Cómo entrenar a tu dragón (How To Train Your Dragon) está basada en la serie de libros de mismo nombre de la autora británica Cressida Cowell, y realizada por Dreamworks Animation.

No poseo ningún derecho sobre los personajes y detalles originales de HTTYD.

El propósito de este FanFiction es el de entretener, con eso ya dicho, por favor no me demanden.


DRAGONS: A Twins Story

Esto es Berk

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–… el oro y la plata siempre han sido unos de los principales factores que mueven el comercio vikingo –leyó en voz baja un pequeño muchacho escondido justo detrás de su cama. La noche estaba a punto de alejarse ante la inminente alborada, era única oportunidad del joven lector de asirse de su secretísimo tesoro –. Los antiguos conquistadores viajaron y se apoderaron de las tierras vecinas con el propósito de aumentar sus rutas comerciales al sur. Llegaron hasta las tierras bajas y apropiaron de las costas enemigas por la fuerza, esclavizando a los poblados más débiles. Muchos grandes guerreros murieron con honor en esas batallas y festejan en el Valhala por la expansión del territorio vikingo...

El muchacho que leía en secreto su preciado libro era Hiccup Haddock III, un jovencito escuálido y baja estatura para sus doce años. Su nombre que le quedaba como anillo al dedo (era costumbre llamar a los hijos con títulos horribles para ahuyentar a duendes y trolls) ya que Hiccup solía usarse solo para los más chicos y débiles. La mayoría de los jóvenes de su edad eran mucho más altos o anchos que él, pero Hiccup era la excepción para todas las reglas vikingas.

Efectivamente, Hiccup era un vikingo, un muy peculiar en realidad.

El muchacho era pésimo en todo lo que hacía un buen guerrero vikingo, era un muy mal atleta y tenía gustos peculiares que extrañaban a los demás habitantes de su aldea o se encontraban estrictamente prohibidas. Como su gusto por la lectura, por ejemplo.

–¡Hiccup! –dijo una voz detrás de él haciendo que el chico diera un respingo. Al volver su rostro sobre su hombro pudo distinguir la silueta de su hermana semi-oculta por las sombras de la habitación –. ¡¿Qué haces con eso?! ¡Si papá lo ve…!

–Ya sé –dijo el chico cerrando rápidamente el libro y ocultándolo bajo su cama –. "Los libros no traen nada bueno para los vikingos" –agregó repitiendo las palabras ya grabadas en su mente por tanta repetición –. "El único libro bueno para un vikingo es la guía de dragones…"

–Calla de una vez –lo interrumpió la niña llevándose un dedo a los labios –. Te puede oír.

–No está en casa –dijo tranquilamente Hiccup posando su mano en el hombro de su hermana –. Fue a hacer sus rondas matutinas por la aldea ¿Por qué crees que estaba leyendo tan tranquilamente?

–¿Ronda matutina?... Ni siquiera ha salido el sol.

–Ya conoces al hombre –comentó Hiccup encogiendo los hombros –, siempre trabajando…

Su hermana asintió con la cabeza y ambos se unieron en un complejo sentimiento de soledad.

Hicccup y su hermana Honey compartían muchas cosas: su aspecto (ambos eran delgados y pequeños, de tez clara y llena de pecas, con una cabellera castaña lustrosa y unos brillantes ojos verdes), su condición de marginados, la inteligencia, sus manera de pensar e inclusive la habitación. Era algo completamente normal en los hermanos gemelos. Curiosamente lo único que no compartían los dos chicos era el cumpleaños, ya que por diferencia de minutos al nacer, cada uno llegó al mundo en un día diferente al otro.

–Será mejor que vayamos a dormir –comentó Honey trepando sobre su cama contigua a la de Hiccup –, tal vez podamos descansar un par de horas más antes de que salga el sol.

–Al menos que algo malo pase –soltó Hiccup convocando la ira de los dioses.

Una vez que el muchacho terminó su oración, pudieron escuchar claramente una fuerte explosión proveniente del exterior de la casa, acompañada del brillo derivado del fuego que contemplaron atreves la ventana, y los gritos de los demás habitantes de la aldea que decían en una sola voz:

–¡ATAQUE! ¡ATQUE DE DRAGONES!

Y las voces no mentían, una manada voladora de feroces dragones escupe fuego azotaban la aldea con sus llamaradas y explosiones. En cualquier otro lugar, un ataque de dragones sería una pesadilla hecha realidad, pero no para esa aldea. Eso era Berk un pequeño poblado lleno de pequeñas casas nuevas en una isla perdida en un archipiélago olvidado. Y los habitantes de Berk estaban acostumbrados a despertar bajo el cuerno de batalla para enfrentar a los terribles reptiles voladores. Eran vikingos, y por generación había librado la misma batalla a causa de su necedad.

Los vikingos eran conocidos por sus problemas de temperamento y testarudez.

Fue por eso, que cuando Hiccup y Honey escucharon los gritos, la destrucción y el cuerno de alarma, no se asustaron en lo más mínimo; lo contrario a eso, ambos saltaron de alegría de sus camas para cambiarse de ropas y salir alegremente de su casa al bullicio y destrucción que ocurría en el exterior.

Aún no salía el sol y las explosiones están al orden del día. Varías casas ya se encontraban en llamas, las altas antorchas que iluminaban el cielo nocturno revelaban a los causantes volando apretujadamente como un enjambre de abejas sobre la aldea, y los vikingos que vivían en ella, corrían de un lado a otro, luchando, gritando y deseándose buenos días, como si no hubiera nada extraordinario en ello.

Lo único fuera de lo ordinario para ellos, eran los dos hermanos escuálidos que corrían entre las casas y multitudes. Hiccup y Honey no solo era marginados para los miembros de su aldea, eran también causantes de tragedias. Existía la antigua creencia de que si una familia era bendecida con gemelos, era un buen augurio de los dioses, y que los niños habían sido dotados con preciados dones. En el caso de los hermanos Haddocks, los miembros de la aldea creían que solo habían sido dotados con la mala suerte para todo aquel que estuviera cerca de ellos, y en lugar de ser una bendición, eran una maldición del mismo Loki para su clan.

Así que, mientras los dos chicos corrían para alcanzar su destino al otro extremo de la aldea, los demás habitantes de Berk los miraban con malos ojos, los maldecían y les ordenaban regresar de donde vinieron. Hiccup y Honey estaban tan acostumbrados a ello, que les resultaba sencillo ignorar sus palabras y seguir con su camino. Tal vez la testarudez era lo único vikingo que había en sus pequeños cuerpos.

Ambos hermanos continuaron con su camino entre el fuego y la destrucción, hasta que unas poderosas manos los sujetaron a ambos del cuello de sus túnicas y los alzaron en el aire en el momento justo, antes de que terminaran calcinados por el fuego de un furioso dragón.

–¡¿Qué hacen ellos aquí?! –gritó el hombre que lo sujetaba como si fueran un par de muñecos de trapos –. ¡¿Qué hacen ustedes aquí?! –les gruñó directo a ambos chicos, que no tuvieron palabras para contestarle antes que el hombre los arrojara a un lado con un fuerte –: ¡Regresen adentro y manténganse fuera de peligro!

Esa gigantesca mole de músculos y vello facial, era Stoick the Vast, el líder de la tribu de los peludos Hooligans y jefe de Berk, escuchen su nombre y tiemblen, urg, urg, urg. Desde su juventud, Stoick había sido la epitome del perfecto vikingo, como su padre antes de él y el padre de este. Era un fiero guerreo, diestro con el hacha y con la fuerza de diez yaks. Había heroicos relatos de su valor y poder, se decía que incluso de infante llegó arrancarle la cabeza a un dragón con su propias manos.

Tal poderío y temple eran necesarios para proteger y manejar una aldea como Berk, que era azotada constantemente por los ataques de dragones, debido a su proximidad a la isla de estos. Un lugar peligroso y misterioso, protegido por una poderosa neblina de cual los barcos no regresaban completos. Por generaciones, lo vikingos de Berk buscaron el nido de Dragon island para terminar de una vez la terrible amenaza que azotaba al archipiélago, pero nunca nadie lo había logrado y mucho habían perdido sus vidas en el intento.

Regresando a los pequeños hermanos, finalmente Hiccup y Honey pudieron llegar su destino, la herrería de Gobber, al otro lado de la aldea. Gobber the Belch era un herrero principal de la aldea y en sus tiempos de gloria uno de los más poderosos guerreros vikingos de Berk y despiadado mata-dragones, pero el tiempo y la pérdida de varios de sus miembros llevaron al veterano a dedicarse al metal y a las armas. Aún así, las habilidades de Gobber como guerrero no se habían perdido como sus miembros, era completamente capaz de enfrentar gronckle solo con su gancho, mientras con la mano que le quedaba podía hacer malabares con manzanas. Esa era la principal razón por la que Gobber era el responsable del entrenamiento de los futuros guerreros Hooligans, también el mentor personal del joven Hiccup.

Desde que Hiccup era pequeño, más pequeño aún, Gobber tomó parte en la crianza del muchacho como su entrenamiento en el fino pero pesado arte de la forja del metal. Ya que todos sabían, que el pequeño Hiccup nunca sería como los demás chicos de su aldea. Pero eso no desilusionaba al muchacho de intentarlo. No había nada más que deseara el joven y escuálido muchacho que ser como los demás en Berk, el encajar y ser un orgullo para su padre.

Tal vez era una de las pocas cosas, en la que era diferente a su hermana Honey, ya que desde muy pequeña la joven aceptó el rechazo y lo hizo parte de ella. Honey solía distanciarse de la gente o alejarla mucho antes de que la conocieran, prefería su soledad y espacio, y solo compartía su vida con su gemelo. Esa era la principal razón por la cual los dos hermanos eran tan unidos, solo se tenían el uno al otro en ese cruel mundo incivilizado.

Pero esa mañana, Hiccup esperaba que todo cambiara para él, ya que había estado trabajando en su más reciente invento. La mente del muchacho era muy creativa e imparable, constantemente estaba construyendo o ingeniándosela con extraño aparatos para mejorar la vida de los demás o lograr lo que él no podía por sí solo, matar a un dragón. Por desgracia para él, la mayoría de sus invenciones terminaban en tragedias, en terribles accidentes o repudiadas por los demás, como cuando inventó una navaja especial y portátil para llevar en los bolcillos que terminó por desgarrar los pantalones de su padre en su primera prueba.

Pero para esa ocasión, Hiccup había diseñado una especie de catapulta para bolas que fácilmente podría derribar a un dragón a cinco kilómetros de distancia o noquear a un pobre vikingo que se atravesara en la trayectoria del disparo, lo que sucediera primero. Pero si quería probarla en acción, lo que él chico tenía que hacer primero era sobrepasar la supervisión de Gobber.

–Ya era que aparecieras, hay mucho trabajo que hacer –dijo el hombre ancho como jabalí e igual de apestoso que uno. Y tan pronto el chico se puso su mandil de trabajo, comenzaron a llegar los guerreros con sus armas destrozadas por el fuego de los dragones y era deber de Gobber y su joven aprendiz repararlas lo más pronto posible.

Hiccup tomó un montón de espadas desechas en sus brazo, y con todas sus fuerzas las arrojó directo al fuego. En su mente, maldijo su mala suerte. Era una estupenda oportunidad para probar su invención, pero a ese paso, el ataque terminaría mucho antes de que pudiera abandonar la forja.

Mientras él estaba ocupado tratando de atizar el fuego del fogón, Honey miraba por una de las ventanas de la forja a los guerreros que llegaba a esta y la destrucción ocurría en el exterior. Honey pasaba mucho tiempo con su hermano (en realidad rara vez se separaban) y aunque solía ayudarle con sus invenciones, Honey nunca recibió el mismo entrenamiento que él. La joven arisca era buena para los deberes del hogar, pero se reusaba a pasar tiempo con las principales matronas de la aldea para aprender más de cocina o bordado. La única persona que podía soportar a la chica, y viceversa, era Gothi, la mujer más anciana de Berk, curandera y última consejera (los demás ya habían muerto de ancianidad). Gothi entrenaba a Honey en el arte de la curación y herbolaria, y aunque el padre de la chica veía la educación de la joven como una simple distracción, Honey realmente sentía una fascinación por las heridas extremas.

–¡Huy! –soltó la muchacha encantada señalando el brazo de uno de los combatientes heridos –. ¡Quemadura de segundo grado! Esas son muy dolorosas.

–¡Honey, por el amor de Thor, quítate de ahí! –le gritó Gobber mientras golpeaba con fuerza el martillo sobre el hierro –. ¡Deja de disfrutar con el dolor de los demás!

Pero la jovencita ignoró las órdenes de Gobber y en cambió comenzó a llamar a su hermano a gritos, en lo que brincaba fascinada en su puesto:

–¡Mira, Hiccup! ¡La casa de los Duhbrian se quema! ¡Y ahí va la patrulla contra incendio!

Al escuchar sus palabras, inmediatamente Hiccup dejo su trabajo (para el disgusto de Gobber) y corrió junto a la ventana en lo que cinco jóvenes corrían a la casa en llamas con baldes llenos de agua.

Era el resto de la generación de adolecentes a la que pertenecía Hiccup y Honey. Estas solían formase de muchachos que no tuvieran más de cinco años de diferencia y según las diferentes etapas de su crecimiento en que se encontraban, dictaminaba el entrenamiento que recibirían y el trabajo que desempeñarían en la isla. Una aldea vikinga nunca descansaba y siempre había algo que hacer.

–Su trabajo es mucho más genial que el nuestro –se quejó Hiccup admirando a los cinco jóvenes arrojando el agua contra la casa en llamas, a pesar de las explosiones a sus alrededores.

Por orden de edades, estaba Snotlout Jorgenson un chico de hombros anchos y mandíbula cuadrada, primo de Hiccup y Honey de lado paterno, aunque Snotlout negaba todo parentesco cada vez que podía. Eso, por supuesto, no evitó que convirtiera a los dos hermanos en sus sacos de golpeo favorito cuando eran apenas unos infantes.

A continuación, los otros dos gemelos de la aldea, Tuffnut y Ruffnut Thorston, quienes eran conocidos por sus contantes travesuras y por causar casi tanta destrucción que los dragones. Se preguntaran ahora, ¿por qué esos dos hermanos eran más respetados que los Haddocks? A pesar del nivel de destrucción que ocasionaban, el dolor de cabezas de sus acciones y las diferencias de los estratos sociales de sus clanes familiares, los gemelos Thorston encajaban mejor en la definición del guerrero vikingo a pesar de todo lo ya mencionado, y eso era suficiente para que los Hooligan prefirieran a los Thorston sobre los Haddocks.

Luego les seguía Astrid Hofferson, la niña vikinga más ruda y hermosa de toda la isla de Berk. La joven rubia era una fiera guerrera para su escasa edad, entrenaba arduamente en el combate y ansiosa de probar su valor, así como el de su clan. Astrid era la perfección del guerrero vikingo, era fuerte, ágil y astuta; la única queja que llegaba haber sobre ella, era su género.

Aunque Hiccup no tenía nada que decir en su contra. En realidad, desde muy chicos Hiccup sentía algo por Astrid, que al ir creciendo y con el paso de la pubertad, su atención hacia ella se volvió… más específica.

–¿Ya estas babeando, bro? –le dijo Honey con disgusto cerrándole la boca a su hermano con un leve golpe en el mentón.

Hiccup le lanzó a su hermana una mirada fulmínate mientras el grupo de chicos pasaban frente a la forja para rellenar sus baldes. La opinión que tenían Hiccup y Honey sobre Astrid, era otro detalle en el que no concordaban.

Y por último, el más chico de grupo, incluso unos meses menor que Hiccup y Honey, era Fishlegs Ingerman. El joven regordete rubio que parecía un pez fuera del agua a comparación de los demás, pero Fishlegs, se había ganado su lugar en el grupo soportando ser la burla de los demás jóvenes.

Al haber superado los diez años de edad, era normal asignarle a los jóvenes la tarea de soporte y extinción de incendio durante los ataque. Algo en lo que nunca habían participado Hiccup y Honey.

Y los gemelos Haddock no terminaron de ver como el grupo contra incendios cumplir su labor, ya Gobber los sujetó a ambos por el cuello de sus túnicas con gran destreza de su gancho que le servía de mano y los apartó fácilmente de la ventana, alzándolos como un par de muñecas de tela.

–No otra vez –se quejo Honey para sí.

–Por favor, Gobber –le suplicó Hiccup mientras el vikingo los dejaba del otro extremo de la herrería –. Solo esta vez. Te prometo que todo saldrá bien, solo dame oportunidad de salir y dejar mi marca…

–Dejaras marca –se burló Gobber sin tomarse enserio las palabras del chico –, todas en los lugares equivocados…

–… incluso hasta podría conseguir una cita –continuó el muchacho como sí no lo hubieran interrumpido.

–¡Ja! ¡Ni siquiera yo me creo esa! –soltó Honey con una carcajada de incredulidad.

–No estás ayudando –le gruñó Hiccup apretando los puños y dándole a su hermana un leve empujón con el hombro –. Por favor, solo será un momento –continuó sus ruegos ignorando otra vez las interrupciones –, esto podría cambiar mi vida para siempre.

–No puedes alzar un martillo, no luchas con espada, no sabes usar un hacha –enumeró Gobber –, ni siquiera sabes usar una de estas – indicando un par de bolas que un guerrero se apresuró a tomar para lanzarlas contra el dragón más cercano.

–Es ahí donde te equivocas –le aclaró Hiccup indicando su invento –, tal vez no pueda lanzarlas por mi cuenta, pero mi aparato podrá hacerlo por mí.

–Hiccup tiene la razón Gobber, esta vez será diferente ya que yo le ayude con las calibraciones –agregó Honey posando orgullosamente junto al aparato.

–¿Saben cuál es el verdadero problema de ustedes dos? –les preguntó el vikingo llamando la atención de los chicos sacudiendo su mano y gancho.

–¿Centímetros de estatura?

–¿Falta de confianza?

–¿Una extraña sensación de vacío?

Los chicos asintieron aprobatoriamente el uno al otro con el último comentario.

–No –los cortó de inmediato Gobber –. De lo que estoy hablando, si quieren salir y ser parte del resto de la aldea, tienen que dejar de ser…. ¡Esto! –agregó de último indicando a ambos chicos.

–Pero nos has indicado a nosotros completos –comentó Hiccup sin entender.

–Exacto, tienen que dejar de ser ustedes completos.

Ambos hermanos miraron a Gobber con aturdimiento en lo que sus cerebros trataban de procesar lo que el antiguo guerrero quería decirles. Los vikingos eran también conocidos por su falta de tacto y sinceridad, y Gobber era un buen ejemplo de ello, pero los años de lidiar con el par de hermano, había generado un poco de tacto y conciencia del daño que el uso de las palabras inadecuadas podían ocasionar.

–Tienen que… ser menos ustedes –agregó Gobber tratando de encontrar las frases exactas para explicar su punto.

Hiccup siguió mirando confundido a su peludo instructor, en cambio Honey dio un brinco en desagrado.

–¿Qué? ¿Así quien quiere ser parte de esta estúpida aldea? –soltó la joven ofendida encogiendo los hombros y cruzando los brazos.

–Cuidado con ese vocabulario jovencita, si tu padre te escuchara… –pero Gobber no terminó su amenaza ante la interrupción de Hiccup.

–Oh… creo que ya entiendo lo que quieres decir –dijo el muchacho más seguro de sí mismo, creyendo captar la sicología inversa inexistente de Gobber.

–Oh… yo creo que no.

–Yo tampoco –comentó Honey.

–Pero es muy peligroso lo que estas pidiendo… ya que si detienes a toda esta… furia vikinga… ¡Habrá terribles consecuencias!

–Correré el riesgo –musitó Gobber sin impresionarse. Y sin advertencia, soltó una pesada espada en los brazos de Hiccup –. Ahora, sácale filo, y tú –se volvió hacia Honey pasándole una pesada hacha, que la chica no pudo sostener en su manos y cayó pesadamente al piso peligrosamente cerca de sus pies – se de utilidad y ayúdale. Menos palabas y más trabajo.

Ignorando las quejas y reproches de los hermanos, Gobber continuó recibiendo las armas desecha de los guerreros, dejando a Hiccup y a su hermana ninguna otra opción que seguir trabajando.

El muchacho dejo caer la pesada espada sobre la piedra de afilar, mientras Honey le ayudaba dando vueltas a la manivela que la mantenía girando.

–La próxima vez… –soltó la chica con la respiración entrecortada debido al esfuerzo de mantener la piedra de filo girando – que quieras probar tu… furia vikinga… asegúrate que este lo más lejos posible… para evitarme la molestia… de hacer tu trabajo…

Hiccup estaba por contéstale a su hermana, cuando un potente chillido llamó su atención. Y no solo a él, a toda la isla de Berk. Era un sonido tan peculiar y fácilmente reconocible, como aterrador, que solía hacer que lo vellos de la nuca se erizaran de solo oírlo.

Un Night Fury se unía a la batalla.


Con esto inicio mi nuevo fanfiction, que va para ser una aventura muy larga y espero que disfruten.

Por ahora como es el principio es un poco tranquilo, pero poco a poco cobrara fuerza y le deseo darle un tono más maduro, por lo cual permanecerá en rango T.

El detalle de que los libros están prohibidos, el slogan de Stoick y el parentesco con Snotlout vienen de los libros. Honey es un personaje original mío y el intro de las conquistas vikingas es un poco realista a lo que fueron en verdad.

Cualquier duda o comentario son bien recibidos.

Saludos y hasta el próximo capítulo.