Aclaraciones, notas de autor, al final de capitulo.

¡TLOZ no me pertenece!

¡Disfruten! :)


II

Resolución

No había nada romántico en su relación, pero a él no parecía molestarle, incluso parecía no necesitarlo.

A ciencia cierta, y a ojos de la mayoría, la relación de Link y la princesa no era más allá del trato de cualquiera con su soberana, entre ellos dos sabían que existía una fuerte amistad, y para el interior de cada uno había algo más en terreno platónico, y algo por lo que él, quisiese o no, difícilmente podría sacarlo de aquello.

Con el tiempo había comprendido que todo lo que tuviera que ver con los sentimientos Zelda lo asimilaba con tiempo, bastante tiempo, a diferencia de todo lo que se escapara del plano emocional, en donde era innegablemente rápida, tanto para entregar soluciones como para crear nuevos sistemas de mayor eficacia. El muchacho juraría que todo sería más expedito incluso si los del consejo no fueran tan lentos.

Link se consideraba alguien paciente, porque él mismo era algo lento para ciertas cuestiones, pero la situación ahora era distinta, y él estaba comenzando a cuestionarse cuánto tiempo sería capaz de soportar aquel limbo de la indecisión en la cual estaba atrapado.

En ocasiones, la espera era sencilla —aunque no tenía muy claro qué era lo exactamente esperaba que sucediera— la misma Zelda era muchas veces la encargada de hacerla más amena, con su personalidad misteriosa que no dejaba de sorprenderlo. Era en ocasiones como aquella en donde Link podía observar el verdadero carácter de la regente y su capacidad de ser impredecible.

El asunto era sencillo de explicar: así como Zelda se jactaba de ser más abierta con él, existían veces en las que terminaba por contradecirse a sí misma, no sabiendo si continuar en aquella libertad o reprimirse por su falta de cuidado, pero Link siempre le decía que no debía preocuparse por cosas como aquellas cuando estaban entre ellos.

Esperaba haberle transmitido algo de confianza.

La dirección que tomaba aquello era lo interesante: nunca sabías cómo iba a reaccionar, y él siendo un buen observador no dudaba en reconocer que Zelda era interesante de apreciar, no por interés, sino por gusto, gusto hacía ella y a su persona.

La segunda ocasión recaía en las veces en donde la muchacha se apartaba a sí misma sin mucho éxito de la situación, él muy bien lo sabía, lograba darse cuenta, ya que antes que pudiese decirle algo al respecto Zelda terminaba por acercársele para hacer borrón y cuenta nueva. Link la perdonaba siendo conocedor que las distancias no eran provocadas por asuntos que no tuvieran que ver con la cuestión en donde ambos tropezaban, trastabillaban y caían sin darse cuenta.

Más aún, existían veces en donde verdaderamente terminaba por dañarlo, entonces él era quien prefería mantener distancias y dejar a Zelda con lo suyo, no eran asuntos que estuvieran a su alcance, lastimeramente.

Igualmente que Link, en ocasiones, no necesitaba más allá de la cercanía que la amistad podía prodigarle, existían otras en las que inevitablemente se sentía…celoso.

El joven había calificado el sentimiento como irracional, después de todo, entre él y la princesa no había nada, por mucho que él esperara que hubiera efectivamente algo, pero, sin importarle, aquello no terminaba por menguar la sensación, por muy irracional que le resultara.

No había palabra que lo definiera mejor: Link estaba celoso.

¿De quién? Nadie, por supuesto, sino de un "qué", Link estaba celoso de las atenciones que podían entregarle los tantos pretendientes a ella, sin represiones ni condiciones, sin ocultarse o crear molestias que afectaban al otro, o así parecía, porque la más afectada en el asunto era Zelda.

Como su guardaespaldas, en varios encuentros él era el encargado de hacer de mediador, por lo tanto debía preocuparse que nada de lo que intentara el tal principito o noble de turno sobrepasara los limites, pero no contaban que, tratándose de la princesa, la paciencia de Link podía ser igualmente muy limitada.

Link no soportaba la frustración y la impotencia, no aguantaba la expresión de disgusto que se formaba en su rostro ante cualquier contacto físico, ya fuera un apretón de manos muy ligero, una caricia, una mirada furtiva o el amago de aumentar la cercanía, más allá de los parámetros respetuosos. No soportaba la imagen de verlos tras ella, pululando como moscas a su alrededor, la sangre le hervía de solo pensarlo.

En incontables oportunidades Link no había podido intervenir, pues sabía que la molestia provenía más de él que de la incomodidad que provocaba en Zelda, pues, aunque se negara a admitirlo, muchas veces, le hubiera gustado ser él quien concertara tales atrevimientos, muchas veces le hubiera gustado ser él quien la cortejara.

He ahí el meollo en cuestión: ¿Zelda deseaba lo mismo?

Link no podía dar con la respuesta, por mucho que quisiese, solo podía estar seguro de sus propias resoluciones, pues Zelda era impredecible y él procuraba mantener ciertos parámetros con el fin de no asustarla con su cercanía, porque sabía lo nerviosa que podía ponerse, y no estaba seguro de su reacción.

El joven nunca sería capaz de mirarla de la misma forma hacían los nobles, ya que, por muy bella que la doncella fuera, la mayor disposición no recaía en eso, ni siquiera en el romanticismo, sino en los intereses políticos y materiales. Link en cambio nunca había pensado en Zelda como símbolo de poder y riquezas, solo podía mirar en ella a la persona que amaba y deseaba estar con ella.

Del mismo modo, ya fuera con la más inocente de las intenciones o por asuntos que se le escapaban, no podía evitar notar sus virtudes, difíciles de ignorar, como la suavidad de su piel o la vista tentadora de sus labios, rosados y carnosos, cualidades que innegablemente le atraían. A veces el deseo simplemente recaía en el simple acto de tomarle la mano y poder dejar en claro ese "algo".

Sí, así como Link podía ser paciente para comprender a Zelda y enteramente lo contrario para soportar ciertos límites, el muchacho se estaba agotando, estaba cansado de actos que fácilmente podían caer tanto en la imprudencia como el afán de lograr ser correspondidos, cansado de ese anhelo que era solo un "tal vez".

Porque, por complicado que fuera de ver, él ya había dado el primer paso sabiendo que ella tendría la última palabra y al fin traspasar aquella barrera.

Y es que claro, no es como si el asunto estuviera dado por sentando, Link no se había confesado ni nada por el estilo, pero suponía que Zelda era lo suficientemente lista como para darse cuenta hacia donde se dirigía aquel lento cortejo, y estaba esperando aquello que le daría la seguridad y poder jugar su última carta, después de eso todo quedaría a manos de Zelda.

El tiempo podía ser cruel, en este caso no era la excepción, Link no sabía de cuánto tiempo disponía y lo que más temía era la posibilidad de que éste se agotara antes que pudiera hacer algo.

Zelda no se pronunciaba al respecto, quizá lo mejor era alejarse.


Dios, escribir esto, aunque no me crean, ha sido agotador, no sé de donde saco tanto para complicarlo todo.

¡Espero que les haya gustado tanto como a mi! A final sí me decidí por continuarlo, y no se preocupen, en el siguiente todo se resuelve xD

Muchas gracias a aquellos que dejaron sus comentarios, créanme cuando digo que si no fuera por eso no hubiera sido capaz de entregarles este segundo capitulo ;)

¿Cuándo llegará el siguiente? A decir verdad, no tengo idea, esta fue una sorpresa incluso para mí.

¡Nos leemos, no olviden comentar!