Cómo entrenar a tu dragón (How To Train Your Dragon) está basada en la serie de libros de mismo nombre de la autora británica Cressida Cowell, y realizada por Dreamworks Animation.

No poseo ningún derecho sobre los personajes y detalles originales de HTTYD.

El propósito de este FanFiction es el de entretener, con eso ya dicho, por favor no me demanden.


DRAGONS: A Twins Story

Letras peligrosas (Pt. 4)

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–Muy bien muchachos –dijo Hiccup ante sus compañeros –, vamos a aprovechar para recuperar el tiempo perdido y practicar un poco con nuestros dragones.

Pero desgraciadamente, la única respuesta que obtuvo fue un gemido de frustración por parte los demás chicos. Ante la ausencia del jefe Stoick, los jóvenes jinetes aprovecharon para abrir de nuevo su academia de dragones, aunque fuera solo por unos días, ya que entre la larga lista de prohibiciones, el entrenar en la academia podría representar mucha tentación para chicos castigados en tierra.

–¿Qué pasa con ese ánimo? –dijo Hiccup posando sus manos en su cintura –. ¿No estaban ansiosos por trabajar con sus dragones?

De nuevo, los demás jinetes gruñeron desde sus puestos en el frío suelo de la arena.

–¿O tal vez todos sufrimos de un caso grave apatía generalizada? –se quejo el gemelo pecoso sarcásticamente.

A pesar del claro desdén en su rostro, Snotlout levantó la mano.

–Muchas gracias Snotlout por participar. ¿Cuál es tu pregunta?

–Sí, como sea –musitó el moreno con descarada frustración –. ¿Por qué carajos no estamos en el cielo en estos momentos volando con nuestros malditos dragones?

–¡Sí! –soltó Ruff, para luego ser imitada por su hermano.

–¡Yeah!

–Debo recordarles que mi padre, el líder de la tribu, ya saben quién –dijo Hiccup mientras indicaba con sus manos las gigantescas dimensiones físicas de su progenitor –. El gigante vikingo amargado que trata de controlar cada momento de mi vida, nos ordenó no volar con nuestros dragones.

–Pero él no está en este momento en la isla… –comentó Snotlout con tono ladino.

–Y es por eso que aprovecharemos su ausencia para recordar nuestros conocimientos en dragones, ya que de momento no contamos con el manual.

–¡Espera un momento! –bramó Tuffnut poniéndose de pie de un brinco –. ¡¿Vamos a revelarnos contra el jefe, ESTUDIANDO?!

–Técnicamente es lo que está diciendo –aclaró Astrid.

–¡Que bodrio! –rugió Ruff con molestia.

–¡¿Cuándo nos volvimos tan peleles?! –se quejo Snotlout.

–¡Oh no! –soltó Tuffnut dejándose caer dramáticamente –. ¡Mi espíritu destructivo y rebelde está muriendo! –masculló mientras apretaba su puño contra su pecho y actuaba su propia muerte.

–¡Felicidades, Hiccup! –lo maldijo la gemela rubia con el cuerpo laxo de su hermano en sus brazos –. ¡Arruinaste las ansias de destrucción de Tuffnut!

–Por favor no sean tan melodramáticos – respondió Hiccup a sus quejas –. Solo debemos tener más paciencia y esperar un poco… hasta que mi padre se vuelva senil y se olvide de sus propias reglas. Ay a quien quiero engañar –soltó de repente el joven perdiendo la seriedad de su voz y casi cayendo de rodillas –. Nunca nos va permitir volar de nuevo.

Hiccup cubrió su rostro en lo que intentaba contener el llanto. Los dragones que habían presenciado todo el intercambio entre sus jinetes, comenzaron a gemir como si lloraran también melancólicamente.

–Muy bien, ya basta –intervino Astrid poniéndose de pie –. Sé que estamos pasando momentos difíciles, pero debemos perseverar –agregó mientras se sacudía la tierra de su falda.

–¡¿Cómo?! –alzó de repente la cabeza Tuffnut, dando señales de vida –. ¡Nuestras últimas esperanzas se han perdido! –dijo antes de volverse a desplomar en los brazos de su hermana.

–¿Podrías dejar de actuar como un imbécil? –le preguntó la joven rubia guerrera.

– Es que le salé natural –se burló Ruff.

–Debe de haber una forma de convencer a jefe Stoick de que puede confiar en nosotros –comentó Fishlegs por primera vez interviniendo en la conversación.

–Exacto, Fishlegs –concordó la Astrid –. Debemos demostrarle que podemos ser autosuficientes, con y sin nuestros dragones. Así ya no temerá que seamos atacados por Alvin y sus bandidos.

–No me gusta cómo suena eso –masculló Snotlout en voz baja.

–¿Qué idea tienes en mente, Astrid? –le preguntó Hiccup con curiosidad.

–Por favor, que no sea… –temió el moreno.

–Debemos entrenar cuerpo a cuerpo –respondió la chica con espíritu.

Todos los jinetes, incluso Hiccup, gimieron desaprobatoriamente ante la sugerencia de la rubia.

Astrid no solo era una perfeccionista compulsiva, ella tomaba muy en serio el concepto de la defensa personal. Tal vez sus compañeros apreciaban su obsesión con volverse fuerte algo excesiva, pero el tiempo y las pelean que habían enfretado, le había enseñado a Astrid que nunca se era lo suficientemente fuerte.

Ya eran dos las veces que Alvin la había derrotado y no estaba dispuesta a que ocurriera una tercera, en especial si la vida de Hiccup volvía a estar en peligro o la distraía con una sucia mentira. O al menos eso esperaba que fuera las palabras de Alvin sobre su padre.

–La solución de Astrid para todo –se quejo el joven moreno expresando la opinión general del grupo –. Golpearnos hasta la inconsciencia.

–El viejo método vikingo –puntualizó Ruffnut alzando su puño con orgullo.

–Creo que mi espíritu de destrucción se sentiría mejor si golpeo a Snotlout en la cara –señaló Tuff levantando su mano por igual.

–Nadie va a golpear otro en la cara –señaló Astrid, pero pronto agregó –: Al menos que sea absolutamente necesario.

Snotlout objetó al comentario, mientras los gemelos rubios se rieron a anchas. Pronto los jinetes se enfrascaron en una intensa discusión, olvidando por completo la presencia de sus dragones. La mayoría de las bestias escupe fuego se mantuvieron tranquilos, pero atentos a sus humanos, con excepción de uno.

Toothless no le puso atención a los gritos de los jinetes, en cambio estaba más enfocado en su hermano adoptivo dragón. Furry permaneció todo el tiempo alejado del grupo, dándoles la espalda a demás, mientras su completa atención estaba enfocada en la reja de la academia que permanecía cerrada.

Preocupado por él, Toothless se aproximó a su jinete y con un suave toque de su nariz en los dedos del éste, captó su atención.

–¿Qué pasa muchacho? –dijo Hiccup al percatarse de las acciones de sus dragón. El night fury sacudió su cabeza en un intento de señalar la entrada de la academia.

El joven pecoso, como el resto de los jinetes, dejaron su discusión para volverse y apreciar al solitario howl junto a la entrada.

–¿Qué le pasa ese peludo? –peguntó Tuff finalmente poniéndose de pie.

–Está así desde que Honey se marchó a la isla meathead –explicó Fishlegs.

Era completamente normal que los jinetes y sus dragones no pasaran todo el tiempo juntos, algunos estaban más acostumbrados a tener su propio tiempo que los otros, pero después de lo sucedido en la isla outcast, Furry había desarrollado la necesidad de no alejarse de su pequeña humana.

Les resultó muy difícil impedir que el dragón siguiera a los barcos cuando marcharon a la isla meathead.

Era como si temiera que algo terrible le volviera a suceder ante una separación.

–No debes preocuparte –le dijo Hiccup al dragón al acercarse para acariciarle suavemente sus largas escamas –. Honey está bien, mi padre se encuentra con ella.

–Tal vez deberíamos hacer algo para relajarlo –comentó Fishlegs –. Como un baño de tierra… oh, oh, podemos cantarle una canción. Eso siempre calma a Meatloug –comentó frotando la nariz de su dragona.

–O más bien se desmaya ante tus terribles gemidos –se burló Snotlout sin conseguir apoyo de sus compañeros.

–Y ¿cuál es tu sugerencia Snotluot? –señaló el joven regordete mirándolo de soslayo.

–Y yo que voy a saber –dijo el otro encogiendo los hombros.

–Tal vez le hace falta volar como a todos nosotros –señaló Astrid.

–No digan más –dijo el gemelo rubio antes de marchar a la puerta hasta la academia. Y antes de que alguien pudiera hacer algo para detenerlo, tiró de la palanca que habría la reja principal de la entrada de la academia.

Tan pronto no hubo más obstáculos entre él y el cielo, Furry extendió las alas y salió disparado fuera de la academia en búsqueda de su jinete.

–¡Tuffnut, no! –lo llamaron inútilmente sus compañeros, pero ya era muy tarde.

–¡Tuffnut, idiota! –bramó Astrid soltándole un puñetazo en el hombro –. ¡¿Qué has hecho?!

–¿Yo? Fue mi espíritu destructivo –se defendió inútilmente el otro, mientras los demás jinetes cubrían sus rostros con las palmas de sus manos.

–Hiccup ¿ahora qué hacemos? –le preguntó Fishlegs al joven pecoso, mientras el howl se alejaba volando por el firmamento.

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Estoy viva!

Perdón por una espera un poco fuera de lo normal por el nuevo capitulo. Aquellos que llevan más tiempo leyendo o conociendo mis trabajos, saben que sufro de una enfermedad crónica que de vez en cuando me da uno malestares que me impiden trabajar o escribir.

Por lo que siempre les pido comprensión y paciencia.

Un saludos a todos y hasta el próximo capitulo.