VIII

Tallahassee, Parte Tres


Storybrooke

Seis Años Antes

Al regresar del Spring Break de ese año, los miembros más jóvenes de la Pandilla siguieron con su curso en el Onceavo Grado. Durante ese tiempo muchas cosas comenzaron a cambiar. Ruby se iba a Nueva York a pasar los fines de semana con Peter, Neal hacía exactamente lo mismo con Emma, Mary Margaret y David se veían en Pennsylvania donde él estudiaba, Jefferson iba a Connecticut para vender algunas de sus fotografías acompañado de August, y Graham iba a la base de reclutamiento para continuar su entrenamiento antes de las verdaderas pruebas con los Marines.

Regina aprovechaba esos fines de semana para retomar sus clases de equitación con los Nolan, sin embargo, se llevó una sorpresa al darse cuenta que su instructor no sería el Sr. Nolan, sino más bien un chico de cabello castaño y ojos color avellana, un chico de su misma edad.

Lo encontró en los establos cuando fue a buscar a su hermosa y saludable yegua, él sostenía una montura en el momento en que se encontraron a medio pasillo, sus ojos se enfocaron en ella, el chico quedó hipnotizado por la chica que tenía frente a él.

La hija de Cora lo miraba de arriba abajo tratando de identificarlo con alguien de su pasado, aunque estaba más que claro que era la primera vez que el chico ponía un pie en Storybrooke.

─Es bueno ver que llegas temprano. ─Exclamaba el padre de David poniendo su mano en el hombro de Regina, rompiendo el largo periodo de silencio.

─No quería perder ni un minuto con mi amada Rocinante. ─Respondía Regina.

─Eso es bueno, y tengo que admitir que ella te ha extrañado también ─continuaba el Sr. Nolan─. Bueno, ¿por qué no comenzamos con la lección de hoy?

El Señor Nolan caminó hasta Daniel y le quitó la silla de montar para presentarlo con su nueva alumna.

─Regina, quiero que conozcas a tu nuevo instructor: Daniel Colter. ─Exclamaba el padre de David empujando al chico.

─ ¿Cómo puede ser mi nuevo instructor si ni siquiera es más grande que yo? ─indagaba Regina─ ¿Qué es lo que me puede enseñar?

─He montado a caballo literalmente desde que comencé a caminar. Me convertí en Campeón de la mayor exhibición ecuestre de Kentucky a los ocho años, y mantuve el título por los siguientes ocho años. Sé de cuidados, alimentación y rutinas de ejercicio para las especies predominantes en la unión americana. Creo que bien podría enseñarte muchas cosas, chica prejuiciosa ─replicaba Daniel extendiendo su mano─. Daniel Colter, como bien ya lo sabes.

─Regina Mills, es un placer conocerte, jinete maravilla. ─Contestaba la chica con una mezcla de vergüenza y enfado.

─Algo me dice que ustedes dos se llevarán muy bien ─pronunciaba el Señor Nolan─. Los dejo solos para comenzar la lección.

El Sr. Nolan tuvo razón. Ambos chicos no sólo se llevaron bien con cada lección, sino que con el pasar de los meses, ambos comenzaron a sentir una conexión que los hacía experimentar cosas muy diferentes a una simple amistad mientras pasaban tiempo juntos, los hacía olvidarse del mundo que los rodeaba, y poco a poco se fueron involucrando en una relación que ya no era sólo de amigos.

Al principio, todo lo hacían en secreto, no por miedo a represalias, sino porque querían probar antes de gritarlo a los cuatro vientos. Aunque, el chiste les salió mal una noche cuando Emma, August y Ruby los vieron corriendo con dirección a la Playa.

─ ¿Esa es Mills? ─Indagaba Pinocho.

─Al parecer sí, pero, ¿qué ese no es su instructor de equitación? ─Agregaba Caperucita.

─ ¿Quién lo diría? ─exclamaba Emma separándose de ellos─ Todo indica que la temida Reina Malvada se dejó seducir por los encantos del Chico del Establo.

─Nunca pensé que algo así pasaría, sobre todo con lo especial que es Cora con ella. ¿qué dirá cuando se entere de que una de sus preciadas hijas está saliendo con un desconocido? ─Preguntaba Ruby.

─De seguro no le gustará ─respondía August─, pero no podemos ser nosotros los que se lo digamos a la matriarca de las Mills, deberíamos hablarlo primero con Zel.

Emma los miró y movió la cabeza de un lado a otro, tratando de hablar, sin encontrar las palabras adecuadas.

─ ¿Qué sucede, Patito? ─Inquiría Ruby.

─Ustedes no entienden, ¿verdad? ─Preguntaba Emma poniendo sus manos en la cintura.

─ ¿Por qué lo dices? ─Pedía saber August.

─Si yo me fui de la ciudad por la presión de todos, ¿cómo creen que va a reaccionar Regina si vamos de boquiflojos con Zelena? ─exponía Emma─ Saben que Regina es mega especial con su privacidad, y no podemos hacer algo así sin que medio planeta estalle.

August y Ruby lo pensaron por un momento, y se dieron cuenta que Emma tenía razón, Regina era mucho más peligrosa de lo que ella misma fue en el pasado.

Ellos tres conservaron el secreto hasta que Regina se los dijo a todos durante la fiesta de cumpleaños de su padre, Henry Mills.

Mary Margaret, Jefferson y Graham se quedaron sorprendidos al saberlo, mientras que Ruby y compañía trataron de fingir su asombro para que no se delataran con Regina. Además de eso, no había mucho que decir sobre la relación de Regina y Daniel. A la Pandilla le parecía increíble verla tan encariñada con él, estaba completamente cegada por el amor, cosa que jamás se imaginaron ni en sus más profundas pesadillas.

Cora, por su parte, no veía con buenos ojos que su hija menor se paseara por las calles de Storybrooke no sólo con su instructor personal, sino con alguien que nunca les habló de su pasado, cosa que todos ya sabían de antemano.

Los Nolan le aseguraron que Daniel era de fiar, y le mostraron que lo que decía el Chico del Establo era genuino, y que no había de que preocuparse, aunque no conocieran completamente su pasado, sin saber, que Regina era la única que lo conocía.

Su hija sabía que los padres de Daniel malgastaron su fortuna en apuestas y malas inversiones, dejándolos en la ruina. William, su hermano mayor se hizo cargo de su instructor cuando él cumplió los dieciséis y lo sacó de Kentucky para llevárselo a Pennsylvania, donde ambos trabajaban en los establos cerca de la Universidad de Pennsylvania. Ahí, los Colter conocieron a David durante una exhibición extraordinaria del equipo de equitación de la Fraternidad y él lo recomendó con sus padres para trabajar en Storybrooke, dejando a su hermano mayor solo en aquel lugar.

El verano llegó una vez más, y toda la Pandilla reunida disfrutó a lo grande, no había un día que no estuviera lleno de sorpresas y adrenalina.

Así pasaron esos tres meses como de rayo y comenzó el nuevo año escolar, el último para los miembros más jóvenes de la Pandilla por ese entonces. Mary Margaret ya se había mudado a los dormitorios de la Universidad de Pennsylvania para comenzar sus clases donde David ya la esperaba con los brazos abiertos. Mientras que Emma y compañía comenzaban a plantearse lo que harían en el futuro.

Otro año pasó y con él la fiesta de cumpleaños de Emma, uno de los eventos más esperados de aquellos chicos luego de todo lo que pasaron unos años antes, días después, Daniel y Regina se vieron en su lugar secreto, ya que él tenía algo importante que decirle.

─ ¿Te vas? ─preguntaba Regina en un susurro mientras ponía sus manos en las mejillas de Daniel─ ¿Adónde?

─De vuelta a Pennsylvania ─contestaba él tomándolas con las suyas─. Will me llamó, necesita verme para algo importante.

─ ¿Qué cosa? ─Continuaba Mills.

─No me dijo, pero por el tono de su voz parece ser en serio. ─Respondía Daniel.

─Está bien, Chico del Establo, ve tranquilo que yo esperaré pacientemente por ti.

─Volveré tan pronto como pueda, su Majestad. ─Afirmaba Daniel dándole un corto beso de despedida.

Transcurrieron los meses, y Daniel no regresaba. A pesar de la distancia, ambo se mantuvieron en contacto, y él le prometía que en cuanto solucionara algunos asuntos pendientes con William, volvería a Storybrooke.

Algunas noches de diciembre, Regina se desaparecía y llegaba a la Playa, sólo para sentarse a contemplar la tranquilidad de la noche invernal, siempre con el teléfono en la mano, extrañando demasiado a Daniel, preguntándose qué tan fuertes tendrían que ser esos asuntos que no le permitían volver.

Una de esas noches, poco antes del inicio de las fiestas navideñas, Regina volvió a esfumarse y Emma la siguió para hablar con ella.

─Danny va a regresar, Gina. ─Pronunciaba Emma detrás de ella.

─ ¿Habla la voz de la experiencia, Ems? ─Preguntaba Regina sin darse la vuelta.

─Te mentiría si te dijera que no ─contestaba Swan acercándose un poco─. Debes tener paciencia, Danny te quiere demasiado como para abandonarte, además, sólo han pasado dos meses.

─Lo sé perfectamente, Emma ─replicaba Mills─, es sólo que lo que más ansío saber es ¿qué demonios es lo que está reteniendo tanto? Will no lo había buscado todo este tiempo, ¿qué cambió?

─Es su hermano mayor, Regina ─contestaba Emma automáticamente─, los mayores solemos ignorarlos a ustedes hasta que tenemos un enorme aprieto o queremos compartir cosas verdaderamente geniales. Deberías saberlo, porque Zelena hace lo mismo contigo.

A Regina se le escapó una risa mientras movía la cabeza tras escuchar lo último.

─James debe odiarte. ─Aseveraba Regina mirando a Emma por fin.

─A veces lo hace, y otras soy yo la que quiere matarlo ─exclamaba Emma─, pero daría mi vida por ese tonto. No te desesperes, Regina, William te prestará a su hermanito de un momento a otro.

─Gracias, Swan ─pronunciaba Regina caminando hasta Emma─. Conseguiste que me calmara un poco.

─De nada, Mills ─respondía Emma poniendo su mano en el hombro de Regina─. Sabes que cuando tengo la oportunidad de ayudar siempre estaré ahí.

─Sí, porque tú eres Emma Swan, corriendo a ayudar a los que lo necesitan en la ciudad como la gran Salvadora que eres. ─Replicaba Regina sarcásticamente.

─Guarda silencio y camina, que a ti y a Zelena les toca la noche de películas. ─Refutaba Emma empujándola suavemente.

─Y yo que creí que venías a ayudarme a mí, y no a la Pandilla.

─ ¿La Reina del Drama no vino? ─Inquiría Emma con diversión.

Luego de las fiestas de fin de año, comenzó un año más y con él, el registro para las Universidades a nivel nacional, para ese entonces, todos ya tenían definido lo que querían hacer.

Ruby estudiaría Contabilidad en la Universidad de Nueva York, Alma Mater de Peter. Jefferson se iría a Vancouver a estudiar fotografía. Mientras que August, Emma y Regina irían a Boston a estudiar. Booth entraría al MIT para estudiar Diseño Gráfico, Swan estudiaría Publicidad en la Universidad de Massachusetts, y Mills estudiaría para Abogada en la Escuela de Derecho de Harvard. Todos ellos llenaban sus solicitudes, y por su parte, Graham se iría por fin al campo de entrenamiento de los Marines y así cumplir su sueño.

─Vaya. ─Musitaba Jefferson.

─ ¿Qué ocurre, Hartford? ─Preguntaba Regina dejando un bolígrafo en la mesa.

─ ¿Se dan cuenta de lo mucho que nos estamos distanciando? ─Proseguía Jefferson.

Todos alzaron la cabeza y se miraron mutuamente, esbozando una sonrisa triste al darse cuenta de lo real que sonaba esa pregunta.

─En nuestra defensa, David y los demás comenzaron. ─Justificaba Ruby.

─Sí ─proseguía Graham─. Él y Mary Margaret en Pennsylvania.

─ Y Zelena y Walsh en Minnesota. ─Terminaba Jefferson.

─Demonios ─exclamaba August─, que lejos estamos de aquellos tiempos en los que lo único que nos preocupaba era lo que haríamos después del Colegio todos los días.

─Bueno, siendo honesta, sabíamos que no estaríamos juntos por siempre ─intervenía Emma─, quiero decir, no estaríamos a los veinticinco años todos en la misma habitación en la Universidad. Sabíamos que algo así pasaría, aunque lo importante es que, aunque estemos distanciados no perdamos nuestra amistad. Estoy segura que, si hacemos eso, sobreviviremos a lo que se nos venga en el futuro.

─Tienes razón, Ems. ─Pronunciaba Ruby.

─Sí, si nos mantenemos en contacto, nada malo pasará. ─Agregaba August.

─ ¿Ustedes tres siempre tienen que ponerse de acuerdo para todo? ─Preguntaba Graham mientras se reía.

─Las ventajas de ser amigos desde los seis años. ─Exclamaba Ruby recargándose en Emma y August.

Pasaron los primeros meses del año, y Daniel volvió a la ciudad a medio Spring Break, Regina estaba tan encantada de tenerlo de vuelta que ni siquiera notó lo cambiado que regresó. Su piel estaba pálida, y unas enormes ojeras comenzaban a asomarse debajo de sus ojos, además que no dejaba de temblar y miraba a su alrededor muy nervioso.

─Regina ─comenzaba Daniel muy rápido─, me temo que no podré seguir en Storybrooke.

─ ¿Qué? ─espetaba Regina─ ¿Por qué?

─Ocurrieron algunas cosas, y… bueno… conseguí un empleo no muy lejos de aquí, en Southwest Harbor.

─No me has dicho tus razones para irte ─protestaba Mills─. ¿Es que acaso hay alguien más en tu vida?

─Te equivocas, Regina ─rebatía Colter empezando a sudar─. Tú eres la única en mi vida, pero, este nuevo empleo me lo consiguió Will, y es muy bueno, me gusta mucho, tú me entiendes, no quiero decepcionarlo.

─ ¿Cómo es que yo puedo estar segura de que lo que dices es verdad? ─Inquiría Regina una vez más.

─Quiero darte lo mejor, Regina, quiero un futuro contigo, y demostrarle a tu madre que realmente valgo como para estar contigo. ─Respondía Daniel con una mezcla de entusiasmo y desesperación.

─ ¿De eso se trata todo esto? ─exclamaba Regina─ Sabes que lo que diga mi madre no me importa, tú de verdad lo vales, no tienes que hacer esto, por favor Danny, quédate en Storybrooke. Ganas bien con los Nolan, no tienes por qué irte.

─Regina, esto es algo que tengo que hacer, pero, no te preocupes, vendré a visitarte cuando pueda, recuerda que siempre cumplo mis promesas. ─Replicaba Daniel mirándola a los ojos con intensidad.

Mills lo aceptó aun creyendo ciegamente en su palabra. Durante los primeros días de su regreso, los miembros de la Pandilla comenzaron a darse cuenta de que algo raro pasaba con Daniel.

Una noche, Emma y Jefferson lo vieron en un callejón dejando caer su teléfono en pleno ataque de ansiedad. Los dos se ocultaron sin saber cómo reaccionar, no sabían si podían ayudarlo con algo así, sin más, los dos se fueron directo a la Cafetería donde los demás ya los esperaban.

─Bueno, no es noticia el saber lo cambiado que Daniel volvió. ─Exclamaba Ruby.

─Pero esto sí es nuevo ─rebatía Jefferson─, debiste verlo, divagaba mucho, temblaba sin control y maldecía al espacio.

─Aun así, no estamos seguros de lo que sea ─intervenía Graham─, y no podemos llegar a atacarlo sin prueba alguna.

─Daniel no nos tiene la suficiente confianza como para sentarnos todos a hablar con él ─pronunciaba August─, así que de nosotros no saldrá nada bueno.

─Sólo Regina puede hablar de frente con él. ─Aseguraba Jefferson.

─El otro problema es que Regina está encandilada con él, tanto que estoy segura que ni siquiera ella se ha dado cuenta de nada. ─Rebatía Ruby.

─Pues, tenemos que hacerla dudar, para que se quite la venda de los ojos de una vez por todas, no sólo por su bien, sino por el de Daniel. ─Proseguía August.

─Y sólo hay una persona aquí que puede hablar con ella sin que estalle medio condado. ─Expresaba Graham mirando a Emma.

─Sabía que ibas a decir eso. ─Protestaba Emma con fastidio.

─Realmente lo sentimos, Ems, pero sin Zelena aquí, eres a la única a la que Mills escucha. ─Justificaba Ruby.

Al día siguiente, Emma habló en privado con Regina sobre Daniel, pero las cosas no salieron como ella lo esperaba.

─No te entiendo. ─Confesaba Regina.

─ ¿De verdad no has notado nada inusual en Daniel? ─Volvía preguntar Emma.

─Yo lo veo normal ─respingaba Mills─, ¿a qué demonios te refieres?

─Daniel ha tenido un comportamiento errático, siempre está pálido, y tiembla bastante ─explicaba Swan─. No sé lo que le pasa, pero creo que sería oportuno que hablaras con él. Tal vez lo puedas ayudar.

─Agradezco tu preocupación, sin embargo, puedo asegurarte que a Danny no le pasa absolutamente nada. ─Replicaba Regina cruzándose de brazos.

─Realmente espero que te des cuenta pronto, antes de que las cosas empeoren. ─Anhelaba Emma acomodando sus libros.

─A Daniel no le pasa nada ─respondía Regina comenzando a enfurecerse─. Creo que la que debería ir al médico eres tú, porque estás viendo cosas extrañas donde no las hay.

Regina se dio media vuelta y se alejó de Emma muy rápido. Swan sabía que algo así pasaría, pero no se molestó con ella, la conocía, y sabía que en algún momento se daría cuenta de que lo que le dijo era cierto, aun así, necesitaba más pruebas para que Mills por fin se quitara la venda de los ojos.

El tiempo siguió su curso, y en los últimos días del Spring Break de ese año, Neal les propuso a todos que cuando las vacaciones de verano comenzaran todos fueran a algún sitio turístico en California como una especie de viaje de graduación para todos, aunque él, David, Zelena, Walsh, Peter y Mary Margaret ya estaban en la Universidad.

─ ¿Qué dicen? ─indagaba Cassidy─ ¿San Francisco? ¿Los Ángeles? ¿Santa Mónica? ¿San Diego? Ustedes decidan.

─San Francisco no me llama mucho la atención. ─Protestaba Jefferson.

─A Los Ángeles ya hemos ido todos los que estamos aquí. ─Continuaba Mary Margaret.

─Bien, entonces está entre Santa Mónica o San Diego. ─Exclamaba Neal levantando una mano.

─Yo quiero decir algo antes de decidir. ─Pronunciaba David.

─ Habla y que tu voz se escuche por todo Maine. ─Exclamaba Ruby.

─No sé si sólo soy yo, pero no quiero llegar a la Playa en avión como cualquier turista más ─explicaba David─, quiero hacerlo en carretera.

─ ¿Y eso? ─Preguntaba Mary Margaret muy extrañada.

─En las alturas no puedes distinguir nada, y cuando menos te das cuenta ya llegaste a tu destino ─respondía su chico─, yo quiero ver el paisaje carretero que este país tiene para ofrecer.

─Me parece una idea excelente ─intervenía August─, sin embargo, si nos vamos de aquí hasta San Diego nos tardaremos una semana en llegar y otra para regresar.

─Si todos están de acuerdo, propongo que escojamos un lugar más cerca. ─Decía Walsh.

Emma y Neal se miraron a los ojos sonriendo recordando el lugar perfecto para pasar su verano.

─Oigan ─comenzaba Swan─, ¿y si vamos a Miami? Está relativamente cerca, las Playas son increíbles, los hoteles imponentes, y la vida nocturna es espectacular.

A Emma le brillaron los ojos cuando recordó todo lo que vivió en Miami con Neal y a los demás les pareció interesante la idea de ir a aquel lugar.

─Hagámoslo. ─Pronunciaba Jefferson.

─Sí, ¿por qué no? ─Exclamaba Ruby.

Los demás asintieron a modo de aprobación eligiendo ya su destino, en ese momento, Jefferson y Neal fueron los encargados de buscar hoteles, costos de hospedaje, etc.

─Aguarden ─pedía Zelena tomando a Walsh del brazo─. Todavía somos menores de edad, necesitamos a un adulto responsable o jamás nos darán un cuarto de hotel.

─Eso lo tengo cubierto ─replicaba Neal sacando su identificación de la cartera─. Cumplí los veintidós a principios de año, así que estaremos yendo con un adulto.

─Y, además David y tú cumplen los veintiuno en unos meses ─añadía Emma─. Así que ya no sólo será Neal.

─Sin olvidar que Peter los cumple la primera semana de junio. ─Agregaba Caperucita.

─ ¡Ahí está! ─exclamaba Neal dándole una palmada al viejo sillón de la Choza─ Cuatro adultos, con eso será suficiente, tenemos tiempo para planearlo ahora que estamos de acuerdo.


Storybrooke

El Presente

Emma y Regina quitaron los dos tablones que protegían el ascensor mientras Roland sostenía a Spotty frente a ellas.

─ ¿Crees que esta cosa funcione? ─Inquiría Emma echándole un vistazo al interior.

─Sólo hay una forma de averiguarlo, Swan ─respondía Regina revisando el mecanismo─. Trae a Roland.

─No voy a meter a Roland en esa caja de metal viejo y oxidado hasta saber que realmente funciona. ─Espetaba Emma entrando al ascensor.

─ ¿Qué diablos haces, Swan? ─Indagaba Regina cuando Emma la apartó de la palanca.

─Me aseguraré por mí misma si esto de verdad funciona. ─Respondía Swan bajando la rejilla de protección.

─ ¡¿Estás loca?! ─soltaba Mills─ ¿Qué pasa si esta cosa te manda hasta lo más profundo de la tierra?

─Tú lo dijiste, sólo hay una forma de averiguarlo, y este cacharro no puede ser manipulado desde afuera. Además, no te ofendas, pero creo que tanto tiempo sentada en la Oficina del Alcalde te ha oxidado un poco ─explicaba Emma mirando a Roland─. Quédate con ellos, intentaré hacer que esta cosa se eleve, tal vez haya una escotilla en la superficie, si esto no llega a detenerse y el equipo de rescate de Freddy está allá afuera les diré donde descender.

─Ten cuidado, Swan. ─Pedía Regina con verdadera preocupación.

─Gracias, Mills ─replicaba Emma sin dejar de mirar a su hombrecito─. Obedece en todo a Regina hasta que yo vuelva, ¿oíste, caballerito?

─Sí, tía Emma. ─Contestaba el niño con seguridad.

Emma subió la palanca y el ascensor comenzó a funcionar. El mecanismo completo hizo que el ascensor emprendiera su camino a la superficie, sin embargo, poco antes de desaparecer de la abertura una pieza del engranaje voló y el ascensor cayó súbitamente dos metros debajo de donde Regina estaba.

En el interior, Emma se tambaleó y golpeó su cabeza con un fierro de la caja.

─ ¡Swan! ─gritaba Regina acercándose a la abertura─ ¿Estás bien?

Swan no contestó mientras estaba ahí adentro, y Regina no sabía qué hacer, hasta que se dio cuenta que la escotilla del techo del ascensor se abrió y Emma trepó para salir de la caja de metal. Emma siguió escalando por las paredes de piedra hasta llegar al punto inicial donde Regina le ayudó a subir por completo.

─Bueno, el ascensor funcionó por diez segundos. ─Exclamaba Emma sacudiéndose el polvo del pantalón.

─ ¿Estás bien? ─Volvía a preguntar Regina mirando la herida de su sien.

─He estado peor, créeme ─afirmaba Emma caminando hasta Roland y dejándose caer al lado de él─. Así que, es más que oficial: Estamos atrapados.

Regina echó un vistazo al ascensor, comprobando lo que Emma acababa de decir.

─Sólo espero que a Freddy y a Will no se les ocurra usar más explosivos. ─Añadía Regina sentándose al lado de la abertura del ascensor.

En la superficie, Killian luchaba con las ganas de entrar corriendo a la zona restringida para ser él mismo el que buscara la forma de llegar a Emma, sin embargo, Ruby lo tenía bien sujeto mientras Víctor hacía lo propio con Robín.

La Pandilla seguía mirando a la mina, luego de los temblores, ellos esperaban una reacción por parte del equipo de rescate que seguía deliberando la opción de ocupar más explosivos o no.

─Tiene que haber otra manera de llegar a ellas. ─Exclamaba Elsa de pie junto a August.

─Si Graham vuelve aquí con la maravillosa idea de Freddy de los explosivos, yo mismo se los meteré por la boca. ─Prometía Jefferson.

─No puede ─contradecía Walsh─. De hacerlo, y si las cosas salen peor sería negligencia, y eso no le vendría para nada bien.

─No me interesa si le viene bien o no ─rebatía David─. Él ya vio que no funciona, es momento de buscar otras opciones.

─ ¿Qué hay de las minas de diamantes de los Mills? ─preguntaba August─ ¿No tendrán alguna conexión con esta?

Todos voltearon a ver a Zelena de inmediato. Ella por su parte, se limitó a cruzar la cinta policiaca para llegar hasta Graham y decirle exactamente lo mismo.

El Sheriff y el líder del equipo de rescate llamaron a sus hombres y los cuatro subordinados siguieron a Zelena hasta la única entrada vigente a las minas que estaba bajo la Biblioteca pública.

Los cuatro hombres siguieron a la hermana mayor de la Alcaldesa hasta un túnel oculto por donde podían avanzar, transcurrieron unos minutos hasta que los hombres dieron la noticia de que ese camino también estaba obstruido, y no había forma de continuar avanzando.


Seis Años Antes

La hora y el día habían llegado. La mañana siguiente del mejor baile de graduación de sus vidas, y después de despedir a Graham días antes, Ruby, Jefferson, August, Regina y Emma metían sus maletas en la vagoneta que Neal había conseguido para todos.

Esos meses que transcurrieron después del Spring Break se les fueron demasiado rápido. Durante ese tiempo, David y Mary Margaret rompieron y regresaron un mes después, Zelena y Walsh prepararon el mejor proyecto estudiantil del año en la Universidad de Minnesota, Ruby movía sus cosas hasta el apartamento de Peter en Nueva York, Jefferson hacía lo propio enviando sus pertenencias a Vancouver con una agencia de mudanza, Emma y Regina buscaban apartamentos en Boston para compartir uno como roommates, y August llenaba la solicitud para ocupar alguna habitación en el campus del MIT.

Antes del baile de graduación, Emma, Ruby y Regina recibieron un regalo de parte de sus parejas de la noche.

Neal hizo la cosa más increíble que alguien había hecho por Emma hasta ese momento, y le regaló el Escarabajo Amarillo recién pintado y arreglado, sabiendo lo mucho que lo amaba.

Peter le obsequió a Ruby un pequeño lobo de cristal color rojo sabiendo que a su chica la volvía loca el cuento de Caperucita Roja y el Lobo Feroz, además de que adoraba a esos animales. Ese pequeño lobo era una especie de adorno que podía colgar en el retrovisor del auto que su madre le había regalado por su graduación. Un auto que estuvo tentada a rechazar sabiendo que era un chantaje de la mujer que la abandonó cuando nació.

─ ¿Te das cuenta de lo que estás sugiriendo? ─espetaba Ruby─ Prácticamente me estás insinuando que la deje entrar en mi vida con sus regalos.

─Sé que quiere comprar tu cariño Caperucita ─decía Emma─. No es lo correcto, pero, cuando menos trata de acercarse a ti.

Ruby la miró con fastidio y se dio la vuelta.

─Muy tarde recordó que tenía una hija, yo lo sé, sin embargo, dale una oportunidad ─pedía Swan tomando la mano de su amiga─. Nadie les hará recuperar el tiempo perdido, pero, viniendo de la chica que su más anhelado sueño es estar junto a sus padres una vez más, te diría que eso es algo maravilloso.

─Usándote como excusa para que yo me acerque a mi madre ─objetaba Ruby mirándola con falso enfado─, ese fue un golpe bajo, Patito.

─Lo sé. ─Replicaba Emma mordiendo su lengua.

Mientras que Daniel le obsequió a Regina un anillo de oro como recuerdo de su graduación. El anillo tenía grabada la palabra Siempre en el interior, demostrándole la devoción que sentía por la hija menor de Cora.

A pesar de todo, hubo algo que la Pandilla no pudo pasar por alto ni un momento: los cambios en Daniel luego de su encuentro con su hermano mayor.

Gran parte del día tenía las pupilas dilatadas, temblaba demasiado, se había vuelto muy nervioso y hasta a veces un poco agresivo, sin contar que su piel cambió de color de forma inusual.

Todos esos síntomas sólo podían significar una cosa: Daniel probablemente estaba consumiendo drogas.

No había pruebas de ello, y la Pandilla las necesitaba para hacerle ver a Regina la verdad, y que ella fuera capaz de poder ayudarlo a solucionar su problema de la mejor manera.

La primera vez que le pidieron hacerse el examen toxicológico, él se negó rotundamente, y se esfumó, sólo Regina sabía adónde se iba, o al menos, eso era lo que Daniel creía, aun sabiendo eso, la Pandilla tenía el firme conocimiento que la hija menor de Cora no los ayudaría a menos que cambiara de perspectiva.

Sin que Regina o Emma lo supieran, Jefferson llamó a Zelena para comentarle lo que estaba sucediendo, a lo que ella contestó que no haría nada hasta que Regina estuviera dispuesta a ver las cosas por sí misma, de lo contrario sólo empeorarían todo.

Así pasaron los meses, sin que nadie hiciera nada, sin ningún incidente que detonara aquel efecto dominó, las cosas se habían normalizado desde la primera insinuación del problema del Chico del Establo.

Y ahora, ahí estaba el buen Daniel Colter con la mirada perdida en la ventana mientras Regina dormía recostando la cabeza en su hombro.

Neal y Emma iban al frente puesto que ambos conocían el camino de memoria. El trayecto fue rápido luego de salir de Nueva York, el tiempo se les pasaba jugando y cantando como locos, haciendo bromas y todo lo que les encantaba hacer cuando estaban juntos.

La primera noche se quedaron en un hotel de paso hasta el amanecer, increíblemente cansados, durmieron temprano, guardando toda la diversión hasta llegar la espectacular ciudad de Miami.

Siguieron con la misma rutina hasta el tercer día que entraron en el área limítrofe de Tallahassee.

Estaban en el centro de la capital de Florida, lidiando con el tránsito cotidiano, cuando Emma le preguntó a Neal sobre lo que había ocurrido con la casa de verano de los Gold luego de su pequeña travesura años atrás.

─No hay mucho que decir sobre ella ─replicaba Neal mirando al frente─, sigue bien cuidada, sigue sola, sigue disponible para cualquier día que quieras volver ahí.

─Siempre he querido saber más sobre esa casa ─confesaba Mary Margaret─, pero nunca tuve el valor de preguntarlo con todo lo que sucedió.

─Cuéntennos más sobre ella, ¿sí? ─Suplicaba Zelena.

─Debo admitir que tengo curiosidad por conocer esa casa de verano, me encantaría saber que fue lo que los hipnotizó para que se quedaran ahí por un mes. ─Agregaba Ruby.

Emma y Neal comenzaron a reír sabiendo que no tenían escapatoria.

─Sólo no profundicen más de lo debido ─Intervenía David.

─No quiero tener pesadillas. ─Añadía August.

Luego de más carcajadas, Emma les contó lo que hicieron en ese lugar, sin ahondar en más detalles como sus amigos se lo habían pedido con anterioridad, y quince minutos después, Cassidy cambiaba de ruta con dirección a la casa de verano.

─Jefferson, ¿no tendremos problemas con el Hotel por esto? ─Inquiría Emma mirándolo por el retrovisor.

─En lo absoluto, Ems ─replicaba el chico─. El Forastero que tienes a tu izquierda sabía que algo como esto pasaría en cuanto entráramos a Tallahassee, así que hicimos la reservación para el día de mañana.

─ ¿Lo sabías? ─Indagaba Emma muy impresionada mirando a Neal.

─Ustedes son muy predecibles. ─Contestaba Neal con una sonrisa.

El silencio de la Pandilla sólo confirmó lo que Neal acababa de decir, luego de eso, volvieron a concentrarse cada uno en sus propios asuntos.

Ruby estaba adelante con Mary Margaret y Regina, platicando como locas, mientras que los demás chicos jugaban en la parte de atrás.

De un momento a otro, Peter, quien estaba sentado exactamente atrás de Daniel, lo miraba de reojo, intentando contestar un mensaje de texto muy ansioso, sin embargo, trató de no prestarle atención, y se unió al juego de Walsh y compañía.

Al llegar a la casa, bajaron las cosas, y se instalaron en las dos habitaciones principales. Luego de eso, Neal tomó consigo a David, Walsh, Daniel y August para que los ayudara con las cosas que conseguirían para una buena carne asada en el jardín trasero de la casa.

Mientras ellos se marchaban, Peter, Jefferson y las chicas sacaban y acomodaban las mesas, la parrilla, encendían el minicomponente que Gold compró un año antes para Neal.

Durante las compras de la comida, bebida y lo que les hacía falta, Cassidy notó la ausencia de Daniel en múltiples ocasiones. Era muy extraña su actitud, él tenía un leve conocimiento de lo que todos pensaban, y por alguna razón nadie lo mencionó cuando decidió llevárselo consigo. Muchas de esas veces, lo hallaban caminando con dirección a lugares solos y sospechosos.

─ ¿En dónde demonios está Daniel? ─Indagaba Neal abriendo la cajuela de la vagoneta.

─Si no se apresura, nos iremos a Miami sin él ─exclamaba Walsh con diversión─. ¿Alguien tiene su número?

─No contesta. ─Respondía David.

─Pero puedes rastrearlo, ¿no? ─Exclamaba August.

David le tomó la palabra a Booth, y en unos segundos encontró a Daniel dos cuadras más adelante de su posición.

─Iremos por él, Neal, ve encendiendo el auto. ─Decía David.

Los chicos caminaron lo más aprisa que pudieron, yendo por donde el rastreador los guiaba, hasta que encontraron a Daniel aparentemente hablando solo en un callejón.

─ ¡Chico del Establo! ─gritaba August sabiendo que eso le molestaba bastante─ ¿Qué rayos estás haciendo aquí? Te buscamos por todos lados.

─No lo entenderías. ─Respondía Daniel.

─Pruébame. ─Lo retaba Booth.

─Olviden eso ─intervenía David─. ¿Con quién hablabas?

─Hablo solo ─contestaba el novio de Regina comenzando a caminar─. Vamos, ¿no qué teníamos prisa?

August y David se miraron el uno al otro, confundidos y preocupados por su reacción, sin embargo, ya no agregaron nada más y regresaron con él al auto para ponerse en camino hacia la casa de los Gold.

La tarde estuvo llena de risas, comida, diversión, y alcohol. Neal y David compraron varias cajas de cerveza que les durarían hasta medianoche.

Después de mucho baile y descontrol, la fiesta improvisada terminó cuando la última botella desapareció, y todos se fueron a dormir. Ambos grupos se separaron y ocuparon las dos habitaciones, una de cada lado del edificio.

─ ¿Qué nos tienes que decir ahora, Cassidy? ─Inquiría Zelena con tono alegre.

─Esta tarde, el Chico del Establo, tuvo un comportamiento algo errático. ─Respondía Neal.

─Eso ya no es una novedad. ─Alegaba Zelena.

─Zel, Neal todavía no sabe nada. ─Intervenía Emma.

─ ¿Qué es lo que tengo que saber?

─En últimas fechas, Daniel cambió bastante ─contestaba Swan─, su semblante y actitud se volvieron muy extrañas, divaga la mayor parte del tiempo cuando no está con Regina, tiembla sin control, y a veces le habla a la nada.

─Que le hable a la nada no es tan malo, yo lo hago en algunas ocasiones. ─Rebatía Neal.

─Yo también, pero no lo hago enfrente de las personas, además, ha tenido algunos ataques de ansiedad. ─Protestaba Emma.

─ ¿Qué me quieres decir? ─proseguía Neal─ ¿Crees que esté consumiendo drogas?

─Desde que volvió de Pennsylvania se comporta de esa manera, sé que todavía es una mera suposición, pero tratamos de hacerlo que tomara una prueba toxicológica y se negó. ─Terminaba la chica.

─Jefferson habló conmigo hace unos meses sin que ustedes lo supieran luego de que él se negara a hacerse la prueba ─intervenía Zelena─, pero, hasta que Regina no vea la realidad no podremos hacer nada al respecto. Si seguimos insistiendo, sólo despertaremos a la bestia dormida en ella, porque tengo que reconocer que mi hermana es tan terca como una mula.

─Sólo esperemos que nada terrible suceda. ─Anhelaba Emma.

─Yo nada más quería decirles esto, para que estuvieran al pendiente de todo, ahora, ya váyanse a dormir, que mañana hay que madrugar si queremos ser los primeros en la Playa. ─Exclamaba Neal guiñándole el ojo a Emma.

Cassidy salió segundos después que ellas, y antes de que cerrara la puerta, Peter lo obligó a entrar una vez más.

─ ¿Les dijiste lo de Colter? ─Preguntaba Peter.

─Sólo lo que vi ─respondía Neal─. ¿Por qué?

─Porque hablé con David y August, y me dijeron algo que a ti no. ─Replicaba Peter.

─ ¿Y qué es eso? ─Pedía saber Neal cruzándose de brazos.

─David creyó verlo hablando con alguien en el callejón, él dice que, aunque el Chico del Establo lo niegue sí había alguien escondido detrás del contenedor de basura.

─ ¿Por qué no me lo dijeron?

─Ya sabes cómo es esta Pandilla de sigilosa con sus cosas ─replicaba Peter─, los conozco, y sé que no van a hacer nada hasta que Mills se dé cuenta por ella misma de lo que está pasando, pero, yo también tengo otra cosa más que decirte.

Sin dejar espacio a más preguntas, Peter lo empujó hasta que Neal chocó con el respaldo de una silla.

─No le había tomado importancia en su momento, sin embargo, ahora me parece oportuno decirlo ─proseguía Peter con cautela─, pero esta mañana, vi a Daniel enviando un texto mientras estábamos en el tráfico.

─ ¿Y eso que se supone que significa? ─Inquiría Cassidy nuevamente.

─Uniré los puntos por ti, Neal ─replicaba Peter ante la atenta mirada disgustada de Neal─. Hasta donde sabemos, Daniel no tiene amigos, la única Familia en la que él puede confiar es en su hermano William, y lo que lo ata a Storybrooke es Regina.

─Sigue uniendo los puntos. ─Ordenaba Neal.

─Dime Cassidy, sabiendo todo esto, ¿a quién crees que le mandaría mensaje el buen Danny?

─Aun así, hay una infinidad de posibilidades. ─Rebatía Cassidy con el brazo extendido.

─ ¿No te parece extraño que el mismo día que recibe el mensaje de texto se reúna con alguien en un callejón de mala muerte en una Ciudad que se supone que no conoce? ─Preguntaba Peter con interés.

Neal lo meditó por un segundo, en su mente sólo cabía la posibilidad de que se tratase de una simple y mera coincidencia, sin embargo, los argumentos de Carson eran bastante contundentes, y con lo que Emma y Zelena la habían dicho antes, tenía que tomar ese riesgo.

─Bien, chico, tienes toda mi atención, ¿qué es lo que sugieres? ─Pedía saber el menor de los Gold.

─Escucha atentamente y lo sabrás, Forastero. ─Respondía Peter.

Después de que el novio de Ruby le contara su plan, ambos se fueron a dormir a la habitación con los demás, cosa que les causaba mucha curiosidad, porque al entrar, todos ellos ya estaban dormidos, los dos intuyendo que el viaje y la fiesta los dejó exhaustos, o que preferían guardar sus energías para Miami. Momentos después de eso, la pesadilla comenzó.

A la 1 de la madrugada, Neal salió de la habitación para ir al baño, y Daniel aprovechó ese justo momento para tomar algunas cosas de su maleta y escabullirse hasta la mesita a un lado de la puerta principal donde Cassidy dejó las llaves de la vagoneta, de pronto, abrió la puerta y corrió hasta el auto.

─ ¿Adónde crees que vas, Chico del Establo? ─Inquiría Peter apareciendo detrás de él cuando cerró la puerta del conductor.

El novio de Regina lo miró cuando Peter cambió de lugar cerca de la puerta de los pasajeros, estaba bastante nervioso, y la presencia del chico no ayudaba en lo más mínimo.

─ ¡Bájate Carson! ─ordenaba Daniel─ Esto no te incumbe.

─Me incumbe hasta que nos digas en qué demonios andas metido. ─Replicaba Peter tratando de quitarle las llaves del auto, y ganando tiempo hasta que alguien más apareciera.

─ ¡Qué te bajes! ─Gritaba Daniel sacando un revólver.

Antes de Peter pudiera reaccionar, Daniel había jalado el gatillo, haciendo que una bala le rozara el hombro derecho.

Mientras el novio de Ruby retrocedía y revisaba la herida, el Chico del Establo encendía el motor con el arma en la mano, y sin darse cuenta, Neal abría la puerta de los pasajeros para subir justo en el momento en que la vagoneta dio un giro brusco y se alejó de la casa.

Un sonido despertó a Emma de golpe, muy exaltada, se levantó a toda prisa sin importarle el ruido que estaba provocando y salió de la habitación, corrió por el patio con desesperación mientras la camioneta se iba.

Ruby y Regina la alcanzaron al darse cuenta de que ninguno de los tres chicos estaba cerca.

─ ¿Qué demonios está pasando? ─Espetaba Regina muy confundida.

─Escuché un ruido que provino de aquí afuera, cuando vine a ver lo que era, la maldita camioneta se estaba largando, sin contar que Neal, Daniel y Peter desaparecieron misteriosamente. Mills, ¡¿qué carajos crees tú que está pasando?! ─Explotaba Emma.

─No sé a lo que te estás refiriendo, Swan. ─Replicaba Regina mientras Ruby caminaba hasta la calle.

─Neal dijo que Daniel se les desapareció varias veces esta tarde ─explicaba Emma tratando de conservar la calma─. Además, August me dijo hace unas horas que cuando él y David por fin lo encontraron la última vez, estaba en un callejón hablando con un sujeto no muy agradable.

─Sí, hablaba con alguien en un callejón, ¿y eso qué? ─Rebatía Regina.

─ ¡Por Dios, Mills! ¡Ve la gravedad de lo que te estoy diciendo! ─gritaba Emma cuando alguien encendía la luz de la estancia─. ¿Acaso ves normal que Daniel hable con personas desconocidas en una Ciudad que se suponía jamás había visitado?

Regina absorbía aquella información lo mejor que podía en ese instante, y, a pesar de que la verdad estaba frente a sus ojos, sus sentimientos no querían aceptarlo.

─Swan, ¿qué tratas de decir? ─Inquiría Mills con cuidado.

─Lo que para todos era obvio y que tú te has rehusado a ver desde que Daniel volvió ─respondía Emma tomando aire antes de continuar─. Tu Chico del Establo está metido en el mundo de las drogas.

La hermana menor de Zelena no podía creer lo que acababa de escuchar. Para ella era imposible que un chico tan bueno, dulce, lindo y talentoso estuviera metido con esas cosas que lo único que hacían era arruinar vidas.

─No ─contestaba Regina moviendo la cabeza de un lado a otro─. Mientes… él no pudo hacerlo.

─Cambió mucho desde que volvió del Spring Break, Regina, algo le pasó cuando fue a ver a ese supuesto hermano que solo David conoce, yo traté de decírtelo en varias ocasiones en el pasado, pero jamás me quisiste escuchar. ─Alegaba Emma con seriedad.

─No tienes prueba de que Danny esté metido en drogas. ─Replicaba Regina.

─Lo sé perfectamente, pero con el ataque de ansiedad que tuvo hace unos meses me basta por ahora. ─Exclamaba Emma.

─No te creo, Swan ─confesaba Regina con fastidio─. Esto parece más algo que te inventaste tú que a la realidad.

─Dime, ¿por qué inventaría algo como eso? ─inquiría Emma bastante ofendida─ ¿O es que acaso me estás confundiendo con Sídney o Kathryn?

─No lo sé, Emma, pero simplemente no puedo creerte. ─Contestaba Regina.

─No es que no puedas, sino que no lo quieres aceptar. ─Afirmaba Emma caminando de vuelta a la entrada.

─ ¿Y qué hay de Neal? ─preguntaba Regina a lo lejos cuando Ruby se acercaba con el teléfono en la mano─ ¿Quién nos dice que él no es el que está metido en el bajo mundo? ¿Y Peter?

Emma y Ruby miraron a Regina con verdadero enfado, sin embargo, decidieron ignorar el comentario sabiendo que estaba en negación por Daniel y había más cosas por las que preocuparse.

─Pete no contesta. ─Declaraba Ruby muy preocupada.

─Intentaré llamar a Neal ─decía Emma dando la vuelta─, y Regina. En vez de pensar tonterías, mejor trata de llamar a Daniel.

Cuando entraron de nuevo a la casa todos ya estaban despiertos y August salía de la habitación de los chicos, seguido por David con la valija de Daniel en las manos. Regina inmediatamente les pidió explicaciones sobre lo que Emma le confesó segundos antes, y ellos dos le aseguraron que lo que Neal dijo era cierto.

─Y… hay algo más. ─Proseguía David volteando la valija para dejar caer las pertenencias de Daniel al suelo.

─ ¿Qué hay de malo con las cosas de Danny? ─Preguntaba Regina cruzando los brazos.

─El sonido que nos despertó, ese que se escuchó antes de que la camioneta desapareciera fue un disparo. ─Declaraba Jefferson poniéndose de pie y caminando hasta August.

─ ¿Cómo puedes estar tan seguro? ─Pedía saber Mary Margaret.

─Graham y yo nos escabullíamos el tiempo suficiente en el campo de tiro del departamento de Policía como para identificar un sonido así ─esclarecía Jefferson─. Fue por eso que cuando Ems salió corriendo, le dije a David que revisara las cosas de Daniel.

─Y encontramos esto… ─Intervenía August usando el pie para dejarles ver lo que el Chico del Establo llevaba consigo.

Entre las pertenencias de Daniel habían seis balas de revólver calibre 38, lo que confirmaba sus sospechas sobre el disparo, y los llenaba cada vez más de preocupación.

Mientras tanto, Neal trataba de quitarle el arma a Daniel, mientras él conducía como loco por las calles de Tallahassee, y con Peter pensando en alguna manera de noquearlo y tomar el control.

─Ahora que lo pienso, este no fue un muy buen plan después de todo. ─Reconocía Peter.

─ ¡Cállate y ayúdame! ─Protestaba Neal forcejeando con el novio de Regina.

De un momento a otro, Neal tomó la mano derecha de Daniel y la azotó contra el volante, haciendo que la pistola cayera cerca del acelerador. El Chico del Establo pisó a fondo, mandando a Neal al último asiento de la vagoneta.

Daniel comenzó a buscar la pistola lo más aprisa que pudo, Peter estaba detrás del asiento del conductor, arrojando lejos su celular y sin darse cuenta de que contestó la última llamada de Ruby. Cuando el novio de Regina recuperó el arma y disparó hacia atrás, le dio en el hombro izquierdo a Cassidy con la bala. El chico volvió a tomar el volante con ambas manos en el preciso instante en el que Peter se lanzó a su cuello intentando sofocarlo con el collar que Ruby le regaló años atrás para que él soltara el volante.

Entre gritos y forcejeos de los dos, sumando a Neal que caminaba torpemente intentando hacer presión con su mano derecha, ninguno de los tres notó que acababan de pasar el anuncio de cruce de trenes.

Como si fuera la escena de una película de acción, la vagoneta destrozó la pluma de madera que señalaba el cruce y detenía a los autos.

En ese preciso momento, un tren de carga pasó al mismo tiempo que ellos sin que pudiera detenerse.

El impacto fue de inmediato, los tres estaban en la parte delantera de la vagoneta cuando el choque ocurrió y el tren se los llevó más de cinco millas adelante.


Storybrooke

El Presente

─ ¿Cuánto tiempo hemos estado aquí? ─Inquiría Emma mirando a la nada.

─Quince minutos, media hora, tal vez dos, no tengo la menor idea. ─Replicaba Regina arrojando una piedra al agujero a su lado.

─ ¿Por qué no ves la hora en tu teléfono? ─Indagaba Swan una vez más.

─Sin batería. ─Contestaba la Alcaldesa mostrando el teléfono apagado.

─ ¡Fantástico! ─espetaba Emma─ ¡Esto no podría ponerse mejor!

Las dos guardaron silencio por un buen rato, un muy incómodo silencio en el que ninguna de las dos sabía perfectamente que decir.

Sin nada más que hacer, Regina recordó las preguntas de Emma y se preparó para contestar la segunda sin antes hacerle preguntas a ella también.

─Swan. ─Exclamaba Regina llamando su atención.

─ ¿Qué? ─Contestaba Emma de vuelta.

─ ¿Ruby conserva algo de Peter todavía? ─Proseguía la Alcaldesa.

Antes de que las palabras salieran de su boca, la primogénita de los Swan puso su cabeza sobre sus manos, deseando no haber hecho esas preguntas, y así no tener que tocar ese tema una última vez.

─Demonios, Mills. Creí que ya se te había olvidado. ─Exclamaba Emma con voz suplicante.

─Contesta la pregunta, Swan. ─Exigía la Alcaldesa.

─ ¿Por qué tenemos esta conversación justo ahora? ─Inquiría Emma comenzando a alzar la voz.

─ ¿Y por qué no tenerla? ─replicaba Regina─ ¡Por favor, Swan! Es la primera vez en seis malditos años que estamos solas, y por fin podemos hablar de Tallahassee.

─Roland, palabras feas. ─Pronunciaba Emma mientras el niño se tapaba los oídos.

Emma se aseguró de que Roland efectivamente no estaba escuchando nada antes de continuar, esperó unos segundos y le regresó la mirada a Mills.

─ ¿Por qué quieres hablar sobre Tallahassee? ─preguntaba Emma─ Lo que pasó allá en el pasado se queda, y ni una charla reparará lo que se destrozó, ni traerá de vuelta a aquellos que perdimos.

─Ruby conserva algo de Peter, ¿sí o no? ─Repetía Regina.

─No quiero hablar de Tallahassee. ─Contestaba Swan poniéndose a la defensiva.

─ ¿¡Lucas conserva algún recuerdo de Carson sí o no?! ─Vociferaba Mills.

─ ¡¿Por qué diablos quieres saber eso?! ─Replicaba Emma con la misma intensidad.

─ ¡Contesta la jodida pregunta, Emma Swan! ─Ordenaba Regina con desesperación.

─ ¡Sí! ─explotaba Emma asustando a Roland detrás suyo cuando se puso de pie─ ¡Ahí está tu maldita respuesta! ¡Y si la quieres más específica, te diré que todavía conserva el jodido lobo rojo de cristal que Peter le dio antes del baile de Graduación!

Regina se levantó y metió su mano dentro de su blusa para sacar una cadena dorada de la que colgaba un anillo de oro con la palabra Siempre grabada en el interior.

─Pregunta número dos contestada, Swan ─exclamaba Mills con amargura─. Todavía conservo algo de Daniel.

Emma vio el anillo fijamente sabiendo que ya no podría escapar a lo que se avecinaba.


Tallahassee

Seis Años Antes

La Pandilla seguía en la casa esperando por aquellos chicos, hasta que Ruby consiguió que Peter contestara el teléfono.

─ ¿Peter? ─comenzaba Ruby antes de ponerlo en altavoz─ Peter soy Ruby, ¿me oyes?

Peter no respondía, lo único que escuchaban eran los forcejeos de Peter hasta que otro disparo se escuchó en el ambiente.

─ ¡Neal! ─Gritaba Peter luego del disparo.

Emma se quedó helada, no se movió ni dijo nada, los ojos comenzaron a humedecérsele mientras los forcejeos continuaban y su chico no respondía.

─ ¡Suelta el maldito volante, Daniel! ─Espetaba Neal luego de un rato.

Swan respiró aliviada al escuchar de nuevo la voz de Cassidy y su mente comenzó a relajarse al oír que Peter estaba a punto de quitar a Daniel del volante.

Regina estaba muy alterada, todavía sin entender lo que estaba ocurriendo, ni porque Daniel actuaba así, ella misma quería decirle que se detuviera, sin embargo, las palabras no salían de su boca, estaba petrificada.

─ ¡Peter! ─volvía a gritar Ruby─ ¿Qué está pasando?

Ruby estaba aterrada, pero, tenía que concentrarse e intentar conseguir algo de calma ante la situación. Que más habría dado ella por ayudarlos a detener a Daniel, quería simplemente que la pesadilla terminara con ellos regresando tranquilamente a esa casa, y que todo estuviera bien a partir de que Peter mostrara su torpe cara otra vez.

Sin embargo, los forcejeos continuaron hasta que escucharon algo parecido a madera rompiéndose y el silbato de un tren a lo lejos, para después, obtener sólo silencio como respuesta.

─ ¡¿Peter?! ─inquiría Ruby con desesperación cuando el sonido se detuvo─ ¡Carson, contesta!

Sin más, la llamada se cortó. Ruby sostenía el teléfono en sus manos, de pronto, alzó la mirada para encontrar a Emma y a Regina tan perdidas como ella.

La confusión invadió a la Pandilla, ninguno parecía procesar por completo lo que acababa de pasar y se temían lo peor.

David se hizo cargo de la situación. Le pidió a Mary Margaret, Zelena, Jefferson y August que se llevaran a las chicas a la habitación mientras él y Walsh conseguían una forma de ir a la Estación de Policía más cercana y pedir informes sobre algún accidente en las últimas horas.

─Neal y los demás estarán bien. ─Exclamaba Mary Margaret tratando de calmarlas.

─Me encantaría tener tu optimismo. ─Replicaba Ruby sosteniendo el teléfono con ambas manos.

─Es lo que deberíamos pensar todos ─continuaba la prima de Emma─. Sé que ellos están bien y que esto es un malentendido.

─Mary Margaret tiene razón ─exclamaba Regina al lado de Zelena─. Daniel no pudo hacer algo como eso.

─Por el bien de todos espero que sea así, aunque las pruebas nos dicen otra cosa. ─Exclamaba Emma mirando a la nada.

─Claro que sí, Daniel es un buen hombre, todo esto es un terrible malentendido, estoy segura que cuando regresen, él explicara las cosas. ─Respondía Mills tratando de esconder su preocupación.

Dos horas después, David y Walsh regresaron a la casa de verano de los Gold con algo que no era para nada una buena noticia.

Bajaron de la Patrulla y entraron a la casa seguidos por dos oficiales de Policía.

Las chicas, Jefferson y August salieron corriendo de la habitación del lado izquierdo para encontrarlos en el recibidor.

─Dave ─pronunciaba Mary Margaret en un susurro al notar la cara tan devastada que traía─. ¿Qué sucede? ¿Dónde están los chicos?

David no respondió, todavía no encontraba las palabras correctas para darles la triste noticia.

─Walsh, ¿qué pasa? ¿Por qué no dicen nada? ─Preguntaba Zelena poniendo una mano en el pecho de Tate.

Walsh cerró los ojos, tomó un respiro y comenzó a hablar antes de que un oficial interviniera.

─Jefferson tuvo razón al identificar el sonido antes de que la vagoneta desapareciera, y lo que escuchamos durante la llamada, fue otro disparo. ─Comentaba Walsh tomando aire.

─Eso ya lo sabíamos. ─Espetaba Regina.

David y Walsh se miraron y comenzaron a caminar hasta las tres chicas, cosa que las ponía todavía más nerviosas.

─Emma, Ruby, Regina ─comenzaba David aclarando su garganta─. Todo el camino, Walsh y yo hemos buscado las palabras adecuadas para decirles esto, sin embargo, no las tenemos, estamos tan consternados como ustedes.

─ ¿Qué tratas de decir, Nolan? ─Inquiría Emma con horror.

─Neal… Peter… y Daniel… ─exclamaba Walsh con temblor en la voz─. No van a volver.

Las tres chicas lo miraron todavía sin entender lo que acababan de escuchar.

─ ¿No van a volver? ─indagaba Ruby muy rápido─ ¿Cómo que no van a volver? ¿De dónde no van a volver?

─Lamento interrumpir y ser el portador de las malas noticias, pero yo puedo responder a eso. ─Exclamaba el Oficial.

─ ¡Hágalo! ─Ordenaba la futura Alcaldesa de Storybrooke.

─Hace dos horas, una vagoneta color azul marino con placas de Massachusetts se impactó contra un ferrocarril cerca de la interestatal y la arrastró cinco millas ─relataba el Policía─. Cuando llegamos con el equipo de rescate y los paramédicos ya no hubo mucho que hacer.

Toda la Pandilla comenzó a imaginarse lo peor justo antes de que el Oficial prosiguiera.

─Los rescatistas sacaron tres cuerpos del auto, y sólo a uno se le encontró una identificación. Un joven caucásico que respondía al nombre de Neal Cassidy. ─Terminaba el hombre sacando una bolsa hermética con la licencia de Neal manchada de sangre y rota de una esquina.

Emma quedó hipnotizada cuando vio el rostro de Neal en ese pequeño pedazo de plástico. No escuchó los sollozos de Mary Margaret, ni los gritos de Ruby a punto de desplomarse en el suelo, ni siquiera prestó atención a Regina en estado de negación, todo lo que fue capaz de hacer fue simplemente caminar hasta que tuvo la bolsa en sus manos.

Todo pasaba lentamente frente a sus propios ojos, y, mientras sostenía la bolsa, los buenos momentos que pasó con el Forastero del Escarabajo Amarillo como solía llamarle cuando lo encontró en el Bosque dos años atrás le caían como un balde de agua helada. Los que alguna vez fueran magníficos recuerdos de una vida llena de proyectos y promesas ahora se le escapaban de las manos. La vida que planearon juntos, todo se venía abajo.

Emma se sentía dentro de un túnel oscuro con un pequeño rayo de luz al final de él, ahí estaba Neal mirándola y dándole esa sonrisa dulce que siempre la hacía sonreír y calmaba sus tormentas. Cassidy extendía su mano y le pedía que fuera hasta él, ella corría como una pequeña lo hace para alcanzar a su padre, pero, entre más corría, la luz se alejaba a cada instante, su chico se iba de su lado, Neal ya no estaba, y no había otra cosa que hacer.

Walsh, David y Zelena tuvieron que vivir su dolor a su modo, no sólo por la enorme tragedia que se les venía encima, sino porque tenían que mantenerse fuertes ante la reciente muerte de su mejor amigo, que, como bien lo dijera Elsa alguna vez, Peter, Walsh, Zelena y David eran casi tan inseparables como lo eran August, Emma, Ruby y ella, sin embargo, la situación no les dejaba más opción, eran los únicos adultos ya, y tenían que hacerse cargo de lo que se aproximaba. Con eso en mente, ambos chicos apartaron a Zelena de su hermana menor, dejándola con Mary Margaret y así los tres se fueron con el Oficial de vuelta a la Estación de Policía, y así comenzar con todos los trámites necesarios mientras Jefferson llamaba a sus padres por un poco de ayuda.

Mientras Jefferson hacía eso, Mary Margaret y August se encargaban enteramente de las chicas, Ruby estaba inconsolable, Regina seguía negándolo, y Emma estaba totalmente en shock, no se movía, no hablaba, sólo miraba a la nada, sufriendo por dentro, gritando, pataleando, llorando en sus adentros, viviendo su infierno a su manera.

Una parte de ella anhelaba que todo fuera una pesadilla y que en cualquier momento Neal entraría por la puerta con esa sonrisa tonta que siempre le dedicaba y esa actitud tan divertida y arriesgada, sin embargo, Cassidy no volvía. De pronto, se levantó y comenzó a caminar hasta el pórtico.

Nadie la detuvo, la dejaron ahí para que se desahogara sin ninguna interrupción.

Transcurrían los minutos y eso no sucedía, en realidad, nada pasaba. La noche estaba tranquila, el ruido del centro de la ciudad quedaba muy lejos, sus amigos en el interior, silenciosos luego de todo el tormento.

Emma tenía la vista perdida, tratando de comprender las cosas, implorando que su alucinación terminara pronto, esa parecía ser la noche más larga de su vida, y ella ya no quería seguir ahí.

Eso era todo, no quería estar ni un minuto más ahí, necesitaba desaparecer, no volver, olvidar que esto pasó. Así que dejó que sus emociones tomaran control de su cuerpo y caminó fuera de ese pórtico, acelerando el paso a cada segundo, deseando que le salieran alas en la espalda y largarse de ahí sin ningún problema.

Cuando realmente comenzó a correr ya estaba dando la vuelta hacia la calle principal, sin embargo, algo la detuvo, su brazo derecho quedó sujeto por la mano de August quien corrió tras ella cuando la vio.

─ ¡Déjame August! ─Ordenaba Emma tratando de zafarse.

─ ¡¿Adónde crees que vas?! ─Espetaba August.

─ ¡No quiero estar más aquí! ¿¡No lo ves?! ¡Estoy haciendo lo único que aparentemente sé hacer! ─Contestaba Emma muy alterada.

─ ¡Este no es el momento de salir huyendo! ─Rebatía August.

─ ¡A diferencia de ti, creo que es el momento perfecto, Booth! ─Aseguraba Emma con desesperación.

─ ¡Correr no traerá a Neal de regreso! ─Seguía August.

─ ¡Quedarme tampoco! ─chillaba Emma─ ¿o sí?

─ ¡Entiéndelo de una vez! ─protestaba August─ ¡No puedes seguir huyendo!

─ ¡Es tan fácil para ti decirlo ─seguía gritando Swan─ ¡Tú jamás has perdido a alguien como yo! ¡No tienes una idea de lo que es tener a alguien junto a ti y que de un momento a otro te lo arrebaten! ¡No conoces la impotencia que te aborda de no poder hacer nada para cambiarlo! ¡No puedes pedirme que deje de huir cuando jamás has huido del horror que te inunda el perder a alguien que amas!

August no dejó de sujetarla y tampoco la interrumpió, ella tenía razón, porque al igual que a Ruby, su madre lo abandonó cuando nació, ella jamás quiso conocerlo, era por eso que no podía comprender a Emma tanto como él quisiera, a pesar de ser su mejor amigo, a pesar de haber secado sus lágrimas muchas veces, no podía comprender lo que esa niña perdida sentía al haber conocido la pena desde muy pequeña.

Emma trataba de contener las ganas de llorar desde que dijo aquellas cosas, miraba a August sin decir nada, llenando el ambiente de un silencio espectral, hasta que su viejo amigo solamente la abrazó. Él tal vez no podía saber lo que sentía, pero estaba ahí para intentar consolarla, y ahí con ese chico, su mejor amigo, al fin sacó el llanto contenido, sin importarle nada, Emma lloró a Neal por primera vez desde que supieron la noticia.

Luego de un rato, ambos volvieron a la casa, y Emma corrió con Ruby buscando el consuelo mutuo.

Momentos después, los Hartford llegaban a la casa de los Gold, sin embargo, no llegaron solos. Junto a ellos estaban los Mills diciendo que los Blanchard estaban en la Estación de Policía y que el hermano de Neal estaba en camino.

Cora corrió con Regina, quien estaba en estado de negación todavía. Su madre junto con su padre la consolaron y abrazaron. Cuando ella parecía calmarse, fue el preciso momento que todo estalló.

─ ¿Qué fue lo que pasó? ─Inquiría Henry Mills.

─ ¿Qué tanto saben? ─Intervenía August.

─Sólo que Neal, Peter y Daniel fueron arrastrados por un tren. ─Contestaba la madre de Jefferson.

─Fue todo lo que pude decirles por teléfono. ─Confesaba Jefferson.

─No hay mucho que explicar, sólo que por la culpa de Neal, Daniel y Peter están muertos. ─Exclamaba Regina con rencor.

─ ¿De qué hablas, Regina? ─Pedía saber Mary Margaret a un lado de Emma y Ruby.

─Lo que oíste, Blanchard ─proseguía Regina─. De no haber sido por la clara incompetencia de Cassidy nada de esto hubiera pasado.

─Eso no es cierto, Mills. ─Espetaba August.

─ ¿De dónde sacaste eso, Regina? ─Inquiría Jefferson.

─ ¿Qué no es obvio? ─contestaba Regina separándose de sus padres─. Él no tuvo que dejar las llaves en un lugar tan visible, si se las hubiera quedado, Danny no las hubiese tomado.

─En dado caso fue decisión de Daniel, Regina. ─Intervenía Mary Margaret.

─Esas llaves no debieron estar ahí, es culpa de Neal por descuidar algo tan importante ─continuaba Regina─. ¿Y qué hay de Peter? ¿Qué demonios estaba haciendo dentro del auto? ¿Por qué no lo detuvo antes de que encendiera el auto?

─ ¿Te estás oyendo, Mills? ─indagaba August─ Estás buscando culpables donde no los hay. El único culpable fue Daniel. Él tomó la decisión desde mucho antes de agarrar las malditas llaves. ¿o es que acaso debo recordarte que David y yo lo vimos hablando con alguien en un callejón?

─ ¡Él es inocente! ─explotaba Regina─ Neal era el mayor, y por ende el más maduro y responsable. Sin embargo, ahora veo que fue un error pensar así, no supo manejar la situación como era debido, y ahora, gracias a su patética torpeza Danny está muerto.

Jefferson, August y Mary Margaret la miraron atónitos al darse cuenta que en el fondo ella creía todo lo que decía. De repente, Ruby se levantó del sofá y la miró con rencor.

─Pasan los años y al parecer tú no cambias ─comenzaba Ruby con rabia─. No eres capaz de ver las cosas, ni aunque las tengas frente a tus malditos ojos. Regina, Neal no mató a tu precioso Chico del Establo ni se llevó a mi Peter, fueron las jodidas drogas. ¡Eso fue lo que lo mató! No un simple descuido de Neal al dejar las llaves en la mesa junto a la puerta.

─ ¡Te equivocas! ─contradecía Regina apartándose de sus padres y llegar hasta ella─ Neal cometió un error al subir y no detenerlo, Peter también lo echó a perder cuando no lo neutralizó bien después de dispararle a Cassidy.

Emma seguía en su lugar, con la cabeza sobre sus manos y los ojos cerrados, escuchando la sarta de estupideces de Regina todavía sin intervenir, esperando en el fondo no tener que hacerlo, aunque comenzaba a perder la paciencia.

─No puedo creer lo ciega que estás, Mills ─reconocía Ruby─, y no entiendo cómo es que los sigues culpando después de todas las pruebas que te hemos mostrado.

Al decir eso, Ruby la tomó del brazo y la obligó a ver las balas entre el equipaje de Daniel.

─Tal vez Neal las puso ahí ─rebatía Regina─. ¿Cómo sabemos que él y Peter no eran los que estaban metidos en las drogas y sólo lo usaban para cubrirse? Quiero decir, Neal llegó a Storybrooke con mentiras; no me sorprendería que hiciera algo como esto.

Ruby, August, Mary Margaret y Jefferson estaban impactados al ver la negación y la ira entremezcladas con las palabras de Regina, era increíble ver que la venda en sus ojos no la dejaba ni pensar con claridad. Nadie dijo ya nada, no sabían cómo proseguir sin hacer que Regina soltara otra estupidez de su boca.

─Todo esto es culpa de Neal. ─Rebatía Mills por última vez.

Emma ya no pudo resistirse más, y se levantó del sillón, su rostro no dejaba ver ninguna expresión, así, caminó hasta Regina, le sonrió de forma extraña y le soltó un puñetazo en el labio.

Cora dejó salir un grito ahogado, mientras Henry la sostenía, ambos igual de desconcertados por la acción de Emma.

─ ¡¿Qué demonios te pasa, Swan?! ─Espetaba Regina limpiándose la sangre de la boca.

─No. ─Pronunciaba Swan dejando salir su enojo y dolor.

─ ¿No qué? ─Inquiría Mills.

─No te atrevas a culpar a Neal por lo que Daniel hizo. ─Ordenaba Emma mirándola ponerse de pie.

En ese momento, Zelena, David, Walsh y los Blanchard entraban a la propiedad de los Gold, mirando desde el exterior la tormenta que estaba por desatarse.

─Estás loca al creer que Neal o Peter tuvieron la culpa por lo que Daniel hizo ─proseguía Emma sin dejar de mirarla─. No fue su descuido, en ningún momento lo fue, él siempre dejaba las llaves ahí, jamás se imaginó lo que tu querido novio tramaba. No fue su culpa que el Chico del Establo actuara así. Si hay alguien a quien culpar no sólo es al hermano de Daniel, sino también a mí por creer que tú podrías manejarlo todo con él.

─No entiendo lo que dices. ─Expresaba Regina.

─Que yo misma debí ir con tus padres para decirles todo, que jamás debí dejártelo todo a ti, debí hacerle caso a Neal cuando me dijo lo que ocurrió esta tarde, no debí confiar en Daniel, ni debí confiar en ti. ─Terminaba Emma.

─ ¿Qué? ─Inquiría Regina cuando su hermana entró a la casa.

─Daniel no le disparó a Neal, ni los llevó hasta su final en ese cruce de trenes, los únicos culpables aquí fuimos William, tu ceguera, y yo, Mills.

Emma dejó el recibidor y fue directamente a encerrarse en la habitación. No tenía la intención de hablar con nadie lo que restaba de las horas, todo lo que hizo fue acostarse en la cama y mirar por la ventana. No quería dormir, ni tampoco podía hacerlo.

A la distancia escuchaba la voz de su tío acompañado de su prima, ambos preocupados, pero ninguno de los dos podía hacer nada.

Regina guardó silencio por un rato, aun afectada y sin nada más en la cabeza que no fuera seguir culpando a Neal.

Al mediodía, llegó la hora de volver a Storybrooke. Gold jamás llegó a la casa, en cuanto puso un pie en Tallahassee fue directo a la Morgue a identificar el cuerpo de su hermano menor.

Días después, los Blanchard junto con una devastada Emma salían de un Cementerio en Nueva York, soportando la mirada fría de Gold durante todo el Funeral, aunque eso era lo que menos le importaba.

Esa misma semana, Peter fue sepultado en el Cementerio de Storybrooke luego de una Ceremonia Solemne y una emotiva despedida de Ruby.

Regina estuvo distante ese día, seguía molesta, todavía miraba a Emma y Ruby con rencor, claramente culpando a sus novios por lo que Daniel había hecho.

Durante las vacaciones de verano, Ruby buscó otro Apartamento, aunque los padres de Peter le pidieron que se quedara ahí. Por mucho que lo quisiera, era doloroso hasta entrar al lugar porque su aroma permanecía ahí, como un perfume imborrable, así que prefirió encontrar otro lugar en donde comenzar de nuevo.

Emma habló con August y luego de mucho suplicar más una dotación anual de hamburguesas de Granny's, el chico accedió a que ambos compartieran un departamento en Boston.

─ ¿Ems? ─preguntaba Zelena al encontrarla en su pórtico─ ¿Qué haces por aquí?

─Venía a dejarle algo a tu hermana, pero, ¿podrías dárselo por mí? Honestamente no tengo ganas de dirigirle la palabra. ─Respondía Emma.

─ ¿Realmente estás decidida a hacer esto? ─Volvía a inquirir la chica.

─Es lo mejor, no puedo verla de la misma manera, y no me lo tomes a mal, pero no quiero estar cerca de ella por un tiempo, si seguimos con esto, será mucho peor. ─Confesaba Swan cuando le dio el encargo en su mano.

─Ya verás que pronto pasará el dolor, Ems ─afirmaba Zelena estrechando su mano─. Saldrás de esto, como siempre lo has hecho.

─Gracias, Zel ─exclamaba Emma abrazando a su vieja amiga─. Es bueno ver que contigo siempre podré contar.

─No hay de qué, sabes que por eso somos amigas. ─Expresaba Zelena cuando Emma se dio media vuelta.

La mayor de las Mills regresó a la casa, y subió las escaleras para entrar rápidamente a la habitación de su hermana.

─ ¿Qué no te enseñaron a tocar? ─Espetaba Regina sentada en su cama con la computadora portátil en sus piernas.

─Lo haría, pero tengo que salir con Walsh y David, sólo vine a dejarte algo. ─Protestaba Zelena mostrándole lo que Emma le dio.

─ ¿Qué hay con esa llave? ─Preguntaba Regina quitándose los lentes.

─Ems me la dio. ─Respondía Zelena.

─ ¿Y qué se supone que esto significa? ─Inquiría su hermana menor sin entender nada.

─Bueno, al parecer quiere decir que el Apartamento en Boston es todo tuyo ─terminaba Zelena molesta dejando la llave en el teclado de la computadora─. Felicidades, Regina. Acabas de arruinar una amistad.

Zelena salió dejando la puerta entrecerrada, mientras que Regina miraba la llave con curiosidad, pero sin querer ahondar en más detalles, no tenía intención de mover lo que ya tenía frente de ella.

Una vez que las vacaciones al fin terminaron, los miembros más jóvenes de la Pandilla comenzaron su nueva etapa en la Universidad, tratando de dejar Tallahassee atrás.

Un año más tarde, cuando todo se relajó, Regina se dio cuenta de su error cuando Sídney le mostró la verdad sobre el hermano de Daniel, y el problema en el que lo metió.

Todos tenían razón, ella estaba cegada por el amor, y eso fue lo que lo mató, sin embargo, el daño estaba hecho, y a pesar de pedirles disculpas a casi todos, ni Emma o Ruby quisieron dirigirle la palabra una vez más.


Storybrooke

El Presente

─ ¿Ya respondiste la primera pregunta, Mills? ─Exclamaba Emma con seriedad.

─Son demasiadas razones, pero, antes de responder esa pregunta, déjame hablar sin interrupciones. ─Contestaba Regina.

Emma sólo movió su mano para indicarle que prosiguiera.

─Todos estos años, me has guardado resentimiento por algo que no hice, que ni siquiera pude controlar. Tú todavía me culpas por el accidente, como si yo misma le hubiera dado las llaves a Daniel en la mano, ¿no es así? ─Exponía Regina velozmente.

Emma comenzó a reír al escucharla.

─ ¿Eso era todo lo que querías decir? ─inquiría Emma cruzándose de brazos─ No, Mills. Yo no te culpo por la muerte de… ¿cómo le dijo Sídney ayer? ¡Ah sí! El hombre al que le juré Amor Eterno. De verdad estás mal si todavía piensas eso.

─Pero, pero tú dijiste ese día que me culpabas por todo. ─Repelaba Regina subiendo el tono de su voz.

─Estás en un error, Mills ─contestaba Emma─. Yo no sólo te culpé a ti, sino a William y a mí, además, creo que tengo que recordarte que tú fuiste la primera en culpar a Neal por todo.

─Emma… ─Comenzaba Regina.

─No, perdiste tu oportunidad, ahora me toca a mí ─espetaba Emma muy molesta─. En ese entonces, hace seis años estabas cegada y lo acepté, traté de esperar que te dieras cuenta por ti misma de las cosas, y jamás lo hiciste.

Emma estaba furiosa al tener que tocar el tema una vez más, le dolía el recordar ese día, y todo lo que no hizo por Neal, y lo que Regina afirmó como si hubiese sido la verdad absoluta, ese día le salió una herida por ambos vertientes: Amor, y Amistad.

─Y, en vez de darte cuenta de lo que tenías enfrente, todo lo que hiciste, ¿qué fue? ¡Culpar a Neal, por supuesto! ─continuaba Emma con intensidad─. Él no se lo merecía, Mills. A pesar de haberle mentido a medio mundo cuando llegó aquí, conmigo siempre fue sincero, y todo el viaje fue su idea, no sólo para que ustedes terminaran de aceptarlo, sino para que todos disfrutáramos a lo grande. Regina, yo no te culpo por llevar a Daniel, te culpo por dejarte impresionar por un chico talentoso e increíble de Kentucky, te culpo por no ver lo que tenías frente a tus ojos. Mills, yo sigo enfadada contigo, porque, como en Los Ángeles, sé que todo lo que dijiste alguna vez lo pensaste, y porque no pudiste creerme cuando yo te decía la verdad. Es más, no sólo estoy enfadada contigo, Regina, sino que también, estoy muy decepcionada de ti.

Emma cruzó los brazos una vez más y miró al suelo. Regina conocía esa expresión perfectamente porque eso significaba que estaba recordando aquel día, y los muros a partir de ese momento, habían desaparecido.

Regina al fin sabía la razón de Emma para comportarse con ella de esa manera, sabiendo que se lo merecía.

─Un año después del accidente, le pedí a Sídney que buscara información sobre William ─comenzaba Regina haciendo que Emma alzara la vista─. Ahí, encontró que William había sido asesinado dos meses después de la muerte de Danny. Todo gracias a que el sujeto de Tallahassee jamás recibió el paquete de su parte. Sídney dijo que cuando Will llamó a Danny fue para que lo ayudara con las drogas, y cada que se rehusaba lo drogaba, convirtiéndolo en un adicto.

Regina se dejó caer en el suelo con el anillo entre sus manos y las lágrimas bajándole por las mejillas.

─Se suponía que este anillo era una promesa a futuro de lo que tendríamos un día ─exclamaba la Alcaldesa llorando─. Todos nuestros sueños y esperanzas, los proyectos, todo eso simbolizado en este pequeño pedazo de metal al que no puedo dejar ir.

Emma la miró comenzando a desmoronarse, dándole a entender que a ella le dolía tanto recordar lo de Tallahassee.

─No eres la única que sufre, Emma, ni la que se despierta a medianoche por las pesadillas, o la que tiene recuerdos dolorosos de una vida que jamás sucederá. Yo también perdí a alguien que amaba, aunque fue meses antes que Ruby o tú. ─Seguía Regina llorando sin otra alternativa, sosteniendo el anillo con firmeza, como si su vida dependiera de ello.

Toda la ira se disipó en la mente de Emma al ver a Regina sufriendo, era doloroso verla así y recordar lo que pasó inconscientemente, era una tortura que no quería volver a repetir. Así que, se sentó al lado de Roland y lo abrazó, esperando hasta que Regina se desahogara y pudieran continuar.

En la superficie, los rescatistas y Graham seguían revisando el mapa de la mina en el momento que el Profesor Archie llegó con Lucky, otro de sus perros.

La Pandilla lo miró acercarse cuando, como siempre, el perro se le escapó de las manos, entrando a la zona restringida.

Al verlo, el Sheriff siguió a Lucky hasta que por fin se detuvo.

─Es increíble que ustedes siempre se le escapen al viejo Profesor Archie, amigo. ─Decía Graham tomando la correa de Lucky sin prestar atención a lo que el perro estaba haciendo.

Dio media vuelta y jaló la correa para llevárselo, sin embargo, el perro no se movía, volvió a jalarlo, y no pasó nada. Al darse la vuelta una vez más, lo encontró olfateando el suelo con desesperación, y sin más, comenzó a ladrar con fuerza.

Graham se agachó y empezó a escarbar en el suelo, así fue como halló una especie de escotilla. Hizo al perro a un lado y la levantó con fuerza.

─Parece que Graham encontró algo importante. ─Declaraba Elsa cuando vio al Sheriff llamando a los rescatistas.

─Si no estoy mal, nuestro ex Soldadito halló una forma de entrar. ─Exclamaba Ruby mientras Killian y Robín seguían con la mirada fija a la entrada de la mina.

Emma continuaba abrazando a Roland tratando de no mirar a Regina quien ya había dejado de llorar, pero todavía tenía el anillo en sus manos.

─Al parecer no era la única que no volvió a hablar de Tallahassee. ─Exclamaba Emma mirando a la nada.

─Tienes razón, Swan ─respondía Regina─. No había hablado de cómo me sentí en ese momento, al igual que tú no quise tocar el tema luego de tu fiesta de despedida en donde casi me rompiste los dientes.

─No puedo creer que yo hice eso ─afirmaba Emma después de soltar una risa─. Afortunadamente no te rompí ninguno.

─Gracias a Nolan, si no lo habrías hecho. ─Aseguraba Regina volviendo su atención al perro.

─ ¿Y qué te hizo cambiar de opinión? ─Preguntaba Emma sin soltar a Roland.

Regina guardó silencio y volvió a colgarse la cadena con el anillo antes de contestar. Luego de eso, Mills dio un largo suspiro y comenzó.

─Papá ─respondía la Alcaldesa─. Él fue el único que me hizo cambiar de parecer.

Emma abrió ampliamente los ojos al escucharla, y trató de absorber la respuesta de forma rápida.

─ ¿Cómo?... si puedo saber, claro está. ─Exclamaba Swan.

─Papá sufrió un ataque poco antes de año nuevo, lo llevamos al Hospital y Zelena hizo la primera guardia en la sala de espera ─relataba Regina─. La mañana de fin de año lo estabilizaron y la Pandilla llevó algunas cosas para celebrar en su habitación.

Emma escuchaba atentamente, recordando que Zelena le había dicho algo similar.

─Tuvimos que terminar temprano porque él necesitaba descansar ─proseguía Regina─. A la mañana siguiente, él despertó muy temprano, y yo me quedé con él por si necesitaba algo. Esa mañana se veía tranquilo y feliz, le pregunté la razón, y sólo dijo que había soñado algo increíble.

─ ¿Qué soñó? ─Indagaba Emma con bastante curiosidad.

─Dijo que soñó a toda la Pandilla cuando éramos niños. ─Contestaba Mills con una sonrisa.

Emma también sonrió al darse cuenta de que todavía le importaba a los Mills.

─Estábamos todos en el parque, ninguno rebasaba los diez años de edad ─continuaba la Alcaldesa─. Zelena, David y Walsh corrían por todos lados mientras Peter los trataba de alcanzar, Mary Margaret y Jefferson les lanzaban pelotas a Graham y August, mientras que Elsa y Ruby volaban una cometa juntas.

─ ¿Y tú y yo? ─Volvía a preguntar Emma con cuidado.

─Peleando, como siempre ─respondía Regina con una sonrisa nostálgica en el rostro─. Cuando le pregunté la razón, dijo que él tampoco lo sabía, ni que por qué tú y yo siempre encontrábamos un absurdo motivo para intentar matarnos una a la otra.

─ ¿Por qué peleábamos en su sueño? ─Quería saber la chica.

─No me lo dijo en ese instante ─replicaba Mills─. Antes de poder hacer esa pregunta, llegó mi madre para relevarme, yo volví a la casa para darme una ducha y comer algo cuando las cosas se complicaron. Regresé lo más rápido que pude y papá pidió expresamente hablar conmigo primero.

─ ¿Qué te dijo? ─Inquiría Swan tratando de ocultar su dolor.

─Tú y yo peleábamos en el sueño por un LP de Daft Punkexplicaba Regina mientras Emma la miraba con sorpresa─. Él dijo que era curioso vernos pelear por algo que logró unirnos y terminar con las luchas a muerte, por eso, me pidió una cosa antes de hacer pasar a Zelena.

─ ¿Qué? ─Exclamaba Emma por última vez.

─"Tú y Emma fueron buenas amigas, se cuidaban y protegían, hacían buen equipo, se entendían cuando nadie más podía" ─citaba Regina las últimas palabras de Henry Mills─. "Lo que pasó en Tallahassee no se puede borrar, pero, ustedes dos ya estuvieron mucho tiempo sin hablarse, sin siquiera mirarse a los ojos. Regina, no sabes lo feliz que me hacía verlas hacer las paces y saber que Emma era amiga de mis dos hijas por igual, y que ustedes dos al fin habían limado asperezas. No dejes que la Pandilla continúe dividida, y que los recuerdos de una vida pasada se queden en el olvido, habla con Emma, solucionen las cosas, y hagan que todo funciones de nuevo, sé que no será como antes, pero eso es mejor que lo que tienen ahora".

Henry quería que su sueño se cumpliera, pero al parecer no sólo por él, sino que también logró percibir la enorme fractura que Tallahassee dejó.

─Por eso tenías tantas ganas de hablar conmigo. ─Concluía Emma.

─No quería hacerlo ─confesaba Regina─. Me enfadé mucho durante el Funeral, y decidí mandarte a la mierda. Un mes después, Zelena y Walsh volvieron a casa, porque papá le pidió a ella que no continuara separándose de su familia y logró convencerla de quedarse unos años en Storybrooke. Sólo así, fue como traté de buscarte. Hablé con Mary Margaret y después de mucho rato logré que me diera el número de tu trabajo y bueno… ambas ya sabemos el resto.

Después de esa declaración, ambas se quedaron calladas por unos cuantos minutos que parecieron horas hasta que la Alcaldesa volvió a tomar la palabra.

─ ¿Recuerdas la Carrera de Bicicletas de Tercer Grado? ─Preguntaba Regina con una sonrisa en el rostro.

Claro que Emma la recordaba, esa carrera tuvo lugar antes de finalizar el año, y fue antes del accidente de bote con su padre.

─ ¿Qué hay con ella? ─Replicaba Emma.

─No es mucho, sólo que recordaba cómo me había abierto el labio ese día. ─Exclamaba Regina.

─Tú y yo corríamos por el primer lugar, y poco antes de alcanzar la meta tu bicicleta se enganchó a la mía con uno de los diablos que David le había puesto a la rueda trasera ─relataba Emma usando su buena memoria─. Ambas salimos volando y rodamos hasta quedar ridículamente frente a la línea de meta. Así fue como yo me abrí la ceja izquierda, y tú te abriste el labio superior.

─ ¿Recuerdas que pasó después? ─Indagaba la Alcaldesa.

─Me echaste la culpa, y luego yo te empujé. ─Respondía Swan.

─Y ambas terminamos peleando una sentada frente a la otra en las camas del Hospital. ─Terminaba Regina.

─ ¿Por qué recuerdas esto? ─Pedía saber Emma con extrañeza.

─Porque papá tenía razón. Si pudimos superar eso, es obvio que también lo demás. ─Decía Mills.

─Eso no cuenta, teníamos ocho años. ─Protestaba Emma.

─Corrección, yo ocho y tu siete ─rebatía Regina─, pero eso no es lo que importa realmente, lo que trato de decir es que si pudimos olvidar eso y todas las peleas en el pasado, ¿por qué esta vez es diferente? ¿Por qué cometí un error? Sé que fui la persona más estúpida y cegada por el amor del planeta, sin embargo, soy capaz de darme cuenta de mi falta, y estoy aquí para pedirte disculpas abiertamente. No te voy a negar que no extraño que estemos todos juntos y que tú y yo nos la vivamos una pegada a la otra, no obstante, repetiré las palabras que una chica loca me dijo un día: Yo no quiero que tú y yo volvamos a ser amigas justo ahora, sería descabellado, y tal vez en un futuro logremos esa hazaña de nuevo, pero, lo único que puedo ofrecerte ahora mismo es mi más sincera disculpa.

Regina la miró a los ojos, y prosiguió dándole a entender la sinceridad de lo que estaba por decir.

─Emma, realmente lamento haberme comportado como una idiota y buscar culpables donde no los había, no fue justo que yo me desquitara no sólo con Neal, sino también contigo por algo que nadie pudo controlar, no se lo merecían. Emma, por favor, perdóname.

Antes de poder contestar, Graham descendió por el agujero del ascensor para rescatarlas.

─ ¿Graham? ─inquirían ambas al verlo llegar a tierra firme─ ¿Qué haces aquí?

─Ustedes dos parecen hermanas ─contestaba el Sheriff soltando su arnés─, y yo no estoy aquí para tomar el té, vine a sacarlas de aquí.

Emma salió del shock y corrió a abrazarlo para que después Regina hiciera lo mismo.

─Creí que Freddy estaría allá afuera haciendo esto. ─Confesaba Emma.

─No iba a dejar que Morgan se llevara toda la gloria. ─Bromeaba Graham cuando el arnés regresó con otro más.

─Llegó el momento de salir, ustedes tres necesitan un baño urgente. ─Exclamaba el Sheriff volviendo a ponerse el arnés.

─Mills, toma a Roland ─ordenaba Emma tomando al niño de la mano─. Y tú, hombrecito, toma a Spotty y obedece en todo lo que te digan, ¿de acuerdo?

─Sí, Tía Emma. ─Contestaba Roland caminando hacia Regina.

─ ¿Qué hay de ti, Swan? ─Inquiría Regina.

─Estoy bien, puedo esperar ─respondía Emma─. Robín debe estar muerto de miedo, yo me quedaré aquí hasta que llegue mi turno.

Regina y Graham asintieron, se acomodaron y comenzaron a subir de vuelta a la superficie.

En menos de cinco minutos, las luces de los reflectores los abordaban y todos aplaudían al ver salir a la Alcaldesa con los escurridizos atrapados. Una vez completamente afuera, Roland ignoró a los adultos que trataban de revisarlo y corrió desesperadamente a los brazos de su padre.

─ ¿Dónde está Emma? ─Inquiría Killian con horror.

─ ¡Papi! ─Chillaba Roland.

Robín levantó la cinta y corrió hasta alcanzar a su hijo con el rostro lleno de lágrimas, lo abrazó como nunca lo había hecho, y besó sus mejillas, agradeciendo que nada le hubiese pasado.

─ ¡Gracias al cielo que estás bien! ─Exclamaba Robín cuando los demás los alcanzaron.

─La Tía Emma me encontró y me ayudó a salir de ese feo lugar. ─Respondía el niño cuando Ruby lo llenó de besos.

─ ¿Y dónde está la Tía Emma? ─Preguntaba Víctor mientras Killian miraba hipnotizado la escotilla.

─Sigue allá adentro, dijo que ella podía esperar porque estaba segura de que papá se habría vuelto loco y que quería verme. ─Contestaba Roland entre risas.

─Él tiene razón ─añadía Regina llegando hasta el lugar─. De hecho, ella y Graham ya deben estar subiendo de vuelta.

Zelena abrazó a su hermana ya más tranquila luego del infierno que habían pasado.

─Las explosiones fueron idea de Freddy, ¿verdad? ─Preguntaba Emma mientras comenzaban a subir.

─Sí, aunque lo detuve de seguir usando la dinamita una segunda vez. ─Contestaba Graham.

─Dile que es hombre muerto ─pedía Emma─, una roca casi me cae encima.

─Se lo diré ─prometía el ex Marine─. Y dime, Emma Swan, como una exclusiva para el Seminario de la Estación de Policía: ¿Qué se siente estar con Regina Mills por más de dos horas?

Emma sólo se rió y le dio un golpe en el hombro.

─Sin comentarios, la exclusiva ya la tiene el prestigioso "Espejo de Storybrooke". ─Contestaba Swan.

Las luces la deslumbraban, aunque a lo lejos reconoció a su Pandilla esperando ansiosamente por ella.

Killian salió disparado cuando Graham y ella tocaron tierra. Una vez que se deshizo del arnés, lo interceptó y ambos se besaron frente a la multitud.

─Swan, ¿estás bien? ─inquiría Killian al separarse y comenzar a revisarla─. Tu cabeza…

─Tranquilo, Jones, sólo me rasguñé con un pedazo de metal, sobreviviré ─respondía Emma tocando su sien─. Honestamente, todo lo que necesito es una ducha y un buen descanso.

─Me tenías preocupado, Amor. ─Confesaba Killian de inmediato.

─Lo lamento, pero no podía dejar a Roland solo. ─Contestaba Emma.

─Lo sé, tampoco quería que lo hicieras ─proseguía el chico─. Y me encanta ver que ambos están lleno de polvos y en buenas condiciones, bueno tú no, retiro lo dicho, solo Roland está en buenas condiciones.

─Nada que no pudiera manejar. ─Replicaba Emma luego de hacer un gesto de dolor cuando Killian tocó la herida.

De repente, los paramédicos tomaron a Emma para revisarle la herida, y él la siguió de cerca. Después de que le aplicaran las curaciones pertinentes, Killian la ayudó a ponerse de pie, pasó su brazo izquierdo por sus hombros, y ambos caminaron de vuelta con sus amigos.

Luego de un cálido recibimiento, Emma les confesó a todos que estaba verdaderamente exhausta y se disculpó para volver a casa y descansar, sabiendo que todos harían lo mismo.