Epona, su yegua, también descansaba, actuando a modo de almohada para el héroe, quien además había colocado su particular gorro verde sobre sus parpados para evitar que los rayos de sol que se filtraban a través de las hojas del árbol lo molestaran.

Navi se había acurrucado sobre el pecho del hylian, disfrutando del sube y baja de la acompasada respiración del héroe, desde su posición reparó en la presencia del sheikah, pero no dijo nada sabiendo que sus intenciones eran buenas. Así que, segura que alguien los resguardaba, se dejó llevar por la somnolencia del momento.

Sheik agradeció no tener que entablar conversación alguna ni con el hada, ni con el héroe, no porque no le agradará (a pesar que siempre trataba de evitarlo), sino porque, siempre que hablaba con él sentía el impulso de mandarlo todo al diablo y quitarse de encima aquella fachada que, sin que nadie interviniera, armó.

Pero, ¿realmente podría, estaba dispuesta a revelarlo todo?

Zelda era sabia y conocía su destino, la forma en que las diosas habían hilado todo para la efectividad de sus designios, ella lo sabía y aceptaba, a sabiendas que de ello dependía la liberación de su pueblo del yugo del tirano, pero…¿Y Link?

¿Podría ver las cosas de la misma manera sabiéndolo todo?

Muchas eran las veces en la se tragó las palabras, cuando sentía las ganas de soltarlo todo, absolutamente todo, desde el libro, hasta el final que estaba escrito entre sus páginas.

Muchas fueron las ocasiones en las que hubiera querido revelarle su verdadera identidad, quitarse esa máscara de encima, que Sheik realmente era la princesa Zelda a quien tanto buscaba, la persona que le había encomendado la búsqueda de las piedras espirituales a ahora más de siete años.

Quería hablarle de la culpa que sentía, que había estado equivocada, tan malditamente equivocada.

Tiempo atrás, antes de que todo esto sucediera, creyó que si se adelantaba a los acontecimientos tendría la posibilidad de evitarlos, pero las cosas se le fueron en contra y ahora Link cargaba a rastras las consecuencias, y quizá cuánto tiempo lo haría.

Olvidó que el camino hacia la salvación era uno que las diosas trazaron hacia mucho, mucho antes que ellos renacieran en aquella época.

—¿Qué acaso no tienes que hacer nada mejor que espiarme? —Escuchó de boca de Link, quien había despertado y ahora se encontraba acomodándose sobre el pasto, tratando de ocultar de su voz los rezagos del sueño.

Sheik frunció el ceño, en todo lo que llevaba "conviviendo" con el hylian nunca lo había tratado así.

—¿Y tú, héroe? Si no perdieras tanto tiempo haciendo cosas que poco tienen que ver con tu misión podrías descansar en condiciones, estás muy expuesto —respondió el sheikah dedicándole una mirada de reprobación con su único ojo visible—. De todas formas, ¿no estás cansado de todo esto, no sería mejor que cumplieras lo más rápido posible?

Link lo pensó un rato, sin poder obtener una respuesta directa al asunto, no es que él quisiera retrasar las cosas, simplemente se sentía en el derecho de poder darse una pausa de vez en cuando, tenía derecho de recuperar lo que no vivió.

—Yo no he estado "perdiendo el tiempo", porque en primer lugar ya he perdido bastante —objetó, molesto—. Deberías saberlo si me has estado observando todo el rato, ¿no?

—¿Y eso no te sorprende? —Preguntó desafiante, sabiendo que el asunto se le estaba escapando de las manos, mientras se acomodaba en la rama del árbol.

El héroe suspiró, el tema de conversación de verdad lo agotaba.

—Claro que no —contestó, con un tono inusualmente serio.

—¿Por qué no?

—Primero me dijeron que era un hylian en vez de un kokiri y luego me dijeron que era el Héroe del Tiempo, y he estado todo este tiempo tratando de creerme el cuento, después de eso creo que es más fácil creer que me has estado espiando. Ya casi nada me sorprende.

Y Sheik volvió, una vez más, a tragarse sus palabras.


Link tuvo la certeza de que su travesía finalmente llegaba a su fin en cuanto, tras recibir el medallón del espíritu de mano de Nabooru, supo que "alguien" lo estaba esperando en el Templo del Tiempo.

Así que, haciendo uso de la Ocarina del Tiempo, el héroe se tele transportó al lugar. Dentro del Templo las cosas no cambiaban, se respiraba la misma aura tranquila bajo la protección de las paredes imperturbables.

—Te he estado esperando —dijo la conocida voz del sheikah a sus espaldas. A Link le sorprendió el que no hubiera caído del techo, sino que apareciera como cualquier otro que viene y va.

Sonrió, dentro de lo que se había convertido su vida en el transcurso de la aventura Sheik era el único que efectivamente se mantuvo a su lado hasta el final.

Dejando los saludos del lado el sheikah comenzó a relatar la profecía de la Trfuerza, la misma que Zelda le había contado, y añadiendo lo que supo de boca de Rauru, el momento en el que Gannondorf se infiltró en el Reino Sagrado, cumpliéndola.

—Gannondorf no poseía el equilibrio adecuado para poseer la Trifuerza completa, por lo tanto en cuanto éste la encontró la reliquia se dividió, obteniendo el fragmento que más lo representaba, el del Poder, mientras que tú, Link, eres el poseedor del Fragmento del Valor.

A Link la revelación no lo tomó por sorpresa y Sheik aquello lo vio reflejado en los ojos del hylian, confirmando sus sospechas.

Al igual que a la princesa, Link había sido juzgado por el Fragmento de la Trifuerza.

Él no recordaba muy bien la experiencia, tenía bastantes lagunas del momento, al igual que Zelda, solo poseía el vago recuerdo de encontrarse en una estancia totalmente blanca en la cual no podía hacer nada más que escucharse.

Zelda fue una niña que supo mucho y pensó poco, no estás preparado aún para hacerte llamar "Héroe del Tiempo." Ustedes solo fueron un par de niños jugando a ser héroes.

Yo solo quiero ver a Zelda…

Devuelto a la realidad Link vio como el sheikah lo esperaba para retomar su dialogo, consciente del ensimismamiento del hylian.

—El portador del Fragmento de la Sabiduría es el séptimo sabio y guía de estos —entonces Sheik alzó el dorso de su mano sobre su rostro a la vez que la imagen la Trifuerza brillaba en el dorso de su mano, inundando la estancia de una luz dorada comenzó la transformación, dejando en el lugar del sheikah, a la princesa Zelda.

Esta vez Link no pudo ocultar su estupefacción y el golpe de emociones que la visión le provocó. El saber que todo este tiempo el sheikah no era más que ella, que Zelda, lo reconfortó, supo que todo este tiempo ella había estado a su lado, oculta y presa de las circunstancias, pero sin importar eso nunca lo abandonó, ni lo dejó de lado.

—Aquella persona soy yo —pausó—. En el momento que Gannondorf asaltó el castillo huí junto a Impa, y cuando te vi en el camino creí que lo mejor sería confiarte la Ocarina, creyendo que así Gannondorf no tendría acceso al Reino Sagrado, pero en el momento que sacaste la Espada Maestra tu cuerpo fue aprisionado.

La princesa suspiró tratando de mantenerse tranquila para continuar el relato, pero el peso de los recuerdos se lo estaba complicando.

—Gannondorf entonces, viendo la oportunidad se hizo con la Trifuerza e invadió el Reino Sagrado con su oscuridad, obtuvo el poder necesario para transformarse en un rey cruel y despiadado. Me mantuve estos siete años oculta bajo la identidad de Sheik y aprendiendo el arte de las sombras, esperándote —la princesa miró a los ojos del héroe, sin encontrar en ellos resentimiento alguno, a pesar de la culpa que ella sentía—. Lo lamento tanto Link, quizá si las cosas hubieran sido distintas, yo…

—Ya no importa eso, Zelda —le dijo el hylian, acercándose y posando una de sus manos sobre su hombro, en actitud reconfortante–. Ya nada de eso importa porque sé que estas bien —y le sonrió, Zelda a duras penas correspondió la sonrisa sin poder entender la facilidad del hylian para dejar pasar el asunto.

—Después de tanto tiempo puedo estar frente a ti otra vez Link —dijo posando su mano en la mejilla del héroe—. El reinado de Gannondorf tiene los días contados, por favor, préstame tus fuerzas para esta última batalla.

Link sonrió en respuesta, de la misma forma que afirmó, cuando, hace siete años, le encomendó la búsqueda de las piedras espirituales.

Ya no se trataba de una batalla por la convicción de derrotar al mal y hacer lo correcto, ni por traer de vuelta un gobierno que había desaparecido junto a su heredera. La presencia de Zelda le devolvía sus fuerzas y otorgaba nuevas energías.

—Gracias, Link.

El momento se vio interrumpido en cuanto un estruendo envolvió las paredes del Templo del Tiempo, provocando un leve movimiento. Zelda quien trataba de mantener el equilibrio con ayuda del héroe se vio forzada a interrumpir su contacto al ser rodeada por lo que parecía ser una capsula mágica, similar al amor de Nayru.

—¡Por fin te he encontrado, estúpida princesa! —La voz les causó un escalofrió a ambos, era Gannondorf— Te felicito por haber escapado hace siete años, pero fuiste descuidada y bajaste la guardia —Zelda sintió como la capsula en la que fue aprisionaba tenía un efecto paralizante, a la vez que Link intentaba sacarla de adentro, desesperado por el pensamiento de lo que le sucedería a la princesa.

Zelda dejó escapar un grito adolorido en lo que se elevaba.

—Pronto obtendré los fragmentos restantes y ni tú, Héroe del Tiempo, ni nadie, podrá hacerme frente. Si te crees capaz de derrotarme y quieres volver a ver a Zelda, ven a mi castillo, te estaré esperando —y la voz se desvaneció junto a la princesa, dejando nuevamente inmutable el Templo, como si nada hubiera pasado.

Link se dejó caer de rodillas, frustrado, enojado consigo mismo dirigió su puño hasta al suelo, golpeando con fuerza y liberando parte del coraje que bullía en su interior.

—Maldito seas Gannondorf…


Para el tirano y llamado Rey del Mal, las circunstancias de ese momento no tenían forma definida, el presente se reducía a vagos avistamientos de lo que sucedía en ese momento, en la forma en que las punzadas y laceraciones atravesaban su cuerpo causadas por las flechas de luz.

Y el futuro, el futuro simplemente no sabía cómo nombrarlo, Gannondorf se veía encerrado en algún lugar desconocido y sin salida alguna, rodeado de esa asquerosa y maldita luz que tanto aborrecía, veía como lo tragaba, como lo arrastraba a ella, y el gritaba de la frustración y de la ira, de su odio en contra de las diosas y los elegidos de la Trifuerza, a ese par de chiquillos que mientras veía como lo espiaban no representaban amenaza alguna, eran tan solo un par de insectos fáciles de aplastar.

El efecto de la parálisis sobre su ser lo devolvió a la realidad, Zelda, esa estúpida niña utilizaba su poder luminoso para mantenerlo quieto mientras que el otro mocoso acababa con él.

—¡Link! —Gritó Zelda desesperada tratando de mantener su poder, el sudor perlaba la frente de la princesa y sentía como su respiración se aceleraba al igual que su ritmo cardíaco—. ¡Solo tienes una oportunidad, dale el golpe de gracia y acaba con esto! —Y dejó que la gravedad hiciera su efecto, cayendo agotada ante el extenuante uso de magia.

Gannondorf, rendido y derrotado, miró al Héroe frente a él, incapaz de aceptar ser vencido por un crío, por el chico que había juzgado de minúsculo aquel día en que tomó el poder. No tenía ni idea de cómo se vería su semblante, pero en la mirada de Link no había rastro de aquel niño, en él solo podía ver al elegido por la diosas, el destinado a derrotarle y acabar con él.

—Te subestimé tanto, chico —pero él, sin detenerse a escucharlo, derramó toda esa furia contenida en un último arrebatamiento, dando el golpe final.

El llamado Rey del Mal sentía como el arma lo atravesaba, deslizándose limpia y rápida por su carne, antes que los sabios actuaran y Gannondorf se viera finalmente incapaz de voltear la situación.

Caído y casi muerto, Gannondorf observaba como la luz que vio en aquel atisbo lo tragaba y aprisionaba, sentía como las emociones volvían y la ira y sed de poder regresaban, ya no se trataba de la bestia esperando su fin, sino de un ser deseando su venganza, ahogado en la desesperante frustración.

—Los maldigo, mi furia resurgirá y el sello se romperá. Recuérdenlo, aún conservo el fragmento del poder —fueron sus últimas palabras antes de que el sello se completaran y los sabios terminaran su función.


En aquel lugar, donde no existían limitaciones definidas, todo parecía ser cómodo, cálido y reconfortante incluso, así pensó Link, quien apreciaba el azul del cielo, ignorando que pisaba la nada y mantenía la tranquilidad ante aquella confortable experiencia.

Se sentía satisfecho y hacia caso omiso al cansancio, el sentimiento de superación era lo que lo hacía ignorar el resto de sensaciones no benignas, como el agotamiento y el dolor de sus heridas, el dolor y el peso de las malas experiencias y recuerdos se creían desvanecer en cuanto observó a Zelda frente a él, con su vestido manchado, la cara sucia y el semblante agotado, pero la mirada de la Princesa era radicalmente distinta, era tan bella, tan de ella, no de la mujer que creció bajo el yugo del villano, sino de la niña que él conoció hace más de siete años.

Zelda quien miraba al héroe no podía ocultar la alegría del momento, al menos, en este tiempo lo tenía a su lado y aquella fue la única cosa que de alguna forma logró evitar.

Suspiró, culpable.

—Ya todo ha acabado.

Aquello, todo lo que había pasado fue fruto de sus errores, de las decisiones tomadas apresuradamente en un intento desesperado que terminaron siendo en vano. Le habían quitado siete años de su vida y le trajo consecuencias que si no fuera por su fortaleza, quizá no hubiera superado. Ya le había hecho mucho daño.

Pero ahora la situación era distinta, podía hacer algo por él, era capaz de devolverlo a su tiempo, ahora que las cosas sucedieron, que el mandato había sido cumplido, ¿qué se lo impedía? Ni siquiera los juegos en el tiempo, podía solucionar las cosas desde un principio, devolver las vidas creando un nuevo futuro en donde nada de esto ocurriera.

Devolvería a Link a su tiempo y delatarían a Gannondorf antes que asaltara al castillo.

—"…y esta vez no se te ocurra desobedecerme, niña, las estas desafiando" —recordó las palabras de la voz.

—Link, te debo una disculpa —empezó, fijándose en como el hylian la miraba confundido—. No fui capaz de prever las consecuencias de obtener el poder del Reino Sagrado y te arrastré a ti en todo esto. Es momento de enmendarme. Por favor, dame la Ocarina.

El ritmo que estaba tomando no le gustaba, no le gustaba en nada, ¿en qué estaba pensando?

A pesar que su mente protestaba Link sacó de su alforja, con un movimiento acostumbrado la Ocarina del Tiempo, y se la pasó a Zelda, no sin antes tener un último contacto entre sus manos.

—Una vez que llegues, debes clavar la Espada Maestra en su pedestal y cerrar el Portal del Tiempo, de esa forma finalizará la comunicación entre una época y otra. Este es el adiós por el momento —dijo lo más firme que pudo, era cierto que aquel no era un "adiós" permanente, pues Link se reencontraría con su "yo" del pasado y volverían a verse, pero el sentimiento la desgarraba y no era la única, el Héroe parecía igualmente afectado y disconforme.

—Pero, tú…

—Por favor, recupera el tiempo perdido, volveremos a encontrarnos, te lo prometo —llevando el instrumento a sus labios, Zelda entonó la canción que le permitiría volver al pasado.

La Princesa vio como el Héroe se elevaba y se desvanecía conforme su apariencia cambiaba y eran sustituidos por sus rasgos y apariencia infantil, dirigiéndose un último vistazo y una palabra cuyos sonidos nunca fueron emitidos.

—Princesa Zelda, has vuelto a equivocarte.


En los jardines del castillo, Impa, sabia de la Sombra, observaba el reencuentro entre su protegida y el Héroe, viendo como sentados alegremente Link trataba de hacerla reír y Zelda lloriqueaba de la alegría tras el viaje en el tiempo.

La sheikah suspiró, acongojada y triste por la pareja, cuestionándose seriamente la decisión de la Princesa y en que estaría pensando al momento de cometer tal desafío hacia sus deidades al haber jugado con el tiempo, creando no solo una, sino dos líneas temporales alternas.

El camino creado por Zelda crearía tres consecuencias que, estaba segura, lamentaría, la primera de ellas, es que en aquel futuro alterno había dejado a Hyrule sin un "Héroe", desamparado y sin quien lo protegiera de futuras confrontaciones.

De alguna forma evitaría que Link cumpliera su destino, permitiéndole, no solo a él, sino a ambos, disfrutar en plenitud de aquella etapa tan importante: la infancia. Pues ya no existiría un "Héroe del Tiempo" ni una "Princesa del Destino", únicamente dos chiquillos, como en un principio, jugando a ser Héroes, estaban huyendo del camino que las diosas trazaron para ellos, escapando de las responsabilidades, pero ¿quién los culparía, no habían ya pasado ellos lo suficiente?

No, porque para las diosas nunca lo era, por eso estaban en ese juego, de reencarnaciones y ciclos con la misma historia, repitiéndose interminablemente.

La tercera, y la más temible, ambos serian castigados, como sabia Impa conocía del futuro poco tentador que sufrirían ambos, no estaba muy segura, pero las diosas crearían la forma en la que ambos elegidos se arrepintieran de sus acciones, y todo esto ¿por qué?

Por las decisiones de la princesa, quien nuevamente había arrastrado a Link consigo.

Pero ellos nunca lo sabrían, deberían darse cuenta de sus errores por ellos mismos y enmendarlos, quizá en que momento, ¿En esta vida o en la siguiente, hasta cuándo continuaría?

Diosas, cuánto dolería.

Fin de la primera parte


Lamento mucho si no es lo que esperaban, pero deberán saber y espero que me comprendan, que no podía darles un final completamente concluso, pues como verán, ésta es apenas la primera parte, dando asi inicio a la trama principal.

He intentado enmendar esto tratando de hacer el capitulo lo más completo posible, espero que de todas formas se les haya hecho ameno y agradable, hice lo mejor posible y lamento si no fue suficiente.

La continuación de este fic, que he titulado como: "Quam Benigma", se viene en lo que espero sea menos de un mes. He de decir que es algo un tanto más complejo que este, por lo tanto quiero avanzar lo más posible para evitar futuras pausas. :)

Chicos, realmente muchas gracias por sus comentarios y también a los que siguieron esta historia, no saben cuanto se los agradezco, son un apoyo muy importante para esta historia y espero tenerlos conmigo en la segunda parte. ^^

Dudas, preguntas, quejas y criticas, dejen review, no soy adivina para saber si les gustó o no y además me ayuda mucho, siempre contesto.

¡Nos leemos en el siguiente!