Cómo entrenar a tu dragón (How To Train Your Dragon) está basada en la serie de libros de mismo nombre de la autora británica Cressida Cowell, y realizada por Dreamworks Animation.

No poseo ningún derecho sobre los personajes y detalles originales de HTTYD.

El propósito de este FanFiction es el de entretener, con eso ya dicho, por favor no me demanden.


DRAGONS: A Twins Story

Letras peligrosas (Pt. 9)

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–¿Qué? ¿Cómo? ¿Qué? ¿Eh…? ¿Cómo pudieron perderse tan rápido? –exclamó Hiccup confundido volviéndose en todas direcciones, pero a su alrededor solo había corredores vacios y estanterías llenas de solitarios y polvosos libros.

El gemelo pecoso volvió su vista a su compañero dragón, quien yacía plácidamente en el suelo mascando algo misterioso en sus mandíbulas desdentadas. Como si la bestia de ébano entendiera que los cuestionamientos de su jinete eran dirigidos a él, simplemente se encogió de sus hombros en respuesta y continuó con lo suyo.

–Eso es de gran ayuda, lagartija sobre-desarrollada –se quejo el muchacho con las manos en la cintura –. Esto no es bueno, deberíamos estar juntos –se pasó su una mano por su revoltosa cabellera castaña, mientras su mente comenzaba a divagar en posibles escenario problemáticos a su reciente situación–. Ahora no solo debemos encontrar a Furry, sino también a los demás.

Esa vez, su querido dragón ni siquiera se inmutó a su cuestionamiento. Continuó tranquilamente masticando el extraño objeto que había capturado en sus garras.

–Puedo confiar que Astrid manejara la situación como se debe –comentó Hiccup para sí en lo que caminaba en círculos por el pasillo – y que Fishleg será cauto, pero si son descubierto él cantara más de Spitelout a la hora del baño.

Se sacudió con horror ante la visión imaginaria de sus propias palabras.

–De seguro Snotlout hará algo estúpido y será descubierto de inmediato –continuó el muchacho preocupándose cada vez más –. Eso nos causaría serios problemas, sin mencionar que no deben verte a ti y Furry –agregó volviendo se a Toohtless –. Y los gemelos…

De inmediato el chico se en seco, reaccionando ante una terrible realidad que acababa de percatarse.

–Los gemelos –repitió un poco más alarmado –. ¡Por las barbas peludas de Thor, los gemelos están sueltos! –siguió casi tirándose del cabello en completo pánico –. Esto no es bueno, esto no es bueno. ¡La biblioteca podría estallar en llamas en cualquier momento! ¡Vamos a morir todos!

Hiccup recorrió en pánico de un lado a otro el pasillo, mientras realizaba el esfuerzo descomunal de no hiperventilarse. Era lo peor que podía sucederle en una misión urgente que requería máxima discreción: los gemelos Thorton estaban sueltos, solo y sin supervisión. ¿Cómo más podrían empeorar las cosas?

Su mira se volvió una vez más a su dragón ante sus chasquidos húmedos a las mordidas juguetonas que efectuaba al extraño objeto en su hocico.

–¿Qué tienes ahí? –le preguntó Hiccup inclinándose sobre él –. ¿Es… un libro?

El dragón soltó un leve gruñido y alejo su grande y aplastada cabeza del alcance de su jinete.

–Toothless los libros no son comida… espera ¿es el libro sucio? –continuó percatándose el muchacho que la bestia de ébano, efectivamente tenía entre sus mandíbulas el libro que había estado "inspeccionado" hacía uno minutos antes –. Toothless dame ese libro.

Pero dragón tenía otro plan. Antes de que su jinete lograra quitarle el libro de su hocico, este emprendió una juguetona huida hacia el corredor contiguo.

–¡Toothless regresa aquí de inmediato! –lo regañó Hiccup corriendo detrás de él.

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Honey era completamente consiente que haber abandonado a Gothi y a los demás de aquella manera había sido acto infantil e insultante, pero no le importaba. Más insultante había sido el viejo bibliotecario con su forma de dirigirse a ella desde el principio. Claro, se entendía que era un anciano, chapado a la antigua y probablemente maniático al estar tanto tiempo lejos de todo contacto humano. Pero aún así, la joven pensaba que no había hecho absolutamente nada para ganarse su respeto.

–Mmmm… mmmm… pertenecemos al rayo –tarareaba la chica pecosa en lo que paseaba lentamente por los solitarios corredores, tocando con la punta de los dedos los lomos de los libros guardado en las estanterías –mmm… al sonido de las palabras…

Entre más se adentraba la joven en la biblioteca, los pasillos se volvían más apretados, atiborrados con libros, cachivaches y otros objetos. Viejas pinturas se amontonaban entre sí en las orillas de los corredores y jarrones de barro estaban apilados unos sobre los otros hasta casi alcanzar el techo.

Había tantos libros y pergaminos, que atolondraban la vista, las palabras se volvían ilegibles y los contornos desaparecían. La biblioteca se convertía poco a poco en una bestia sin forma, cuyos tentáculos como de pulpo comenzaba a extenderse a alrededor de Honey.

El aire a su alrededor se volvió más viciado, apestando a polvo, humedad, tinta y papel. Sus pasos provocaban un terrible eco, provocando una espantosa sensación de ahogo. Pero Honey estaba ausente de todas aquellas sensaciones, perdida en sus pensamientos.

–Mmm…no hay vuelta atrás –continuó tarareando casi mecánicamente mientras su mente divagaba en sus recuerdo. Recuerdos que deseaba aplastar.

Aunque no le gustaba admitirlo, Alvin le había causado más daño que la marca que le dejo grabada en su espalda. Honey se sentía perdida, entre sus instintos básicos, su antipática personalidad, su orgullo herido y su completo desasosiego.

La gemela pecosa sestaba insegura de su propio futuro. Ni siquiera cuando ella y su hermano eran rechazados se había sentido así. Alvin no solo los había torturado, sino también le había quitado su porvenir; todo lo que tenía, lo que había conseguido y podrían conseguir, podía perderse en un instante.

Su padre les había asegurado que si nadie sabía de la existencia de la marca, todo podría seguir como siempre. Pero Honey no lo sentía así. La amenaza e incertidumbre que cargaba en su espalda nunca desaparecería y lo peor de todo, es que tenía que aprender a vivir con ello.

–Pertenecemos…. Pertenecemos juntos –continuó tarareando perdiéndose por completo en una sección particular de libros con un hermoso grabado pateado, tanto que no se percató de la persona que la acechaba.

Fue hasta que la mano como garra huesuda se cernió sobre su muñeca y la obligó a volverse, cuando se vio descubierta por el viejo bibliotecario. El anciano estaba furioso, su mirada llameaba y Honey podía estar casi segura de haber visto salir humo de sus fosas nasales cuando resopló con fuerza.

Estaba en problemas.

–¿Dónde aprendiste esa canción? –fue lo único que preguntó el viejo a la gemela pecosa, desconcertándola por completo.

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En otra parte de la enorme y olvidada biblioteca, Astrid y Fishlegs deambulaban perdidos, una explorando con la vista cada corredor y el otro mirando temerosamente sobre su hombro.

–Y otro largo y aburrido pasillo lleno de libros viejos –se quejo la rubia sin detener su marcha –. ¿Cómo demonios pudimos perdernos?

–Tienes que admitir Astrid, este lugar casi parece un laberinto –comentó el joven regordete volviéndose en todas direcciones.

–Laberinto o no, debemos encontrar a Hiccup y a los otros.

De nuevo y sin previo aviso, otro extraño gemido se escuchó recorrer las profundidades de la biblioteca. Fishlegs no pudo evitar dar un respingo, antes de chillar:

–O tal vez… podemos quedarnos aquí y… ocultarnos.

– ¿Qué sucede? –le preguntó Astrid con una mano en la cintura, en lo que contemplaba a su compañero jinete gimotear constantemente.

–Nada, nada…. –dijo este –. ¡Es que esos horripilantes ruidos asemejan a un monstruo!

Astrid solo levantó una ceja ante su comentario.

–¿Vuelas sobre un dragón y te asusta la posibilidad de un monstruo? –dijo ella con incredulidad.

–Meatlug es una nube dulce llena de amor –puntualizó Fishlegs con firmeza a pesar de estar temblando –, eso… –agregó justo en el momento que otro gemido se volvió perceptible para sus oídos – puede ser lo que sea.

Las extrañas vocalizaciones continuaron sin dar pista de su origen o de que las producía. Fishlegs cada vez más temeroso, buscó de un lado a otro un escondrijo para salvarse de su monstruo imaginario, por desgracia su regordete y enorme cuerpo no cabía en ningún lugar.

Más que nunca deseó que su dragona estuviera consigo.

–¿No tienes miedo, Astrid? – le preguntó a la rubia al verla inmutable.

–¿Yo? ¿Después de lo que hemos pasado? –dijo ella con altanería cruzando sus brazos sobre su pecho –. ¿Después de enfrentarme dos veces a Alvin? ¿A qué le podría tener miedo?

–Tienes razón –aceptó Fishlegs –. Alvin the Treacherous es muy aterrador. Recuerdo bien el día en que me encontró en el acantilado, casi me orino a mí mismo –admitió el chico con vergüenza.

–Aja.

–Aunque… también me dijo algo muy raro.

–¿Raro? ¿Cómo qué?

–No sé. Es solo… me dejo pensando días…

Astrid le lanzó una mirada reflexiva, lo que puso más nervioso a Fishlegs de responder.

–Él hizo…. Él hizo el comentario que los dos éramos muy parecidos –dijo este frotando sus nudillo y desviando la vista de la chica –. Aunque no tengo idea que se refería.

¿Qué querría decir con eso? Conociendo a Alvin y sus villanías, podría ser todo o incluso nada. Normalmente las palabras de un enemigo eran fáciles de olvidar y dejar pasar. Pero con el outcast era diferente. Él sabía muy bien como meterse en la cabeza de uno y presionar los puntos indicados.

–¿Astrid? –la llamó Fishlegs sacándola de sus pensamientos.

–No puedes confiar en Alvin y sus palabras –respondió ella posando su mano en el hombro del joven regordete a su lado –. Es un traidor, embaucador y malvado. Pudo haberte dicho eso solo para confundiere.

–¿Acaso a ti también…?

Astrid no pudo evitar fruncir el seño recordando las palabras venenosas de los labios de Alvin, en aquel día en la isla outcast.

–Es solo… –comentó la joven titubeando – dijo algo… Él mencionó a mi padre y como despareció.

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Hola a todos.

Perdón por la tardanza, pero al parecer el capítulo de este fic suele tener muy mala suerte con mi vida personal. Últimamente me pasan muchas cosas sea trabajo o salud que me retrasan de sacarlo.

Bueno, finalmente esta aquí y espero que lo disfruten.

Abrazos.