Cómo entrenar a tu dragón (How To Train Your Dragon) está basada en la serie de libros de mismo nombre de la autora británica Cressida Cowell, y realizada por Dreamworks Animation.

No poseo ningún derecho sobre los personajes y detalles originales de HTTYD.

El propósito de este FanFiction es el de entretener, con eso ya dicho, por favor no me demanden.


DRAGONS: A Twins Story

Letras peligrosas (Pt. 8)

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–¡Aaaaarrrggg! –un horripilante y desgarrador gemido se extendió por la silenciosa biblioteca ante de potente eco que la reinaba–. ¡Noooooo!

El grito de ultratumba helaba la sangre y provocaba los terribles pensamientos de aquellos que lograban escucharla. ¿Era un ente? ¿Un demonio? ¿O un alma penitente? La imaginación era capaz de volar ante el desasosiego y la incertidumbre, especialmente en las personas supersticiosas como los vikingos. Pero muchas veces, la realidad era mucho menos impactante que la fantasía.

–¡Aaaaaahhh! –los gemidos continuaron estrepitosamente, hasta que fueron acalladas por las quejas de Pumpkin.

–¡Quieres dejar de chillar viejo loco! –bramó el joven esclavo tapando sus oídos con ambas manos.

–¡Calla insolente! –rugió a su vez el viejo bibliotecario señalándolo con su huesudo dedo acusador –. ¡Te partiré la boca a palos! ¡¿Acaso no te das cuenta de tan terrible suceso?!

–Lo único que veo es que es pésimo perdedor –dijo Honey cruzándose de brazos sin inmutarse ante comportamiento infantil del anciano.

–¡Tú! –gritó el anciano volviéndose a la chica pecosa. Sus ojos desorbitados y sus fosas nasales extendidas, empeoraban su aspecto desquiciado –. ¡Engendro de Hel! ¡Vástago de Loki! ¡Has sido enviada aquí para hacerme caer en la locura!

–Por decima vez: tú la hiciste llamar –insistió Pumpkin perdiendo la calma –. Tú insististe en probar sus conocimientos. ¡Tú hiciste el cuestionario! ¡Ella respondió todas tus preguntas!

–¡Aaaaahhhhh! –chilló de nuevo el bibliotecario como un animal herido.

Honey, Gothi y Pumpkin se taparon los oídos inmediatamente.

Efectivamente, Grouncher había llevado a cabo un extenso cuestionario de la mitología vikingo a la gemela Haddock, el cual incluyo detalles pocos comunes de las deidades nórdicas: desde su comida favorita, como su verso más odiado; la cual no fue ningún problema para chica, responder correctamente en contra de los maliciosos deseos del anciano. No importaba que tan rebuscada fuera la pregunta o divergente el cuestionamiento, Honey había superado fácilmente los años de conocimiento del viejo bibliotecario.

Y eso no le gustó a él.

Su orgullo de anciano conocedor había sido herido, sus malas intenciones superadas y mentalidad retrograda apaleada. Honey se había convertido pronto para el viejo, en la encarnación de sus peores pesadillas.

–¿Puedo tener mi libro ahora? –preguntó la joven pecosa deseosa de dejar ese lugar y al anciano molesto.

Grouncher calló sus alaridos inmediatamente y se volvió hacía la joven estupefacto.

–¿Libro? ¿Cuál libro? –soltó el viejo en un principio, pero luego su mirada se oscureció en lo que una sonrisa malvada se dibujó en sus labios –. ¡Aja! ¡Has revelado tus sucias intenciones, Honey Haddock! Tu engañosa actitud no me distraerá más. ¡Has venido aquí a robar los libros! –bramó de ultimo señalándola con su huesudo dedo, como lo hizo en un principio con Pumpkin.

Pero pronto lo apartó cuando su mano fue golpeada con fuerza por el báculo de Gothi. La vieja retomó su pantomima con un duro semblante.

–¡No, tonto saco de huesos! –tradujo Honey tratando de imitar la furiosa actitud de su mentora. Lo que no fue difícil ante su propia frustración hacia el viejo bibliotecario.

–¿No recuerda que el jefe Morgadon vino hace unos días a informarle la petición de Berk? –le preguntó el esclavo pelirrojo tratando de conservar la paciencia.

–Por supuesto que no –objetó Grouncher como un niño mimando –. ¿Por qué debería recordarlo?

–¡Porque esa es la razón por la que hizo llamar a Honey y a la vieja Gothi hasta aquí!

–Eso no tiene importancia. Soy un anciano, se debe aceptar mis exigencias como ley.

–Y esa es la razón por la que nadie lo tolera –se quejo el joven esclavo alzando sus brazos al aire.

–¡Vete a callar maldito esclavo! –dijo el viejo –. Mala hora cuando se prohibieron los castigos físicos. Como añoró las viejas costumbre.

–Y yo a veces me pregunto porque lo toleró.

Los gritos de Pumpkin y los berrinches del bibliotecario continuaron aumentando las blasfemias y la fuerza de sus voces. Se enfoscaron totalmente en tal contienda que ignoraron completamente cualquier cosa que pasó a su alrededor.

–Si tanto nuestra presencia le irrita –le soltó Pumpkin casi fuera de sí –, entregue a Honey el nuevo manual de dragones para Berk –agregó señalando donde solía estar parada la gemela pecosa – y saldremos aquí mucho antes que termine de caérsele el cabello.

–¿Y porque así de simple debería dejar ir uno peligroso libro como ese? Especialmente en las manos de una chiquilla desgraciada como… –pero el bibliotecario se detuvo en seco al percatarse que la única persona testigo de su pelea con el esclavo, era la anciana Gothi – ¡¿Dónde está?! ¡¿A dónde ha ido?! –preguntó histérico volviéndose en todas direcciones, mirando sobre los anaqueles y debajo de los lienzos que cubrían las artesanías, sin obtener rastro de la joven pecosa –. ¡Aaaaaargggg!

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En otra parte de la enorme biblioteca, los jinetes de dragones y Toothless trataban de retomar la búsqueda por Furry, pero los horribles gritos misteriosos que retumbaban dentro del edificio no les permitía tan fácilmente concentrarse en su tarea.

–Puedo oírlos de nuevo –soltó Fishlegs asustado abrazándose a sí mismo, ante la ausencia de su dragona para consolarlo –. Tal vez… tal vez… es un fantasma.

–O tal vez eres un maldito cobarde –se burló Snotlout más por los nervios que por molestar al joven Ingerman.

–¡Huuuuuu! –gimió Ruff levantando sus brazos sobre la cabeza de Fishlegs y agitándolos como fideos cocido –. El fantasma de viene por ti, Fishlegs.

–A los fantasmas les gustan los gorditos –agregó el hermano de ésta, desde un costado del joven regordete, mientras le pellizcaba su abdomen abultado.

–Hay mayor masa para hacer temblar –se burló la gemela rubia, imitando los llamados de un espectro desconsolado.

–¡Ya basta, por favor! –chilló el pobre Fishlegs corriendo a resguardarse detrás de Astrid.

–Sí, ya basta –marcó la rubia con firmeza sin inmutarse en más mínimo por lo gritos fantasmagóricos de la biblioteca –. Eso gemidos pueden ser lo quesea, hasta el viento. No. Hay. Fantasma. ¿Verdad Hiccup? –sentenció volviéndose hacia el gemelo Haddock en busca de apoyo.

Pero en cambio, Hiccup y Toothless estaban muy distraídos examinando con detenimiento las páginas de un libro ilustrado, no precisamente muy apropiado para la edad del joven vikingo.

–¿Eh?... –masculló él desconcentrado al escuchar su nombre – sí. Podría hasta ser Furry –agregó rápidamente lanzando el libro sobre su hombro, en lo que intentaba disimular sus sonrojadas mejillas. Toothless en cambio, vio el movimiento del chico como un juego y atrapó el libro antes que cayera al suelo –. Recuerden solían confundirlo con el fantasma del pico de Berk.

–Pues si no hay fantasma, eso decepcionaría mucho a mi espíritu destructivo –argumentó Tuffnut algo preocupado –. Esperen un momento… –agregó de repente –. ¿Un espíritu y un fantasma… son primos?

Lo demás jinetes guardaron silencio ante la pregunta estúpida del joven gemelo rubio, incluso su hermana le dirigió una mirada de hastía y frustración.

–Puedes meterte tu espíritu destructivo por el… –soltó Astrid comenzando a molestarse.

–¡Basta! –pero la rubia fue interrumpida por el grito de Hiccup –. Se supone que estamos de incognito en busca de Furry. Sus constante quejan no ayuda a mantenernos en secreto –los regañó el chico pecoso lazándoles una mirada apremiante. Pero en cambio lo jinetes se mantuvieron inmutables en los que su líder retomaba su marcha por la biblioteca –. Ahora si pueden guardar silencio en lo que Toothless detecta el rastro y por sobre todas las cosas, no se….

Pero al doblar la ultima esquina en una estantería, Hiccup y su dragón de ébano se percataron al volverse, que los otros cinco jinetes habían desaparecido sin dejar rastro.

–…separen –fue lo único que alcanzó a decir el gemelo Haddock perdiéndose en la soledad del corredor.

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Pero los jinetes de dragones no fueron los únicos escapistas en aquella isla, el jefe Stoick tuvo que hacerse de mejores trucos para poder escabullirse del gran salón de los Meatheads y de la presencia de su líder Morgadon. Lo cual era muy sorprendente, ante su increíble masa muscular y gran cantidad de vello facial; por suerte, su homónimo estaba más concentrado en beberse una barrica de hidromiel el solo, que estar al pendiente de la presencia de otros en la habitación..

Una vez libre por las callejuelas de la aldea, el jefe de Berk marchó a paso decidido en una sola dirección. Gobber, a regañadientes, corría detrás de él lo más rápido que su pata de palo se lo permitía.

–¡Stoick! ¡Stoick! –lo llamaba constantemente el herrero –. ¿Estás seguro de lo que estás haciendo?

–He tomado una decisión –le respondió el otro –. Voy a entrar en esa biblioteca.

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Un saludo a todos.

Me he dado cuenta que este fic sufre más de mis achaques de salud que los otros, pero a pesar de todos aquí esta finalmente.

Sin más que decir, que disfruten el capitulo.

Un abrazin