Buenas, buenas gente. Tiempo de no saludarlos.

Antes que nada, pido disculpas por la graaaaaan demora. Pero aquí está el prólogo de este fic, que es un regalo para el usuario Nightwarrior027, espero que este fic sea de tu agrado, estimado. Le he puesto corazón.

Este fic forma parte del reto ¡Mortal Khristmas! del foro Mortal Kombat: Who's next?

Debo decir que al principio no sabía del todo qué hacer con este proyecto, di muchas vueltas para llegar a esto, y llego a considerarlo algo bastante… nuevo respecto a lo que he escrito antes. Quiero críticas, de todo tipo.

En fin, espero que la historia sea de su agrado. No hay mucho más que decir.

Abrazos para todos.

Aclaración: La historia es un universo alternativo, y parte de la premisa de que tanto Jade como Kung Lao sobrevivieron a los acontecimientos de Mortal Kombat 9.


Disclaimer: los personajes de MK y su historia bla bla, no me pertenecen.


Prólogo

Sus miradas se cruzan una vez más y, sin dudas en esta ocasión, Kung Lao está seguro de que sus ojos son verde esmeralda. No verde bosque, ni verde lima, mucho menos verde grisáceo, como escuchó decir a Johnny.

Desde niño, todos en el templo destacaban la curiosidad y capacidad de observación del pequeño Kung Lao. No había detalle que pudiese escapar de su deseo de saber ni historia que no tenga ansias de escuchar. Sus favoritas, sin dudas, eran aquellas que hablaban del Gran Kung Lao, su ancestro. Imaginaba las hazañas de aquel gran guerrero y vitoreaba sus triunfos.

Sin embargo, este descubrimiento le ha costado. Más de una vez ella lo había pillado mirándola antes de desviar la mirada rápidamente. Sin embargo, esta vez, él pudo ver cómo esbozó una fugaz sonrisa. Una sonrisa escurridiza, si se quiere. Un segundo después, sus ojos se abren repentinamente y, alarmados, viran completamente hacia él.

— ¡Cuidado! — le grita, antes de lanzar su razorang.

El arma, girando a una velocidad exorbitante, pasa a centímetros de su rostro y continúa su camino. Kung Lao escucha un impacto metálico, como el de una lata a la que han golpeado. Se voltea por sobre su hombro y logra ver como un ciborg, emitiendo chisporroteos y agitando sus brazos, cae sin mayor remedio hacia atrás. El razorang está certeramente incrustado en su cráneo.

—Excelente puntería — la halaga. Ha tomado el hábito de hacerlo cada vez que lo deslumbra con una nueva destreza. Mientras, ella se le acerca con una sonrisa orgullosa.

— Intentaba decapitarlo — admite, restándole importancia. Kung Lao sabe que no lo dice con modestia, más bien es como si se estuviese regañando a sí misma. Pasa a su lado mientras su cabello su desplaza en un tenue vaivén que no hace más que volverlo loco.

Pisa el torso del ciborg, se inclina, y de un tirón, recupera su arma. Un líquido marrón y viscoso gotea desde la punta de una de las cuchillas. Jade arruga la nariz, en un claro gesto de repulsión, y lo sacude repetidamente para quitarlo. Él se le queda mirando con los ojos perdidos hasta que repentinamente, como un rayo de luz, se le ocurre algo que decir.

—Gracias —dice, con un nerviosismo que jamás ha sido propio de él —. Eso estuvo cerca.

—Bastante cerca…— murmura ella, elevando la mirada hacia él. Una vez más, aquellos ojos que tanto llamaban su atención, se dilatan tenuemente —. Oh, Dios, estás sangrando.

— ¿Qué?

Lleva su mano hasta su pómulo derecho y siente unas gotas de sangre tibia que han escurrido desde la herida hacia su mejilla. Ni siquiera lo había sentido, todo había ocurrido demasiado rápido y él aún estaba pensando en esos benditos ojos.

—Lo siento, pude haberte herido — se disculpa, posando sus dedos sobre la herida con una suavidad que le eriza la piel —. Déjame buscar algo para limpiarte.

Le cuesta entender las palabras que salen de su boca. ¿Qué le ocurre? A lo largo de su vida, había aprendido a cultivar la religión budista en su interior, a llevarla con orgullo y portarla como emblema. Le habían enseñado del orden natural, de la paz interior y de lo incontenible de los fenómenos del universo. Se había formado como un hombre con autocontrol y paz, ¿cómo es posible que una mujer produzca ese desequilibrio en él?

Sin embargo, y aunque le sea difícil aceptar, sabe que eso ocurre.

—No es necesario —replica, tomando su mano repentinamente, pero con delicadeza—. Es solo un rasguño. —Desvía la mirada hacia Smoke, herido tras su batalla contra Sektor —. Creo que deberíamos priorizar la atención para quienes la necesitan.

Priorizar a los demás; ¿cómo podían llamarlo héroe si no hacía eso al menos? No era como si realmente le importase que lo reconozcan como tal, pero sabía que jamás podría sentirse un verdadero héroe si no era capaz de portarse como uno cuando era necesario.

Jade le sonríe casi como si estuviese conmovida y se aleja de él. No se voltea, retrocede sin quitarle esos orbes verdes de encima hasta que Kitana se le acerca y la toma del brazo para decirle algo. Solo entonces, él le da la espalda, y camina en dirección a Sonya y Johnny — que le sonríe de oreja a oreja—.

Él le había dicho que a las mujeres le gustan los héroes. Sí, quizás había algo de ese consejo en su reacción. ¿Cómo había llegado a aceptar un consejo de Johnny Cage? Pues, a pesar de parecer un auténtico bocazas la mayoría del tiempo, al parecer el sujeto al menos tenía la suficiente intuición para notar la atracción entre ellos.

Llevan muy poco tiempo de conocerse, pero hay entre ellos un lazo tan fuerte. Una protección continua de uno hacia el otro. No dan un paso sin voltear ligeramente la cabeza y seguir brevemente la ruta del otro para cerciorarse de que está a salvo sin ayuda. Todo aquello surgió en silencio, sin palabras, una promesa no verbal de cuidarse mutuamente.

En cuánto Liu Kang volviese junto a Raiden, definitivamente tendría que contarle sobre todo ello.

Pero por aquel entonces, ni siquiera habría podido imaginar que jamás podría hacerlo.

Mucho menos podría imaginar que volvería a ver esos ojos muchas veces más, y que no solo harían tambalear las cosas que creía tener claras, sino que también le harían dudar a quién jurar lealtad, a quien proteger, a quien odiar y a quien amar.

Nada volvería a ser igual.


El templo Wu-Shi, aun en reconstrucción, aguardó por sus honorables héroes durante días, semanas, y meses. Lo hicieron con entusiasmo, pronosticando que tarde o temprano verían las siluetas de ambos desplazándose en el horizonte. Ellos tendrían miles de arreglos florales y listones de colores listos para la celebración.

Pero la realidad sería mucho más funesta.

Raiden regresó. Apareció en un repentino haz de luz, cabizbajo y con el fulgor de sus ojos mucho más opaco de lo acostumbrado. A sus pies, recostado en el suelo, con algunas cicatrices, la piel fría y los músculos crispados, estaba el cadáver de Liu Kang. Todos los monjes, adultos, ancianos y niños se agolparon rápidamente entre el Dios y el humano fallecido. No tardaron en ser proferidos algunos gritos de horror y lamento; llantos y miradas tristes. Los más ancianos aguardaron silencio, se inclinaron ante el Dios y su difunto héroe.

Solo cuando los ánimos se calmaron y los adultos lograron aplacar la euforia de la muchedumbre, uno de ellos, muy anciano, se aproximó a Raiden parsimoniosamente. Él, sin ánimo y con unos ojos grises, llenos de amargura, le entregó en mano una carta.

—Lo siento— musitó suavemente.

Dio unos pasos hacia atrás y les dio la espalda, como si estuviese dispuesto a marcharse sin más, pero de repente algo lo retuvo; quizás culpa, pesar, quizás un sentimiento de responsabilidad por aquella gente que tanto había sufrido. Los miró por sobre sus hombros y notó, entre sus miradas llenas de horror e incertidumbre, que debía darles una explicación antes de decir adiós.

—La Tierra está a salvo — dijo, fuerte y claro —. Liu Kang dio todo de sí por defenderla, y entregó su vida con honor por ella.

Raiden notó, entre el tumulto de gente, a un hombre alto, moreno y fornido que se encontraba al borde de las lágrimas y lo miraba con unos ojos que le reflejaban algo entre el coraje y la ira. No tardó en reconocerlo como Kai, uno de sus amigos cercanos.

—Hónrenlo, recuérdenlo como el héroe que fue —sentenció, retomando su marcha hacia la salida —. No permitan jamás que su recuerdo se pierda con el tiempo.

Sin decir una palabra más, el cuerpo del Dios se iluminó y desvaneció. No regresó jamás.

Lo que en algún momento habían sido manchas de sangre se cubrieron con pintura. Las maderas rotas y desportilladas se reemplazaron, los cadáveres desperdigados alrededor del templo fueron dignamente sepultados y, junto con todo ello, poco a poco el horror, la tristeza y el recuerdo de los tiempos pasados quedaron relegados a un segundo plano. Hicieron una escultura de Liu Kang en la entrada del templo, para recordar eternamente al héroe del Mortal Kombat que había perdido la vida luchando por su hogar.

¿Qué había en la carta? Kung Lao la había firmado con su nombre al final y había enviado saludos a todos en el templo. Justo encima, anunciaba su deseo de quedarse junto a los guerreros de la Tierra para luchar contra la amenaza de los otros Reinos y que, de momento, no volvería a casa.

En realidad, él sabía que quizás jamás regresaría a casa. ¿Cómo podría llamarla de esa manera? Ya no podría volver a sentir la Academia como su hogar.

No sin Liu Kang.


Para fines del año 2011, meses transcurridos de la invasión, fue la fecha en que el gobierno de Estados Unidos y muchos otros en el mundo, en conformidad con la Organización de las Naciones Unidas, dio el comunicado oficial frente a miles de periodistas, políticos, autoridades y cámaras de noticias. Para su fortuna, Jade ya no estaba en la ciudad.

Todo comenzó con los primeros días tras la invasión. El desconcierto y el pánico eran generales en casi todo el mundo. Lo que comenzó como debates barriales, prosiguió a una marejada que llegó a cada rincón del mundo. No tardaron en cobrar fuerza los rumores de fuerzas demoníacas que habían llegado para profanar la Tierra, hecho que solo ayudó a confundir y enardecer aún más a la muchedumbre.

Finalmente, miles y miles de personas de todo el planeta se agruparon indignadas frente a las sedes representantes del poder para expresar su descontento e incertidumbre. Las protestas, que comenzaron siendo revoltosas pero pacíficas, rápidamente adquirieron un carácter violento y vándalo.

Comprendiendo que las sociedades ya no podían continuar por más tiempo sin comprender que había ocurrido, llegó el día en que la verdad se supo. Sonya Blade y Johnny Cage colaboraron con las autoridades de los aparatos del Estado, brindando información sobre todo lo que habían vivido.

Por el contrario de lo que ellos creían, la existencia de otros Reinos era de saber confidencial en numerosos países del globo pero, ante la posibilidad de que el pánico cunda en la población, y pensando en que hasta entonces nunca se habían convertido en un verdadero problema, decidieron mantener en secreto y no adoptar mayores medidas que un seguimiento paulatino de los movimientos de estos mundos.

Entonces surgió un período de sorpresiva hostilidad. La gente, molesta y exigiendo justicia por sus familiares y seres queridos asesinados durante el ataque protestaban en pos de seguridad y justicia. Habían comenzado a compartir una visión igual a la de aquellos en el poder; que los demás reinos y todos los que formaban parte eran una amenaza. Querían respuestas, querían que actuaran, que alguien hiciera algo.

Hasta que llegó el comunicado de diciembre del año 2011.

El Presidente de los Estados Unidos, en conferencia de prensa, anunció que desde ese día en adelante, comenzaba un nuevo régimen. Ante los aplausos de algunos y el terror de otros, quedó establecida la prohibición de la presencia de seres de otros reinos en el territorio terrestre y que, llegado el caso de su presencia, serían detenidos, sometidos a la justicia e incluso ejecutados.

Desde el comienzo del nuevo sistema, le fue difícil a las autoridades identificar a seres originarios de otros Reinos; no tenían un registro completo de cada uno de ellos. En este punto fue donde las declaraciones archivadas en el expediente de Johnny Cage y Sonya Blade fueron clave, desde sus capacidades físicas y espirituales, o el hecho de ser capaces de vivir por miles de años fue un buen punto de partida. Fue cuestión de tiempo para que con una muestra de sangre fuera discernible un ser humano de otra especie. Y a partir de entonces, la cacería comenzó. Cualquiera sospechoso de no ser residente del Earthrealm era detenido y sometido a las pruebas pertinentes.

Pero mientras todo eso ocurría y algunos de sus hermanos de sangre eran capturados y asesinados, ella llevaba meses fuera de Nueva York, y no tenía la menor idea de la masacre que se estaba llevando a cabo. Se había exiliado y encontrado hogar con la familia Buttler, unos granjeros de Filadelfia que, ya cercanos a la vejez, habían decidido que una joven fuerte y enérgica como Jade les vendría fenomenal para algunos trabajos.

De hecho, Jade permaneció en Nueva York por menos de una semana tras la muerte de Kitana. Raiden le ofreció regresarla a su hogar, pero rechazó la oferta. No podía regresar a Edenia con el cuerpo de su mejor amiga, siendo que además protegerla era su tarea; su destino. Saber que había perdido la vida no solo le destruía el corazón, sino que además le recordaba que había fallado en el deber que había cumplido desde que tenía memoria; protegerla, servirle, estar presente.

Ahora su vida se trataba de deambular sin rumbo, trabajar, cultivar para sobrevivir, ¿pero para qué? ¿Qué sentido tenía su vida ahora? Jade lidiaba con aquella incertidumbre al despertar cada mañana y al acostarse cada noche. A veces la duda la sorprendía en la madrugada, y se levantaba de repente, con las manos sudadas y los ojos clavados en la nada. Recordaba, como si se repitiese a cada segundo en su mente, las palabras de Kung Lao después de ver morir a Liu Kang:

—"Todos ustedes no trajeron más que muerte y tragedia" — espetó, con la ira ardiendo en sus ojos cubiertos de lágrimas.

A veces, cuando Jade pensaba en que quizás podría regresar con aquellos que lucharon a su lado durante la invasión, llegaba a su mente ese recuerdo, y rápidamente descartaba la posibilidad.

Pero ni siquiera en aquel mundo logró encontrar la paz. Fue cuestión de tiempo a que, producto de rumores, los agentes de seguridad acabaran visitando la granja. ¿La razón? La poca gente que conocía al matrimonio sabía que no tenían descendientes ni recibían visitas. A todos se le hizo extraña la aparición de la nueva forastera.

Al llegar allí, la pareja fue borrada del mapa sin dificultades, no tenían familiares, ni hijos, ni vecinos. A nadie le pareció algo común que desaparezcan de la faz de la Tierra, pero nadie se preocupó ni lo sufrió realmente.

Según los archivos policiales, el espécimen femenino fue localizado en los terrenos mientras intentaba escapar. Era particularmente agresivo, además de particularmente hábil en el combate cuerpo a cuerpo, detalló uno de los oficiales que fue atacado directamente y requirió de tratamientos médicos. Intentó defenderse antes de ser exitosamente adormecida.

El escuadrón captor arribó a la ciudad el día veinte de noviembre del 2013, y la joven en cuestión fue designada al Centro de Retención de Long Island dónde, según establecían las leyes, sería sometida a juicio y se determinaría su destino.