¡Holaaa!, he vueltoo con otro crossover (o AU), que raro... Esta historia la tenía escrita ya pero inclinada más bien al Zoro x Nami y en un "Las mil y una noches" AU. Pero estaba atascada y he visto Star Wars recientemente y ya pude continuar. (Así que no habrá ZoNa, o solo un poquito, jeje). Estoy un poco oxidada, hace mucho que no escribo fanfic, así que siempre se agradecen los comentarios.

Star Wars pertenece a Disney. One Piece a Eiichiro Oda.

¡Espero que os guste!

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Nami bostezó perezosamente al entrar los primeros rayos de los dos soles del planeta Tatooine a través de la persiana. Se había quedado levantada hasta tarde para poder observar las estrellas y los distantes mundos que algún día querría conocer. Extendió la mano para alcanzar la manta y volverse a acurrucar en ella. La cortina de cuentas a la entrada de su habitación resonó con un murmullo agradable.

- Vamos, levanta ya, que hay que ir al oasis. - una voz femenina y joven, la de su hermana Nojiko se acercó a ella.

Nami sintió el golpe de un cojín sobre su cabeza y gruñó.

- Ya iré más tarde... -dijo ella. La hermana chasqueó la lengua.

- Hará demasiado calor. Ahora es el momento perfecto. - Le colocó el cojín junto a la cabeza de la dormilona. - Te espero fuera.

Nami esperó a que su hermana se fuera para levantarse y vestirse. Se puso una túnica ancha y un sombrero para protegerse de los rayos del sol.

En la sala de estar la esperaba su hermana, ya con un carrito en el que llevaba un bidón. La hermana pequeña cogió unas tortas de maíz y se las metió en el bolsillo. Se sirvió el té recién hecho y sopló varias veces antes de beberselo. "¡Quema!"

- Ya estoy... - dijo Nami resoplando. Cogió otro carrito, con un bidón blanco encima, y junto a su hermana salieron de la humilde casa, cerrando tras ellas.

Nami y Nojiko vivían en los barrios bajos de la ciudad de Gola, en el barrio Kokoyashi, gobernada por unas personas muy poderosas. Estos vivían dentro de las murallas con todo tipo de comodidades mientras que los más desfavorecidos en cuestiones de dinero se las tenían que apañar en los arrabales a merced de tormentas de arena, pandillas belicosas y la falta de medios.

La ciudad estaba en las cercanías de un río subterraneo, sin embargo, todas las perforaciones estaban explotadas por los ricos de la ciudad, cómo también los extractores de humedad de la atmósfera. La única fuente "pública" era el oasis a un par de kilómetros de la ciudad. Pública, si te sometías a los prohibitivos precios que ponían la banda de Arlong por su uso.

Nojiko y Nami caminaban una junto a la otra entre las estrechos pasillos entre las casas de barro. Una figura se acercaba corriendo en su dirección y una voz de anciano protestó.

- ¡Usopp! ¡Déja de corretear por ahí y ven a trabajar!

- ¡Tengo una reunión con un embajador extranjero! - le contestó un joven de larga nariz. Tres chicos pequeños le seguían riéndose.

- ¡Hola chicas! - saludó Usopp, pasando a su lado rápidamente.

- ¡Buenos días Usopp! - le contestaron.

A medida que iban avanzando hacia las afueras de la ciudad, más precarias eran las casas. Sin embargo, la gente seguía esforzandose día a día con cualquier trabajo que pudiera encontrar.

- ¿Seguro que no le pesa mucho ese bidón? - se acercó otro chico con un turbante en la cabeza, - Yo se lo llevo por el módico precio de 300 Berries...

- No es necesario, gracias... - le despidió Nojiko.

Al salir del barrio, la gran explanada árida y arenosa les esperaba. Una lenta fila de gente y jinetes en grandes monturas les precedía.

Las dos hermanas ajustaron el paso a la de unos Er'kit, criaturas de piel gris y largas piernas. Entablaron una conversación casual hasta que alguien dijo:

- Y tuvimos que dar un Bantha como pago... - los Banthas son útiles y pesadas bestias de carga. Eso era un altísimo precio a pagar.

- Bueno, las tasas suben cada vez que voy al oasis... Siempre suben y nunca bajan...

- ¡No entiendo por qué nadie no hace nada! - se quejó alguien.

- Genzo lo hizo... - dijo Nami en un murmuro. Las dos hermanas bajaron la vista apesadumbradas. Los demás tragaron saliva incómodos.

- ... Me refería al gobierno... - dijo otra persona intentando arreglarlo.

- He escuchado decir que la banda de Arlong ofrece una parte de sus beneficios a la policía.

- Es muy posible porque hace mucho que no la veo por el barrio. - dijo sarcásticamente la chica pelirroja.

- ¿Teneis noticias de algún trabajo? - preguntó Nojiko, cambiando el serio tema de conversación.

- El dueño de las tierras de regadío necesita a gente que trabaje para la recolección de mandarinas.

- ¿Cuándo? ¿Y cuánto paga?

- No lo sé, ya te lo diré. - dijo uno de los er'kits.

El horizonte se difuminaba como si fuera agua y a medida que los soles Tatoo I y Tatoo II se alzaban en el cielo, empezaba a hacer más calor.

Ya se acercaban al oasis. Un pretencioso arco de piedra tenía las palabras 'Arlong Park' en él. Podían ver una cola de gente esperando a llenar sus botes, jarras, depósitos a lomos de bathas... Cerca a la fuente había un pequeño bosquecillo con palmeras y acacias. Bajo su sombra, unas tiendas de campaña. Seguramente dentro estaban los hombres-pez escapando de los abrasadores astros.

¿Pero por qué unos hombres-pez iban a decidir quedarse en éste desierto? Esos bandidos habían escapado de la Primera Orden y habían dado con un lucrativo negocio que no querían abandonar.

No solo acudía la gente a por el agua, también se aprovechaba el barro para hacer ladrillos y los dátiles se vendían. A veces venían mercaderes ambulantes.

Y todo eso se tenía que pagar. Nami buscaba a alguien especial y lo encontró. Un hombre encorvado por la edad que llevaba un atuendo a rallas.

- ¡Oh, lo siento! - Ella tropezó con sus propios pies y se inclinó sobre el hombre que caminaba despreocupado. Su dedos índice y corazón rebuscaron rápidamente en el bolsillo de la víctima. Haciendo pinza mientras con la otra mano se apoyaba torpemente en el hombro del anciano, sacó una pequeña bolsa que escondió rápidamente en sus mangas.

- ¡Oh, no pasa nada! Yo era el que iba distraído. - dijo el hombre mayor con una mueca que intentó ser una sonrisa. Nami respondió con el mismo gesto.

Ella se sintió mejor al notar el peso del dinero fresco y se puso a la cola. Había perdido de vista a su hermana por unos momentos pero la volvió a encontrar unas personas más adelante. La espera se le hizo más llevadera. Aprovechó para contar el dinero discretamente a medida que se acercaba su turno para rellenar el bidón. "Espero que sea suficiente..."

- Ei, mira quién está aquí... - dijo un hombre-pez, apartándola de la cola. Su piel tenía un color azul oscuro y su cara recordaba a la de un rape. Nami frunció el ceño y hizo un gesto de saludo con un movimiento de cabeza. Se fijó en que tenía unos vendajes en el estómago.

- Acabo de ver a tu hermana. - dijo mostrando una fila de dientes afilados. - Espero que lleves dinero porque si tenemos que esperar más al jefe no le gustará mucho...

Nami resopló y hizo balancear la bolsa delante de la cara del hombre-pez.

- Oh, vaya. - él intentó coger el monedero pero ella fue más rápida retirándola antes.

- ¿Cuánto te debo? - preguntó la chica pelirroja.

- Bueno... 200 Berries de ayer, 200 del otro día más los de hoy. - dijo con una gran y terrorífica sonrisa.

- 600. - acortó ella. "Tengo lo suficiente...".

La chica observó que Nojiko estaba cerca, observando en los puestos de mercancías y otras chatarras. Hoy había menos que otros días.

- Aquí está. - Nami casi le tira el dinero a la cara. El hombre-pez hizo sonar las monedas en su mano membranosa. Ella apretó las mandíbulas.

- ¿Y cuándo tenemos los mapas...? - murmuró el pez-hombre. Ella giró sobre sus talones y le dirigió una mirada fulminante.

- Eso no es de tu incumbencia, ya he hablado con Arlong. - y terminando de llenar la jarra se marchó rápidamente hacia su hermana. "Al que por cierto, no he visto hoy..."

- Estaba pensando que nos irian bien nuevas piezas para el ventilador... - le comentó Nojiko, pasandose el pelo detrás de la oreja. - ¿Estás bien? ¿Te ha dicho algo? - preguntó al ver la cara que traía su hermana menor.

- ¿Podemos irnos ya? - dijo la pelirroja; su incomodidad era evidente.

- ¿Qué te ha dicho? - La mujer de pelo violeta puso los brazos en jarra y frunció el ceño.

- No pasa nada, Nojiko. - Nami movió la cabeza de lado a lado, intentando ocultar su mal humor. - Tan solo quiero volver a casa y descansar.

Su hermana ladeó la cabeza y puso una mueca de incredulidad. Nami miró hacia otro lado.

- ¿Estás segura? - se quiso asegurar la mayor. - ¿No quieres quedarte a mirar el mercado?

- Sí. Es que no me apetece, Nojiko. - respondió la otra. "No quiero verles la cara ni por un momento más a esos hombres-pez. Me voy a casa".

- Bueno, pues ten cuidado. - poniendo una mano sobre el hombro de Nami, Nojiko se despidió. - ¡Enseguida nos veremos allí!

- ¡Adiós! - así que Nami emprendió el camino de vuelta por sí misma con el jarro a cuestas. A su salida del 'Parque' vio a más miembros de la pandilla de Arlong. Algunos llevaban muletas o heridas vendadas. Ocultó su mirada a la de ellos. Recordó la mueca con la que el hombre-pez la había saludado y le recorrió un escalofrío por la espalda. "Tengo que aguantar, por el bien de los míos...", se mordió el labio inferior al volver a la memoria aquel fatídico día en el que Arlong vino a Gola.

El sol que ya quemaba y el propio peso del carrito, hizo que Nami decidiera dar un descanso. No había ni una maldita sombra bajo la que ponerse, tan solo dunas de arena y rocas. Así que se sentó sobre una de ellas.

Mientras observaba el horizonte, percibió algo brillante en la arena. A unos 40 metros de donde ella estaba se encontraba quizás un tesoro o quizás chatarra espacial. Pero como la curiosidad llama al gato, aquello llamó la atención de Nami. "Voy a ver qué es". Miró a derecha e izquierda para ver si había alguien en los alrededores. Tan solo unas figuras lejanas y Nami saltó a la acción.

Cuándo llegó al lugar, distinguió unos harapos semienterrados en la arena. A medida que se fue acercando más Nami abrió los ojos como platos y ahogó un grito.

"¿Pero qué...?"

¡Un hombre!¡Un hombre en la arena! Llevaba ropas anchas, hechas jirones y manchadas de sangre. Estaba en un estado lamentable y Nami cayó de rodillas junto a él.

- ¡Oi, oi! - llamó ella con la voz desgarrada mientras cavaba a su alrededor. Al no escuchar nada ella acercó su oreja a su cara, quemada por el sol. Soltó un soplido de alivio. "Por lo menos está vivo...". Nami sacó un pañuelo y llo puso debajo de el pequeño grifo que tenía el bidón. Abriendo lo justo para no derramar demasiado. A continuación mojó la cara del desconocido mientras le quitaba las telas de encima. Se encontró con un hombre joven, de pelo verde. Su piel, aunque morena, mostraba signos de insolación. Su piel estaba caliente pero no sudorosa, con quemaduras y arañazos. Sus labios estaban quebrados y secos. "¿Hace cuánto que ha bebido?", se preguntó. Volvió a zarandearlo para que volviera en sí. Entonces él parpadeó varias veces; abrió la boca musitó una serie de palabras ininteligibles.

- ¿Qué? - Nami se inclinó sobre él una vez más.

- Agua... - dijo el hombre en la arena. "¿Por qué justamente ahora no hay nadie para ayudar?", pensó la chica respirando hondamente para calmarse. "Por lo menos parece que va bien..."

Lo ayudó a reincorporarse un poco, reposando la cabeza peli-verde sobre su rodilla. Acercó el pequeño grifo en el bidón a los labios secos del chico. Éste tragó abruptamente para saciar su sed, hizo un ademán de coger el grifo, provocando que el agua cayera sobre la arena.

- ¡Eh! - se quejó Nami. - ¡No deberías beber tanto de golpe! Además la estás derramando. - Le pasó el pañuelo de nuevo por la cara.

- Gracias... - dijo él mirándola fijamente. Ella asintió con la cabeza.

- Ya me las darás cuándo estés fuera de aquí... - contestó ella, desenterrándole de la arena. - ¿Pero cómo has acabado así? - se dijo para sí misma. Él lo escuchó y trató de explicarlo pero ella lo acalló.

- Déjalo para más tarde. Conserva las fuerzas para el trayecto que queda. - le dedicó una sonrisa de ánimo aunque el estado de Nami fuera de preocupación. "Una insolación grave, por no hablar de las heridas que tiene... Primero es no dejar que se muera... ¿Pero qué le ha pasado a éste hombre?"

-¿Podrás caminar? - le preguntó. Él asintió pero ella no estaba muy seguro de ello. "Ojalá pase alguien y nos lleve en su biplaza..."

Pasando un brazo por la espalda de Nami, el hombre se levantó. Intentó dar unos pasos sin la ayuda de la chica pero empezó a tambalearse. Ella le cogió por el brazo.

- Apóyate en mí. - dijo. Se dio cuenta de que se resistía en aceptar su ayuda y quería andar por sí mismo pero lo cogió fuertemente. - Necesitas mi ayuda, así que venga. -

Entonces el herido empezó a buscar a su alrededor.

- Mis espadas... - dijo un poco preocupado. Ella le miró estrañada y con un suspiró también registró el suelo.

- Ah, ahí hay una. - se fijó en un tubo metálico, una empuñadura que sobresalía de la arena. "Seguramente fue eso lo que llamó mi atención".

- ¿Ya está todo? - preguntó ella, mientras él se abrochaba el tubo metálico en el cinto. Vio que tenía otras tres. "¿Quién será éste tipo?". Suspiró profundamente. Estaba impaciente por llegar a casa.

Así que arrastrando el bidón con la mano izquierda y con ese tipo moribundo colgado del hombro derecho, Nami reemprendió la marcha a casa. Por una parte el bidón era ahora más ligero.

Por la carretera vio que alguien se acercaba a toda velocidad. Un monoplaza levantaba unos leves remolinos en el polvo del camino. Ella dejó la jarra en el suelo y empezó a mover el brazo.

- ¡Aquí!¡Ayuda!

El conductor parecía que reducía la velocidad pero no era así y pasó de largo levantando polvo.

- ¿Pero qué cojones le pasa? - le gritó ella alzando el puño amenazante. "Seguro que era un noble estúpido...Mierda...". Pero la ciudad estaba cada vez más cerca.

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Pasaba las primeras casas y los transeúntes se le quedaban mirando y cuchicheaban. Nadie quería meterse en problemas, sobretodo si era un desconocido. "Pensarán que se trata de un forajido o un bandido... y si piensan que es un enemigo de Arlong es lógico que nos miren así... Además, yo formo parte de la banda", recordó amargamente.

Nami escuchó frases cómo: "Te meterás en problemas o peor, nos meterás en problemas".

La chica hizo caso omiso y se internó en las callejuelas y casas destartaladas. A su encuentro salió una figura conocida.

- ¡Genzo! - exclamó ella resoplando por el cansancio.

- He oído rumores pero esto es peor de lo que me imaginaba... - el hombre de bigote cuyo cuerpo estaba recubierto de cicatrices miró al desconocido de arriba a bajo. - Por el momento, llevémosle a casa.

Genzo ocupó el puesto de Nami y ella se ocupó de la jarra. De camino a casa le explicó cómo se lo había encontrado. El hombre mayor no dijo nada pero su mirada se lo decía todo. "Hay que ser discretos con éste asunto".

Y se preocuparon de que nadie les viera entrar con el herido en su casa. Arlong tenía las narices puestas en todo su territorio.

Lo extendieron en una esterilla en el suelo. El hombre de pelo verde gruñó y se cubrió el pecho con las manos. Ahí era donde tenía la herida más grande.

- ¿Ha llegado ya Nojiko? Voy a llamar al médico. - anunció la pelirroja de sopetón. Genzó le dijo que su hermana no había llegado todavía y se sentó al lado del herido. Nami salió en busca del doctor.

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Nojiko caminaba tranquilamente por la calle arrastrando su bidón de agua cuando se encontró con Genzo y Nami esperando fuera de la casa. Desde dentro de las paredes de adobe se escuchaban gemidos de dolor.

- Nami ha recogido a un pobre... - no supo cómo describirlo-... viajero herido y el doctor está en ello. - explicó Genzo atusandose el bigote. Nojiko abrió la boca sorprendida.

- Ah... bueno... - la chica de pelo violeta tampoco supo qué decir y miró a su hermana que se encogió de hombros.

Unos momentos después el doctor salió de la casa.

- ¿Y bien? - los tres se agolparon a su alrededor. El médico hizo una mueca.

- A ver, es que no sé por donde empezar... Tiene varias heridas, la mayor en el pecho. No sé cómo ha aguantado. La he cosido pero no debería hacer esfuerzos durante un tiempo. Tiene una insolación así que tendrá mareos y quizás vómitos. Que esté a la sombra, que beba mucha agua...

- ¿Cuándo se pondrá bien? - preguntó Nojiko poniendose en pulgar bajo la barbilla.

- En una semana más o menos. - respondió el médico, cogiendo una lista de su bolsillo. - Por cierto, - bajó la voz. -, ¿no será éste el que montó una escaramuza en el campamento de Arlong, verdad?

Los tres "rescatadores" se miraron unos a otros, cruzando miradas de sorpresa, sobresalto e incluso miedo.

- Nah, no creo. - respondió Nami con un deje de despreocupación. Nojiko y Genzo se miraron alarmados.

- Serán 400 berries. - anunció el médico. Nojiko y Genzo hecharon mano a sus bolsillos. Nami los cogió de los hombros y se los llevó unos pasos.

- No, no, no, no. Es mi responsabilidad, no voy a dejar que paguéis... - Empezó a decir.

- ¡Venga ya! - protestó Nojiko. - No digas tonterías... - sacó un bolso de su bolsillo.

- Ya me ocuparé yo, Nojiko. - propuso Genzo.

- Que no, que no. - Nami les cogió otra vez por el hombro. - Ya pagaré yo.

- ¿Y cómo? - le preguntó su hermana. - No tienes que cargar con todo, Nami. Estamos aquí para ayudar. - sabía que Nami era una cabezota y quería ser capaz de salvarlos a todos por su cuenta, sin involucrar a los demás. Esto era tomarse otra responsabilidad que le iba demasiado grande.

- Está bien... - aceptó al final la pelirroja. El médico esperaba pacientemente a la deliberación del asunto.

Una vez pagado, Nami entró en la casa. El viajero perdido yacía en el suelo. Su pecho estaba despojado de su camisa pero enteramente cubierto de vendas, subía y bajaba con regularidad. Nami dejó escapar un suspiro de alivio.

- ¿Ahora sí que te puedo dar las gracias? - dijo de repente éste, reincorporandose con dificultad. La chica dio un respingo.

- Sí, pero quédate tumbado. - le dijo todavía asustada. "Tengo que averiguar quién es y qué es eso del lío de Arlong".

- Gracias. - el chico la miró fijamente. - No sé cómo podría pagartelo.

"¿Pagarmelo, eh? Pues ahora que pienso, ni lo conozco todavía y ya me debe dinero", esbozó una sonrisa un poco maliciosa. El herido frunció el ceño al ver su expresión y se pasó la mano por su cabello verde.

- ¡De nada! - el tono de Nami se había vuelto más alegre al pensar en dinero. - Ya que hablar de pagármelo... Por todo lo que he hecho por tí, son 1600 berries. - él abrió la boca para decir algo pero ella lo interrumpió. - Primero de todo dime quién eres. Yo soy Nami.

En ese momento entró Nojiko en la habitación.

- Y yo Nojiko. Parece que entro en buen momento. - dijo pasándole al herido unos cojines para que estuviera más cómodo.

- Me llamo Zoro y vengo de Shimotsuki en el planeta East Blue. - Era cazador de recompensas pero fui capturado por la Primera Orden y el que es ahora mi capitán me salvó. Cogimos una nave pero estrellamos en este planeta... Salimos despedidos cada uno en una dirección.

- Tatooine. - le informó Nami. "Era cazador de recompensas... ¿Ya no lo es?¿ Y de East Blue? Eso está relativamente cerca...", suspiró, "algún día visitaré el sistema entero." - ¿Y cómo quedaste en éste estado?

- Tuve una pelea. - el excazador apretó las mandíbulas. El orgullo le dolía más que la brecha en el pecho. Nojiko le pasó un pañuelo húmedo y él se lo puso en la frente, lo que le daba un aspecto un tanto cómico.

- ¿Tienes algo que ver con Arlong? - preguntó Nami preocupada. Su hermana tambié se puso tensa y prestó atención.

- ¿Quién es ese? - preguntó él extrañado. Las hermanas soltaron un gran suspiro de alivio, pero él continuó. - Ah, ¿ése tipo de la nariz serrada?

Las chicas casi se quedan sin aire. "¡Por favor que no me traiga problemas!"

- No nos quisieron ayudar y además abusaban de su poder sobre los demás. Eso no le gustó a mi Capitán. ¿Por?

- Bueno, tiene razón... - comentó Nojiko. - Pero no deberías meterte en los asuntos de los demás, te meterás en problemas. Tan rápido cómo te cures, te irás de aquí. - se levantó con intención de irse.

- ¡Nojiko! - protestó su hermana pelirroja. Él frunció el ceño contrariado aunque asintió y bajó la cabeza.

Nami salió corriendo detrás.

- ¿Por qué dices eso? He conseguido que me ayude a...

- Nami, no pienso permitir que alguien arruine todo lo que has hecho por nosotros. ¡Ya sabes cómo es Arlong...!

- ¡Sí lo sé! Y sé que el dinero es sagrado para él. Estoy llegando a la cantidad indicada... - se defendió Nami.

- Bueno, pero yo solo digo que si Arlong sabe que estás manteniendo a su enemigo bajo tu protección...

- Hay que temerse una represalía, ya lo sé, Nojiko. - Nami suspiró. - Pero también pienso que podríamos usarle a nuestra conveniencia.

Nojiko hizo una mueca de "ya me lo pensaré".

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Cuándo entró en la habitación, se encontró a Zoro sentado con las piernas cruzadas, inspeccionando sus espadas.

- Deberías reposar... - le recordó la chica con un tono cansino. "Tengo que ponerme a hacer mapas..."

- Has hecho más que suficiente por mí y te pagaré lo que dices, pero tampoco quiero traerte problemas. Tengo que buscar a mí capitán. - él empezó a levantarse poco a poco.

- ¡Pero que te quedes quieto! - le riñó ella cogiéndolo por los hombros y tumbándolo de nuevo. - Si quieres ayudarme será mejor que no te muevas y no te dejes ver. Arlong debe de estar buscándote por lo que hiciste... - sus ojos recayeron en las espadas que llevaba. Tres nada menos.

- ¿Si eras un cazador de recompensas, qué eres ahora? - preguntó curiosa la chica, preparando una mesa y tinta para hacer mapas.

- Pirata, - respondó él con una sonrisa que ella no pudo ver. A Nami le recorrió un escalofrío por la espalda. "Odio a los piratas...".

Entonces él hombre soltó un quejido de dolor y se tumbó en el suelo. "Eso, tú quédate ahí tranquilo... Dios, un pirata... ¿Dónde te has metido Nami?". La chica se llevó las manos a la frente mientras mojaba su pincel en tinta.

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Esto es todo por ahora. ¡Gracias por leer y no os olvideis de comentar!

No sé si esto será una historia larga o corta pero por el momento me lo tomaré con tranquilidad (ay los estudios...). ¡Espero que os haya gustado!