IX

Reconciliación


Storybrooke

Días Después

Las cosas en el pueblo volvieron a la normalidad luego del accidente en la mina abandonada en el que Roland, un cachorro escurridizo, Emma y Regina fueron los protagonistas.

El Departamento de Storybrooke se encargó de clausurar la entrada definitivamente, y Regina comenzó la planeación para derrumbarla por completo y evitar problemas futuros.

El "Espejo de Storybrooke" puso una foto de Robín abrazando a su hijo con el encabezado Un Maravilloso Final Feliz en la primera plana, y para mantener viva la noticia, Sídney trató de entrevistar a Regina y a Robín, hostigándolos durante una semana completa, cosa que sólo le trajo un buen y merecido golpe por parte del padre de Roland y una amenaza por parte de la Alcaldesa.

Después de esos ligeros inconvenientes, la vida de la Pandilla regresó lentamente a su versión de normalidad. Regina volvía a encerrarse en la Alcaldía, Graham regresaba a la Estación de Policía para cumplir con sus obligaciones como Sheriff, mientras que Mary Margaret y los demás daban paseos por el Bosque, y a veces iban al parque local para jugar una partida de baloncesto o soccer todos conviviendo alegremente, sin embargo, Emma era otra historia.

Desde que ocurrió el accidente, ella no volvió a tocar el tema de Tallahassee, y Killian ya no le insistió sobre el mismo, sabiendo que algo había pasado con la Alcaldesa Mills dentro de la mina que la había obligado a recluirse, así que, a pesar de estar bastante preocupado, prefería dejarla lidiar con sus emociones hasta que estuviera decidida a abrirse nuevamente.

Killian esperaba que Robín fuera capaz de hablar con Emma, ya que a veces, sólo él podía hacerla salir de su mundo, sin embargo, su mejor amigo había hecho acto de desaparición desde el día siguiente al siniestro, con la excusa de ir a agradecerle a Regina por haber ayudado a salvar a su hijo, pero, eso sólo le dejó ver lo que Robín traía entre manos, porque, él era el único que lo había visto comportarse de esa manera solamente con Marian, la madre de Roland y quien falleció cuando el pequeño tenía un año de edad.

Considerando que su amigo ya llevaba casi dos semanas mostrándole su agradecimiento a la hermana menor de Zelena, decidió recurrir a su otra táctica.

Y en cuanto a Swan, lo ocurrido en la mina sólo había contribuido a reabrir la vieja herida que Tallahassee provocó. Todo el tiempo esos recuerdos la atormentaban, reviviendo lo que había sucedido, buscando alternativas inútiles para una tragedia que ya no tenía remedio, dándose cuenta, una vez más, que ella pudo tomar otras decisiones que tal vez, habrían ayudado a que Neal estuviera aún con vida.

Sin embargo, todo eso era un callejón sin salida, algo que ya había experimentado cuando entró a la Universidad y la culpa la carcomía por las noches, noches en las que August pasaba la mayor parte del tiempo con ella, hablando de lo ocurrido, mientras bebían chocolate con canela, para después, acompañarla a su cuarto y esperar a que se quedara dormida una vez más.

Otra cosa que la tenía ensimismada en eso, fue todo lo que Regina le dijo, porque, el saber que ella no era la única que sufrió durante seis años era algo muy inquietante, que le había dado una perspectiva más amplia de las cosas, y el hecho de perdonarla inundaba sus pensamientos, aunque no sabía si de verdad podía hacerlo.

La Pandilla parecía seguir la misma estrategia que Killian, porque ninguno le insistió para hablar, ya que, también sabían que no serviría absolutamente de nada.

Así pasaron los días en los que la tormenta de emociones de Emma se intensificaba, y le generaba la ansiedad de hablar sobre todo lo que ocurrió, quería contarlo, pero, simplemente, no sabía cómo.

Una noche, luego de una buena cena y una intensa sesión de karaoke acompañada de varios litros de alcohol, Emma experimentó algo que cambió las cosas y le hizo tomar el coraje suficiente para ponerle fin a la pesadilla llamada Tallahassee; en sus sueños, recibió la visita de dos seres muy especiales.


D

El atardecer se apoderaba de las calles, las casas y cada rincón del pequeño pueblo de Lockeport, un sitio que Emma sólo había pisado una vez en sus veinticuatro años de vida.

No sabía qué era lo que estaba haciendo ahí, sin embargo, decidió apreciar la vista y caminar por el puerto. Mientras avanzaba, se llenaba de melancolía, recordando que en ese mismo lugar fueron encontrados los restos de su padre, Gregory Swan, años atrás. Ella jamás estuvo presente aquel día, pero sus tíos la mantuvieron al tanto mientras estaba en el Hospital.

Sin más qué hacer, decidió recorrer el lugar, tratando de pasar un buen rato ahí. Continuó caminando con el sol ocultándose por el Oeste, perdiéndose entre las cosas, haciendo que el paisaje fuera el más hermoso que ella jamás había presenciado. Al poco rato, miró al frente y divisó una banca que estaba frente a un pequeño muelle descuidado y viejo, en esa banca de madera se encontraba sentado un hombre de unos treinta y nueve años de edad, de cabello corto y castaño, que usaba una camisa azul marino.

A pesar de darle la espalda, Emma lo reconoció de inmediato, y fue cuando por fin se dio cuenta de que todo era un sueño, y de que muy probablemente, ese sería el sueño más maravilloso de su existencia.

La chica apresuró el paso lo más que pudo y se detuvo justamente unos metros detrás de la banca.

─Comenzaba a creer que no me reconocerías. ─Exclamaba esa voz tan familiar para ella.

Emma no dijo nada, sólo se quedó de pie en completo silencio.

─Puedo ver que no importa cuántos años pasen, siempre te quedarás en silencio, pero, mi pregunta es: ¿por qué precisamente ahora te comportas así conmigo? Quiero decir, cuando eras una niña, todo el tiempo eras tú misma a mi lado y junto a James, tengo que aclarar.

─Han pasado dieciséis años desde la última vez que te vi ─exclamaba Swan comenzando a caminar temerosa─, discúlpame por no ser la primera en hablar.

─Suenas molesta ─retomaba el hombre─, es cómo si no te alegrara el que yo esté aquí.

─Estoy molesta porque esto es un maldito sueño, estoy molesta porque nada de esto es real, y estoy molesta porque tú no estás aquí. ─Confesaba Emma con temblor en la voz.

─ ¿Recuerdas lo que decía tu madre sobre los sueños? ─inquiría el hombre─ Ella era una firme creyente de que, lo que soñábamos era una mezcla entre la fantasía y la realidad, así que, mi pequeño Cisne, ¿por qué no te aferras a ese pensamiento y saludas a tu querido y amado padre?

Emma dejó salir las lágrimas al escucharlo. De verdad quería creer en sus palabras, deseaba que todo lo que sucedía a su alrededor fuera cierto, sin embargo, sabía que esa era la única manera en la que podría estar junto a él una última vez.

El Sr. Swan se hizo a un lado sin voltear a verla, y le dio una palmadita al lugar en el que él estaba al principio, Emma lo vio todo el tiempo y se quedó en su lugar.

─No tengas miedo, Ems, todo está bien, sabes que siempre podrás confiar en mí. ─Exclamaba Gregory tratando de hacer que su hija llegara hasta él.

La chica cerró los ojos y dando pasos tímidos, se hizo camino hasta la banca de madera. Al llegar a ella, se sentó y continuó con los ojos cerrados, aferrándose con fuerza a la butaca, sin querer mirar a su padre a los ojos.

─ ¿Por qué no me miras?

─Porque si lo hago, sólo abriré más otra herida que quiero cerrar ─susurraba Emma─, si te miro, olvidaré las palabras de mamá, y me atormentará la cruda y fría realidad.

─Te prometo que mientras estés junto a mí, la realidad jamás te atacará.

Emma soltó la banca y lentamente abrió los ojos observando el color anaranjado que se apoderaba del agua que tenía frente a ella. De pronto, giró su cabeza con temor tratando de mantener la vista al frente y cuando por fin logró la hazaña de verlo a los ojos, su panorama estaba tan distorsionado por las lágrimas que apenas pudo reconocerlo.

Gregory la miró y le dedicó una hermosa y bella sonrisa, un gesto que Emma recordaba cada noche luego de una pesadilla, y que siempre iba acompañado de sus últimas palabras; "Todo va a estar bien, Ems". Eso era lo que se repetía a cada instante y lo que la mantenía en una pieza cada que quería derrumbarse. La chica se quedó en silencio otra vez, mirándolo de pies a cabeza con la boca abierta, como si no pudiera creer lo que estaba pasando. Fuese un sueño o no, ese momento era su más grande deseo, algo que pedía todos los años, el volver a tener a su padre frente a ella era el mejor regalo que la vida le podía otorgar.

Con ese pensamiento presente, y antes de que su padre interrumpiera el silencio, Emma le rodeó el cuello con sus brazos y lo abrazó. El hombre le correspondió el abrazo y la dejó desahogarse, permitiéndole sacar todo lo que por dieciséis largos años se guardó para sí, por no querer parecer débil frente a todo el mundo.

Ya no le importaba que todo fuese un invento de su imaginación, su padre estaba ahí, estaba con ella y quería aprovecharlo.

Emma continuaba sollozando, quería contarle a su padre todo, decirle lo mucho que lo extrañaba y lo perdida que se sentía sin él a su lado, narrarle todas sus aventuras con la Pandilla, la vez que huyó de la ciudad y el accidente de Tallahassee, sin embargo, eran más sus ganas de llorar.

─ ¿Cuánto tiempo estuviste guardándote todo? ─Inquiría Gregory con tranquilidad.

Emma no respondió, simplemente no podía hacerlo.

─Emma, lamento no haber podido estar ahí para ti, y decirte que no era tu obligación hacerte la fuerte en todo esto ─proseguía el Sr. Swan─, porque, el hacerlo sólo provocó en ti mucho dolor y sufrimiento contenido, y por eso no puedes dejar ir todo lo que te pasa.

La chica dejó de llorar un momento y alzó la vista.

─ ¿De verdad estás aquí? ─indagaba Emma envuelta en un mar de llanto─ ¿No eres producto de mi imaginación?

─Tú sabes bien que la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma, y todos en algún momento de nuestra existencia tendremos que llegar a otro lado al morir, pero eso no significa que no podamos hacer esta clase de visitas.

─ ¿Y después de dieciséis años por fin vienes a visitar a tu primogénita?

─Tengo que ser honesto al confesarte que nunca lo creí necesario ─respondía su padre─. Sé todo lo que ha pasado contigo y con Jimmy desde que me fui, y al verte rodeada de tu Pandilla, riendo y disfrutando de la buena vida, no pensé que mi presencia fuera tan necesaria, sin embargo, un viejo amigo me habló sobre un importante suceso que tuvo lugar hace seis años, y cuando descubrí que tú estabas en Storybrooke, decidí que era el mejor momento para actuar.

─ ¿Qué suceso? ─Inquiría Emma secando sus lágrimas.

─Te lo contaré en el camino, Ems, pero dime, ¿quieres dar una vuelta en el viejo y confiable?

Dicho esto, en el muelle apareció el bote en perfecto estado, como cuando zarparon en aquel fatídico último viaje. El Sr. Swan se levantó y le ofreció la mano a Emma para que lo acompañara, ella sin perder más tiempo lo siguió, subiendo a cubierta y dejarlo tomar el timón.

─Ems, a principios de este año, lamentablemente me topé con un viejo conocido de Storybrooke, ¿tienes alguna idea de quién era?

─El Señor Mills. ─Respondía la mayor de los Hermanos Swan.

─Precisamente ─continuaba Gregory cuando se alejaron de la orilla─, él me habló de la forma en la que llegó hasta ese lugar, y también de algo que le pidió a sus dos hijas. A Zelena, le pidió que no siguiera separada de su Familia, y que, a la menor oportunidad que tuviera, y de ser posible, ella y Walsh regresaran al pueblo.

Su padre se quedó en silencio por un tiempo.

─ ¿Qué ocurre? ─Pedía saber Emma.

─No es nada, es sólo que, me parece adorable que ellos dos estén juntos, después de todo, desde niños parecían uno solo, pero en fin, Henry también me habló sobre lo que le pidió a Regina, y en eso tengo que ser honesto, me quedé totalmente asombrado.

─ ¿Por qué? ─Inquiría Emma comenzando a reír.

─Porque, a pesar de lo que vi, nunca pude creerlo hasta que él me lo reafirmó ─contestaba Gregory─, y de verdad no puedes culparme, porque nadie, repito nadie en todo Storybrooke habría imaginado que tú y Regina al fin hicieran las paces y se convirtieran en amigas. Tienes que admitir que eso fue un evento sin precedentes.

─Todos dicen eso. ─Replicaba Emma mirando el Océano.

─Y otra cosa que tengo que confesar, es que esa es la razón principal de que yo esté aquí.

─Papá, por favor, no lo hagas, no quiero más sermones de que debería perdonar a Regina ─suplicaba Emma con fastidio─. Suficiente he tenido conmigo misma estos días, ya no quiero pláticas llenas de esperanza y de buenas cosas que podrían realizarse de perdonarla.

─ ¿Por qué te molesta tanto la idea de perdonarla? ─Preguntaba su padre.

─No era a mí a la que le tenía que pedir disculpas ─respondía Emma─, sino a Neal. Ella no hizo más que calumniarlo aquella noche, sé que ella no tuvo la culpa de nada, no le puso las llaves a Daniel en la mano o algo parecido, pero simplemente, no puedo.

─ ¿De quién es la culpa entonces?

─Mía ─musitaba Swan─. Si tan sólo en vez de confiar en el juicio nublado de Regina o de haber hecho algo más esa noche, no sé, de tomar en serio lo que August y David vieron, tal vez, las cosas habrían cambiado, y la tragedia jamás hubiera ocurrido.

─ ¿Y en estos años, nunca te pasó por la cabeza que la razón por la que no quieres o mejor dicho, no puedes perdonarla, es porque no te puedes perdonar a ti misma? ─Preguntaba el Sr. Swan dando en el blanco.

La chica se quedó callada y meditó esa pregunta. Su padre tenía razón, todo este tiempo se culpaba por lo que había sucedido, y bien se lo había dicho a Regina días antes, esa era la verdadera razón por la que estaba molesta, porque, además de la sarta de disparates que Mills había dicho, dentro de ella, las posibles variables y opciones salían de la nada y no se marchaban tan fácil.

─Regina estaba perdidamente enamorada de ese chico, cosa que la apartó de la verdad, y que lamentablemente dio pie a esa tragedia, pero, ¿no crees tú que ella ya sufrió demasiado? ─proseguía su padre sin quitar la vista del frente─ ¿De verdad piensas que el hecho de cargar con las consecuencias de sus acciones no la han carcomido más que a ti? Mientras tú viviste estos seis años tratando de olvidar lo que sucedió, y evitándola lo más posible porque ella te recordaba tus errores, ella vivía cada día creyendo que había separado a la Pandilla con las locuras que dijo la noche que todo pasó. Vivió con más culpa de la que tú tenías dentro, porque, mientras tú tenías a August a tu lado en Boston, ella no tenía a nadie, que tengo que agregar, fue una de las razones por las que Henry le pidió a Zelena que volviera, ya que su hija estaba completamente sola.

─ ¿Ahora te pondrás del lado de Regina? ─Objetaba Emma cruzándose de brazos.

─No, me pongo del lado de Henry ─replicaba Gregory volteando a mirarla─, él me contó sobre su sueño, y coincido con él. Tal vez yo ya no presencié ese milagro, pero de verdad, me gustaría no sólo que lograras perdonarla, sino que dejaras de usarla de excusa para no volver a Storybrooke.

Emma estaba por continuar discutiendo, pero el Sr. Swan la interrumpió.

─Perdónate, y perdónala, Ems, será lo mejor para todos. Nadie les está pidiendo que borren el pasado y hagan como que nada sucedió, sino que aprendan a aceptar las cosas y dejen de preocuparse por eso ─continuaba Gregory Swan─. Sí, ambas cometieron errores, pero que se sigan lamentando por ellos no arreglará nada, ni les devolverá todo lo que perdieron, sin embargo, por salud mental, inténtenlo, hablen claro, pongan cartas sobre la mesa y ambas perdónense.

─ ¿Realmente quieres que volvamos a ser amigas? ─Preguntaba Emma con inquietud.

─Todo lo que quiero es que seas feliz ─respondía Gregory con sinceridad─. De ustedes dos dependerá si recuperan el vínculo o no, pero, un buen primer paso de sanación es el perdón.

─ ¿Por qué tengo el presentimiento de que tienes toda la razón? ─Preguntaba Emma mordiéndose el labio.

─Tal vez porque sí la tengo ─replicaba el hombre─. Sólo piénsalo, tampoco te estoy diciendo que salgas corriendo en la madrugada hasta la casa de los Mills.

Emma se rio tras ese comentario, y se sentó en la borda para ver el agua a su alrededor.

─Pensé que le tenías miedo al agua. ─Confesaba su padre volviendo a tomar el timón.

─Alguien me ha estado ayudando con eso. ─Respondía Emma con una sonrisa.

─ ¿Ese chico de California con el que estás saliendo?

─Precisamente.

─Pues, deberías agradecer que ya no esté ahí para darle la "charla" ─contestaba Gregory con algo de melancolía─. Tal vez cuando me vaya pase con Leopold y le pida que lo haga.

─A mí me habría encantado que fueses tú, pero por favor, no vayas con Tío Leopold, él ya suficiente tuvo con David, y con el mismo James ─rogaba la chica sopesando la última parte─. ¿Irte? ¡¿Acaso ya te vas?!

─En un rato lo haré. ─Declaraba el Sr. Swan con tristeza.

─ ¡No puedes! ─respingaba Emma bajándose de la borda de un salto─ ¡No te he visto desde los ocho, ¿y sólo me dices que viniste por media hora!?

─Vine porque en este momento es cuando más me necesitabas y no puedo quedarme por mucho tiempo ─replicaba su padre con franqueza─, si yo viniera a ti cada cinco segundos no te dejaría seguir con tu vida, y preferirías dormir a continuar con tus proyectos, ya que no podrías dejarme ir.

─ ¿No puedes quedarte un poco más? ─Pedía Emma luego de entender las cosas.

─Por mucho que quisiera hacerlo, hay alguien más todavía que quiere verte.

─ ¿Quién?

─Una persona que te ayudará a tomar una mejor decisión sobre a lo que Tallahassee se refiere, y que me pidió exclusivamente que te llevara hasta él.

De un momento a otro, el panorama cambió, y cuando la noche cayó por fin, ambos estaban frente a la iluminada playa de Miami.

Emma la contempló toda llena de luces azules, y admiró los grandes hoteles que la rodeaban, reviviendo su época de fugitiva con Neal.

─No la recordaba tan azul. ─Exclamaba Emma recargándose en la borda del bote.

─Espero que al menos lo recuerdes a él. ─Pronunciaba su padre señalando a la distancia.

A lo lejos, pudo distinguir un pequeño punto amarillo que crecía conforme avanzaba, y cuando este se detuvo, Emma se quedó boquiabierta al ver a quien salía del auto.

─Quisiera quedarme para ver esto, pero me temo que me tengo que ir, Patito. ─Confesaba su padre con tristeza.

En ese instante dejó de ver hacia la playa y dirigió su mirada hasta él, olvidó todo a su alrededor al escucharlo llamarla por ese sobrenombre que sus amigos le pusieron a los seis años.

─No quiero que te vayas. ─Expresaba Swan volviendo a llorar.

─Ni yo quiero dejarte, pero mi momento ha llegado ─confesaba Gregory─. Como te dije antes, vine porque tú me necesitabas más que nunca en tu vida, ni siquiera cuando ese imbécil hizo que te estrellaras con su camioneta me aparecí porque sabía que saldrías victoriosa de esa batalla. Cosa a la que también he venido, Ems: estoy aquí para recordarte lo fuerte que eres en el interior, y que jamás vuelvas a hacerte la inquebrantable, porque el ocultar tus miedos no es valor, es sólo intentar escapar de tu realidad.

Emma corrió hasta él y volvió a abrazarlo.

─Piensa en lo que te dije para que mi visita no sea del todo en vano, perdónate y perdona a Regina, y juntas reparen ese error que ya tanto daño ha causado ─pedía Gregory hablándole al oído─, ya no quiero verte sufrir más, quiero que seas completamente feliz, con tus amigos en San Diego, con ese chico Killian y con tu vieja Pandilla, mi deseo de verdad es que obtengas algo bueno por parte de la vida que ya te quitó bastante.

─Te amo, papá. ─Exclamaba Emma entre sollozos.

─Y yo te amo a ti, mi pequeño Cisne. ─Respondía el Sr. Swan.

Aunque sabía que tenía que dejarlo ir, no quería hacerlo, deseaba pasar más tiempo con él, pero sabía que en el fondo tenía razón.

─No quiero presionarte, pero si no te bajas no me podré ir, además, no queremos hacer esperar más tiempo a tu siguiente cita. ─Reconocía su padre con una sonrisa en el rostro.

La chica se rio y se separó de él.

─Siempre estaré vigilándote, nunca lo olvides.

─Lo sé ─repetía Emma con una sonrisa─, si ves a mamá, dile que la extraño.

─Y ella te extraña a ti.

Gregory le dio un beso en la frente y Emma saltó desde la borda para nadar con dirección a la playa, y hacia quién ya la esperaba recargado en el Escarabajo Amarillo.

Al salir del agua regresó la vista al bote, y este comenzó a desaparecer, Emma lo miró con nostalgia y esperó hasta que se esfumó por completo.

─No me lo tomes a mal, Ems, pero, el verte nadar tan tranquilamente es la cosa más extraña del mundo. ─Exclamaba otra voz familiar.

Emma se dio la vuelta, y lo miró dedicándole una pequeña sonrisa mientras comenzaba a caminar hasta él. No hacían falta presentaciones para saber que ese era nada más y nada menos que el mismísimo Forastero del Escarabajo Amarillo; Neal Cassidy.

─Neal. El mundo, ya no es como antes. ─Respondía Emma cuando llegó al Escarabajo.

─Y parece que la chica escurridiza que conocí hace ocho años tampoco lo es. ─Afirmaba Neal bajándose del cofre del auto y dándole un gran abrazo.

Cuando Emma le correspondió el abrazo, cerró los ojos, hundió su cabeza en el hombro de Neal y empezó a llorar.

─Yo también te he extrañado, Ems. ─Exclamaba Neal meciéndose de un lado a otro lentamente, como siempre lo hacía para calmarla.

Emma tenía tanto que decirle, tantas cosas que siempre deseo contarle y que nunca pudo, y el tenerlo ahí, aunque fuera un sueño la hacía sentir bien, y de cierta forma, la regresaba a esa época dorada cuando ambos se conocieron, y se sinceraron una y mil veces en esa misma playa.

─Lo siento. ─Murmuraba Emma.

─ ¿Por qué lo sientes? ─Pedía saber Neal con extrañeza.

─Porque, pude haber yo hecho más por ti en Tallahassee hace seis años ─respondía Emma separándose de él─. Si tan sólo esa noche me hubiera armado de valor y hubiese tomado en serio lo que August y David vieron aquella tarde, todo sería diferente, la tragedia se hubiera evitado, y tú seguirías con vida.

Neal le sonrió amablemente.

─ ¿Qué? ─Inquiría Emma.

─En mi vida aprendí que hay algunas cosas que por más que trates de evitar que sucedan, simplemente no puedes, sólo consigues retrasarlas ─expresaba Cassidy─. Sé que todo este tiempo te has torturado con los escenarios que traían consigo las acciones que pudiste hacer, pero, en el estado en el que Daniel se encontraba por aquel entonces, yo creo que el detenerlo antes de ir a dormir habría sido una mala idea, y más de uno habría salido herido.

─No logro comprender lo que dices. ─Confesaba Emma.

─Mi hora había llegado, y no existía nada que pudieras hacer para impedirlo, Ems ─aclaraba Neal con suavidad─. Fue decisión mía y de Peter subir a ese auto, así como el no decirles nada. Tú tenías buenas intenciones, de verdad esperabas que Regina reaccionara, no deseabas entrometerte en la relación de tu amiga por aquel mensaje de voz en el que ella te aseguraba que respetaba tus deseos cuando huimos de Storybrooke.

Emma lo miraba más intrigada todavía.

─A lo que trato de llegar es que, no tuviste la culpa de nada, ni de confiar demasiado en el juicio de Regina, ni de ignorar las advertencias, en fin, no eres culpable absolutamente de nada. Cada uno de nosotros; Peter, Daniel y yo, cometimos errores que al final nos mataron, pero ustedes son tan inocentes como James en April Fools.

─A pesar de lo que me digas, no puedo evitar sentirme mal por todo ─repelaba Emma─, me siento mal por ser tan idiota, y por cómo te trató Regina después, no te lo merecías.

─Yo no estoy enojado con ella por cómo tomó las cosas, yo también la conozco, sé lo temperamental que es y lo incontenible que puede llegar a ser cuando pierde el control, así que yo no tengo nada que disculparle. ─Replicaba Neal.

─ ¿A qué viniste, Cassidy? ─Inquiría Emma absorbiendo la mayor información posible.

─Estoy aquí para darte el último empujón y así superes esta pesadilla que ya se ha llevado seis de tus mejores años, y para que todo lo que viviste deje de doler, al menos un poco, Ems, te mereces ser la persona más feliz no sólo de Storybrooke, o del país, sino del planeta entero, tú estás destinada a la grandeza, y no puedes seguir permitiendo que la tragedia nuble tu juicio, recuerda que una vez me dijiste que querías salvar al mundo, y si no puedes perdonarte, no lograrás acercarte a quienes más lo necesitan, si no estás en paz contigo misma sólo te hundirás más en un océano profundo y pesado del que jamás podrás salir. ─Exclamaba Neal.

─Si me perdono, y dejo Tallahassee atrás, significa que también te diré adiós a ti. ─Declaraba Emma.

─No tiene por qué ser así ─objetaba Cassidy─, ¿por qué no, en vez de mantenerme como un recordatorio de algo doloroso y horrible, guardas para ti lo que compartimos juntos?

Neal se separó de ella y tomó su mano.

─Tú y yo tenemos más historia que un viaje con un resultado catastrófico, no recuerdes Tallahassee por lo último que vivimos ahí, recuérdalo por lo que significó para nosotros la primera vez.

─Un nuevo comienzo. ─Terminaba la chica con una sonrisa.

─Exacto, aunque ese nuevo comienzo no sea conmigo, y eso está bien, porque todo lo que yo siempre he querido es que seas muy feliz.

─Pero, ¿y todo lo que habíamos planeado para nuestro futuro?

─Mi tiempo terminó, y tú, tienes alguien más con quien compartir ese futuro ─contestaba el menor de los Gold─, alguien que amas con locura, aunque te cueste aceptarlo. Emma, sé que para ti es difícil dejar ir todo lo que te pasa, y que lo mantienes contigo el resto de tu vida, pero ya es momento de que avances, porque, de nada sirve que te preocupes por algo que ya pasó, no vas a solucionar nada con pensar en un sinfín de posibilidades que jamás ocurrirán.

En ese instante, Neal la soltó y la invitó a que ambos se sentaran en la arena frente al Escarabajo.

─ ¿Recuerdas que una vez te hablé sobre un viejo loco con el que me topé afuera de un restaurante en Nueva Jersey?

Emma asintió en silencio.

─Él me dijo algo muy cierto, que entendí hasta el día que volvimos a Storybrooke y nos separaron ─proseguía Neal mirando al cielo nocturno─. Ese sujeto dijo que aceptara todo lo que me había sucedido, y dejara de preocuparme por algo que no podía cambiar. Ems, es momento de que tú hagas lo mismo, y que te liberes de esta prisión, ya es la hora de que sigas adelante y dejes de preocuparte por algo que ya no tiene remedio, mejor aprende de esa triste experiencia y aprovecha mejor tu vida y atesora todavía más los bellos momentos.

La chica lo meditó por un momento, entendiendo lo que Neal le había dicho, dándose cuenta una vez más, que tenía toda la razón. Ya era tiempo para salir adelante y dejar todo atrás, estaba sonriendo al imaginarse lo que eso traería consigo, sin embargo, se alarmó al ver que Neal comenzaba a desaparecer.

─ ¿¡Qué sucede?! ─espetaba Emma─ ¡¿Por qué te vas tú también?!

─Porque ya tomaste una decisión, así que mi visita terminó.

─Pero, yo no quiero que lo hagas.

─Consérvame como un buen recuerdo, y como te lo dije antes, encuentra Tallahassee, aunque no sea conmigo.

Antes de que Emma volviera a protestar, Neal la abrazó, y, al igual que su padre, le dio un beso en la frente.

─Siempre estaré ahí para ti, Salvadora, nunca lo olvides. ─Afirmaba Neal antes de marcharse.

─Adiós, Forastero. ─Exclamaba Emma con una sonrisa triste.

Cuando Neal se fue, el Escarabajo y la gran ciudad de Miami desaparecieron frente a sus ojos, dejándola en medio de la Oscuridad, para que al poco rato ella también desapareciera, y abriera los ojos, regresando a su realidad.

─ D ─


Storybrooke

El Presente

Emma abrió lentamente los ojos, acostumbrándose a la oscuridad de la noche y de su habitación, logrando distinguir el techo de madera pintado de blanco, en ese instante, los recuerdos de su sueño llenaron su mente de golpe. No estaba segura de saber si todo lo que vivió fue un efecto secundario del alcohol ingerido o algo que de verdad pasó.

Con las emociones a flor de piel y antes de que llorara realmente, se levantó de la cama sin despertar a Killian, y bajó a la cocina.

Encendió la luz, después la estufa y puso a calentar un poco de leche en un recipiente, después de eso, se sentó en la barra dándole la espalda a la escalera, aguardando en silencio, pensando en todo y en nada al mismo tiempo, recordando cada detalle de los rostros de sus visitantes.

─ ¿Hay suficiente leche para una taza más? ─Preguntaba Killian sentado en el primer escalón.

─ ¿Cuánto tiempo llevas ahí? ─Inquiría Emma volteando a verlo.

─Desde que te sentaste a esperar ─respondía el chico levantándose─. ¿Hay alguna razón por la que estés despierta a la mitad de la noche?

Emma se puso de pie, sacó dos tazas del estante, tomó el chocolate y lo sirvió.

─Esta noche, tuve el más extraño sueño que te puedas imaginar ─comenzaba Emma invitándolo a sentarse a su lado─. Digamos que tuve la visita de dos personas importantes en mi vida, que me hicieron dar cuenta que tengo que dejar el pasado atrás.

─ ¿De qué hablas? ─Indagaba Killian mirándola a los ojos.

─Ha llegado la hora de ponerle fin a Tallahassee de una vez por todas ─contestaba Emma tomando su mano─, y eso también me indica que tú y yo todavía tenemos una charla pendiente.

─ ¿Realmente quieres hacer esto? ─inquiría Killian dándole una última oportunidad─, yo puedo esperarte un poco más.

─Los muros están completamente abajo, yo creo que esta es la ocasión perfecta para retomar la historia donde la dejamos días atrás ─replicaba la chica─, la pregunta aquí es, ¿crees poder aguantar despierto lo que resta de la noche para escucharla?

Killian le sonrió y le dio un beso en la mejilla.

─Pasaré despierto todo el día con tal de que tú te sanes por dentro.

─De acuerdo, pues, recapitulemos ─exclamaba Emma poniendo el índice en su barbilla─, la última vez que hablamos nos quedamos en la huida de la ciudad… demonios, será una larga noche.

Emma se puso de pie, lo tomó de la mano y lo condujo hasta el sillón.

─Creo que estaremos más cómodos aquí que en esas frías sillas altas. ─Explicaba ella.

Una vez que se sentaron uno frente al otro, Emma respiró profundo y volvió a desempolvar los recuerdos para terminar de contarle a Killian la última página de su pasado que le faltaba por compartir, sabiendo los dos de antemano, que sería la noche más larga de sus vidas.


Boston, Massachusetts

Cuatro Años Antes

Emma estaba por finalizar su segundo año en la Universidad cuando una tarde luego de la presentación de uno de los proyectos más ovacionados de su clase, recibió la visita de alguien que no pensó volver a ver en su vida.

─Un muy buen trabajo ahí dentro, Señorita Swan. ─Exclamaba Robert Gold en el pasillo.

Emma se quedó quieta, mirándolo fijamente, recordando que la última vez que se vieron las caras, fue durante el funeral de Neal años atrás.

─ ¿Lo conoces? ─Susurraba la chica que iba con ella.

─Te veo en la Biblioteca, Lily ─afirmaba Emma sin dejar de quitarle la vista encima a Gold─. Luego te lo cuento.

La futura Sra. Booth asintió y caminó a prisa para dejarlos relativamente solos.

─Sr. Gold. ─Pronunciaba Emma con respeto.

─Por favor, sólo llámeme Robert.

─Entonces, dejemos totalmente la formalidad y sólo llámame Emma ─replicaba la chica─. Pero dime, Robert, ¿a qué debo tu inesperada visita? Porque, si mal no recuerdo, tu mirada llena de odio me dijo a gritos que no querías verme jamás.

Gold, quien ahora usaba un bastón, se acercó a ella con lentitud.

─ ¿Crees que haya algún sitio en el que podamos hablar en privado?

─ ¿Hay algún tema que nosotros tengamos que tratar?

─Técnicamente, sí ─replicaba Robert─, ya que esa es la razón por la que he venido hasta aquí.

─De acuerdo, creo que el aula de allá está desocupada. ─Exclamaba Emma señalando el lugar.

La chica caminó y Gold la siguió sin perder el tiempo. Cuando ambos estuvieron dentro, ella cerró la puerta, y él se recargó en el escritorio.

─Bien Gold, ¿cuál es la razón de tu visita? ─Inquiría Emma dejando su mochila encima de un pupitre.

─Después de lo que pasó con Neal, me volví loco de ira e rabia, así fue cómo me hice esto. ─Relataba Robert señalando su pierna derecha.

─Ya veo.

─Yo no quería saber nada de ti, y debo confesarte que por muchos meses, cada que recordaba lo que había sucedido, sólo veía tu rostro en mi mente y te culpaba por todo ─expresaba Gold con amargura─. De verdad lamento ese comportamiento, sé que fui injusto contigo. Estaba bastante dolido por lo sucedido que no medí mis acciones.

─Está bien ─interrumpía Emma con suavidad─. Lo entiendo, sé que tú y Neal eran muy cercanos, y él me confesó alguna vez que te quería como a un padre.

─Ese chico loco necesitaba a alguien que lo pusiera en cintura, y, ese alguien con el tiempo fui yo ─proseguía Robert cambiando la amargura por una sonrisa nostálgica─. Pero en fin, la razón por la que estoy aquí es en primer lugar, para darte esto.

Gold sacó del bolsillo interno de su sacó negro varias hojas de papel dobladas.

─ ¿Qué es eso? ─Inquiría Emma mirándolo con atención.

─Los papeles del Escarabajo Amarillo ─respondía Robert─. Según recuerdo, Neal me dijo que pensaba obsequiártelo en tu graduación hace unos años, ¿es correcto?

─Él me dio la llave, y me dijo que cuando pusiéramos un pie aquí, iríamos a buscarlo a la casa de tu padre. ─Declaraba Emma en un susurro.

─Ahora veo porque sólo había una llave ─pronunciaba Gold─. Yo no tenía idea de que ese auto estaba en Boston, hasta que hace unas noches bajé al garaje y lo encontré bajo una funda negra.

Robert le extendió los papeles para que ella los tomara.

─Ten, esto avala que ese Escarabajo de color llamativo es tuyo de ahora en adelante.

─ ¿De verdad sólo viniste a esto, Gold? ─continuaba Emma aún con incredulidad mientras tomaba las hojas─ ¿Te tomaste la molestia de verme hasta los pasillos sólo para darme los papeles del auto?

─No, todavía hay un segundo asunto que tengo que discutir contigo, Emma Swan. ─Replicaba Robert.

─Dilo.

─Tal vez en algún momento te diste cuenta que mi hermanito a veces era un poco testarudo, y por esa razón, a mí y a Malcolm nos hizo prometer la cosa más loca que se le pudiese haber ocurrido en sus veintidós años de vida. ─Narraba Robert.

─¿Y qué es?

─Que te diéramos tu primer oportunidad de empleo.

─ ¿Neal pidió eso? ─indagaba Emma muy sorprendida─ ¿Por qué?

─Él decía que tenías un talento nato para la publicidad, y quería ayudarte a alcanzar el éxito en esta industria, sabiendo que Saplent Corporation es la mejor Agencia de Publicidad de la Costa Este ─contestaba el hermano mayor de Neal─. Sin embargo, por más que yo adore a mi hermanito y quiera cumplir lo que accidentalmente se convirtió en su último deseo, no tengo manera de comprobar si lo que él decía es cierto, y seas un buen elemento para nosotros.

─ ¿Por qué me dices esto antes de que me gradúe?

─ ¿Conoces la iniciativa Douglas?

─Sí, con ella pretenden que las grandes empresas contraten a recién egresados de las universidades del condado.

─Te lo estoy diciendo porque, un contacto me informó que Hoffman and Partners te tiene en la mira.

─ ¿Y tú de verdad quieres hacer esto? ─Preguntaba Emma por última vez.

─¿Tienes algo importante qué hacer mañana aquí?

─No.

─Ve mañana a la oficina ─proponía Gold sacando una tarjeta─, aprovecharemos que Malcolm estará unos días más en Boston, y ahí, tú nos demostrarás lo que sabes, y comprobaremos si Neal no te sobrevaloraba.

─Descuida Gold, ahí estaré. ─Afirmaba Emma con seguridad.

─Tengo el presentimiento de que tú y yo nos llevaremos bien a partir de ahora. ─Expresaba el hombre tendiéndole la mano para estrecharla con la suya.

─Eso espero, Robert ─anhelaba Emma correspondiendo el apretón de manos─, eso espero.

─Tengo que retirarme ya, pero te veré mañana a las nueve en punto, y por favor, no llegues tarde ─pedía Gold caminando hacia la puerta del aula─. ¡Ah! Y por cierto, el Escarabajo está en el estacionamiento, estoy seguro que no te será tan difícil encontrarlo.

Una vez que Gold se marchó, Emma se recargó en el pizarrón a sus espaldas y abrió las hojas, encontrando la firma de Neal que volvía verídico todo lo anterior. Ese Escarabajo Amarillo era todo lo que le quedaba del Forastero, y ella lo cuidaría y preservaría el tiempo suficiente a modo de tributo.


Storybrooke

El Presente

Esa noche, como ambos previeron, fue la más larga y por parte de Emma, fue la más sincera de todas.

Killian la escuchó sin interrumpir, conociendo a su chica todavía más, descubriendo la enorme herida abierta que llevaba por nombre Tallahassee, dejándola desahogarse, secando sus lágrimas y reconfortándola para que se sintiera a salvo.

El tiempo siguió su curso, y cuando los dos se dieron cuenta, ya eran las 8 de la mañana. Para ese momento, James y Jacky ya estaban despiertos, y se dirigían a la puerta de entrada para ir a Granny's. Emma y Killian los miraron salir para después, ponerse de pie, dejar las tazas en el escurreplatos y decidieron volver a dormir para que Emma descansara luego de esa charla tan demandante.

Horas después, mientras tanto los desaparecidos Locksley disfrutaban de una clase de picnic dentro de la Oficina de Regina.

Era extraño para ella, pero, ese hombre había logrado sacarla de órbita desde el primer momento que habló con él. Robín Locksley era una enciclopedia andante, siempre tenía datos curiosos que compartir, además de una buena voz, y una de sus pláticas fue sobre la vez que Killian, él y los amigos de San Diego crearon una banda de rock que no duró ni dos días, porque, Jones y él se pelearon por ser el vocalista.

Durante esas dos semanas él fue el que habló de su vida, ya que, según Regina, no había mucho que contar de la suya, o en el peor de los casos, había mucho de lo que no deseaba hablar, en su lugar, prefería escuchar de su apasionante vida.

Sin embargo, esa mañana su charla dio un giro inesperado, cuando Robín le abrió su corazón, y le contó sobre Marian, la madre de Roland.

─Con todo respeto, Robín, pero sólo llevas poco tiempo de conocerme, ¿por qué me hablas de algo tan personal como esto? ─Inquiría Regina con la copa de vino en la mano.

─No me gusta tener secretos con las personas que me importan. ─Respondía él mientras veía de reojo a Roland jugando en la mesa de vidrio de Regina.

─ ¿Yo te importo? ─indagaba Regina desconcertada─ ¿Por qué?

─Bueno, en primer lugar, porque tú salvaste a mi hijo.

─Seamos honestos, Emma hizo todo el trabajo, yo sólo lo cargué de regreso a la superficie.

─Emma ama con locura a Roland, lo quiere como si fuera su hijo, de ella era normal esperar ese tipo de actitud, sin embargo, tú no tenías por qué hacerlo, ni siendo la Alcaldesa ─replicaba Robín mirándola a los ojos con intensidad─, eso te salió de corazón, y por lo que él me contó, tú lo protegiste cuando su querida Tía Emma no estaba, así que, no seas tan modesta.

Regina se ruborizó.

─ ¿Y sólo te importo por qué salvé la vida de tu hijo? ─preguntaba la Alcaldesa─ No lo tomes a mal, pero no se me hace razón suficiente como para que me tomes en consideración.

Robín continuó observándola fijamente mientras ambos seguían sentados sobre la alfombra de Regina.

─Hay otra razón, aunque, prefiero no contarla.

─Pensé que no tenías secretos para los que te importaban. ─Objetaba Regina.

─No los tengo, pero tal vez no sea conveniente decirlo.

─No creo que haya algún inconveniente con lo que me tengas que decir, sólo hazlo. ─Pedía la Alcaldesa.

─Antes de hacerlo, quiero saber algo ─exclamaba Robín─. Como dijiste antes, tenemos escaso tiempo de conocernos tú y yo, y sin embargo, ahora estamos los dos sentados en el suelo frente a la chimenea con las cortinas cerradas en tu oficina en esta mañana nevada, ¿por qué accediste a invitarnos hoy? ¿Por qué nos seguiste recibiendo los siguientes días luego del accidente?

Regina bajó la vista y por primera vez en estos días pensó en los motivos por los que aceptó la compañía de los Locksley. Ahora, se estaba haciendo la misma pregunta, ¿por qué? Momentos después, obtuvo la respuesta.

─Porque, durante estas dos semanas, he tenido algo que no sabía que me hacía mucha falta: compañía ─exclamaba la hermana de Zelena─. Sonará extraño, pero contigo siento una paz que jamás había experimentado en mi vida, me siento tranquila, y hasta feliz. Y bueno, hablando de Roland, ya veo la razón por la que Emma lo adora, tu hijo es la persona más adorable que he conocido.

─Entonces, creo que esto no será tan descabellado ─pronunciaba Robín dejando su copa de vino sobre la mesa de centro─. Permíteme hacer la observación de que los dos somos personas muy solitarias. Quiero decir, amo a Roland y a todos mis amigos, pero para desgracia mía la mayoría son pareja. Así que, eso nos deja a mí y a mi hombrecito viendo películas infantiles todas las tardes. Cuando llegué aquí y tus amigos y hermana me hablaron sobre ti y lo apartada que eras de ellos, y pues me sentí intrigado por conocerte.

─ ¿De verdad? ─Inquiría Regina.

─Sí, me absorbió la idea de saber por qué siendo tus amigos desde que eran niños te mantenías aislada, porque, te confieso que esa actitud de "soy la Alcaldesa no puedo dejar sola la Alcaldía", no es nada creíble ─continuaba el padre de Roland─. Y bueno, pues siéndote sincero, yo también te busqué por compañía, porque me siento cómodo contigo, y olvido en dónde estoy.

Los dos se habían conectado en ese momento. Era extraño, pero de pronto, a ella se le vino a la mente la lejana noche en la que Graham y Jefferson descubrieron a Emma con Neal, y en la que ella habló con Emma, diciéndole que le parecía increíble que ayudara a un extraño. En aquel instante, al preguntarle la razón, dijo que siempre hubo en él que le llamó la atención, y la parte curiosa de todo fue darse cuenta que lo mismo le había ocurrido a ella con Robín.

Mientras Robín la observaba expectante, ella, por su parte seguía recordando cosas, incluido el momento en el que conoció a Daniel en el establo de los Nolan, comparando lo que llegó a sentir por él con lo que experimentaba en este preciso momento, dándose cuenta que por mucho que amara a su Chico del Establo, Robín le transmitía algo más que una simple chista e inquietud.

Él ya le había dado sus razones, y era justo que ella hiciera lo mismo, sin embargo, volver a tocar el tema no parecía una idea agradable. Lo meditó un buen rato, y sin previo aviso, sintió la mano de Robín tocándole el hombro.

─ ¿Estás bien? ─Indagaba el jefe de Ruby mirándola concentrada.

─Sí, es sólo que, estoy deliberando el hecho de si debo hablar o no sobre un tema contigo o no. ─Contestaba Regina abriendo los ojos.

─No estás obligada a contarme si no quieres, tienes derecho a guardártelo, no te pienso obligar, tampoco te veas comprometida a decírmelo sólo porque te hablé de la difunta madre de mi hijo, eso forma parte de mi carácter, tú puedes hacer lo que desees y eso estará bien para mí. ─Afirmaba Robín con una sonrisa.

─Pues, dados los acontecimientos de últimas fechas, creo que sí quiero hablar sobre eso contigo ─replicaba la Alcaldesa ante la mirada de Robín─, porque, como ya te diste cuenta, no tengo muchas personas con quienes conversar, además, esto es algo que no he hablado con nadie desde que sucedió, porque, en la mina lo único que hice fue decirle a Emma que yo también había sufrido desde que ese accidente ocurrió.

─ ¿Tallahassee? ─Adivinaba Robín.

─ ¿Lo sabes? ─Pregunta la Alcaldesa con miedo.

─No, Emma nunca me quiso contar nada, la mañana del derrumbe de la mina, ella y Ruby estaban por hablar sobre eso, pero la chica rubia de la trenza y August nos interrumpieron para llevarnos a la playa.

─Será mejor que te pongas cómodo, porque, es la primera vez que hablo abiertamente con alguien de esto, pero en fin, tienes razón, sí existe una razón por la que me aparté de la Pandilla y me recluí en mis cosas desde hace seis años, y todo tiene que ver con ese accidente en Florida, del que soy en parte responsable ─proseguía Regina preguntándose mentalmente por qué debería confiar en Robín─. Todo comenzó hace unos años, cuando un chico llamado Daniel Colter llegó a mi vida.

Regina se dejó guiar por eso inexplicable que sentía estando al lado de Robín, y al igual que Ruby y Emma comenzó a narrarle la historia que tanto había marcado su vida. Sin olvidar ningún detalle de lo que sucedió, explicándole que ella tenía toda la culpa de lo ocurrido al permitir que sus emociones nublaran su razón, contándole lo mismo que le había dicho a su antigua amiga, y añadiéndole cómo se sintió todos estos años, siempre, evitando el llanto.

─Y eso fue todo lo que pasó. ─Pronunciaba Regina luego de dos horas de plática y con los ojos llenos de lágrimas.

─Puedes llorar si así lo deseas ─afirmaba Robín─, si esto es algo que te ha atormentado por más de un lustro, deberías sacar lo que llevas dentro. El llanto no nos hace ver débiles, sino que le demuestra al mundo que ya hemos soportado demasiado, y tú llevas una carga muy pesada sobre los hombros.

Regina se rio, y dejó que la primera lágrima se le escapara.

─ ¿Me permites dar mi punto de vista? ─pedía Robín amablemente al tiempo que la Alcaldesa asentía en silencio─ No me lo tomes a mal, pero, desde mi perspectiva, nadie tiene la culpa, sólo fue un accidente, y bueno, si yo te pusiera un ejemplo, buscar culpables en esta historia es como si yo culpara a mi viejo amigo John Campbell por no salvar a la madre de Roland. Estas son cosas que pasan, cosas que por más que lo intentemos no vamos a detener, por más que nos duela. Daniel tomó su decisión, y esa no fue convertirse en drogadicto, su decisión fue no querer luchar contra su hermano para protegerte. Los efectos secundarios de esa decisión se vieron reflejados en él tiempo después, y dentro de su mente, por querer aparentar las cosas y el miedo que tenía de perderte gracias a la desaprobación total de tu madre, creía que ocultar lo que pasaba era lo correcto, y sólo contigo le sirvió la táctica. Tú realmente le tenías aprecio y sabía que, llegado el momento podría recurrir a ti para conseguir ayuda.

─Pero, gracias a mi decisión de buscar culpables donde no los había, dañé una gran amistad ─repetía Regina bajando nuevamente la vista─, cuando supe todo, la realidad me cayó como un balde de agua helada, y en ese instante quise repararlo, hablé con los demás y ellos lo comprendieron, pero, ni Ruby o Emma me dirigieron la palabra. Ruby me concedió unos minutos el día del Funeral de mi padre a principios de este año, y sólo contestó que lo aceptaba, sin embargo, veía muy difícil que nuestra relación fuese la misma de antes, y bueno, Emma…, ella es otra historia. No sé si algún día pueda perdonarme.

─¿Y si en vez de buscar primero el perdón de Emma te perdonas a ti misma? ─Inquiría Robín haciendo que la Alcaldesa volviera a mirarlo a los ojos.

─ ¿Hablas en serio?

─Totalmente ─replicaba el hombre─. En seis años te has torturado creyendo que todo fue por tu causa, y has cargado con un pena que no te pertenece. Antes de correr con Emma suplicando que sea ella la que te quite los grilletes por así decirlo, hazlo tú.

La hija de Cora se dio cuenta de la razón que tenía Robín, y lo mal enfocada que estaba buscando la redención de alguien más. Era algo más que obvio que se sentía como una idiota y por esa razón prefería evitar el tema constantemente, pero ahora, entendía perfección lo que su estado de ánimo no le permitió ver.

─Además, estoy seguro de que Emma ya habló con Killian sobre esto, así que, es probable que la veas pronto frente a ti. ─Añadía Robín tomando un sorbo de su copa de vino.

─Conozco a Emma, y sé perfectamente que eso no pasará. ─Afirmaba Regina soltando una carcajada.

─La nueva y mejorada Emma Swan puede ser un poco testaruda todavía, pero cuando comprende las causas de sus problemas, está dispuesta a solucionarlos, aunque le tome una eternidad, lo consigue, es por eso que te lo digo ─objetaba Robín─. Tú te quedaste con la vieja Emma, pero créeme, San Diego la hizo cambiar.

─Pues, te deberé una cerveza si ella se me acerca antes de nochebuena. ─Prometía Regina con una sonrisa burlona.

─Todavía quedan siete horas de este veintitrés de diciembre, todo puede pasar.

Antes de que ella pudiera seguir protestando, su teléfono móvil comenzó a vibrar, y en la pantalla de bloqueo el nombre de Jefferson apareció.

─ ¿Qué sucede? ─Preguntaba Robín mientras checaba a Roland.

─Es Hartford… Jefferson ─respondía Mills recordando que él no los conocía por sus apellidos─. Quiere que lo veamos en el Bosque cerca de la vieja choza de la Pandilla, pero no lo entiendo, ese lugar ha estado abandonado desde que nos fuimos a la Universidad, ¿para qué nos querrá a todos ahí?

─No averiguarás nada si te quedas aquí encerrada ─afirmaba Locksley─. Debes ir.

─Emma estará ahí.

─Swan puede estar en dónde se le dé la gana, eso es lo que menos importa, si sigues preocupándote por ella sólo me demostrarás que no entendiste nada de lo que te dije. ─Regañaba Robín sentándose de nuevo en el sillón.

─ ¿Sabes qué? ¡Tienes razón! ─reconocía la Alcaldesa poniéndose de pie─ ¡Vámonos!

Una vez que tomaron sus cosas y a Roland se fueron caminando los tres con rumbo a la Choza que ella recordaba destruida luego de que un árbol le cayera encima tres años antes.

Al llegar al lugar indicado, encontraron a toda la Pandilla esperándolos, y como Regina ya sabía, Emma estaba ahí, tomada de la mano de Killian, notando que su semblante se veía más tranquilo y sereno.

─Bien Hartford, aquí nos tienes, ¿qué era eso tan importante que no nos podías decir en Granny's? ─Indagaba August tomado de la mano de su esposa.

─Aquí es donde entro yo ─intervenía David parándose a un lado de Jefferson─. Cuando Jeff volvió a Storybrooke y dio un paseo por este lugar se percató de algo que ninguno de nosotros notó, y eso fue que un enorme árbol cayó encima de la Choza una noche de tormenta años atrás.

─Inmediatamente me puse en contacto con Dave al ver que el sótano y nuestras cosas seguían intactas, así que, considerando que nadie más estaba aquí, él, Mary Margaret y yo pusimos manos a la obra, y bueno, allá está el resultado. ─Continuaba Jefferson.

Los tres comenzaron a caminar esbozando una sonrisa de emoción mientras que los demás los seguían de cerca. Killian dejó a Emma un momento con Ruby y Elsa, y se acercó a Robín sigilosamente.

─ ¡Vaya!, ya era hora de que aparecieras, Locksley ─mascullaba Killian con enfado─. Comenzaba a creer que tendría que sacarte a rastras de la Alcaldía.

─Tendrás que disculparme, viejo amigo, pero, tenía que saldar una gran deuda ─replicaba Robín susurrándole cuando Regina se volteó para hablar con Zelena─. Tú me entiendes.

─Cómo si no te conociera, maldito casanova ─exclamaba Killian con diversión─, te necesitaba para que ayudaras a Emma, pero ya no será necesario, hablamos esta misma noche, y al parecer ha pensado mejor las cosas en lo que la Alcaldesa se refiere.

─ ¡Lo sabía! ─pronunciaba el padre de Roland con alegría─ Lamento no haber podido serte de ayuda Jones, sin embargo, es mi deber informarte que a partir de ahora tu trabajo será hacer que Emma deje caer esos muros para siempre, y no cuando su cuerpo se lo pida a gritos.

Killian asintió y ambos continuaron caminando.

─ ¿De verdad lo vas a hacer, Patito? ─Inquiría Ruby con incredulidad y asombro.

─Siéndoles sincera, jamás pensé que esto sucedería. ─Respondía Swan en medio de sus amigas.

─ ¿Realmente quieres hacer esto? ─intervenía Elsa─ Puedes esperar un poco más.

─Ya he dejado que el veneno se propague a nuestro alrededor, este es el momento para ponerle fin. ─Confirmaba Emma sin miedo.

─Lo que sea que hagas hoy, sabes que puedes contar con nosotras. ─Prometía Elsa con amabilidad.

─Sí, la heladera tiene razón, nunca te fallaremos. ─Añadía Ruby.

─Lo sé perfectamente, y por eso ustedes dos son mis locas favoritas.

Continuaron su andar hasta que el asombro colectivo los detuvo. Toda la Pandilla quedó boquiabierta al ver la nueva fachada de la Choza, y se dieron cuenta que de Choza ya no tenía nada, juntos, David, Mary Margaret y Jefferson la habían convertido en una amplia y lujosa Cabaña.

Al entrar, hallaron lo que guardaban en el sótano, más unas cuantas adiciones como una pantalla de plasma, un minicomponente, tres máquinas de árcade, un frigo bar, un baño completo y funcional, dos habitaciones, una pequeña cocina, y una sala nueva.

─Esto debió costarles una fortuna. ─Afirmaba Walsh sentándose en el sofá.

─No tanto ─objetaba Jefferson─, digamos que esto es un regalo de las familias Nolan, Blanchard y Hartford para toda la Pandilla.

─ ¿Así que aquí era en donde se metían todo este tiempo? ─Preguntaba Zelena desde una de las máquinas de árcade.

─Se ve increíble ─agregaba Graham sacando botellas de licor y un mezclador de un estante─. ¿Les dije que en otra vida fui un barman?

─Sí claro, y yo fui un lobo. ─Replicaba Ruby sarcásticamente.

─ ¿Y qué pusieron allá abajo? ─Inquiría Regina cuando Roland fue corriendo con Ruby, Víctor, Emma y Killian.

─Nada importante, realmente ─respondía Mary Margaret sacando quince copas de vidrio─. ¿Y bien? ¿Qué tal si celebramos por la reinauguración de este lugar?

Todos asintieron al tiempo que Graham destapaba una botella de vino tinto y Walsh le ayudaba a servirlo, mientras tanto, Zelena encendía el minicomponente y conectaba su celular para poner el ambiente que les hacía falta.

Luego de un par de horas en los que Emma y Killian hablaban entre susurros sobre lo que estaba por suceder esa noche, Víctor lo jaló y lo apartó poniéndole un micrófono en la mano para que cantara junto con Robín, mientras que Ruby, August y Elsa tomaron a Emma y los cuatro bailaron juntos, de pronto, Jefferson y David apagaron las luces para permitirle a Graham que encendiera las luces led de la barra, y en ese momento, la Publicista se dio cuenta que era su única oportunidad para evitar una escena. Al girar encontró a Regina respondiendo un mensaje de texto recargada en la puerta que ahora llevaba al sótano. En ese instante, les dio un pequeño pellizco a sus tres amigos para que la dejaran sola sin que nadie lo notara, y una vez que eso sucedió, se apresuró y se detuvo frente a ella.

─Mills ─comenzaba Emma─. ¿Tienes un minuto?

Regina alzó la vista y encontró a Emma justo frente a ella, tal y como lo había predicho Robín horas antes.

─Claro. ─Respondía la Alcaldesa guardando el teléfono.

─Bien.

Emma la hizo a un lado y abrió la puerta del sótano, le pidió con una mano que entrara y ella la siguió segundos después. Las dos bajaron rápidamente las cortas escaleras y la rubia encendió la luz.

─ ¿Qué ocurre, Swan?

─En estos días he pensado en todo lo que dijiste en la mina y pues, tienes razón, en nosotras está el resarcir el daño que Tallahassee dejó. ─Exclamaba Emma.

─ ¿Y a qué conclusión llegaste?

─Como bien me dijera Neal alguna vez; hay cosas que simplemente no puedes cambiar, por más que lo intentes sólo las retrasas ─proseguía la chica─, también entendí que hicimos mal en buscar culpables donde no los había, y que debo estar en paz conmigo misma para dejar aquel hecho doloroso en el pasado, que es en donde debe estar.

─ ¿Sólo eso? ─Preguntaba Regina con curiosidad.

Emma emitió una leve risa y se acercó a la Alcaldesa.

─Regina, las dos ya sufrimos lo suficiente, y hay que reconocer que lo hicimos porque quisimos complicarnos la vida, pero, después de lo que dijiste semanas atrás, creo en el fondo de mi corazón que llegó el momento de volver el sueño de tu padre realidad.

─ ¿Hablas en serio, Swan? ─Pedía saber Regina al recordar la última voluntad de su padre.

─Así es, me costó mucho trabajo entenderlo, pero, dejemos de preocuparnos por algo que ya no podemos arreglar.

─ ¿Entonces…? ─Musitaba Regina.

─Sí ─la interrumpía Emma─. Yo te perdono, Mills.

La Alcaldesa no lo pensó dos veces y le dio un fuerte abrazo a Emma que ella correspondió segundos después.

A Regina no le importaba si no volvían a ser amigas tan cercanas de inmediato, todo lo que ansiaba era escuchar que Emma la había perdonado, no porque dependiera de su aprobación para sobrevivir, sino porque así sabría que había hecho las cosas bien y que su redención se acercaba más a ella.

En ese momento, un fuerte ruido las alertó y apartó de inmediato. Cuando ambas buscaron la fuente, descubrieron que Jefferson y Walsh golpearon un par de sartenes tratando de simular un relámpago, haciendo remembranza del día en el que las mismas chicas se habían dado una tregua.

Emma y Regina comenzaron a reír y regresaron con ellos a la fiesta.

─Te debo una cerveza, Locksley. ─Exclamaba Regina antes de tomar la iniciativa y plantarle un beso en la boca.

La Pandilla y sus visitantes se sorprendieron al ver que Regina por fin se liberaba de sus cadenas y volvía a vivir la vida como era debido, dejando de lado los prejuicios y el qué dirán, dejándose guiar por sus sentimientos una vez más, pero esta vez, sin perder el piso al cegarse de la realidad.

El tiempo se les fue volando luego de esa noche, y el primer día de año nuevo, en la casa de los Swan, la Pandilla le hacía una última petición a los miembros originales.

─ ¿Volver? ─indagaba Elsa─ ¿Te estás dando cuenta de lo que me estás pidiendo, Humbert?

─ ¿Qué tiene de malo Storybrooke, Elsa? ─Alegaba Graham.

─No tiene nada de malo, Sheriff, este es mi pueblo natal por si lo habías olvidado ─rebatía la Reina de las Nieves─, es sólo que acabo de encontrar empleo, y tengo a alguien que me espera además de mis padres y tías, no puedo tomar una decisión tan grande a la ligera ni tan pronto.

─ ¿August? ─Proseguía Jefferson.

─ ¿Viajar cuatro horas todos los días desde aquí hasta Boston? ─exclamaba Pinocho mirando a Lily─ ¿Tú quieres?

─Es un gran paso, Wayne. ─Respondía ella escuetamente.

─ ¿Ruby? ─Seguía Zelena.

─ ¿Dejar mi empleo, la playa, los paseos nocturnos por la costera, las fiestas en la casa de Robín y las exquisitas recetas de Tink para volver a este frío y escondido lugar? ─contestaba Caperucita mirando a Emma─ Yo creo que no.

─No le hagan caso, está jugando. ─Añadía Emma ante la mirada de desconcierto de la Pandilla.

─ ¿Y qué hay de ti, Swan? ─Preguntaba Regina.

Emma miró a Killian de inmediato buscando respuestas, pero él simplemente asintió dándole a entender que estaría de acuerdo con lo que decidiera.

─Pues, creo que los cuatro coincidimos al decir que esto es un gran paso que no podemos dar justo ahora. Quisiera acceder de inmediato, pero, ustedes tienen que entender que ya no estamos solos, ahora tenemos que pensar en alguien más, y creo que estaré hablando por todos al decir que su petición de que nosotros volvamos a casa, puede convertirse en algo real a largo plazo.

Dicho eso, fueron a cenar a Granny's, y dos días después ya estaban todos en el límite de la ciudad despidiéndolos.

Luego de todo el ritual, lleno de abrazos y buenos deseos, Killian encendió el auto, y Regina detuvo a Emma antes de subirse al asiento del copiloto.

─ ¿Qué sucede, Mills? ─Pedía saber la chica mientras sacaba sus gafas de sol.

─Ten. ─Exclamaba ella extendiéndole una bolsa de plástico oscuro.

─ ¿Qué es esto?

─Puedes considerarlo como tu regalo de cumpleaños y navidad ─respondía Regina mientras Emma revisaba el contenido─. Espero que te siga gustando Daft Punk.

Cuando Swan sacó el obsequio de Regina lo miró detenidamente y quedó asombrada y agradecida por el gesto.

─No sabía que seguían sacando LP's.

─Es la edición de colección de su último álbum, sólo para verdaderos fans ─afirmaba la Alcaldesa─. Mandé a Kathryn a buscarlo hasta Nueva York.

─No debiste. ─Aseguraba Emma mirando el LP con emoción.

─Considéralo como una oferta de paz.

─Estoy considerando que debo conseguir una tornamesa ─exclamaba la chica dándole un último abrazo─. Muchas gracias, Gina.

─De nada, Ems. ─Respondía ella.

El sonido del claxon de August y sus señas las obligaron a separarse, Emma entró en el auto, y Regina se rio para darle un golpe al cofre del auto de Booth. Una vez que se quitó del frente, Killian, Víctor, James, August y Elsa emprendían camino de vuelta a Boston para que juntos fueran al Aeropuerto Internacional Logan para que ellos volvieran a San Diego, y Elsa, Anna y Kristoff hicieran lo propio tomando el vuelo a Oslo.

─ ¿Y qué decidieron Regina y tú, Locksley? ─Pedía saber Killian cuando Emma conectó su teléfono celular.

─Estoy en vías de convencerla para que deje un rato el trabajo y vaya a San Diego. ─Respondía Robín mientras jugaba con Roland.

─Sólo por favor, no dejes que se embobe contigo ─suplicaba Emma─, pueden suceder cosas locas.

─Descuida Swan, tendré sumo cuidado con ella. Y a propósito, tú eres la que debería preocuparse.

─ ¿Yo? ─indagaba Emma volteando a mirarlo─ ¿Por qué?

─Porque puede que te quite a tu hombrecito.

─Eso jamás pasará, ¿cierto Roland?

─Claro que no Tía Emma ─respondía el niño─. Tú siempre serás mi tía favorita en este endemoniado mundo.

Emma y Robín abrieron ampliamente los ojos al escucharlo, mientras que Killian soltó una fuerte carcajada.

─ ¿De dónde sacaste esa nueva palabra, Roland? ─Pedía saber su padre mientras que Emma se tapaba la cara con la mano.

─De la Tía Emma ─contestaba él─. Así llamó a Spotty en la mina, y si la dijo ella significa que es "bonito".

─Roland, te pedí que no la repitieras, ni que le dijeras a tu papá que la oíste de mí. ─Protestaba Emma sin quitar su mano de los ojos.

─ ¡Emma Swan! ─Espetaba Robín con enfado.

─Que conste Locksley que no vino de mí. ─Intervenía Killian sin dejar de reír.

Así, entre risas y disculpas, continuaron su camino de vuelta a sus vidas cotidianas.

Emma sentía que había dejado algo de ella en Storybrooke, y que volvía a San Diego con una nueva actitud y nuevos proyectos tanto personales como laborales, sabiendo perfectamente que era bienvenida nuevamente en su pueblo natal y que ya no existía nada que la lastimara como en el pasado.

Nunca comprobó si el sueño era cierto o no, pero lo único que tenía en mente era que no sólo había cerrado un capítulo oscuro en su vida, sino que se sentía feliz porque estaba en proceso de recuperar a una amiga a la que no sabía que extrañaba tanto, y ya no le importaba que su relación no volviese a ser la misma de antes, porque la vida les había dado una segunda oportunidad que ninguna de las dos iba a desaprovechar.

El Fin


N/A: Bueno pues ha llegado el final de esta historia que tomó más tiempo del que yo hubiera querido para su desenlace, pero, puedo asegurarles que estoy satisfecha con el mismo.

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Esta es una historia basada en hechos posiblemente futuros, algo que, con mi suerte, es posible que me pase, pero esa es otra historia.

Muchas gracias a todos los que se tomaron la molestia de leer este que es mi primer Modern AU, y tengo que reconocer que fue un verdadero reto poner las cosas en el lugar que debían, y pues, amé cada capítulo, cada aventura de Emma y la Pandilla y todo lo que juntos vivieron en esta historia.

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Y en cuanto a aquellas personas que vinieron a agredirme en el capítulo anterior, sólo tengo algo que decir:

POR MÁS QUE VENGAN AQUÍ LLENOS DEL VALOR QUE LES DA EL ANONIMATO, POR MÁS QUE SE SIENTAN SUPERIORES AL VENIR COMO BORREGOS A INSULTAR MI TRABAJO, LES ASEGURO QUE YO ESCRIBIRÉ LO QUE QUIERA, Y NO NECESITARÉ DE SU APROBACIÓN

NO FUE MI CULPA QUE USTEDES NO SUPIERAN LEER ALGO QUE DESDE EL CAPÍTULO 2 ESTÁ MÁS QUE IMPLÍCITO, ASÍ QUE, LES DOY UN CONSEJO: SI NO SABEN, NO HABLEN, ABRAN SUS MENTES Y NO CREAN QUE TODO EL MUNDO VE LO MISMO QUE USTEDES, Y SI UNA OPINIÓN DIFERENTE A LA SUYA NO LES GUSTA, PUES PÁSENLO DE LARGO, Y DEJEN DE ECHARLE MÁS TIERRA AL SHIP QUE YA DE POR SI MEDIO FANDOM ODIA, Y NO, NO ES POR LA PAREJA EN SÍ, SINO POR USTEDES QUE SON LAS PERSONAS MÁS TÓXICAS CON LAS QUE ME HABÍA TOPADO.

TERMINARÉ ESTO DICIENDO QUE, SI A USTEDES NO LES GUSTÓ EN ABSOLUTO ESTE FANFIC, BUENO, PUES ESO SIGNIFICA QUE NO SON EL TIPO DE LECTORES QUE YO ESTOY BUSCANDO.

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Esto es todo de mi parte, nos vemos en Exitium que pronto vendrá el capítulo 12, y una vez más, gracias por acompañarme en esta locura.


Andriux Horowitz