Este fic participa en el Reto Trimestral Masquerade del foro "El Mapa del Mortífago".

N/A: Amores míos, corazones de melón y gente de internet. Les traigo un pequeño mini-fic que constara de entr capítulos incluyendo el epilogo que subiré a lo largo de esta semana, el cual será una "adaptación" de la canción Himitsu kuro no chikai de Vocaloid (con unas cuantas modificaciones). Espero que sea de su agrado y lo disfruten.

Disclaimer: Todo lo referente al universo de Harry Potter es propiedad de J.K Rowling y Warner Bros. Yo solo los uso como mero entretenimiento mío y los que lean esto, lo único que me pertenece es esta ficción. La canción "Himitsu kuro no chikai" pertenece a sus respectivos compositores y la voz al Vocaloid Rin Kagamine.


De blanco y negro.


Parte 1

Encontrándonos


En una antigua mansión rodeada de hermosos paisajes, bosques frondosos y pequeños poblados habitados por apenas unos cientos de personas, residía una de las antiguas dinastías Normandas* recién llegadas al país, Los Malfoy. Eran una pequeña familia que contaba con tres integrantes, el cabeza de familia Armand Malfoy y destacado colaborador en los ejércitos del Rey Guillermo el conquistador. La señora de la casa y destacada señora de sociedad Antares Isabel Malfoy, y el hijo de ambos y futuro heredero del orgullo familiar, un pequeño de resplandecientes cabellos platinados, piel blanca e inmaculada como la nieve y ojos tan grises como la plata liquida, Draco Xavier Malfoy.

Desde la llegada de los Malfoy al nuevo país, se codearon entre las celebres de la sociedad en busca de poder, conexiones e incluso tratos políticos. Armand Malfoy era un hombre ambicioso, sediento de poder y riquezas; amaba a su familia eso era algo que siempre les hacía saber pero su codicia muchas veces lo superaba a sí mismo. A su mujer en varias ocasiones la había ofrecido como "dote de una noche" a cambio de innumerables riquezas o favores que traerían consigo un mayor poderío a su familia. Su hijo quien para aquella época no alcanzaba la dulce edad de dos años, decidió comprometerlo con la hija de un importante miembro del parlamento ingles Celedonio Lanús Parkinson, sin molestarse en comentárselo a su mujer o comprobar el agrado de su hijo por la hija del parlamentario.

Así fueron pasando los años. Armand cada día se volvía más distante de su familia, encontrándosele frecuentemente en bares de alta sociedad acompañado usualmente por afamadas Damas de compañía cortesía del mismísimo Rey. Por la noche ya muy entrada la madrugada, llegaba el cabecilla de los Malfoy con un fuerte aroma etílico y distintos tonos de labial en sus ropas, despotricando sin remordimiento alguno la supuesta inutilidad de la mujer con la que había contraído nupcias despilfarrando una enorme cantidad de peyorativos contra esta que simplemente le escuchaba callada y con lagrimas en los ojos. Por su parte, el más pequeño de los Malfoy ignorante de toda la situación observaba con gran admiración a su padre siendo este su gran modelo a seguir y anhelando ser igual a él al crecer.

En el decimosexto cumpleaños del joven heredero de los Malfoy, donde Armand finalmente haría público el tan ansiado compromiso de su hijo con la menor de los Parkinson, cayó en cama a causa de una extraña enfermedad en su sangre la cual lo inhabilito de sus funciones como cabecilla hasta la recuperación que jamás ocurrió. Consciente de su lamentable destino Armand Malfoy llamo a su único hijo para clamarle su último deseo antes de partir de este mundo.

-Trae honor y poder a la familia, hazme sentir orgullo de ti hijo. Únete con una familia digna de un Malfoy y engendra con ella algo que ningún mortal sea capaz de soñar. Recuerda Draco lo único que importa en esta vida es que tener un gran poder y con el ser respetado y envidiado.

-Como usted desee padre, si eso le complace y trae orgullo a nuestra familia a si se hará.

La matriarca de Los Malfoy vigilando a su hijo, no pudo evitar sentir como su corazón caía a la boca de su estomago, aun en la muerte Armand haría a su hijo un prototipo de infelicidad y rencor. Alejándose de la puerta asegurándose de no ser vista o escuchada la mujer se alejo del recinto llorando por el destino tan inclemente que sufría su adorado hijo, un niño que nada tenía que ver con el hombre que desgracio su vida tantas veces en el pasado.

Armand Malfoy murió la misma noche en la que hablo con su hijo, dejando a este destrozado y con gran amargura. Importantes figuras asistieron a su funeral tales como la mismísima familia real de Inglaterra y todo el parlamento rindiendo honores y clamado la valía del hombre. Desde aquel día Draco Malfoy no fue el mismo que su madre conoció, se transformo en un joven cerrado, arrogante, descorazonado y orgulloso… Tal como lo fuere su padre alguna vez.

Así dieciocho primaveras el joven Draco tomo el poder de la familia destituyendo a su madre del cargo. Sumando a ello anuncio su compromiso en nupcias con la Doncella Patricia Pansy Parkinson como le había pedido su padre. Una hermosa celebración se llevo a cabo en el palacio imperial cortesía del Rey Guillermo quien felizmente ofreció el lugar para la fiesta de compromiso del hijo de su adorado amigo y colaborador.

Semanas después del anuncio, Draco se encontraba observando el firmamento desde el balcón de su habitación. Inclinado hacia el barandal con los bazos apoyados en este sosteniendo el peso de su cuerpo, cerró los ojos disfrutando de la brisa otoñal. Añoraba terriblemente esos momentos en los que simplemente se dejaba ser uno con el silencio y su mente llegaba un ansiado sentimiento de hace mucho no recuerda. Abrió los ojos lentamente evitando enceguecer a causa de los rayos del astro rey en lo alto del firmamento. Sonrió de lado al escuchar unas suaves pisadas en el suelo de mármol, agradecido de que muy posiblemente no sería su prometida quien le asechaba.

-Madre ¿Gustas acompañarme a observar la arboleda?

La mujer se sorprendió ligeramente al ser descubierta, sin embargo cambio su expresión tan rápidamente como llegado por una ligera sonrisa que resaltaban sus labios carmesí.

-Pensaba que habías salió hijo mío – dijo la mujer caminando hasta un pequeño mueble color marfil ubicado en el balcón.

Sin girar hacia su madre Draco negó con la cabeza soltando un ligero suspiro –Patricia deseaba que la acompañase a una fiesta que celebraba uno de sus parientes lejanos… – callo un momento - No me apeteció ir.

-Ya veo – respondió condescendiente – Aunque me extraña, esa conducta no es propia de ti Draco.

El rubio simplemente se encogió de hombros – Solo estoy cansado.

Antares se levanto de su asiento y se desplazo junto a su hijo posando delicadamente su mano sobre el hombro de este – Draco, eres tan joven… No deberías apresurar las cosas, tendrías que ser feliz.

-No sé de que hablas madre. Yo no apresuro nada, cumplo mi deber… El deseo de mi padre.

-Draco, Solo quiero que medites lo que estás haciendo – suspiro al no recibir respuesta – Te quiero hijo, solo deseo lo mejor para ti. – dicho eso beso ligeramente la coronilla de su hijo y se retiro dejándole solo.

Ligeramente inquieto, Draco decidió dirigirse a los establos de la mansión y dar un pequeño paseo por la arboleda para despejar su mente. La arboleda era uno de los lugares favoritos del Malfoy desde que era niño, recordaba como pasaba horas enteras jugando entre los fuertes tallos de los árboles y sacando pequeñas ramitas de estos fingiendo que eran varitas como las que poseían sus padres e imaginando que de estas salían maravillosas y resplandecientes luces que iluminaban el lugar. Se divertía rodando por el suelo acolchado de hojas en otoño, arrojando nieve a los desprevenidos elfos que cuidaban de él en invierno, tomando largas siestas en el suave césped verde rodeado de decenas de flores con brillantes colores en primavera y de las excursiones hasta el lago de la arboleda en los calurosos veranos. Un fuente golpe y el chillar de las aves asustadas lo aparto de sus cavilaciones regresándole a la realidad, indeciso si regresar o investigar tomo fuertemente las riendas de su corcel y galopo hasta lo más profundo de la arboleda.

La luz de la tarde apenas lograba filtrarse entre las altas copas de los arboles que aun posean sus coloridos follajes, dando al lugar un rojizo brillo de luz que se extendía por todo el lugar. Desde la altura que le proporcionaba estar montado sobre su caballo busco en los alrededores cualquier cosa que estuviera fuera de lugar pero no hallo más que hojas espaciadas en el suelo y un par de animales silvestres que escaparon al verle llegar. Marcho un par de metros asegurándose de que había nada en el lugar, minutos después y casi con el atardecer a sus espaldas tiro de las riendas del animal para dar la vuelta y retirarse del sitio.

-A…Ayu…da.

Draco detuvo el caballo al instante, entrecerró los ojos buscando la fuente del sonido ¿acaso lo abra imaginado? Resoplo frunciendo el ceño disponiéndose a ignorar lo que sea que su imaginación le dijera.

-Por… Favor…Ayu…De…Denme.

Muy bien, el joven heredero ya se estaba hartando. Bajo del caballo y camino hasta unos arbustos donde creía se escuchaban los llamados, asegurándose mentalmente que probablemente lo único que encontraría en el lugar no serian nada más además hojas, tuvo que contener un grito al saberse equivocado. Allí tirado descuidadamente sobre el arbusto un joven de cabellos tan negros como la noche realmente alborotado con la piel de un suave color acaramelado llena de moretones, raspones y heridas de múltiples tamaños y profundidades de complexión un tanto pequeña vestido con las ropas más extrañas que el Malfoy hubiera visto usar a algún hombre, un pantalón corto completamente blanco al menos unos diez dedos sobre las rodillas con una cadena de plata rodeando su cintura y cayendo a un costado, también portaba una camisa, si es que podía llamársele así, sin mangas y lleno de holanes con el cuello ligeramente elevando mostrando parte de su cuello que al igual que el "pantalón" era completamente blanco además de ser bastante ajustada si le preguntaban al rubio. Miro sus manos que no estaban mejor que el resto del cuerpo, en una de ellas había una herida bastante profunda que no dejaba de sangrar o eso parecía dado que ambas manos tenían unos extraños guantes blancos que comenzaban en la muñeca y terminaban en los nudillos. Antes del rubio pensar en nada noto que muchacho abría los ojos, unos impresionantes ojos verdes esmeralda, tan brillantes como el sol mismo.

-Tranquilo, te voy a ayudar. Pronto estarás bien.

El misterioso joven observo unos segundos al otro antes de aparecer una pequeña sonrisa en sus labios y finalmente desvanecerse sobre un confundido Draco.

Luego de aquel encuentro, Draco llego con el mal herido pelinegro hasta la mansión donde mando a llamar al mejor medimago del poblado. Draco pasó días enteros junto al medimago tratando de salvar al moreno al que había instalado en una de las habitaciones contiguas a la suya propia. Madame Malfoy observaba atenta las acciones de su hijo ligeramente extrañada y conmovida en partes iguales, hacia años no recordaba a su hijo haciendo un acto tan desinteresado por alguien y mucho menos un perfecto desconocido. Por otro lado, Lady Parkinson; prometida y auto-proclamada huésped indefinido de la Mansión Malfoy miraba las acciones de su prometido con desdén. A su criterio gente como ellos no debían mezclarse con una gentuza como esa y mucho menos perder su tiempo en ellos.

Una semana después luego de ardua labor e intensivos tratamientos Draco y el medimago lograron sanar al moreno. El medimago agotado por el extenuante trabajo pidió permiso para retirarse y solicitó que si ocurría alguna eventualidad en la salud del chico le enviaran una lechuza que llegaría tan pronto le fuera posible, con un asentamiento de cabeza Draco acepto y se dispuso a agradecerle al medimago antes de que este desapareciera de la propiedad. Aprovechando que aun en el cielo reinaba el Astro Lunar y el resto de los habitantes de la mansión se encontraban cómodamente instalados en sus respectivos aposentos, Draco se dirigió al suyo propio en busca de un merecido descanso. Caminando con paso lento, cruzo el largo pasillo que conducía a su habitación deteniéndose un instante frente a la puerta del chico al que había cuidado a la largo de esa semana.

-Debo estor loco…- murmuro el rubio mirando a los costados asegurándose de no ser visto

Abrió lentamente la puerta, examinando el interior de la habitación ligeramente iluminada por el brillo de la Luna. Una amplía cama de dorcel de vestiduras blanquecinas y verdosas en su juego de cama, un par de sillones individuales en una de las esquinas junto a una pequeña librería y un enorme ventanal que iluminaba todo el espacio. Cerró la puerta con cuidado procurando no despertar al moreno que dormía tranquilamente sobre la cama. Camino hasta quedar junto a esta y contemplo al joven durmiente en ella, se veía prácticamente igual a cuando le encontró solo que en lugar de esa extraña ropa vestía una de las pijamas de Draco que le quedaban un poco grandes y una cicatriz en forma de rayo se cernía sobre su frente, lamentablemente fue la única cicatriz que no pudieron remover. Con cautela hizo un pequeño espacio en el medio de la cama y se sentó sin poder evitar mirar al pelinegro. Era impresionante, él mismo se sorprendía al pensar que había pasado una semana cuidando de él pero que aun así no le molestaría seguir asiéndolo. Asustado por la corriente de sus pensamientos retiro su mano de los cabellos del otro ¿en qué momento comenzó aquella caricia sin siquiera notarlo? Levantándose de la cama se dirigió presuroso a sus aposentos sin notar a sus espaldas un par de ojos verdes que le observaban con un brillo sin igual acompañados de una pequeña sonrisa.

Dos días pasaron con la misma rutina en la mansión Malfoy; Draco desayunaba en compañía de su madre y Lady Parkinson, revisaba al chico que aun parecía no recobrar el conocimiento al menos unas dos veces en la mañana y otras dos en la tarde, Almorzaba en la terraza con su madre, trabajaba en acuerdos comerciales que su familia tenía pendientes hasta la noche donde comían nuevamente los tres juntos y se retiraban a su aposentos o Draco fingía hacerlo ya que pasaba hasta altas horas de la madrugada junto al pelinegro para luego siempre salir temiendo de sus propios pensamientos.

Al decimo día de su estancia el moreno abrió los ojos frente al Malfoy quien se quedo en su sitio al ver la profundidad de aquellos ojos tan llamativos.

-Hola – dijo el moreno con la voz más ronca de lo que el rubio recordaba

-¿Hola? – Respondió dubitativo - ¿Cómo te sientes?

-Bien… Aunque supongo que eso te lo debo a ti, ¿verdad? – Mas que una pregunta era una afirmación.

El rubio asintió - ¿Cuál es tu nombre?

-Harry –respondió sonriente

-¿Harry…?- haciendo una seña para que continuara hablando

-Nada, solo Harry – rio ligeramente al ver la expresión del rubio – De donde vengo no usamos apellidos.

-¿Y qué lugar es ese exactamente?

Harry desvió la mirada y su expresión se volvió desolada – No hablemos de eso por favor Draco…

-¿Cómo sabes mi nombre si no te lo he dicho?- pregunto frunciendo el ceño. Aquel chico era muy extraño.

-¿Lo escuche en un sueño? – respondió Harry entre risas. Draco sin proponérselo acabo riendo con él. –Me gusta tu risa. Es muy linda.

Draco calló al instante, aclaro su garganta buscando disimular el calor en sus mejillas –Veo que te encuentras bien ahora… ¿Hay alguien con quien pueda comunicarme para que conozca tu paradero? ¿Algún familiar o algo?

El rostro de Harry empalideció, su cuerpo comenzó a temblar ligeramente y tomo con fuerza la abundante túnica negra del rubio –No me lleves con ellos de nuevo por favor. Hare lo que tu desees Draco, solo déjame quedar aquí contigo– murmuro lo ultimo escondiendo su rostro en el pecho de su cuidador –Por favor…

Sin saber por qué, Draco solo rodio el pequeño cuerpo con sus brazos acunándolo en su pecho. No lo sabía pero había desatado una lucha que no lograría ganar.

Los días fueron pasando, Harry Luego de un exhaustivo examen por parte del medimago logro salir de la cama y recorrer la mansión. El moreno aún en contra de los deseos del Malfoy había regresado a su habitual traje blando que resaltaba enormemente sus rasgos y lo y lo destaca de la lúgubre decoración de la mansión. Draco y Harry se habían vuelto especialmente unidos principalmente el pequeño Harry quien trataba de acompañar a todos los lugares posibles al rubio, para molestia de la prometida de este quien le reclama constantemente su cercanía con el "Mocoso indigente" como le llamaba peyorativamente. Harry por su lado no podía ser más feliz que cuando estaba a solas con Draco, eran sin duda esos momentos los que el realmente atesoraba. En ese momento por ejemplo, ambos se encontraban en el estudio Draco quien leía un enorme pergamino mientras Harry le contemplaba sonriente en un sofá cercano. Tenían por lo menos unas dos horas sumidos en silencio que solo era roto por el crepitar de las llamas y los suspiros de Harry, en uno de ellos Draco alzo su vista del pergamino y la poso en Harry alzando la ceja indicándole sin palabras que le dijera que ocurría.

-Lo Lamento no quería interrumpiere… Es solo que está pensando…

Draco dejo a un lado el Pergamino colocándolo cuidadosamente sobre la mesa -¿Y en qué piensas Harry?

El rostro del moreno se torno ligeramente rosado y desvió la mirada con una sonrisa atontada en los labios – En lo mucho que… Me gusta estar contigo.

Una sonrisa predadora apareció en los labios del rubio -¿Enserio?

El moreno asintió enérgicamente –Si, enserio.

Draco se levanto de su silla y camino fluidamente hasta el sofá donde se hallaba un embobado Harry que le miraba fijamente con ese brillo que al rubio por algún motivo le encantaba. Tomo suavemente la barbilla del moreno permitiéndose perderse en esos hermosos ojos llenos de tantas cosas que él no lograba comprender –Harry… ¿Quieres que te cuente un secreto?

Los ojos de Harry se abrieron sorprendidos, pero sin moverse un milímetro sonrió enormemente - ¿Un secreto? ¿Me confiarías un secreto a mí? – Draco sonrió de nuevo y asintió suavemente – Cuéntame, por favor.

-A mí también me gusta estar contigo, Harry. – Sin dale tiempo a responder al moreno, Draco cortó la distancia entre ambos y poso suavemente sus labios sobre los de Harry quien le recibió tímido pero claramente gustoso. No fue un beso hambriento ni lleno de deseo como lo habría imaginado el rubio. Era un beso lento delicado hasta casi tímido pero lleno de afecto y pasión… Oh por Dios era un beso que sabia a gloria. Harry subió lentamente sus manos hasta rodear el cuello de Draco con una y la otra usarla para acariciar suavemente la pequeña fuente de oro que eran los cabellos del heredero, por su lado, Draco movió la mano que sujetaba la barbilla del pelinegro llevándola hasta su mejilla mientras que su mano libre la posaba en su cintura buscando una mayor cercanía.

Pasaron un par de minutos hasta que se separaron unos milímetros en busca de oxigeno. Los ojos de Harry brillaban como dos luceros llenos de emoción, Draco simplemente sonreía abiertamente.

-¿Te puedo decir un secreto, Draco? –murmuro Harry sobre los labios enrojecidos de Draco.

-Por supuesto, dime lo que desees.

-Creo que descubrí algo que me gusta más que verte leer…

-¿A sí? – Respondió con fingida sorpresa -¿y qué seria eso?

-Pues… Esto- termino de acercar sus labios a los de su compañero, dejando en claro la nueva actividad favorita de ambos.

Un mes paso en la mansión, Lady Parkinson cada vez se volvía más huraña con su prometido manteniéndose constantemente a su lado evitando dejar a solas a los jóvenes. Madame Malfoy quien observaba desde la distancia a su hijo, especialmente en los momentos que Lady Parkinson debía retirarse para tratar asuntos concernientes a la boda, notaba como su hijo cada vez sonreía más a menudo y se volvía más expresivo, cosa que no ocurría desde antes de la muerte de su padre. En un principio pensó que tal vez su cambio se debía a Lady Parkinson, cosa que francamente no le agradaba en demasía, pero, al cabo de los días siguiendo cuidadosamente a su hijo noto que su cambio se reafirmaba con la presencia del joven Harry. Una luz se encendió en su cerebro, era tan obvio que se sentía un poco indignada de no darse cuenta antes, su hijo, su pequeño Dragón estaba enamorado de aquel muchacho de ojos vivarachos. Tan solo esperaba que él lo notara antes de que fuera demasiado tarde. Con cuidado cerró las puertas que daban al rosal de la mansión permitiéndole la privacidad que necesitaban los chicos.

Lady Parkinson llego a la mansión Malfoy apenas unas horas más tarde, junto con ella había llevado a uno de sus elfos que transportaba un maniquí junto a una enorme caja de terciopelo verde. Lady Parkinson estaba que no cabía en su alegría cuando mando a llamar a los dos Malfoy con uno de los elfos. Cuando estos aparecieron con un colado "Mocoso Indigente" ni siquiera se inmuto en despotricar sobre él, según ella ya después de ese día, aquel intruso comprendería que ese no era su lugar. Ordenado a los elfos que acomodasen todo lo que había traído, Lady Parkinson tomo del brazo al Malfoy menor llevándole junto a ella hasta donde se encontraba un maniquí con un hermoso vestido negro y plata con finos arreglos en la más fina ceda y encajé, bordados perfectamente elaborados que demostraban el arduo trabajo de los costureros al hacer más que un vestido una obra de arte. Madame Malfoy admiro la preciosa obra costurera frente a ella, un amplio vestido con una falda en largas capas que jugaban perfectamente con la silueta del maniquí dándole una elegancia exuberante. Debía admitirlo era un sublime vestido de novia. Harry apartado de ellos observaba la pieza con desdén, no porque le pareciera desagradable, simplemente por lo que representaba para el dicho objeto.

-¿No es precioso Draco? – Pregunto Lady Parkinson con desbordante emoción – Se que no debería enseñártelo hasta el día de nuestra boda en un mes pero no pude resistirlo ¿Verdad que te encanta?

-Es… Precioso Patricia- Respondió con voz ausente

-Lo sabia- Dijo ella dando pequeños saltos de alegría – No puedo esperar a que unamos nuestras vidas para siempre y tengamos muchos hijos – una sonrisa apareció en sus labios cereza que resaltaban en su piel pálida y finos cabellos rubios - tal y como lo querían nuestros padres ¿Lo imaginas? – Concluyo observando fijamente a Harry quien la veía abatido pero sin terminar de comprender – Después de todo, ese fue el último deseo de tu padre ¿No, Draco? Casarte con alguien que te diera poder y fuera digno de un Malfoy y engendrar un heredero que ningún mortal podría siquiera soñar.

-Sí, tienes razón… Mi padre deseaba eso y yo prometí cumplir con su última voluntad.

-Lo sé Draco cariño - Poso sus brazos alrededor del cuello del rubio acercándose lo más posible a este sin dejar de observar a Harry con clara burla – Pero no tienes nada de qué preocuparte en un mes seremos marido y mujer y puede que en un año tengamos nuestro heredero.- Dicho eso, Patricia poso sus labios sobre los del rubio quien le correspondió segundos después sujetándole de la cintura y atrayéndole hacia él.

Harry por su lado no logro soportar la escena frente a él, improviso una pésima disculpa a Madame Malfoy y se retiro rápidamente del recinto con el corazón destrozado y lagrimas en los ojos. Madame Malfoy observo con pena el camino tomado por el pequeño y frunció el ceño al regresar su vista a la escenita que estaba montando su propio hijo con aquella muchacha. Sin decir palabra se retiro también del lugar siguiendo el mismo camino tomado por el moreno.

El moreno corrió entre los pasillos hasta llegar a "su alcoba", pensando en lo irónico que sonaba eso cuando la mayoría de las noches dormía junto al rubio… Con ese pensamiento mas lagrimas desbordaron por sus ojos; desanimado y sin ganas ni de estar de pie Harry se tumbo sobre la cama abrazando con fuerza uno de los almohadones que decoraban el aposento. Un suave golpeteo se escucho en la puerta pero Harry lo ignoro imaginándose que sería Draco preguntándole que le ocurría. Aunque quisiera negase a si mismo Harry supo desde un inicio que lo suyo era imposible, su padre se lo había dicho desde que le supo encaprichado de aquel chico… Pero Harry pensaba que el amor lo podía todo, ¿O acaso su amor no era tan fuerte? Pensaba deprimido. Sin poder evitarlo la magia que ocultaba su secreto se desvaneció. Unas imponentes alas blancas se alojaron en su espalda quedando ligeramente abiertas, mostrando una pequeña parte de su envergadura y colorido degradado de blanco a dorado. Nuevamente se escucharon los golpes en la puerta. Harry no respondió. Madame Malfoy al otro lado de la puerta suspiro decepcionada, entendiendo perfectamente al pequeño Harry… Decidiendo que era lo mejor, Antares se alejo de la alcoba colocándole un hechizo silenciador a la puerta para que al menos Harry pudiera desahogarse en paz.

La noche llego junto a la cena donde no se presento el moreno para alegría de Lady Parkinson y desconcierto de Draco, quien no dudo en expresar su duda a su madre.

-Probablemente esté en su alcoba. – respondió de manera simple pero mirando a su hijo con reproche – No se te ocurra molestarle.

Draco apretó los puños bajo la mesa –Disculpa madre pero puedo saber ¿Desde cuándo tienes la idea de que YO molesto a Harry?

-Oh no lo sé cariño, eso deberías pensarlo tu ¿no te parece?

-La comida esta deliciosa ¿no lo creen? – Comento Lady Parkinson con alegría en su voz – Tenemos que hacer cosas aun más deliciosas que esta para la boda.

-Para la… Boda…- Draco se levanto repentinamente de la mesa desconcertando a las otras comensales – Discúlpenme acabo de recordar que tengo que mandar una carta urgente – Sin dar tiempo a ninguna respuesta más que a la pequeña sonrisa burlona de su madre el rubio se retiro del comedor corriendo hasta donde está el de ojos verdes.

Todo estaba en silencio del otro lado de la puerta mientras Draco tocaba y llamaba fervientemente en la puerta –Harry Por favor ábreme- El rubio intentaba inútilmente llamar la atención del moreno que parecía ignorarle o de plano no estar en el lugar; hasta podría haberse ido de la mansión; asustado por ese pensar tomo su varita y finalmente logro abrir la puerta. Instantes después se arrepintió. Sobre la cama una extraña criatura alada parecía haber hecho su nicho con sus propias alas. Sin saber qué hacer alzo su varita y lanzo el primer hechizo que le llego a la mente

-¡Expelliarmus!

La criatura callo con un gemido a una de las esquinas de la habitación, esta temblaba presa del pánico, mientras que Draco solo buscaba a Harry con la mirada.

-¿Dónde está? ¿Qué le hiciste a Harry?

La criatura se encogió sobre si misma sin responder.

-Habla criatura o no dudare en matarte ¡¿Qué le hiciste al chico que estaba aquí?!

Un gemido salió de la criatura pero no respondía.

-Muy bien tú lo pediste… Cruciatus*- Un rayo rojo salió desde la punta de su varita dando de lleno en lo que Draco pensaba era el pecho de la criatura, la cual soltó un grito de dolor abriendo las alas en toda su extensión para intentar detener el dolor mostrando su identidad ante Draco, quien instantáneamente detuvo el hechizo arrojándose al suelo donde estaba un muy adolorido Harry.

-Harry ¡Harry! Oh Dios mío lo siento tanto… No sabía que eras tú, pensé que… Perdóname por favor ¡Harry!

Como pudo el moreno se soltó del agarre del Malfoy alejándose de él, Draco le observo con arrepentimiento y temor mientras Harry solo le observaba con profunda tristeza en sus ojos.

-Esto es lo que soy Draco... Soy un ángel caído.

Draco abrió los ojos de manera exorbitante - ¿Caído? Acaso tu…

Harry le sonrió ligeramente mientras se levantaba como podía del suelo –Mi único pecado fue amar… Amar a un humano, un imposible.

-Espera…Tú… No, no es posible…

-Tienes razón, no es posible – Draco le miro confundido –Tu no me quieres a mí, anhelas alguien que pueda ayudarte a cumplir lo que le prometiste a tu padre.

-Harry… Yo…

Harry se acerco a Draco que aun se hallaba sentado en el suelo, tomo sus manos y lo puso de pie sin dejar por un instante de observar los ojos del contrario. Corto la distancia entre ellos y rozo ligeramente los labios de su amado para separarse definitivamente de él y mirarle dulcemente.

-Se feliz Draco, eso es lo único que deseo para ti.- Harry dio la vuelta y corrió hasta el enorme ventanal de la habitación mientras escuchaba los gritos desesperado de Draco pidiéndole que parara. No lo hizo.

Un estupendo que sonó por toda la casa alerto a las mujeres que corrieron hasta la alcoba donde se produjo el ruido, pensando en que encontrarían algún maleante o mago oscuro solo hallaron un montón de vidrios rotos, partes de la madera del ventanal esparcidas aleatoriamente y a Draco arrodillado en el suelo con la mirada perdida en el cielo. Madame Malfoy Trato de hacer reaccionar a su hijo mientras Lady Parkinson observaba la escena sin saber qué hacer.

-Draquito, ¿Hay Dios que le han hecho? Draco debes reaccionar o no nos podremos casar.

-Señorita Parkinson le agradecería que si no será de ayuda se abstenga de hablar o simplemente se retire. – Mando Madame Malfoy Volviendo la atención a su hijo – Vamos Draco, hay que llevarte a tu alcoba allí podrás recostarte mientras los elfos reparan este desastre.- dijo con voz condescendiente y apacible a su hijo.

Con la ayuda de su madre, Draco se levanto del suelo y observo a su madre y luego a Patricia – ¿Desastre…Dices? – Antares asintió – Bien…Podrías por favor madre cancelar todo lo de la boda, creo que eso es un gran desastre que no quiero ver… Buenas noches- Comentó con voz ausente para luego dirigirse a la salida dejando a una muy contenta Antares Malfoy y a una enojada y confundida Patricia Parkinson que no dejaba de refunfuñar sobre si le estaban jugando una sucia broma, que una Parkinson no mérese semejante tratamiento y que su padre enteraría de esto.


Palabras: 5001 (lo siento me pase por 1 u,u)

*Los Malfoy según la historia de esa familia, llegaron desde Normandía una antigua provincia al noroeste de Francia. El primer Malfoy conocido en territorio ingles fue Armand Malfoy en 1066 según el árbol genealógico. Antares y Draco Xavier no pertenecen al canon oficial.

*En 1084 (Año donde Draco tiene 18) no existe el Ministerio de Magia o algún otro organismo que regule la misma, por lo que las Maldiciones imperdonables pueden ser ejecutadas sin recibir ninguna condena judicial, por lo que Draco puede usarla perfectamente.

PD: Por cada review que mandes te enviaremos una imagen de Harry con su vestimenta de ángel como regalo de navidad x3