Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Edward Kitsis y Adam Horowitz, así como a Disney y ABC


I

De Costa a Costa


Boston, Massachusetts

Tres Años Antes

Era un día como cualquier otro en el trabajo para Emma Swan, en Saplent Corporation, una de las mejores Agencias de Publicidad de la Ciudad, cuando su superior, el Sr. Anton Mercer la mandó llamar a su Oficina.

─ ¡Swan! ─exclamaba el hombre robusto desde la puerta de su Oficina─ Ven inmediatamente aquí.

─ ¿Ahora qué hiciste Emma? ─Preguntaba el Mensajero cuando le entregó su correspondencia.

─No tengo idea, Billy. Según yo no he hecho nada malo. ─Respondía Emma encogiéndose de hombros.

─Tal vez sea él, en otro de sus días. De verdad, te aseguro que ese hombre podría pasar por un gigante gruñón algún día. ─Confesaba Billy.

─Que no te escuche, porque es capaz de comerte vivo. ─Contestaba Emma entre risas.

Swan salió de su Oficina privada como rayo y entró a la de su jefe para saber qué era lo que necesitaba.

─Muy bien, Mercer, aquí me tienes. ¿Para qué me necesitas el día de hoy? ¿Hay un nuevo cliente para la Agencia?

─Algo mucho mejor ─respondía el hombre ofreciéndole el asiento a Emma─, cuando menos para ti, parece ser.

─ ¿De qué hablas?

─ ¿Recuerdas que el Presidente de la Agencia habló hace un año de una nueva sede en la Costa Oeste?

─Sí.

─Pues ahora ya es un hecho, y el Sr. Gold te quiere a ti de Directora Creativa de Saplent Corporation en California. ─Exclamaba Anton sentándose en su enorme silla ejecutiva.

─Espera… ¡¿Qué?! ─decía Emma muy asombrada─ ¿esto es en serio?

─Es tan en serio como el sobrenombre que Billy me ha puesto. ─Respondía Anton sin dejar espacio para las sospechas.

─ ¿Por qué yo? ─Preguntaba la chica aún sin poder creer lo que acababa de escuchar.

─ ¿De verdad lo preguntas? ¿Después de todo lo que has hecho por esta Agencia? Swan, en serio, después de todas las campañas exitosas que has desarrollado y las nuevas cuentas que has conseguido en tan sólo un año de estar con nosotros, te lo mereces. Eres la persona más creativa y entregada que he conocido. Sonará ridículo, pero con cada uno de tus trabajos me has hecho recuperar el amor por la Publicidad. ─Afirmaba Anton.

─Basta, Mercer ─respondía Emma─. Harás que me ruborice.

─Es que es la verdad.

─Aunque así sea, aquí hay personas que llevan años dando lo mejor para esta Agencia, ellos tienen más años de experiencia que una recién egresada de la Universidad de Massachusetts. ─Explicaba Swan sin dejar de mirar a su jefe.

─Estás en lo cierto, no te lo voy a negar ─objetaba Anton─, pero ya conoces a Gold. Sabes que en cada cena y presentación de campaña te presume como su Joya más Preciada, eres el Diamante en Bruto que él se dedicó a pulir cuidadosamente. Él reconoce tu talento, dedicación y amor por esta profesión. Además, déjame darte un consejo. Ese hombre es uno de los mejores Publicistas del País, y es una persona bastante metódica, él nunca hace nada sin recibir algo a cambio, y sabe que en esta nueva locura que se le ocurrió necesita a lo mejor de lo mejor, y esa eres tú, Emma.

─ ¿En dónde está la Agencia?

─San Diego, California.

─ ¿En serio? ¿Y por qué no la estableció en Los Ángeles? Con tantas estrellas de cine alrededor, creo que le iría bien.

─Los Ángeles es la boca del Lobo, el infierno sobre la tierra. Hay tantas Agencias que el mercado está bastante competido.

─ ¿Y pretende utilizar una Estrategia de Introducción estando a 120 millas de distancia?

─Pues para eso es para lo que te quiere ─replicaba Anton con honestidad─, además, en los últimos años la Agencia ha ganado buena reputación a nivel nacional, estoy seguro que introducirla en California no será tan difícil.

─Ese hombre está loco ─exclamaba Emma dejando salir una risa nerviosa─. ¿Estás seguro de que realmente me quiere a mí?

─ ¿Acaso hay otra Emma Swan en este Edificio? ¡Claro que te quiere a ti! Mira, no me respondas aún, te doy hasta mañana a esta hora para tomar una decisión.

─ ¿En serio? ¿Piensas darme veinticuatro horas para decidir algo que podría cambiar mi vida? ─Preguntaba Emma muy asustada.

─Es un trabajo, Swan ─replicaba Anton─, no te vas a casar con Gold.

─Pues parece que sí ─manifestaba Emma tratando de no reírse─. Mercer, ¿qué harías tú?

─Bueno, Emma ─iniciaba Anton─, con tu edad y tu endemoniada creatividad, aceptaría. Sobre todo porque Gold no da segundas oportunidades.

─Gracias ─pronunciaba Emma levantándose de su asiento─, antes de hacer cualquier cosa, tengo que hablar con alguien, y aprovechando que es mi hora de comida, creo que lo haré ahora.

─Haz lo que creas correcto, Swan ─sugería su jefe─. Si Gold pregunta, le diré que todavía lo estás pensando.

─De nuevo, gracias.

Cuando ella salió no dejaba de temblar de la emoción, porque ¿acaso tendría otra oportunidad así en la vida? Una parte de ella deseaba ansiosamente que la palabra "Sí" emanara de su boca, pero aún tenía dudas, le aterraba apartarse de su Familia y amigos más de lo que ya lo había hecho, y reconociendo que rara vez iba a su pueblo natal, Storybrooke, Maine, desde que se mudó a Boston para estudiar la Universidad.

Emma necesitaba una voz sensata que le ayudara a desenmarañar todo lo que traía encima, así que regresó a su Oficina ante la atenta mirada de unos cuantos empleados que rondaban por ahí. Luego de cerrar la puerta, corrió hacia su bolso y tomó su celular, necesitaba hablar con August, su mejor amigo y consejero.

¡Booth!Decía Emma cuando contestaron la llamada.

¡Swan!Contestaba August imitándola.

Muy gracioso Augustreplicaba la chica con un tono serio─, ¿es tu hora de comida? Dime que sí.

¿Y qué pasa si te digo que no?preguntaba Booth divertido¿Qué me vas a hacer?

Le haré un bonito diseño a tu auto con mis llavesrespondía Emma con voz amenazante─. Estoy hablando en serio August, necesito hablar contigo.

Si tu diseño será igual al que le hiciste a mi patineta cuando íbamos al colegio, entonces te digo que sí.Contestaba su amigo.

Esa vez tú tuviste la culpa, no debiste esconderme mi Nintendo DSConfesaba Emma entre risas.

No fue idea mía, sino de Ruby, no nos hacías caso, así que reclámale a ella.

Lo hice, media hora después, además estaba en la última vuelta de la última carrera de Mario Kart, no fue agradable.

No puedo creer que todavía recuerdes esoreconocía August─, y dime Emma, ¿de qué quieres hablar?

¡Es verdad!exclamaba Emma pasando la mano libre por su cabello¿Ves? Haces que se me olviden las cosas, pero te lo explicaré cuando te vea, ¿comemos en Granny's?

¡Ay sí! Como ayudé a la Abuelita a expandirse y crear las franquicias por toda la Costa Este ya me gusta ir a Granny's.Replicaba el chico con tono burlón.

Es imposible tener una conversación madura por teléfono contigopronunciaba Emma sonriendo─. Y gracias a eso no pago en ninguna de las sucursales, y como acaban de abrir la de Boston, sería bueno ir a echarle un vistazo.

Por eso debiste mandarme mensajes por Whatsappalegaba August─, te veo en Granny's en diez minutos, ¿de acuerdo?

Está bien, ahí te veré.

Emma terminó la llamada, tomó su bolso del Escritorio y salió de su Oficina. La nueva sucursal de Granny's no estaba lejos de la Agencia y decidió caminar hasta allá. August era Diseñador Gráfico en una Agencia llamada Hoffman and Partners, que a pesar de que tenía pocos años en el mercado, poseía una cartera de clientes en constante crecimiento gracias a Lily, una chica que Emma conoció en la Universidad y que además era la prometida de su mejor amigo.


Sucursal de Granny's en Boston

Ella fue la primera en llegar y se sentó en la mesa que estaba cerca de la Rockola. Siendo una copia exacta de la Cafetería de la Abuela de Ruby en Storybrooke, hacía que esos dos se sintieran como en casa cada que entraban a alguna de las sucursales. August hizo su entrada justo cuando Emma había pedido la orden a la camarera.

─Espero que no me hayas pedido uno de esos Sándwiches de Queso fundido que tanto amas. ─Decía August sentándose frente a Emma.

─ ¡Qué pena! ─respondía Emma mirándolo con disculpa─ Te pedí dos y un jugo de uva.

─Emma…

─Estoy bromeando ─aclaraba Swan comenzando a reír─, ya deberías dejar ese incidente con el Sándwich de Queso de cuando éramos niños.

─Lo siento, Swan ─replicaba August tomando una servilleta─, sé que la que tiene los traumas eres tú, pero ese día, Ruby, Elsa y tú se pasaron de la raya poniéndole salsa Tabasco a mi sándwich, y no conformes con eso cambiaron mi vaso con jugo por uno con más salsa Tabasco rebajada con agua. Ustedes me hicieron odiar los Sándwiches de Queso fundido por la eternidad.

─A pesar de que te hacíamos la vida imposible, todavía nos sigues amando. ─Respondía Emma alegremente.

─Bueno, en eso tienes razón ─observaba Booth tratando de hacer un Cisne con la servilleta─. ¿Y qué has sabido de ese par de locas?

─De Elsa, muy poco, sé que sigue en Noruega, hablé con ella por Skype hace unas dos semanas y me contó que había conocido a un chico llamado Arvid, y su hermana está en una relación con un Esquiador llamado Kristoff, y por lo que me dice es, posible que el chico esté en los Juegos Olímpicos de Invierno.

─Eso es bueno, me agrada saber que a nuestra mini heladera le esté yendo bien ─reconocía el chico─, ¿Y Ruby?

─Ella sigue estudiando, según tengo entendido, su carrera duraba dos años más que las nuestras.

─ ¿Estudia contabilidad?

─Sí. Sabes que siempre tuvo cabeza para los números, no como tú o yo.

─Por supuesto, recuerdo cuando hacía nuestras tareas y el profesor Archie nos descubrió a los cuatro. Eran buenos tiempos, y me encantaría seguir recordándolos, pero te veo muy ansiosa Emma, dime, ¿para qué me querías ver?

─August, si te dieran la oportunidad de ocupar un puesto importante en otra ciudad, ¿lo tomarías? ─Preguntaba Emma despedazando el intento de Cisne que estaba en la mesa.

─Sí. ─Respondía August sin dejar espacio para dudas.

─ ¿Por qué?

─Porque desperdiciar una oportunidad así sería el peor error de mi vida, si me niego tal vez mis superiores lo tomen a mal y no vuelvan a considerarme para alguna otra promoción en el futuro.

─ ¿No te sentirías mal de separarte más de tu Familia y los amigos de Storybrooke?

─Mi padre lo entendería, sabría que es por un bien mayor, como cuando le dije que me quedaría aquí cuando terminé la carrera. Y en cuanto a la vieja Pandilla, Regina, David y Mary Margaret al parecer son los únicos que quedan en el Pueblo. Walsh y Zelena siguen en Minnesota, Jefferson creo que está en Vancouver, Elsa y Anna están en Noruega como bien ya dijiste, Ruby en Nueva York, Graham con los Marines y tú aquí. Me dolería es obvio, pero no sería diferente de lo que tenemos ahora. ¿Por qué la pregunta?

─Porque me están ofreciendo la Dirección del Departamento Creativo de la nueva sede de Saplent Corporation.

─ ¡Eso es excelente! ─afirmaba August sonriendo─. ¿Y en dónde es?

─En San Diego.

─ ¿Al otro lado del país?

─Sí, ahí suele estar San Diego. Es que no estoy segura de saber por qué me siento tan nerviosa ─confesaba Emma─, quiero hacerlo, técnicamente no hay nada que me lo impida, James está por terminar la escuela y ya planea venir a Boston para entrar a la Universidad de Massachusetts. Y como dices, la Pandilla está bastante dispersa, así que, no cambiaría nada.

─Hazlo ─comentaba Booth─. Después de todo lo que has pasado, te lo mereces. Sólo quiero que me contestes con el Corazón la siguiente pregunta.

─Claro, dime.

─La parte de ti que quiere hacer esto, ¿no lo hace por seguir huyendo del pasado?

─ ¿De qué hablas?

─De la razón por la que rara vez te apareces por Storybrooke. Sólo vas para el cumpleaños de James, y por lo regular, son David y Mary Margaret los que tienen que venir hasta acá.

─Lo que ocurrió en Tallahassee está en el pasado ─respondía Emma, seria─, no voy a Storybrooke porque no quiero recordar los viejos tiempos si todos mis amigos no están.

─ ¿Y qué hay de Mills?

─ ¿Zelena?

─No te hagas tonta, Swan. Hablo de Regina. Ya pasaron tres años desde lo de Tallahassee, creo que sería buen momento para que le retiraras la ley del hielo.

─No puedo, August ─manifestaba Emma apretando la servilleta─, lo que hizo y dijo todavía no lo puedo eliminar de mi mente, necesito tiempo.

─Sí, se equivocó, pero ya le pidió disculpas a Ruby por eso.

─Lo que tú no sabes es que Ruby aún no la perdonado.

─Y si Ruby no lo hace, tú tampoco, ¿no?

─No es eso, necesito pensarlo, es todo.

─Entonces, ¿te vas porque así lo deseas? ¿Por qué deseas crecer?

─Así es.

─Bueno, si ya lo decidiste, no soy quién para decirte que no ─respondía Booth justo cuando les llevaban la orden─. Una buena hamburguesa y una dotación generosa de papas fritas, genial. Por un momento creí que sí habías pedido tus horrendos sándwiches. ─Comentaba August poniéndole cátsup a su Hamburguesa.

─Me arrepentí de último minuto, recordé que eres muy llorón, Booth.

─ ¡Cállate y come, Swan!

Una vez que terminaron de comer, salieron de la Cafetería y August la dejó en su trabajo de camino al suyo.

Emma bajó del auto ya sin ninguna duda, iba a aceptar la promoción, sabía qué hacía lo correcto y que su vida cambiaría para mejor, estaba emocionada por saber lo que San Diego tenía para ofrecerle.


San Diego, California

El Presente

El tiempo pasó desde que Emma Swan se había convertido en la Directora Creativa de Saplent Corporation en California, y gracias a sus ideas frescas e innovadoras fue como la loca Estrategia de Introducción de Gold comenzó a rendir frutos de la mano de la joven publicista. Como bien lo dijera su antiguo jefe, gracias a sus campañas, cada vez más clientes llegaban pidiendo exclusivamente que Emma y su equipo creativo sean quienes conduzcan a su marca al éxito.

Un día, Emma y su equipo salían de una de sus famosas juntas, de las que solía provenir el polvillo de hadas que creaba la Magia de las campañas de la Agencia, una vez que las labores del día siguiente fueron asignadas por ella, decidió regresar a su enorme Oficina para tomar sus cosas y volver a su apartamento en Point Loma.

─Emma ─comenzaba su asistente desde su escritorio─, qué bueno que por fin salieron de ahí, creí que no terminarían nunca.

─Estos chicos se dejaron llevar muy feo esta vez ─reconocía Emma tomando su correspondencia─. ¿Alguna novedad?

─El Sr. Gold quiere el Informe Trimestral para el viernes. ─Exclamaba Ashley sacando su libreta de anotaciones.

─Ese hombre debe relajarse, desde Boston es así ─confesaba Emma tornando los ojos─ ¿Qué más?

─Alguien te llamó de Maine ─decía su Asistente─, era una chica llamada Regina Mills, pidió explícitamente hablar contigo, pero le dije que te llamara mañana, porque estabas en una junta.

El escuchar el nombre de su antigua amiga, hizo que Emma cambiara su expresión facial de una sonrisa alegre a una cara de fastidio, el problema no era tal vez que le hubiese llamado a su Oficina, sino quien fue el que le proporcionó el número telefónico, ya había pasado demasiado tiempo desde aquel accidente en Tallahassee, Florida, pero aun así, Swan no podía dejar de sentir resentimiento hacia aquella chica que alguna vez fuera su íntima amiga.

─ ¿Estás bien, Emma? ─Preguntaba Ashley al verla molesta.

─Por supuesto ─respondía Swan olvidando el tema─. Si mañana vuelve a marcar…, dile que tuve que salir a Los Ángeles por cuestiones de trabajo y que volveré el lunes, honestamente no tengo tiempo para soportar los dramas de esa mujer.

─Bien, eso le diré. ─Contestaba su asistente anotando esa orden.

─Y cambiando de tema ─comenzaba Swan─. ¿Qué tal les está yendo a ti y a Sean?

─Muy bien, Emma, gracias. Fue difícil al principio pero ahora que ambos tenemos trabajos estables, nos irá mucho mejor.

─Me alegra escuchar eso, ahora, si me disculpas, ya casi es hora de irnos y hoy van Robín y los demás a cenar a mi casa. ¿No quieres venir? ─Decía Emma.

─No ─replicaba Ashley─, te lo agradezco, pero Sean me llevará a cenar.

─Bueno, que lo disfrutes.

─Gracias, Emma.

Emma entró a su Oficina y dejó los papeles que llevaba en la mano en un lugar seguro, después agarró su bolso y sus cosas y salió disparada al estacionamiento, ya que antes de que Robín y sus demás amigos llegaran a cenar tenía que indagar sobre quien le había dado el número a Regina, y quería comenzar con su viejo y buen amigo August.

Una vez en el estacionamiento, encendió el auto y se fue a su apartamento, la caída del sol era una de las cosas que Emma amaba en este mundo, era una de las cosas más preciosas que habían presenciado sus ojos cuando era una niña pequeña y navegaba junto con su padre en la pequeña embarcación de su Familia que sigue anclada en el muelle de Storybrooke.

Al llegar al Edificio subió por el ascensor hasta el último piso e insertó la llave en la cerradura. Encendió la luz y mandó a volar sus tacones como cada noche. Cuando por fin entró por completo a su apartamento, tomó la vieja libreta que usaba como Agenda y marcó el número de la casa de August en Boston. Esperó pacientemente hasta que descolgaran anhelando desesperadamente que fuese su amigo el que levantara la bocina primero.

¿Bueno?pronunciaba una voz femenina¿Quién habla?

¿Lily? Soy Emma.

¡Ah! ¡Hola, Emma! ¿Qué tal va todo?

Pues, ya sabes, el estrés, las juntas y cenas, lo normal.

Me alegra escuchar eso, disculpa si sueno cortante pero, ¿quieres hablar con August?

Por favor.

Deja lo busco, perdona que te conteste así, pero estoy haciendo la cena.

Disculpa, de haber sabido.

No te preocupes, Emma, no hay problema, deja voy por él.

Gracias.

Emma se sentó en el sillón que estaba cerca de la mesita del teléfono y aguardó a que a August se le ocurriera contestar, mientras esperaba, comenzó a golpear la mesa con sus dedos demostrando su ansiedad.

¿Bueno?Decía August contestando el teléfono.

¡Booth!Gritaba Emma de vuelta.

¿Ahora qué hice, Swan? Pedía saber August.

¿Le diste el número de mi trabajo a Regina?Inquiría Emma.

¿Qué? ¡Claro que no!

¿Entonces quién fue?

No tengo la menor idea, Patito Feo.

Deja de llamarme así, Pinocho.Respondía Emma exasperada.

Te lo juro Swan, no he visto a Regina desde Año Nuevo, además, ¿no te has puesto a pensar que alguien más se lo dio? Si no recuerdas, yo sólo tengo tu celular, James tiene este número y los únicos que tenían el de tu trabajo eran David y Mary.Explicaba su amigo.

¿Crees que ellos hayan sido?

Tal vez, y si lo hicieron, fue por una buena acción.

¿A qué te refieres?

A que ya pasaron seis años y tú sigues sin aparecerte por Storybrooke, ¿no crees que ya es tiempo de pasar de página y volver a estar con tu vieja Pandilla? Todos te extrañamos, Emma.

Si vas a comenzar con eso de que no voy a Storybrooke por no querer enfrentar a Regina, pues estás equivocado. Esclarecía Emma.

Yo no iba a decir nada, pero tú ya me contestaste, piénsalo un poco, ¿sí? No te vamos a obligar si no quieres, y no te enfades con Mary Margaret, ya es hora de que todo vuelva a ser como antes.

Nada será como antes, Pinocho.Respondía la chica con voz triste.

Sólo si tú no lo quieres, Patito. ¿Por qué no me mandaste mensaje por Whatsapp?

¿Además de que no contestas?respondía Emma a modo de pregunta─, porque mi teléfono cayó en el mar… otra vez.

¿De nuevo? Es el tercero en este mes. ¿Qué demonios es lo que haces?

Muchas cosas. Por cierto, también quería hablarte sobre algo más.

Dilo.

Bueno, estuve pensando un poco y como en unas semanas será el Spring Break, y ya que hablaste de la Pandilla, quería invitarlos a pasar aquí unos días. Le platiqué a Ruby y ella dijo que también quiere verlos.

Tendría que hablarlo con Walsh, por lo que sé, él y Zel regresaron a casa desde principios de año. Aunque creo que deberías ser mejor tú la que les haga la invitación, cuando consigas un nuevo teléfono, márcame aquí y te agregaré a nuestro grupo.

Tú quieres que me acribillen, admítelo.

Para ser honestos, te lo mereces por tenernos muy abandonados.

Muy bien, Wayne, tú ganas. En cuanto compre un nuevo teléfono me pararé frente al pelotón de fusilamiento. Lamento tener que irme, tan de repente, pero llegué molida del trabajo y voy a darme una ducha.

Bueno, Swan, te dejo ahora que el agua quiso cooperar contigo.

Siempre eres tan gracioso.

Es para que no me olvides.

¿Cómo podría? Preguntaba su vieja amiga con tono divertido.

Hasta luego, Emma.

Nos vemos, August.

Emma colgó el teléfono y se fue a dar una ducha rápida, cuando se terminó de arreglar, hizo lo propio con su casa, que estaba hecha un pequeño desastre. Tomó todas las cosas y las puso en su lugar, la ropa en el cesto, el material de trabajo en su habitación, etc., justo en el preciso momento en que cerró la puerta de su habitación, tocaron la puerta. Ella fue a abrirla y encontró a su amigo y compañero de trabajo, el buen Robín Locksley con su pequeño hijo, Roland. Justo detrás de ellos estaban Lance, Percy y Arturo junto con su novia Gwen.

─Ya era hora ─exclamaba Emma cargando a Roland─, comenzaba a preocuparme que no llegaran.

─Llegamos a la hora de siempre, ¿no es cierto, hombrecito? ─Respondía Robín revolviendo el cabello de su hijo.

─Tía Emma, papi tiene razón, habríamos llegado más temprano, pero el Tío Killy fue por algo. ─Justificaba Roland abrazando a Emma.

─ ¿De verdad, amiguito? ¿Y dónde está tu Tío Killy?

─No lo sé ─respondía el niño encogiéndose de brazos─, dijo que tenía que ir al baño o algo así.

Los adultos rieron ante la sincera respuesta del pequeño, Emma lo bajó y lo dejó entrar a casa para poder hablar con sus amigos.

─Bien, hablen, ¿dónde está Killian? Y no traten de mentir, porque lo sabré.

─No tenemos idea, Emma. ─Contestaba Percy.

─Roland decía la verdad. ─Agregaba Lance.

─Ellos tienen razón, ¿no es verdad, Gwen? ─Decía Arturo.

─Claro ─respondía ésta última─, dijo que nos alcanzaría.

Emma los miró a todos y a cada uno intentando averiguar si ellos decían la verdad, hasta que un pequeño camión de volteo a control remoto apareció por el pasillo dando golpes con las paredes cada que trataba de avanzar. Todos rieron ante ese pequeño espectáculo y el camión se detuvo a los pies de Emma, sólo para que ella notara que el camión traía una caja de un teléfono celular nuevo en él. Cuando ella se agachó a tomarlo, Killian apresuró el paso y se paró al lado de la entrada del apartamento.

─Mil disculpas ─pedía Killian rascándose la oreja─, parece que soy mejor navegando que conduciendo.

─Bueno, eso ya lo sabíamos. ─Replicaba Arturo haciendo que los demás comenzaran a reírse.

─Arturo ─espetaba Gwen golpeándolo en el estómago─, es por eso que te golpean tanto cuando juegan Beisbol.

La reprimenda de Gwen ocasionó más risas de parte de todos, incluso del pequeño Roland que acababa de encender el televisor.

─ ¿Qué es esto? ─Preguntaba Emma todavía con la caja en la mano.

─Un teléfono ─respondía Killian─, normalmente los usan para comunicarse.

─Sabes que no me refiero a eso, lo que quiero decir es por qué.

─Bueno, tómalo como una disculpa de tu novio por haber arrojado accidentalmente tu otro teléfono al agua el Domingo pasado.

─No debiste.

─Tal vez no, pero quería hacerlo. ─Decía Killian para después darle un beso en los labios.

─ ¿Nos van a dejar pasar o tendremos que verlos besuquearse en la puerta toda la noche? ─Preguntaba Lance.

─Es verdad, pasen.

Una vez que ellos entraron, Robín y Killian se adueñaron de la cocina de Emma, mientras ella y Gwen jugaban con Roland y los tres chicos restantes miraban el juego de los Padres de San Diego. Cuando la cena estuvo lista, dejaron el televisor encendido y se pasaron al comedor.

Esa noche era como cualquier otra para los demás, pero no para Emma quien aún parecía intranquila por la llamada de Regina, Killian se dio cuenta, pero no quiso preguntarle nada enfrente de los demás, así que cuando llegó la hora de irse, él se ofreció a ayudarle a limpiar todo.

─Emma. ─Exclamaba Killian mientras recogía la basura.

Emma estaba pensando seriamente en lo que August le había dicho esa noche y no escuchó a Killian cuando la llamaba.

─Swan ─volvía a hablar Killian tomándola del brazo─, Amor. ¿Te encuentras bien?

─Sí, es sólo que… estaba pensando… ya sabes. ─Alegaba Emma tratando de no tomarle importancia.

─Sabes que puedes decirme lo que sea.

─Sí, y lo agradezco, es sólo que esto es algo más complicado, es una parte de mi pasado que no me gusta tocar, además, no creo estar lista todavía. ¿Recuerdas que te hablé de Tallahassee? ─Preguntaba Emma.

─Lo poco que me contaste, sí.

─Pues esto tiene que ver con eso, Regina me llamó a la Oficina, pero yo estaba en junta.

─Debo asumir que tú no quieres hablar con ella.

─No, todavía estoy molesta con ella, pero August dijo que lo hiciera, y no sé qué hacer.

─Bueno, si quieres mi consejo, pues, deja que pase un tiempo, sólo hasta que de verdad te sientas capaz de abrir esa vieja herida.

─ ¿Y si eso no sucede nunca? ─Preguntaba Emma mirándolo a los ojos.

─Yo no lo creo, Swan. Espero el día que tu Corazón se cure por completo, y yo me encargaré de que eso suceda más pronto de lo que Roland pueda pronunciar su apellido. ─Declaraba Killian con convicción.

─Hablando de otra cosa, ¿no sé supone que debiste de haber estado en el partido de los Padres?

─Le pedí a Phillip que me cubriera sólo por hoy.

─Sólo para darme el teléfono ─replicaba Emma─, Killian, no quiero que interrumpas tu trabajo por mi causa.

─En lo absoluto, Emma ─respondía Killian acariciando su mejilla─, me debían un día de descanso en el periódico y decidí usarlo.

─De verdad, Killian, sé que ese trabajo es muy importante para ti, y no quiero que por mi culpa lo pierdas.

─Sólo es un trabajo, y tú eres más importante para mí.

Killian tomó delicadamente la barbilla de Emma y la obligó a mirarlo a los ojos, y momentos después de dieron un beso en medio de la cocina con más sentimiento que el que se habían dado en la entrada del apartamento. Duraron juntos minutos que para ellos parecieron horas, pero no les importó, esa era una de las actividades que más les gustaba realizar desde que comenzaron su relación y lo único que los interrumpiría sólo sería la falta de oxígeno.

Y así fue, se separaron para tomar aire y recargaron sus frentes una con la otra, sin decir ni una sola palabra tratando de no arruinar el momento.

─Ya debes irte, Killian ─respondía Emma recargando la cabeza contra su pecho─, ya es tarde.

─Por el tono de tu voz, diría que no quieres que me vaya. ─Contestaba Killian.

─Tienes razón, no quiero, pero algo me dice que si no lo haces, no llegaré al trabajo mañana, y tengo que entrevistar futuros internos.

─Puedes entrevistarlos otro día.

─No, no puedo.

─Me portaré bien, lo prometo. Además, ¿de verdad piensas arrojar a tu novio a la crueldad de las calles de Point Loma tan tarde?

─Bien, Jones, tú ganas, pero sólo si te portas bien.

Terminaron de acomodar todo y se fueron directo a la habitación de Emma, ella con la firme intención de dormir, y sabiendo perfectamente que Killian tenía otros planes, lo cual agradecía, porque así no pensaría en todos sus problemas por un buen rato.