Maka tenía cosas que le gustaban y cosas que no. Y sabía perfectamente cuáles eran y el porqué.

Y a lo largo de los años Soul había aprendido cada una de ellas. Y cada una de sus razones.

Todas menos una.

A Maka le gustaban los días lunes, el chocolate amargo y escuchar Killer Queen en repetición hasta que las palabras dejaban de tener sentido.

Los lunes era cuando podía volver a la escuela y escapar de las peleas de sus padres por unas horas; chocolate amargo era el único recuerdo que tenía de su abuela materna, que siempre parecía llevar uno o dos trozos en sus bolsillos para dárselos a su nieta; Killer Queen era la canción favorita de su madre.

Maka odiaba las natillas de vainilla, los días de lluvia y el color rosa.

Cuando pequeña alguna vez había comido tantas natillas que resultaron en toda una noche vomitando, ahora no podía ni olerlas sin sentir arcadas. Tenía una fractura en el tobillo derecho que nunca había sanado del todo bien, y la humedad de los días lluviosos hacía que la vieja herida le provocara un dolor ligero pero molesto y continuo. Su padre había insistido en vestirle con nada más que prendas color rosa hasta los seis años. Desgraciadamente no existían fotografías que lo probaran, por más que Soul las había buscado.

Maka adoraba el café bien cargado, en tazas llenas a la mitad de leche y sin azúcar. Eran las que Soul le preparaba para las noches en las que insistía en quedarse despierta a estudiar.

Maka odiaba celebrar su cumpleaños.

Soul no sabía por qué.


Nunca había preguntado la razón. No directamente al menos. En su primer año compartiendo el departamento habían apuntado las fechas importantes con marcador azul en el calendario de la cocina.

Días de exámenes, vacaciones, cuándo pagar la renta, los cumpleaños de sus amigos.

Maka le había preguntado por su cumpleaños. Lo había apuntado en marcador rojo.

Él le había preguntado por el suyo. Ella había cambiado el tema.


Una postal de Feliz Cumpleaños había llegado mezclada con el correo tiempo después, generalmente lleno de facturas, publicidad y cuentas por pagar. La imagen de la postal tenía la caricatura de un conejo azul extendiendo un pastel entre sus patas.

Era horrible.

Firmaba Kami Albarn. No decía nada más.

Y estaba fechada de una semana atrás.

Soul se la había entregado, preguntando por qué no le había dicho que su cumpleaños había pasado ya.

"No lo celebro" fue toda la respuesta que consiguió. Maka había tomado la tarjeta con un rostro completamente en blanco. Y no se volvió a tocar el tema.


A lo largo de los años Soul había aprendido que la chica no tenía nada en contra de los cumpleaños en general. Celebraban los de sus amigos, ella misma le había organizado fiestas de cumpleaños para él, cuidadosa en todos los detalles. Y las disfrutaba.

El problema era con Su cumpleaños.

Nada más.

Recordaba muy bien un año en particular en el que Tsubaki había insistido en celebrarlo. Y le había organizado una fiesta sorpresa.

Maka había llegado al departamento, todos habían saltado de sus escondites gritando felicitaciones.

Y ella solo se había quedado allí, sin expresión.

Murmuró un "gracias" y a la primera oportunidad se había escabullido a su habitación para no volver a salir en toda la noche.

"Se los dije" había dicho Soul desde el maco de la puerta de la cocina, limitándose a observar de lejos. Y esa fue la última vez que se había intentado algo.

Cada año Kami mandaba una tarjeta de felicitación. Y cada año parecía esforzarse por encontrar la más fea posible. Maka las tomaba, apenas sin verlas, y desaparecían tras de su puerta.

Pero también, cada año, Soul dejaba algún pequeño regalo sobre su escritorio.

Sin palabras, sin tarjetas. Un pequeño listón rojo por decoración y era todo.

Ella nunca le decía nada acerca de los regalos. Pero la había visto leyendo los libros, había visto los envoltorios de chocolates en la papelera, el brazalete en su muñeca.

Y Soul esperaba. Esperaba de la misma manera en la que había esperado por la historia del chocolate amargo y el color rosa. Esperaba porque veía mejor que nadie la tensión en los hombros de la chica al recibir esa tarjeta cada año, como apretaba los dientes negándose a dejar salir ningún sonido. Negándose a responder una pregunta que sentía en el aire pero que él nunca decía en voz alta.

Maka era una persona franca, terriblemente testaruda y que por sobre todas las cosas, no sabía mentir. Así que cuando no quería responder a algo, se refugiaba en el silencio. Soul lo había aprendido, y lo había respetado. Y año con año obtenía una pequeña recompensa a su paciencia y a su respeto. La historia de las natillas, cómo preparar la taza perfecta de café…

Y ser paciente no le molestaba, no cuando se trataba de ella. Porque él mismo tenía sus secretos, y sabía lo desagradable que era sentir presión. Y una de las cosas que los había mantenido unidos durante tanto tiempo era lo bien que sabían interpretar los silencios del otro.

Y año con año, la tensión de la fecha se suavizaba un poco más.


"Llegó otra" fue todo lo que dijo Soul cuando Maka cumplió los 20, extendiéndole la tarjeta de su madre.

Ella la tomó con un ligero asentimiento de cabeza y la observó detenidamente. Él tomó asiento a su lado del sofá y siguió pasando de sobre en sobre el resto de la correspondencia. Facturas, cuentas, publicidad. Más de lo mismo.

"Mi madre se fue de la casa en mi cumpleaños."

Soul levantó la mirada hacia ella, tratando de recordar como respirar. La chica aun tenía los ojos fijos en la tarjeta pero su mirada parecía ir mucho más allá. Mucho más atrás. Su rostro impasivo, pero su voz… tensa, tanto como las cuerdas del piano en su sala.

Por un largo momento ninguno de los dos dijo nada. Las palabras cayendo sobre la alfombra, esperando a que alguno de los dos las retomara.

Soul puso los sobres pendientes sobre la mesita de café frente a él, arrodillándose sobre la alfombra, alcanzando las palabras caídas. Quedando frente a ella le quitó con delicadeza la tarjeta de las manos, obligándole a mirarlo.

Una de las cosas que más amaba de Maka siempre había sido su mirada. Tan transparente. Incapaz de mentir. Y en este momento, por primera vez en esa fecha después de tantos años, sus ojos le estaban viendo a él, y solo a él. Aprensivos, expectantes por su respuesta. Y después sorprendidos al escucharla.

"Gracias por decírmelo."

No sabía que esperaba de él al decírselo. Nunca se detuvo a pensar que podría responder.

Pero cuando escuchó sus palabras lo supo.

No había podido pedir una respuesta más perfecta.


En su cumpleaños número veintiuno Maka despertó con el aroma de chocolate amargo y café inundando el departamento.

Era lunes, y Killer Queen podía escucharse saliendo de la cocina.

Siguió el sonido y el aroma, entrando cautelosa a la habitación. Sobre la mesita del desayunador, una pequeña caja, con el listón rojo de cada año. Y un par de panquecitos de chocolate a su lado. Aún tibios.

"Hey, despertaste" dijo Soul al verla entrar, sentado a la mesa y ya a la mitad de su propia taza de café.

Se le veía muy relajado, mirando a la pantalla de su celular, pero Maka podía notar su nerviosismo en lo blanco de sus nudillos, apretando al aparato con fuerza innecesaria.

El corazón le martillaba con fuerza en el pecho, pero, por primera vez en mucho, mucho tiempo, lo hacía con calidez.

Tomó asiento a su lado, permitiéndose sonreír. Tomó uno de los panques y le dio una pequeña mordida.

"Está bueno" fue todo lo que pudo decir, sin querer arriesgarse a que su voz se quebrara.

Inmediatamente los nudillos de Soul retomaron su color, suavizando su agarre sobre su teléfono. Contagiándose de la sonrisa de su chica.

El resto del desayuno se fue en un cómodo silencio. Y el resto del día en tranquila cotidianidad.

Algún día habría un pastel y velas, y un "feliz cumpleaños" al despertar.

Aún no era el momento. Y probablemente el momento tardaría mucho en llegar.

Pero tenían todo el tiempo del mundo por delante para esperar.


Les dije que volvería *guiño guiño*

Muchas gracias a las personas que se han dado el tiempo de leer esto. A los nuevos y a los que sorprendentemente siguen aquí desde los inmemoriales tiempos del primer capítulo.

I'll be back babes.

Bye bye.