Por fortuna, la inspiración sigue y nos lleva al siguiente capítulo! Es cortito, aviso.

Disclaimer: Ni Star Wars ni One Piece me pertencen...

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Había pasado ya un día desde la incursión de Usopp, Nami y Zoro en la ciudadela.

A Luffy lo habían acomodado junto a su compañero, en otra esterilla. Sin embargo, tenerlo en casa era otro dolor de cabeza para Nami. Tenía un apetito voraz, ¡y además no paraba quieto! Por no hablar de su ruidosa risa...

La chica trabajaba en sus mapas; Zoro se recuperaba de las heridas e intentaba mantener a Luffy bajo vigilancia; Usopp estaba enfrascado en sus proyectos y Sanji se había tomado un descanso para visitar a Nami y echarle un vistazo a la situación general.

La pelirroja había aprovechado la mañana temprana, cuando todos dormían para acercarse a su escondite: un antiguo aljibe abandonado; era ahí donde escondía sus tesoros. Había conseguido ya casi toda la cantidad que Arlong le había pedido y se sentó entre las joyas con una sonrisa en la cara. ¡Estaba tan cerca de conseguirlo! Tanto esfuerzo, tantas lágrimas y sangre habrán valido la pena para liberar a su gente del yugo de los Hombres-pez. "Sin embargo, hace tiempo que no me hago con un botín importante," se dijo; "Pero es que ahora no tengo tiempo de coger una nave y asaltar a otras embarcaciones...". Nami recordó que se había visto obligada a asaltar cargueros y mismísimos piratas para conseguir jugosas recompensas. "Tengo bastantes problemas", recordó sus dos huéspedes y sin embargo, sonrió. "No se está tan mal en su compañía..."

La chica abandonó el lugar siguiendo todo tipo de precauciones. No quería que, por nada del mundo su trabajo se viniera abajo. Aquel aljibe estaba situado relativamente cerca de su casa, debajo de un edificio en ruinas. Genzo vivía cerca y si veía a alguien husmeando, la avisaría de inmediato pero también ella debía preocuparse de su estado.

Volvió a su casa con la sensación de haberse quitado un peso de encima. Al entrar en su casa y ver los mapas estirados encima de la mesa, su ánimo empeoró pero no se detuvo y empezó a trabajar. Logró un rato de concentración antes de que el inquieto pirata le interrumpiera.

- Oi, Nami. - dijo Luffy con voz cansina. - Voy a darme una vuelta.

La chica, que se hallaba sentada en un cojín en el suelo curvada sobre la mesa de trabajo, dio un bote.

- ¡Ni se te ocurra! ¿Zoro? - llamó a alguien que le pudiera ayudar a retener al Capitán en su casa. Éste se asomó por la puerta.

- Verás Nami, es que yo también estoy cansado de estar aquí encerrado. - defendió el peli-verde. Nami soltó un resoplido de frustración. "No puedo trabajar tranquilamente porque me están interrumpiendo todo el rato, ¡pero no los puedo dejar salir porque montarán un follón! ¡Me voy a volver loca!"

- Solo un par de minutos más y voy con vosotros... - dejó escapar en un intento de mantener su rabia bajo control. Se quitó el flequillo de la cara y mostró una sonrisa, nada tranquilizadora.

- No hace falta que nos acompañes, - le aseguró Zoro,- es solo para dar una vuelta... - dijo tranquilamente.

- Sabemos arreglárnoslas solos... - añadió Luffy pensando que quizás la chica los consideraba demasiado débiles para ese barrio. Nami se llevó las manos a la cabeza. En ese momento alguien tocó a la puerta. A la dueña de la casa casi le da algo.

- Voy yo. - anunció firmemente.

Se acercó a la puerta cautelosamente, indicando a Luffy que se escondiera.

- ¿Quién es? - preguntó éste. Nami apretó las mandíbulas y contuvo las ganas de darle un capón.

- Soy yo, Usopp. - dijo la voz desde el exterior. La pelirroja soltó un largo suspiro de alivio. Abrió la puerta y entró el chico rápidamente. Fue directo al salón y se dejó caer en una silla como si estuviera agotado.

- No paro de darle vueltas. - se quejó el moreno. - ¿Y si fuera un complot? ¡Nunca me fié de Kalajadol y estaba en lo cierto! No puedo dejar a Kaya sola, al cuidado de ése...

Nami le puso la mano en el hombro.

- La gente de esa calaña... acaba juntandose... - comentó ella. - ¿Pero qué puedes hacer tu al respecto? - añadió con el ceño fruncido. Usopp dejó caer las manos sobre sus muslos con gesto desesperanzado.

- Ya sabemos que Arlong tiene esa horrible nariz puesta hasta en el departamento de policía pero seguramente no tenga nada que ver con tu amiga Kaya, - le aseguró la pelirroja.

Zoro y Luffy se llevaron la mano a la barbilla.

- Solo hay una manera de averiguarlo. - dijo el chico pirata tranquilamente. - ¡Volvamos a entrar! - sugirió con una sonrisa. Zoro se encogió de hombros, después de todo, él era su capitán.

- Ya... eso ya lo había pensado pero... bueno... es que los Hombres-pez... pues... - balbuceaba Usopp.

- Vamos, que necesitas que te acompañemos. - resumió el espadachín con una sonrisa. Nami abrió la boca para replicar pero luego pensó que eso sería una buena idea, "Son fuertes, en caso de que tengamos problemas... Y además, yo podré continuar con mis mapas de la ciudadela", pensó la chica.

- ¡Vamos, vamos! - animó Luffy. - ¿Quieres ayudar a tu amiga o no? - lanzó varios puños al aire.

Usopp se llevó las manos a la cabeza y Nami supo qué estaba pensando: "En qué lío me he metido".

- Bien, - ella puso las manos en la mesa. - ¿Decidido?

Todos asintieron. En ese momento alguien entró por la puerta.

- ¿Qué clase de reunión estáis haciendo? - preguntó la hermana de Nami con tono divertido.

- E..estamos organizando una excursión. - respondió Usopp rápidamente.

- Ya, ya... - murmuró Nojiko, dejando una cesta de fruta en medio de todos.

- ¡Mandarinas! - exclamó su hermana menor. - ¡Te quiero! - exclamó cogiendo una enseguida. Luffy no se quedó atrás. En unos segundos los dos tenían los carrillos llenos de mandarinas.

- La cosecha ha empezado. - explicó Nojiko. - Necesitan mano de obra en los campos. - les dirigió una mirada a todos.

Luffy se relamió de solo pensarlo y asintió frenéticamente. Los demás entornaron los ojos.

- Eh... ya pero tenemos que hacer una excursión. - comentó el chico moreno. "Vaya... En qué momento... Me encanta trabajar en los campos de mandarinas, es genial y es una buena fuente de ingresos... Ayy...", reflexionó la pelirroja, llevándose una mano a la mejilla.

Nojiko vio el gesto de su hermana y bajó la cabeza, ocultando una sonrisa.

- No pasa nada. Apuntaré tu nombre y ya vendrás cuando puedas. - le aseguró la chica de pelo violeta. Nami se lanzó a abrazarla.

- ¡Ay, gracias hermana!

- Ah y ¿puedes apuntarme a mí también para la cosecha? - preguntó Usopp tímidamente.

- Y nosotros también. - dijo Zoro, pensando en el dinero que le debía a Nami. Luffy volvió a asentir con la boca llena.

- Oi, oi, oi... - se quejó la hermana mayor, adquiriendo un tono sombrío. - Que puedo cubrir el trabajo de mi hermana, ¡pero no el de tres personas más!

- Y otra cosa... - añadió la pelirroja, también de forma amenazadora. - ¡Deja mandarinas para mí! - y se abalanzó sobre la bolsa de fruta para protegerla del apetito voraz de Luffy.

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Ese mismo día, cuando los dos soles de Tatooine se escondían detrás del horizonte, la compañía formada ahora por cuatro personas: Nami, Luffy, Usopp y Zoro avanzaba por las callejuelas al pie de la muralla. No había mucha gente por aquellos lugares aunque las ventanas de las casas estaban iluminadas y se escuchaban algunas conversaciones.

- Ya llegamos, ¿no? - preguntó Nami que ya había decidido familiarizarse con el túnel. "Me puede ser muy útil...".

- Sí, es aquí... - empezó Usopp, señalando el final de la calle. Zoro pasó delante de él, impidiendo el paso.

- Esperad. - dijo, llevándose la mano al cinto. - Hay alguien ahí.

Todos menos Luffy que miraba a la alta muralla, saltaron hacia la izquierda para ocultarse en los portales de las casas. La chica alargó el brazo para atrapar al despistado.

- ¿Quiénes son? - preguntó éste. - ¿Por qué no podemos pasar? - dijo el pirata con tono molesto en la voz. La pelirroja seguía cogiéndolo del brazo.

- Ahora te lo digo. - dijo Usopp con una seguridad extraña en él. Se puso a rebuscar en su mochila y sacó unas gafas. Se las ajustó y se asomó a la calle, fijándose en las dos figuras justo al lado de la entrada secreta al túnel.

- Quizás estén allí de casualidad. - comentó Nami. - Esperemos un poco y se marcharán...

- Son Hombres-pez - anunció el chico moreno. Él se volvió hacia Nami. - Creo que sabes que no están allí por casualidad. ¡Kalajadol les habrá contado lo del túnel! - apretó los dientes.

Zoro avanzó un paso, sonriendo maliciosamente.

- Solo son dos, ¿no? No es ningún problema... - dijo, sacando una katana de su cinto. Luffy ladeaba la cabeza, haciendo crujir su cuello.

- ¡No, no! ¿Estáis locos? - les acusó la pelirroja dándoles una colleja a ambos. - ¡Vámonos! Volveremos otro día. - movió la mano delante de su cara como si apartara humo. Usopp asintió. "Además, no deben saber que yo estoy metida en esto...", pensó la chica, nerviosa.

- Tiene razón. ¡No hay que meterse en más problemas! Le podremos pedir ayuda a Sanji... - añadió el chico narigudo.

Zoro y Luffy se miraron el uno al otro.

- No. - afirmó Luffy seriamente. - ¿No han sido esos tipos los que te hacen daño? ¿Los que amenazan a tus amigos?- miró a Nami fijamente. - Porque los que se meten con mis amigos la llevan buena. - juntó los puños.

- Ahora es la ocasión para que reciban su merecido. - apuntó el espadachín. Usopp suspiró.

- ¡Claro que se lo merecen! - afirmó. - Pero... ¡eso traería más problemas aún! ¡Arlong arrasaría la ciudad!

- ¡Pues que venga! ¡Yo lo enfrentaré! - saltó el pirata de sombrero de paja. - ¡Nadie se mete con mis nakamas! - cerró el puño en un gesto amenazador. Resopló y salió a la calle.

- Ya habéis oído. - comentó Zoro, saliendo detrás de él. - Además, vosotros nos habéis ayudado...*

- ¡Eh, vosotros! - Nami y Usopp escucharon la voz de Luffy y se les cayó el alma a los pies. Se escuchó un gemido de dolor. "De esta no salimos...", pensaron los dos.

- Vamos tened más confianza. - les dijo Zoro, como si les hubiera leído el pensamiento. Salió detrás de su capitán, que ya había derribado a uno.

- ¿Pero qué haces? ¿Sabes quiénes somos? - dijo una voz tosca y sorprendida. Era el Hombre-pez que seguía de pie.

- Parece que no... - comentó el que estaba en el suelo, ya reincorporándose. - ¿Que tal si se lo enseñamos?

- Dejad a esta gente en paz. - anunció Luffy con tono sombrío recordando la historia que Usopp le había explicado. - Metéos con gente de vuestro tamaño. ¡Ellos no os han hecho nada!

- "Metéos con gente de vuestro tamaño", - repitió burlón un Hombre-pez de cara ancha y dientes afilados. - ¿Qué, cómo tú?

- Otro valiente... -comentó el otro, que tenía un rostro parecido a una morena. - Ya ha habido gente como tú y, ¿sabes qué? ¿No conoces a Genzo? - preguntó.

Al escuchar esa última frase, Nami sintió que la sangre le hervía, que las tripas se le revolvían en una mezcla de rabia y disgusto. Se levantó de su escondite y salió al pasillo, apretando los puños, pero sintió la mano de Usopp en su hombro. Aquello le hizo volver un poco en sí. "No voy a poder contra ellos... Sé realista y no estropees lo que Genzo construyó...", hizo un paso atrás. Notó que Luffy y Zoro la miraban y que habían captado su frustración.

- Ese tipo... - empezó explicando el de los dientes afilados. No pudo terminar la frase. Luffy le había lanzado un puñetazo directo al estómago. El hombre-pez, más corpulento y alto que el pirata se quedó de pie, sin embargo, el rostro inexpresivo dejaba ver que el golpe había resultado efectivo. Soltó un ténue gruñido antes de recuperarse.

Su compañero montó en cólera y sacó una afilada cuchilla en forma de zig-zag.

- ¡Ahora veréis! - alzó sus poderosos brazos y dejó caer su hoja sobre la pareja contrincante. Zoro se adelantó y cubrió a su capitán sacando sus katanas.

- Yo me encargo de éste. - avisó, sin quitar ojo del Hombre-pez de cara ancha y bobalicona. Éste le dedico una sonrisa más bobalicona si cabe, enseñando sus dientes triangulares.

- Ug... - gruñió la otra criatura marina. - Esto ha sido un cosquilleo porque me has pillado desprevenido. No volverá a ocurrir. - le avisó al escuálido pirata de chaleco rojo.

Unos metros más allá, Usopp y Nami se asomaban al pasillo escondidos detrás de un barril.

- ¡Verdaderamente van a pelear! - exclamó Usopp sorprendido. Su amiga suspiró.

- No sé qué me esperaba... - le dijo. - Y lo único que podemos hacer es esperar. - añadió desesperanzada. La chica se pasó la capucha por encima de la cabeza y se cubrió la boca con un pañuelo. Lo último que queria es que hubiera represalias sobre sus amigos y sobre todo el trabajo que había estado haciendo.

- ¿Tu crees? - el chico moreno sonreía inseguro, de su bolsillo interior sacó un tirachinas. La pelirroja enarcó una ceja.

- ¿En serio? - le susurró.

- Sí, ¡y tengo artillería de todos los tipos! - infló el pecho, un tanto orgulloso. - Pimienta, Humo 'Arena del Desierto', Estrellas de metal, huevos podridos... Podemos vigilar desde aquí y asistirles... Aunque estoy seguro de que no necesitan ayuda. - dijo esa última frase muy rápido, como si tuviera miedo de entrar en acción.

- Bueno, yo no es que sea una incompetente luchando, simplemente no se puede comparar... - la chica señaló a sus dos compañeros con un gesto de cabeza. En el reducido espacio Luffy y Zoro se las apañaban para turnarse en sus ataques, así lo hacían sus oponentes también.

- Mira qué tenemos aquí... - ambos escucharon una voz grave por encima de sus cabezas. Se giraron lentamente y vieron a una gran figura, su rostro arrugado iluminado por una antena luminosa. Sus labios se curvaron en una sonrisa de dientes largos y finos.

El grito de Usopp y Nami rasgó la noche, seguido de el ruido del barril al romperse. Sus otros dos compañeros volvieron la vista atrás y vieron a Nami y a Usopp salir corriendo de detrás de su escondite, seguidos por otro Hombre-pez, más pequeño que los otros pero igualmente terrorífico. Aquellos tres desaparecieron tras una esquina.

- ¡Eh! - se quejó Luffy. Un puñetazo aterrizó en toda su cara, tirándolo hacia atrás y haciéndolo chocar contra Zoro.

- ¡No te distraigas! - le riñó éste. - Tenemos que acabar con estos si queremos ayudarles. - le instó.

- ¿Quién va a acabar con quién? - gruñeron las criaturas marinas cargando hacia ellos.

- Gomu Gomu no... - empezó el chico de sombrero de paja. - ... ¡Pisutoru! - anunció su ataque, lanzandolo el brazo hacia delante. Éste se estiró como una goma. Desafortunadamente, un error de cálculo hizo que el ataque diera contra la muralla. El Hombre-Morena y el Hombre-sonrisa de bobo se rieron.

- Curiosa habilidad que tienes. - le dijeron. - Serías un buen aliado, pero ya es tarde para eso. - se miraron entre sí y volvieron a sonreir. Luffy apretó los dientes, contrariado.

- Ni locos formaríamos parte de vuestra banda. - les contestó Zoro. En ese momento, unas piedrecillas de la muralla se desprendieron, seguida de una gran roca que aterrizó encima del Hombre-Pez de gran sonrisa. Éste cayó tan largo como era. Luffy lo celebró con un salto jovial.

- Uno menos. - sonrió su compañero malévolamente. - Ves a ayudar a los otros dos, éste déjamelo a mí... - señaló a la criatura con un gesto de cabeza.

- ¡Te lo encargo! - exclamó el capitán, propulsándose hacia los techos de las casas más cercanas a la muralla.

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Unos momentos antes...

- ¡Venid aquí! - les llamaba el humanoide pez abisal, yendo detrás de ellos. La navegante y el chico armado con tirachinas se colaron por un estrecho pasillo.

- Es demasiado pequeño, no podrá pasar. - observó el chico narigudo. El Hombre pez era muy ancho de espaldas y en efecto, al intentar entrar de frente al callejón, no pudo. Nami y su amigo sonrieron triunfales. Su perseguidor se puso de perfil y entonces si que cupo en el estrecho pasillo. La chica sintió que el corazón le daba un vuelco y se agarró a una tubería medio rota en la pared.

- ¡Ayúdame a arrancarla! - le dijo a Usopp. El Hombre-pez seguía su lento camino hacia ellos. Tras una serie de esfuerzos entre los dos pudieron desprender la vara de metal.

- Vale, ¡ahora sigamos corriendo! - gritó el chico moreno, cogiendo a su compañera por la mano. Nami sujetó bien la tubería en sus manos. "Por lo menos tengo un arma, aunque sea improvisada..."

- ¡Usopp! - le llamó ella. - ¡Correr sin rumbo no tiene sentido, deberíamos...! - informó ella al doblar una esquina. La calle no tenía salida. Se dieron la vuelta lentamente, sintiendo que un sudor frío les bajaba por la espalda.

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¡Lo dejo aquí! Ha sido corto pero es que tenia ganas de continuar con la historia y también soy demasiado impaciente para dejar pasar más tiempo...

Aprovecho para decir que aprovechando, válgase la redundancia, que tengo ganas de escribir, me dijerais qué parejas os gustaría ver en este o otros fanfics que haga. (No os hagáis ilusiones! Es broma, ya veremos :D). O qué otros Crossovers os gustarían...

Espero que os haya gustado y escribid un comentario si es así!