Cómo entrenar a tu dragón (How To Train Your Dragon) está basada en la serie de libros de mismo nombre de la autora británica Cressida Cowell, y realizada por Dreamworks Animation.

No poseo ningún derecho sobre los personajes y detalles originales de HTTYD.

El propósito de este FanFiction es el de entretener, con eso ya dicho, por favor no me demanden.


DRAGONS: A Twins Story

Letras peligrosas (Pt. 12)

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Los jinetes de dragones corrieron por varios corredores sin poner gran atención de adonde se dirigían, por lo que muy pronto perdieron su rumbo y terminaron en un pasillo bastante apartado en el que no habían estado antes; uno atiborrado de libros, papiros y otros cachivaches.

Los seis chicos se recargaron contra los estantes en lo que intentaban recobrar el aliento.

–¡Hiccup Haddock! –bramó Astrid recuperándose primero antes que nadie –. ¡¿Donde rayos estabas?! –agregó tomando al joven por sorpresa.

–¿Yo? –soltó el muchacho confuso dando un respingo.

–¡Deh!... ¿Acaso hay otro Haddock por aquí cerca? –gruñó Ruffnut en burla.

–Técnicamente, sí –respondió Fishlegs.

–¿Por qué me reclaman a mí? –soltó Hiccup ignorando los últimos comentarios –. ¡Ustedes fueron los que me dejaron solo!

–Ya esta balbuceando cosa sin sentido –lo desestimó Tuffnut desinteresadamente.

–¡¿Qué?! –saltó Hiccup indignado –. Nos infiltramos en secreto en la gran biblioteca Meathead. Nadie debe saber que estamos aquí, mucho menos que tenemos dragones. ¡Mi padre está en este edificio, por lo que tenemos que actuar con mucho cuidado! ¡Y de repente… todos me dejaron solo! –refunfuñó el chico mientras sacudía sus brazos en todas direcciones –. ¡¿Y yo fui el que desapareció?!

Los demás jinetes contemplaron por un momento a su líder en silencio, hasta que finalmente Tuff agregó en un susurro a su hermana:

–Marca demasiado lo obvio.

–¡Está bien…! –rugió Hiccup furioso, pero pronto trató de recuperarse mientras pasaba sus manos por su corta cabellera – está bien –repitió –. No hay porque discutir, estamos de nuevo juntos y encontramos a Furry –agregó indicando al dragón a su lado.

Tanto, Furry y Toothless estaban recostados entre las montañas de libros de aquel pasillo, en lo que ambos intentaban quitarle al otro un libro babeado y mordisqueado del hocico.

–¡Bien! –espetó Snotlout repentinamente quitándose su casco cubierto de una cantidad excesiva de baba de dragón –. ¿Eso quiere decir que ya podemos largarnos de aquí? –agregó exasperado, sacudiendo su cabeza de un lado a otro (como lo haría un perro) cubriendo su alrededor de baba.

–Me alegraría que lo hiciéramos –admitió Fishlegs frotando sus nudillos –. Ya que esos alaridos fantasmales me ponen los vellos de la nuca de punta.

–Fishlegs… – lo llamó Tuff antes de levantar sus brazos sobre su cabeza y comenzar a aullar – huuuuuuuuhhh…

Su hermana no tardó ni un instante en imitarlo. El pobre chico regordete, aunque estaba nervioso, miró de soslayo a sus amigos en su intento pésimo de asustarlo. Tuff y Ruff no fueron consientes de ello por lo que continuaron con su deplorable acto, que hubiera seguido indefinidamente, sino fuera porque Astrid tiro de sus orejas.

–Ya basta – dijo ella con una mirada asesina, por lo que recibió solo pucheros por parte de los gemelos Thorston.

El comportamiento bizarramente inmaduro de los chicos, fue distracción suficiente para que el woolie howl intentara escapar despistadamente de la vista de ellos.

–Hey, hey… –soltó Hiccup parándose frente al dragón para detener su avance –. ¡Furry, espera! –insistió el chico tomándolo de la cabeza cuanto la bestia trató de rodearlo –. Tenemos que irnos de aquí.

–Creo que quiere ir por Honey –comentó Fishlegs intuitivamente.

–Furry te prometo que Honey está bien –le dijo el joven pecoso con calma tratando de retenerlo –, papá… el hombre grande gruñón que vive con nosotros, está aquí con ella. Pero nosotros tenemos que irnos ya.

–Razonando con un dragón –espetó Snotlout cruzando los brazos –. Que pérdida de tiempo… ¡Auch! –chilló de dolor cuando Toothless respondió a sus palabras dándoles un coletazo en la cabeza, que pronto fue acompañado por un puñetazo en la nuca por parte de Astrid –. ¡¿Por qué fue eso?!

–Porque te lo merecías.

–Chicos –los llamó Hiccup forcejeando con Furry, pero resultaba inútil cuando enfrentaba sus escasos 40 kilos contra los 300 del dragón –. No están ayudando.

Ya con el apoyo del resto de los jinetes, Hiccup y los demás, lograr detener a Furry de sus intentos de retomar el recuentro con su jinete, y en compañía de Toothless, finalmente lo que retomaron su propia búsqueda por la salida más próxima.

Ninguno podía negar que había sido divertido y novedoso salir del territorio de Berk a una nueva y simple aventura, especialmente con el castigo en tierra que le había impuesto Stoick, pero ya era momento de regresar, y su suerte, podía acabárseles mucho más pronto de lo que se imaginaban.

Si más que discutir, los jinetes guiaron al dragón peludo por el largo corredor lleno de libros, deseosos de salir a espacios más abiertos. Cada uno de los chicos se encontraba muy enfocado en su tarea, o sus profundos pensamientos (si es que eran capaces de tenerlos), cuando algo captó por la vista de Hiccup.

–Esperen… –insistió este, separándose del grupo – esperen.

–¿Ahora quiere esperar? –vociferó Snotlout frustrado en lo que su primo pecoso corría hacia uno de los anaqueles a su alrededor.

–Sí –soltó Rufff –, porque no te decides, Hiccup.

–Eso no es para nada genial, como yo –masculló Tuff fracasando en sus intentos de ser imponente.

Pero todas sus palabras solo entraron por un oído de Hiccup para salir por el otro. Habían perdido por completo al chico cuando sus ojos verdes como esmeraldas quedaron atrapados por un libro en uno de los anaqueles cercanos. El joven pecoso tuvo que ponerse de puntillas para alcanzarlo y una vez en sus manos pudo confirmar que no estaba equivocado con las iniciales del lomo que había visto.

En la portada clara del libro se leía en letras oscura:

Guía del héroe para dragones peligros

De

Hiccup Haddock II

–¿Qué eso? –le preguntó Astrid mirando sobre el hombro de joven pecoso.

–Un libro –respondió el muchacho.

–Sigue marcando lo obvio –gruñó Ruff en voz baja para su hermano.

–¿Hiccup… Haddock II? –continuó la doncella guerrera leyendo la portada del libro.

–¿Quién? –musitó Fishlegs.

–¿Hay más de un Hiccup? –preguntó Tuff.

–Es mi pesadilla hecha realidad –se quejo Snotlout.

De nuevo s quejas terminaron en oídos sordos. Hiccup se perdió en sus pensamientos mientras sus dedos acariciaban con delicadeza el grueso libro de portada de cuero.

Hacía unas semanas había descubierto la existencia de Hiccup Haddock II; al parecer el hijo perdido o desterrado del último rey Wilderwest. El mismo que había escondido el tesoro de Grimbeard "The Ghastly" en la isla outcast, que había sido hecho pasar por un Hamish para ocultar su verdadera identidad y al parecer era también autor de ese libro en las manos de Hiccup.

¿Por qué su nombre había sido olvidado con el tiempo? No lo sabía, pero un misterio que había cautivado al joven pecoso, y más al descubrir la vieja pintura de Hiccup II que revelaba efectivamente, que él había sido también un hiccup.

El muchacho abrió el libro ansioso de encontrar tal vez una clave más en los secretos que rodeaban a Hiccup II, pero solo encontró hojas chamuscadas, enmohecida y arrugadas por el tiempo.

–Está arruinado –musitó el Hiccup para sí decepcionado.

–Hiccup –lo llamó Astrid colocando suavemente su mano en el hombro de él –, tal vez tiene ese libro algo de importancia para ti –le dijo ella con calma y con dulzura –. Pero tenías razón hace un momento. Debemos marcharnos –añadió con firmeza casi apuñadando al muchacho con su mirada.

–Sí, Astrid –dijo éste monótonamente. Cerró de golpe el libro y agregó –: Debemos irnos.

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Hola a todos.

Esperaba tener este capítulo hace mucho tiempo, pero problemas de salud, trabajo y personales se interpusieron. Me hubiera gustado que fuera un capítulo más significativo pero tendremos a conformarnos.

Espero que los disfruten, en un regalo de mi cumpleaños para ustedes.

Abrazos.